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Archive for 18 diciembre 2009

Ayer 17 de diciembre terminamos el año, por lo que al taller se refiere, con el concurso de relatos de Navidad de 2009. Un éxito sin precedentes, no sólo de crítica, también de público. Se presentaron nada menos que quince relatos a la sección oficial de este II Certamen de cuentos navideños Primaduroverales, sabiamente puesto en marcha por D. Antonio Blázquez. Excelente escritor y admirable organizador, no sólo puso en marcha el concurso con magníficos resultados, sino que logró que se presentaran igual número de relatos para cada una de sus dos categorías y además nos sacó cinco euros a cada uno de los comensales masculinos durante la cena. Muy equilibrada la participación, sí señor, tanto que en un principio se presentaron siete primaverales y siete duros, aunque finalmente, a punto de entrar fuera de concurso, Blanca, con su relato “Carta a los Reyes Magos”, rompió el equilibrio en favor de los primaverales.

Aunque Pura no se mostró muy de acuerdo con el encuadre de ciertos textos entre los primaverales (el primaveralismo tiene unos perfiles difíciles de precisar) en esta categoría, además del de Blanca, participaron los cuentos por Manuel Pozo, Antonio Blázquez, Luis, Antonio Llop, María Isabel, Yolanda y Jose. Muros atacados por nieve, cajeros con cuna de cartón, niñas mozambiqueñas de ojos saltarines, sueños eróticos con sostenes rebeldes, televisión sin luto y con diligencia, sinceridades extremas y a destiempo y algún Rey Mago compusieron el elenco primaveral.

Los duros lo fueron a base de bien. Aparte de algún personaje no muy amante de la Navidad o desengañado y solo, de Pedro y Antonio Murga, hubo muertos y heridos graves de distinta consideración en los relatos de Rita, Clara, Ascen, Manuel Valcárcel y Mercedes.

Vayamos a las votaciones. En el sector primaveral Jose, el humilde autor de esta crónica, se ganó (me gané) los bombones a base de recordarnos a padres que arropan a niños destapados la noche del cinco de enero: primaveral, primaveral. Entre los duros la puntuación se apretó y apretó entre un niño que soluciona con sangre sus problemas de incontinencia y mano dura y un jubilado al que se creía en Alicante, que esperaba un autobús al que seguramente no se subiera. Estos relatos, de Clara y de Antonio Murga, compañeros nuevos ambos, ganaron en reñido empate la competición de los duros. Quedaron cerca de los laureles Mercedes y Ascen, con una mujer apunto de que la llamaran mamá sin serlo y una cantante de coro que encuentra ecos redentores en su definitiva liberación del quien la oprimía.

Luego, a papear, que es como gusta de verdad celebrar las cosas. El restaurante Oviedo fue sin duda un acierto, vaya por delante nuestro reconocimiento a Luis y Rita. Aparte del susto que se llevó Jose (me llevé) al ver el tamaño minúsculo de los vasitos para beber cerveza, lo demás, genial. Por cierto que lo del vaso pequeño fue rápidamente subsanado por Luis, mi compañero macrocervecero, que al percibir la palidez de mi cara, puso las cosas en su sitio pidiendo sendas jarras de dimensiones aceptables para cualquier bebedor de cerveza de tipo medio. Sí, de tipo medio, o sino que se lo pregunten al Manuel Pozo, que seguro que tiene mucho que decir sobre las jarras que usan los grandes bebedores de Alemania. Sigamos con las bebidas. Pura se quedó sin su “Sandy”: hay sitios decentes donde no sirven cochinadas. Y en lugar de aprovechar la ocasión para empinar el codo con un buen vino o ser una más de los consumidores de cerveza en jarrón, se pidió una “sin”. Pura… ¿una “sin” una literata con novela publicada? ¿Dónde están los novelistas de hígado perdido sin remedio, que inspirados por la absenta nos han dejado su impagable legado? ¿Muertos? ¡Pero si son inmortales! En fin, que todo se pierde.

Vayamos a lo sólido. Al final sobró de todo. Digo al final porque las raciones del principio, las patatas al cabrales, los ibéricos y hasta el pulpo, nos cogieron con hambre y los platos volvieron limpios a la cocina. La cosa empezó a bajar con las verduras a la plancha (Carmen fuiste muy recordada con mucho cariño ante las suculencias de la berenjena, el espárrago triguero, la seta y el calabacín) Y ya nos pillaron de capa caída los calamares y los chopitos. Los dulces del postre, ya no pasaron de cucharadas sueltas y catas  esporádicas de intensidad variable.

