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Archive for 29 noviembre 2017

HAIKU

POR ALICIA GALLEGO

Un Haiku es un tipo de poesía japonesa que consiste en un poema breve de tres versos, sin rima, de 5,7 y 5 moras respectivamente, que se  pueden sustituir por sílabas cuando se componen haikus en otras lenguas. Suelen hacer referencia a escenas de la naturaleza o de la vida cotidiana, sin embargo, su característica más singular es la costumbre de construirlos en base a dos imágenes o ideas que el autor quiere relacionar.

haiku 01“El hombre

Que está labrando la tierra

Parece inmóvil”

Mukai Kyorai (1651 – 1715)

 

A menudo incluyen un Kigo que es una palabra o una expresión que indica la época del año al que se refiere el poema, y también un Haiga o pintura realizada para acompañar el haiku. Un ejemplo es esta creación de Matsuo Basho (1644-1694) monje budista considerado el padre del género, que concibió el haiku como un instrumento para el desarrollo espiritual.

haiku 02“Flores de cerezo en el cielo oscuro

Entre ellas

La melancolía florece”

Basho, es también autor de este poema considerado el más famoso que existe:

haiku 03“El viejo estanque  // “Furu ike ya //

Una rana ha saltado  // Kawazu tobikomu //

Ruido de agua”   // Mizu no oto”//

 

Haikus son composiciones muy visuales, se aprecian mucho mejor imaginando las escenas que sugieren:

haiku 04“Mil pequeños peces blancos

Como si hirviera

El color del agua”

Konishi Raizan  (1657-1706)

Y los siguientes de Matsuo Basho (1644-1694)

“La primera nieve

Las hojas de los narcisos

Apenas se inclinan” —

“Lluvia de flores

Un cuervo busca en vano

Su nido” —

“Se extingue el día

Pero no el canto

De la alondra” —

 

La poética del Haiku se basa en el asombro y la emoción. En este poema Basho el lector no consigue saber de qué se trata hasta llegar al final, cuya última palabra la siente como una bofetada.

“Vhaiku 05estido de escarcha

Cubierto de viento                                        

Un niño abandonado”

Otro famoso Haijin, o escritor de haikus, fue Kobayasi Issa (1763-1827)

“La mariposa revolotea

Como si desesperara

En este mundo” — 

“De no estar tú

Demasiado enorme

Sería el bosque”

 Y también Natsume Seibi (1749-1816)

 “El espantapájaros

 Parece humano

 Cuando llueve”

 

También hay mujeres haijines como Chiyo – Ni  (1701-1775) autora de este haiku nacido del sentimiento por la pérdida de su hijo pequeño:

haiku 06“El cazador de libélulas

¿Hasta qué región

Se me habrá ido hoy?”

Suzuki Masajo  (siglo XX):

“Una mujer sola

Se despierta y mira

La caja de luciérnagas”

haiku 07Hashino Tatsuko (siglo XX )

“Blancos los rostros

Que observan

El arco iris”

Kakimoto Tae (siglo XX) 

“Un ruido

Cavan una fosa

Detrás de las camelias”

También ha habido escritores hispanoamericanos atraídos por la cultura japonesa y sus haikus. Entre ellos tenemos a Jorge Luis Borges (Argentina 1899-1986)

haiku 08¿Es un imperio

Esa luz que se apaga

O una luciérnaga?

Mario Benedetti (Uruguay 1920-2009)

“Tiembla el rocío

Y las hojas moradas

Y un colibrí”

 

 Por último, a ver si acertáis  quién es el autor de este haiku

“Junto al agua negra

Olor de mar y jardines

Noche malagueña”

Pues sí, en efecto, el haijin es Antonio Machado (España 1875- 1939)

Se me olvidaba comentar un curioso tipo de haiku denominado Jisei. El Jisei es un poema de despedida, escrito en el umbral de su muerte por el propio haijin:

haiku 09“Ya revela su cara oculta

Ya la otra. Así cae                                  

Una hoja en otoño”

Ryokan (1758-1831)

 

Alicia Gallego, Noviembre 2017

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RAYMI (Antonio Llop. Madríd 1951)

Círculo Rojo Editorial

Reseña de Luis Marín

Teníamos pendiente, en nuestro blog, una reseña de la opera prima de Antonio LLop, del que él ha sido activo participe durante años. Y ya era hora de ponerse manos a la obra.

Raymi, la primera novela de nuestro amigo, nos introduce en el mundo de la banca, a veces oscuro, en el que el autor se movió durante su vida profesional. Pero este mundo es sólo la excusa para guiarnos por el camino de la búsqueda de la propia identidad, de la emigración obligada, de apostar todo a una oportunidad en un país próspero, sin la certeza de que se va a lograr el éxito.

Con una narrativa sencilla y cotidiana, el autor nos introduce en el corazón de la historia. Apenas en cinco capítulos, el lector puede llegar a pensar que ya está todo contado. Nada más lejos de la realidad. Un giro radical, en mi opinión, cambia el camino marcando el verdadero fondo de la novela. El personaje principal va conduciendo la historia por diversos lugares en Madrid, la ciudad donde transcurre la mayor parte de la trama.

Nuevos personajes dibujan un paisaje andino en pleno barrio de Lavapiés, caracteres peculiares que representan distintas tendencias sociales con el denominador común de su región de origen y la nostalgia grabada en su piel.

Una demostración del conocimiento del micromundo en que el autor sitúa la novela, las apariencias sociales a las que obligan el mantenimiento del estatus, la relajación de las normas éticas a las que conduce el rango social, y la lucha por el mantenimiento de las costumbres lejos del lugar de nacimiento.

En su lectura se reconocen lugares y ambientes del barrio de Lavapiés. En un paseo por sus calles, seguramente reconozcas las sensaciones narradas por Antonio.

Los sentimientos, la nostalgia, la necesidad de descubrir la propia identidad es el hilo conductor de una novela escrita con sencillez, sin florituras, cercana, bien ambientada y con alguna sorpresa que os invito a descubrir.

