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Archive for 22 marzo 2016

Cartel definitivo para web

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PrimaduroveralesCAM00223 (más…)

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¿Qué pensarías si al entrar en el cine alguien te contase el final de la película? ¿O qué pensarías si la película empezase directamente por el final? Pues esto es lo que estamos haciendo en los relatos que estamos escribiendo ahora, empezar por el final (sin reventar el cuento) ¿Difícil, verdad?

Se trata de comenzar un relato utilizando la técnica denominada in extrema res, es decir, comenzar una narración por el final de la historia o por un punto cercano al final de forma que los personajes aparezcan en el relato en la situación en la que quedan tras vivir los hechos que se narran. crónica de una muerte anunciada

Os suena la frase: “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana...”. Es quizás el ejemplo más conocido de esta técnica narrativa.

Escribir un relato in extrema res permite dejar al lector intrigado: una vez le hayamos mostrado la situación en la que han acabado los personajes, querrá saber cómo llegaron a ella y conocer la respuesta a cualquier interrogante que el inicio del relato haya dejado planteado. Esto le obligará a seguir leyendo. Lo consiguió sin duda García Márquez en su Crónica de una muerte anunciada. Ayer lo intentaron Flor Cuesta (La envoltura), Juanjo Valle Inclán (El día que me reuniría con los japoneses y comería con Claudia) y Nieves Sevilla (El viaje de la señora Müller). Los relatos escritos in extrema res no dejan indiferente y provocan largos debates, y ayer no podía ser menos.

Nuestros compañeros estuvieron hábiles ocultando información importante al lector para comunicarla al final del cuento y jugaron así con otro elemento clave: el final sorprendente. El problema que surge a veces es el mal tratamiento de un factor clave en los relatos: el tiempo narrativo.

Para terminar Lourdes Chorro volvió a sus orígenes con un cuento primaveral, primaveral, primaveral. Lo hizo sin duda para mantener la dicotomía entre primaverales y duros que tantas alegrías (y disgustos) nos da. Y una información que se ha quedado para el final: ayer nos despedimos de Biribó Teatro. A partir del 31 de marzo nuestros escritos y nuestras lecturas tendrán otro escenario. Esperemos que sea tan inspirador como los dos que hemos disfrutado hasta ahora.

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PrimaduroveralesAl fin, la asociación “Primaduroverales Grupo de Escritores” ya es un hecho. Después de muchos años de trabajo (del taller literario y del grupo) al cobijo del Centro Cultural de la Casa del Reloj, del que, creemos, todos guardamos un buen recuerdo, nos hemos independizado. Han sido años en los que hemos editado dos libros en común y puesto en marcha nuestro concurso literario Madrid Sky, que ya está consolidado. Hemos construido proyectos y sumado personas que han ido pasando por el taller y, como pasa a veces cuando se construye y se suma, ha tocado moverse, esperemos que con un paso hacia adelante.

Desde el verano, cuando se tomó la decisión, hasta ahora, se ha estado trabajando: había que llegar a acuerdos primero, informarse después y luego gestionar. Lo más largo y engorroso han sido las gestiones administrativas como es de suponer.

Pero somos corredores de fondo y pasito a paso llegamos a la meta. Así que ya los Primaduroverales figuramos inscritos en el Registro de Asociaciones de la Comunidad de Madrid como “Primaduroverales Grupo de Escritores” el 5 de febrero de 2016, con el número 36.224.

Queremos continuar con las actividades de siempre y con las que vayan surgiendo. Estaremos encantados de facilitar la información necesaria a todo el que quiera pertenecer a este grupo literario como asociado y/o como participante activo. Nos gustaría contar contigo y compartir este momento y los venideros.

Solo tienes que dirigirte a:

asociacionprimaduroverales@gmail.com

Nos mueve la ilusión y el compromiso. Así que os esperamos, tanto a los amigos que hemos compartido el taller a lo largo de tiempo, como a los amigos nuevos que quieran formar parte de esta asociación que nace.

