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Archive for 28 mayo 2014

La tarde dedicada a Elena Poniatovska dio mucho juego. Hubo tiempo, incluso, para leer un relato del grupo de Metaficción más Hallazgo.  Hablaré de este primero, por ser el que rompe el conjunto.

Con La llave, Alicia Gallego, nos transportó oníricamente a un castillo medieval. Cuenta la leyenda que en él, un Caballero Templario cercenó la cabeza de su amada, convencido de que le había sido infiel.

Una joven interesada en la Orden del Temple visita el alcázar de don Diego de la Riba. Durante la noche sufre una horrible pesadilla: la llave con el anagrama templario, que se había colgado al cuello, había desaparecido al despertar del terrorífico sueño.

Las críticas fueron suaves: Yolanda López opinó que el símbolo no cambiaba el cuento, como lo hacía en Gordimer. Luis Marín le aconsejó que cambiara a tercera persona los diálogos directos, para conseguir el equilibrio final.

Para Pura hay una lógica que es casual, cuando debiera ser causal. ¿Por qué siente esta fascinación? ¿Por qué se le vuelve el pelo blanco? Le preguntó nuestra tutora.

Antes, al principio de la clase, habíamos intentado desenredar el ovillo de La Identidad.

Empezó Virginia García con su cuento La Peregrina. La historia se desarrolla en el Camino de Santiago, donde la protagonista encuentra a una anciana, llena de arrugas, pelo ralo y cano,  ataviada con ropas raídas. Tras unos metros de caminar codo con codo en silencio, ambas mujeres se cuentan sus vidas.

La joven, generosa, le da todos sus datos, le ofrece su casa. Mientras, la abuela afirma que el Camino es su domicilio, el único sitio donde no siente la soledad, donde vive toda su vida, como señaló José Sainz.

Todos coincidieron en el exceso de narración, la falta de metáfora, la rareza del dialogo. Le alabaron el estilo y la brillante idea de elegir el Camino de Santiago para colocar a sus personajes.

Pura le pidió que todo eso que nos contaba nos lo hiciera ver.

¿Hay vida alrededor? En este relato de Paco Plaza, un móvil sobre una mesa metálica, simbolizaba la incomunicación. El dueño estaba angustiado esperando una llamada que no se producía. Hasta que se dio cuenta de que el contacto directo era mejor y empezó a dar importancia a la realidad.

Según Pura no había sensación del paso del tiempo; el personaje estaba quieto siempre. Había un problema de Tiempo verbal. Faltaba el Tiempo.

Una hora antes del albaJosé Miguel nos dibujó al áspero y rutinario mundo rural, donde los personajes realizan las labores diarias sin apenas hablarse. Parecen no sentir ninguna emoción. No obstante, sabemos que el niño disfruta con los andares bamboleantes de la mula que le transporta, o que equipara a su abuelo con un roble. Pero el anciano está más encallecido. Es tal la distancia generacional que es difícil que haya punto de encuentro entre ellos.

La relación entre abuelo y nieto suscitó polémica. La mayoría opinó que no había cariño entre ellos, que no se comunicaban y hasta que el pequeño sentía rencor por el anciano. Manuel Pozo nos señaló, en cambio, la admiración del niño, al comparar a su abuelo con ese árbol símbolo de fortaleza.

El autor nos recordó que la vida en el campo es espartana, que allí las emociones no tienen cabida. Que la dureza de la vida, es el conflicto.

Pura  opinó que el relato estaba muy bien escrito, aunque fuera tan parco como los personajes que lo habitan; pero le faltaba la Tierra, la Naturaleza.

París, la ciudad de la Luz. Esta narración de Mercedes Lázaro consigue encontrar el nexo de unión entre los personajes, dos almas solitarias que el azar une. Un caballero se queja de haber visto demasiadas casas. Ésta, en la que está, le atrae por su mobiliario antiguo y refinado; se fija que en la habitación grande, obscura, hay una cama de matrimonio con una gran hendidura en un lado solo. Mientras que la otra, más pequeña, está llena de luz; aquí el hombre tropieza con una guía de París.