Una lectura relajante que puede despertar la curiosidad y que, seguro, hará meditar.

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Era de Madrid y murió en Madrid. Hoy 25 de noviembre de 2017 sería su 455 cumpleaños. Era hijo de una pareja de humildes campesinos y, por cuestiones económicas, no llegó a terminar el bachillerato. Pero escribió. ¡Vaya si escribió! Se trata de Lope de Vega y como homenaje recordamos en nuestro blog una de sus muchas frases célebres y un poema dedicado a la noche.

¡Felicidades, Lope!

  • No hay cosa más fácil que dar consejo ni más difícil que saberlo tomar.

Noche fabricadora de embelecos,
loca, imaginativa, quimerista,
que muestras al que en ti su bien conquista,
los montes llanos y los mares secos;

habitadora de celebros huecos,
mecánica, filósofa, alquimista,
encubridora vil, lince sin vista,
espantadiza de tus mismos ecos;

la sombra, el miedo, el mal se te atribuya,
solícita, poeta, enferma, fría,
manos del bravo y pies del fugitivo.

Que vele o duerma, media vida es tuya;
si velo, te lo pago con el día,
y si duermo, no siento lo que vivo.

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Por CARLOS CERDAN

A pesar de la nube de polución que nos cubre las tardes del taller no decaen.  Ayer empezamos con el concepto de velocidad sobre una idea de Ítalo Calvino: “La rapidez no pretende negar los placeres de la dilación”.

SisifoCarlos Cerdán trató, con dos relatos cortos El destino y La pregunta, de captar la esencia de la velocidad, pero se quedó en el intento. Hay que trabajarlo más.

“El niño coge la piedra. Es redonda, tan suave, que parece pulida y la lanza rodando montaña abajo. Sísifo, comienza a empujarla, de nuevo, cuesta arriba, en su infinita tarea”

Después, en Una sombra en la vereda, el relato de José Miguel da la voz a un árbol  que vive en la ladera de una montaña y escucha los tristes pensamientos de un anciano que se cobija bajo su sombra. Pasado un tiempo la nieta del anciano también se sienta a su sombra y desvela el final de la historia. Como en otras ocasiones, José Miguel se mueve con soltura dando protagonismo a seres inanimados. Ya esperamos impacientes más relatos suyos.

arbol“Al llegar a mi altura se pararon un rato al amparo de mi sombra. Él se sentó en el risco apoyando su espalda, y su cabeza pelirroja, contra mi tronco. Lloraba. Lloraba, no en silencio, sino dando rienda suelta a su amargura; ahí en la soledad de la ladera nadie le podía oír, excepto yo, claro, pero eso no cuenta. Entonces me esforcé en exagerar la escasa brisa moviendo mis ramajes para darle algo de alivio”

Y llegó Lourdes sobre La ola que, con su lirismo habitual, nos llevó a la orilla del mar para contarnos la historia de una mujer que va a nadar a diario y cada día se aleja más de la orilla en un ejercicio de superación. Un relato que mezcla la realidad con lo onírico, la ola cómo metáfora y todo llevado por la levedad.

ola (2)“La ola crece. Yo continúo nadando en dirección contraria. Me atrapa. Me sube. Duele la fuerza de su cresta en mi cuerpo. Cuando me deje caer me ahogaré. Pero no lo hace. Me sostiene allá en lo alto”

Pero ahí no terminó la tarde. En la última media hora las risas se deberían oír desde fuera del aula. La lectura dramatizada del grupo de la chirigota nos dejó una sonrisa de oreja a oreja, y eso que no está terminada.

Y eso fue todo.

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Por LOURDES CHORRO

Hoy ya no se lleva escribir a nadie una carta o una tarjeta. Hoy se envían por WhatsApp fotos sin una letra que explique dónde estás. Y luego cuando vas a verlas en la galería, el recuerdo se confunde entre tantas y tantas fotos apresuradas como si fuera la única manera de dejar constancia de que hemos estado allí. Yo prefiero llevarme en el corazón cada rincón de la ciudad que veo. No importa que no recuerde el nombre, la impresión que me producen no se puede reflejar en una foto de aficionado. Así podría contaros que sobrevivir a una moto en la calle Tribual me permitió exhalar un último suspiro ante el Cristo velado. En Nápoles, los escasos semáforos no sirven en verde ni en rojo, sólo sirven para estar ojo avizor del tráfico.

Chiostro di Santa Chiara
Chiostro di Santa Chiara

Con el velo de una lágrima en los ojos salí hacia Santa Chiara y el amarillo de sus azulejos los desveló. San Severo, tan difícil, y cuando llegas tan fácil de encontrar. San Gregorio Armeno, escondido entre tantos belenes que saboreando un gelato de limone no huelen a navidad. Ver pasar sobre tu cabeza un avión cada cinco minutos y tener que esperar  el autobús venti, trenta, quaranta minuti para bajar del Palacio de Capodimonte tan español. Los coches volando por las cuestas de la ciudad. Sentarte a contemplar la estatua de Dante sin fuerzas para escribirle ni una palabra. Dante rodeado de octoberfester birras y góticos looks. El Vesubio visible e invisible según se enarbolara la fusca napolitana. Intentar subir a la Cartuja de San Martino, y a San Telmo en el funicular aunque este está demasiado desgastado para subir y sólo desciende. Llorar ante San Genaro y “la santa Piccolina”. La caminata hasta El Castel Nuovo ese castillo que tiene cinco torres en vez de cuatro,  y en el que nada más cruzar su puerta principal apreciamos un fresco que representa la Plaza Mayor de Madrid. Quedarme varada como Parténope, la sirena que llegó casi ahogada desde Capri a las rocas del Castillo del’Ovo… La Piazza Plebiscito y la herencia española del palacio Real. El teatro de ópera más antiguo del mundo y sus espejos que ya no aplauden al ritmo de los reyes. El Nápoles subterráneo y la cisterna romana.

