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Archive for 31 enero 2019

REMAKE

Una charla con Diego Rinoski. Por Luis Marín.

Por tercer año consecutivo, el taller de creación literaria de la Asociación Primaduroverales dirigido por Pura Simona de la Casa, ha participado en la antología de relatos editada por RELEE (red libre ediciones) que se presentó en el mes de diciembre del pasado año.

Y como en otras tantas ocasiones, un relato de nuestro compañero Diego Rinoski fue seleccionado para formar parte del libro. En la edición 2018 Diego nos ha dedicado un cuento con la banda sonora de fondo de “Se me olvidó otra vez” del grupo mejicano Maná. Su relato se titula Remake.

Pregunta: Ante todo, enhorabuena por tu acierto. Tres de tres.

Respuesta: Gracias, Luis, en parte la culpa es vuestra, quiero decir, de Pura y de los buenos ratos que hemos pasado en el taller de escritura.

P: Siempre has dicho que te sientes más cómodo en el relato corto (de una o dos páginas). Sin embargo, en las tres antologías en las que has publicado has tenido que incrementar el tamaño. ¿Te ha costado renunciar a la síntesis habitual?

R: Sí, me ha costado, sobre todo en este último cuento. Cuando se lo envié a Pura la primera vez no llegaba a la extensión que se pedía, y ella me dijo, haz que llegue, y eso es lo que hice, engordé el texto a base de palabras ricas en grasas saturadas. Sin embargo, en los dos anteriores utilicé algunas artimañas como el monólogo interior y la división de un cuento largo en varios cuentos más pequeños.

P: En la velada de presentación dijiste, desde el escenario, que no te gusta el tipo de música que utilizaste como fondo de tu cuento. ¿Lo decías como autor o como el personaje de tu historia?

R: En este caso, el autor y el personaje comparten gustos musicales, así que lo dije en nombre de los dos.

P: El personaje masculino de tu historia aparece como una persona indolente, que consume los días frente a un televisor con programas de naturaleza y que sueña su vida. ¿Crees que es una característica real de la juventud actual?

R: Pues no lo sé, en cualquier caso, el documental aparece en el cuento porque es la hora de la siesta y todo el mundo sabe que la voz en off y el ruido de la naturaleza de fondo propicia la caída de los párpados. En cuanto a soñar la vida, creo que es una característica de la juventud, pero no solo de la actual. Lo que pasa es que luego uno se va haciendo mayor y los recuerdos se apoderan de los sueños. No obstante, intento por todos los medios que eso no ocurra, por eso me declaro acérrimo partidario de los soñadores, sin importar su edad.

P: Sueño erótico e inmigración. ¿No te tembló la mano con la que está cayendo?

R: Admito que esos temas son delicados en estos momentos, pero el tratamiento que les doy en el texto no llama a la polémica, no creo que despierte muchas suspicacias. También es verdad que ahora, cuando se escribe ficción es inevitable autocensurarse por el qué dirán, pero no debería ser así, gozamos de una libertad entre comillas porque se está viendo coartada con las redes sociales en las que todo el mundo opina. De cualquier forma, estoy fuera de ese mundo virtual, así que suelo escribir sobre los temas que me apetecen sin cortapisas.

P: Tú que has escrito en el blog Cuentos como churros a partir de una imagen, después de esta experiencia ¿utilizarías la música como inspiración?

R: La inspiración puede llegarte con mil disfraces diferentes y yo estoy abierto a todos ellos. Es cierto que la música también ayuda, de hecho, mi primera opción no fue “Remake”. Yo quería escribir un cuento basándome en una canción de Kiko Veneno que me gusta mucho y que se titula “La casa cuartel”, la canción habla de un guardia civil que vive con su esposa y sus hijos en una casa cuartel y, por lo que sea, no encaja allí y quiere marcharse. Pero me di cuenta de que no tenía ni idea de cómo es la vida en un cuartel y tuve que cambiar de tercio. Por eso en “Remake”, la canción de Maná opera como una simple herramienta para que avance la trama, y no como referente inspirador.

P: ¿Qué importancia crees que tiene la química en las relaciones personales?

R: Pues toda, o casi toda. Lo que llamamos amor, la etapa del enamoramiento, incluso el cariño, todo tiene su traducción a nivel biológico. Con esto no quiero decir que seamos autómatas o cien por cien previsibles, pero sí más de lo que nos pensamos. En mi cuento, no se dan las circunstancias para que el cerebro segregue esas sustancias que ponen en marcha la maquinaria habitual, y la relación al final se marchita antes de brotar, pero nadie se rasga las vestiduras, son cosas que pasan y ya está, la vida sigue. Es una historia de amor que nunca fue, un simulacro, un “Remake” de lo que pudo haber sido.

Diego de la Fuente Alcocer, (Diego Rinoski) es coautor de los libros Arritmias, Error 404 e Incómodos, publicados por la editorial Relee. También es coautor del libro 2056 Anno Domini. Es miembro de la asociación Primaduroverales.

 

 

Luis Marín es miembro de la asociación Primaduroverales y coautor de los libros de relatos Madrid Sky y 2056 Anno Domini.

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Por Manuel Pozo Gómez.

SOBRE EL ASFALTO PARECÍAN HABER DESAPARECIDO PARA SIEMPRE LAS HUELLAS DEL INVIERNO. Con esta frase la asociación Primaduroverales inauguró el I certamen literario Madrid Sky, en el que Patricia Jiménez López fue finalista con el relato De estrellas y nubes rojas, allá por el año 2014. ¡Quién lo diría! ¡Qué rápido ha pasado el tiempo!

