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Archive for 30 enero 2016

Por: Carlos Valle-Inclán

Una estructura de viaje empezando por el final y empleando alegorías para relatar una historia en segundo plano o entre líneas… estas son las premisas planteadas por Pura para los próximos deberes.

Así que aprovechando la circunstancia, traslado el concepto a esta crónica del jueves 28 de enero de 2016. Me apropio del viaje, porque eso es precisamente lo que significan estas tardes para mí… un viaje a los mundos planteados por el don de cada uno de los compañeros.

Pero se me olvidaba que debía comenzar por el final, perdón… y claro está, el final está en el viaje a por las cervezas y los particulares miniviajes (o no) producidos por sus efectos, pero eso es otro tema. Así que hablemos de eyaculación breve (estaba claro que debía hablar de ello), o dejemos que Lourdes nos explique a todos los hombres en qué consiste (para aquellos que no vinisteis ayer, no es que Lourdes tenga un consultorio sexual, es que ella misma lo plantea en su relato),  aunque según Paco es una eyaculación (precoz o no) que antes del clímax final se desvanece en un gemido mudo y unas nalgas apretadas (algunos hubieseis dado dinero por ver la representación que nos regaló) Pero también podríamos hablar del debate (también planteado por Lourdes -qué le vamos a hacer, ayer vino guerrera-) entre si amantes homosexuales sí o amantes homosexuales no y su conveniencia con la definición y significado de la palabra amantes. Y claro está, las consabidas conversaciones en torno a cine, literatura, política y a ¡vaya nivel que tienen los compañeros con esto de las letras!

En fin, ahora toca ir a la etapa uno del viaje, la que se supone que nos une a todos en el teatro Biribó. Y digo supone, porque ya he visto en alguna ocasión que a la clase no se viene, pero al bar sí… ya me diréis cómo se explica eso en casa. Y no miro a nadie, Julio.

Ayer contábamos con cuatro primeras etapas en nuestro viaje y en el siguiente orden de itinerario: “Roy, no Rodrigo” de Paco; “El residente” de Lourdes; “La cicatriz de Isabel Gómez” de Manuel y “Helia de Atlántida” de Nieves.

Dejémonos entonces llevar por el primero de ellos, la etapa donde la realidad y la ficción muestran una delgada línea de separación: “Roy, no Rodrigo” es un relato magníficamente escrito por Paco con ese estilo cómico tan propio y único que suele proponer. Plantea un peculiar viaje que invita a la reflexión sobre los sentimientos humanos y su mayor o menor validez en función del contexto. ¿Acaso el corazón late de modo distinto en el mundo virtual que en el real? Roy, un chaval de quince años, casi dieciséis, encuentra el amor dentro de sus gafas 3D y “”sus cascos con sonido UNDERGROUND HIGH”. Tanto es así que no vuelve. Vamos, que la “palma” jugando.

La crítica fue en su mayoría bastante positiva por la creatividad del texto, la habilidad para compaginar mundo real y mundo virtual y un comienzo in media res impactante y muy divertido…

“Se oían unos gritos aterradores. Las paredes metálicas debían de agudizar los sonidos porque Roy no había escuchado antes otros similares; no parecían humanos pero él sabía que sí lo eran (…)  Una voz ronca le preguntó ¿qué tres órganos escoges? Ante él  estaba un hombre totalmente acorazado. ¿O era un robot? Le miró el pecho para ver si respiraba. Su mirada laser le escudriñaba lentamente (…)

─El tiempo pasa. ¿Prefieres que elija yo mismo?

─ ¡No!¡Nooo! Ya va, ya va, espera un momento─ suplicó Roy.

La máscara se volvió negra y se acercó a solo un centímetro de su cara. Notó que resollaba. Había un corazón latiendo tras ese acero. ¿Eso era buena señal?

─Las dos piernas y  el brazo izquierdo,…., no, no, no, espera, espera,…., la pierna izquierda , el brazo derecho y…… y  el ojo derecho,…, no, no , el ojo izquierdo,…, si eso: la pierna izquierda, el brazo derecho y ojo izquierdo. Dijo finalmente el joven guerrero. “

Pero no todo fueron alabanzas. Para empezar, ayer me enteré de que el día de Reyes es el 7 de enero, y mi familia siempre había estado equivocada. Doble fiasco, no existen y no es en la noche del cinco al seis. A las pruebas me remito

“Aquel siete de enero Roy  empezaba a divertirse con INVADERS BLOW V; la última versión de su juego favorito, con gafas 3D y realidad virtual,  cascos con sonido UNDERGROUND HIGH, mandos ergonómicos con vibración. ¡Todo!¡Lo tenía todo! Casi no lo podía creer cuando abrió la caja; de reojo observó cómo sus padres se sonreían cómplices cuando pasó entre ellos  corriendo, camino de su habitación para conectarlo.

