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Archive for 29 junio 2012

   Me siento cansado. He llegado a este final de curso tan cansado como los niños en el colegio, que necesitan las vacaciones tanto como el respirar. O quizás el niño he sido yo, hemos sido nosotros en nuestro mundo de ficciones y personajes irreales –a veces no tan irreales– que nos han ocupado otro curso más.

   Hemos trabajado mucho y bien este año. Hemos escrito unos cuentos muy buenos, hemos editado un libro que recoge nuestro trabajo de este año, hemos dado continuidad a la revista y nos hemos involucrado a fondo en nuestro gran proyecto, el libro Hotel-Sky.

   Hemos hecho muchos amigos: el oscuro Justin Horgenschlag de Sallinger que dejó escapar a su gran amor en un autobús; el miope Amilcare Carruga, de Italo Calvino, con su visión distorsionada de la vida y del amor; la familia de emigrantes del relato “Fiesta, 1980”, afincada en Nueva York con su nueva furgoneta y la visión de la vida que nos llega a través de su hijo pequeño; y el controvertido matrimonio formado por Vera e Igmar y la ilusión de unas vacaciones en unas islas ficticias que nos llegó a través de Gonzalo Calcedo.

   Como olvidar a Christopher John Francis Boone, el niño de “El curioso incidente del perro a medianoche” (la resolución al problema de lógica me acompañará toda la vida), la ternura de Alondra y Termita en un mundo lleno de dificultades, a la familia Compson del “Ruido y la furia” en el profundo sur de Estados Unidos, al anónimo hombre que duerme de Georges Perec y, sobre todo, al increible Oblómov de Goncharov.

   ¡Ay, Oblómov!… Oblómov es la pauta para este verano. He llegado tan cansado que solo pienso en el oblomovismo, ese movimiento que reivindica estar todo el día acostado, dejar para mañana las decisiones trascendentes y dedicarse a pasar el día pensando en las flores, el amor, los amigos o un buen vaso de vodka (o vino, cerveza… que tampoco hace falta ser inflexibles). Quizás a los ciudadanos normales nos haga falta un movimiento de esta naturaleza, el oblomovismo, para dar de lado a todos los mandatarios que actúan de forma miserable y que se han colado angustiosamente en nuestras vidas sin que les hayamos dado permiso para ello.

   Pero me voy, nos vamos, a hacer el Oblómov cargado de ilusiones y de proyectos. Pero estoy cansado y yo solo no puedo seguir con ellos. Pura escribe en la contraportada del libro Hotel-Sky y dice que el libro es obra del grupo Primaduroverales, y que en ese nombre se incluyen a todos los autores que estuvieron, a los que estamos ahora y a los que estarán. Es así como entiendo el Grupo del Taller de Creación Literaria, un grupo donde todos suman cuando pueden, una carrera de ciclistas donde los compañeros se van dando relevos para hacer el camino más fácil (la metáfora es de Julio Rodríguez).

   Hay muchas cosas que se pueden hacer entre todos, ideas que fluyen, que van y vienen: María Isabel hablaba ayer de recopliar los microrrelatos y ofrecérselos a la Junta de Distrito, la “Revista del Taller Literario” puede tener continuidad como documentación gráfica y lúdica del curso literario y de lo que pasa más allá de nuestra buhardilla generadora de ideas, pero hace falta material (para mí lo ideal es una publicación anual, en diciembre, pero ese tipo de propuestas son las que hay que discutir); podemos editar un nuevo incunable del curso 2012 / 2013, aunque espero que no hagan falta los sacacorchos para extraer los relatos a la fuerza. Esta mañana, caminando por una Plaza Mayor casi desierta, pensaba en que tenemos que sacar los relatos olvidados del cajón, que somos escritores, que queremos que nos lean y que podemos editar otro incunable con los mejores relatos de cada uno de nosotros (una especie de memorial) y si la cosa sale bien y queremos, incluso más adelante podemos publicarlo de una manera formal aprovechando las posibilidades que nos ofrece la tecnología actual.

   También tenemos el blog, que necesita más redactores, al que sin duda hay que darle un contenido más literario y que debe de servir para que nuestros relatos se lean, que es lo importante: Creo que debemos hacer un esfuerzo para abrir nuestro blog al exterior. ¿Cómo se hace? No lo sé, ¿pero no vamos a ser capaces de conseguirlo entre todos?

   Ayer acabó el curso. Para ser el último día me llevo el buen sabor de boca de unos relatos extraordinarios. Gracias, en la parte que me toca, por las críticas tan amables y positivas de ayer. Y me gustó comprobar como los estilos de cada autor eran reconocibles en “Coágulo en el embalse helado”, “El gran jeté”, “El último beso de Sofía Rotesbild” y “En la cama”. Me llevo también una conversación deliciosa en el último instante, en el último momento, con Carmen Aguilera.

   Octubre queda lejos. La vida que va y viene, y se mueve como una barca, y no sabes a dónde te va a llevar. Pero imagínate un salón de actos lleno de amigos, de gente que te quiere, de personas que han hecho un esfuerzo para estar contigo y la voz rotunda de Fernando, o de Nuria que comienza a leer para removerte el corazón:

   “Con la idea de escribir un libro de cuentos, un grupo de escritores se reúne primero para ver si echar a andar, y cuando se decide que sí, que se emprende el camino, toca después determinar qué directrices seguir. No es nada fácil aunar opiniones, pero poco a poco unos gérmenes toman fuerza…”

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Ayer la clase, podríamos decir que estuvo solo a media entrada. Todos sentados en la zona central.

