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Archive for 28 marzo 2009

Lo más bonito del jueves pasado fue sin duda la alegría de Mercedes por la publicación de su relato “El impermeable”. La sorpresa fue que JJ también tenía un relato publicado en el mismo libro. Aunque JJ mostró más frialdad, seguro que se alegró tanto como Mercedes. Mi petición a los dos es que colguéis los relatos en la sección nuestros relatos. Enhorabuena otra vez.

Por otro lado, el jueves se leyeron tres relatos. Lourdes leyó uno titulado “la férula”, muy denso. Rita uno “muy suyo” que abundaba en la colección de relatos de una gran riqueza narrativa pero un tanto faltos de tensión, y Antonio Blázquez leyó el relato titulado “tres días”.

Los tres relatos tenían algo en común, y es que los autores no los enviaron con anterioridad por e-mail. Aunque se discutió mucho en clase, esta discusión se vio limitada porque era especialmente difícil enjuiciar los cuentos con una simple “oída”, que no lectura.

Una de nuestras compañeras me hizo una vez el siguiente comentario: Lo bonito de estos jueves es disfrutar de la literatura y hacer disfrutar. Disfrutar escribiendo tus relatos y disfrutar leyendo los de los demás. Lamentablemente solo cumplimos la primera parte, entre todos nos estamos empeñando en no cumplir ni dejar cumplir la segunda.

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Hola a todos

Al hilo de lo de escribir …¿para quién? Me viene al pelo para deciros que yo siempre he escrito para mí. pero eran meras exposiciones de sentimientos, circunstancias, escenas…pero sin darle “forma” de relato.

Desde que estoy en el taller, mi forma de escribir es otra y cuanto más tiempo pasa , más me reviso, más me “exijo” para , sobre todo, dejar escrito  lo que quiero. Decir lo que tengo en mi cabeza bien dicho. ¿para mí? claro, me gusta cuando me leo bien. Pero, sobre todo, cuando lo pongo en común y obtengo un comentario que se aproxima a lo que yo deseaba expresar….pues subidón, orgullo, satisfacción. Llamadlo como queraís , pero a mí me alegra que me entiendan.

Por eso, cuando me seleccionaron en una editorial hispalense para que mi microrrelato estuviera en un libro que se llama “cuentos para sonreir” me sentí feliz.

No he ganado ningún premio pero me veré y además, verán otros, lo que yo escribo. Genial.

Un beso

Mercedes

PS: El microrrelato, se me olvidaba deciros, es “el impermeable”.

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¡Vaya! Qué extraños son los jueves sin taller literario. De todas maneras os diré que para mí no ha sido un jueves ajeno a un debate en torno a los libros. Hablando con mi amigo Santiago le he contado que asisto al taller de creación literaria y que desde hace algún tiempo escribo relatos. Mi amigo se ha sorprendido porque no se los haya dejado leer, y yo contesté con la evasiva de que escribo para mí.

Santiago me respondió con firmeza diciendo que nadie escribe para sí mismo, que todos escribimos para que nos lean los demás y que, en general, todas las actividades que realizamos están encaminadas a que las aprecien las demás. La verdad es que Santi me ha hecho reflexionar, pero no me ha convencido del todo, así que… como este jueves no ha habido crónica os voy a plantear la cuestión que me tiene en duda, que por otro lado, imagino que para muchos no es nueva:

¿Escribimos para nosotros o escribimos para que nos lean los demás?

Un saludo

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El jueves se leyeron a lo tonto cuatro relatos muy bonitos. Y digo a lo tonto porque nos costó arrancárselos  sus autoras. Que mi relato es una mierda -decían. Pues el mío es más mierda que el tuyo. ¡Que no, que no! que el mío sí que es una supermierda.

Conseguimos que empezara Mercedes con un relato titulado “Mi abuela Julia”. Era muy cortito, y lo leyó tan rápido, que lo tuvo que leer tres veces. Decía muchas cosas con pocas palabras y nos produjo tan buena sensación que nos quedamos con ganas de más, de que hubiese sido un poco más largo.

Después leyó Blanca “La Huida”, una historia de maltrato en la que la protagonista coge la maleta que tenía preparada desde hace años debajo de la cama y huye a la estación de tren, donde pasa doce horas sin atreverse a ir a ningún sitio, hasta que finalmente regresa a su casa a prepararle la cena a su marido. Se produjeron muchos comentarios, de los que recojo algunos:

          Toda la acción debería desarrollarse en la estación.

          Para mí debería haberse quedado en su casa y no ir a ningún sitio.

