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Archive for 30 noviembre 2018

¿Kronos o Saturno?

Por: José Sainz de la Maza González

Siempre que he escrito una crónica, me he sentido tentado (tal vez lo haya hecho ya y no me acuerde) de empezarla manifestando que la palabra “crónica” proviene de Kronos, que era el nombre del dios griego del tiempo, el mismo a quien los romanos llamaron Saturno y que conocemos especialmente en su versión de devorador de sus propios hijos, mito que hace referencia a que todo lo que el tiempo crea, al final también lo destruye.

CronusMitología aparte, la etimología de “crónica” implica y en cierto modo exige, que se narren hechos en orden temporal. Y así lo hará este cronista que considera un deber cumplir con lo que las palabra proponen.

Acudimos al taller ocho alumnos y Pura, que confesó sentirse entusiasmada con el rendimiento literario de lo que podría denominarse técnica wiki. Este cronista cree que además de por los cuentos que se van leyendo, Pura disfruta especialmente pergeñando los requerimientos narrativos que aplica a los distintos pasos de esta especie de yincana literaria en que nos hallamos. Ironías, sinécdoques, calambures, aliteraciones, personajes extraños y otros obstáculos divierten a nuestra Pura tanto o más que los propios relatos. Ayer escuchamos algunos calambures, como la máscara más cara con la que se cubrió el rostro el peculiarísimo personaje central del cuento de Carlos y con el limpiabotas (¿se llamaba Emilio?) de Luis, que sin más turbación, levantaba la vista ante las piernas de las señoras.

Pero volvamos al hilo temporal porque es lo que esencialmente exige una crónica. Empezó leyendo Alicia y por partida doble. Tomasa y Daniel fueron los títulos de sus dos relatos, que evocaban los nombres de sus peculiares protagonistas, personajes que muy bien podían tener cabida en el mundo Halloween. Brujas sin escoba y fantasmas que se sientan en ese lugar tan de fantasmas como es la última fila de un aula, circulaban entre aliteraciones e ironías en unos cuentos cortos en los que a Alicia se la ve tan suelta que parece estar en el País de las Maravillas.

limpiabotasLuis nos ofreció su wiki número 2 con caja y silencio alrededor, en un cuento titulado Emilio. Dio para un buen rato de debate este relato con más de un Emilio y con dos o quizá tres generaciones de personajes. El cuento estaba bien narrado, centrado y sin digresiones y presentaba una bonita historia con esos sentimientos entrañables y afables que tan bien maneja Luis. Este cronista, sin embargo, está obligado a manifestar que aunque el Chato estaba perfectamente identificado, hubo sus discrepancias sobre el parentesco entre Emilio y Emilín con Petra y Juana. Pero ¿en qué familia no se hace uno un lío con los cuñados?

Pastor¡Qué bien se le da el drama rural a Juan! Domina todas sus facetas, los personajes, el lenguaje, el espacio y sobre todo el tono. El pastor guapo es su última creación. Ambientado en un cortijo alejado de todo, narra el pesar de unos padres por el hecho de que su hijo no pueda ir a la escuela y aprender como cualquier otro niño. Dos pastores que acuden a trabajar a ese cortijo, Lucas primero y Gerardo después, se convierten en el remedio a tal inquietud y, sobre todo, en el hilo dramático del desarrollo y resolución del relato. Por todo se paga, viene a decir el cuento de Juan, aunque a veces el coste sea excesivo, por muy buenas que fueran las intenciones de S. José de Calasanz.

La secta fue el cuento que cerró la sesión de este jueves. Carlos Cerdán maneja el diálogo rápido con una singular habilidad, sobre todo si el camino que sigue el relato circula entre gags cuya comicidad es la propia situación elevada un tono en pro de lo absurdo. El hilarante recorrido de su enclenque protagonista a través del rito iniciático de una secta que cuenta con una marcado ideario sexual (genial lo de la Sagrada Vagina Original), muestra situaciones y equívocos graciosísimos. Al final sitúa en la peor de las situaciones al protagonista, un personaje que aspiraba no sin engaños, a agenciarse un ligue y un orgasmo espectaculares y termina con un “cabrones” que a este cronista le parece la feliz culminación de este cuento.

