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Archive for 31 diciembre 2016

fernando-lopez-en-berlinAyer, 30 de diciembre, fallecía nuestro querido Fernando.

Nunca se piensa que tendremos que escribir una necrológica de un compañero de tantos años.

Lo primero que se me ocurre es hacer un panegírico de tus virtudes, que no han sido pocas, aunque me parece más oportuno mostrarte (como lo hemos ido haciendo a lo largo de los años y, sobre todo, en los últimos meses) nuestro cariño que no es sino responder al que tú nos ha ido regalando un jueves tras otro.

Fernando, esperamos que el contrapunto del sufrimiento sea la felicidad.  Y que mejor deseo que parafrasearte: “Haz el puñetero favor de ser feliz” (frase repetida estos días, todos temíamos este desenlace). Al maestro de la alegría le resultará fácil.

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Fernando, era sabido que no llegarías, como muchos no llegaremos, al 2056. Pero has apurado un año acabado en 6 hasta el último aliento, eso es resistir y a la vez sucumbir a los deseos. Tu esposa me recordaba hoy que estabas (estás) en el taller desde el 2006. Ha sido un placer disfrutarte diez años que nos han sabido a muy poco. Algo tendrá el “6” cuando lo bendicen. Hemos estado lentos al querer hacerte un homenaje en vida. Estaba programado y en marcha un libro que ya tiene título: 2056. Nadie parece saber por qué esa fijación y ese empeño tuyo por escribir (ya dejaste tu legado en el libro “Madrid Sky”) y que escribiéramos historias que acontecieran en dicho año. Será ahora nuestro homenaje póstumo, nos queda esa deuda contigo: ofrecerte una miajita de inmortalidad, aunque solo sea para los mortales.

Fernando, tu Voz perfecta seguirá a los Primaduroverales allí donde estemos. Esa voz que daba vida a los personajes incluso cuando éstos estuvieran moribundos, incluso cuando tu voz se interrumpía con una tos, con una emoción. Tu voz estará siempre a mi derecha. ¿Dónde te colocarás ahora? Qué sorpresa se habrán llevado al escuchar ahora tu voz limpia, honda y proyectada al infinito, y más al comprobar que tras la voz se esconde una buena persona. No esperarían semejante regalo en Año Nuevo.

Fernando, todos hemos ido aprendiendo unos de otros, de ti, sin duda, la vitalidad y las ganas de vivir hasta el último minuto. Y las paradojas: “Estoy vivo gracias al tabaco”…, en fin. Contigo se va un Caballero de los que ya no quedan, un buen amigo, un hombre entrañable. Un sabio de la vida.

Fernando, lo que mejor aprendiste en estos años de taller es que conviene que un narrador en primera persona esté justificado. Lo teatralizabas incluso. ¿Es la muerte puro teatro? Ay, cómo bordarás el papel.

Fernando, te hemos despedido hoy, el mismo día en el que despedimos un año. Te han ofrecido una bonita homilía en el funeral y me voy a quedar con una idea que han repetido: No morirás para quienes te recordaremos con cariño.

Así que, Fernando, no te decimos adiós, sino hasta siempre, compañero, amigo.

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el-asesinato-de-la-casa-de-los-librosNo me gustan esos policías de las películas de Hollywood que saltan desde la terraza de un edificio a otro sin despeinarse, que corren detrás de un sospechoso como si fueran campeones olímpicos de los cien metros lisos y siempre atrapan al ladrón y que disparan desde un coche en marcha con una puntería perfecta. Me gustan los policías que se comportan como cualquier otra persona, como un oficinista o un funcionario cualquiera que trabaja detrás de un mostrador, como puede ser el comisario Leo Caldas, de Domingo Villar (Cruces de piedra, La playa de los ahogados). Por eso el protagonista de El asesinato de la casa de los libros y otros matariles me parece entrañable y cercano y el lector no tardará en cogerle aprecio. Es un hombre culto al que le encantan los libros y los boleros, no tiene coche, se va de vacaciones desde Sevilla a Chipiona en coche de línea y las tiene que interrumpir porque en el caso que se ha presentado en Sevilla por el asesinato del gerente de una conocida librería nadie parece capaz de encontrar la solución. Él es la esperanza de la policía sevillana para solucionar el caso.