          Lo suyo es que hubiera cogido el tren de las doce.

          Lo suyo es que vuelva a casa.

          Lo suyo es que se hubiera quedado para siempre en el banco de la estación.

          No tenía que haber cogido la maleta de debajo de la cama.

          Tendría que haber montado la maleta en el tren y quedarse ella en la estación.

          Tendría que haberse llevado la cama a la estación y dejar la maleta en casa.

          Tendría que haber metido la cama en el tren y acostarse en la maleta.

Blanca, tu relato era muy bonito y con una huella muy personal. Elige cualquiera de las opciones anteriores o elige no tocarlo. En cualquiera de los dos casos acertarás.

En ese clima de pudor Carmen Aguilera levantó la mano imperceptiblemente. Qué digo la mano, levantó un dedo. Qué digo un dedo, levantó una uña. Pero la profesionalidad de María Isabel detectó ese movimiento del índice que pretendía levantarse y Carmen no tuvo más remedio que leer un relato muy bien estructurado sobre la guerra y la condición humana titulado “El abuelo no contesta”.

 

La que no pudo superar el recato fue Lourdes, que nos dejó sin conocer su cuento. Aprovechó la oportunidad Ascen, a la que hay que agradecerle que no se ande con rodeos. Leyó un relato con un título un poco largo “Desde la peña de San Blas se ve el mar”. Esta vez su relato estaba más trabajado que otros anteriores y se notó en un cuento que en líneas generales gustó mucho.

 

Y como el jueves no hay clase, felicidades a nuestros dos amigos “José”

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Acabó JJ de leer su cuento “Pequeños hermanos” cuando la voz de un narrador se alzó en la clase y dijo: “El cuento es no cuadriculable, no esquematizable, no definible, no racionalizable”.

Estaba pensando en aquel momento que si alguien dice algo así de un cuento mío le retiro la palabra para siempre cuando la voz de una narradora preguntó: “Roberto, ¿qué te sugiere el cuento?”.

-No me he enterado de nada. Necesitaría leerlo 2, 3 o 10 veces más para saber de que va –contestó Roberto .

Volvió la voz del primer narrador y dijo: “¿No te has enterado de nada? ¡Perfecto! La historia también está concebida para no enterarse de nada, porque no hay estructura, hay una ruptura del tiempo y del espacio, hay una eliminación del lector, hay multitud de narradores aislados que se funden en uno solo. Y las piezas tienen que encajar para que la incoherencia derive en coherencia, así que si no te has enterado de nada, me parece perfecto, porque esa es una manera de entender el cuento”.

-¿Quién se atreverá a comentar un cuento de esta forma? Giré mi cabeza hacia el narrador y descubrí que era el propio autor del relato el que se ensañaba cruelmente con su cuento. Miré entonces al frente buscando un punto de apoyo en mi desorientación entre tanto narrador y vi al sector duro derretidiiiiiiísimo,  entregadiiiiiiísimo,  a punto de decir: “JJ, tu cuento es genial, maravilloso, estupendo y fantástico”.

 

Después del descanso Antonio Llop leyó un cuento muy bien construido titulado “Una televisión de rayos catódicos”. El relato tenía un narrador muy coherente y una ambientación muy bien conseguida que recordaba la película “La Comunidad”, de Alex de la Iglesia, y Carmen Maura como protagonista. Los comentarios coincidieron en que al cuento le faltaba sin embargo un poco de tensión para profundizar en el tono de misterio que Antonio quería dar a su relato.

 

El último relato de la noche fue “Ajuste de Cuentas” de José Sanz. Enlazaba con una historia anterior de mafiosos de medio pelo y demostraba la buena mano del autor para la novela negra. Pero en este relato el sector duro sacó a relucir su capacidad deductiva y descubrió que el narrador del relato era un tramposo y que engañaba al lector con un truco hábil y propio de la mafia para la creación de una situación irreal. El villano narrador fue descubierto y José Sanz tuvo que reconocer que el engaño estaba hecho a conciencia.   

 

Para concluir Pura nos mandó deberes ¡Y qué deberes!

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Bueno, ahora que ya tenemos casi de todo (que si blog, que si wiki, que si libro, que si… ¿qué sé yo?) pues para que nos vayan faltando aún menos cosas, ahí va un vídeo. Además de ser cutre cutrísimo en la forma, en cuanto al contenido entiendo que habrá opiniones para todos los gustos, y todas serán muy bien recibidas: en cualquier caso es el primero, así que tiempo habrá en futuros vídeos para mejorar 🙂

Primaduroverales, el vídeo.

Jose Jesus

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