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Ayer se leyeron tres relatos (Nieves, Diego y Paco) que dieron mucho de sí y tenían mucho que comentar a pesar de su brevedad, pero la mayor parte de la tarde se nos fue debatiendo asuntos teóricos (y prácticos) en torno al narrador. Se plantearon muchas cuestiones… que si narrador autodiegético, que si narrador omnisciente, que si la focalización interna… Por eso viene muy bien recuperar hoy en el blog la opinión de José Saramago, en una entrevista del escritor colombiano Eduardo Márceles Daconte para el diario colombiano El espectador. Pienso que el extracto de esta entrevista será muy clarificador (o a lo mejor no, porque esto del narrador, como todo, es susceptible de empeorar).

Eduardo Márceles.- Al escribir siguiendo unas reglas gramaticales de puntuación un tanto originales es como si quisiera que el lector encuentre una voz personal y proyecte esa voz personal. Nos pone en el mismo dilema cuando estamos leyendo su obra, al encontrar dónde entra una voz y dónde termina otra en sus personajes, como en ‘Ensayo de la ceguera’…

José SaramagoJosé Saramago.- Sí, eso es cierto, pero hay algo más que llamamos el problema del narrador: ¿Quién es? ¿Dónde está ese narrador?, que no es el autor, supuestamente. Yo tengo una opinión un poco heterodoxa que, evidentemente, no tiene la aprobación de las universidades y eruditos, y es negar la existencia del narrador. Entonces, sí, acepto que existe esa entidad que llamamos el narrador, pero diría que como un personaje más de la historia que no es la suya. La historia, como tal, es de unos personajes.

El narrador, donde ocurre, es un personaje más que anda por ahí, pero esa historia no es de él. Él no hace nada más que narrarla. Cuando digo que para mí el narrador no existe, es porque considero que la única entidad que está ahí haciéndolo todo es el autor. El autor usa la figura del narrador, como usa la figura de un personaje. La gente que lee las novelas o las estudia tiene que decir “este es el narrador” y “este es el autor”. A veces es un problema complicado, a veces insalvable, decidir dónde está el narrador, desde su punto de vista —no desde mi punto de vista—, y dónde está la voz del autor.

Hay momentos en los cuales quien está hablando, comentando, escribiendo, argumentando o reflexionando, ya no es ningún personaje, porque si lo fuera estaría claro para el lector. Podría ser el narrador, eso que llaman el narrador, pero muchas veces no es ni uno ni otro, es el autor quien se introduce en la historia para decir “ahora es mi turno”. El lector atento se da cuenta del cambio, un cambio de nivel, como si se cerrara una puerta para abrirse otra, y ahí la persona, o la entidad, o la figura que el lector encuentra, es deliberadamente el autor.

Esto lleva a una mezcla en que a veces el lector se pierde un poco, porque llega un momento en que no sabe quién está comunicando. Pero al mismo tiempo introduce una dinámica muy propia, en que el flujo narrativo no es unidireccional. Al contrario, se expande y abarca la historia que se está contando y al mismo tiempo las cosas que están al margen. El problema está en saber si al final de la novela el flujo central de la historia y todo lo que está al lado confluyen en un punto.

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Ernesto Ortega Garrido, escritor del que habíamos publicado una entrada en el mes de enero por su participación en el certamen literario Relatos en Cadena, que organizan la Cadena Ser y Escuela de Escritores en el programa de radio “La ventana”, que dirige Carles Francino, ha accedido a la final anual de este concurso con el relato titulado Amantes. Ernesto es un auténtico maestro del género de microrrelatos y su intención es publicar próximamente un libro con una selección de su obra.

CalahorraA través de él nos llega la noticia del Certamen de microrrelatos que se celebra en Calahorra, por si nos animamos a participar. El tema deberá tener un transfondo histórico ambientado en la ciudad de Calahorra y la extensión no puede ser superior a 150 palabras.

Ernesto Ortega:

En la muy noble, muy fiel y muy leal ciudad de Calahorra (o sea, en mi pueblo), los Amigos de la Historia vuelven a convocar su Certamen de Microrrelatos. Tenéis hasta el 31 de marzo. Por si os animáis.