El protagonista del libro es el inspector Mario Vargas Llosa, y esa coincidencia de nombres (el asesinado se llama Cayetano Rivera) no es más que una de las pruebas de humor y de ironía con la que el autor provoca al lector. El libro es muy recomendable porque es divertido, fácil de leer y muy original, con una escritura fresca y directa que se adentra en el surrealismo en muchas de sus páginas. Sus líneas están impregnadas del lenguaje popular de la zona y el reflejo de la forma de hablar de los protagonistas es uno de los activos del libro.

manuel-visglerioEl asesinato de la casa de los libros y otros matariles es la primera novela de Manuel Visglerio Romero, nacido en Los Palacios y Villafranca, Sevilla, donde siempre ha estado comprometido con la cultura y la política. Actualmente es articulista en Sevilla actualidad.

Ha sido publicado por Triskel ediciones.

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Por Luis Marín.

Feliz navidad y próspero 2017 desde la Asociación de Escritores Primaduroverales.

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A continuación, voy a tratar de mostrar al mundo, al grupo y al lector cómo construir un post sobre literatura sueca sin saber prácticamente nada del asunto antes de ponerme a escribir. Hace muy poco estuve viajando por el sur de Suecia, Lund concretamente, y mis entusiastas compañeros me encargaron un artículo sobre el estado de la literatura en el país nórdico. Así, en frío, y nunca mejor dicho, porque frío fue sobre todo lo que hizo durante aquella semana. Yo, ante tal ofrecimiento, no quise empequeñecerme y rehusar, así que aquí me veo, con la Olivetti bajo mis dedos (mucho mejor que citar mi ajado Samsung a punto de palmar), los cuadernos de viaje que he escrito desde el 2003 a la izquierda, un libro de Taschen que pesa unos 7 kilos sobre Ingmar Bergman a la derecha (para contrarrestar el imaginario que siempre despierta esta dirección) y un café y un polvorón de canela, que estamos en Navidad, por toda provisión.

piedra-de-rok_google-imigenesGustará el lector de saber que el comienzo de la literatura sueca lo marca la famosa Piedra de Rök, algo que si se mira bien resulta muy vikingo (la referencia era de obligado cumplimiento). ¿Un libro escrito en una piedra? Pues, más o menos. La Piedra de Rök data del año 800 y narra distintos pasajes de sagas y leyendas. Nunca llegó a comercializarse como libro de bolsillo por sus evidentes características intrínsecas pero sus textos escritos en verso aliterativo fueron lo más en la época.

Con la llegada de la Edad Media comienza el boom religioso; para crear atmósfera, pueden imaginarse paseando por las salas de arte sacro de cualquiera de los museos de historia de Suecia. Vírgenes, santos y cristos con ojos profundos y vestidos a la última en madera de bosque nórdico. Si visitan uno de estos lugares, mejor no ir con una niña de 5 años que, insistentemente, pregunte, “¿quién es este?”, “¿y este?”, “¿y este otro?”, ya que,  después de responder lo anterior, la virgen, un santo y un cristo, la conversación cae en el abismo.

De libertades y misoginias
Permítanme saltarme unos siglos para llegar al de Oro de las letras y las ciencias suecas: el XVIII, la Era de la Libertad, que trajo consigo la de prensa y el inicio del sueco contemporáneo, ¡adiós al latín! En ese idioma absolutamente ininteligible para nosotros, del que solo gracias a su conexión con el inglés podemos pillar algunas palabras, plasmó su obra uno de los más grandes escritores suecos de todos los tiempos: August Strindberg. He aquí uno de los pocos autores que sí conozco de primera mano, ya que la pregunta es, ¿quién no? ¿Quién no ha visto “La danza de la muerte” o  “La señorita Julia” alguna vez en teatro? Yo tuve la suerte de ver un montaje brasileño de esta última en el CDN que dejaría sin argumentos a todo aquel que se atreva a decir que el teatro es un algo anacrónico, disociado de la realidad y provisto de un lenguaje arcaico…

El primer adjetivo que se le viene a uno a la mente cuando piensa en Strindberg es misógino. Algunos de los de su pandilla: Munch, ¡el del grito!, y Nietzsche, ¡el del superhombre! Una aproximación excelente a quién fue este genio loco que lo mismo le daba al  teatro, a la novela, al ensayo como a los artículos periodísticos, se puede ver en “La noche de las tríbadas”, de Per Olov Enquist, ya del siglo XX, un libreto que ofrece un retrato turbador, y bastante provocador, del dramaturgo, y que, además, se está representando ahora mismo, ¡pasen y vean!, en el Pavón Teatro Kamikaze. Yo no me perdí el montaje de Nave 73 hace un año y medio y quedé así de impresionada.

