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Archive for 27 noviembre 2015

Tengo calor, tengo frío, llego a casa sudando. Me tiro encima de la cama con los ojos cerrados, abro los ojos, cierro los ojos, estoy contento y triste, estoy vacío y estoy lleno, es todo o nada. Me fijo en el ventilador que da vueltas insistentemente, incansablemente y giro, giro, giro con él… llevo un jersey rojo, y las cortinas rojas, y los ojos rojos y el ventilador sigue dando vueltas y me envuelve en el mundo de las palabras rojas. Pocas veces hubo un relato tan bello, y tan profundo, y tan rojo. Se llama “la Piruleta”, y es de María.

Ventilador de techoDespués leyeron Juan, y Carlos Cerdán, y Carlos Valle Inclán, y también eran relatos bonitos, pero el ventilador seguía girando, girando, girando, y ellos buscaban la Atlántida (o no) y la continuarán buscando en el giro eterno de la rueda del tiempo, y con ellos nos embarcaremos todos, porque las palabras nos seducen, y nos conquistan, y nos dejan descubrir verdades donde solo hay ficción. Y desearemos volver a buscarlas bajo las aspas de un ventilador una vez, y otra, y otra…

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Hablando de la Atlántida, Juan hizo que levantáramos la ceja cuando al inicio de su relato introdujo una palabra que, para los no entendidos, nos vimos obligados a preguntar por su significado.

MOLOSO

El término moloso hace referencia a todos aquellos tipos raciales caninos que se caracterizan por una clara tendencia a la braquicefalia (cráneo redondeado), orejas caídas de forma natural, mandíbulas cortas o muy cortas , y en general, una estructura músculo-esquelética muy poderosa.

Se puede subdividir en varias categorías, según la Federación Cinológica Internacional que organiza a los molosos en tres grupos principales:

1- Molosos de montaña: Son los molosos más primitivos, con pelaje largo , o en su defecto muy denso, estatura en la cruz muy elevada y asociados tradicionalmente a la guardapastordelcaucaso molososyperrosdepresa de ganado. Aquí podríamos encontrar a razas como el pastor del Cáucaso, los mastines ibéricos, el San Bernardo, el Leonberger , el mastín del Tíbet y un largo etcétera. Existen excepciones a la descripción general, como puede ser el Terranova, que es una
raza claramente asociada al rescate en el agua, y también ciertos canes con  tipología física “lupo-moloside”.

2- Molosos tipo dogo: Son una evolución del anterior tipo, con un aspecto todavía más rotundo en cuanto a rasgos físicos (gran braquicebullmastiff molososyperrosdepresafalia, fauces poderosas y muscularidad notable), gran talla, pelo corto y cierto grado de arrugas faciales. En su origen eran empleados como perros de guarda y de guerra, aunque algunos han evolucionado hasta ser perros de presa o incluso de pelea. Ejemplos en este apartado son canes como el dogo de Burdeos, el mastín Napolitano, el Tosa, el bullmastiff, el presa canario, etc.

3- Molosos tipo bulldog: Es el grado extremo dentro de la transformación física que ha experimentado el grupo de los molosos desde su nacimiento, alcanzan el grado más intenso de braquicefalia, las mandíbulas llegan a un acortamientbulldog ingles molososyperrosdepresao tan exagerado que provoca un prognatismo característico en todas estas razas, la talla es reducida y la fortaleza física, en relación al tamaño en la cruz, es casi desproporcionada. El origen de estas castas está en la brega con ganado doméstico, “juegos sangrientos” relacionados con el acoso de toros y en último término peleas de perros -aunque para este último menester han sido a menudo mestizados con terriers dando lugar a los terrier tipo bull. Algunos miembros del grupo fruto de la selección en la crianza han sufrido un postrer cambio anatómico, hasta llegar a niveles casi patológicos, dando lugar así a una categoría de molosos miniatura que entrarían en el apartado de perros de compañía.

Naturalmente, todas las clasificaciones son siempre simplificadoras, pues existen multitud de estadios intermedios dentro de estos tres grupos, que no se acomodan bien en ninguno de ellos, producto sin lugar a dudas de diferentes mestizajes motivados por la selección zootécnica.