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Dublín se puede recorrer siguiendo las huellas de James Joyce, incluso podremos cruzarnos con gente que va vestida como él o como sus personajes (Bloomsday). En concreto, los lugares que aparecen en el relato Los muertos están perfectamente localizados. La casa de la familia Morkan, en donde se desarrolla el relato y que en el texto se define como “La sombría y escuálida casa de Usher´s Islands”, es hoy un museo, aunque no tiene mucho que ver ni con el autor ni con el relato. Esta casa no está cerca del circuito turístico de la ciudad y se encuentra algo alejada del centro. Dicen que su aspecto resulta algo desolador, como si no hubiera interés en crear un lugar llamativo para el público. Quizás se trata solo de un intento de dejar libertad a los espíritus de los personajes del relato para que sigan subiendo y bajando las escaleras de un piso a otro como si se tratase de un tránsito de la vida a la muerte. Sería un gustazo detenerse un instante en el rellano de esa escalera y sentirse observado. ¿Cambiaría también nuestra ropa de color como cambiaba la de Gretta Conroy?

casa de usher´s IslandJusto delante de la casa, en el año 2003 se inauguró el puente James Joyce, que cruza el río Liffey y que fue diseñado por el arquitecto Santiago Calatrava. Sin duda, para los amantes de la literatura que visiten Dublín un paseo por esta casa es un aliciente más. Seguro que en las cercanías se puede saludar a Wellington, que seguirá controlando el parque Fénix desde su estatua y, sobre todo, encontrar un bonito pub donde tomarse una buena pinta de cerveza, que para eso estamos hablando de la ciudad de la Guinness. A mí, de momento, se me han despertado las ganas de visitar Dublín.

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Entrada de María Sánchez Robles

Pocas imágenes marcaron tanto mi infancia como la de Kim Novak saliendo de entre los muertos en la película de “Vértigo”. Hay algo absolutamente evocador en esos fotogramas; una epifanía capaz de cambiar el curso de una vida. Algo parecido ocurre al dejar atrás el taller de cDe entre los muertosreación literaria esos días en que nos dedicamos a diseccionar un texto cumbre en la historia de la literatura, como ocurrió ayer con “Los muertos” de James Joyce: salimos siendo otros. Más vivos. Más lúcidos. Menos muertos.

¿Crisis existencial? Analiza a Joyce. ¿Dolor de muelas? Analiza a Joyce. ¿Insatisfacción crónica? Analiza a Joyce.

Pero guarda bajo la almohada una aspirina para, cuando al toparte con tu rostro en el espejo, puedas tolerar lo que ves.

Todos tenemos pasajes reservados para ese viaje de la vida que Gabriel Conroy experimenta en una sola velada. Nunca sabemos cuándo, después de una noche de copas  o de un plácido sueño, vamos a leer detrás de nuestras arrugas la siguiente pregunta: ¿y bien? ¿Cuánta nieve dejaste que cayera sobre ti?

Bajo ese lenguaje dúctil y flexible de Joyce, esa prosa rebosante de música, ese excepcional manejo técnico del fraseo, se esconden muchas cicatrices. Tantas como las que podemos ver en los rostros de los protagonistas del extraordinario filme “45 años”, de Andrew Haigh, en el que el director se pregunta si es posible que el amor construido en más de cuatro décadas pueda diluirse en menos de una semana. Tal vez Haigh solo pretende homenajear secretamente al escritor irlandés, quien en cuestión de diez minutos, nos muestra cómo una aparente sólida pareja puede encontrarse a océanos de distancia.

En ambas historias un recuerdo del pasado, el cuerpo de una mujer preservado en el hielo durante casi medio siglo en “45 años” y la inerte imagen de un joven que murió por amor en “Los muertos”, siembran el caos, “un callado caos interior”, en palabras de Haigh. La buena noticia es que esta película todavía puede verse en los cines Golem en el centro de Madrid. La mala es que, muy posiblemente, tal como ocurre tras leer el relato del dublinés, la sensación de desazón que deja no se evaporará con rapidez.

María Sánchez Robles
45 a+¦os cartel ingl+®s

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Leyendo el relato Los muertos, de James Joyce, me he encontrado con una de esas palabras que no tengo noción de haber oído antes: galocha.