De feministas y efemérides

pippi-calzaslargas_google-imigenesAntes de echar el ancla en Bergman (Ingmar, no Ingrid) y quedarme ahí para siempre -el que avisa no es traidor y no voy a recalar en la novela negra sueca contemporánea, no por nada sino porque la Olivetti necesita un descanso-, mi hermana, razón por la cual visito frecuentemente Suecia, me pide que haga una reflexión sobre Astrid Lindgren, la autora de Pippi Calzaslargas, pero también de otros muchos libros infantiles que en el país nórdico son imprescindibles. Me transmite mi hermana el resquemor que perdura en los suecos por el hecho de que a Lindgren no se le otorgara nunca un Premio Nobel o, al menos, una distinción honorífica que fuera más allá de la de Dama de la Orden de la Sonrisa por la República de Polonia. ¿Es esto una broma o qué? Lindgren, fiel defensora de la igualdad entre hombres y mujeres y de las teorías feministas, creadora de una antiprincesa rebelde que cocina en el suelo y duerme con los pies sobre la almohada… ¡Qué no sería esta sociedad si todos hubiéramos visto más capítulos de Pippi!

Y, por fin, last but not least (último pero no por ello menos importante; en español no queda bien),el-sptimo-sello-bergman_google-imigenes Bergman. Ya lo sé, no se enojen: Ingmar es un guionista y director de teatro y cine, no un escritor de relato o novela o ensayo. Pero Bergman es mucho Bergman. Los momentos de crisis se combaten con más crisis, por eso yo recomendaría ver cualquiera de las películas de El Más Grande cuando usted, sí, el que lee, se encuentre solo o molesto o agobiado, o repare en que la vida no tiene sentido, en que no sabemos por qué estamos aquí, ni a dónde vamos, ni de dónde venimos. Vaya, esas magníficas preguntas que vienen por las noches sí o sí y nosotros tratamos de ahogar con helados, spas y viajes.

Los suecos piensan mucho sobre la vida y la muerte, esta es mi conclusión. La falta de luz, la fruición con la que leen, el carácter frío, la tendencia a la incomunicación sino es empinando el codo, o, quién sabe por qué, lo cierto es que a profundidad pocos les ganan. Por eso Bergman está en todos o casi todos los grandes directores de cine, y en su factura se puede leer a Strindberg también.

El 30 de julio de 2007 murieron Bergman y Antonioni. Quiso la efeméride que yo me encontrara veraneando en Suecia, pero aún solo tenía 22 años y no supe cómo reaccionar. Sin embargo, una persona muy cercana me habló de él y de su obra, y me dijo unas palabras que nunca olvidaré: “Bergman me ayudó muchísimo a salir del pozo en el que estaba cuando me divorcié y una amiga mía murió. Comencé a ver sus películas insistentemente y, cuando finalicé su filmografía, le escribí una carta poniendo tan solo en el remitente, Bergman e isla de Fårö, donde vivía, agradeciéndole todo lo que había hecho por mí”. Que llegara la carta era lo de menos; esta persona ya no esperaba respuestas, pues ya las había obtenido. Desde entonces, Paracetamol y Bergman en esas noches de dolor, al menos esto es lo que suele recetarme mi médica de cabecera.

María Sánchez Robles

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Alicia Gallego fue la ganadora del certamen de cuentos de Navidad 2016 de la Asociación Primaduroverales. Sorprendió con el relato Dulces sueños, mi amor. Un relato intimista en el que una mujer le cuenta a un policía que se excedió con ciertas gotitas que le suministró a su marido el día de Nochevieja. El seguimiento de la puntuación despertó el emocionante interés de cada año, y la suma final de los votos arrojó el resultado de una victoria aplastante de Dulces sueños, mi amor, que desató la alegría de la ganadora.

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En segundo lugar se clasificó José Sainz de la Maza, que aparece año tras año en el pódium de nuestro certamen de relatos, con el relato La navidad tiene su precio. El cuento narra una historia de soledad y amor interesado que se desarrolla en un bazar chino. Como es habitual en su obra, hay que leer el cuento de Jose detenidamente pues siempre esconde una segunda y hasta una tercera historia detrás de sus líneas.