-¿Dónde vas Rodrigo?  Preguntó su madre.

─Voy a probarlo.

─ Espérate a que tu hermana y los demás abramos nuestros regalos ¿no? Además, esta mañana tenemos que ir a casa de los abuelos a ver qué han dejado allí los reyes”

 Aunque la principal traba fue respecto a una mayor explotación de la técnica de vasos comunicantes (toma ya, eso es lo que tiene tomar apuntes, que puedes escribir sobre cosas que no conoces). Por lo visto hubiese estado muy bien una fusión entre el mundo real y el virtual en algún momento, así que ya sabes Paco, quizá Roy debe acabar besando a su perro o a su madre mientras que su mente está con su idolatrada Kansa.

Cuando el mundo virtual se desvaneció ante nuestros ojos, continuamos viaje directamente hacia “El residente” de Lourdes. Una parada que nos invitaba a adentrarnos en la mente de un residente de medicina que por un mal puñetazo se convierte en asesino.

un mal golpe hizo tambalearse a Raúl que golpeó su cabeza contra el borde de la tronera. Raúl yaciente, en la tierra con un hilito de sangre en la sien. No respondía a ninguna constante vital. Alfons no podía dejar de mirar esos ojos de sorpresa y tapó su cara”

Se alabó el lenguaje poético, pero Pura y Esmeralda Holmes descubrieron que se trataba de un texto de unos cuantos años atrás (la cantidad no se logró especificar, pero andaba en torno al lustro como mínimo); y claro, no le perdonaron que no mostrase de un modo más contundente su dominio de este arte y la gran evolución experimentada durante estos años. Al parecer, un ritmo muy ralentizado, un excesivo uso de adjetivos y tópicos y una elevada presencia del adjetivo posesivo “su/sus” fueron los errores más presentes. Pero Lourdes, desde aquí te digo, sigue a tope con la lucha para normalizar la situación homosexual en este país. Si escoges a una pareja homosexual (no amantes, porque ya quedó claro que ahí te chocan) trátala como si hubieses escogido una pareja heterosexual. (¿Al final era esa la discusión o Pura se fue metiendo poco a poco en un jardín del que salió diciendo “no he dicho nada”?)

Y así abandonamos a ese frío y sin escrúpulos residente de medicina para desplazarnos hacia la España profunda planteada por Manuel en su relato “La cicatriz de Isabel Gómez”. Al parecer de todos (y sobre todo el de nuestro doctor honoris causa en temas relacionados con lo rural: Juan) magnífico el modo de representar la atmósfera de una vida en el pueblo.

“las fachadas de las calles continuaron adornándose para la procesión del Corpus bajo la inercia del tiempo que transcurría melancólico. El olor de la juncia y del romero, del cantueso y del tomillo embargaba cada año a las gentes del pueblo que se agolpaban en las aceras para aclamar al Santísimo. Para sustituir los viejos mantones de Manila algunos vecinos comenzaron a colgar de sus balcones los tapices que habían empezado a fabricar los tejedores de la zona”

Excelente la elección de los símbolos para representar al opresor y al oprimido. Una baraja de cartas (el tute y sus cuarenta cantadas con nudillo en mesa), una cicatriz y un reloj que da siempre la misma hora independientemente de los años que pasen, nos muestran que las cosas cambian,  pero en realidad, todo sigue igual. Un relato para reflexionar y hablar sobre él con una buena cerveza negra entre manos.

Pero a Manuel también se le comentaron un par de cosas: que el personaje de José Romero (¿con esto nombre podría ser torero?), tan presente en la primera parte del relato, se perdía en el limbo entre los rencores y rencillas; y que en el último párrafo el narrador se diluía dando paso a un juicio propio y no a una muestra de la acción. Comentario realizado por Aitor y que muchos consideraron muy acertado. Pero desde aquí ya aviso a Aitor: amigo, intentaré estar a tu lado el día que traigas relato porque las espadas estarán en alto (¿dónde está el emoticono con cara de sorpresa y luego de risa?, ¿acaso ya no sé expresarme sin acudir a estas estúpidas pero divertidas caritas?)