Juan Santos  (no, no estuvo en clase). Carlos Cerdán dio con el quid de la cuestión: son un hombre solo y una mujer sola; la guía de París es el punto de conexión de dos soledades con proyección de futuro.

José Sainz señaló las metáforas: la marca del cuerpo en una única parte del lecho; el mobiliario antiguo, viejo; la obscuridad; la luz en la otra habitación…

Entre grandes carcajadas, al unísono concluimos que Mercedes Lázaro había  mejorado el cuento de la Poniatovska.

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Empezaré con algo tan obvio como que se trata de un cuento con una clara estructura  de viaje. Los personajes, que viajan solos, viene cada uno de un mundo diferente.

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Es un relato embriagador; lleno de metáforas, de lenguaje exquisito: nos habla de la mochila que carga las espaldas del caminante, de las ruedas que se hunden en el barro; del camino escabroso,  siempre  cuesta arriba, para señalarnos la dureza de la vida,  ya sea en el campo o en la ciudad. Únicamente es cuesta abajo cuando el paisano va al pueblo a solazarse, visitando a  las “viejas calientes. Después es más difícil volver a remontarse, nomás acordándose de ellas”

Llegados al fin del trayecto, al anciano, cuya cara habían pisoteado todos todos los gallos del mundo llenándola de patas, le sonríen todas las patas de gallo. ¿Hay alguien que pueda decirlo mejor? Lo dudo.

La autora nos presenta el encuentro, un punto de luz en la historia, de dos seres humanos que, aunque  pertenecen a universos tan distintos como el rural y el urbano, consiguen conectar. Si bien es el urbanita quien empieza la conversación, se le supone más inteligente, más ducho en las habilidades sociales, también le cuesta integrarse, pues no deja de ser un inexperto en el mundo rural.

Ambos sufren con la incomunicación y se esfuerzan en encontrar ese nexo, ese algo, la empatía, que les permite reconocerse al uno en el otro.

Es un cuento esperanzador, con final feliz que nos habla de la bondad, del agradecimiento y de la generosidad de las personas.

El anciano, al no tener nada más valioso, regala al viajero su identidad.Lo más importante de cada individuo; lo que te identifica y te hace ser único;  lo que te permite abrir o cerrar todas las puertas.

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El viernes 23 de mayo a las 20 horas la Editorial EDISI presenta el libro Exploradores del placer en la Salita de las letras, calle Atocha 35, 1º exterior. El libro es una selección de cuentos eróticos cortos, uno de los cuales pertenece a nuestro compañero, Antonio Llop. Durante la presentación se leerán algunos de los relatos por sus autores, entre ellos el de nuestro citado compañero, titulado El broche.

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Sobre el asfalto parecían haber desaparecido para

siempre las huellas del invierno.

Esta es la frase con la que debe empezar tu relato si te quieres presentar

al premio literario de cuento corto “Madrid Sky”.

Aún tienes quince días para enviarlo.

(hasta el 31 de mayo de 2014)

https://primaduroverales.wordpress.com/2014/03/19/premio-literario-de-cuento-corto-madrid-sky/

 

 

 

 

 

 

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Por Manuel Pozo y Julio Rodríguez

Estábamos en nuestros asientos de la primera fila y nos sentíamos crecer y crecer con las palabras de los presentadores. Era un trío de lujo: Marcos López (presentador del telediario de las nueve en la primera cadena de televisión), Orfeo Suárez (periodista deportivo del diario El Mundo) y Fernando Rodríguez Lafuente (director del ABC Cultural), acompañados por el editor del libro, Luis Rafael. Nos costaba trabajo creer que estaban hablando del libro que incluye uno de nuestros relatos… que estaban hablando de los relatos “El día que me encontré con Pirri” y “Madera de roble”. Nuestros relatos.

Tan lejana y tan ilusionante nos parecía la  presentación. Y sin embargo allí estaban los tres periodistas, dando un discurso que encantó a los presentes y que no pasó por alto la admiración de un ídolo de juventud como Pirri y el entusiasmo de un pueblo por evitar la desaparición de un club histórico como es el Real Oviedo.

