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Archive for 31 enero 2017

“NO TOCAR”

Pensaba yo, mientras acariciaba con mi dedo índice… Mira qué cosita tan amorosa, con esa carita tan redontitita, y esos ojitos tan vizpiretitos, y esa naricita tan pequeñitita y la boquita… (¡LADRIDO!) ¡AYYY!… ¡Esa bocaza de perro infame! ¡Vaya cosa tan asquerosa, con ese careto de pan requemado y esos ojos legañosos y esa nariz… llena de mocos! ¡Menos mal que no eres mi perro!

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Nuestra compañera María Jesús Ainaga ha entrado con muy buen pie en el Taller de Creación literaria del Grupo de Escritores PRIMAduroVERALES y su relato No tocar ha sido seleccionado entre más de mil relatos para publicación en el I Concurso de Microrrelatos Cómicos “Breves Carcajadas”, convocado por el portal Diversidad Literaria.

Enhorabuena, María Jesús. Deseamos que este premio sea el comienzo de un gran año literario para ti y para todo el grupo.

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Por Nieves Sevilla Nohales.

En La Habana te embelesas. Te embelesas si quieres como si no. Hay mucho que mirar y mucho que comprender; y te embelesas.

img_20161201_131510Porque decenas y decenas de palacios, que amenazan ruina, bordean las calles y en todos ellos se percibe su antiguo esplendor. Caminas y caminas mirando, pasas cien veces por los mismos sitios y cada vez encuentras elementos arquitectónicos nuevos en los que no habías reparado. Es muy difícil descubrir los misterios de esta ciudad que se quedó dormida en el tiempo y en la que el tiempo ha hecho estragos. Ya no se puede recuperar, dicen algunos. Pero dejar que se borren las huellas infinitas… ¡qué catástrofe! Alejo Carpentier la llamó “La ciudad de las columnas” refiriéndose no solo a las columnas exteriores de las entradas y los porches suntuosos sino también a las columnas interiores de los patios, de las estancias y de los vestíbulos de las casas habaneras. Si te asomas a ellas verás enormes abanicos, de cristales de colores, que se abren por encima de las puertas. Es lo que llaman “el medio punto cubano” cuya misión es mitigar la fuerza de la luz solar. Todo forma parte de un barroquismo peculiar que no desprecia ventanas y puertas modernistas o algún zócalo Art Nouveau de origen alemán. Así que, mirando, te embelesas.

Existen repartos elegantes y bien conservados como Siboney o Miramar. En Miramar vive Aitana Alberti León, la hija de Rafael Alberti y de María Teresa León. Su casa, con cuadros de Miró, es un santuario dedicado a la memoria de sus progenitores. En 2016 se publicó en España su libro de poemas Amazona en la centella. Aitana, que aún es hermosa a los setenta y cinco años, proyecta documentales, desde hace lustros, en un centro cultural que lleva el nombre de Dulce María Loinaz, la gran escritora cubana, autora de la novela Jardín (1951), por la que se la puede considerar precursora del Realismo Mágico, y de Poemas sin nombre (1958). Cuando triunfó la Revolución, Dulce se aisló y se recluyó en su casa donde permaneció, parece ser que sin salir, hasta su muerte.

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Algo similar ocurre en la película de Tomás Gutiérrez Alea Los sobrevivientes, en la que una de las familias más acaudaladas de Cuba se encierra con los criados en su hacienda y, a medida que pasan los años, un devastador deterioro los envuelve y se apodera de sus vidas. En el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana de 2016 se visionaron las películas de Tomás Gutiérrez Alea, restauradas en Bolonia bajo el patrocinio de Martín Scorsese. Participó el chileno Pablo Larraín con Neruda, que ya obtuvo cuatro galardones en los Premios de Cine Fénix y un gran éxito en el Festival de San Sebastián, y que, si bien no tuvo buenas críticas, gustó mucho al público a pesar de las escasas aptitudes declamatorias del gran poeta, autor de El Canto General. Se estrenó una película que te recomiendo, pues espero que llegue a Europa. Se trata de Últimos días en La Habana de Fernando Pérez Valdés.