Atrás tocaba dejar el país del Opus Dei y adentrarnos en un viaje hacia una estación ya conocida por el grupo: la Atlántida. Nieves, de la mano de su relato “Helia de Atlántida” nos embaucó con la prosa poética que le caracteriza y un ritmo que te acaricia en su lectura.

Al amanecer del quinto día, después de la visita de los augures, a Helia la despertó un cántico sagrado y una suave brisa, el aliento de algún dios, cubrió su cuerpo. Era una señal. Corrió descalza a la terraza y, al notar en sus pies la vibración de los laureles, vio que una flecha voladora surcaba los aires por el este y se posaba en el suelo, al abrigo del primer muro. Un hombre, el más hermoso, puso los pies en la Atlántida. El visitante había llegado

Pero al texto se le acusó de no tener conflicto, de contar con un error en el uso del tiempo verbal y, ¡toma ya!, de que sus malos (los sacerdotes) son buenos y su heroína (Helia) es la desobediente. ¿A que no lo habías pensado así, Nieves? Es que aquí van a pillar. (Otra vez echando en falta un emoticono con guiño de ojo)

De la Atlántida salimos a la lectura de dos de los relatos que serán leídos el jueves que viene en Los diablos azules: “Las aceitunas” de Ascen y “Dígame Padre que no es pecado” de Yolanda.  No cabe duda de la alta calidad de ambos textos, donde con ellos volvimos a viajar a la España rural tan nuestra. (Una pena no disponer de estos textos para incluir algún fragmento y mostrar su belleza)

Con el de Ascen nos transportamos a la recolección de las aceitunas y la muerte inesperada de una de las mujeres del pueblo; tan inesperada que ni ella se da cuenta de que está muerta hasta el final. Un giro de tuerca en el texto magnífico.

Y con el de Yolanda las risas a carcajadas por la confesión de una mujer del pueblo al cura acerca de haberse quedado atrapada en la iglesia la noche de fin de año y haber acabado con las existencias de vino, obleas y velas del cura; amén de vestirse con todas las sotanas del Padre para resguardarse del frío (hasta nueve nada más y nada menos). Imágenes desternillantes sobre esta pobre mujer tirada en el suelo de la iglesia, roncando, rodeada de velas, botellas vacías y migas y siendo descubierta por la cotilla del pueblo. Un regalo en toda regla para ir cerrando esta etapa del viaje y proseguir a la siguiente: el ya comentado bar, sus cervezas, sus tapas “healthy” y las risas.

Por tanto, toca bajar del tren, o del avión, o sea cual sea el medio de transporte en el que hemos viajado. Ah, se me olvidaba meter alegorías para contar una historia entre líneas, así que como no se me ocurre nada y no viene al caso, diré que ante un viaje de este porte y con paradas de esta calidad, un servidor sólo puede quitarse el sombrero y decir…

¡viva los jueves!

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Entendemos por excrecencia una protuberancia que se establece en las carnes y en la superficie de las diferentes partes del cuerpo. Entre los tumores de esta naturaleza se cuentan las verrugas. Los virus pueden también producirla; su formación es siempre muy lenta y casi imperceptible.

En veterinaria se da en general esta denominación a todo tumor que se forma sobre la superficie de las partes del cuerpo de los animales. Así, los higos, los lobanillos, las carnosidades que se forman en las úlceras son excrecencias.

Olmo con excrecneciasEn agricultura la superabundancia o el reflujo de la savia ocasionan las excrecencias en las plantas. Siempre que se pode o corte un árbol fuera de tiempo y se le quite mucha madera, se puede casi seguramente esperar que aparezcan en él tuberosidades como en los olmos, en los fresnos y en los álamos.

En literatura también encontramos una acepción para esta palabra. Un relato con excrecencia (fabulae adminiculantis) es aquel que contiene un texto (la excrecencia) que desentona dramáticamente con el resto del cuento, además no aporta nada interesante al contenido. En ocasiones ese extraño bulto literario viene enmarcado por caracteres raros como líneas de puntos o diferenciado por un tipo de letra distinto o ambas cosas a la vez, para que el lector esté seguro de que esa parte sobra. Dicho texto lo suele introducir el autor bien porque le invade un excepcional sentimiento de culpa bien porque le asalta la necesidad de explicar algo con urgencia y sin ajustarse al ritmo, narrador  y estilo del resto del relato.