Ciertamente teníamos motivos para sentirnos halagados. Muy halagados. Gracias a todos los amigos que nos acompañaron. Se lo agradecemos de corazón.

“Cuéntame un gol. Cuentos de fútbol” se presentó en la librería El Tranvía de Madrid el sábado 10 de mayo de 2014.

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Lleno total en la buhardilla pese al calor agobiante; apenas se notaba que los ventanucos estaban abiertos. Velada de lujo, en la que nuestros vecinos de música nos regalaron los ensayos del Carmina Burana. 

Tarde muy agradable y prolífica.

Lurdes Chorro nos deleitó con su cuento Como si ya fuera invierno (le cambiará el título por Página 122). En esta ocasión nos trasladó a la infancia en una metaficción circular; es decir, acaba igual que empieza: la profesora le señala para leer la misma página en la pesadilla que en la realidad. La protagonista nos mostró, a través de su sueño, dos mundos donde se diferenciaban las clases sociales. Las calles donde habitaba la clase baja desconocían el fuerte olor a brea,  tan común en las de la clase alta. Era en este segundo mundo donde vivía el padre que su madre quería imponerle, a toda costa, en la fantasía. Será su hermana la encargada de devolverla a la realidad: “tú no tienes padre”.

En Linea 4, Paco Plaza hizo una revisión del atentado del once de Marzo. El personaje principal empezó su recorrido en una estación de metro de dicha línea y lo terminó en la última de la misma. El autor escogió cuidadosamente el nombre de las paradas, cuya simbología le sirvió para narrar los pasos que iba dando el protagonista. En este sentido, Vicente Moreno le animó a que explotara este recurso como flashes que le recordaran las sensaciones vividas.

La metáfora de la mochila, como paralelismo de un bebé mutilado, me pareció muy cruel.

Las críticas se centraron en que el relato estaba desequilibrado, inconexo; al principio parecía que el personaje se arrepentía, pero al final reincidía vendiendo su experiencia en el manejo de productos químicos, a unos laboratorios que fabricaban drogas de diseño. Era un ser despreciable, pusilánime. Aparentaba ser un amante sincero, cuando en realidad era un asesino.

Además de sugerirle cambiar el narrador, también le indicaron que quitara el final.

Carlos Cerdán, en El Reloj, nos describió la relación de amor odio entre un padre y un hijo. El conflicto se solucionó con la aparición de una foto en la cazadora del padre, con un mensaje donde explicaba su rechazo. En ese momento, el reloj que estuvo parado desde el momento que le entregaron las pertenencias del difunto, empezó a andar, pero para atrás, como si quisiera recuperar el tiempo perdido. Fue entonces cuando el hijo pudo perdonarse y perdonar a su padre.

Tuvo críticas contradictorias: a Manuel Pozo le gustó la ficción y el estilo; le pareció que estaba muy bien trazada; creyó que el reloj daba un punto surrealista a un texto realista. A Blanca Armenteros le pareció muy lineal, muy visual, pero opinaba que había desperdiciado el escenario que mostraba al principio. Para Luis Marín resultó poco creíble el mensaje escrito en la foto.

Pura le hizo algunas recomendaciones de estilo. Le alabó la ubicación del Tiempo y el Espacio y lamentó que no explotara más el recurso de la cazadora.

Con El Ahogado, Manuel Pozo nos trajo una historia negra de un deportista que muere apuñalado por el mar.

Mercedes Lázaro alabó el estilo de Manuel, aunque le criticó la falta de diálogos y la extensión de las explicaciones, que le parecía restaban fuerza a la narración. Según José Sainz, debía haber algún hecho que no se nos contaba, cuando el autor utilizaba términos como “apuñalado”, “engañado”, “seducido”.

Para Pura, era un ejercicio auténtico de Rostridad. Nadie tiene rostro. Sin embargo, hay una contradicción:  en las gafas de los agentes se refleja todo, arena, sombrillas, tumbonas, incluso las caras de los curiosos… El Cristo Redentor que el difunto lleva al cuello, es el punto cero de la Rostridad.

José Sainz consideró que esto era una gran ironía: un Redentor que no redime; un muerto sobre otro muerto.

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