Por aquellos días la editorial Verbum acababa de editar el libro Cuéntame un gol. Cuentos de fútbol, en el que Patricia publicaba su primer relato, titulado Los murciélagos y los límites imaginarios. Era un libro que unía fútbol y literatura en una serie de relatos en el que los autores expresaban sus inquietudes más allá de los 105X68 del terreno de juego escribiendo unas historias que pretendían hacer disfrutar como si se tratase de un partidillo, de una pachanga con los colegas, con una cervecita como premio.

El espíritu de aquel libro se ha trasladado al año 2018, en el que la editorial Verbum ha publicado el libro Magerit. Relatos de una ciudad futura, del que Patricia Jiménez López es coautora con el relato Antes de olvidar.

Patricia, ¿Cuál ha sido tu trayectoria literaria desde aquel lejano 2014?

Desde entonces mi vida ha cambiado bastante, ahora la literatura forma parte de ella también a nivel profesional.

Como escritora, después de Los murciélagos y los límites imaginarios, publiqué un cuento infantil titulado La vida secreta de Carasucia. El año pasado, además de Antes de olvidar, publiqué un microrrelato en una antología para una editorial barcelonesa, Hijos del Hule. Acabé el año con el tercer premio en el VIII Certamen Carta a mi Madre.

También escribo en mi blog Leoletras, especializado en literatura infantil.

¿Por qué Magerit? 

Oí ese nombre y qué significaba por primera vez durante una visita escolar y se me quedó grabado. Después de Cuéntame un gol, muchos de los autores hicimos amistad. Uno de ellos me invitó a formar parte de un grupo literario. Comenzamos a quedar una vez al mes para hablar de literatura. En cada sesión uno proponía un tema o mandaba deberes para la siguiente; bien fuera leer un relato, una novela, escribir algo… Cuando llegó mi turno, me pareció interesante que cada uno escribiera un relato de ciencia ficción teniendo como telón de fondo el mismo escenario. El lugar sería este Madrid del futuro que, aunque parcialmente inundada tras un desastre, sigue en pie.

Magerit cuenta la historia de Madrid dentro de aproximadamente 400 años. ¿Cómo ves tú el futuro?

Depende del día. Hay veces que pienso que seguiremos por el mismo camino de destrucción y que ya no tenemos manera de salvarnos. Otras en cambio, me parece que pasará algo que nos devolverá al punto en el que elegimos el desvío equivocado. Como cuando con los sms pensábamos que el lenguaje escrito se corrompería para siempre y, de pronto, llega Whatsapp y todos (o casi todos) volvemos a utilizar todas las letras.

La estructura de Madrid ha cambiado por las Guerras del Agua. ¿Qué son las Guerras del Agua?

Buena pregunta. Me encantaría contestarte, pero eso forma parte de otra historia que tengo inacabada y que fue el germen de esta aventura literaria. A grandes rasgos, te diré que las Guerras del Agua representan ese desastre que todos tememos que ocurra cualquier día si no empezamos a tomarnos las cosas más en serio.

En tu relato hablas de un Plan de Reprogramación Positiva. ¿En qué consiste?

Está inspirado en esa corriente de pensamiento que nos quiere hacer creer de una manera simplista que si deseamos algo con la suficiente fuerza, lo imaginamos y somos positivos, sucederá. Así, sin hacer nada más. El universo escuchará tu frecuencia positiva y te proveerá de todo lo que deseas.

En Magerit ni siquiera hace falta imaginar. El ayuntamiento ha puesto a disposición de sus ciudadanos este servicio gratuito. Si sientes que te rondan pensamientos negativos, acudes a ellos y en un rato eliminan ese patrón de pensamiento negativo y formas parte de la felicidad que te rodea. Digamos que todos tendremos unas ventanas fantásticas y el «plan Renove» será de otra cosa.

¿Crees que a los ciudadanos de hoy se nos debería aplicar un plan así?

No, no creo que un lavado de cerebro sea la solución. Es mejor trabajar con lo bueno que podemos aportar para construir esa sociedad más feliz. Claro, que eso requiere un esfuerzo y no todo el mundo está dispuesto a replantearse si sus pensamientos o comportamientos ayudan o no.

En Antes de olvidar los funcionarios tienen un papel importante. ¿De verdad imaginas que en el futuro habrá funcionarios?

En Magerit, los funcionarios, aunque no los llamo así, se encargan de llevar a cabo lo que la ciudadanía ha elegido. He jugado un poco con esa figura controladora que aparece en las distopías clásicas de ciencia ficción, pero le he dado una vuelta; he cambiado el poder de foco.

Tú has escrito la contraportada del libro y dices en ella que en Magerit las vidas de los protagonistas se desarrollan en los antiguos túneles del metro y en torres de alturas imposibles, que sus vidas quedan atrapadas en la obsesión por controlarlo todo, se mueven por amor, por experimentos científicos y por la realidad de la colonización especial. Pero también dices que todos seguimos teniendo sitio en Magerit. ¿Dentro de 300 años todos tendremos sitio en Madrid?

Sí, creo que en Madrid, se llame como se llame, siempre habrá sitio para todos, forma parte de su espíritu. Las ciudades también cuentan como seres vivos en cierta manera.

Con lo difícil que es publicar, ¿qué significa que una editorial como Verbum haya apostado en tan poco tiempo por estos dos libros de relatos en los que tú participas?

Significa mucho, publicar da fuerza para seguir escribiendo. Y te regala experiencias como firmar en la Feria del Libro de Madrid o conocer gente interesante.

La verdad es que la editorial se interesó por el proyecto casi desde el principio. De hecho, durante un tiempo, Magerit quedó adormilada en un cajón y fue Verbum quien la despertó. Fue un subidón recibir aquel correo electrónico con la propuesta. Es un placer trabajar con David, con Luis Rafael, que es el editor, y con su editorial. Les agradezco la oportunidad.