En cuanto al origen de toda esta familia canina, tradicionalmente se ha apelado a la figura del mastín del Tíbet en el papel de antepasado casi mítico, para después adornar esta aseveración con toda una colección de citas grecolatinas y medievales, y la referencia a algunos bajorrelieves asirios y babilónicos, en un totum revolumoloso-vasijatum sin demasiada coherencia. Lo cierto es que esta argumentación es un producto de la cinofilia decimonónica, que a día de hoy resulta poco veraz y totalmente incompatible con lo que se sabe acerca de la extensión de la cría de animales domésticos, en el Neolítico y el Calcolítico, desde los primeros focos de civilización. Por todo lo cual , parece que el origen primigenio de los molosos habría que buscarlo en zonas a caballo entre Europa y Asia, quizás al norte del Caúcaso

El término MOLOSO procede de la región de Molosia o Molóside , en el noroeste de la Antigua Grecia, justo en el centro de un territorio aún mayor llamado el Épiro. Según la leyenda parece ser que los habitantes de Molosia, de origen dorio (de ascendencia indoeuropea) criaban una tipología de permoloso-níniveros especialmente grandes que empleaban en el cuidado del ganado e incluso en escaramuzas militares , y con el tiempo su fama se extendió tanto que acabó identificándose a cualquier perro de tipo dogo con el nombre de este pueblo de la antigüedad clásica. Lo más probable es que la realidad histórica fuese muy diferente, pero el caso es que esas pocas referencias que existen en textos clásicos han servido para bautizar a toda una tipología racial canina.

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Alberto con su hijo Daniel

Alberto con su hijo Daniel

Un viejo amigo de nuestro Grupo de Escritores Primaduroverales, Alberto Palacios Santos, finalista en 2014 en el II Certamen Literario MADRID SKY, ha obtenido un accésit en el V Premio de Narrativa Infantil “El cuentagotas” con su relato “Piratas de agua dulce”. Desde aquí queremos felicitarle y desearle que siga acumulando éxitos. La entrega de premios se realizó en el transcurso de un acto cultural y medioambiental para celebrar el Día Universal del Niño, con el que la entidad Fundación Canal continúa su labor en defensa del medio ambiente en general, y el agua en particular, además de fomentar el gusto por la lectura entre los más pequeños.

La velada cultural, dirigida a todos los públicos, fue presentada por la periodista Ana Belén Roy, y en ella actores de la conocida Compañía Yllana llevaron a cabo la lectura y teatralización de los relatos ganadores, que se incluyen en una publicación, dirigida a niños de entre 7 y 12 años.

Los relatos se pueden leer en el siguiente enlace Cuentagotas 2015

Ganador:

Gato de Hotel de Rafael Fuentes Pardo

Accésit:

– Al final del río de Patricia Casas Vázquez

– Piratas de agua dulce de Alberto Palacios Santos

– Manzanos y perales de Sol García de Herreros Madueño.

– Tormenta de verano de Marina Bolaños Urruela

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Por José Sainz de la Maza

Seis por cuatro, veinticuatro, bonita rima. Es una de esas frases que resultan simpáticas y que sólo con escucharlas nos hacen sonreír, tal vez porque nos recuerdan nuestra infancia, como “Extremadura dos, Cáceres y Badajoz”. Seis por cuatro veinticuatro, me parece un título muy pertinente para la entrevista a nuestro compañero Manuel Pozo, porque Manuel podría ser uno de esos chicos que cantaba conmigo la tabla de multiplicar en un colegio de los años sesenta, un compañero de clase, alguien muy cercano del que nunca te separes del todo. Manuel Pozo es como un amigo del colegio.

¿Qué pensaste cuando terminaste tu primer cuento?

          Mucha vergüenza y mucha curiosidad. Vergüenza porque pensé que a nadie le iba a interesar lo que había escrito y curiosidad porque ese primer cuento me tenía que dar una medida de lo que era como escritor, de la aceptación que iba a tener lo que escribía. El primer cuento que escribí con cierta seriedad fue en este taller de creación literaria, y te puedo decir que cuando lo leí en público me temblaba la voz.

¿Qué prefieres, un gol del Atleti en Champions o un relato que nada más leerlo provocara una cerrada ovación en el Taller?

Lo del Atleti es curioso. Fíjate que las dos veces que ha llegado a la final de la Copa de Europa iba ganando 1-0 y le han empatado en el último instante. Luego acabó perdiendo las dos finales, ¡qué mala suerte! Yo creo que el Atleti tiene que marcar todavía su gol más importante, y a mí me sucede lo mismo con mis relatos: el mejor está todavía por escribir. Espero que estos hechos no sean incompatibles.