Mural en Herculano
Pintura en Herculano

Y antes de terminar la ruta turística no paséis por alto Herculano. Todos los turistas se bajan en Pompeya y se olvidan de él. Y si os queda tiempo no dudéis en ir a respirar el azufre de las fumarolas del Volcán de la Sulfatara eso sí antes de la puesta de sol.

Imposible no hablaros de las tratorías regentadas por hombres que tienen detrás la foto de la nona o la mamma que les enseñó las artes culinarias. La sencilla pizza margharita, la reina de las pizzas napolitanas, tan centenaria y tan irresistible. Tricolore come l’Italia. Todo esto es el revelado que mis pupilas trajeron de Nápoles. Una alegre tarantela o una apasionada cancioncilla de amor, el azul melancolía que transpira la ciudad. La belleza que va creciendo día a día a medida que descubres sus rincones. El golfo que cambia de color como si supiera de días rosas y días grises. El tiempo que allí se detiene y tropieza con los baldes que suben y bajan por los edificios para recoger la compra. Erri de Luca dice que en Nápoles el tiempo se llama oportuno, como en español, porque Nápoles ha tenido siglos españoles… y en ella los segundos son mucho más lentos que el tictac de los relojes que quieren medirlos.

De su cocina hay que probar La impepata di cozze, Spaghetti ai frutti di mare, parmigiana di melanzane, una perdición para los que nos gustan las berenjenas. Y de los dulces que he probado por cuál decidirme: Il babá al rum para los amantes de lo emborrachado,  le sfogliatelle, el hojaldre hecho delicia, la pastiera, Gli struffoli, il ministeriale…

De sus escritores me confieso desconocedora. He leído que Roberto Saviano se inspira en el barrio de Scampia. Que muchos protagonistas de Elena Ferrante o Anita Raja son tan napolitanos como las descripciones y sensaciones de sus calles. Que Giuseppe Montesano en “De esta vida mentirosa” hace una metáfora bestial de la ciudad.

El poeta y dramaturgo alemán, Goethe cuando hizo su primer viaje a Italia, de todo lo que vio, la ciudad Partenopea fue la que permaneció en su corazón. Aquí, aseguró, cualquiera puede disfrutar de todas las pequeñas alegrías de la vida. Escribió en su libro Viaje a Italia. “Uno puede decir, contar o pintar lo que quiera, pero lo que hay aquí supera a todo lo demás … Les disculpé a todos los que perdieron la razón en Nápoles …Y de igual modo que se dice que alguien al que se le ha aparecido un espectro ya no vuelve a ser feliz, podría decirse también a la inversa que aquél que piensa una y otra vez en Nápoles ya no podrá nunca ser del todo infeliz”. Y cita este conocido refrán: ‹‹Vedi Napoli e poi muori, dicono qui››   “¡Ve a Nápoles y luego muere, dicen aquí!”

castel nuovo

Castel Nuovo

Otros aseguran que el origen de este refrán  es que Nápoles era el destino preferido de los que sufrían por amor pero su recuerdo siempre estaba allí y reaparecía en el momento de irse de la ciudad. Muchos de estos desdichados amantes morían de sufrimiento. La bruja Razziella, que lo había padecido, se compadeció de ellos y creó un vino rojo como la sangre que mágicamente hacía olvidar todo, incluido el amor.  Los dichos siempre se basan en esa sabiduría popular que sale de las entrañas y aunque no lo haya escrito un literato no deja de ser bonito.  La belleza y el amor suelen ir unidas. La pena por abandonar lo bello. Sufrir por la pérdida a la que somos tan dados.

Como diría Lamartine en “De Madrid a Nápoles” ¿Qué nos importa morir si hemos vivido cuanto puede vivirse: si hemos gustado en un solo instante todas las delicias de la tierra?

Y así algo de mí seguro que se habrá quedado entre el laberinto de sus calles tan estrechas algunas,  que los balcones se tocan, en sus pendientes, en el entretejido de las cuerdas con la ropa colgada,  en esos pasadizos minúsculos donde el zigzag de las vespas sortean como en un eslalon cajones de fruta, de pescado callejero y a peatones.  Y seguro que también algún fragmento de mí permanece en su envolvente bullicio, en esos altares que pueblan cada esquina, en la música y el teatro callejero, en el colorido de la estación del metro de la universidad, y en ese delicioso chocolate del que confieso que no logro superar su síndrome de abstinencia.

Y es que “Vedi Napoli e poi muori”

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Más de quinientos relatos han participado en el concurso de historias del Día de Muertos en México, patrocinado por Iberdrola, dotado con 3.000 euros en premios y con un jurado formado por los escritores Ángeles Mastretta, Gabriela Guerra Rey, Espido Freire, Jorge Zepeda Patterson, Élmer Mendoza y Xavier Velasco, con Miguel Munárriz como secretario. Tenemos el orgullo de comunicar en nuestro blog que el primer premio, de 2.000 € en metálico, lo ha ganado nuestro compañero de la asociación PRIMADUROVERALES Diego Rinoski, por Esta es la historia de Simona Hurtado. El segundo premio, de 1.000 €, ha recaído en César García Fernández por Feliz día de los muertos.

historiasdelosmuertos1

A continuación el relato de Diego Rinoski.