¿Cuál es tu siguiente proyecto literario?

Además de seguir con mi blog Leoletras, estoy escribiendo una novela infantil. Ahora comienzo a coordinar un proyecto editorial que me hace especial ilusión con la Fundación Familia de Albacete. Os mantendré informados.

Y, por supuesto, volveré a presentarme al Madrid Sky. Eso sí que no me lo pierdo yo.

¿Te gustaría añadir algo más a esta entrevista?

Pues aunque parezca peloteo, aprovecho la ocasión para agradecer a Primaduroverales la organización de su concurso. He ido a otras galas de entrega de premios y en ninguna me he sentido como en la vuestra. Tengo un recuerdo fantástico de aquel día.

Muchas gracias por la conversación, Manuel, ha sido un placer. Aquí me tienen ustedes para lo que necesiten.

Manuel Pozo Gómez es miembro de la asociación Primaduroverales Grupo de Escritores. Es autor del libro de relatos Violeta sabe a café, (Premium editorial) y coautor, entre otros, de los libros Madrid Sky, (Uno Editorial); Cuéntame un gol, cuentos de fútbol  (Verbum editorial) y Magerit. Relatos de una ciudad futura (Verbum editorial).

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La concejalía de Cultura y la Fundación Gerald Brenan hicieron público recientemente el fallo del jurado del XV Certamen Internacional de Relato Breve ‘Gerald Brenan’, cuyo premio ha recaído en la obra titulada La anarquía del Sol, de Carlos García Valverde. La entrega del premio se ha producido el pasado día 24 de enero, en la biblioteca de Alhaurín el Grande (Málaga).

Con el relato Te dije que volvería Carlos García Valverde obtuvo en junio de 2018 el segundo premio en la V edición del certamen Madrid Sky, que le fue entregado por Sergio Torres en nombre del patrocinador del premio, la academia Heisenberg.

En esta ocasión se han presentado a concurso en el certamen Gerald Brenan 2780 relatos, lo que da una idea de la calidad del certamen y de La anarquía del Sol. Carlos García Valverde nació en León, ciudad en la que reside y desde la que desarrolla su actividad como ilustrador, diseñador gráfico y escritor. En dichas facetas ha sido merecedor de una treintena de galardones nacionales e internacionales, entre premios, menciones honoríficas, nominaciones y accésits. Gestiona un blog en el que se puede leer información sobre sus relatos y disfrutar de algunas de sus caricaturas.

En La anarquía del Sol, García Valverde recrea el viaje que, ya de adulto y en el culmen de su carrera, emprende el relojero José Rodríguez Losada a su pueblo natal, Iruela, en la comarca leonesa de la Cabrera. José Rodríguez, protagonista de la historia, era militar, empresario y relojero, y es conocido porque donó al ayuntamiento de Madrid el reloj de la Puerta del Sol. En el relato ganador Carlos García Valverde juega con el concepto del tiempo a través de los diálogos y discusiones que mantienen el relojero y el párroco de Iruela.

El autor leonés tiene un gran dominio del lenguaje y del medio rural, y mucho de sus relatos, como en este caso, están ambientados en León y en personajes leoneses. En su forma de escribir hay mucho oficio y mucha precisión en el manejo de las palabras, a veces recuperadas de un entorno rural que le es familiar,

Desde la asociación Primaduroverales queremos felicitar cordialmente a este autor que nos dejó una gratísima impresión en su paso por nuestro concurso. Entendemos que el mejor homenaje que podemos hacerle es reproducir su relato. Toca disfrutar.

LA ANARQUÍA DEL SOL

Todo el mundo sabe que el tiempo es muerte,

muerte que se esconde en los relojes.

Federico Fellini

La diligencia traqueteaba ruidosamente por los polvorientos caminos de Tierra de Campos. Entre el bronco rumor de las ruedas y el trepidar de los cascos de las caballerías, se dejaban oír los gritos del mayoral desde el pescante y los del zagal, este último aupado sobre una de las mulas delanteras que, en número de seis, arrastraban mal que bien el desvencijado carruaje. Cuando se presentaba una cuesta, el zagal se apeaba de su montura y ya desde el suelo, corriendo a la par que el vehículo, instaba a las acémilas, con latigazos y pedradas, a que cumplieran con su penosa misión, entre una sarta de maldiciones y procaces blasfemias que, por inconvenientes, no parecían encontrar acomodo en su voz casi infantil y estaban causando el sonrojo y la desazón de un par de pudorosas damas que viajaban en la rotonda del carricoche.

Leer relato completo La anarquía del sol

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Por: Vicente Moreno

imagen hoy 01Ayer tuvimos una muestra completa de las actividades que realizamos en el Taller de Creación Literaria. Empezamos leyendo un cuento de un autor consagrado, luego vino un ejercicio de la wiki historia que estamos realizando este año y por último recibimos la visita de tres autoras que nos presentaron su libro.

Pero vayamos por partes, como aconsejan los buenos descuartizadores. El relato que leyó Carlos Valle-Inclán es del autor mexicano Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972) novelista y autor de varios libros de relatos además de ensayista. El título del cuento es: “La vida secreta de los insectos” y es un ejemplo del cruce de géneros que define a muchos escritores de su generación en los que se mezcla el relato policial y de terror, además del uso de varios hilos de trama que en este caso son el paso del tiempo, la muerte o el debate entre la ciencia y la fe.

Como ejemplo puede servir el magnífico inicio de la obra:

Dos noticias: 1. Hoy voy a hablar con mi esposa, tras dos años de no hacerlo; 2. Mi esposa está muerta. Falleció hace dos años, en extrañas circunstancias. Es mi día de descanso y “la cita” es hasta la noche, así que aprovecharé el tiempo para estar en la playa. A Lucía le encantaba el mar. No se metía a nadar, le tenía mucho respeto. Pero daba largas caminatas por la orilla y disfrutaba dejando que las olas le lamieran los pies descalzos. Curiosamente, en una ocasión me dijo que cuando muriera, el último lugar al que le gustaría que arrojaran sus cenizas sería el mar.