Para seguir leyendo la entrevista completa… Manuel Pozo Gómez

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Aquí os dejo un relato breve para que no os olvidéis de mí.

Me sentí orgulloso cuando me creó aquél lobo de mar ducho en las artes del tatuaje:  la empuñadura repujada y con un gran rubí en el centro de la cruz; el filo, doble.

No imaginé cuál iba a ser mi misión al dibujarme en un vientre tan virginal, puñalla misma noche de bodas. La piedra preciosa cubría el ombligo de su esposa, y la punta, muy afilada, señalaba la entrada al jardín del Edén.

Lloré desconsoladamente cuando un mal desconocido acabó con mi creador.

No hizo falta que nadie me dijera qué tenía que hacer cuando el Otro quiso poseer a la viuda del marinero.

Flor Cuesta

20 Nov. 2015

Basado en Tatuaje, de Ednodio Quintero

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Tiempo ha, tuvimos una sección que le llamábamos la caza de la palabra donde se explicaban palabras que aparecían en algún momento. Pues ayer parece que salimos de cacería y empezando por el giste (espuma de la cerveza), pasamos por el tabardillo y llegamos hasta el andancio. Pues aquí os dejo una entrada del libro “Palabras moribundas” donde en su página 48 aparece tratada.

ANDANCIO

TIENE relación con el verbo andar, del que procede. El diccionario de la Real Academia define la palabra como «Enfermedad epidémica leve», así que la idea de partida sería la
de una enfermedad que va andando, pasando, de uno a otro; por eso en Canarias se dice: «Hay un andancio que anda».

La Academia recoge la palabra por primera vez en 1925, así que no parece muy antigua, y entonces la definía exactamente igual que ahora, si bien especificaba que su uso se ceñía a Cuba, León y Salamanca. Y mantuvo esa marca, cubana y regional española, hasta 1956, cuando la definió de la misma manera que hoy. Lo cierto es que andancio ya no se usa demasiado, porque el lenguaje médico se ha tecnificado mucho y ahoandancio1ra se habla de virus, de bacterias, y se prefiere decir que hay un virus o una epidemia, porque resulta más científico que decir que hay andancio, que parece una expresión muy de andar por casa. Hay quien defiende que es palabra criolla, es decir, nacida en América pero creada por españoles o descendientes de españoles. En cualquier caso, es una palabra muy bien formada: de cansar, cansancio; de andar, andancio, y veremos que su extensión es significativa.

Juan Pedro Aparicio escribió en su novela Retratos de ambigú, de 1989:

—¿Es que no quieres hablar conmigo? —de nuevo el tuteo.

—No es eso; estoy malo. Tengo un andancio terrible o algo peor. No puedo estar cinco minutos sin ir al cuarto de baño.

Y Wenceslao Fernández Flórez la emplea en su relato Volvoreta:

El doctor, contrariado, miró su reloj. Inquirió doña Rosa:

—¿Y qué tiene tu hermano, Chinto?

—Yo no sé… Para mí que es andancio.

Curiosamente hay muchos testimonios de andancia, en femenino, quizá porque se hace concordar con el género de la palabra enfermedad, pero el diccionario académico remite este femenino a andancio, es decir, prefiere el uso en masculino. Las personas mayores de la comarca de Antequera (Málaga) dicen que «hay una andancia por el pueblo», para referirse a pequeñas epidemias de enfermedades leves que aparecen en determinadas épocas, como hacen todavía muchos asturianos. También hablan de andancia los sevillanos cuando se dan casos de personas enfermas con la misma dolencia en un breve espacio de tiempo. Y la palabra es normal en Lebrija (Sevilla), en Rota (Cádiz) y en Cabeza la Vaca (Badajoz), donde dicen de alguien afectado que «tiene la andancia».

