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Archive for 24 febrero 2012

  Ayer tuvimos una clase completita, no solo de relatos que fueron variados, sino también que la buhardilla estaba muy llena o, al menos, a mi me lo pareció.

  Empezó leyendo Luis una segunda versión de su Peligrosa Excursión en que todo está más claro, pero quizás, un poco de duda no viene mal para el tema de los furtivos del relato.

  Después Pilar Sánchez nos leyó una hoja de diario muy “juicioso” sobre el acoso inmobiliario, tema candente, que abrasa vamos.

  Manuel, recuperado también para nosotros, nos dejó oir su cuento de amor imposible, absolutamente imposible, qué pena…

  Otra vez Pilar nos contó por segunda vez cómo se había despertado una ejecutiva después de no acordarse de cómo fue La Vispera, en un intento de monólogo interior aunque se coló el dialógo a pesar de oir solo una voz.

  Pedro tomó un grupo de palabras para describirnos una secuencia de borrachera y atraco que le dejó una buena cicatriz al protagonista.

  Las lecturas se terminaron con La Autobiografia de un Escritorio, que la voz de Julio nos fue llevando a una atmosfera donde ubicar un mueble tan “vivido”, con sucesivas transformaciones de lugares, utilidades y apariencia.

  Pura terminó con un par de gotas que se le habían quedado en el tintero del “Curioso incidente del perro a medianoche“.

  Y después las cañas…uffffffff bien apretados de todos los que éramos, hasta Antonio Blázquez estuvo para ayudarnos a algunas chicas a cerrar el Loa.

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No recuerdo cuánto tiempo hace que un día de análisis la asistencia sea tan multitudinaria. Según los registros de nuestro estadístico nueve chicos y cinco chicas empezamos la clase, aunque enseguida se incorporaron dos chicas más para no desmentir la tendencia de los retrasos.

Y después de un suspiro, estábamos en la calle, tras un descanso más breve que de costumbre y a una hora poco habitual porque no se encontraba el momento de parar.

Dio juego, pero que mucho juego “El curioso incidente del perro a medianoche”, un libro que esconde en su interior ficción y metaficción, con un narrador en primera persona homodiegético, una estructura compleja, gran número de personajes (entre los que se podrían incluir animales, cosas e ideas), un manejo ágil del tiempo y el espacio, multitud  de hilos de trama. En fin, un libro que a pesar de su aparente simplicidad, está lleno de técnica.

A la salida mirábamos el reloj sorprendidos de lo poco que había durado la clase, sólo dos hora como de costumbre, las manecillas del reloj no engañaban.

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Se recuperaron muchas bajas de la semana anterior, son los efectos del frío que por fin, ha llegado. Es curioso lo floja que es la memoria, cómo olvidamos que estamos en invierno y en esta estación el frío es lo normal aunque a algunos les guste más que a otros. Tanta información y tanta estadística, a veces, puede llegar a confundirnos. “El invierno más frío del siglo”, “no nevaba en esta localidad desde hace cincuenta años”, cuando de siglo apenas llevamos doce años, y que nieve a orilla del mar en la costa de Levante, es una excepción aunque suceda varios años seguidos.

Hay que tener cuidado con las palabras y darle el valor que realmente tienen. Y eso hizo Yolanda usando desde el metro a la borrachera del grupo tercero para recrear un episodio de “Vampiresas” en el sentido estricto de la palabra, y también en el figurado. Pilar eligió la montaña, el hielo, la cabaña de madera y todo el grupo cuarto para un relato onírico al que no quiso poner título. Asun, entornó una claraboya para que entrara un poco de aire fresco, aunque ayer no hacía mucha falta, y con la excusa de una carta de amor, hizo una reflexión sobre un amor que podía haber sido pero no fue. Antonio Llop nos subió, con las palabras del grupo dos, a un monte en llamas para intentar cumplir “La promesa” y profundizar en una enseñanza, pero las llamas impidieron que se llevaran a término.

Tras un merecido descanso, Alicia nos devolvió a la ciudad (grupo dos) en el “Día inesperado” de un ejecutivo convincente y triunfador que también tiene su punto débil. Blanca describió un paisaje bucólico que deviene en una descarga de violencia neurótica, “Paisajismo” breve pero efectivo. María Isabel nos devolvió a un ejercicio del curso anterior con “Fuego de verano” y nos mostró una cicatriz infantil que recorre la pantorrilla de la protagonista y miedos. Para cerrar la sesión ya pasadas las nueve, Pilar (otra Pilar) nos despertó sobresaltados de lo que habría ocurrido en la “Víspera” en una noche de borrachera y droga.

Y para la próxima sesión, ANALISIS. Ya sabéis, todo lo que podáis averiguar del perro será de utilidad, sin olvidar el ruido y la furia que despiertan la alondra y la termita. (forzado juego de palabras)

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Estoy harto de las novelas literarias donde todos los personajes son muy articulados y leen cientos de novelas. Un libro no puede realmente planificarse. Uno arranca con una vaga dirección de adónde quiere dirigirse pero son los personajes quienes avanzan la narrativa de forma que yo no ofrezco un juicio de valor ni indico al lector cómo debe sentirse en cada momento”.