Fernando Pérez, en este largometraje, atrapa el ritmo de las populosas calles de La Habana, (San Rafael, Obispo, Neptuno, 23, San Lázaro), que bullen de vida, inundadas de luz. Y tienes que mirar y ver la mezcla de las razas y la belleza de los cuerpos. Te fijas sin querer en la cantidad de mujeres que pasan, vestidas completamente de blanco, con medias de encaje y tocados sencillos. Rectas, lindísimas. Las sigues con los ojos y piensas “voy a hacerles una foto” y no puedes porque te embelesas y se te escapan. Son las que van a ser santas en la religión de los Orishas. Una de ellas, Yurislady, ha tenido que sacrificar animales, regar unas piedras con su sangre menstrual, llevar con ella esas piedras y, entre otros ritos, ir a Santiago de Cuba a venerar a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. En algunas casas humildes erigen altares a Changó, ponen una maraca; tú la agitas y pides un deseo. Es la forma de ganar algunos pesos, pero con respeto y sonriendo.

img_20161201_131429En estas calles es habitual que, en los portales, los cubanos vendan libros, sus libros, muy usados; la mayoría clásicos de la literatura universal. Y te topas con las librerías más prestigiosas que albergan escasos títulos y expositores vacíos. En la de la universidad, Alma Mater, pregunté el porqué y argumentaron que, como es el final del año, están haciendo inventario; y que por eso. No conozco a casi ninguno de los autores si exceptuamos a Alejo Carpentier, José Lezama Lima, José Martí y Nicolás Guillén. Ni rastro de Guillermo Cabrera Infante ni de Reinaldo Arenas. Hay bastante espacio dedicado a la literatura infantil, síntoma de que la educación se cuida en este país. Aquí no hay analfabetos y los que tienen capacidad y quieren estudiar, estudian. Encontré una edición de 1957 del Sóngoro Cosongo de Nicolás Guillén, de la Editorial Losada. Son poemas escritos con ritmos del baile cubano. Me gustan muchísimo. Miguel de Unamuno escribió una carta a Nicolás Guillén en la que le decía: “He vuelto a leer su libro –se lo he leído a amigos míos- y he oído hablar de usted a García Lorca. No he de ponderarle la profunda impresión que me produjo… me penetró como a poeta y como a lingüista”.

Para despedirme te transcribo el poema. Espero que con este ritmo te embeleses.

SÓNGORO COSONGO

¡Ay, negra,

si tú supiera!

Anoche te vi pasar,

y no quise que me viera.

A él tú le hará como a mí,

que cuando no tuve plata

te corrite de bachata,

sin acordarte de mí.

Sóngoro, cosongo,

songo be;

sóngoro, cosongo,

de mamey;

sóngoro, la negra

baila bien;

sóngoro de uno,

sóngoro de tré.

Aé,

vengan a ver;

aé, vamo pa ver;

¡vengan, sóngoro cosongo,

sóngoro cosongo

de mamey!

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Por José Sainz de la Maza

Ayer 26 de enero nos reunimos en el taller 16 entusiastas escritores (chicas, seguís en minoría. A pesar de las incorporaciones de María Jesús y Sonsoles -bienvenidas ambas al grupo- y de la vuelta de Yolanda -ya era hora Yolandita…- todavía os ganamos por 9 a 7). Si hubiera que resumir en pocas palabras la clase de ayer, podría decirse que en esas dos horas quedaron de manifiesto la dificultad de cerrar los relatos circulares conforme a la ortodoxia y la de conseguir voces lo suficientemente diferenciadas como para hilar los relatos polifónicos sin perderse en la historia, ni enredarse con los personajes que los componen.

