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Archive for 30 junio 2018

Por: Luis Marín

¡Se acabó! La temporada, que proyectos ya hay alguno.

El colofón, como de costumbre, la cena que celebramos todos los primaduroverales en activo o en la reserva, que tanto da. Cena con la resaca de la quinta edición de nuestro concurso literario Madrid Sky. ¡Cinco ediciones ya! Y pensando desde el mismo momento que nos subimos al autocar en la sexta. ¡Puf!

Iniciamos el curso con alguna baja por motivos personales que deseamos se reenganchen en cualquier momento. Ya saben que las puertas están abiertas.

El año ha sido un poco atípico en lo que se refiere a factores externos que no se pueden controlar y que han provocado vaivenes en la asistencia y en el trabajo. Pero también se han producido incorporaciones, algunas temporales que muy probablemente se conviertan en permanentes. Eso lo dirá el tiempo y las obligaciones.

Comenzamos el curso con un nuevo proyecto interno, organizar una pequeña pieza teatral para representar en algún momento del curso. Se eligieron tres temas y se formaron grupos para ello. Había que, entre los componentes de cada grupo, escribir un texto teatral en un acto de una duración aproximada de quince minutos. Los grupos eran: Comisaría de policía, Taller de yoga y Chirigota. Nos pusimos a ello con la duda de que había papeles asignados a compañeros que en aquel momento no asistían al taller. Se elaboraron primeras versiones, pero la realidad puso freno y hubo que parar el proyecto por algunas dificultades externas a las que aludía al inicio de esta crónica.

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Pero el proyecto no está cerrado, ¡ojo! Lo retomaremos, seguro, con esos temas o con otros, pero hay voluntad para seguir.

Otra novedad fue leer un poema cada inicio de clase. En esta ocasión fuimos más constantes y, aunque no todos los días, la poesía ha estado presente a lo largo de la temporada.

Y llegó el primer ejercicio: “Relato en primera persona un espacio exterior reducido y urbano. Una sola escena. Un tema contundente”. Como ejemplo un cuento de David James Poissant “100% algodón”

El segundo ejercicio empezó a unir la poesía con el relato. Se trataba de, basándose en uno de los versos del poema “Los niños” de Khalil Gibran, trabajar sobre la idea de que “La vida no retrocede”. ¿Las pautas a seguir?: Que fuera una sola escena, lo que no implica brevedad, y un símbolo fuerte que recorra el relato.

Se lanzaron los de siempre ávidos de escritura y nos regalaron con sus versiones, unas veces con más acierto que otras. A la zaga algún otro atrevido hizo su intento.

Alicia leyó en el inicio de una tarde otoñal una haiku que sirvió de motivo para un nuevo ejercicio. De no estar tú, demasiado enorme sería el bosque. A tan hermosa frase, había que añadir una tarde de cojos, debido a un desafortunado comentario en voz alta. Pero estamos acostumbrados a torear en cualquier plaza, así que fuimos a por él.

Llegando la Navidad y nuestro concurso de cuentos que este año versaría sobre los Reyes Magos, tema muy original y casi nunca tratado, analizamos el cuento “el Sur” del maestro Borges comparándolo con nuestro maestro particular en el taller José Sainz de la Maza y su relato “Lexintong con la 52”. Tarde agradable e instructiva.

De entre las barbas de Melchor, o tal vez Gaspar apareció Virginia con su cuento “La tradición es la tradición” y por detrás de Baltasar, Ceferino, de la mano de Paco con el cuento “Melchor, Gaspar, Baltasar y Ceferino” que compartieron primer premio.

Para el siguiente ejercicio dimos el salto al charco para encontrarnos con un poema de Walt Whitman, “De la cuna que se mece eternamente”. Había que elaborar una historia principal o primera ficción que estuviera más insinuada que precisa, y una metaficción súper clara que diera pie interpretaciones para la primera ficción. Esperad, además, con un tono lírico, narrador en 1ª persona autodiegética, con un interlocutor. Sólo de recordarlo me da vértigo.