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Crónica de Francisco Plaza

Como todos los jueves, el de esta semana nos juntamos para tomar unas cervezas en el bar de la esquina,Gila entiéndase por cerveza cualquier líquido con un grado alcohólico entre 0 y 50 a una temperatura entre 5 y 80 grados (no nos olvidemos de los cafés). Allí nos dirigimos prestos y alegres, entre chanzas y risotadas, un grupillo de más de quince y menos de veinte. Y hete aquí que nos encontramos con dos exiguas mesas reservadas para nosotros, todas las demás estaban ocupadas por personas, pero no personas cualquieras, eran personas como nosotros. En esto un camarero se nos acerca, hace un recuento mental de sillas y de cabezas y empieza a hacer aspavientos y a decir bien alto: “ya ven, has venido a las siete se han sentado y todavía siguen ahí”; como haciendo veladas acusaciones, recordándonos al personaje de Gila que acorralaba al asesino en el ascensor diciendo: “alguien ha matado a alguien”. Aparecieron entonces con dos grandes tableros que colocaron raudos sobre las mesas y  pasaron de ser exiguas a ser suficientes, el problema de las sillas lo resolvieron con unas de tijera de comodidad dudosa y sospechosas de echar por tierra un cuerpo saleroso con más de ocho arrobas. Allí nos sentamos dudando de la estabilidad del apaño, algo que se nos olvidó en cuanto empezaron  a correr el licor y las viandas. En medio de reunión apareció Julio, que entró como entran en la cancha los jugadores de baloncesto, chocando las palmas de la fila de compañeros. Bien por Julio, llegando en los momentos importantes. Allí se charló de política, cine, música, libros, costumbres rústicas, de viejas amistades, de recuerdos gratos y jocosos, de gente conocida y desconocida y nos dieron las diez, que diría Sabina, y unos se fueron y más se quedaron pero poco a poco y de uno en uno nos fuimos mar…… ¡huy que casi hago una rima! Yo me marché a las diez y cuarto y aún quedaban allí los reticentes de siempre. Y eso es todo amigos, que diría el cerdito ese, el amiguete del pato, ¿cómo se llamaba el pato?, ufff,…

Como siempre, para hacer tiempo antes de entrar en el bar, estuvimos leyendo unos relatos. En esta ocasión se crearon dos nuevas categorías: “El relato con excrecencia”, inventado por nuestro querido amigo Carlos Cerdán, gracias Carlos, y “El relato sin narrador”* inventado por Virginia, gracias Virginia.

 marie laforet 2A Carlos Cerdán le dimos hasta en el cielo de la boca; luego nos confesó que lo había hecho mal para provocar tal reacción; no sabemos qué pensar sobre estas recientes inclinaciones masoquistas de nuestro compañero. El caso es que nos leyó su cuento “Los ojos de Marie Laforêt” sobre la obsesión de un chaval por coleccionar los discos de aquella artista francesa de los sesenta porque se parecía mucho a su madre, ausente desde que tenía seis años. Hubo cierta confusión en aquellos jovencitos y jovencitas que no conocieron a Marie Laforêt y llegaron a pensar que era el personaje ficticio de la madre del chaval, esto nos sumió en cierta depresión  senil a los que llegamos a conocer a la cantante. Quitándole la excrecencia el cuento mejoraba y si en lugar de explicar el pasado éste se va deduciendo de lo que ocurre en el cuento  y de lo que hacen o piensan los personajes, pues mejor que mejor. Indultamos un prometedor comienzo:  “Javier rastreaba los mercadillos, las tiendas de discos de segunda mano y los lugares en los que pudiera encontrar singles de Marie Laforêt. Elegía los discos en los que sus ojos de color miel destacasen especialmente, sin importarle las canciones que contuviera. Tenía más de treinta, y extendidos por el suelo de su habitación, subido en la cama, los contemplaba durante horas…” Deberes para Carlos: el próximo cuento lo empiezas por el final.Marie laforet 1

Luego nos leyó María su relato “Claudia”. Un cuento sobre la obsesión de una mujer por un antiguo amor de su novio hasta el punto de llegar a desaparecer ella misma, ¿o la antigua novia era una invención? ¿acaso ella misma era también una invención? La sala Biribó se llenó de dudas, opiniones, especulaciones, finales alternativos. Genial cuando un cuento es capaz de inspirar tantas discrepancias. Y genial la forma de escribir de María, con esos narradores que elegantemente se acercan y se alejan de los personajes  y que llegan a convertirse en uno más: “… Esto dio lugar a una serie de lagunas que afligían a Ana, ya que Darío no conocía detalles trascendentales sobre la vida de Claudia. Que no sorprenda a nadie pues esta había sido la mecánica de su relación: la ausencia de concreciones. Claudia no era persona de aniversarios ni efemérides; así, no podía saberse qué edad tenía, ni dónde había nacido con exactitud, su signo del zodiaco o los nombres de su familia. Era una semilla que había germinado en un desierto impalpable, sin pasado ni futuro, sin orígenes…” Lo dicho, un gustazo poder disfrutar de los cuentos de María en directo.