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El primer relato circular lo leyó María Jesús, su título Arco Iris. En este cuento, mediante los siete colores del arco iris y las sensaciones que le despiertan cada uno de ellos, la autora fue perfilando el cariño hacia un padre. Se trataba de un texto con un elevado cariz lírico y simbólico, tanto que rozaba la composición poética al tiempo que se alejaba de la narrativa. El conflicto, el conflicto nuestro de cada día que a veces se nos escurre entre los dedos o entre los renglones.

encrucijadaLourdes siguió por la senda de lo circular con El camino. Una mujer toma cada día un camino que termina dividiéndose en tres y entonces, en lugar de elegir uno de ellos, deshace lo andado y regresa al punto inicial. Pero un día, tras un bostezo iniciático, toma una de esas tres ramificaciones, ni la más clara ni la más oscura, y así comienza a escribir su propia historia. Relato circular que cumplía con el catecismo de los relatos circules, al que se agradeció por añadidura que no contase ni con un hombre que ningunea a su mujer ni con un calzonazos (Lourdes, sabes que es broma).

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Edinka es un magnífico cuento de Manuel Pozo, que se presentó al grupo con la intención de que fuera examinado como relato circular. El sargento Rothen, bajo mandato de Naciones Unidas, supervisa los suministros y el censo del lugar donde vive la joven Edinka, una aldea que sobrevive como puede al fuego cruzado de la Guerra de los Balcanes. Es una historia de amor, pero también de miedo y de muerte, entre el militar y la joven Edinka. Aunque el relato empieza y acaba con una secuencia narrativa muy parecida, no se le consideró relato circular porque esa coincidencia no rompía la linealidad del texto, ni generaba el necesario bucle que define al relato circular y asegura su ciclo y su repetición en el tiempo.

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El relato polifónico de Paco, titulado Lo que merecen los muertos, se desarrolla en torno al crimen sin resolver de Fabián López. Las voces que componen su extensa polifonía aparecen muy bien perfiladas y se distinguen a la perfección por el modo de hablar y de actuar que el autor ha sabido trasladar a los distintos personajes. El reportaje televisivo que trae a colación ese asesinato quince años después, aglutina en el pequeño espacio de una casa a la mayoría de esas voces: los reporteros y entrevistados de la televisión, el matrimonio formado por Eloy y “Heidi” y Daniel, el hijo de ambos. Sin embargo la presencia de otro personaje en otro espacio diferente, Takeo, planteó problemas de encaje narrativo que afectaron a la polifonía general del relato.

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Cerró la sesión Carlos Cerdán con el cuento titulado La boda. Este nuevo ensayo de relato polifónico contó con el valor añadido de narrar una historia corta con muchos personajes. El reto era difícil y lo consiguió gracias al empleo de un solo espacio (la iglesia donde se celebraría la boda) y un tiempo narrativo muy breve. Sin embargo, la falta de elementos distintivos entre las distintas voces planteó el problema de identificar en cada momento qué voz era la protagonista, si bien una segunda lectura mejoraba notablemente la percepción de las voces.

Antes de terminar Pura puso los oportunos deberes. Imagino que ella lo circulará, pero no me resisto a adelantar que habrá que escribir un relato cuya trama se desarrolle conforme al denominado efecto mariposa, muy a tono con nuestra mitad primaveral.

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Por Julio Rodríguez

Sí, estuve en Chile y visité la casa de Pablo Neruda en la ciudad de Santiago: La Chascona. Desde la calle no se percibe lo que hay dentro. Un muro de piedra separa la casa del exterior. Cuando crucé la puerta de madera blanca, sentí que el mismo Pablo me invitaba a entrar.

la-chasconaEl comedor alargado, la barra de bar con el contorno ondulado simulando las olas del mar, escuché decir que la había comprado a un barco francés. Capitán de tierra firme le gustaba llamarse. Aquel comedor con forma de camarote, la mesa alargada y estrecha para poder sentir más de cerca a sus amigos. Lleno, lleno de figuritas y recuerdos que había ido recogiendo de los muchos viajes por el mundo. Me imaginé a un lado de la mesa a Diego Rivera, con su voz fuerte, y su corpulento cuerpo. Cuántas horas entre amigos. Creí escuchar a Matilde su amante, mujer y anfitriona, con su pelo pelirrojo y despeinado. Tan valiente. Capaz de enfrentarse sola a la dictadura. Era tanto lo que representaba. Tan tremendo su legado.