Pero hubo valientes, con mayor o menor prontitud. Tenemos mucho kamikaze en el taller. Y esto en Navidad, para leer en el reinicio del taller. Hubo que tirar de otras cosas ya escritas ante la falta de inspiración inicial.

Los ejercicios se iban acumulando. De unos poemas que trajo Carlos Valle-Inclán de Charles Bukowki y Eduardo Galeano “Los dioses te ofrecerán oportunidades” y “Miedo del hombre a la mujer sin miedo” había que unir los dos conceptos, manteniendo los versos dentro del texto, y con un narrador… Aquí apareció la segunda persona que nos iba a perseguir durante todo el trimestre.

Tras el análisis de “Los que abandonan Omelas” surgió un nuevo trabajo, comenzar una historia en tercera persona, pero el narrador haría incursiones en primera persona y especularía, con reflexiones, haciendo partícipe al lector… o lo que se nos antojara, sobre la historia que está escribiendo, para acabar con una resolución, fuerte o incluso tremenda, de la historia en tercera persona.

Después se nos cruzó “El jinete del cubo” de Kafka del que se podían hacer versiones, continuamos con la segunda persona y la metafísica, la mística y la transmigración de almas y para terminar los refugiados o la violencia de género han sido los temas orientativos para llegar al mes de junio.

En fin, se empezaron a mezclar opciones y así hemos ido intercalando unos relatos con otros hasta finalizar el curso.

Aparte del trabajo de los miembros del taller, se han realizado lecturas y análisis de otros autores. Este año, en especial hemos ido analizando textos programados como un relato de Paul Bowles “Lejos de casa” y el de Irene Némirovsky “El baile” que se han analizado al final del curso. Pero de forma algo improvisada, también se han comentado cuentos como “El nadador” de John Cheever, “El jinete del cubo” de Kafka, “Los que abandona Omelas” de Ursula K Le Guyin, “El papel de tapiz amarillo” de Charlotte Perkins, “Dulzura” de Toni Morrison y los ya citados “100% algodón” y “El Sur”.

Ha habido tiempo para recibir a Francisco de Paz Tante que pasó una extraordinaria tarde con nosotros comentando algunos de sus cuentos y aprovechando la ocasión para charlar con él de sus experiencias literarias.

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Y no puedo olvidar la visita de Juana Muñoz, a la que consideramos como de la familia, que vino a mostrarnos su último trabajo de microrrelatos ilustrados por fotografías realizadas por ella. “Voces del Villar” una publicación intimista que sobrecoge los sentimientos. Además de la publicación, ha realizado un montaje en youtube de los relatos contados por mujeres y que realzan la dureza y a la vez la sensibilidad de los textos.

2056 Anno DominiDejando a un lado el trabajo de los miembros del taller, esta temporada ha tenido un evento especial. Especial por el cariño que se ha puesto en la edición (primera realizada por la asociación hasta la impresión y con depósito legal) de “2056 ANNO DOMINI”. Han participado en la antología todos los compañeros de la Asociación que lo han considerado oportuno, como homenaje a Fernando López, “La voz” del taller. La presentación se realizó el 28 de febrero y contamos con la presencia de buena parte de la familia. Nuestro querido Fernando anduvo por el salón de actos acompañándonos como hace cada vez que nos reunimos los compañeros. Siempre estarás en nuestro corazón.

El segundo evento importante ha sido la entrega de premios del V certamen de relatos corto Madrid Sky. Un año más nos hemos reunido alrededor de la literatura para conceder tres premios a los finalistas de los casi trescientos relatos recibidos. Pero de todo esto hay cumplida información y reciente en este blog.

Nuestro Blog. También en él ha habido intensa actividad a lo largo del año. Aparte de las crónicas semanales que cuentan la actividad del taller, en todas las secciones que lo componen las entradas han sido constantes. No voy a entrar en detalles, porque tenéis las crónicas en este espacio para consultarlas en su redacción original.

Por ejemplo, se ha dedicado espacio a artistas que nos han abandonado en el último año como Tom Petti, Tom Wolf, Philip Roth y Ursula Le Guin.