Luego, ya se sabe, llegó lo mejor. Las cervezas que el otro Juan nos sirve con sus habituales diligencia y suculentos aperitivos. Fuera llovía, pero a quién le importa.

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Escribir es un acto solitario. El folio en blanco, la pantalla en blanco, que para eso los tiempos han cambiado, invitan al escritor a caminar por una senda incierta. No hay nada más aburrido que escribir, nada más aburrido que caminar por esta senda del papel en blanco. ¡O no!, según se mire, porque para muchos no hay nada más divertido que escribir.

De lo que no hay duda es de que escribir comienza siendo un acto solitario. El escritor que se inicia en el mundo de las letras no tiene referencias, no tiene quien le guíe, no sabe qué opinarán de sus escritos sus potenciales lectores, muchos o pocos, a los que conseguirá llegar. Algunos tienen, tenemos, la suerte de compartir nuestra afición en un taller de creación literaria, en un taller de escritura de esos que hace unos años eran grandes desconocidos. Entonces escribir deja de ser un acto tan solitario. Sabes que al menos unos cuantos van a leer tus relatos, tus novelas, tus poemas. Ya tienes un público y unos compañeros con los que consultar tus dudas, tus impresiones, tu técnica. Y surgen los proyectos. Así ha sucedido en el Taller de Creación Literaria de la Casa del Reloj y después en el Taller de Creación Literaria de la asociación PRIMADUROVERALES (¡inscríbete!). En distintos momentos, con distintos componentes, se han ido culminando distintos proyectos. Ahí está nuestro primer libro de relatos, Primaduroverales, Cuentos, (qué lejos queda) que da nombre a la asociación y al taller de creación literaria; nuestro Madrid Sky, cuentos, que da nombre a nuestro certamen literario; el libro “2056 Anno Domini”, en homenaje a nuestro compañero Fernando, que se fue antes de lo deseado, nuestra participación en los libros publicados por la editorial RELEE, nuestros libros fin de curso… Ahora cinco miembros de nuestro Taller han vuelto a participar en una antología de relatos publicada por la editorial Verbum con el título de Magerit, relatos de una ciudad futura. Escribir no es un acto tan solitario.

Nieves Sevilla Nohales, Julio Rodríguez Díaz, Manuel Pozo Gómez, Francisco Plaza Nevot y Juan José Valle-Inclán Bustamante, miembros del taller de creación literaria Primaduroverales han participado junto a otros cinco escritores (Patricia Jiménez, Conchi González, Fulgencio Susano, Elena Fernández y David Grande) en un libro de cuentos en el que se describe cómo Madrid queda parcialmente inundada tras las Guerras del Agua. ¿Lo has pensado alguna vez? ¿Imaginas cómo será Madrid dentro de 400 años? Estos diez autores han dado su visión particular. Han escrito la historia de un Madrid superviviente, de vidas que se desarrollan en antiguos túneles del metro o en modernas torres de alturas imposibles, de vidas que han quedado atrapadas en la obsesión de controlarlo todo. Todo cabe en Magerit, todos seguimos teniendo un sitio en Magerit. Los relatos, la escritura, te dan esa opción: La opción de inventar, de crear un mundo futuro. ¡Compártelo!

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Por: Carlos García Valverde (finalista y segundo premio en el V Certámen Madrid-Sky)

En mi faceta de humilde escritor de provincias y, más concretamente, concurrente acérrimo y contumaz de multitud de convocatorias literarias de cuento o relato corto a lo largo y ancho de nuestra geografía, me tomo la libertad, quizá no exenta de cierto engreimiento, de creerme legitimado para opinar sobre este particular. También –lo sé- pudiera parecer un exceso de soberbia y pedantería desgranar aquí algunas críticas contra estos certámenes o algunas sugerencias o consejos para aquellos que envíen sus obras a tales concursos, pero nunca me he distinguido por mi diplomacia ni mi corrección política y, sobre todo y en cualquier caso, expongo única y exclusivamente mi parecer al respecto, no pretendiendo con ello originar confrontaciones o diatribas, sino crear espacios de diálogo y abrir líneas de debate en este terreno. Escritores habrá que tengan una idea distinta o incluso diametralmente opuesta a la mía, lo que a buen seguro es aceptable y hasta higiénico.