Tras el cigarrito Carlos Valle-Inclán nos divirtió con su cuento “Amor de Silicona”. La historia de dos viejos y recalcitrantes solteros que compran a medias una muñeca hinchable; y en un ambiente rural. Original, con ritmo y divertida solo se le reprochó que no hubiera habido más conflicto entre los vejetes; nos gusta la sangre. Fantástica descripción del accidente de moto: “…cuando llegó a la plaza y fue a dar el giro, la rueda trasera de la moto resbaló con la pintura del asfalto y cayeron. Los dos salieron despedidos. Él como si fuese un muñeco y ella como si fuese una persona de verdad; pero menos mal que no lo era porque fue a golpearse por la cintura con la base de la señal de ceda el paso, partiéndose justo por la mitad…”

A continuación Mayte nos sumergió en la obsesión por el juego. Un cuento bien ambientado en las partidas de cartas de los bares de pueblo y en las secretas timbas nocturnas que se montaban, y se montan, por esos pueblos de Dios. El protagonista llega al punto de meterse en una ruleta rusa. Mal asunto este del juego. Relato con buen ritmo pero, para el gusto de Primaduroverales, demasiado lineal. Se le aconsejó un empiece en “media res”, por ejemplo con: “…24 horas tenía para devolver 100.000 €, solo tenía 15.000, frente a él 4 oponentes, ahí estaba su gran oportunidad, perdió, perdió hasta el reloj que su madre le regaló cuando se vino a vivir con su tío, hace ya muchos años, se levantó, anduvo arrastrando los pies al salir. Se fue cabizbajo a su habitación. y entonces se acordó de la propuesta del ruso para poder saldar la deuda, entrar en la gran partida era su última oportunidad. O todo o nada…”póker

Juanjo nos deleitó con su casi-microrelato “Aromas de vainilla”. Un cuento de medio folio que le bastó para dibujar el enamoramiento inocente y apasionado de un religioso, que se supone célibe, por una mujer de bandera. Nos paseó por los sentidos y se le recriminó que no utilizara el gusto. Deberes para Juanjo: apáñatelas para meter el gusto en el relato. Por echar un cable podrías comenzar con “Estaba comiendo un bocadillo de morcilla cuando apareció….” Bromas aparte, el relato fue del gusto de todos, una muestra: “…Pero tras el olor llegó el calor, el que me produjo su mirada y ¡qué mirada!, Padre, azul como el mar y yo no sé nadar y me ahogué descendiendo a las profundidades abisales. No mostré intención alguna de luchar para salir a la superficie...”

Por último Virginia nos leyó su cuento “Recuerdos de una enamorada”, nos dijo que inicialmente era un cuento sin narrador pero al traerlo de paquete en la moto, seguramente por llevar la boca abierta, se le metieron dos. Se notaba que era un relato antiguo y necesitaba algo más de depuración, contiene saltos temporales que no se llegan a comprender bien. Sí transmite, no obstante, el amor invencible de una mujer ante la enfermedad y el tiempo: “¿Pedro, recuerdas como corrí hacia ti? nunca mis pies fueron tan ligeros. Hoy cumplimos ya nuestro cincuenta y cinco aniversario. En aquella ocasión, llegué tarde a nuestra celebración, mi amor. Han pasado treinta y tantos años desde que viajé a Mozambique para traerte a mi lado. Aunque no dices nada, sé que me escuchas amor. Ahora yo también estoy a ratos postrada en una cama,  pero contigo, ¿en qué mejor sitio podría estar?…”

En fin, una vez más, una literaria, deliciosa y divertida tarde de jueves en muy grata compañía.

(*) Si hemos tenido relatos sin narrador cuando hay diálogo puro, como el de TV-CRACIA de María o uno que escribió Pedro Mateos el curso pasado.