Se han realizado reseñas de libros de Francisco Javier Conejo, Kike Ferrari, Raúl Clavero, José Quesada, Álvaro Giménez, Natahalie Detry, Francisco de Paz Tante, Candela Martín Morales, Vicente Blasco Ibáñez, Carlos Valle-Inclán y Carson McCuller.

En cine se han escrito entradas sobre “La librería” y “El autor” En concursos literarios se ha dedicado un espacio Rocío Díaz Gómez, María Sánchez, Juan Santos y Luis Marín. Hemos hablado del premio Nobel de literatura Kazu Iashiguro y se han publicado entrevistas a María Sánchez, Paco Plaza y los participantes de la asociación en la publicación anual de Relee ediciones “Error 404”.

A los amantes de los viajes va dedicado el espacio de Trotamundos que también se ha visto nutrido por entradas literarias de turismo.

Seguro que se me olvida algo, pero como es sólo un resumen de lo publicado y hay distintos criterios de búsqueda, podéis bucear en los temas que más os interesen.

Yo por mi parte me voy a tomar un descanso veraniego para recargar las pilas y comenzar la próxima temporada en plena forma.

Pero los jueves, al caer la tarde, tenemos cerveza literaria. ¡NO LO OLVIDÉIS!

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La cervecería La Rebujita ha patrocinado el tercer premio del V certamen Madrid Sky. Ana Pozo fue la encargada de entregar el premio a Alberto Palacios Santos, que ya fue primer finalista en la II edición de este certamen. En esta ocasión se ha presentado con un relato, Los vecinos, en el que cualquier lector podría verse identificado con la protagonista. Para la asociación Primaduroverales es una suerte poder contar con el patrocinio de lugares como La Rebujita que hacen una apuesta desinteresada por la cultura.

 

Los vecinos

Alberto Palacios Santos

Tercer premio V certamen Madrid Sky

Tuve que irme a la cama para no flaquear. Después de dar vueltas por toda la casa, como una leona enjaulada, volví a acostarme sabiendo que ya no iba a poder dormir. Ojalá no me hubiera levantado.

Todas las noches, a las cuatro, los vecinos del piso de arriba se duchan, es una ducha larga y ruidosa en la que el agua choca contra la grifería en un estrépito de gotas que repiquetean sobre el suelo de la bañera.

Los odio.

Apenas me he cruzado con ellos por las escaleras un par de veces desde que vinieron a vivir aquí. Son mayores, supongo que deben tener entre sesenta y setenta años. Él tiene la cara cuarteada y el pelo encrespado como un niño avejentado. Ella es oronda, de rostro magro y labios finos, lleva el pelo acaracolado y viste con pésimo gusto.

Saludan como si te debieran algo, de forma escurridiza, entre dientes y con la mirada en el suelo. Podía ser una de esas parejas que guardan cadáveres en el armario, pero esta, además, los saca de madrugada para bailar con ellos.

No hacen nada, se levantan tarde, ven la tele hasta las tantas, su única actividad es freír pescado y dejar caer fardos contra el suelo de vez en cuando.

Yo los llamo así, fardos, porque imagino un gran paquete del tamaño de una persona adulta, con un envoltorio de saco o tela rugosa, que tiran al suelo como otros riegan las plantas o leen el periódico.

Al principio me sobresaltaban, me hacían estar tensa, esperando el siguiente golpe, sordo y voluminoso, mientras se me encogía el estómago.

Después empecé a tomármelo como parte de mi vida.

Lo que no puedo soportar son las duchas a las cuatro de la mañana, primero la de él, sorda, brusca, violenta. Después ella, extrovertida, abundante, casi festiva. ¿Por qué lo harán?

Después de la hora larga de baño no se les vuelve a oír hasta media mañana. Así día tras día tras día, noche tras noche, ducha tras ducha.

Hasta ayer mismo, hasta que a las cinco de la madrugada la última gota de su baño hizo que rebosara mi paciencia y salté de la cama, y me vestí furiosa, y sin calzarme, subí hasta su rellano y llamé a su timbre.