Esta es la historia de Simona Hurtado

Diego Rinoski

El 1 de noviembre de 1973, Otto Günther salió a pasear camino del Puig Morell y nadie sabe cómo, pero acabó despeñándose por un barranco. Otto Günther era un alemán que llevaba siete años viviendo aquí, en el pueblo, y disfrutaba de su jubilación en una bonita casa rodeada de palmeras y fuentes con peces de colores. La mayoría de los vecinos lo conocíamos de vista, y aquellos que tuvieron el valor o la curiosidad de acercarse al lugar del accidente, contarían más tarde que lo encontraron con la cara cubierta de sangre, y los brazos y las piernas del revés, igual que una marioneta; y también contaron que de pronto apareció una mujer que no habían visto nunca, y que sin apartar la vista del cadáver, esa mujer dijo: ahorita se lo lleva la huesuda, no se me achicopale, hombre; y que lo dijo así, como hablándole al propio muerto, y que nadie se atrevió a añadir nada más. Entonces muy pocos sabían que esa mujer era Simona Hurtado. Yo estaba en la plaza, sentado en la puerta del bar de mi abuelo cuando, unos días antes de que esto ocurriera, la vi bajar del autobús. No traía equipaje y llevaba puesto un sombrero de paja y un vestido rojo de volantes. Era Simona pequeña y robusta, y tenía la cara redonda como un pan. Una trenza de pelo negro le caía por la espalda hasta casi tocar el suelo. Se me acercó y antes de entrar al bar me preguntó si allí servían tequila, y yo le contesté que solo había vino o aguardiente, y entonces ella dijo: el fuego, chavo, no más que busco el fuego. Esas fueron sus palabras.

La presencia de Simona Hurtado en el pueblo incomodó a muchos vecinos. Simona no se parecía en nada a los extranjeros que venían a vivir aquí, todos altos y rubios, y con los ojos azules. Muchos de ellos, como Otto Günther, se habían construido una casa a las afueras para que nadie les molestara. Mi abuelo decía que eran educados y dejaban propina, pero que con la gente del pueblo no querían cuentas. Y llevaba razón. Simona Hurtado, en cambio, no tenía nada, y nadie sabía con certeza a qué había venido, además, siempre estaba en la calle, dormía en un granero abandonado, y si alguien le daba una peseta corría a gastársela en aguardiente. Una vez se subió a una silla del bar y cantó México lindo y querido, aunque la mayoría de las noches nos contaba historias de fantasmas, y entonces los clientes se callaban para escucharla, y después de cada historia, nos juraba por la Virgen de Guadalupe que todo lo que había contado había ocurrido de verdad, allá en su tierra, pero eso nadie se lo creía. Lo que sí es cierto es que una mañana mi abuelo estaba abriendo el bar, y que de pronto apareció por la plaza Simona Hurtado y le dijo a mi abuelo que se fuera a velar a su esposa, y él al principio no la entendió porque acaba de ver a mi abuela sentada en su butaca zurciendo calcetines, pero Simona se lo volvió a repetir, y entonces mi abuelo se fue para adentro y encontró a mi abuela muerta, y no zurciendo calcetines como él pensaba.

Con el paso del tiempo, entre una cosa y otra, Simona Hurtado acabó labrándose en el pueblo cierta fama de bruja, una fama que no hizó más que agravarse cuando al año siguiente, también en el día de Todos los Santos, otro vecino llamado Kurt von Hellermann apareció ahogado en su piscina. Y es que a veces las casualidades asustan, pero asustan todavía más si dejan de parecer casualidades, y eso fue lo que ocurrió, porque al año siguiente falleció Helmuth Drossel, también el 1 de noviembre, en un accidente de avioneta; y al año siguiente fue Hans Loerzer, un infarto fulminante; y al año siguiente le llegó el turno a Emil Müller, en el mismo día que los anteriores, devorado por sus perros de caza; y al año siguiente le tocó al doctor Josef Lutz, atragantado con un hueso de pollo; posiblemente la muerte más triste y estúpida de todas, aunque también fue la que puso en alerta a las autoridades. Cuatro furgones de la Guardia Civil aparcaron en la plaza aquella misma tarde para interrogarnos a todos. Me preguntaron por el doctor Josef Lutz, si le conocía de algo, si tenía enemigos, si sabía de alguien que pudiera estar detrás de las otras muertes. También me preguntaron si creía en las maldiciones. Y yo les contesté que no, que aquellos hombres habían tenido mala suerte y punto. Pero al caer la noche, los guardias se reunieron en el bar de mi abuelo a deliberar, y allí bebieron vino y aguardiente, y cuando el bar se quedó vacío y andaban medio borrachos, empezaron a hablar a grito pelado, y así fue cómo me enteré de que todos los que habían muerto el 1 de noviembre, desde la fatídica caída de Otto Günther, eran antiguos miembros de la Gestapo, excombatientes del ejército nazi o amigos íntimos del Fürher. En cualquier caso, ya no eran nada. Por la mañana temprano, los guardias recogieron las tiendas, pero antes de marcharse atrancaron la puerta del granero donde dormía Simona y le prendieron fuego. Mi abuelo y yo salimos a la puerta del bar cuando nos enteramos, y ya no había llamas pero sí podía verse una gran columna de humo a lo lejos. Entonces pensé en lo que había dicho Simona sobre el fuego la primera vez que hablé con ella. Cuando suceden cosas difíciles de explicar alguien debe pagar las consecuencias, sentenció mi abuelo, y a eso precisamente, creo yo, había venido Simona Hurtado desde tan lejos; culpable o inocente, ella nos libró de nuestro propio miedo.

Diego de la Fuente Alcocer, conocido como Diego Rinoski, es miembro del taller de creación literaria de la asociación PRIMADUROVERALES. También es uno de los autores integrantes del blog Cuentos como churros.

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Por OLGA TORRALBA

Aún no lo sabíamos, pero la tarde  de este jueves  iba a estar pasada además de por letras,  por agua…

Rios.pngSaltó a nuestros oídos el ruido del agua corriendo entre las palabras del relato/reflexión de María Jesús, EL RÍO DE LA VIDA, escrito “por encima del cuento”. En él nos quedamos a pensar sobre la permanencia de lo que fluye,  pierde, y gana velocidad, el cambio y  lo estanco. Y se va…No sirve quedarse quieto porque las cosas siguen.