CGV 01En mi ya larga experiencia como aspirante al reconocimiento ajeno, he tenido bastantes alegrías –seguramente más debidas a la tozudez y la perseverancia que al derroche de méritos propios- y muchas decepciones. Paradójicamente, no han sido la mayoría de estas últimas originadas al haber quedado mi obra de turno orillada en los preliminares del largo y tortuoso camino hacia el laurel, sino precisamente cuando, aun habiendo rozado la gloria o incluso siendo agraciado con un premio secundario o menor, compruebo con desánimo que el trabajo triunfador dista mucho de cumplir las expectativas que yo tengo puestas en un relato. Insisto en que todo esto representa no más que mi arbitraria, subjetiva y quizá parcial o egocéntrica visión de todo el entramado concursal, pero qué queréis: si no lo digo, reviento, y pongo por delante mi extensa práctica como competidor para justificar, de alguna forma, estos mis extemporáneos pataleos.

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué un relato insustancial o vacuo consigue, muchas veces, alzarse con el galardón? En mi opinión, y en una buena parte de los casos, porque el jurado de turno, quizá en un intento de sublimar el certamen bajo su competencia o a lo mejor cegado o subyugado por la ampulosa arquitectura verbal de un determinado escrito, acaba valorando la “forma” por encima del “fondo” y el “oficio” por encima del “beneficio”. En definitiva, que, como reza el titular de este artículo, concluye tasando el cofre por encima de la joya, y me explicaré:

CGV 02Un escritor con cierta solvencia literaria, lo que podríamos definir como “oficio”, puede muy bien llenar una docena de folios de forma brillante con la mera descripción de una patata. Si hay suerte, hasta no pondrá ninguna falta de ortografía. Hay que aclarar que el hecho de valorar esta clase de trabajos por encima de otros es perfectamente lícito desde todo punto de vista (para gustos están los colores), aunque yo creo que empobrecen el panorama de las letras y que, a menudo, confunden “arte” con “artesanía”, dejando escaso margen para lo que, en definitiva, es uno de los principales impulsores de la creación: la imaginación. También creo que muchos escritores buscan, con este tipo de farragosas narraciones, más el “lucimiento” que la “lucidez”. Me acuerdo de un chiste, cuyo mensaje final o moraleja podría muy bien extrapolarse al caso que nos ocupa:

-Este orador-decía un hombre- puede muy bien estar tres horas seguidas hablando del mismo tema.

-Pues este otro-respondía su interlocutor-, para hablar durante tres horas, no necesita ningún tema.

Yo me he fogueado y curtido, en lo que atañe a la narrativa, acatando los mimbres clásicos de “planteamiento, nudo y desenlace” y, aunque ni siquiera creo que deba respetarse ese orden -y, de hecho yo no lo hago a menudo-, creo que estos tres conceptos deben articular todo relato y, por ende, cualquier novela que se precie de contar una historia, lo que, al fin y a la postre, es la intención última de todos o casi todos los cuentos. Llamadme caduco, trasnochado o conservador, pero es lo que hay; no me vale que un narrador consuma tres páginas en la descripción plúmbea de un paisaje o un edificio en detrimento de la acción; no me peta que, en un intento de enaltecer el discurso narrativo, espiritualizar el relato o, más frecuentemente, lucir ostentosamente sus rudimentos lingüísticos, se pase renglones y más renglones pormenorizando el carácter, la naturaleza o el temperamento de tal o cual personaje.

Y esto nos lleva a otra controversia quizá más espinosa: la cantidad de poesía que soporta la prosa sin saturarse, sin perder su esencia ni entrar en un exceso de divagaciones metafísicas. Volviendo al tema del cuento, hay muchos de ellos que, por gracia y efecto de retóricas, circunloquios, hipérboles y metáforas floreadas, más parecen una colección de versos libres que una narración, y creo honradamente que eso hace que se resienta notablemente la historia, el argumento (cuando lo hay, que esa es otra, ya que es relativamente frecuente que el exceso de ampulosidad y alambicamiento intente ocultar, precisamente, la falta de guion o trama). Cierto es que no es de recibo sintetizar hasta el punto de caer en la linealidad o la planicie de un manual de instrucciones, y una cierta porción de lírica es aconsejable y hasta exigible en cualquier cuento o novela, pero pienso que hay un sensato punto medio entre la monotonía funcional de un Marcial Lafuente Estefanía y el estilo gongorino aplicado a la narrativa.