El timbrazo sonó metálico y arrastrado en medio de la noche.

Tardaron en abrir mientras yo esperaba, con los pies helados, quieta frente a una puerta y un piso que eran idénticos a mi puerta y a mi piso, apenas una marca distinta, un desconchón en la pintura de la pared representando el mapa de un país distinto al desconchón de mi pared.

Entonces empezó a invadirme una sensación de irrealidad, comencé a pensar que yo no era yo, que aquella pareja de viejos éramos mi pareja y yo, el marido que un día no tuve, con el que tenía que haber compartido ese piso durante todos estos años y con el que había envejecido, y ahora nos duchábamos para soportar nuestra podredumbre y movíamos nuestros recuerdos por la casa dejándolos caer como fardos sin vida cuando no podíamos más.

Deseé salir de allí corriendo, bajar los escalones de dos en dos y volver a mi casa y a mi cama. Pero no podía moverme, mis pies helados seguían pegados a las baldosas, y al otro lado de la puerta ya se oían avanzar esos dos cuerpos que, viejos y pesados, se acercan, y ella que, con voz temblorosa, ya está preguntando “¿Quién es?, ¿quién es?”

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Sergio Torres Alonso, en nombre de la academia Heisenberg, patrocinadora del segundo premio del certamen Madrid Sky, entregó el segundo premio al escritor leonés Carlos García Valverde.  Carlos García Valverde mantiene una página web dedicada al diseño gráfico y a la literatura www.garciavalverde.wordpress.com y otra dedicada a la defensa del idioma español www.sacandolalengua.tk. Ha obtenido varios premios literarios de importancia, como son, entre otros, el Villa de San Fulgencio y el concurso literario casino obrero de Bejar. Sorprendió con un relato ambientado en una estación de tren y un lenguaje muy rico y preciso.

Te dije que volvería

Carlos García Valverde

Segundo premio de la V edición Madrid Sky

 

Tuve que irme a la cama para no flaquear, una vez hube arrojado a la papelera aquella carta extemporánea que acababa de recibir esa misma mañana y que había leído y releído ya al menos una veintena de veces en el transcurso del día. Juré que no regresaría jamás a San Javier Estación, y ahora, que estoy precisamente leyendo el nombre del villorrio en el letrero alicatado del apeadero (a duras penas, ya que el tiempo inclemente ha causado la deserción de buena parte de los azulejos), estoy casi seguro de que he cumplido mi promesa. Porque esto ya no es aquel poblado paupérrimo donde pasé mi infancia y buena parte de mi adolescencia, y que creció, como yo mismo, de forma desordenada en derredor del apeadero, ennegrecido por el hollín de las locomotoras, aturdido por el traqueteo de los vagones, obligado a existir, como la propia estación, por la cercana cantera, con la servidumbre de proveer de techos a los jornaleros, en un caso, o transporte para la piedra y la greda, en el otro.

Ahora mismo, el edificio de la estación sólo es una carcasa decrépita y huera, un gran sarcófago vacío en cuyo interior anidan los arrejaques y parecen aún resonar los ecos de viejos adioses. Del caserío circundante, apenas quedan algunos residuos de mampuestos, tejas y vigas resquebrajadas, diseminados por todas partes. Me resulta difícil incluso reconocer el espacio que ocupaba nuestra casa, cuyos límites difusos, exiguamente marcados por las trazas de los antiguos cimientos, entreveo ahora entre el polvo y la broza. No muy lejos, se vislumbra la montaña herida, el gran tajo que dejó la extinta pedrera, como una enorme cicatriz casi obscena sobre el paisaje. Por todas partes, el silencio, sólo roto ocasionalmente por los gritos alocados de los vencejos. Cuando alguien decidió dejar de tarazar el macizo y se cerró la cantera, tanto el apeadero como la aldea circundante dejaron de tener razón para existir, y comenzó el éxodo inapelable.

