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Archive for 23 enero 2015

Juan benet 2Escribir sobre Juan Benet en una entrada de este blog no ha resultado fácil ya que de él se ha dicho, entre otros Javier Marías y José María Guelbenzu en varias ocasiones, que su obra como novelista y ensayista es la más importante de la segunda mitad del siglo XX en España. Dionisio Ridruejo, Carmen Martín Gaite y Rafael Sánchez Ferlosio también lo han considerado uno de los grandes autores de la narrativa española.

Nació en Madrid, en 1927 y murió en la misma ciudad en 1993. Su padre, que era abogado, murió fusilado en los primeros días de la Guerra Civil por milicianos anarquistas, por lo cual su madre se fue con sus hijos a San Sebastián, donde tenía familiares, hasta que en 1939 regresó a la capital.

Era ingeniero de caminos, canales y puertos y dirigió numerosas obras públicas en España. Su profesión fue determinante en su carrera literaria. Comenzó a escribir, dijo en alguna ocasión, para entretener las largas noches de soledad en los parajes en los que dirige las obras de construcción.

Sus libros son difíciles, entre ellos Saúl ante Samuel, Herrumbrosas lanzas o Un viaje de invierno, pero uno de los factores que hacen atractiva la literatura de Benet es el tipo de dificultades que presenta. Encierra un pensamiento complejo, un estilo alambicado y críptico. Benet se mostraba contrario a la estética y retórica del realismo y del naturalismo, fue un autor era innovador que no creía en la función social de la literatura.

En 1967 publicó Volverás a Región, novela que para escritores como Javier Marías, Félix de Azua, PedroJuan benet 1 Gimferrer, Eduardo Mendoza o Vicente Molina Foix representaba una revelación, un libro en la literatura española que se apartaba de lo habitual, que era el realismo social con sus variantes. Con Volverás a Región comenzaba en España otro tipo de literatura, algo diferente y novedoso.

A pesar de todo sus comienzos fueron difíciles y tuvo que autopublicarse su primer libro de cuentos, Nunca llegarás a nada (1961). Sólo en 1967 logró la edición de Volverás a Región, después de múltiples rechazos y reescrituras. Juan Benet murió con el reconocimiento de los lectores más exigentes y de la crítica, pero no con el del gran público, y no obtuvo ninguno de los grandes premios institucionales de España. Benet tampoco entró en la Academia, a la que fue presentado en dos ocasiones. Estos hechos se han relacionado con frecuencia con sus posiciones políticas y con cierta animadversión hacia él como figura pública: Benet no se mordía la lengua y era conocido por sus opiniones polémicas en literatura, política, ingeniería, arte o música.

El jueves leeremos y analizaremos su relato “El demonio de la paridad”.

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Lispector 2Clarice Lispector es considerada una de las más importantes escritoras brasileñas del siglo XX. Siempre fue una mujer de rompe y rasga. De físico imponente y belleza caucásica, nació en Ucrania, en una familia de origen judío y se trasladó con sus padres a Brasil cuando no había cumplido todavía un año. Hablaba varios idiomas y durante años estuvo casada con el diplomático brasileño Maury Gurgel Valente, con quien vivió 16 años en Italia, Suiza, Estados Unidos e Inglaterra. No obstante, Río de Janeiro fue la ciudad que caló más hondo en su personalidad.

En 1959 se separó de su esposo para regresar a Río de Janeiro, donde volvió a la actividad periodística, escribiendo artículos en los medios para conseguir el dinero necesario para independizarse. Un año después publicaba su primer libro de cuentos, Lazos de familia, con relativo éxito y al siguiente salía la novela La manzana en la oscuridad, que más tarde sería convertida en obra de teatro. En 1963 publicó la que es considerada su obra maestra, La pasión según G. H., escrita en tan solo algunos meses.

En una madrugada del año 1966, la escritora se durmió con un cigarrillo prendido, provocando un incendio que destruyó completamente su dormitorio. Con quemaduras en gran parte del cuerpo, pasó algunos meses en el hospital. Su mano derecha, muy afectada, casi tuvo que ser amputada por los médicos y jamás recuperó la movilidad de antes. El incidente repercutió profundamente en su estado de ánimo, y las cicatrices y marcas en el cuerpo le causaron frecuentes depresiones, a pesar del amparo de amigos.