El tercer puesto fue para María Sánchez con el relato Cuestión de actitud. Un cuento en el que el protagonista, después de una visita al médico, se replantea lo que le queda de vida sin perder el sentido del humor.

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Una tarde especial de literatura que se cerró con la cena de Navidad y una emotiva entrega de premios. Gracias a todos los amigos que nos acompañaron y un fuerte abrazo y un recuerdo muy especial a los que no pudieron acompañarnos.  img_8540

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Incluimos en esta entrada un relato de María Sánchez Robles, una de esas escritoras con una fina, finísima, percepción. Siempre nos ofrece un atisbo de lo que no es visible a simple vista. Sirva como ejemplo este perturbador “De abecedarios”.

El relato ha sido publicado en el blog A voz en cuento, dirigido por José Jesús García Rueda.

Puedes escuchar el audio en este enlace. La música es de Mozart – Concierto para violí45n No. 3 Adagio.

 

 

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Nuestro compañero Antonio Blázquez ha sido el ganador del I certamen literario convocado por Fussion Editorial. Se trata de un certamen en el que se admitían relatos de temática libre, aunque debían comenzar con la frase: “Y de repente… abrí los ojos”. Esta frase será además el título de un libro que se publicará con unos cuantos relatos seleccionados de entre los más de cien recibidos por la organización.

Enhorabuena, Antonio.
Relato ganador: In vino veritas, de Antonio Blázquez Madrid

2º Puesto: Antonio Francisco Buitrago Fernández

3º Puesto: Dublineta Eire

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Como en algunas crónicas y reseñas anteriores (véanse Hemingway, Carver, Elena Garro u otros) aclaramos que no es este un espacio para añadir información posiblemente repetitiva a la ya existente y en gran cantidad acerca personajes tan señalados, sino más bien para adoptar una visión algo particular. En este caso, y al hilo de haber sido galardonado con el Premio Cervantes a las Letras 2016, hablaremos sobre el gran escritor Eduardo Mendoza, y ya puestos, realizar un recordatorio de lo que la cultura en general y la literatura en particular añaden a los asuntos que generan ‘marca’ de país. Da la impresión que Eduardo Mendoza genera “marca” y de primera, dado su talento, su ingenio y una historia literaria de primer orden sus espaldas para regocijo de sus innumerables lectores y seguidores.

eduardo-mendozaCon la pregunta “¿quién es Eduardo Mendoza?” no hay intención de realizar un profundo análisis y ni una elevada crítica de su vida y obra, no. En realidad, es una pregunta que se lanzó al aire en un lugar solitario, quedándonos, por tanto, sin la oportunidad de poder medir ni cualificar las respuestas que se hubieran obtenido. En cambio, si la pregunta hubiera sido lanzada de forma aleatoria a personas que pasearan por lugares muy concurridos y que supusieran una buena muestra poblacional, existe una probabilidad (¿bastante alta?) de que muchos viandantes de ese hipotético y concurrido lugar respondieran con otra pregunta “¿quién dice?”.

En cambio, si la pregunta fuera realizada en el mismo lugar concurrido y repleto de la muestra poblacional antes aludida y en vez de preguntar ¿Quién es Eduardo Mendoza? sustituyeran el nombre del escritor por el de un famoso futbolista, por poner un ejemplo ¿creen que como respuesta hubiéramos obtenido la misma pregunta “quién dice”? o más bien consideran que se habría cosechado una buena colección de descripciones precisas del deportista y de su historia. Pues no quedaría sino reflexionar si esta hipótesis tuviera visos de cumplirse.

Aparte hipótesis, de Eduardo Mendoza se dice, por ejemplo, (en literaturas.com): “Algún día de un futuro no muy lejano, la tendencia a los estudios interdisciplinarios hará que los psicólogos desplacen a los filólogos en el estudio de la literatura y sus autores, y entonces quizá lleguemos a saber la razón de la fijación de Eduardo Mendoza con los locos y los marcianos, una tendencia que no deja de ser curiosa en el panorama literario actual, tan amigo de realismos y verosimilitudes, en donde «lo creíble» —no se sabe bien por qué— se ha visto convertido sistemáticamente en un valor”

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Y para acabar, ahora sí, con una reseña concreta de Eduardo Mendoza, hay que decir que además de autor de unas de quince novelas, dos obras de teatro y cuatro ensayos, es alguien que ha obtenido los siguientes reconocimientos y premios, incluido el Premio Cervantes a las Letras 2016:

  • 1975: Premio de Crítica por La verdad sobre el caso Savolta.
  • 1987: Premio Ciudad de Barcelona por La ciudad de los prodigios.
  • 1988: Premio al Mejor Libro del Año, Revista “Lire” (Francia) por La ciudad de los prodigios.
  • 1988: Finalista del Premio Grinzane Cavour en la categoría de Narrativa extranjera (Italia) por La ciudad de los prodigios.
  • 1988: Finalista del Premio Médicis y Femina (Francia) por La ciudad de los prodigios.
  • 1992: Ganador de la III Edición del Premio de las lectoras de la revista “Elle” con El año del diluvio.
  • 1998: Premio al Mejor Libro Extranjero (Francia) por Una comedia ligera.
  • 2002: Premio al Mejor Libro del Año, otorgado por el Gremio de Libreros de Madrid, por La aventura del tocador de señoras.eduardo-mendoza-iii
  • 2007: Premio Fundación José Manuel Lara por Mauricio o las elecciones primarias.
  • 2009: Premio Pluma de Plata por El asombroso viaje de Pomponio Flato.
  • 2010: Premio Planeta por Riña de gatos.
  • 2015: Premio Franz Kafka
  • 2016: Premio Cervantes

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Por Luis Marín

Pero no acabaron las “Frases incómodas” por eso esta segunda parte de crónica, completa la estupenda tarde que nos hicieron pasar, aunque algo incómodos:

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“Fábrica de carteles luminosos”, Cristina Barba (Madrid)

«Accedí a acompañar a la monja por una sencilla razón. Quería, al menos durante una semana, ser imprescindible y tener bajo control el mayor número de situaciones peligrosas. Interponerme entre los niños a mi cargo y los semáforos en rojo, o entre los niños a mi cargo y los ataques terroristas. Lanzar preguntas inquisitivas a las familias del intercambio y garantizar que estábamos ante personas aptas para ocuparse de los chicos».

“Amor de derribo”, Kike Parra (Alzira, Valencia)

«En el colegio no le conté a nadie lo de Mario, igual que ahora me he callado lo de Iván. Quienes te conocen son los que más daño te pueden hacer. Eso lo sé bien desde pequeño, cuando mis compañeros se metían conmigo porque estaba gordo. A lo mejor ahora las cosas han cambiado y a los niños que son así ya no les llaman vacas o ballenatos, no sé, igual me equivoco: los críos son eternamente hostiles con lo que es distinto».

“El cumpleaños de Mary Jane”, Ángel Corgo (Madrid)

«Se puede espiar a alguien durante mucho tiempo sin que se dé cuenta. ¿Lo habéis pensado alguna vez? No es tan difícil. No, señor. Da grima hablar de esto. Pero hay que hacerlo».

“Reformas”, Almu Ballester (Madrid)

«¿Y por qué aparecería también ese otro tipo en la foto? ¿Mirando de lado, además? Jana no lo sabía, pero el hecho —aunque trivial— la irritaba sin remedio. ¿Quién mete a una persona ajena en la foto más íntima de una familia? Es un error, es antiestético.[…]

Es absurdo en su propia esencia absurda, pensaba Jana».

«—Me hizo sangre en el labio. Eso fue lo último que hizo. Hizo mucho más, en realidad.

En el salón se alzó un silencio de vasos que entrechocaban sin ruido. Un silencio de servilletas que caían al suelo».

“Piruletas”, Emma Prieto (Madrid)

«Cuando él le dijo que si quería chuparla, Valeria buscó por algún lado la piruleta. Es Félix un tipo más bien de caramelo mentolado que de piruletas, pero al decir «chuparla» y no «chuparlo», fue por eso que pensó en piruletas».

“Junto a la ciudad”, Jaime Madrid (Madrid)

«Una punzada le atravesó el costado y la dejó prendida en el aire como una mariposa de colección atravesada por un alfiler, sin respirar, sin atreverse a mover ni una pestaña mientras un tranvía de rencores y culpas la atropellaba».

«En sus ojos había un brillo irracional, sin miedo, como si estuviera acostumbrada a jugar a vida o muerte».

«Huelo el miedo, huelo cuando los hombres buscan mujer o cuando quieren pelea, cuando papá me quiere pegar porque está borracho. Sé cómo huele la risa, pero la comida no».