La primera parte la dedicamos a concretar la alineación de los microrrelatos así como la asignación de los lectores para los mismos y parece que está la cosa muy complicada porque hay bajas inesperadas en los habituales de cada año aunque siempre se salvará con un buen suplente.
Después nos leyó  Jose un delicioso relato sobre la mujer en la cama, titulado “El camisón de flores amarillas”.  Un cuento con un tono de nostalgia, ternura y …vida en el último tramo de la vida.
Descanso.
La segunda parte arrancó con dos compañeros menos.
Pasamos a escuchar un relato de JJ, que fue…de los de prestar toda la atención del mundo y a pesar de todo necesitar una segunda lectura. Sin embargo, a mí me pareció, extraordinario. Se discutió  entre narrador y personaje, historia principal y subordinada, así como el tiempo donde se desarrolla. Parecía que en vez de un relato se habían leido tantos como oyentes éramos…y no quedó más remedio que el autor se explicara un poco…
Bueno, y así llegamos al final de la tarde en que nos enteramos de que en el futbol España iba ganando.

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Ayer dedicamos la primera parte de la clase a los microrrelatos de final de curso y después escuchamos la lectura del relato de Julio Rodriguez titulado “El último tren”, un curioso cuento en el que el autor nos mostraba la cantidad de cosas que puede ver un espíritu en el tránsito de la vida a la muerte y cómo cambiaba su actitud con la experiencia de lo observado al regresar de nuevo a su cuerpo sin llegar a fallecer.   

La segunda parte de la clase la dedicamos a cuestiones organizativas: Presentamos en clase el libro “Taller de Creación Literaria de la Casa del Reloj Curso 2011/2012” que nos ilusionó mucho a todos. Pura leyó la introducción de este libro, que nos pareció muy sincera y arriesgada y después nos leyó la introducción que propone para otro libro, nuestro gran proyecto del año, el libro Hotel Madrid-Sky.

 La tercer parte de la clase, porque ayer hubo una tercera parte, fue la más penosa y arriesgada. Después de las cañas una “Comisión Negociadora” se tuvo que ir resignadamente a cerrar un precio para la cena final de curso, se tuvo que tomar otras cañas para soportar la suavidad de la brisa que corría en la noche casi veraniega y tuvo que hacer una cata de los productos que nos ofrecen para el día de la cena. Fue una labor sufrida y laboriosa, que no conseguimos finalizar, por lo que es posible que tengamos que repetir la semana que viene para asegurar que todo estará correctamente dispuesto el día 21 de Junio.

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¿Te acuerdas de la película Fahrenheit 451, de François Truffaut? La acción discurría en un país al borde de la guerra en el que los bomberos tenían la misión de quemar los libros, ya que según el gobierno leer provocaba angustia e impedía ser feliz.

El autor de la novela Farenheit 451, adaptada al cine en 1966, fue Ray Bradbury, que falleció el martes pasado, día 5 de junio de 2012. Los amantes de la literatura también le recordarán por sus “Crónicas marcianas”, una serie de relatos que narran la llegada del hombre a Marte y la conquista del planeta.

Ray Bradbury era un autor “amigo” del Taller de Creación Literaria de la Casa del Reloj. Hace un par de años leímos uno de sus relatos, titulado “El Lago”, que personalmente ha sido uno de los relatos que más me han gustado de todos los que hemos comentado en nuestro Taller.

En el año 2000 declaró: “La gran diversión en mi vida ha sido levantarme cada mañana y correr a la máquina de escribir porque alguna nueva idea se me había ocurrido”.

Como homenaje a Bradbury proponemos la lectura de su relato “El Lago”.

     Un cielo a mi medida arrojado sobre el lago Michigan; sobre la arena amarilla, algunos críos gritones botando pelotas; una o dos gaviotas, una madre criticona y yo huyendo de una ola y encontrando este mundo nublado y húmedo.

Subí corriendo por la playa.

Mamá me frotó con una esponjosa toalla.

-Quédate aquí y sécate -dijo.

Me quedé allí y observé cómo el sol evaporaba las gotas de agua de mis brazos. Las sustituí por carne de gallina.

-Hace viento -dijo mamá-. Ponte el suéter.

-Espera que vea mi carne de gallina -dije.

-Harold -dijo mamá.

Me embutí en el suéter y contemplé alzarse y caer las olas sobre la playa. Pero no desmañadamente, sino adrede, con una especie de verde elegancia. Ni siquiera un hombre borracho podría derrumbarse con la misma elegancia que aquellas olas.

Eran los últimos días de septiembre… El Lago. Ray Bradbury

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Mi nombre es Inocencio La Villa y soy un ex-alcohólico. Aunque me vean muy joven, se supone que hoy estoy aquí para hablar, para decirles a todos ustedes cómo y cuándo logré salir de la bebida.

Acabo de oír que hoy hace mucho frío. Que este invierno es más crudo que lo han sido otros. No entiendo por qué la gente dice que hace frío, yo ahora jamás lo tengo. Dicen que si este año las temperaturas van a bajar más que nunca… que si el hombre del tiempo ha dicho… o que si no… Todo esto me hace recordar lo que sentía Consuelo hace unos años.

“Nos vamos a helar de frío este invierno”, decía ella…

Autor Pedro Mateos. Para seguir leyendo el cuento   Ahí es ná

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Tarde de calor en la buhardilla, medio en penumbra, las luces apagadas para no incrementar la sofoquina, revisión de microrrelatos para la fiesta de fin de curso y nuevos textos. Sólo quedan tres semanas y hay que acelerar para estar listos. Pilar, aplicada como de costumbre, leyó una primera versión del ejercicio de la mujer que está en la cama. Por cierto, no recuerdo haber arrancado una sesión con tan poca gente. aunque al final se equilibró la asistencia.

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