La primera vez que aparece la palabra en el texto es cuando los invitados llegan a la casa de Usher’s Island, donde se celebra una fiesta de Navidad:

galochas2           Se restregó los pies contra el felpudo para quitarse la nieve de las galochas, y Lily condujo a su mujer al pie de la escalera, desde donde avisó de su llegada.

Poco después, el autor, que parece jugar con el lector adivinando que este no sabrá lo qué son las galochas, introduce un pequeño diálogo entre dos personajes.

           —¿Y qué son galochas, Gabriel?

           —¿Galochas? —exclamó su hermana—. Dios me bendiga ¿no sabes lo que son galochas? Se ponen sobre… sobre las botas, ¿no es así, Gretta?

Así las cosas no me ha quedado más remedio que consultar el diccionario, pensado que la palabra no venía incluida, pero mi sorpresa ha sido grande cuando he comprobado que si está recogida por la RAE.

Galocha: calzado de madera con refuerzos de hierro, usado en algunas provincias para andar por la nieve, por el lodo o por suelo muy mojado.

No estoy muy de acuerdo con esa definición, pues según el contexto del relato las galochas no son el calzado propiamente dicho ni tampoco son de madera, sino que es una protección de goma, como una segunda bota, o una bota de agua que se pone cubriendo el calzado. Se lo digo a mi compañero Jesús, que es de ascendencia gallega y está casado con una cántabra, pensando que con tanta influencia norteña me va a ayudar, y me dice que a lo que en el relato llaman galochas en su tierra lo llaman madreñas o albarcas. Y yo le digo que las albarcas no son para andar por la nieve, sino que son unas sandalias de esparto que llevaba mi abuelo para trabajar en el campo, en Andalucía. Discusión al canto con cafelito por medio. galocha

Desesperado me pongo a pensar qué grupo de gente puede conocer el significado de la palabra galocha y no sé por qué pienso en los esquiadores y en los motoristas… y acierto. Tanto esquiadores como motoristas las usan con frecuencia.

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Desde este blog queremos felicitar a Ernesto Tubía Landeras, natural de La Rioja, que ha resultado ganador de la XIV edición del Premio de Narrativa Femenina Princesa Galiana con la novela Mañana hoy será ayer.

El concurso de narrativa femenina “Princesa Galiana”, que se celebra desde el año 1993, tiene como objetivo fomentar la creación de obras literarias que ofrezcan una visión de la sociedad no discriminatoria por razón de género. Está organizado por la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Toledo.

Ernesto Tubía es amigo y seguidor del blog, donde ya hemos publicado anteriormente una reseña de su novela El anhelo del diablo y una entrevista con el autor.

Es colaborador habitual de algunas publicaciones como Fábula, Belezos y los libros locales de las fiestas de Haro, donde también ha ejercido como pregonero del Carnaval del 2012. En el 2009, gracias a la consecución de premio Letras Riojanas, vio la luz su primera novela, El mar de Lomé, de la mano de la editorial Santos Ochoa.

La novela ganadora, Mañana hoy será ayer, está ambientada, como otras novelas de este autor, en su tierra de la Rioja.

La presentación será el martes día 8 de marzo, en al Ayuntamiento de Toledo, a las 13.00.

Mañana hoy será ayerSinopsis de la novela.

Valvanera recibe por sorpresa la noticia de que su padre se ha suicidado de un disparo, después de haber regalado a su madre una última paliza, que ha estado a punto de matarla. A pesar de que hace años que rompió su relación con ambos decide regresar a Bobadilla, un pequeño pueblo de La Rioja, de donde huyó cuando estrenó su mayoría de edad. Lo hace con la única intención de vender las viñas que le corresponden por herencia, y regresar de nuevo a Huesca, para abrir un local de música en vivo. Un sueño que persigue desde su juventud.

Pero a su regreso descubrirá que las cosas no son tan sencillas como pensaba en un principio. Que el mundo vitivinícola parece acotado para los hombres, que los fantasmas del pasado pueden emerger con furia en el presente, que las víctimas a veces son tan similares a los verdugos, que pueden confundirse con ellos. Y sobre todo, que encontrar a la mujer que de niña deseaba ser, no será labor únicamente suya.

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