“La buena madre”, Leticia Rodríguez (Alemania)

«Me lo pusieron encima antes de que el médico terminara de coser, y, con la misma determinación con la que haría todo lo demás desde aquel día, me buscó. Tomó posesión de mí con una fuerza inesperada, con la contundencia de quien reclama lo que por derecho le pertenece. Pero no lo consiguió. Nunca pude alimentarlo de esa forma. Fue como si la naturaleza se negara, ya desde un principio, a regalarme un don que era incapaz de desear».

“El borde oscuro del mar”, Nacho Viñuela (Edimburgo)

«Encontramos al hombre —pues madre me diría más tarde que era un hombre, el primero y último que llegué a conocer— enredado en una maraña de algas sobre la arena».

«Sentí que quería hacer algo, pero no sabía qué. Algo que tenía que ver con los agujeros de mi cuerpo y el animal que vivía entre mis piernas».

“Chipi chipi”, Iván Saiz Gutiérrez (Madrid)

«¡Baila el chipi chipi! baila el chipi chipi! baila el chipi chipi!»

—¡Dame el chipi chipi! ¡Dame el chipi chipi! Dame el chipi chipi!

“¿Dame? —pensó, aunque casi lo pronunció—. Todo el rato habéis dicho ‘baila, baila, baila’ ¿y ahora decís ‘dame’?”».

“KM 32”, Óscar Amador (Madrid)

«Cogidos de la mano corremos y, aunque corremos hacia mi coche, este no se acerca. Parece incluso alejarse. No vamos a llegar, vamos a estar corriendo eternamente, cogidos de la mano, en esta cinta invisible que avanza en dirección contraria, alejándonos del coche centímetro a centímetro a centímetro…».

«Tenemos que irnos. No sé el motivo, tampoco me importa, simplemente tenemos que irnos de aquí, regresar a la carretera secundaria e ir a la autopista».

“Fecha de caducidad”, Adela Iglesias (México)

«Se masturba, rastreando el olor de su hermano en la almohada. Vuelve a poner la colcha sobre la cama y la estira para borrar toda evidencia de su desfachatez. En automático, enciende el televisor y se encuentra con una pareja de belugas en pleno ritual de apareamiento».

“Perucho, el tendero”, Juan Guillermo Múnera Díaz (Medellín, Colombia)

«Uno se acuesta pleno y satisfecho y, cuando amanece, no queda nada que mostrar».

«Ese bastardo del cura Antonio ayudó a matar a mi hijo y ni siquiera nos pagó lo que nos debía».

«Perucho no quería ceder. Las noticias del primer muchacho muerto lo llenaron de tristeza. Decía que se sentía culpable, que no era capaz de mirar a los ojos a la madre de ese muchacho. Que él esa desgracia se la veía venir».

“Mi nombre es Rita”, Joana Delgado (Barcelona)

«[El veintitrés de abril] Barcelona se convierte en jardín de una sola flor: la rosa, y yo desde la vigilia empezaba a sentir ese desasosiego que ningún imponderable de mi vida, y han pasado muchos, podía siquiera orillar, o solapar, o distraer».

«Solo tenía en la cabeza dos bares distintos, dos parejas, en ocasiones yo era la chica joven y en otras la mujer de la acera, unas veces había rosa y otras no».

«Cuando me quedé sola tiré definitivamente el jarrón a la basura, no quería ver más aquel extraño objeto que siempre contenía una rosa invisible».

“Fregaderos”, Vicente Fernández Almazón (Valladolid)

«Siempre me he preguntado por qué, al igual que las uñas y el pelo siguen creciendo después de morir, ocurre lo mismo con el cariño, cuando el barro ya ha convertido al otro en una mancha de moho imparable».

«Entre una confusión de ladridos y gritos de la gente que se niega a saltar desde los tejados, he vuelto a preguntar por ti. Nadie ha querido hablar. No sé qué va a pasar y tengo miedo. Sigue lloviendo mientras embarcamos entre empujones».

“The way you look tonight”, Rosa Márquez de la Orden (Madrid)

«La madrugada siguiente los ladridos son tan nítidos que, cuando despierta, Ruth no se atreve a abrir los ojos por si el perro de sus pesadillas todavía siguiera allí. Se imagina unos colmillos llenos de babas junto a unas botas militares, como aquellas que vio, escondida bajo la cama, patear la cabeza de su padre el día que se lo llevaron detenido».