Así se expresa el británico Mark Haddon escritor, ilustrador y guionista británico nacido en Northampton el 26 de septiembre de 1962. Licenciado en Literatura inglesa, trabaja en la actualidad como profesor de escritura creativa en la Universidad de Oxford. Mark Haddon sostiene que cometió la “estupidez”, a principios de los noventa, de creer que los libros infantiles ilustrados le conducirían a la literatura adulta, pero la realidad es que estaba centrado en una serie infantil “Agent 2”, que le impedía progresar, hasta el punto de que las editoriales rechazaron cinco novelas suyas para adultos.

Empezaba a estar “desquiciado” hasta que “El curioso incidente del perro a medianoche (2003), una novelita sobre un adolescente autista publicada para ambos públicos, cambió su vida. Para escribir la novela a Mark Haddon le ayudó el hecho de haber trabajado durante una temporada con personas que padecían deficiencias físicas y mentales.El curioso incidente del perro a medianoche” se convirtió rápidamente, gracias al boca a boca, en un éxito de ventas a nivel mundial, recibió una veintena de importantes premios, vendió dos millones largos de ejemplares en 43 idiomas, de ellos,  500.000 en España.

La acción narrativa se centra en una pequeña ciudad inglesa porque el provincianismo es una de las ideas que sustentan el libro. La mayoría de las novelas inglesas se ubican en una gran urbe o en el campo, pero rara vez en capitales de provincia o en ciudades pequeñas donde realmente vive la inmensa mayoría de la población. Se tiende a creer que sus vidas no son interesantes, como si la gente de provincias no sufriera las mismas vicisitudes que los demás. De hecho, un crítico cuestionó por qué desearía alguien leer sobre la aburrida vida de provincias. Situar la acción en una ciudad pequeña, una ciudad de provincias, es una forma de abordar la situación humana en un plano más amplio, en un plano universal.

Pero claro, todas las ideas son cuestionables, aunque sean ideas de un escritor capaz de vender millones de libros, y si no… ¿Quién está de acuerdo con esta idea de Mark Haddon?:

Es más importante cómo se escribe una novela que la historia en sí. Una gran idea puede matar la narrativa literaria“.

Otros libros del autor son:

Un pequeño inconveniente (2006)

¡Bum! (2010)

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Bajamos del simón que nos había llevado a la Casa del Reloj. Entramos al verde jardín donde, bajo la ventana principal, ya estaba preparada la mesa redonda con la merienda. No faltaba ningún detalle: la tetera de porcelana, pastas, bollitos y otras ambrosías para los amantes del dulce. Nos sentamos y sacamos los papeles. Corría una ligera brisa y se escuchaba un murmullo procedente del río cuando Maria Isabel, sentada junto a la enredadera, se disculpó porque no sabía si la voz le llegaría hasta el final de la lectura de su “Julio”. Lo consiguió, e incluso tuvo que repetir, casi susurrando, algunos pasajes que necesitaban aclaración. Asunción nos contó los últimos años junto al mar de la vida de un octogenario. Josu nos mostró la última versión de su “Tela de araña”, y Pedro -a través de Fernando- la suya del hombre arruinado por su aficción al juego. Vicente también hizo los deberes y nos leyó un microrrelato de una merienda familiar vista por alguien que está encerrado. Terminó la agradable velada una nueva compañera, de cuyo nombre no me acuerdo, narrándonos la historia de un personaje gris, cargado de espaldas. Atardecía cuando terminamos las lecturas. Era el momento de relajarse en una mecedora y dejar volar la imaginación. El silencio se hizo tan intenso que despertó a los desconfiados grillos.

Hay que ver lo que cambian las cosas con la ficción literaria. En realidad fue una tarde gélida en la que leímos los relatos al calor del aire acondicionado de nuestra buhardilla, sin que se oyera el rumor del Manzanares y sin ninguna pasta que llevarnos a la boca. Luego, los supervivientes de los griposos -Pura, Mercedes, Yolanda, Fernando Pedro y yo- nos tomamos en el Loa -vacío y sin calefacción que se notara- unos caldos -no sinónimo de vinos sino de AVECREN- que nuestra amiga rubia tuvo a bien ofrecernos.

Y para terminar, una reflexión: Yo creo que la profesora quiere que con los cuatro grupos de palabras propuestos hagamos algo más que juegos de más o menos ingenio como el de arriba. Que pensemos una estructura y un tema y confeccionemos un relato con una cierta extensión (no un micro, ni la sinópsis de una historia, como los que se leyeron ayer). Los cuatro grupos se prestan a ello. En el primero, el campo semántico de las palabras sugiere un escenario de merienda en casa de campo; el segundo las dramáticas consecuencias de un fuego en el bosque; el tercero una historia urbana, y el cuarto una aventura extrema en la montaña. Claro que también el primero podría sugerir un relato erótico. Dos -o más- de los asistentes a la merienda podrían esconderse tras la enredadera para besarse con pasión y, cuando el resto abandonase el jardín, retirar de un manotazo platos y tazas, y amarse sobre la mesa. O en el grupo tres, algún usuario del metro pudiera ser abducido por hombrecillos procedentes del subsuelo urbano, en un relato de ciencia-ficción. Que por falta de imaginación no quede.

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