El día que se marchó mi padre lloré mucho, y él, antes de subir a uno de los últimos trenes, en misión de avanzadilla familiar por ver de procurarnos el sustento en otro lugar más próspero, me prometió que volvería y me traería un tren de juguete. Pero nunca lo hizo. Durante mucho tiempo tuve una pesadilla recurrente, en la que yo seguía la vía del ferrocarril, en busca de mi padre, hasta un punto en que los raíles, mutilados, sangraban por sus férreos muñones.

Un buen día, ya con el poblado casi vacío, vinieron unos hombres, ahuyentaron a las locomotoras y arrancaron los raíles, dejando sólo un áspero torrente de balasto, un loco e incomprensible caudal de piedras reptando hacia ninguna parte. Entonces, por alguna razón carente de lógica plausible, supe que mi padre nunca regresaría.

Malvivimos, pero sobrevivimos sin él. Por eso, cuando pude desarraigarme de este maldito sitio, juré que nunca volvería. Hasta que recibí el mensaje, una breve misiva citándome en San Javier Estación en este día y hora, sin más explicaciones. Finalmente, la intriga pudo más que la incredulidad; rescaté la escueta carta de la papelera, y aquí estoy.

Los adoquines del andén, cuarteados por las intemperies, crujen bajo mis pies cuando me dirijo al edificio de la estación. Al levantar la vista, veo el reloj bifronte que antaño calibrara la salida y llegada de los convoyes. Hoy, desprovisto de saetas, no señala ya ninguna hora, o quizá las abarca todas. En el momento que entro en el ruinoso edificio, una bandada de pájaros espantados sobrevuela veloz mi cabeza y, con chillona algarabía, alcanza el exterior a través de los vanos de puertas y ventanas, perdiéndose en el azul límpido del cielo. Una vez restituido el silencio, descubro al fondo del vestíbulo una figura sombría, sentada en uno de los pocos bancos que aún resisten la comezón impía de la carcoma.

Cuando me acerco más y mis ojos se habitúan a la penumbra, veo que es un viejo con aspecto contrito, la cabeza gacha, el aire vencido. Entre sus manos rugosas tiene una pequeña locomotora de hojalata oxidada.

“Te dije que volvería”, repite una y otra vez, como una salmodia antigua.

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Un año más, y van cinco. Sentimos que cada año el compromiso es mayor y no podemos fallar a los finalistas. Algunos vienen de lejos y la mayoría se van con las manos vacías, por eso tenemos la obligación de ofrecerles un acto literario en el que ellos y sus relatos sean los protagonistas. El año pasado el listón lo pusimos muy alto, tanto en el sentido organizativo como en cuanto a la participación de concursantes. Para los años sucesivos nos gustaría mejorar los premios en metálico que ofrecemos, seguiremos trabajando para ello, pero de momento el presupuesto es el que aportan nuestros patrocinadores, que ya es bastante. Por eso tenemos que volcar todo nuestro cariño, nuestra ilusión y nuestro trabajo en un acto en el que los autores obtengan el reconocimiento por su esfuerzo creativo.

La ilusión que demostró el director de la revista Vinos y Caminos, Antón Alonso Suárez, patrocinador del primer premio, fue una pieza clave en el éxito del año pasado. Este año no ha podido acudir por motivos personales, pero ha estado magníficamente representado en el acto por Luis Gulín Iglesias, que también representaba a las bodegas Sameirás. La Academia Heisenberg y La Rebujita, han sido los patrocinadores del segundo y del tercer premio.

Nosotros también tenemos nuestro premio. Nos llevamos el cariño de los participantes y de los finalistas. Nos quedamos con sus palabras de agradecimiento. Nos quedamos con el hecho de haber conocido a unos escritores y unas personas que amplían nuestro círculo de amigos de la literatura. Y nos quedamos con uno de los momentos más emotivos de la tarde. La entrega del primer premio por parte de Luis Gulín a Xuan Folguera por su relato Rigor Mortis. A continuación compartimos el relato Rigor Mortis.