Por eso me llevé una agradable sorpresa cuando, en mi rol de finalista del “Madrid Sky” de 2018, tuve la ocasión de conocer el resto de relatos seleccionados y pude comprobar que todavía quedan concursos en los que, además de cuestiones semánticas o estilísticas, se valora también el hecho –a mi juicio, esencial- de que se cuente una historia, una verdadera historia.

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Por: Luis Marín

Cuando empecé a escribir, creí que un cuento consistía en poner unas palabras detrás de otras. Cuestión de sentarse delante de un folio en blanco y empezar a dejar ideas puestas en orden, cuidando las expresiones que se utilizan, para expresar una historia. El día que alguien, con cariño, me dijo que eso se podía definir como un ‘juntaletras’, consideré al que me lo decía como un pedante.

Aquel pedante, me generó una duda. ¿Era eso suficiente? Yo quería escribir, primero, para mi desahogo, pero también con la idea de que alguien me leyera y no arrugase la nariz al hacerlo.

Leía mucho y procuraba sacar conclusiones e ideas que podía trasladar a mis escritos. Un día saqué del cajón todas las hojas que había manchado y comprobé que mis pensamientos eran reconocibles, para mí, pero que no transmitían nada que pudiera resultar atractivo a un tercero.

Recursos literariosAlguien me habló de escuelas de expertos que enseñan a escribir y ofrecían visiones diferentes sobre cómo afrontar un texto. Descubrí un mundo nuevo y desde entonces, no voy a decir que haya eliminado el desasosiego, pero sí que estoy seguro de que quiero seguir este camino y trabajar con modestia para crecer en mi trabajo narrativo.

Diréis que vale, pero que dónde quiero llegar con este discurso aburrido.

Hoy, cuando hemos leído en el taller dos relatos de lo que pretendemos que sea una sucesión de escritos con alguna interrelación (podríamos llamarlo wiki personal) me reafirmo en la idea de que esto de escribir es un largo camino. Quizá un camino personal al que no debemos poner lugar de destino. Cada cual parará en la estación que considere oportuno.

Ya hablamos de narrador, de dónde está situado en la historia, tiempo narrativo, de espacio, trama, estructura, metaficción y más y más. Pero cuando hay que enfrentarse a determinadas figuras literarias, uno acaba dándose cuenta de que apenas ha dejado los pañales para iniciar los primeros pasos balbuceantes.

Cuando se enfrenta al reto de introducir en un relato una sinécdoque, lo primero que hace es ir al diccionario para investigar qué demonios significa ese palabro. Pero cuando aún no se ha recuperado del impacto aparece la sinestesia, o el calambur (con sentido – consentido) y después la aliteración y más tarde la paradoja y vete a saber qué más figuras tendrás que trabajar.

Parece una broma, pero no lo es. Cuando se escribe con el objetivo de emplear esas figuras literarias se borra la sonrisa que se ha podido tener hasta ahora. Sí, te he visto sonreír cuando las he nombrado, pero cuando te pongas delante de tu pantalla a intentar meterlas en un texto coherente, no a martillazos, de forma sencilla para que el lector lo pueda digerir sin necesidad de antiácidos, yo mismo te prestaré el paño que seque tu sudor.

calamburHoy Alicia y Paco se han enfrentado a la puesta en común de su trabajo en relatos que van conformando su wiki particular. Y nos han deleitado con fragmentos estupendos, con el uso del calambur “Tomasa con su escoba va riendo, Tomasa con su escoba barriendo” y de la aliteración “has bloqueado la puerta, escuchas cómo las zarpas de los zombis rozan el zócalo, rezas” que nos han hecho conscientes de la dificultad que representan. En semanas sucesivas irán cayendo otros intentos que nos harán discutir de la esencia de esas figuras que, probablemente, estamos cansados de leer y que pasan inadvertidas por su integración en el texto pero que lo hacen más bello.

Cuando empecé a escribir, no conocía muchas de estas cosas. Pero ahora espero cada jueves, con ansia, para seguir avanzando.