Muchos testimonios de andancia y andancio ponen nuestra palabra en boca de bisabuelos, abuelos y tíos que hoy ya no están, aunque, en general, no se deciden a tildarla de moribunda, sino más bien de palabra que resiste en el medio rural (también de Burgos, Palencia, Cantabria, León, Ávila o Canarias). En la Salamanca de los años cincuenta, los que venían de los pueblos la usaban, no los doctores. Y, por eso, muchas personas afirman haberse sentido paletas en las ciudades al usar la palabra y ver que no las comprendían o, peor, que se reían de ellas. El caso contrario es el de muchos médicos que la aprendieron al trabajar en el campo, donde muchas veces, como en Santa María de la Alameda, provincia de Madrid casi en Ávila, andancio se utiliza para referirse a pequeñas epidemias o brotes de enfermedades transmisibles, como catarros, gripe, diarrea, agrupados en el tiempo. En Santa María de Guía, en la isla de Gran Canaria, la usan todos para los pequeños brotes víricos que se dan por temporadas. En Ricobayo (Zamora) y Palencia también se ha oído desde siempre eso de «tengo andancio», «estoy con andancio» y «parece que corre andancio».

Así que andancio, andancia es una palabra de pueblo, con todo el respeto y todo el orgullo de serlo, lo que viene a confirmar que en los pueblos se habla mejor que en las ciudades, lo que pasa es que la gente de los pueblos no lo sabe y cree que usa palabras vulgares, cuando en realidad tiene palabras hermosísimas. Dicho esto, para la geografía de la palabra, habrá que recordar que José Lamano Beneite recogió andancio en El dialecto vulgar salmantino, y Rafael Lapesa, en su Historia de la lengua española, la incluyó en la lista de leonesismos que pasaron a formar parte del español de América.

Recogido de: PALABRAS MORIBUNDAS (Pilar Gª Mouton y Álex Grijelmo) (Prisa ediciones 2011)

Que paséis un buen día.

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Al doblar la esquina, dos siluetas, esperan a la puerta del local. Normal, en principio, algunos prefieren encender el último cigarrillo antes de ocupar sus lugares en la sala.

Al llegar a su altura, compruebo que la trapa estaba bajada y no hay luz en el interior. Entonces me invade otra inquietud. Conmigo sumámos tres y sólo faltan cinco minutos para el inicio de la sesión. Es día de lectura, ya sabes. Sí pero hay mucha gente de primer año y no tiene por qué seguir el patrón, “día de análisis baja asistencia”.

Una scooter para junto a nosotros, el casco nos impide ver la cara de la mujer que hace subir la barrera con un llavín. Empieza a acumularse gente ante la puerta, ¿por qué no entráis? Acaban de abrir. Es la hora vamos ¿no?.

Llevo en la mochila varias páginas escritas a mano con los comentarios a los cuentos que vamos a analizar. Después del trabajo, dos cuentos parecen demasiado para sólo dos horas, pero ya está hecho.

Empezamos por Capote y “El invitado del día de acción de gracias”. Existen elemTruman&SookWebentos de metaficción. ¡Vaya!, yo lo había interpretado como un cambio de distancia en el narrador autodiegético. Pues eso puede ser una historia narrada en dos niveles, dos historias en realidad con un mismo narrador. No gana uno para sorpresas. ¿Te das cuenta? Por eso venimos los jueves, nunca faltan las sorpresas. ¡Ya!.

La estructura, el espacio, el tiempo…, el tiempo que se nos echa encima, la pausa para el cigarrillo.

Sublimación del narrador en el segundo cuento, “Una poética para brabucones”. Presentación desde la acción, la reflexión, la filosofía y la poética. A partir de ese punto, confusión entre la narración en presente y en pasado, algo de caos en el tiempo. ¿No os dais cuenta?, el Empujónpríncipe es el malvado, el demonio que controla las voluntades de los débiles.

La historia está un poco enredada, a veces no se hace creíble. Aristóteles decía: “más vale lo imposible verosímil que un posible inverosímil” Terrenos pantanosos los de la filosofía si no eres iniciado.

Es preciso buscar los motivos para que el autor haya elegido un tipo de narrador. Los espacios en los que se mueve la acción tienen que tener una explicación, nada está en el cuento por casualidad.

Y ¿qué hay de los personajes? El tiempo, en nuestra realidad, es inexorable y nos espera el refrigerio para digerir lo hablado. La crónica lúdica hoy le toca a Olga.

 

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untitledStanley Elkin nació en Nueva York en 1930, se crió en Chicago y se graduó en la Universidad de Illinois. En 1960 se incorporó a la Universidad de Washington en St. Louis, donde permaneció como profesor de inglés hasta su muerte, en 1995, a causa de complicaciones debidas a la esclerosis múltiple, enfermedad que combatió durante más de treinta años. A lo largo de su carrera como escritor fue muy apreciado por la crítica y por muchos escritores de su época, pero en vida no llegó nunca a tener el éxito esperado.