“Esa es su naturaleza. Y que, navegar sobre sus aguas, no significa amar menos al cauce. Al fin y al cabo, está claro que el cauce le da sentido. Aunque, para ser completamente honesta, tampoco es permanente.”

gasolineraCerró Luis Marín una gasolinera con protector CRISTAL BLINDADO en el que el personaje de un operario perfectamente dibujado en pocas líneas, por fin se siente a salvo, y  refugia con él de la tormenta de agua y truenos a una bella mujer. Rayos, engaños y muertos no parecen ser suficientes elementos para un público entregado que le pide más daños colaterales, tiros que reboten en el cristal que le protege, más angustia en un final más lento.

“Vi la escopeta de mi jefe apoyada en un rincón. La saqué de la funda y comprobé que estaba cargada. Estaba decidido a acabar de una vez por todas con ese ataque, esta vez no me iba a amilanar como en ocasiones anteriores. ¡Ya estaba bien! Además estaba ella, la tenía que proteger.”

gatos.pngSiguió Carlos Cerdán a un gato al que le faltaba algo, como al protagonista de tan interesante relato donde no pasa mucho, pero sí pasa. UN GATO Y UNA HABITACIÓN te lleva por donde el autor quiere y te hace pensar y sentir desde dentro de ese desconcertado personaje que no sabe qué le ocurre hasta que… Ahí está la fuerza del relato.

“La luz de la mañana va filtrándose por el dormitorio. Miro su hombro desnudo y dibujo, sin tocarlo, su perfil. Laura, Laura, repito su nombre mentalmente. Sé que es mi mujer, hay  fotografías de boda por toda la estancia, pero no consigo recordar desde cuándo o cómo la conocí. En mi cabeza, el pasado es una bruma densa y constante. Permanezco un rato inmóvil y, de repente, siento un intenso deseo de abrazarla. No me atrevo.” 

cucarachaLlenó Carlos Valle-Inclán el aula cada vez con más cucarachas. Salían de alguna parte entre los rincones de la vida de un matrimonio en su relato FOCO DE INFECCIÓN aportando un claro simbolismo al cuento, a las relaciones, a los finales. Carlos en su línea, sutil y contundente nos deja un relato en el que la podredumbre entra por un hueco descuidado, por las bajantes. La audiencia le pide más plaga inundando al personaje más pasivo.

“No sabía de dónde venían ni por dónde entraban. Revisé todos los recovecos de la casa, pero no encontré nada. Algo estaba mal. Max solo me respondía con silencios o con algún estás obsesionada cuando le decía que algo debía hacer, que si yo veía una más, me iría de casa.

Y así seguimos un tiempo, no sé si fueron días o semanas, pero de lo que sí estoy segura es de que la presión en el pecho no remitía. Sentía que en cualquier momento volverían a aparecer.”

pinguinosCongeló el tiempo que no vuelve Juan Santos en EL PINGÜINO EMPERADOR. Un padre que por motivos laborales estuvo ausente de la crianza cotidiana  de sus hijos se lamenta porque no se identifica con este glacial animal, de un ambiente tan frío y sin embargo tan cálido con sus crías.  Un cuento muy bien escrito a quien los compañeros le piden un fuerte detonante que dé lugar a esa reflexión.

 “El trabajo me ocupaba todo el día y cuando llegaba a casa, ya estaban en sus camitas, abrazados a sus peluches. Además, me decías que los besara sin despertarlos porque habían dado mucha guerra. Bendita guerra. Sabe Dios los detalles pequeños que me perdí.”

“Un domingo por la mañana, quise acariciarlos como tú, pero ya se habían integrado en la colonia y correteaban alegres para sumergirse en las gélidas aguas del océano.” 

Y así, como al principio de la tarde…acabamos de nuevo en el agua.

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Entrevista de Francisco Plaza Nebot

José Miguel Espinar es de esas personas de las que uno se enorgullece de ser amigo. Alguien que no le conociera bien diría que es tímido; pero ¡qué va! Es prudente, eso sí, y con un fino sentido del humor que hace de su conversación una agradable y divertida experiencia. De sus relatos suele rezumar una atmósfera mágica que contrasta con su vida laboral enmarcada por la tecnología.

Es un valioso colaborador en las actividades del taller y siempre aporta su inteligencia y saber hacer en asuntos relacionados con el blog o el concurso Madrid Sky.

Se incorporó al taller en el curso 2013-2014. Fue Fernando López-Díaz quién nos lo presentó. Desde luego, con amistades de tal calidad no sorprende que José Miguel Espinar sea un “buen tipo” y un excelente amigo.

¿Quién es Jose Miguel Espinar?

Me críe en el seno de una familia agricultora, en la provincia de Málaga. A los diecinueve años me trasladé a Madrid para iniciar los estudios de lo que por aquél entonces era una incógnita (año 1975): la informática. Así que pasé de un entorno muy ‘analógico’, acostumbrado a ayudar a mi familia ‘detrás de un arado’, a uno muy ‘digital’, para estar detrás de un ordenador.

Últimamente, y con una enorme ilusión, aprendo a escribir en este estupendo taller literario.

Viniste de la mano de nuestro añorado Fernando. ¿Qué te dijo tu amigo para convencerte de venir al taller?

Necesitó poco. Me habló sobre que me vendría bien cambiar un poco mi ‘chip’ mental, porque entendía que me aportaría mucho asistir a un taller de estas características. Nunca se lo agradeceré bastante.

¿Qué impresión o recuerdo tienes de tu primer día en la buhardilla de la Casa del Reloj a finales de 2013?

Fue una llegada muy interesante. Yo andaba muy expectante por ver la dinámica del taller. Tuve oportunidad de atender a las primeras lecturas de los compañeros y de las críticas posteriores. Si quieres que te sea sincero, me sentí como en casa, como si ya llevara tiempo asistiendo. Supongo que tiene que ver en ese sentimiento la calidad humana (después también supe que literaria) de los que por ese entonces formabais el taller.

¿Cuál fue el primer libro que leíste?

