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Archive for 25 marzo 2011

Tal es el interés que han puesto algunos en sus cuentos para jugar con las voces de los narradores y con el tiempo en una vuelta al pasado y un regreso al futuro sin definir los límites del tiempo, que el que se queda descolocado en muchas ocasiones es el lector/oyente. Reconozco que ayer no estuve en clase, o que estuve pero fue en otro momento, o que mi presencia física no coincidió en el tiempo con mi presencia mental, porque de los cuatro cuentos que se leyeron no logré captar la esencia de ninguno. Y me consta que no fui el único al que le afectó el “descoloque” temporal.

En cualquier caso, hoy, que ya es el futuro, sí se pueden sacar conclusiones de la tarde de ayer, que fue precisamente eso, el ayer:

Me confieso “Lourdista” convencido: Lourdes Chorro leyó un cuento gótico titulado “El confesor”.

José Jesús (JJ) sigue escribiendo cuentos en el planeta JJ: “No estarás”.

Pura sabe escoger los momentos para dar la sorpresa: el cuento anónimo “Margarita y la muñeca” era suyo.

El fútbol es un tema que pueda generar grandes cuentos: José Sainz de la Maza leyó el relato titulado “Lunes”, que a punto estuvo de provocar un apasionado debate futbolero.

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No nos atrevemos a jugar con el tiempo con la referencia del capítulo de Artemio Cruz (1919: 20 de mayo) y nos mostramos algo perezosos. Luís Marín leyó un mejorado “Cuentas pendientes”, Lourdes ChorroSoledad” y José Sacedón Los tres pies del gato”. El relato de José Sacedón nos quería hacer reflexionar sobre la idea de que muchas veces los críticos literarios en general, y nosotros en particular, en los límites de nuestro taller, vamos más lejos que el autor en la interpretación de los textos. No le falta razón a José Sacedón, pero también es verdad que los textos hay que retorcerlos y exprimirlos hasta sacarles todo el jugo. Hace poco Pura mandaba en un correo una cita de Faulkner, en la que propone  a quienes confiesan no entender un texto bien escrito pero de difícil comprensión, que lo lean y lean hasta comprenderlo.

Pues en mi caso confieso que gracias a este correo de Pura y su constancia ¡A la QUINTA! el famoso capítulo de Artemio Cruz me ha parecido fabuloso. Pura, al final… chispeando, chispeando… el suelo termina empapado.   

Ahora me toca a mí aprovechar la experiencia e insistir para conseguir mis dos nuevos objetivos:

1)      Ver el relato de Lourdes Chorro de la semana pasada “Lo que hace el no estar inspirada” desde la perspectiva de una mujer, lo cual es más difícil que lo anterior.

2)      Ver en directo, el sábado que viene, como por fin (al menos a la quinta) el Atleti le gana al Real Madrid.

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Ayer, los que tuvimos la suerte de asistir a clase y no andábamos de pingoneo por el extranjero pudimos disfrutar de tres extraordinarios relatos:

El Alimento de los Dioses”, de Antonio Llop, con un título poco convincente, jugaba magistralmente con el tiempo para llevarnos a la convulsa Guinea del Dictador Macías.

“¿Soy Leyenda?”, de Rosa Carmona, un excelente relato mítico del que, por poner una pega, podríamos decir que le sobraban al menos un par de adjetivos.

Y dejo deliberadamente para el final “Lo que hace el no estar inspirada”, de Lourdes Chorro, porque despertó la vieja polémica sobre la existencia de una literatura de mujeres y otra de hombres. El relato de Lourdes se leyó solo una vez (que yo recuerde no hubo un pase para hombres y otro para mujeres), pues bien, el resultado de la lectura única fue el siguiente:

Los hombres (salvo UNA excepción, que yo sepa) tan solo vimos a una mujer asomada a la ventana de su habitación describiendo a la gente que pasaba por la calle.  

Las mujeres, sin embargo, elaboraron las siguientes teorías clarividentes:

– La llave de la puerta significaba que la mujer se sentía encerrada en sí misma.

– La gente que la mujer veía pasar por la calle representaban su propia vida.

– La torre de ropa sin planchar escenifica la sumisión de la mujer.

– Una pareja va fumando, al echar el humo del cigarrillo hacia el centro el relato quiere decir que entre los dos no hay amor, sino humo.

– La calle cuesta abajo significa que todas las relaciones de pareja van a ir cuesta abajo.

– Cuando el marido regresa a casa con los dos hijos, la mujer espera que el marido le pregunte si ha escrito mucho. Como no se lo pregunta ella se siente desolada y eso es señal de sumisión de la mujer. (¡Pues coño, so huevona! Haberle dicho, ay, Antonio, no he escrito nada porque me he pasado la tarde mirando por la ventana).

– El marido se va con el hijo a la cocina, la hija se queda con la madre en la habitación, lo que demuestra que hay dos mundos distintos, uno de hombres y otro de mujeres.

– El conflicto del cuento está precisamente en que no pasa nada.

– La mujer ve como un tío, tan pancho él, se echa mano a los genitales para colocárselos, pero en el relato no aparece ninguna mujer que se sigue echando rímel cuando el semáforo ya se ha puesto en verde.  

 Y alguna teoría más (seguramente irreproducible) que sobrepasó mi capacidad cognitiva. Así pues, ¿Existe o no existe una literatura de hombres y otra de mujeres?

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Ayer dedicamos nuestra tarde al “comentario crítico” del cuento de Mario Vargas Llosa titulado “El Hermano Menor”. Creo que el relato gustó a todos. Comienza con una escena en la que los dos hermanos encuentran en un lado del camino un sapo encima de una gran roca. El hermano mayor apunta al sapo cuidadosamente con un revólver y le pega un tiro. Mi pregunta es: ¿Quién era el sapo?

No digo yo un tiro, que en un blog de literatura tampoco estamos para hacer el bestia, pero… ¿a quién os gustaría convertir en sapo y darle una merecida pedrada en la cabeza?

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