En este relato lo que menos importa es la resolución policial del caso de la muerte de esta mujer, porque la esencia del cuento es una reflexión sobre la vida y la aceptación de la muerte.

imagen hoy 02.pngA continuación nuestra compañera Charo nos leyó su relato titulado “Mis ahorros” que corresponde al segundo ejercicio de su wiki en el que nos cuenta una historia de inmigración con diferentes personajes que muestran las diferentes formas de afrontar los problemas de la vida por parte de cada uno. El análisis del cuento sirvió para debatir sobre el correcto uso de los tiempos verbales, y la ubicación del narrador.

 En la caja guarda sus ahorros con los que quiere traer a sus padres a morir en Madrid. Se siente el báculo de su vejez. Le han robado, la cerradura no está forzada y no hay ninguna ventana abierta, pero la caja no está. Llora por la traición de su hermano, ha sido él, es el que tiene llave de su apartamento.

Por último recibimos a las tres autores de “Bíblicas” (Ediciones Oblicuas) que nos presentaron esta antología de microrrelatos  basados en diferentes pasajes del Nuevo Testamento. Nos contaron la gestación del proyecto y nos hablaron de las dificultades que se presentan a la hora de batallar con las editoriales.

Este cronista no se resiste a reproducir una pequeña muestra del ingenio mostrado en estos micros que suponen una nueva lectura del texto bíblico, realizada desde una perspectiva  actual.

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Como siempre acabamos en la taberna para la segunda parte de la tertulia.

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Por Manuel Pozo Gómez

Hace tiempo que tenía ganas de publicar en el blog una entrada sobre la asociación Verbo Azul y no he encontrado mejor ocasión que la presentación del libro Acaso el espejismo, de Ana Garrido Padilla, su presidenta. La asociación Verbo Azul fue fundada en 1998 por José Bárcenas, y refundada en el año 2001 por Juan José Alcolea y Ana Garrido. Tienen su sede en Alcorcón, donde celebran una tertulia literaria dos veces a la semana. También mantienen un premio literario anual, que alterna la narrativa con la poesía. Las similitudes con nuestra asociación Primaduroverales no puede ser mayor, si cambiamos la tertulia por nuestro taller de creación literaria.

Los aproximadamente cuarenta socios de Verbo Azul son incansables en la difusión de la poesía. Para ello se ayudan de una revista anual titulada La hoja azul en blanco (anteriormente su publicación era semestral, pero la ausencia de subvenciones ha liquidado parte del proyecto), de un extraordinario blog que sirve de difusión a las obras de sus socios y de comunicación con sus seguidores y de multitud de actos en los que van llevando su poesía por aquellas asociaciones que se lo solicitan.

Ana Garrido Padilla recibió recientemente el premio de poesía Flor de Jara, en su vigésima edición, por el poemario Acaso el espejismo, citado anteriormente. El libro fue presentado en la Casa de Castilla la Mancha el pasado 15 de enero, en un acto que contó con la lectura previa de poemas de algunos autores de la asociación Verbo Azul.

La presentación del libro corrió a cargo de la escritora Teresa Núñez, en un discurso en el que definió magistralmente la poesía, y también, como no, a Ana Garrido y su obra. Lo mejor para que el lector tenga una impresión fiel de lo que dijo Teresa Núñez y de quién es Ana Garrido es reproducir textualmente algunos párrafos de su discurso.

A veces tengo la impresión de que Ana Garrido nos reta desde sus libros. Sí. Casi estoy segura. Ella arroja de pronto un poema que solo adquiere forma de poema cuando nos vamos introduciendo en él. […]

[…] Así que ya lo tenemos, lo hemos descubierto. Detrás del signo, la palabra. El riesgo de la palabra. Y esta comienza siempre por un silencio, o sea, por un ruido de sombras en los templos vacíos. Conviene no olvidar cada significado porque Ana lo dice claro para quien lo quiere entender. Habla de templos, habla de ideas que aún no han sido escritas, no han recibido el bautismo de las palabras. Y es como si quisiera dar divinidad a lo que va a decirnos a continuación. La promesa de la piedra labrada, /el recinto sagrado para los sacrificios.

La poesía no es más que eso, algo que está a punto de labrarse en la piedra dentro del recinto sagrado que es el propio poeta. ¿Debemos entender que la poesía es un espejismo? Acaso, nos responde la autora. Insiste en la idea cuando nos advierte que “sostenemos el humo de las lámparas”. Fijaos, no la luz. La luz sería fácil de advertir, una conclusión lógica para una lámpara. Pero Ana nos habla del humo, o sea, que nuestros sentidos están siempre al cabo del espejismo. Soñamos con lo que no es, con lo que vemos pero puede quedar destruido en un segundo. Con aquello que deseamos intensamente y que, por tanto, somos llevados por ellos al engaño. ¿Es la poesía un engaño? De ninguna manera, la poesía existe aunque tal vez de esta forma, como una bruma que puede equivocarnos.

[…] Ana Garrido nos implica en su verso, además, con la naturaleza. La nieve aparece en su libro como símbolo, como auténtica añoranza de la inocencia perdida. El recuerdo de la infancia la sostiene cuando todo puede llegar a ser tristeza y soledad. Y, más que nada, la luz, figura clave de todos sus poemarios y mencionada en este dieciocho veces, aunque encontramos que adquiere una visión nueva según el adjetivo que la acompañe. Así es hospitalaria, sosegada, envejecida, vulnerable, vacilante y única.