RIGOR MORTIS

Xuan Folguera Martín

Relato ganador del V certamen Madrid Sky

Tuve que irme a la cama para no flaquear. Las palabras que me escupió Sofía antes de marcharse habían sido tan duras y despiadadas que apenas podía mantenerme en pie. Sin embargo, algo me decía que, quizá, era lo mejor y que debía aceptar que lo nuestro –por fin– se había acabado. Esta vez, tenía que dejar que se marchara en lugar de llamarla o escribirle mensajes con el móvil suplicándole que volviera como había hecho antes.

Apenas pude pegar ojo esa noche, pero no flaqueé. Aunque la mañana me encontró todavía dando vueltas a las palabras de Sofía, no me acerqué al móvil. Quizá por eso, cuando me levanté somnoliento al baño y encontré al muerto, en un principio, lo achaqué a que todo había sido consecuencia de una alucinación por mi falta de sueño.

El muerto estaba sentado, apoyado en la pared del pasillo con las piernas dobladas y los codos sobre las rodillas. Con lo largo y oscuro que era el pasillo y el sueño que tenía, aún no entiendo cómo no me tropecé con él. Supe que era un muerto enseguida: lo delataba el olor a flores marchitas que le acompañaba.

Durante los primeros días, no le hablé a nadie del muerto. Aquella era la primera vez que me encontraba con uno. Tampoco era algo para presumir. Era consciente de que había mucha gente que los veía a menudo y también de que otros muchos son incapaces de verlos, a pesar de ser testigos de sucesos tan extraños como una repentina lluvia de sapos en el patio. Supongo que, estaba convencido de que, si lo ignoraba, se iría del mismo modo en que había llegado.

De hecho, solo se lo comenté a mi abuela cuando me enteré de que Sofía había rehecho su vida. O, al menos, lo estaba intentando con otra persona. La vi en la puerta del cine. De lejos. Yo salía del hipermercado con una bolsa de plástico llena de ambientadores para paliar el olor a flores marchitas que inundaba mi casa.

En su aldea, muchos aseguraban que mi abuela era bruja. Yo no lo sé. No entiendo de esas cosas. Lo único que sé es que siempre tenía consejos para todos. Para hablar con ella, tenía que acercarme al oído y gritarle, porque cuando enviudó, decidió quedarse, de forma voluntaria, medio sorda.

–Lo del muerto es cosa de la familia de tu abuelo. En mi familia nunca ha pasado –me dijo únicamente.

Un poco decepcionado –lo reconozco–, volví a casa. Aunque encontré de nuevo al muerto en el pasillo, debía de haberse movido: en su regazo tenía una caja de cartón con una pizza mordisqueada. Además, a su alrededor volaban decenas de moscas. No era el único cambio que descubrí: toda la casa estaba completamente desordenada, como si alguien se hubiera pasado varios días de fiesta. Le pregunté qué había pasado. El muerto me miró con sus cuencas vacías sin decirme nada. Sabía que tenía que ordenarlo todo, pero preferí acostarme. Aunque me tapé la cabeza con la almohada para aislarme, volví a escuchar las duras palabras de Sofía.

Por la mañana, me puse a recoger la casa. Me acordé de Sofía. Siempre la recogíamos durante el fin de semana. De todas las tareas, la que menos me gustaba era limpiar los baños. Aunque, desde que se marchó Sofía, nunca entré en el que ella solía utilizar, lo encontré sucio. El muerto debía de haber vomitado. En cuanto me puse los guantes para limpiarlo, comencé a escuchar música al fondo del pasillo. Alguien –o supongo que el muerto– había puesto a Chavela Vargas, de fondo. Me senté a su lado y me tendió la botella. El muerto me pareció mucho más agusanado que el primer día, como si se estuviera descomponiendo. Después de vencer el asco, pegué un buen trago a la botella. Era de tequila. Durante un buen rato, estuvimos bebiendo en silencio. De algún modo, intuía que aquella era su forma de despedirse de mí y que, en cuanto acabáramos la botella, el muerto aceptaría su situación y abandonaría mi pasillo.

