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Archive for 25 febrero 2013

(Por Carlos Cerdán)

          Se acerca el cumpleaños de Esther y empiezo a  ponerme nervioso. No sé qué le puedo comprar, esta hija mía es muy especial y desde que dejó de ser una niña no acierto nunca con los regalos y eso que soy muy espléndido, nunca reparo en gastos, pero cuanto más caro es lo que le llevo más parece irritarle. No la entiendo, cada vez me cuesta más trabajo poder hablar con ella sin conseguir que nos enfademos. Parece que siempre está de mal humor, yo me esfuerzo, vaya que sí, me esfuerzo como nunca lo he hecho con ninguna otra persona, pero no consigo nada y eso me jode. Lo días que estoy con ella, bueno, las horas pues hace tiempo que no paso con ella un día entero, termino cabreado  y con una desagradable sensación de frustración que a veces me dura varios días. Muchas veces paso la noche en vela dándole vueltas a la cabeza pensando, tratando de buscar los motivos de su actitud. Ya sé que es una adolescente y que es una edad complicada, que si tienen las hormonas alteradas, que no saben lo que quieren, que llevan la contraria por llevarla y todas esas zarandajas, pero estoy seguro que esa no es la razón. Esther es una chica muy inteligente, centrada en sus estudios y parece tener las ideas muy claras, está comprometida con un montón de causas que a mí, la verdad, me parecen una tontería y una pérdida de tiempo, pero por supuesto no se me ocurre decírselo. Si ya piensa que soy un egoísta no se qué me diría si por ejemplo le digo que eso de preocuparse de lo que sufren los animales, de luchar para que tengan no se qué derechos es una bobada. Recuerdo un día en el que me pidió mi firma para apoyar un cosa llamada “Proyecto Gran Simio”, que según me explicó es algo así como que los simios tengan un trato moral igual que los humanos, me tuve que aguantar la risa para no ofenderla y firmé, claro que firmé. Y mereció la pena porque a la vez que me daba las gracias me dedicó una dulce sonrisa. Sí, fue un gran momento hacía tanto que no veía esa sonrisa.

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No es tan fácil como parece escribir con un narrador en primera persona. Uno de los casos en que es indispensable su utilización es al escribir un diario. Por eso, porque queremos escribir en primera persona, en el Taller de Creación Literaria de la Casa del Reloj nos hemos inventado un personaje. Hemos pensado en él, en su forma de ser, en su fisonomía, le hemos dado un pasado, un presente… sabemos incluso mucho acerca de sus gustos. Nuestro compañero Carlos Cerdán ha dado vida a Diego, y aquí, poco a poco, vamos a descubrir cómo es Diego a través de los secretos que este hombre de ficción escribe en su diario. De momento así es como Carlos se imagina a Diego:

hombres de cuarentaSe llama Diego, es un hombre de cuarenta años pero que aparenta algunos más. Divorciado y con alguna pareja fallida. Tiene una hija adolescente (Esther) con la que no mantiene una buena relación aunque a él desea tenerla. En realidad es una situación que le obsesiona. Trabaja de comercial, tiene labia y se desenvuelve con soltura entre personas de poca confianza, vividores, especuladores y gente por el estilo. Por su profesión alterna y bebe en exceso pero sin llegar a emborracharse. Es algo impulsivo, no controla bien sus emociones en cuanto a sus relaciones afectivas, sin embargo, en su trabajo es cínico, frio y calculador (algo paradójico, piensa él algunas veces).

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Por José Sainz de la Maza:

A mi modo de ver, en el caso concreto de El desierto de los tártaros, el tiempo no debe ser tratado como una simple variable para el estudio global de la obra literaria… En esta novela el teniente Drogo, su protagonista, tuvo su tiempo y eligió cómo emplearlo. Todos tenemos el nuestro y también elegimos cómo emplearlo. Tal vez Giovanni Drogo desperdiciara el suyo y no fuera feliz, o a lo mejor sí, quizá no importe tanto, porque al fin y al cabo el tiempo es ese viejo dios Saturno que termina por devorarnos a todos…

Análisis del tiempo en el desierto de los Tártaros

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En el Taller de Creación Literaria de la Casa del Reloj nos enfrentamos al desafío de escribir un nuevo cuenCentaurosto. Esta vez el relato debe estar centrado en un ser mitológico, que puede ser cualquiera de estos:

Centauro, sirena, fauno, minotauro, arpía, górgona, tritón, esfinge,  grifo.

¿Cómo nos podemos inspirar para escribir algo sobre un ser mitológico? A mí enseguida me vino a la cabeza una canción de Silvio Rodríguez: “El unicornio azul”. Dicen que en esta canción el unicornio azul representa la inspiración perdida. Si la quieres oír para buscar la inspiración lo puedes hacer en este enlace.

http://www.youtube.com/watch?v=a81AGfl0JOY

Flannery O'Connor Por otro lado, también se ha propuesto la lectura de un nuevo relato, esta vez de una escritora estadounidense:

“La buena gente del campo”, de Flannery O´Connor.