Fue una tarde en la que la literatura y la poesía reunieron a dos mujeres brillantes, a dos amantes de las letras, a dos mujeres que tienen mucho que decir a través de sus relatos y de sus poemas. Recomiendo el libro de Ana Garrido, premio “Flor de Jara” de poesía 2017, y no encuentro mejor manera para cerrar esta entrada que la publicación de uno de sus poemas, el que cierra el libro Acaso el espejismo.

Sopesar la medida,

la forma, la materia,

ceder a la quietud, al sobresalto,

al infame pretexto del asombro.

Demorarse en la nieve

a solas en la luz.

Llegar a las palabras y ser otra,

la otra,

la que escribe.

Manuel Pozo Gómez es miembro de la asociación Primaduroverales Grupo de Escritores. Es autor del libro de relatos Violeta sabe a café, (Premium editorial) y coautor, entre otros, de los libros Madrid Sky, (Uno Editorial); Cuéntame un gol, cuentos de fútbol  (Verbum editorial) y Mar de relatos (Editorial ECU).

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Este próximo jueves (24 de enero, de 20.00 a 21.00) el taller de los Primaduroverales hace jornada de puertas abiertas, pues nos visitan Carmen Marzo Calleja, Juana Mª Muñoz Cano y Beatriz Martínez Manzanares, autoras del libro de microrrelatos titulado “Bíblicas”, publicado en 2018 por Ediciones Oblicuas.

Las tres autoras se pasean por el Antiguo Testamento en forma de microrrelatos. Es un libro valiente que le da la vuelta a ciertos hechos. No hay en estos microcuentos, me refiero a este género literario, margen para la reflexión escrita, la reflexión se da hecha, y es el lector el que ha de descubrirla o interpretarla. Lo inmensurable del microrrelato es la polisemia implícita, que puede provocar un cuento diferente para cada lector; claro, que esto no es sino la máxima de la buena literatura de cualquier género.

Desde el Génesis a los Profetas pasamos por casi todas las tipologías de los problemas de los hombres y de las mujeres, que siguen siendo los de hoy mismo. Desde el planteamiento metafísico de la existencia de Dios (el incrédulo no encontrará razones sino para creer que Dios está hecho a semejanza del hombre y no a la inversa. En cambio la Fe, como ya es sabido, moverá montañas, incluso si un Dios distraído no se apercibiera de dicha Fe) hasta crear la ilusión del advenimiento de un hijo de Dios pleno de bondad, no se deja de cuestionar la naturaleza de los problemas humanos.

En el libro se nos muestra que no había ni hay escondrijos, límites, artimañas o crueldad que frene el deseo o la ambición de poder, que el ideal de poder es aquel que el hombre le atribuye a Dios. El poder busca súbditos y obediencia, y en su detrimento, la capacidad de castigo, y a semejantes principios les conviene un advenimiento ultramundano que les den categoría.

Con una brevedad precisa, se da un repaso al nacimiento del nacionalismo en el momento en que Dios (de existir) elige a un pueblo entre los demás, cuyas consecuencias ya sabemos, guerras en sí, guerras santas, holocaustos… Se pasa de puntillas por la ilusión de libertad, ya que es, eso mismo, un espejismo. Y encontramos que las mujeres están relegadas a su condición de mujer y no de persona, como en tantos lugares del mundo sigue siendo (¿o tal vez en todos?).

Los ángeles se aburren de una vida sin sobresaltos. ¿Qué sería de la vida sin un enemigo, sin un problema, o muchos, por resolver? El hombre necesita conflictos. También estas escritoras nos hacen preguntarnos por qué soportamos los males imaginados e inimaginables cuando podríamos acabar con ellos terminando con nuestra vida. ¿En qué radica esa pulsión de vida a pesar de los pesares? O ¿se puede tentar a Dios ya que se pinta con atributos humanos? Y que hay cosas de las que uno no puede escapar, como que el mal hacia el otro se vuelva contra nosotros.

Y bueno, para abrir boca ya decimos bastante. Así que, lo dicho: Día de puertas abiertas en el que aquel que lo desee está invitado a nuestro taller.

Primaduroverales: C/ Sebastián Herrera, 12-14, en el aula 3.8. Tercera planta.

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Por María Posadillo

Cuando conocí a Shakespeare, yo era una adolescente y él llevaba muerto casi cuatrocientos años. Lo encontré de manera fortuita un día que estaba subida a un taburete, intentando alcanzar los autores prohibidos de la librería de roble que tenían mis padres en casa. La norma era la siguiente: «Solo puedes leer los libros que puedas alcanzar con la mano». Pero, a tan tierna edad, ¿para qué están las reglas si no es para transgredirlas?

William dormitaba a un nivel accesible para mi estatura, en una especie de limbo entre estantes, al que podía llegar con facilidad, pero aquellos tomos viejos de páginas ocres siempre me habían resultado una opción poco interesante. ¿Por qué escoger al menos atractivo, teniendo la tentación una balda más arriba?

Pero quiso el destino que el más feo me sacara a bailar el día que me tocó representar en el colegio al mismísimo Romeo en la escena del balcón y, después de leerme aquella obra de teatro, descubrí que el amor verdadero solo podía tener ese aspecto. Drama en vena para mis dieciséis años.

Si un autor abre un resquicio en la mente de un lector y es capaz de colar en ella una idea abrumadora, se encontrará con un público entregado cada vez que se cruce con él. La puerta que empujó Shakespeare dejó pasar, a lo largo del tiempo, todas las pasiones humanas conocidas y conectó la realidad de su tiempo con mi presente. Eso es lo que ha hecho que este dramaturgo siempre esté de actualidad: todas sus obras reflejan las fortalezas y las debilidades con tal intensidad que parecieran estar transcurriendo justo en este momento. Esa es la causa por la que Goethe, Dickens y otros escritores bebieron de sus letras, y la razón por la que yo lo convertí en mi autor de cabecera.