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amantesMe imagino que la gran mayoría conocéis el certamen literario Relatos en Cadena, que organizan la Cadena Ser y Escuela de Escritores en el programa de radio “La ventana”, que dirige Carles Francino. El desafío es contar una historia en menos de 100 palabras, pero siguiendo una frase de inicio obligada para todos los concursantes. Esta semana el ganador del concurso ha sido un amigo de este blog, Ernesto Ortega Garrido, al que hemos tenido el gusto de conocer personalmente en el II Certamen Literario Madrid Sky al acudir en representación de una de las finalistas, María Posadillo. Nos alegramos por él, y desde estas páginas le mandamos un fuerte abrazo por su éxito con el microrrelato “Amantes”.

Un abrazo, Ernesto, y suerte hasta el final.

Semana 16: Fecha: 18/01/2016 | Relatos recibidos: 529

Frase de comienzo del microrrelato:

Pero nunca, sin saber bien por qué, dejarán de mirar hacia arriba

Amantes

Pero nunca, sin saber bien por qué, dejarán de mirar hacia arriba cuando salgan del motel. Quizás porque lo único que desean es que, por fin, un rayo les caiga encima y les parta en dos, para que una mitad pueda volver a casa con sus mujeres y la otra subir de nuevo a la habitación.

 

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Una pareja de novios está en un coche. Él, que por culpa de una fobia no es capaz de entrar en el bar del pueblo, le desabrocha el primer botón de la camisa a ella. Ella dice: “No Tomás, vámonos. Cuando superes lo del bar, tendrás tu premio”.

Al mismo tiempo otra pareja está encerrada en su pequeño piso. Han perdido las llaves de casa, además del trabajo. Él está cómodo en el sofá escalando poco a poco desde la cerveza al gin- tonic, ella busca las llaves sin mucho entusiasmo hasta que desiste y también se hunde en el sofá… y en la vida.

Todos los días Martín Ramírez toca tres veces una melodía con su saxofón: por la mañana a las 6.56, por la tarde a las 17.18 y por la noche antes de irse a dormir a las 22.22. También todos los días un francotirador sale a la calle cada día, otea su entorno, tratando de conseguir el mejor ángulo de impacto con su visor. Siente el punto de presión del gatillo antes de disparar, el hormigueo de sus manos de tanto retenerlo como el calambre de dos relámpagos que se tocan en el cielo antes del trueno. Fija su redonda pupila de gato en la oscuridad, en los círculos concéntricos de la mira telescópica. No mueve ni un músculo… y dispara.

diputado con rastasLa solución a todas estás obsesiones puede ser el partido político Polis Estado, basado en las ideas de Platón. Su fundador es entrevistado en televisión en un programa de máxima audiencia que quizás esté viendo la pareja tumbada en el sofá que ha dejado de buscar las llaves, o el francotirador, o la pareja de novios del pueblo, porque el obsesionado músico seguro que ya está en la cama y no está viendo la televisión. La presentadora no está bien informada, pero dirige le programa con destreza… ¿hacia dónde?, ¿hacia qué modelo de sociedad?, ¿hacia qué tipo de gente?

—Bien está saberlo, Ulises, bien está, dice la presentadora. Tengo entendido que en la formación de P.E. ha tenido gran importancia el papel de un tal Platón sin apellidos al que nunca hemos conseguido ver en la prensa, un personaje un tanto misterioso. ¿Qué hay detrás de esa ocultación?

—Pero, Rosa, has de estar de broma… Me dejas un poco sorprendido, creía que el corte de la entrevista iba a ser serio, como se acostumbra en el programa…

—¿Quién es Platón, Ulises, por qué no quieres contárnoslo?

Ayer todos estos personajes me hicieron reflexionar. Mira que hay gente pirada y obsesionada… ¡No sé dónde vamos a llegar! Como esto siga así cualquier día aparece un tío con rastas en el Congreso de los diputados o una diputada se lleva a su hijo a la sesión parlamentaria y le da de mamar allí mismo. No me extrañaría nada, con la gente tan rara que hay por el mundo. Yo, por si acaso, voy a dejarme de obsesiones y voy a buscar mi premio…

Crónica basada en los relatos: El francotirador (Lourdes Chorro), Las rutinas de Martín Ramírez (Carlos Valle Inclán), Laberintos de pareja (Julio Rodríguez), TV-cracia (María Sánchez), La muralla (Juan Santos).

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CERÚLEO

Ayer, durante la lectura de uno de los relatos, de pronto unas orejas parecieron ponerse puntiagudas tras escuchar la frase:

Visto un muerto, vistos todos, cerúleos, acartonados, resulta imposible imaginarlos vivos”

Y allá que me fui al diccionario, a comprobar el significado de esta palabra que no es la primera vez que se usa en el sentido de palidez, de color y textura de la cera. Y he aquí el resultado.