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Ayer tuvo lugar la ceremonia para la entrega de premios del V Certámen Literario de Cuento Corto ‘Madrid Sky‘ que gestiona y promueve la asociación literaria ‘Primaduroverales‘. Como en años anteriores la participación en el certamen fue muy alta, con cerca de 300 relatos a concurso, procedentes de 10 países.

Madrid-Sky V - Participacion

Este año, como es costumbre, en las bases se pedía que cada relato debía comenzar con una frase entresacada de algunos de los cuentos que conforman el libro Madrid-Sky. La elegida para esta edición fue ‘tuve que irme a la cama para no flaquear’, del texto ‘to be continued‘ de Lourdes Chorro Capilla.

La alta calidad de los relatos participantes y la variedad de enfoques que se han dado a partir de la frase de inicio, hizo difícil el trabajo del jurado que finalmente determinó que los diez finalistas de este certamen fueran los siguientes:

Madrid-Sky V - Finalistas

Y finalmente, los tres relatos elegidos como ganadores fueron: Primer premio y ganador del concurso: Juan Folguera con el relato: Rigor Mortis

V Madrid-Sky - Diplomas 1

Segundo premio: Carlos García Valverde, con el relato ‘Te dije que volvería

V Madrid-Sky - Diplomas 2

Tercer premio: Alberto Palacios Santos, con el relato: ‘Los vecinos’

V Madrid-Sky - Diplomas 3

Tres finalistas de Madrid, dos de Barcelona, dos de Valencia, uno de Salamanca, uno de León y otro de Logroño, ciudad que suele estar muy bien representada entre los finalistas. Finalmente el primer premio se fue a Valencia. El segundo premio a León, y el tercer premio a Salamanca. Enhorabuena a todos los finalistas y especialmente a los premiados de este año. Después del buen sabor de la tarde de ayer, empezamos a pensar en la convocatoria para el próximo certamen ‘Madrid Sky VI’.

Acta V edición Madrid Sky

 

 

 

 

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Un año más, y van cinco, celebramos nuestra fiesta literaria con la entrega de los premios Madrid Sky. Consideramos que una quinta edición del premio es un logro que queremos resaltar. Para llegar a cinco ediciones hay que mantener la ilusión y, sobre todo, las ganas de trabajar y colaborar. Este logro solo ha sido posible gracias al trabajo en equipo de toda la asociación Primaduroverales, un equipo de lujo.

Ya sabéis que esta fiesta es de cada uno de vosotros. De todos los que habéis trabajado desde cualquier punto de la organización, de los participantes, de los lectores y de los amigos que nos habéis seguido durante este tiempo.

Queremos mostrar nuestro agradecimiento a todas aquellas personas que a lo largo de estos cinco años han participado en el certamen Madrid Sky, a los concursantes que han confiado en nosotros para que leamos sus relatos. Queremos mostrar nuestro agradecimiento a todos aquellos que poco a poco se han ido convirtiendo en nuestros amigos, a los que se han unido a nosotros gracias a la literatura. El proyecto surgió de una frase, de una idea, devolver a la literatura lo que la literatura nos había dado. Y llegados a este punto queremos celebrar la quinta edición de una forma especial, queremos recrearnos en tantas tardes compartidas, en las charlas y las risas y las cervezas, en todos los relatos que hemos escrito y que hemos recibido. Queremos que la quinta edición del certamen Madrid Sky sea una fiesta de la literatura, como siempre ha sido nuestra intención, mejorando, si es posible, lo vivido en las anteriores ediciones.

Os enviamos el cartel de la entrega de premios. Después lo celebraremos en la terraza de “Luis”. Contamos, igual que el año pasado, con un autobús que nos trasladará allí desde el salón de actos de la Fundación Abogados de Atocha, (C/ Sebastián Herrera 12) dónde conoceremos a los ganadores de este año. A los ganadores de la quinta edición, quién lo hubiese dicho cuando nos embarcamos en esta aventura…

Y como siempre, estáis invitados. Vosotros, nuestros amigos, los lectores, los concursantes, sois lo más importante de esta fiesta.

Nos vemos el jueves 21.