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Ayer, en la primera hora, tuvimos ocasión de escuchar dos cuentos antagónicos en el tratamiento del tiempo y el espacio. En “Las dos márgenes del Duero” su autor, nos cuenta las sensaciones del protagonista, el profesor Almeida, al cruzar el puente don Luis I desde Oporto a Vilanova de Gaia una mañana cualquiera. El espacio es el puente sobre el Duero que una las dos poblaciones, y el tiempo lo que tarda en cruzar el profesor. En ese reducido espacio y breve tiempo el autor nos explicará muchas cosas de su personaje a través de los símbolos que van apareciendo en el relato.

Sin embargo, en “La mujer momificada” de José Jesús Rueda, el lector se siente aturdido al no tener una referencia de tiempo ni de espacio. Solo al final del relato las piezas (las distintas voces de los personajes) empiezan a encajar para cerrar un rompecabezas perfecto. Dos grandísimos relatos que nos enseñarán muchas cosas sobre el tratamiento del tiempo y del espacio.

Mito del carro aladoEn la segunda hora continuó el debate sobre el “El desierto de los Tártaros”. Anteriormente habíamos visto la referencia de Buzzati al “Mito de la Caverna”, de Platón. Ayer nos encontramos con la referencia al “Mito del Carro alado” en el capítulo en el que muere uno de los personajes, el teniente Angustina. Personalmente sigo pensando que el teniente Drogo nos acompañará durante mucho tiempo en este Taller.

Por último, Antonio Llop nos leyó su cuento “El organista fantasma”. Se introdujo en un mundo fantástico situando la trama in medias res, aunque se le hicieron lagunas objeciones en el tratamiento del tiempo.

La tarde literaria había levantado expectativas por la cantidad de cuentos en espera para ser leído y por la resaca que ha dejado “El desierto de los Tártaros”… y  se cumplieron sobradamente.

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 El desierto de los TártarosAyer jueves analizamos en nuestro Taller El Desierto de los Tártaros, de Dino Buzzati. Cuando un libro gusta se nota al ver disfrutar a los miembros del Taller en el análisis, y eso fue lo que sucedió ayer con la obra de Buzzati. Vimos disfrutar a Jose, a Mercedes, a María Isabel, a José Jesús… a todos los que asistimos (hubo record de asistencia); pero sobre todo vimos disfrutar a Pura, que desmenuzó el libro con un sentimiento y una pasión elogiable. Su referencia al Mito de la Caverna, de Platón, en uno de los primeros capítulos fue admirable y toda una lección de literatura.

Me gustaron muchísimo otras dos intervenciones: Una de José Sainz de la Maza analizando el tiempo: dijo, entre otras cosas, que el tiempo se trata desde varias perspectivas, porque el libro es en sí mismo una inmensa reflexión sobre el tiempo. En él, la primavera se entiende siempre como hecho negativo; y el atardecer, la noche y el invierno tienen un carácter positivo. Luego destacó otros indicios del paso del tiempo en gestos comunes: la cadencia de los pasos del centinela, la vos de alerta, el tic-tac del reloj, la gota de agua del aljibe…

José explicó que la estructuración en capítulos se corresponde al paso de la vida. Diez capítulos para los cuatro primeros meses del teniente Drogo en la Fortaleza, veintitantos capítulos para los veintidós primeros meses, después un intervalo de años desarrollados cada vez en menos capítulos, comprimiendo el tiempo en una estructura compleja, sin referencias de fechas, atemporal, que sin embargo no desequilibra la novela.

La segunda intervención que me pareció brillante fue la de José Jesús Rueda al comparar la muerte del teniente Angustina con la muerte de Jesucristo. Es cierto que en la muerte de Angustina hay un calvario, hay una humillación, hay una redención en la forma digna de morir, y hay por último una resurrección en un sueño del teniente Drogo. Fue extraordinaria la vehemencia con la que defendió esta idea José Jesús, un hombre al que acostumbramos ver tan tranquilo en todas las ocasiones.

Os quiero dar las gracias a los dos por vuestro trabajo de ayer y por lo que aprendimos de vuestras reflexiones. Ahora os pido también que hagáis una entrada en el blog con estos dos temas: El tiempo en el desierto de los Tártaros y la muerte del teniente Angustina en el Desierto de los Tártaros ¿Qué os parece? ¿Aceptais el reto?

Por otro lado, se quedaron muchas cosas que decir en el comentario, y eso que hubo un tercer tiempo en las cañas del “Loa”, un cuarto tiempo en el Restaurante “Luis” y hasta un quinto tiempo para el debate en un “garito de última hora”:

Entre las cuestiones que se quedaron sin debatir y las que se discutieron después de la clase en cualquiera de los espacios de tertulia están las siguientes:

¿El tema del libro es la vida desperdiciada?

¿Es lícito esperar pasivamente la llegada de grandes acontecimientos que den sentido a la vida?

¿Qué sucede cuándo nos damos cuenta de que nuestra vida está vacía?

¿Era feliz el teniente Drogo en la fortaleza?

¿El teniente Drogo y el resto de los personajes eran dueños de su destino?

 ¿Es criticable la decisión de quedarse a vivir en la fortaleza? ¿Cúal es esa fortaleza simbólica?

En fin, yo destacaría la ambigüedad de la obra que deja abiertas las posibilidades de muchas interpretaciones. Es uno de esos libros que parecerá diferente cada vez que se lea de nuevo y sin duda su interpretación dependerá (o influirá) en el estado de ánimo del lector.

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