Actualmente es un autor reconocido en su país, pero no ha terminado de dar el salto fuera de Estados Unidos. Es un escritor complejo, casi desconocido en Europa y por supuesto en España, con unos escritos extravagantes.

Escribió diez novelas y dos colecciones de cuentos. En su relato “Una poética para bravucones”, que vamos a comentar en el Taller el jueves 19 de noviembre, nos presenta a un protagonista sin nombre (él mismo se llama Empujón) que encarna el mal y tiene un poder sin límites sobre sus víctimas.

La encarnación del mal y un poder sin límites… ¿A dónde nos quiere llevar Stanley Elkin?

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“Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”.

Audrey HepburnEsto lo dijo Truman Capote. ¿Qué quién era Truman Capote? ¿Has visto la película Desayuno con diamantes, con Audrey Hepburn de protagonista? ¿Te acuerdas de la canción “Moon River” que ella interpreta en la ventana de su habitación, en esta película? Truman Capote fue el escritor de la novela en la que está basada esta película.

Su voz sonaba como el canto de un grillo desafinado, su apellido en inglés podía provocar la risa, su aspecto pequeño y afeminado generaba ciertas burlas. Pero su cerebro…, su cerebro era una máquina de producir frases contundentes e ingeniosas, críticas aceradas, sentencias como cuchillos, artículos periodísticos que levantaban ampollas y generaban controversia.

Su importancia como escritor es tal que muchos críticos dicen que para entender el siglo XX en Estados Unidos es obligatorio leerle. Su vida cambió cuando el 16 de noviembre de 1959 leyó en The New York Times una noticia referida al asesinato de los cuatro miembros de una familia de un pueblo de Kansas, a manos de un par de individuos que se llevaron un botín ridículo. Tras cinco años de investigación y trabajo, Truman Capote escribió la crónica novelada de un crimen que tituló A sangre fría y lo llevó a la fama mundial. Y reconoció: “nadie sabrá nunca lo que ‘A sangre fría’ se llevó de mí… me chupó hasta la médula de los huesos”.

Era un aficionado al alcohol y a las drogas, bajo esos efectos su agresividad se disparaba. Falleció en Los Ángeles mientras dormía a los 59 años, en el año 1984, víctima de una flebitis y con múltiples sustancias tóxicas en el cuerpo, algunos dicen que fue muerte natural, otros que fue suicidio. Lo cierto es que estaba desilusionado de su vida y su carrera.

En el año 2006 ganó un Óscar de Hollywood. No él, evidentemente, sino el actor Philip Seymour Hoffman, que hizo de él en la película “Capote”, del director Bennett Miller. Hoffman podía recordar, por rostro, a Capote, pero no por cuerpo. Hoffman era mucho más grande, en altura y peso. Si lo primero no tenía arreglo, lo segundo sí, y adelgazó casi 25 kilos antes de ponerse delante de las cámaras.

Philip Seymur HoffmanEl guion de esta película se centra en la época en la que Truman Capote escribió “A sangre fría”. ¿Cuánto influyó Capote en Hoffman? No lo sabemos, pero lo cierto es que en febrero de 2014 el actor apareció muerto en su apartamento de Manhattan con una jeringuilla clavada en el brazo. Los agentes encontraron dos sobres con restos de lo que parece heroína. Los sobres tenían estampados marcas de drogas con dos sellos, un as de espadas y un as de corazones.

El jueves 19 de noviembre el grupo de escritores Primaduroverales tenemos una cita con ellos en Biribó Teatro para comentar el relato “El invitado del día de acción de gracias”.

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Cónica de José Miguel Espinar

Aunque el jueves pasado se inició la transición que anunciaba nuestra salida del territorio de la ‘maldad’, hoy se han seguido leyendo algunos cuentos antes de dirigirnos hacia las puertas de la Atlántida. Además, este jueves ha sido un día en el que nos encontramos con tres acontecimientos inusuales y que ya os iremos desvelando a lo largo de esta crónica.