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Acabando el curso

Por: Vicente Moreno

Se nota que estamos llegando al final del curso y la llegada del buen tiempo suele venir acompañada de la bajada en asistencia al taller. Ayer nos reunimos los que seguimos compartiendo meridiano para oír unos cuantos relatos de diversa factura y estilo.

Empezó Paco Plaza, con la facilidad que le caracteriza para responder a cualquier desafío narrativo, aportando su ejercicio de descripción de una “madre mala” en el cuento titulado: “Orgullo de padre” en el que aparece una familia con diversos grados de disfunción afectiva que van desde el rencor conyugal al desprecio indiscriminado. Más o menos, lo que ocurre en cualquier reunión de la ejecutiva de un partido político. He aquí una muestra de su prosa:

El padre llega a casa antes que de costumbre, no huele al vinazo asqueroso que le ponen en la sucia bodega de la esquina. Está muy nervioso. ¿Ha vuelto ya el chico? Es lo primero que pregunta según atraviesa por la puerta. Ella no contesta.

A continuación Diego Rinosky aportó su visión del problema de los refugiados en un relato titulado: “La ciudad invisible” en el que nos ofrece una metáfora sobre el aislamiento y la invisibilidad que provoca la migración forzosa que han sufrido tantos pueblos a lo largo de la historia.

De ahí, que le pregunte qué tiene de invisible la ciudad en la que viven, pues él puede verla sin problemas, puede verla mientras se construye a toda prisa cada vez que se hace un alto en el camino, puede ver al capataz, las grúas que apuntan al cielo, el rodar de las poleas.

unaNicoleta” es la aportación de Juan Santos sobre el tema de la madre mala. Es de agradecer a nuestro compañero el compromiso con los ejercicios que se proponen en clase lo que compensa la falta de dedicación de algunos pasotas a los que capitaneo.

Es una historia sobre una mujer con una terrible afición a la odontología pediátrica casera que tanto puede ser debida a unos posibles orígenes vampíricos como a un trastorno mental producido por los avatares de la vida o por tanto trasiego en el Ministerio de Cultura.

Ni siquiera siendo mi mujer, quiso hablarme de su pasado, solo sabía que era de Tansilvania, pero nada de sus padres y sus hermanos. Tampoco me habló de sus experiencias de los dos años que estuvo en España hasta llegar al pueblo.

José Sainz de la Maza nos regaló otro sus ejemplos de buena narrativa, “No trespassing” en el que cuenta uno de esos sucesos violentos que a veces vemos en las noticias y que nos hacen preguntarnos por los motivos que han llevado al autor de una masacre a llevar a cabo su acción.

dosDice de la Maza, en este relato denso y absorbente, que las motivaciones pueden ser visibles y estar delante de nosotros en el lugar más inocuo de la ciudad, y aun así no las vemos, ni oímos las advertencias de lo que puede acaecer simplemente porque la realidad aparente no deja adivinar lo que subyace bajo ella. Quizá la única esperanza es que los templetes de música de los parques sirvan para que toque la banda municipal y que la única confrontación se realice en las mesas de ajedrez.

Cualquier idea puede dar vueltas por la cabeza de cada uno durante más o menos tiempo, una duda, una fantasía, una ambición grosera, obscena tal vez, una imperdonable vileza, el aterrador deseo de ser extremadamente cruel …

Otro escrupuloso cumplidor de las tareas encomendadas es Carlos Cerdan, que en su cuento “Mala madre” nos habla de una hija que promete venganza contra su madre comatosa.

Como el propio autor reconoce, es una historia sin terminar que puede dar mucho juego.

Laura contemplaba a su madre. Entubada, con las vías de los medicamentos insertadas en el brazo y los monitores conectados que vigilaban sus constantes vitales, le pareció tan frágil, era como un náufrago flotando a la deriva.

Así de alegres terminamos el taller, al que ya quedan solo dos días para terminar el curso.

La próxima semana tenemos nuestra cita más importante: La entrega premios de nuestro concurso Madrid Sky. Allí nos veremos.

Vicente Moreno

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