A los diez años, hasta entonces solo tebeos y lecturas infantiles. Cuando ingresé en un internado para iniciar el bachillerato, un campesino y vecino, aficionado a la lectura y la cultura (siempre hay alguien así incluso en los espacios menos propicios), me prestó las 20.000 leguas de viaje submarino para que me lo llevara conmigo. La experiencia del viaje acompañando al capitán Nemo perdura. Y a aquel vecino nunca lo olvidé. Me abrió esa gran ventana que te libera y que te muestra el universo de la imaginación.

Últimamente te haces mucho de rogar y disfrutamos de tus relatos muy de tarde en tarde, ¿o escribes más de lo que nos enseñas en el taller?

Tienes razón. Llevo un tiempo que escribo poco para el taller. Lo que ocurre es que últimamente produzco (y posteo) sobre temas que no son precisamente literarios. Temas que me apasionan y a la vez me preocupan. Tienen que ver con los cambios y transformaciones que se están produciendo en la sociedad derivados de la eclosión de nuevos conceptos de base tecnológica y científica que están teniendo y van a tener un tremendo impacto sobre la sociedad en general y sobre la fuerza laboral en particular. Esto me ha distraído un poco. Espero volver con nuevos relatos en breve.

¿De qué relato tuyo te sientes más orgulloso?

Pues quizá de dos relatos que consiguieron el reconocimiento de vosotros cuando los votasteis. El primero aquel ‘Reloj de plástico’ que leí en el concurso navideño de 2014. El segundo ‘La discreta huella de una gota de lluvia’, un relato que preparé para el evento de cuentos de viajes que organizamos en mayo de 2015 en la Ciudad Invisible.

A mí me gustó mucho un micro relato tuyo llamado “Tertuliando con dragones”, era para un ejercicio en el que había que incluir diez palabras. Parece que te sientes más cómodo cuando nos ponen más restricciones a la hora de escribir un relato ¿es cierto?

No lo había pensado, pero igual sí. Las restricciones posiblemente me ayuden a acotar y focalizarme mejor. En cuanto al microrrelato al que aludes fue un reto personal, incluir en un texto de no más de cinco renglones las diez famosas palabras y que el texto tuviera sentido. Me alegra que te gustara.

¿En qué momento empezaste a escribir? ¿Solo escribes relatos?

Salvo algún ejercicio durante los estudios de bachillerato, en las clases de lengua y literatura, no recuerdo haber escrito nada antes de mi llegada al taller. Le he de agradecer, una vez más, a Fernando que me introdujera en este mundo literario. He tenido que elaborar muchos documentos a lo largo de mi vida, pero no precisamente literarios. Lo que sí he tenido es que hacer esfuerzos importantes en utilizar bien los mecanismos para una comunicación efectiva y limpia. Quizá esta habilidad me ha ayudado a entrar, pero como principiante, en este mundo. Ahora bien, nada que ver cuando tienes crear un texto literario de una mínima calidad.

¿Qué pensaste al terminar tu primer cuento?

Pues que era muy superficial, pero era lo que me salió. Lo presenté a sabiendas que era flojo. Ya había leído y oído textos, entre otros de Manuel o Jose y ya te imaginarás. Pero me animé para probarme y porque sabía que al ser el primero no me ibais a ‘castigar’ mucho con las críticas, ya que esa era por entonces, y sigue siendo, la ‘amabilidad’ de los miembros del taller con los nuevos.

¿Cómo fue para ti la primera lectura de un relato tuyo en el taller?

Pues que me puse muy nervioso. Piensa que por mi profesión a menudo he tenido que hablar en público, incluso ante audiencias numerosas. Pero la experiencia de leer algo mío ante vosotros, en la buhardilla, me produjo un efecto inesperado, se me secó la garganta y no pude leer más allá de un par de párrafos. Al quite Fernando, que se puso a leerlo son su habitual maestría. Tardé algunos relatos más en ‘echarme palante’ y leer mis propios textos.

¿Cuál es tu técnica para escribir, tienes algún sistema que te ayude? ¿Aplicas las enseñanzas de Pura?

Las enseñanzas de Pura siempre me han servido, cómo no. También las críticas que habéis hecho sobre mis relatos y las del resto de compañeros. La enseñanza mayor, no obstante, es un comentario de Pura acerca de encontrar el ‘tono literario’ en cada texto. Una vez que dominas más o menos las técnicas y los recursos, creo que el reto está ahí. He aprendido que un texto correcto desde el punto de vista técnico puede ser fútil sino alcanza ese tono.

Aún no he desarrollado una técnica ni un método concretos. Quizá lo que he notado es que los mejores textos que he producido me salieron casi de seguido (con las revisiones necesarias a posteriori); cuando no ha sido así, me ha costado poner en pie la historia con una mínima calidad. También he notado que me fluye mejor la historia cuando creo personajes no humanos (aunque humanizados), como el reloj o la gota de lluvia.

¿Te parecen interesantes los análisis de los textos que hacemos en el Taller? ¿Cuál de ellos te ha gustado más?

Posiblemente estos análisis, al menos hasta ahora, han supuesto una de las mayores fuentes de mi aprendizaje literario en el Taller. Entender algo que parece obvio, por qué algunos clásicos son eso, unos clásicos. La capacidad de apreciar el talento creativo que reside entre las líneas de cada texto de los que hemos analizado me han hecho disfrutar.

¿Hay algún relato o algún día en el taller que recuerdes especialmente?

Cualquiera de ellos, pero si he elegir uno, me quedaría con ‘Los Muertos’ de Joyce. Siempre he tenido dificultad para leer y entender a este autor. Especialmente los esfuerzos para enfrentarme a su Ulises. Como sabes existe un cierto problema para entender una obra como esta al estar traducida a otras lenguas. Puede ser que se pierda bastante del sentido de muchas expresiones. Por eso, cuando se hizo el análisis de este relato, me sentí especialmente bien por conseguir sobrepasar personalmente esa barrera de comprensión.

¿Qué es lo que más te gusta de nuestro taller?