«No hay tema de la vida que él no haya representado y expresado, y todo ello, ¡con qué inigualable agilidad y libertad!» (Goethe).

Crecer como lectora teniendo de tutor a un inglés del siglo XVI fue todo un descubrimiento. Lejos de encontrar una literatura impregnada de la inherente flema británica, William Shakespeare se pasea por el mundo absorbiendo la atmósfera de los lugares donde se desarrollan sus historias: Dinamarca, Venecia, Chipre, Verona, Escocia, Atenas… Yo estuve allí, a través de sus páginas, sumergida en emociones que remueven por dentro. Unas veces para dar respuesta a las disquisiciones existenciales de “Hamlet”, y otras para sucumbir en la incomodidad de las intrigas y la extrema violencia de “Macbeth”. Sus tragedias son todo un manual en el oscuro arte de quitar de en medio a sus personajes. Los he visto morir apuñalados, envenenados, ahogados, decapitados, por mordedura de serpiente… Todo un catálogo de ideas para un loco.

Pero si hay algo que siempre me cautivó de su pluma es la sabiduría con la que aborda los dilemas del devenir humano: la raza, la familia, la corrupción, el matrimonio, el nacionalismo… Así le puso voz al judío Shylock, en «El mercader de Venecia», con el más elocuente alegato sobre la igualdad:

¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no se alimenta de la misma comida, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?

Su obra entera es una tempestad que agita el entendimiento pues, de la verdad irrefutable de sus protagonistas históricos, Eduardo III, Enrique VI, Ricardo II, cambia de registro y te arrastra a mundos de fantasía donde se entrega a la imaginación sin límites. Él, que fue el hacedor de «El sueño de una noche de verano», tuvo la virtud de colocar mis pies en la tierra, para luego lanzarme a un vuelo inesperado y surrealista, dejando las ventanas de mi pensamiento abiertas de par en par. De Shakespeare aprendí que las certezas halladas en los libros pueden ser una filosofía de vida. Cuando un lector hace su elección, la magia de las letras ―de cualquier escritor― se convierte en una nueva ruta a seguir. Si tuviera que trazar un mapa de los caminos que escogí, posiblemente el paisaje revelaría el lado más caprichoso de su literatura: las mil maneras en las que la pasión es capaz de manifestarse en el ser humano. Adentrarse en la comedia de la propia existencia, sucumbir a los celos y a los malentendidos, luchar por su supervivencia, descubrir lo etéreo del enamoramiento, conquistar a alguien con el juego de la palabra, morir de amor…

Borges escribió: «Somos lo que leemos». Leer a William Shakespeare es un riesgo que hay que correr al menos una vez en la vida. Y después, el destino decidirá.

«De todas las maravillas que he oído, la que mayor asombro me causa es que los hombres tengan miedo. ¡Visto que la muerte es un fin necesario, cuando haya de venir, vendrá!» (Julio César).

María Posadillo fue la ganadora de la IV edición del certamen Madrid Sky, con el relato Tal vez mañana, un relato intrigante y fantástico con el que la escritora cordobesa se ganó al público y al jurado de la edición celebrada en 2017. María Posadillo dio sus primeros pasos en el mundo de la literatura en el taller “Travesía literaria”. Después ha ganado diversos premios literarios, entre ellos el primer premio del III Concurso de Relatos Románico Digital, el primer premio del III Certamen de Cartas de Amor de Holiday Rural y el segundo premio del IX Certamen de Relatos de Aldea del Obispo. También ha sido finalista de la XI edición de los premios “Cuentamontes”, de literatura de montaña.

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Por: Paco Plaza

Estaba la tarde fría y desapacible, una tarde de invierno, vamos. Pero en nuestro taller teníamos calor a raudales, tanto ambiental, a veces parece que nos quieren asar lentamente (usando el calambur de Carlos diría que nos van a dorar), como sentimental, por lo que dispusimos a pasar un par de placenteras horas literarias. Continuamos con el juego de las wikis, esos cuentos interrelacionados en los que nos ha metido Pura este curso. Poco a poco vamos completando las distintas etapas propuestas. Esto parece una gincana.

trenEste jueves empezamos con la cuarta entrega de Carlos Cerdán, con su relato “Unos dedos gordos”. Carlos Cerdán acostumbra a dar un tono de novela negra a sus relatos y sus personajes nos evocan a las películas de John Huston (El halcón maltés) o Carol Reed (El tercer hombre); esta vez faltaba el fondo musical que Carlos suele imprimir en sus creaciones; pero teníamos el traqueteo de un tren, por lo que la película perfecta para asociar a su relato sería “Extraños en un tren” de Alfred Hitchcock. Dos desconocidos, un cura y un policía, entablan una conversación en un tren y a través del diálogo descubrimos los repulsivos hábitos de uno y las aviesas intenciones del otro. De nuevo dos personajes oscuros muy bien dibujados por Carlos sin descripción alguna, solo con un uso inteligente del diálogo. Lo de la paradoja y la modestia requeridas en el ejercicio estaban un poco cogidos con hilo pero el relato gustó, he aquí un extracto:

  “… – Jajaja, dejémoslo estar – con una risa fingida, el sacerdote cerró el tema – Sabe, su trabajo y el mío tienen muchas cosas en común.

– ¿Lo dice porque los dos damos hostias?

-¡Por Dios, no! ¡Qué ocurrencia!

– Entonces no veo en qué.

– Sí hombre, a los dos nos hacen confesiones.