«Los detenidos jamás regresan y nadie se atreve a preguntar por ellos. Sus nombres se borran de los buzones y las fotos en las que aparecen se olvidan en el fondo de algún cajón, del que siempre se termina por perder la llave. De su madre solo dejaron aquel diente que ahora lleva en el bolsillo».

“¿Por qué hay tréboles de cuatro hojas?”, Óscar Vellosillo (Madrid)

«Ya desde niños, tus propios padres, que si el hombre del saco, el jodido ratoncito Pérez de los huevos o el ridículo Santa Claus gordo de mierda que te trae los regalos que tú le pides. Nos educan en la mentira y desde que cumplimos dos o tres años ya sabemos manejarla…».

«Pero qué sería de este mundo sin ficciones. Te juro que nuestra existencia sería insoportable…».

“No se lo digas a papá”, María Bellido (Madrid)

«[Mi madre] nunca supo lo que yo me dedicaba a hacer en el  patio del colegio, aunque mi hermano sí se enteró y por mi culpa se metió en una pelea con dos chicos de su clase que se lo contaron: «Tu hermana se baja las bragas en el recreo y deja que la miren». No sé cómo empezó esa historia, lo tengo casi borrado,  pero sí recuerdo estar allí en medio del patio, apoyada contra el laberinto, con las bragas bajadas hasta los tobillos mientras el resto de las niñas miraba en silencio aquello que yo tenía entre las piernas y que no debía de ser muy diferente de lo que tenían ellas. Clara, que era mi mejor amiga, siempre se quedaba vigilando y, en cuanto veía que una monja o alguna de las niñas chivatas se acercaba, silbaba. Entonces yo me subía rápidamente las bragas y sacaba del bolsillo del babi un muñeco de peluche que se parecía a la abeja Maya».

“La vieja estación”, Laura Erre (Madrid)

«La niña caminó cuesta abajo un buen rato hasta que sintió tanto dolor que tuvo que parar a descansar. Y para reponer fuerzas, sacó del bolsillo una pequeña caja de latón y cogió una de las seis galletas que había guardado en ella. Ni siquiera pudo darle un primer bocado. Tocada por un rayo de sol, la caja fue un reclamo para las alimañas, que empezaron a surgir de todas partes, atacando en manada. Y como el miedo es torpe, la niña no pudo correr ni esconderse. Solo atinó a soltar la caja cuando sintió cerca el aliento de las bestias. Afortunadamente. Porque nadie se percató de su presencia. Aquellos hombres y mujeres, salvajes y viejos todos, se lanzaron unos sobre otros y todos sobre la caja de galletas. Como si tuvieran hambre. Pero un hambre antigua».

“Pensé que era alérgica al sonido de la balalaika”, Isabel Cañelles (Madrid)

«Los viernes, después de acostar al niño, preparábamos una cena con velas e incienso. Después veíamos Californication cogidos de la mano. La izquierda, no la del anillo. Pero siempre nos había sentado mal algún ingrediente. El pepino. El cilantro. La bechamel.

—Qué ardor.

—Además, este tío es gilipollas —le decía yo—. ¿Ponemos Anatomía de Grey?

—Eso es un folletín de mucho cuidado. Mejor House.

—Entonces me voy a la cama.

—El niño está llorando.

—También es tu hijo, ¿no?

No nos poníamos de acuerdo, así que dejamos de cenar juntos. Además, menuda peste a incienso se quedaba en toda la casa».

 

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Por Luis Marín

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A punto de caer la tarde, el barrio se preparaba para despertar a la noche de un viernes que abría un puente inmenso, algún transeúnte de vuelta del trabajo, los comercios unos preparándose para el cierre, otros todavía con las trapas bajadas esperando a que la noche se aproximara, ese valle horario de transición entre el trabajo y el ocio.

     En el número veintisiete, la librería “Cervantes y Compañía” era un hervidero, apenas se podía dar un paso. En breve iba a comenzar la presentación de la “Antología de relatos Incómodos” editada por “relee”. Un primer intento, como dijo su directora editorial Isabel Cañelles, de hacer una publicación de relatos nacidos en talleres de escritura por autores desconocidos que se enfrentan a la edición de su obra, un mundo que está lejos de la creación. Veinticuatro cuentos seleccionados entre cincuenta recibidos después de un primer filtro realizado por los responsables de los talleres. Veinticuatro historias que pretenden que nos removamos en el sofá mientras las leemos. Historias cotidianas que pretenden zarandearnos, que seamos conscientes de que esas cosas ocurren a nuestro alrededor aunque a veces les demos la espalda.