Retomamos el pulso con el cava, a quién no le levantan el ánimo las burbujas. Brindamos por el año nuevo, se recordó a los ausentes y se disfrutó del buen rollo. A los postres los premiados pasamos los bombones para disfrute conjunto del grupo (costumbre ésta que hay que revisar, señor organizador, porque la abundancia de la cena no impidió el ataque masivo al chocolate, con resultados devastadores sobre los premios) En esos momentos de sobremesa, Yolanda (siempre tan detallista y encantadora) nos hizo entrega, uno por uno, de su regalito navideño. Pero este año no se salió con la suya y se encontró con nuestra réplica: recibió un libro como regalo de agradecimiento del grupo. También se recordó la próxima paternidad de JJ en forma de regalito de bebé, tal vez el primero que reciba. Querido futuro padre, el bebé no te restará ni un gramo de habilidad literaria, todo lo contrario, no sabes la cantidad de temas que te van a surgir para relatos futuros.

Si yo hubiera sabido que escribiría esta crónica, me habría paseado por la mesa para captar la salsa de los distintos ambientes, pero se me encargó la labor al final, de manera que sólo puedo contaros que en mi área lo más sobresaliente fue que Antonio Murga tuvo un “amistoso diálogo” con Blanca sobre el viejo tema hombres/mujeres. El pobre, a pesar de las prudentes advertencias de Luis, entró al trapo. No creo que haga falta deciros el resultado final del enfrentamiento.

Los más decentes (casi todos) nos recogimos a una hora prudencial, es decir alrededor de la medianoche, que si le valió a Cenicienta, con más razón a nosotros. Y lo más golfos, creo que ahora, a las dos de la tarde del día siguiente, todavía no han aparecido por sus casas y trabajos. No os molestéis en llamar a hospitales, tampoco están allí. Tal vez a la sombra de algún abeto, pino o fresno de color rojo se encuentren todavía, con los vasos vacíos y los ceniceros llenos, roncando como osos.

¿2010? Tal vez el planeta se siga calentando, quién sabe si la crisis cambiará de signo, a lo mejor hasta terminan de hablar del Estatuto catalán, pero seguro, seguro, que en lo que fue un desván de la Casa del Reloj habrá un grupo de amigos que disfrutará leyendo y escuchando relatos. Los chicos de Pura seguiremos inventando historias, reservando unas horas de cada jueves para la ficción ¿Y cómo será esa ficción? Pues para unos será primaveral y para otros dura, pero que muy dura.

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Querido Manuel:
Tenía la intención de no retomar la crónica de las clases esta temporada, pero como ya estamos terminando el martes y nadie lo ha hecho (Rita lo ha intentado, pero ha tenido un problema técnico) voy a cumplir con tus deseos.

Empezó Jose (el más joven) con un relato de regreso a casa. Un legionario vuelve a Roma después de haber guerreado en Judea y Germania (no lo verías por allí porque la historia trascurre en tiempos de Vespasiano). El cuento, muy bien documentado, describía de forma impecable el escenario histórico. Por ponerle un “pero”, flojeaba algo en el conflicto particular del protagonista. Luego salí yo a la plaza con una “Talanquera”. Como no quería arriesgarme en un terreno tan difícil como el taurino, busqué para mi historia la otra acepción de la palabra, la de alguien que no quiere comprometerse. Aún así fui rectificado, con razón, por los aficionados cuando usé algún término taurino de forma impropia.

Antes de que Josu leyese su “Talanquera”, Maria Isabel, con su voz aterciopelada, nos mandó un soplo de aire primaveral en alas de una mariposa. La historia de Josu estaba muy bien ideada. Si acaso fallaba en la estructura, demasiado lineal. La profe le aconsejó intentarla de nuevo iniciando el cuento en medio del conflicto. No sé si la has leido: Para superar los ostáculos que se oponen a su amor, una pareja se hace cargo de un refugio de alta montaña, al que llegará una visitante muy peculiar.

Después del descanso, en PRIME TIME, leyó nuestro recién premiado JJ. Nos enseñó cómo cocinar, a la vez, una “piperrada” y los conflictos de una pareja que ya se ha dicho todo en la vida. El tiempo interior del relato era de quince minutos. Si te digo que JJ tardó más de veinte en contárnoslo, sin que sobrara un solo detalle, comprenderás que estamos ante un maestro.

Para que veas lo intenso que fue el día, te diré que todavía hubo tiempo para que Antonio Murga nos leyera un cuento del último ejercicio. Lo original de la narración es que relata un adulterio en el que no se advierte ningún sentimiento de culpa por parte de los protagonistas. Mucha pasión, algo de celos y un pelín de nostalgia en la separación: la receta de amor perfecta.

Para despedirme, querido Manuel, te contaré que en las cañas a alguien se le ocurrió insinuar la posibilidad de la compra de votos en el concurso de cuentos navideños. Como comprenderás, de inmediato tapamos la boca del osado. Le manifestamos que nosotros somos un grupo incorruptible que sólo decide atendiendo a la calidad literaria de los cuentos presentados.

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