Beltrán lo miró con sorna. Las que me hacen a mí no suelen ser voluntarias …”

calabacinContinuamos con la primera entrega de una participante recién llegada al taller:  Charo. Muy atrevida nos divirtió con un relato cargado de sensualidad y sin tapujos titulado “Falocracia”. Usó una sinécdoque perfecta al representar a un hombre por su pene, ¿para qué hace falta el resto?¿no? Hizo también un buen ejemplo de sinestesia: “…Dejo el teléfono y sumerjo mi mano derecha en la bañera en busca del pene. La voz al otro lado del teléfono que acabo de oír me trae añoranzas de esta madrugada. Jaime deja en el aire un blanco perfume de ensueño.  Me entretengo palpando tu pene, esta erecto. Quiero que recorra todo mi cuerpo. Al igual que una relajación lo voy pasando desde el pie hasta la nuca, siendo consciente de cada parte de mi cuerpo, sintiendo su contacto y me invade la alegría…”.

Después José nos volvió a deleitar con su segunda entrega de la wiki: “La ley del Pana”. Relato que nos traslada a los bajos fondos de una gran ciudad americana en la que los chicos y jóvenes dominicanos no tienen otra salida que la delincuencia o las bandas de gansters. Relato con narrador omnisciente en el que se mezclan con maestría los diálogos directos, los directos libres y los pensamientos del narrador. Además supo incluir con elegancia algún que otro calambur:

“… Salió de la cárcel a las doce en punto y llegó a su casa muy contento. Silbando,

sonriendo y con ganas de broma. Quien primero lo vio fue Robe. De un salto se

enganchó a su cuello con todas sus fuerzas.

-¿De qué te reías? –Le preguntó el chico.

-Yo no me reía –respondió el Pana.

-¿Cómo que no?

-A ver, ¿son risas las sonrisas? No, las sonrisas no son risas –dijo, y Robe al oírlo

agachó la cabeza un poco avergonzado. Entonces su hermano añadió–, aunque

sí son rojos los sonrojos.

Así era el Pana, tenía labia y se enrollaba. Un tío simpático con los mayores y

sobre todo con los niños. ¿Quién no era colega del Pana? ¡Nadie! …”

Por último Carlos Valle-Inclán nos leyó su segunda entrega: “La prueba”. Un relato corto pero inquietante, del que emana el ambiente claustrofóbico y opresor de un psiquiátrico en el que podemos ver cómo un hombre desesperado por haber perdido un brazo puede perder también la cabeza. Aquí va un extracto con el calambur que requería el ejercicio:

“… Esos asquerosos doctores. Creen que pueden jugar a ser Dios. Que todos debemos adorarlos, pensó.

– Lo que voy es a dorarlos, dijo en voz alta. Los voy a quemar vivos si piensan que pueden jugar conmigo. Malditos malnacidos, gritó sin darse cuenta de que había cogido la caja con su única mano, la derecha, la tonta; la había levantado sobre su cabeza y la había lanzado contra el suelo.

El golpe resonó seco, airado, violento. Primero en la habitación y a continuación se fugó por el corredor de un modo lastimero, casi sucio. Su respiración era animal y agitada ….

Antes de salir Pura solicitó ideas para hacer el análisis de una novela clásica corta. Se propusieron algunas novelas de Stefan Zweig, pero finalmente Pura se quedó con “Otra vuelta de tuerca” de Henry James. Así es que ya sabéis, para finales de febrero haremos análisis de dicha novela.

El próximo jueves vendrán las amigas de Pura a presentarnos su libro en la segunda hora.

En fin, una tarde divertida que terminó regada con las cervezas que tan bien tira nuestro amigo Juan.

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OTRA NOCHE EN LA FRONTERA

Como si de una plaga venenosa se tratara, les impiden el paso. Alba quiere pensar que su padre tenía razón, que tarde o temprano los dejarán entrar. Pero la noche cae, y nada ha cambiado. Se ovilla bajo la tienda que comparten con otras familias. Alba no puede conciliar el sueño. Las tripas le rugen, el llanto de su hermana pequeña le hiere la piel, y la humedad se cuela bajo su ropa. Pero lo peor está por llegar. Él esperará los ronquidos de los otros y se acercará, como cada noche. Alba vomitaría si tuviera qué. Pero lo dejará hacer. Él ha prometido que nunca las abandonará.

Con este relato Patricia Collazo González ha ganado el XII Concurso de Microrrelatos CientocinCuenta, organizado por el Ayuntamiento de Graus, que este año tenía a la luna y la noche como argumentos. El jurado, que se reunió el 27 de diciembre, hizo una mención especial para el relato ‘Y soñar que existen otras lunas’, de la madrileña Purificación Ruiz Gómez.

La organización ha comunicado que se presentaron al concurso un total de 200 originales llegados desde toda España. El jurado estuvo compuesto por los profesores de Literatura del IES Baltasar Gracián de Graus Carlos González y Carlos Bravo, y por el técnico de cultura del Ayuntamiento de Graus Jorge Mur.

Patricia Collazo González ha publicado en diversas antologías. En 1997 publicó un libro de relatos titulado Intermediarios Abstenerse (Buenos Aires, 1997). Ha obtenido diversos premios en distintos certámenes literarios y ha sido varias veces finalista mensual en el concurso ‘Relatos en Cadena’ organizado por la Escuela de escritores y la Cadena Ser. Es la autora del blog literario laletradepie.com

En 2018 fue finalista de la V edición del certamen Madrid Sky con el relato Si te fueras de una vez.

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Por Santiago Eximeno.