Isabel cumplió con simpatía el capítulo de los agradecimientos y presentó a José Ovejero quién ha prologado la edición.dsc_6115
Comienza su prólogo José Ovejero con una frase que define perfectamente el objetivo del libro “Hace tiempo escribí que valoro los libros que nos hacen cambiar, si no de vida, al menos de postura….”. A lo largo de su presentación desarrolló esa idea para concluir con un pensamiento que seguramente define el de todos los participantes y colaboradores de la edición: “Una pregunta que se repite cansinamente cuando se habla de cursos de escritura creativa es si estos sirven para algo. La mejor respuesta sería enseñar este libro: mire, ábralo, lea, luego me dice si sirven o no sirven…”. Bonita presentación del prologuista.

Y por fin la presentación de los escritores, entre los que se encontraban cinco “Primadurovedsc_6163rales” que han contribuido con su pluma a la finalización de este proyecto bajo  la coordinación de “Pura Simona”. Pero ¿dónde está Diego?. Tuvo que ausentarse unos momentos para ocuparse de cosas más importantes.

La librería llena de familiares y amigos de los autores. Paradsc_6177 cualquier lugar que movieras la vista algún primaduroveral levantaba la mano o subía las cejas a modo de saludo. Ya nos reagruparíamos al final del acto, cuando la masa de personas comenzara a disolverse.

Cada uno de los autores pasó a leer algún párrafo de su relato, tras la presentación de la maestra de ceremonias. En esta crónica, que tendrá segunda parte, se incluyen los párrafos elegidos por nuestros compañeros.

Aquí empieza la primera entrega de “Frases incómodas”

“Selenitas por todas partes”, José Jesús García Rueda (Madrid)

«La viddsc_6124a no se va por el futuro, por ese futuro al que cada vez que nos asomamos se le han caído más horas, días, años… La vida se nos va por detrás, por el pasado, por el tiempo que se acumula allí, resbalando de nuestra memoria, dejando pequeñas lagunas que poco a poco van creciendo».

“Hagamos un trato”, José Sainz de la Maza (Madrid)

«En ese momento y por segunda vez en poco más de media hora, Alejandro dsc_6128Martín sonríe. Ahora que lo tiene cerca, Carmen comprueba lo que dice su novio, que su sonrisa tiene el brillo de la saliva, juraría que una gota minúscula le resbala por el colmillo».

“Bochorno”, Diego Rinoski (Madrid)

«…madsc_6137dre es de interior porque no le gusta el sol, ni que le ponga mi sombrero de paja, gruñe por dentro, con las tripas, desagradecida, si un día se muere limpiaré con lejía el rincón y venderé la silla de ruedas, eso haré…».

A través de mis libros. Julio Rodríguez Díaz

«Fue una noche que volvíamos de cenar de una de esas tabernas de ladrillo rojo y dsc_6141olor a jamón, cuando le pedí a Lorena que se cortase el pelo:

—Ya no eres una niña —le dije—, te quedará mejor corto.

—Desde que nos conocimos ya no escribes, y además siempre deseé que te dejases barba —me replicó.

Nos miramos sin entender bien lo que nos pasaba, como dos desconocidos, como si todo aquel tiempo juntos no nos hubiese cambiado y cada quien continuase con sus propios sueños, sus frustraciones y sus deseos incumplidos».

El harapo. Juanjo Valle-Inclán

«Porqudsc_6148e si vienen y no tienes nada, son capaces de llevarse a los niños, o de cualquier cosa peor».

«Guadalupe abrió la puerta lo suficiente para ver el tramo de calle que se enfrentaba a su casa, pero solo atisbó el ruido de las gotas contra el empedrado».

«Las noches en las que el sargento Ruiz tenía guardia, el silencio dominaba sobre la oscuridad».

«El silencio provocado por lo que había dicho la niña
duró apenas un segundo. Se oyeron disparos y voces en la calle».

Un vinito en los sótanos una vez acabadas las lecturas y mientras ldsc_6158os protagonistas firmaban ejemplares y compartían con sus familiares el momento, la calle se había llenado de luces, los locales que antes estaban cerrados tenían los grifos de cerveza y las botellas de vino a pleno rendimiento, los pequeños teatros de la zona lucían colas de espectadores esperando a entrar para ocupar sus butacas, y nosotros, como no podía ser de otra manera, compartimos unas cervezas.

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