Vi el armario con aquella puerta camuflada, esa que daba a su recámara. Le imaginé sorprendiendo a sus invitados, apareciendo en el salón,  de repente, por aquella puerta secreta. Las copas mexicanas de vidrio grueso y colorido que hacían que hasta el agua supiese mejor. La muñeca rusa. Todo un austero lujo de detalles. Acumulaba recuerdos en cada rincón de su casa.

Le podía imaginar frente al ventanal que da al jardín, desde el que se ve la cordillera. Pude observarle también muerto, en el ataúd del salón curvo, con toda su casa inundada. Otro bar con una gran cristalera (tres conté en la casa) y unos zapatos gigantes debajo de un abanico de madera, con fotos, sí, muchas fotos.

Pude entrar en su despacho y contemplar la mesa en la que escribía, la pluma, sus gafas de pasta gruesa. Los papeles escritos a máquina o con su inconfundible letra. Y vi sus libros, sus mapas y sus cuadros con vistas al mar, ese océano que le cautivaba.

Capitán, estuve en tu casa. Sentí que te hacía preguntas a las que tú me contestabas. Descubrí tus secretos y el león de peluche sobre tu cama. El teléfono desgastado y los jarrones chinos. Monte en tu barco, y sentí la brisa fresca de tu poesía, el arrullo de las olas al pie del cerro. Te descubrí en silencio, al anochecer, sentado leyendo alguno de esos libros franceses que tanto admirabas, contemplando la luna sobre Santiago, sumido en tus pensamientos de democracia y la libertad.pablo-neruda

Al salir tras aquellos muros de piedra pude imaginar al gentío caminar calle abajo el día de tu muerte, a los amigos que llegaban a tu casa, los tanques y las pistolas que te vigilaban camino del cementerio, a tu mujer desconsolada, a la barbarie anegar la acequia. Maestro, Pablo, Capitán. Tu poesía es inmortal. Sí, estuve en Chile, y pude entrar en la Chascona, conocer tu casa, y tocar la silla donde escribías, el sofá desde el que leías y caminar entre tus cosas.

img_0454Julio Rodríguez es socio director de Avanda Consultores y director de la Red de Mentores de Madri+d. Es miembro de la asociación Grupo de Escritores Primaduroverales desde su fundación. Como escritor es coautor de los libros Madrid Sky (UNO editorial), Cuéntame un gol, cuentos de fútbol (editorial Verbum), Incómodos, antología de relatos (editorial Relee) y RRelatos HHumanos (Lid editorial).

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ernesto-ortegaErnesto Ortega, a quien conocemos por representar a María Posadillo en la final del II Certamen Literario Madrid Sky, ha ganado la final semanal (semana 15, 16/01/2017) del certamen Relatos en cadena, convocado por la cadena Ser y Escuela de Escritores, con un relato que debía comenzar por la frase: Para implorarle que vuelva a casa.

 

Ernesto Ortega Garrido

Mensajes de amor desesperado

Para implorarle que vuelva a casa se ha cortado una oreja y se la ha hecho llegar con una nota escrita a mano. “Si no es contigo, no merece la pena escuchar el canto de los pájaros”. Como no ha conseguido ablandar su corazón, se ha cortado una mano y se la ha enviado, con otro mensaje: “Puedo vivir sin manos, pero no podría hacerlo sin ti”. Por fin, unos días después ha llegado la esperada respuesta. Era una cajita. Dentro solo estaban sus ojos y una nota que decía: “No quiero volver a verte nunca más”.