La tarde empieza con un aperitivo ‘fuera de concurso’, el que nos ofrece Esmeralda. Por cierto, al oírla, con esa forma que tiene de leer, de interpretar el texto, nos obliga a hacer un esfuerzo para no perder el hilo de LO que lee, porque sentimos la necesidad de dejarnos llevar por cómo LO lee. Aun así se abrió un interesante debate sobre el fondo de lo que plantea en su escrito, la reivindicación del pronombre ‘LO’ para no perder su sitio, y sobre su adecuado uso. Esmeralda es, sin lugar a dudas, una de nuestras voces femeninas.

Sobre la maldad, Olga nos ofreció un magnífico relato sobre una niña que se llama Violeta, con un título ‘Un, dos, tres ¡chas!’ que con el que nos introduce y presenta este personaje manipulador, sin un claro objetivo en su maldad o, simplemente, la maldad como esencia de su naturaleza, la maldad por la maldad. Aquí un extracto del relato de Olga:

“A ver… ¡Así! Tiro un poquito de aquí, y… ¡Olé! Un alita menos. Ahora eres una mosca tonta, mojada y sin un ala. Lo malo es que no se te ve en esa cara tan fea si duele o no. Venga mírame mientras te quito la otra, mírame. Una, dos y… ¡Chas! Ya está”

Alicia, otra de nuestras voces femeninas, que cuando lee nos atrapa, presentó “La Canica”. Un muchacho, como personaje central, que parece sentirse mejor cuando lo castigan. Parece que sus castigos no son castigos, hasta que aparece un conflicto en forma de una canica grande, azul, que parece que tenga agua de mar dentro. Un extracto:

“A mí lo que más me gusta de todo son los martillos. Y no, no había agua de mar dentro, ni tampoco peces de colores, sino mogollón de cristalitos que se me pegan en la mano y me pinchan entre los dedos”.

Hasta aquí las maldades de la tarde y aparece el primer hecho inusual que anunciamos al principio. Un flash-back. Recuperamos, a través de Paco, a Bartleby el Escribiente y cómo caracterizar un personaje a partir de lo que dicen y hacen otros personajes. El que Paco lo consiguiera o no, se queda para nosotros, como también se quedan para nosotros las críticas que de forma constructiva (pero con ciertas dosis de maldad) se acostumbra a verter tras cada relato. Pero lo que sí se puede desvelar de este flash-back es que Paco nos empezó a leer como si de un drama se tratara para acabar a carcajada limpia. Paco, ayer, era Paco en su esencia. Muchas gracias por ello, amigo.

La AtlántidaY nos acercamos a las puertas de la Atlántida. Y para abrirlas teníamos una llave. Una llave que nos las abrió de par en par. ¡Qué llave! Ahora el segundo hecho inusual. Diego salió ileso tras su lectura de ‘Reminiscencias’. Un relato que fue leído doblemente, la primera por su autor y, la segunda, por otra voz ¡y vaya voz! Quizá nuestra voz masculina por excelencia, que realzó, si cabe, el relato. Y decimos que Diego salió ileso ya que tras mucho rebuscar no se encontró resquicio para críticas negativas, ningún defecto. ¡Enhorabuena Diego! Y muchas gracias por traernos este texto que es mucho más grande y complejo que su extensión real sobre el papel. Aquí un extracto:

“—Es muy temprano, Arcadius, ¿cómo puedes madrugar tanto? —le pregunta la joven Doris a través del ventanuco.

—Porque mi alma ha viajado en muchos cuerpos, y una vez acabé siendo un gallo —le contesta Arcadius. Y entonces la joven Doris descorre el pesado cerrojo y se tumban en la cama todavía caliente, y ya no dejan que se enfríe hasta la hora de comer”.

Acabamos con el tercer hecho inusual. Pura nos ofreció un relato. ¡Nada más y nada menos que nuestra profe! El texto “La chica de la caja”, según ella, incompleto y con algunos errores; nos retó a encontrarlos. La lectura (que Pura muy hábilmente encargó a Alicia) nos llevó a toda la clase a entrar en un ataúd, junto a una niña muerta. La niña nos fue narrando, en segunda persona, cada momento de este viaje final, de forma minuciosa y con referencias su propia vida.

Al acabar, alguien dijo (pudo ser Juan) que tenía los pelos de punta. Le tenemos que preguntar el próximo jueves si tenía los pelos de punta por el frío que pasamos dentro del ataúd, por el propio texto o por ambas cosas.

¿No sentís la necesidad de, que visto lo visto, vuelva a ser jueves cuanto antes?

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