Creo que he lo venido explicando a lo largo de algunas respuestas, pero por resumir y al margen de lo literario, lo que más gusta es el grupo de personas que conforman el taller. Las más antiguas y las incorporaciones progresivas. Piensa que somos un grupo muy heterogéneo pero que está perfectamente integrado en un excelente clima. Esta cualidad se debe, de una parte, a la calidad humana de los miembros y, sobre todo, a la dinámica histórica en que se desenvuelven las clases, las crónicas del blog como ‘cuaderno de bitácora’ de nuestro quehacer semanal, y, claro está, las cervezas de después que ayudan a este buen ambiente.

Haré énfasis en la normalidad con la que se integra cada nuevo miembro. Sin ir más lejos, fue lo que sentí yo cuando llegué, una hospitalidad natural por parte todos.

¿Cuáles son tus autores favoritos?

No tengo autores favoritos, por lo general. Soy más de obras concretas que me gusten especialmente. No obstante, de los que más he leído su obra es un casi paisano (él es jienense, yo malagueño), Antonio Muñoz Molina.

Recomiéndanos un par de libros.

Dos libros memorables para mí pueden ser, primero, ‘Bella del Señor’ de Albert Cohen. Esta obra la leí en los ochenta, durante un verano. Es una obra difícil, pero a mí me dejó huella. Me vino a la memoria cuando en el taller estábamos trabajando sobre el fluir de la conciencia y el pensamiento interior. Tiene páginas enteras con estos recursos, sin puntación, y nunca te pierdes.

La otra obra, que la releí hace poco, es ‘The catcher in the rye (El guardián entre el centeno)’ de J.D. Salinger. Por cierto, en esta segunda lectura ya sabía algo sobre el ‘narrador intradiegético’. Cosas de la vida.

Un momento del Taller con Fernando López-Díaz a la izquierda

Fernando ha sido un ejemplo para todos nosotros estos últimos años, por su sentido del humor, por su firmeza, su forma de afrontar la enfermedad, su incomparable voz. Tú tuviste un contacto mucho más prolongado con él ¿qué ha aportado a tu faceta de escritor?

Pues efectivamente, tuvo mucha influencia en que yo empezara en esta aventura nueva para mí, como ya hemos apuntado al principio. Y como era de tan directo resultaba ser un crítico de primer nivel. Su sinceridad era aplastante y eso vale mucho. Una vez cuando me votasteis un relato mío en el taller me dijo muy orgulloso que él ya sabía que yo podría escribir. Aquí se le notó el peso de su amistad por encima de su voz crítica.

¿Hay algo más que quisieras añadir a esta entrevista?

Pues poco más, salvo que estoy muy orgulloso de ser ya un ‘Primaduroveral’ con todas las de la ley y también, cómo no, que haya sido Paco Plaza el que me haya hecho esta entrevista. Me gusta mucho lo que escribes y tu actitud colaborativa y proactiva en el día a día del Taller. Ha sido todo un placer.

El placer ha sido mío. Muchas gracias Jose Miguel.

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Por Juan Santos

Dicen que el cambio de la hora afecta a los niños y a las personas mayores. Los primaduroverales que se consideren dentro de este segundo grupo, tal vez sintieran ayer, lo mismo que sentí yo a la entrada de clase. Eran las siete como todos los jueves, pero con una diferencia muy importante: era ya de noche en Madrid. Y eso marca.

Por eso me fue tan fácil sumergirme en el relato de José Sainz de la Maza, ambientado en la noche neoyorquina en el cruce de la Avenida Lexington con la 52.

“Ya veis, cualquier cosa puede suceder en Nueva York. Por ejemplo que en plena noche un borracho te dé voces con una botella en la mano y tú sigas tu camino. Alejándome de él, me volví un instante y alcé el pulgar en señal de aprobación, como dicen que se hacía en los circos romanos, y el borracho gritó de nuevo, aunque ahora no pude entender lo que decía, y luego hizo el mismo gesto que yo, pero con el pulgar hacia abajo”.

MarilinEfectivamente todo puede pasar en Nueva York. Incluso que a un viandante rico lo asalte, a media noche,  un delincuente borracho. Y puede pasar que en su inconsciencia entre la vida y la muerte, tenga la dicha de soñar con la misma Marilyn Monroe caminando por la rejilla del metro, mientras el paso del tren de la línea 6, levantaba su falda al viento.

Gracias, Jose. Fue un placer visualizar con todo detalle, las mieles de esta escena  al aire libre.

Dando un giro de ciento ochenta grados, Carlos Cerdán nos llevó a un lugar cerrado, donde el muerto estaba bien muerto y tanta gloria lleves como descanso dejas, diría su familia. Bajo el título de La vida avanza, Carlos utiliza, con gran acierto, el símbolo de la sombra para contarnos la pesada carga que ha supuesto el fallecido sobre su mujer y sus dos hijos a lo largo de su vida.

pesadumbre“Como una fina lluvia, que apenas se nota, una serie de recuerdos van calándome. Cuando me doy cuenta estoy empapado. Y surgen las mismas preguntas que me hice durante un tiempo y nunca supe responder. Y ahora, en tu presencia, entiendo que no era yo quien debía contestarlas, pues las respuestas las tenías tú” 

El hijo que siendo adolescente había abandonado el hogar, huyendo del padre, vuelve a su lecho de muerte, más que para despedirse de él, para congratularse con su madre y con su hermana.

Acabado el funeral, Paco Plaza tuvo la valentía de meterse en la piel de una chica madura con ganas de marcha, para contarnos en primera persona su experiencia sexual. El trisquel que da título a su relato, es un símbolo celta, que entre otras  reseñas, representa el lado oscuro de la sexualidad. Un vicioso galán lleva a nuestra protagonista a su casa, y la embarca en una silla Fuleju. Todo se frustra cuando un lamentable suceso, deja al hombre muerto y ella queda atada de pies y manos en la máquina sin opción a soltarse.

trisquel“Pero ¿quién me va oír?  ¿Qué hay en el techo? Si es un dibujo como el de mi colgante, ¿cómo dijo que se llamaba? Trisquel. En la pared hay otro. ¿Y qué narices significará? ¿Y qué le habrá dado?¿será culpa mía? Sí, le ha dado el parrus justo cuando he abierto las piernas delante de su cara, ¿tendré algo raro ahí? ¡Bua! Me va a dar igual” “¿cómo van a averiguar que estoy aquí? Si ni yo tengo ni idea de donde estoy. Además ¿cuánto puedo durar aquí colgada?”