Después leímos un poema de Jacques Prévert “Para hacer el retrato de un pájaro”, de Amado Nervo “En paz” y de Emily Dickinson “Soy nadie ¿tu quién eres?” y “Ensueño”. De ahí salieron nuevas condiciones para la siguiente fase de nuestras wikis que va a iniciar Paco que con su diligencia va en primera posición con varios cuentos de ventaja. Se va a enfrentar al reto de escribir en clave de paradoja con el concepto de modestia sobrevolando en él.

Seguro que nuestro compañero ya le está dando vueltas en la cabeza a los personajes que ha seleccionado y nos deleitara con su originalidad.

Amigos del blog, ya tendréis noticias

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Por: Mª Isabel Ruano Morcuende.

Auditorio de La Casa del Lector, viernes 16 de noviembre 2018. Madrid.

La tarde estaba lluviosa. A las seis y media la fila para entrar al auditorio era muy larga tanto que, a pesar de que el acto empezaba a las siete, al entrar nos tocó sentarnos al final de la sala. Regresar al auditorio de La Casa del Lector siempre me remonta a otra época, cuando recién inaugurado este espacio presentamos allí nuestro libro “Madrid Sky”. Me da la sensación de que el recuerdo viene acompañado de lejanía y nostalgia.

Tiempos 01Pasados unos minutos de la siete se oscureció la sala, sorpresa y silencio llenaron el ambiente, los pasos firmes y la voz potente de una mujer-androide se fueron abriendo camino entre la gente…Espectacular, ella, el comienzo, el decorado con la imagen de la torre del reloj de la puerta del Sol y Carlos III en su caballo mirando hacia él, con un fondo de atardecer rojizo con nubes en constante movimiento. Luego el foco se centró en la autora, mi admirada Rosa Montero, que parece ser la misma de siempre, segura y jovial. Comenzó afirmando que escribía para “perder el miedo a la muerte” y lo dijo porque su personaje, encarnado en la mujer- androide, repetía una y otra vez como si fuera un mantra, una cifra “ tres años, siete meses, seis días…”, el tiempo que le quedaba de vida…

Tiempos 02De esta manera comenzó a hablar de la novela, del amor y de la muerte hermanados con la vida y de Bruna Husky, su alter-ego, con la que coincidía en el gusto por el vino blanco pero con la que decía, le separaban grandes diferencias como la “lava” que corría por sus venas y la forma de comerse el mundo a mordiscos frente a los “bocaditos” de ella…Características que iban en consonancia con los sentimientos y la forma de encarar la vida, los de Bruna y los de ella, haciendo de su protagonista un personaje redondo que va evolucionando de clon programado para matar a un perfil humano que toma conciencia de que “tener sentimientos la debilita” en especial cuando surgen del amor. Ese Amor que te pone en riesgo y te hace vulnerable pero sin el cual, afirma Rosa Montero, no se puede vivir.

Tiempos 03La novela está ambientada en el Madrid del siglo XXII pero en palabras de la autora se remonta hasta el siglo XVI en el que el propio Descartes al perder a su hija a la edad de cinco años por la escarlatina, mandó construir su réplica, una muñeca mecánica a la que llevaba  incluso en los viajes.

Acompañando a Rosa Montero en el escenario estaba su lectora, Pastora Vega, a la que definió como “talismán de la suerte” y que dio voz a determinados fragmentos de la obra.

La presentación en claro – oscuro estuvo alternando las tres voces, contundentes, enérgicas, sabias, la de la actriz-androide, la de la autora y la lectora.

También aseguró que la novela acaba bien y que se siente tan fascinada por el personaje que probablemente escriba una cuarta entrega y que se puede leer por separado de las dos anteriores aunque me cuestiono que tal vez, dado el interés que la presentación ha despertado, sea conveniente leer la trilogía desde el principio.

Para finalizar Rosa confesó que al igual que Bruna que aprende incluso a amar, ella también ha aprendido mucho con la escritura de esta novela y teniendo en cuenta la brevedad de la vida nos lanzó un mensaje, dejando en el aire la reflexión sobre cómo podemos mejorar nuestra vida y la de los demás.

Al salir al exterior, no llovía, en los rostros de los asistentes se adivinaba la sonrisa y la charla y las cañas  en la Peña del Atleti pusieron el colofón a una tarde estupenda.