“cerúleo -a. Dicho del color azul, ‘propio del cielo despejado’: «Laqueó de prusia muros, puertas y piano. Marino y cerúleo para los ortogonales muebles de madera» (Sarduy Pájaros [Cuba 1993]); y, dicho de cosa, ‘de color azul cerúleo’: «Tantos peces que yo hurté, con habilidad, al mar cerúleo» (FdzSpencer Pueblo [R. Dom. 1997]). Procede del latín caeruleus (‘del color del cielo’) y nada tiene que ver con la palabra cera; es, pues, impropio, aunque frecuente hoy, usarlo para referirse al color de la cera o a lo que tiene un color o un aspecto como de cera: palidez cerúlea, rostro cerúleo; en estos casos debe usarse el adjetivo céreo: «Las gentes tienen el color de la tierra […], si la trabajan, o la palidez cérea de los reclusos» (LpzRubio Puerta [Esp. 1986])”

Pero no hay que alarmarse, según el blog “Las palabras de la tribu” (http://romera.blogspot.com.es/2006/08/cerleo.html) el uso de la palabra con este mismo significado de palidez, ha sido utilizado por plumas tan poco sospechosas como Quevedo, Francisco Umbral y Juan José Millás, lo que lleva a proponer al editor del blog, tres posibles soluciones para zanjar la ambigüedad de tal vocablo:

“Al margen de obsesiones similares, nuestros tres escritores coinciden en el escenario escogido y en el uso anómalo del adjetivo cerúleo. Motivo suficiente para elevar a la RAE algunas propuestas sobre el particular:

  1. La definitiva supresión de un epíteto tan raro, innecesario y pretencioso, que por otra parte sólo induce a confusión.
  2. En sentido opuesto, la adición a la voz «cerúleo, -a» del significado ‘del color de la cera’.
  3. El veto automático y vitalicio para su ingreso en la Docta Casa de todos los escritores que usen alguna vez «cerúleo», incluso si lo hacen correctamente. Por rebuscados. Por liantes.”

Pues eso, que cada cual tome la postura que considere oportuna.

Luis M.

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Por: Juanjo Valle-Inclán

Llegué al Biribó apurado, como siempre. Abrí la puerta y… pero… ¿Dónde estoy? En un ascensor, dijo alguien. Con ciertos reparos entré y también saludé pero nadie me pudo oír. Qué de ruido, que escándalo, qué bullicio. Había conversaciones cruzadas entre árbitros, dioses, reyes, mujeres bellas, submarinistas… Y allí estaba yo, mirando a un lado y a otro, bloqueado, sin saber si quedarme o volver por donde había entrado. Decidí quedarme, cerca de la puerta porque no podía ir más allá ya que algo estaba enredado en mis piernas. Miré el suelo pero no podía verlo entre tantos pies y… ¿aletas? Juraría que… sí, el suelo es de… parece que está hecho con… joder si son pelos. Sí, sí, pelos me dijo Carlos Valle-Inclán, son de un pobre hombre que se está quedando calvo por todas las preocupaciones que le da su hijo, que por cierto es árbitro de fútbol.

Rafa, el cabello de un hombre moreno medio tiene aproximadamente ciento cinco mil pelos. Lo sé porque mi padre ha estado toda su vida muy orgulloso de su melena…

…Tan sólo unos meses después, tal fue el disgusto que se llevó, que se le cayeron nada más y nada menos que cincuenta mil setecientos cuarenta y seis pelos. Ese sábado estábamos sentados en la mesa comiendo sopa.

Conseguí moverme un poco, intenté llegar al espejo para ver si estaba peinado pero era imposible. Me conformé con mesarme los cabellos a ciegas. Y en eso estaba cuando de repente, el ascensorista, un tal Diego Rinoski, empieza a pulsar botones e iniciamos una serie de viajes hacia arriba y hacia abajo que provocan que el estómago maltrecho de alguno de los que allí estábamos sufriera unas extrañas sacudidas. Entonces oigo la voz del ascensorista diciéndome que hablara con el ascensor… Este tío está loco, pensé.