Un vez más, Paco nos hizo pasar un rato de risas por la situación “cómica” de su personaje.

Y llegó la hora de la poesía: Yolanda nos leyó, con su mejor sonrisa, un par de poemas de la macabra poesía de Tim Burton. He aquí una muestra:

“Por ahorrarnos las demanda // la llamaremos Amanda // (o la que encuentra contento esnifando pegamento)”.

“Su juguete preferido era una lata de aerosol // se sentaba en silencio y la agitaba y rociaba todo el día.

Permanecía en el interior del garaje en la madrugada helada // esperando que encendieran el carro y lo llenera con el escape”.

salomonPor último, retomamos el relato de Carlos sobre el Juicio de Salomón, que quedó pendiente del desenlace de la semana anterior. Al final, después de las alegaciones, los dos niños salen vivos como reza el Antiguo Testamento. Carlos con su forma particular de ver la historia, nos deleitó con esta versión particular del juicio cargada de humor y de ingenio.

Aún nos quedó tiempo de reunirnos los tres grupos de teatro, para cambiar impresiones y avanzar en nuestras correspondientes tareas. De esto, nada transcendió.

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¿Sabías que en pleno Camino de Santiago hay una fuente de la que brota vino? Está situada en el municipio de Ayegui, tras dejar Estella un par de kilómetros atrás, en una etapa que muchos peregrinos recorren desde Estella hasta Los Arcos. La fuente está construida en uno de los muros de las bodegas Irache y da justo al camino, ofreciendo de este modo su vino gratuitamente al peregrino con un cartel que reza: “Peregrino, si quieres llegar a Santiago con fuerza y vitalidad, de este gran vino echa un trago y brinda por la felicidad”. Para evitar excesos la fuente dispone de una web cam y de algunos carteles que avisan de que el vino que brota del caño es para consumir en el lugar, y no para llevárselo.

El quinto libro del Códice Calixtino, conocido como la primera Guía del Peregrino de Santiago de Compostela (Iter pro Peregrinis ad Compostellam) ya se refería a la zona en la que hoy se encuentra la fuente del vino como “tierra de buen pan y óptimo vino”. Este Códice, escrito en el siglo XII,  se guarda en el Archivo de la Catedral de Santiago de Compostela. Fue robado en junio de 2011, pero el año siguiente la policía lo encontró intacto en una aldea próxima a Santiago. Actualmente existe una propuesta para convertir esta joya medieval, que podría adquirir en el mercado un valor de varias decenas de millones de euros, en “Memoria del mundo” de la UNESCO.

El entorno es una maravilla, pues al otro lado de la calle está situado el Monasterio Benedictino de Irache (Iratxe en euskera/vasco), cuya construcción comenzó en el siglo XI, y al que se fueron añadiendo otros edificios de estilos románico, renacentista y barroco. Este monasterio fue el primer hospital de peregrinos de Navarra (los hospitales eran un mixto de hospedaría y de cuidados médicos y religioso). Está deshabitado desde el año 1985, aunque se conserva en buen estado y tiene un horario de visitas para el público.

La leyenda de San Veremundo

Como todos los sitios mágicos el monasterio de Santa María la Real de Irache cuenta con su leyenda. San Veremundo (1056-1098) era un monje benedictino que actualmente es venerado como santo por la iglesia católica. Fue abad de Irache y acostumbraba a llevar comida escondida bajo el hábito para los peregrinos hambrientos que paraban en el hospital. Se saltaba de esta manera las normas de la congregación. Lo asombroso sucedía cuando se le obligaba a levantarse las ropas y mostrar los alimentos que ocultaba, pues entonces la comida se convertía en flores o leña. Siendo así, no es de extrañar que San Veremundo se convirtiera en santo, aunque la leyenda cuenta también que un día recibió a un grupo de peregrinos, a los que preguntó sobre sus vivencias en el Camino. Estos no pudieron o no quisieron responderle, por lo que San Veremundo se enfureció y los convirtió en molinos de viento, de tal modo que girarían constantemente, pero nunca llegarían a ninguna parte.

¿Pero cómo es el vino de las bodegas Irache?

La zona, como decía el Códice Calixtino, es apta para la elaboración de vinos de alta calidad. Esto es posible por su diversidad climática y por su orientación con influencia atlántica. Los vinos tienen identidad propia, bien preparados para aguantar el paso del tiempo, y son elaborados con uvas tintas Tempranillo, Garnacha, Cabernet Sauvignon, Merlot, Graciano, y Mazuelo, y con uvas blancas Viura, Chardonnay y Malvasía. Pertenecen a la denominación de origen Navarra, subzona Tierra Estella. La bodega cuenta con más de 150 hectáreas de viñedos propios. En la cava se guarda una colección privada de cosechas excelentes, la más antigua de 1933. También posee una espectacular nave de crianza con capacidad para 10.000 barricas de roble, formada por arcos de medio punto, que dan un ambiente severo y misterioso, como corresponde al entorno.

Los vinos tintos presentan un bonito color rojo granate con un ligero ribete rubí y tienen un intenso aroma afrutado, que se nota al tomarlo en boca. Los vinos blancos tienen un color amarillo pajizo con destellos de verde, también con sabor afrutado. Por último, no menos importante, la relación calidad/precio suele ser muy buena. En definitiva, una botella de vino de las bodegas Irache será siempre un recuerdo excelente de nuestro paso por el Camino.

 

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