Mª Isabel Ruano Morcuende.

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Por Vicente Moreno

Después de varios años asistiendo al taller de creación literaria uno acaba pareciéndose al modesto operador de cámara que se encargaba de proyectar las películas producidas por los grandes estudios, cuando todavía existían estudios y sobre todo cuando había películas. Este hombre, que se ocupaba de extraer los rollos de celuloide y cargarlos en el proyector para el visionado diario, acababa, sin pretenderlo, siendo un experto crítico cinematográfico no por sus conocimientos artísticos, sino por la acumulación de filmes revisados y criticados por productores, directores o cualquiera que estuviera invitado a esas proyecciones previas al estreno.

Im 01Esa misma sensación se obtiene en el taller, en el que hemos asistido a la lectura semanal de relatos extraordinarios escritos por miembros del taller, con la ventaja añadida de establecer un diálogo con su autor sobre cuestiones técnicas de la creación literaria: porqué ha elegido ese narrador, o si ha tenido dudas sobre la estructura o los tiempos verbales.

De la misma forma que en la sala de proyección le preguntaban a Orson Welles el motivo de que se vieran los techos en Ciudadano Kane, así nosotros hemos podido aprender de gente como Antonio Blázquez, o J. J. García Rueda que durante su paso por el taller nos leyeron una ristra de grandes relatos. O más recientemente hemos disfrutado de los éxitos editoriales de Manuel Pozo, y seguimos aprendiendo de Lourdes Chorro o José Sainz de la Maza, por mencionar sólo algunos de los componentes actuales del taller, a los que tenemos la oportunidad de interrogar sobre su particular proceso creativo.

Pero además de la producción propia del taller, también analizamos cuentos de autores consagrados, igual que en la sala de proyección se veían películas extranjeras, para decidir si se distribuía la última obra de Rosellini, o si se hacía un remake de Kurosawa con el título de “Los siete magníficos”.

Este jueves ha sido día de clásicos en el Taller y hemos leído dos cuentos propuestos por Pura que, como siempre, elige relatos que tengan elementos comunes que propicien su comparación. En este caso hemos hablado de Chejov y de Kawabata.

A la hora de analizar el relato titulado “Gracias” del premio Nobel japonés Yasunari Kawabata nos encontramos con varias dificultades. Por un lado, la falta de contexto cultural sobre una época y un espacio tan lejano para nosotros como es el Japón de la primera mitad del siglo XX, por otro el estilo minimalista del autor que hace más difícil entender lo que nos quiere decir.

im 02Aun así no deja de ser una obra modélica por su concisión, la descripción de los paisajes y la creación de los personajes del conductor del autobús y de la madre y la hija que hacen un viaje de ida y vuelta que se sospecha que no será el último. Observamos también la inclusión de elementos como la focalización puntual en el personaje de la niña, para mostrar la atracción hacia el personaje del conductor.

“El amarillo del uniforme colmaba su visión como si fuera un mundo en sí mismo. Las montañas que iban apareciendo se partían y pasaban de un hombro a otro del hombre. El ómnibus atravesó dos pasos muy elevados…”

De Kawabata podemos decir que fue periodista y escribió novelas y cuentos que le convirtieron en el primer japonés que recibió el Nobel de Literatura (1968), Se suicidó en 1972, poco después de la muerte de su amigo y alumno Mishima.

De Anton Chejov, el gran maestro del cuento, leímos y comentamos el titulado “Un viaje de novios” que perfectamente podía ser una escena de una obra teatral, por su ubicación espacial y temporal en un vagón de tren durante un viaje entre San Petersburgo y Moscú.

Im 03En este vagón, en el que viajan varias personas, aparece el protagonista para hablarnos de su viaje de novios.

Se aprecia la gran maestría del autor para la creación de personajes, como este Iván Alexievitch que, según nos cuenta bajó del tren para tomar una copa o dos, en una de las paradas del tren y se equivocó de tren al reanudar el viaje. Esta peripecia cómica sirve a Chejov para confrontar dos modos de afrontar la vida; la serena y aburrida de los viajeros del vagón frente a la despreocupada y divertida del recién casado que ha dejado a su esposa en un tren diferente.

