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Archive for 26 noviembre 2010

Ayer Pura sacó el tarro de las esencias literarias. La novedad no está en lo que dijo sino en la forma seria, didáctica y oportuna de decirlo. Sobre el lenguaje nos recordó que la palabra más adecuada es la que pasa desapercibida; sobre la estructura, que no debemos contar la historia completa de un personaje, sino situarlo en una escena, en tiempo y espacio, y movernos atrás y adelante con pinceladas de su vida. Entre otras cosas, también nos enseñó que las preguntas que es obligado se suscite el lector deben de venir del interior del relato y no ser externas a él; y, a propósito de dos cuentos recién escuchados, que la casualidad no es literaria, que el azar no debe actuar nunca por sí solo.
Se leyeron los últimos cuentos felices (no creo que haya más sobre ese tema). Jesús Llamas, Buscando la Felicidad; Antonio Murga, Mariano; Luis, El forastero y Blanca -sí, has leído bien Manuel, Blanca- con los placeres que un hombre aparentemente subyugado hurta al control de su esposa, y siente en forma de Escalofríos.
Se habló también del concurso navideño de los últimos años que, esta vez, tendrá al erotismo como tema. Pero no pseudo-erotismo, ni cuasi-erotismo, sino erotismo con “chicha” (“carne”, en este caso). Las bases me figuro que serán las mismas: una extensión discreta (hay que leerlos todos en una clase, aunque previamente se manden por el correo del grupo), nosotros seremos nuestro propio jurado, etc.
Lo dicho, fue una clase magistral, de las que recordamos en esos momentos felices (curiosamente ninguno de los relatos de esta serie ha tratado sobre la felicidad del escritor) que experimentamos cuando concluimos una frase con sentido, damos el peso justo a un párrafo, o en el momento en que, al fin, redondeamos más o menos un cuento.

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El jueves pasado analizamos este relato cargado de simbolismo. La casa de al lado de los protagonistas -un matrimonio de más o menos avanzada edad- representa para ellos el mundo actual, cargado de animalismo y sexo violento. Desde sus camas individuales asisten como espectadores a una realidad que no les gusta. La pantalla que tienen ante sus ojos unas veces es la de la televisión y otras la que forma el marco de su ventana. Como no se atreven a salir a la calle a cambiar esa realidad, se imaginan una distinta. Se trasladan a un mundo primigenio (“un país donde no ha estado nunca nadie”). Allí estarían desterrados esos culpables del mal actual, el animalismo (“comiéndose a los perros”) y el sexo (“no se puede distinguir a … hombres de mujeres”. En este cigoto asexuado las personas son plantas puras (“como árboles blancos”).
Tobias Wolff, uno de los componentes del “realismo sucio” americano, crea un estereotipo perfecto con los protagonistas, que puede reconocerse en muchos matrimonios puritanos de los Estados Unidos.
En cuanto a las influencias, algunos de la clase vieron a Hitchcock, por el voyeurismo de los protagonistas. A mi me recuerda algo a la afirmación de Sartre: “L´enfer sont les autres” (‘el infierno son los otros’). Y también podemos ver raices cristianas (las que sin duda tenían los protagonistas) en el “locus amoenus” que se describe al final.
Los nuevos se estrenaron con el narrador para el que no hubo discusión (autodiegético narrando en presente). El resto de los componentes del relato dieron lugar a más controversia, en especial cierta península de Norteamérica a la que unos querían darle connotaciones florales y otros simplemente sexuales. Al final todos convinimos en que se trata de un excelente cuento.

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Los que han encontrado la felicidad perdida con sus relatos son felices: Carmen, Antonio Llop (En busca de la felicidad perdida), María Isabel Ruano (La oportunidad), Pedro Mateos (Mi amigo Robert) y José Sainz de la Maza (Cuarenta cintas Kodak súper 8). A partir de ahora, tanto el que haya encontrado la felicidad como el que no lo haya hecho, se tendrá que enfrentar con la siguiente ginkana literaria:

Piensa en un color. Piensa en un sonido. Piensa en una planta. Piensa en un símbolo para cada cosa que has pensado. Piensa que piensas. Piensa en tres personajes. Piensa en la ambición como tema. Piensa que lo que has pensado no es abstracto sino concreto. Piensa en un relato en segunda persona. Piensa que te saldrá bien.

Saludos. Me voy a pensar.

Y por cierto, pensando, pensando, a veces pienso que somos demasiado blandos con las críticas.

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Algunos buscan la felicidad perdida regresando al taller después de cierto tiempo, como fue el caso ayer de Vicente y Ascen, que por cierto, en su vuelta emitió el juicio crítico más severo y despiadado que se ha oído en el presente curso. El comentario provocó a su vez que el sector DURO reencontrase parte de la felicidad perdida, y que todo el grupo reencontrásemos un tono de discusión que se había perdido entre los DUROS y los PRIMAVERALES. En conjunto, todo el que quiso (este es un grupo abierto, por favor, los nuevos que no se excluyan) encontró, después de clase, la felicidad perdida continuando la charla literaria ante una copa de cerveza o de vino.

Y entre tantas cosas perdidas casi se me pierde la referencia a los relatos leídos ayer:

“El cielo con las manos” , de Josu Bilbao.

“El telegrama”, de Lourdes Chorro.

“Resiliencia”, de Susana Yagüe.

“Sin complejos”, de José Sacedón.

“No matarás el tiempo”, de Pilar Couso.

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