Siempre que encuentra uno, sube y baja las veces que haga falta, hasta que escucha todo lo que el ascensor tiene que decirle. Está convencido de que los pertenecientes a esta clase son los más sociables y no le avergüenza confesar las pequeñas conversaciones que mantiene con ellos. Por ejemplo, cuando el ascensor dice “planta sexta”, Genaro responde “tira de esta”; o si el ascensor dice “abriendo puertas”, Genaro contesta “cerrando heridas”, como en la famosa canción de Gloria Estefan.

Aún no se me había pasado el mareo de tanto subir y bajar cuando alguien me puso un traje de neopreno, apretadito (imposible ocultar los excesos de estas fiestas navideñas). Me giré y ahí estaba Luis Marín. No os lo vais a creer pero el muy… me empujó fuera del ascensor… menos mal que caí en medio del océano Atlántico.

Había regresado allí, me dijo, para estudiar con mayor profundidad la necrópolis griega de la isla. Y cómo no, para buscar bajo las aguas vestigios de la Atlántida, su casa. Al principio lo tomé por un loco. Siempre había asociado ese nombre con historias, cuentos en realidad, que en mi Isla Bonita contaban los viejos del lugar como si estuviéramos pisando la parte no hundida del mítico continente.

Me estaba quedando sin aire. Tengo que escapar de aquí, pensé. Así que abrí la puerta salí a la calle y aproveché a echarme un cigarrito, de esos que saben a gloria. Qué silencio, qué paz, qué… aburrimiento. Estaba deseando volver.

Entré de nuevo en el Biribó, bueno eso creía yo porque me vi en medio de una gran sala rodeado de dos reyes pugnando por la belleza de una mujer con la perfecta excusa del uso de la Ley. Pero ¿dónde estoy?, pregunté en alto y, menos mal, Carlos Cerdán, me respondió. Estás en la Atlántida en el salón del trono del Rey de Reyes.

– Es que… tuve un sueño inquietante: nos encontrábamos en medio de un desierto, el sol era de un rojo intenso como de sangre, tú dormías  y yo velaba tu sueño. Entonces  vi como una hidra de dos cabezas avanzaba hacia nosotros. Asustada, traté en vano de despertarte pero tu sueño era profundo, como si estuvieras hechizado. Al llegar a nuestro lado se irguió imponente sobre la cola, una de sus cabezas te miraba con rostro feroz y amenazante. La otra puso sus ojos en mí, su lujuriosa mirada me sobrecogió y con su lengua bífida y viscosa lamió  mi cuerpo. Quise gritar pero la voz no salía de mi garganta, me abracé a ti y cerré los ojos abandonándome a mi suerte. Al volver a abrirlos todo hubo desaparecido y de lo que pasara después no lo recuerdo.

Madre mía, vaya tardecita, ya estaba agotado, casi me cuesta la vida. Menos mal que sonó el silbato del árbitro indicando algo…

Por eso cuando has levantado el banderín en el minuto noventa y tres con cero-cero en el marcador y he ido a ver qué pasaba y me has dicho que era penalti y expulsión del número seis… vamos Rafa, no me jodas.  

La verdad, no sé qué me había fumado ese día pero yo quiero más de eso. Cuando se me pasó toda esa resaca de vivencias llegué a una conclusión, mis compañeros se habían empeñado en llevarme lejos del Biribó y así poder vengarse por el relato que les leí y en el que no quedaba claro si había una mujer bella o fea. Bueno, hubo un punto a mi favor, que una parte la leyó Esmeralda y eso sí que es estar flotando.

Sophia es la concubina de Atunis y solo por ella, el Ilota, al que ni siquiera llaman por su nombre, no había cometido asesinato. Solo por ella miraba, respiraba y sobrellevaba su condición de esclavo. Azul profundo en sus ojos, un vestido de tela transparente que hacía las delicias de los que intuían sus firmes y bien moldeados pechos…

Esperad, ya sé que aburre pero es que aún hay más… Luego, como siempre, las cañas y los vinos y allí, en el que se ha convertido en nuestro rincón, descubrí, como cada jueves, algo nuevo. Resulta que los franceses no saludan cuando entran en el ascensor y que los musulmanes cuando son muy amigos van de la mano por la calle… Uhmmm, esto último se lo voy a tener que preguntar a mi amigo Moha.

Y nada más… Gracias por hacerme vivir aventuras cada jueves. Besos y abrazos. Juanjo

Extractos de

”Un árbitro por los pelos” de Carlos Valle-Inclán

“Filosofía del ascensor” de Diego Rinoski

“Regreso a la Atlántida” de Luis Marín

“Y Júpiter escuchó” de Carlos Cerdán

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