Murió en Río de Janeiro el 9 de diciembre de 1977 a los 56 años, víctima de un cáncer de ovario, algunos meses después de publicarse su última novela La hora de la estrella. Clarice Lispector 1

El crítico Francisco Solano dijo de su obra (El País 28 SEP 2002) que admite bien los adjetivos temblorosos: “es extraña, singularísima, de una sorprendente energía agonizante, a un paso del delirio, a un paso del esplendor. Su prosa se enhebra, no articulando el mirar con el decir, sino imponiendo al decir la complejidad convulsa de las sensaciones, emociones y sentimientos, un sentir que se complica con insólitas derivaciones oníricas que la acercan al surrealismo, y que a la vez hace resaltar, dentro de argumentos en general nebulosos, la tribulación de una sintaxis consciente de su insuficiencia, a punto de romperse y que no obstante fluye como irrigada por la sangre del corazón”.

Antonio Cándido crítico brasileño dijo que la obra de Lispector contiene “‘un intento impresionante de llevar la lengua a dominios poco explorados, forzándola a adaptarse a un pensamiento lleno de misterio, para el cual sentimos que la ficción no es un ejercicio o aventura afectiva, sino un instrumento real del espíritu, capaz de hacernos penetrar en algunos laberintos retorcidos de la mente”.

El jueves 29 de enero analizaremos en el Taller uno de sus relatos, “Los obedientes” y podremos comprobar las afirmaciones de estos dos críticos.

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Es verdad que los relatos sobre los vasos comunicantes nos traen de cabeza a más de uno. No es una técnica literaria sencilla, pero poco a poco conseguiremos dominarla. En esta entrada aportamos algo de información sobre los vasos comunicantes en literatura.

Hablamos de vasos comunicantes cuando en una estructura narrativa se disponen varias historias paralelas, de significados aparentemente inconexos entre sí, pero que en conjunto se van modificando, contaminando y alterando mutuamente.

Aparece este recurso expresivo cuando al menos dos historias argumentales, distintas en espacio, tiempo y/o nivel de realidad tienen en algún momento uno o varios puntos en común, con intercambio de personajes o escenas y con una solución que no es la mera unión de ambas historias, sino que éstas se entrelazan aportando un nuevo tono a los hechos que cada una cuenta por separado.

Una de las formas que presentan los vasos comunicantes son las escenas comunicadas, bien sea porque se superponen o porque una enmarca a otra. Estas escenas ponen en relación dos momentos, dos espacios, dos motivos, pero no mediante la conversación o el diálogo, sino por razón de su temas, idénticos, contrapuestos o incluso diversos, pero relacionados causal o temáticamente entre sí.

Mario Vargas LlosaOtra de las formas es mediante la fusión de distintas conversaciones en una sola. Muchos diálogos de La casa verde y, sobre todo, de Conversación en La Catedral, sorprenden en una primera lectura por la fusión de dos o tres diálogos en uno solo. El lector debe estar atento a lo que dicen, a las relaciones entre las diferentes temporalidades que se reúnen en una sola escena literaria, y debe saber en cada momento quién es el que habla y a qué momento corresponde lo que dice, y además, a quién se dirige.

Algunos autores han llamado a estos diálogos diálogos telescópicos, aunque también se han llamado diálogos cruzados o fundidos.

Todos coinciden en que, como hecho del discurso verbal, son el resultado de la fusión en un solo diálogo textual de dos o tres diálogos realizados en situaciones diferentes.

 Mario Vargas Llosa define así la técnica de los vasos comunicantes:

Dos o más episodios (…) unidos en totalidad narrativa por decisión del narrador a fin de que esta vecindad o mezcla los modifique recíprocamente, añadiendo a cada uno de ellos una significación, atmósfera, simbolismo, etcétera, distinto del que tendrían narrados por separado. La mera yuxtaposición no es suficiente, claro está, para que el procedimiento funcione. Lo decisivo es que haya “comunicación” entre los episodios acercados o fundidos por el narrador en el texto narrativo. En algunos casos, la comunicación puede ser mínima, pero si ella no existe no se puede hablar de vasos comunicantes, pues (…) esta técnica narrativa (…) hace que el episodio así constituido sea siempre algo más que la mera suma de sus partes.

Más información en los siguientes documentos:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-literatura-hispanoamericana-mas-alla-de-sus-fronteras/html/1b4c5527-4dc4-4f78-9ff2-548c0d6750b9_12.html

http://portal.utpa.edu/utpa_main/daa_home/coah_home/modern_home/hipertexto_home/docs/Hiper4Kobylecka.pdf

http://billardeletras.com/tecnicas-narrativas-contenidos-gratuitos/los-vasos-comunicantes

 

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