“Ustedes, empero, no se casan. Siempre andan por caminos extraviados. Diré más todavía: la Sagrada Escritura dice que el vino alegra el corazón humano. ¿Quieres beber más? Con ir al buffet, el problema está resuelto. Y nada de filosofía. La sencillez es una gran virtud. “

Como siempre en las obras del gran maestro ruso, la sencillez de la trama no impide ver los rasgos habituales en Chejov, la descripción de la clase media, en situaciones cotidianas pero que revelan las contradicciones de la vida moderna. Lo que se denomina “acción indirecta” en la que parte de la trama ocurre fuera del marco narrativo, como en este caso concreto, en el que no vemos lo que ha sucedido realmente en el andén de la estación y mucho menos lo que ocurre en el otro tren que se menciona en el relato.

Como siempre las dos horas del taller fueron pocas para comentar todo lo que dan de si las obras de los grandes maestros, pero así es la vida. También en las salas de proyección los productores se ponían nerviosos si una película duraba más de 120 minutos.

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Por Xuan Folguera.

Yo nunca he sido del Madrid. Tampoco he sido muy futbolero. Y, sin embargo, ahí estaba esa noche. Escuchando a Valdano en un programa deportivo de la radio. Al parecer, le acaban de destituir como entrenador del Real Madrid. El periodista le preguntó a qué se iba a dedicar a partir de ese momento. Valdano contestó que a releer Rayuela.

−¿Rayuela? −preguntó el periodista−. ¿Esa novela que se puede leer al derecho, al reves y dando saltos?

No sé si el periodista se la había leído. Yo desde luego que no. Aunque ya me entusiasmaba la literatura hispanoamericana, aún no conocía a Julio Cortázar. Pero me llamó tanto la atención que pudiera leerse de forma distinta a la lineal que, en cuanto pude, hice una incursión a la biblioteca de mi barrio.

La primera vez que leí Rayuela no entendí nada. O bueno, más bien, no la entendí del todo. De hecho, aún continúo sin intenderla. Pero me fascinó. Y no solo por la forma en que podía leerse. De un lado. Del otro. Capítulos prescindibles. Parecía todo un poliedro literario. Tampoco la historia es muy importante. Lo que, en realidad, me deslumbraba era la forma en la que estaba escrita. Rayuela no es un libro para lectores. Es un libro para escritores. Un experimento exigente que enseña a escribir. O, al menos, otras formas de lenguaje. Como el glíglico: Apenas le amalaba el noema, caía en sústalos exasperantes.

A continuación vinieron sus cuentos. Una colección completa de la editorial Alfaguara que también encontré en la misma biblioteca de barrio. Supongo que ese fue el momento que me convirtió en cuentista. Hasta entonces intentaba ser poeta y exhibía a través de los versos mis entrañas. Pero después de leer Casa tomada o Carta a una señorita en París, sentí que debía escribir como él. He imitado muchas veces sus historias. He desmontado con un lápiz en la mano, todos sus engranajes, para volver a montarlos con mis propias palabras, con mis propios relatos. La noche bocarriba se ha convertido, por ejemplo, en un relato que he títulado Cinco de Noviembre. He sido también un verdadero cronopio, húmedo y de color verde, que, a pesar de odiar a los famas, se ha enamorado de una esperanza a la que he escrito cartas de amor en los que he bailado tregua y en los que he bailado catala.

Inevitablemente llegaron sus poemas, sus ensayos, sus otras novelas y el resto de libros suyos tan diferentes como la Vuelta al mundo en ochenta días o Fantomas contra los vampiros multinacionales que, de un modo u otro han ido, poco a poco, cayendo primero en mis manos y, después −porqué no reconocerlo−, en el olvido.

Y, sin embargo, seguimos todos tan enamorados de Julio. Y lo digo en plural, porque no somos uno, sino también legión. No es infrecuente coincidir con un julioadicto. Se les puede encontrar junto a unos dibujos de tirza. Tienen una piedrita en la mano que, después de lanzarla, mueven con la punta de un zapato. Como yo, están convencidos de que el Cielo está en el mismo plano que la Tierra, en la acera roñosa de los juegos.

Xuan Folguera Martín fue el ganador del V Certamen Literario Madrid Sky, en junio de 2018.

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