El plazo para participar en la semana 17 está abierto desde el lunes 24 de enero hasta el jueves 2 de febrero: La frase de inicio es:

El armario donde acababa de encerrar a su muñeca.

La extensión máxima del texto es de 100 palabras (sin contar la frase de inicio).

 

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Empezamos esta crónica sobre la clase de ayer por el final, tal cual Hitchcock, en la que acabamos todos con una amplia sonrisa cuando Paco nos cantó a capella una coplilla-ripio estilo gaditano al hilo del Carnaval que se acerca. Aplausos, risas y a por la cerveza.

fugaAbrió la tarde Carlos Cerdán, con su relato “La fuga” cumpliendo con la tarea de la estructura de picos. Independientemente de las impresiones que suscitó su relato, recomendaciones y demás elementos del análisis, para esta crónica vamos a escoger dos comentarios que se hicieron, digamos que ‘extra-crítica’. Uno acerca de lo educado que resulta uno de los personajes al dar ‘las gracias’ en un contexto difícil (y claro, es que Carlos …) y otro sobre como bautizó a un personaje secundario, el tal ‘Sanguijuela Dalton’ que obviamente se merecía el destino que su autor le tenía deparado en el texto. Alguien sugirió que el relato también podría haberse llamado “El último guardián”. Pues ahí va un trozo: “Sacó el tosco puñal que aún conservaba restos de sangre y trató de limpiarlo contra la hierba”.

mujerLourdes nos quiso hacer partícipes del plan de “Las vacaciones” de una mujer presionada por todo y por todos. Este personaje resulta muy creíble porque, desgraciadamente, la situación planteada en el texto es demasiado común, pero, eso sí, el estilo de Lourdes siempre las realza y las lleva a ‘lugares literarios’ realmente atractivos. Un trocito: “Quieta, inmóvil, intenta respirar con el abdomen, tranquila, se repite, relájate, agárrate al colchón…”.

jerseyMaría Jesús se estrenó en el taller con “El jersey”, dentro de la estructura de picos. En este caso los vaivenes se producen en la personalidad y comportamiento de una mujer que se mueve en el campo de la indeterminación y la duda permanente. Consiguió que este personaje quedara magníficamente concretado.

campesinoAlicia nos presentó “Camino de ida y vuelta“, una historia dura, de altibajos, de titubeos y de desasosiegos, con personajes que viven en mundos paralelos separados por abismos de incomprensión. Ahí va el pasaje del relato que ayer se citó especialmente en el análisis: “Pero… ¿Y si no es así? – piensa – ¿Y si de verdad se ríen de mi? Al fin y al cabo él es un pobre chico que no ha podido ir a la escuela y su único futuro está ligado a ese cortijo del que su familia no ha salido nunca. Y ella…Antonio se da cuenta de que no sabe nada de ella, ni siquiera su nombre, ella, seguro que va a la escuela o a aprender a coser y a bordar y preferirá a cualquier otro que le pueda dar mejor vida”.

barDiego empezó con la estructura polifónica a través de su texto “Los buenos clientes”. Trabajo difícil e interesante. Dado lo que este ejercicio requería, el texto de Diego sirvió para abrir debate sobre este tipo de estructuras. Incluimos aquí el comienzo, que nos pareció a todos especialmente bueno: “A Josito, lo matamos nosotros. Los cuatro. La tarde anterior la pasamos en el bar como hacíamos siempre. El Calvo lo tenía todo apuntado en su cuaderno, hasta el último detalle. Se pude pensar que el Uruguayo fue el artífice, el cerebro de la operación. Pero de eso nada. Aquí todos arrimamos el hombro”.

Y hasta aquí por hoy. El jueves que viene más.

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Por Luis Marín

Esta tarde, atendiendo a la invitación de unos amigos, me he acercado a la casa del Lector en el antiguo matadero de Madrid en el barrio de Arganzuela. ¡Qué recuerdos me trae ese lugar!

En la puerta ya había invitados, vestidos con trajes y corbata ellos y modelos vistosos y elegantes sobre tacones imposibles ellas, que charlaban en grupo, seguramente con alguno de los autores del libro que se iba a presentar en el acto.

Al pasar ante las acreditaciones vi reflejado en el espejo mi atuendo “casual”. Al acceder al salón de actos, donde años antes viví una experiencia inolvidable junto con mis compañeros del taller. Me trasladé en el tiempo y por un momento creí que estaba en una reunión de directivos de la empresa donde trabajé.

Enseguida me dijeron que era la presentación de un libro coral escrito por directores de recursos humanos de distintas empresas. Y dos de ellos son mis amigos Juanjo Valle-Inclán y Julio Rodríguez y el que coordinó los trabajos Manuel Pozo también. Vaya lío. Todavía podía ser peor de lo que en un principio imaginé. Rodeado de directores de recursos humanos puede suceder cualquier cosa. Pero tuve confianza. Si mis amigos me habían invitado al evento no tenía nada que temer. De todas formas, me senté en el borde de la silla, por si acaso.

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Cuando la editora de la colección dijo que se trataba de la presentación de un libro de empresa novelado, empecé a sentirme algo más cómodo en mi asiento y fui relajando la postura. Después al hacer referencia a la dedicatoria, que luego fue subrayada por el autor del prólogo, la tranquilidad se iba apoderando de mi pensamiento.

“Dedicado a todos los que en ese gran escenario que es la empresa nos enseñan que los recursos no aman, comparten, recelan, siente, temen, perdonan, odian y se entregan. De eso sólo son capaces las personas”.

Poco a poco, los intervinientes fueron captando la atención de un prejubilado que ha vivido en sus carnes un E.R.E., pero que también ha compartido momentos, codo con codo, con algún responsable de recursos humanos.

Las intervenciones fueron glosando la intención del libro. Humanizar el papel de esos que muchos consideran (¿quizá consideramos en algún momento?) que son responsables de los males de muchos trabajadores, que están al servicio de la empresa sólo para colaborar en el incremento de sus beneficios. Como si fueran pistoleros del oeste que disparan por los pasillos de la empresa sobre aquellos que le miran mal cuando pasan, en palabras no textuales de nuestro compañero Manuel. O como verdaderos cortacabezas que disfrutan poniendo al personal en la calle sin importarle su futuro.

c2eae-4xeais7wgEl propio Manuel reconoció que los inicios del trabajo no fueron sencillos, pero que pasados unos meses notó que los escritores habían dejado los recursos para convertirse en humanos.

¿Cómo empezó todo? preguntó la presentadora de noticias de Telecinco Isabel Jiménez, que dirigió un breve coloquio. Y Juanjo, como si estuviera acostumbrado a las tablas: “pues todo empezó con un café”. Luis Expósito confesó que si bien está acostumbrado a escribir informes, contratos y convenios, en el tema de la literatura se considera un novato y ha vivido una interesante experiencia. Lo mismo que Rosa Allegue, que con un desparpajo propio de quien sabe moverse en ese ambiente, destacó que quedó sorprendida por lo efectivo de la crítica y la colaboración desinteresada de todos los participantes en el libro. Y sobre todo, y esto no voy a atribuirlo a ninguno de los tres, la mano de hierro de Manuel a la hora de imponer disciplina.

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En definitiva, todos mis temores se disiparon tras escucharlos, aunque se me quedó en el aire una pregunta que me hubiera gustado plantear a todos los nuevos escritores. ¿Se les habrá ocurrido incluir en la próxima cesta de Navidad un ejemplar del libro para que sus compañeros comprendan los malos tragos que pasan?

En fin, ahora sólo queda disfrutar del libro, que todos dicen que se lee de corrido.

PD.: Dicen que ya han empezado una segunda parte. ¿Será verdad? Que alguien nos proteja.

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