Para Primaduroverales he pensado en un relato que esté libre de derechos y que me marcara especialmente, y me ha venido a la mente “La gallina degollada”, de Horacio Quiroga. ¿Por qué? Porque cuando lo descubrí todavía no estaba leyendo a Quiroga. Fue en un cómic, en el Almanaque 1984 de la revista Creepy. Carlos Trillo había adaptado la historia y Alberto Breccia, con su forma personal de concebir el cómic, la había ilustrado. Un cómic en blanco y negro salpicado de rojo por todas partes para narrar una historia cruel y aterradora. Fantástica. Ese cómic fue el que me animó a devorar toda la literatura creada por Quiroga. Es curioso, para mí el cómic de Trillo y Breccia es superior a la historia original, quizá porque llegué a él primero, quizá por esa primera página magistral.

LA GALLINA DEGOLLADA

Todo el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la cabeza con la boca abierta.

El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban, se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.

Otras veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantalón.

El mayor tenía doce años y el menor, nueve. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.

Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer y mujer y marido hacia un porvenir mucho más vital: un hijo: ¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?

Así lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo llegó, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creció, bella y radiante, hasta que tuvo año y medio. Pero en el vigésimo mes sacudiéronlo una noche convulsiones terribles, y a la mañana siguiente no conocía más a sus padres. El médico lo examinó con esa atención profesional que está visiblemente buscando la causa del mal, en las enfermedades de los padres.

Después de algunos días los miembros paralizados recobraron el instinto; pero la inteligencia, el alma, aún el instinto, se habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre sobre las rodillas de su madre.

—¡Hijo, mi hijo querido!—sollozaba ésta, sobre aquella espantosa ruina de su primogénito.

El padre, desolado, acompañó al médico afuera.

—A usted se le puede decir; creo que es un caso perdido. Podrá mejorar, educarse en todo lo que permita su idiotismo, pero no más allá.

—¡Sí!… ¡sí!…—asentía Mazzini.—Pero dígame: ¿Usted cree que es herencia, que…?

—En cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que creí cuando vi a su hijo. Respecto a la madre, hay allí un pulmón que no sopla bien. No veo nada más, pero hay un soplo un poco rudo. Hágala examinar bien.

Con el alma destrozada de remordimiento, Mazzini redobló su amor a su hijo, el pequeño idiota que pagaba los excesos del abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sostener sin tregua a Berta, herida en lo más profundo por aquel fracaso de su joven maternidad.

Como es natural, el matrimonio puso todo su amor en la esperanza de otro hijo. Nació éste, y su salud y limpidez de risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero a los diez y ocho meses las convulsiones del primogénito se repetían, y al día siguiente amanecía idiota.

Esta vez los padres cayeron en honda desesperación. ¡Luego su sangre, su amor estaba maldito! ¡Su amor, sobre todo! Veintiocho años él, veintidós ella, y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un átomo de vida normal. Ya no pedían más belleza e inteligencia como en el primogénito; pero un hijo, un hijo como todos!

Del nuevo desastre brotaron nuevas llamadaras de dolorido amor, un loco anhelo de redimir de una vez para siempre la santidad de su ternura. Sobrevinieron mellizos, y punto por punto repitióse el proceso de los dos mayores.

Mas, por encima de su inmensa amargura, quedaba a Mazzini y Berta gran compasión por sus cuatro hijos. Hubo que arrancar del limbo de la más honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo abolido. No sabían deglutir, cambiar de sitio, ni aún sentarse. Aprendieron al fin a caminar, pero chocaban contra todo, por no darse cuenta de los obstáculos. Cuando los lavaban mugían hasta inyectarse de sangre el rostro. Animábanse sólo al comer, cuando veían colores brillantes u oían truenos. Se reían entonces, echando afuera lengua y ríos de baba, radiantes de frenesí bestial. Tenían, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo obtener nada más.

Con los mellizos pareció haber concluído la aterradora descendencia. Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad.

No satisfacían sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se exasperaba, en razón de su infructuosidad, se agriaron. Hasta ese momento cada cual había tomado sobre sí la parte que le correspondía en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habían nacido de ellos, echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio específico de los corazones inferiores.

Iniciáronse con el cambio de pronombres: tus hijos. Y como a más del insulto había le insidia, la atmósfera se cargaba.

—Me parece—díjole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las manos—que podrías tener más limpios a los muchachos.

Berta continuó leyendo, como si no hubiera oído.

—Es la primera vez—repuso al rato—que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.

Mazzini volvió un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:

—De nuestros hijos, ¿me parece?

—Bueno; de nuestros hijos. ¿Te gusta así?—alzó ella los ojos.

Esta vez Mazzini se expresó claramente:

—¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?

—¡Ah, no!—se sonrió Berta, muy pálida—¡pero yo tampoco, supongo!…
¡No faltaba más!…—murmuró.

—¿Qué no faltaba más?

—¡Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entiéndelo bien! Eso es lo que te quería decir.

Su marido la miró un momento, con brutal deseo de insultarla.

—¡Dejemos!—articuló, secándose por fin las manos.

—Como quieras; pero si quieres decir…

—¡Berta!

—¡Como quieras!

Este fué el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables reconciliciones, sus almas se unían con doble arrebato y locura por otro hijo.

Nació así una niña. Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre. Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complacencia, que la pequeña llevaba a los más extremos límites del mimo y la mala crianza.

Si aún en los últimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros. Su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer. A Mazzini, bien que en menor grado, pasábale lo mismo.

No por eso la paz había llegado a sus almas. La menor indisposición de su hija echaba ahora afuera, con el terror de perderla, los rencores de su descendencia podrida. Habían acumulado hiel sobrado tiempo para que el vaso no quedara distentido, y al menor contacto el veneno se vertía afuera. Desde el primer disgusto emponzoñado habíanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel fricción, es, cuando ya se comenzó, a humillar del todo a una persona. Antes se contenían aún por la común falta de éxito; ahora que éste había llegado, cada cual, atribuyéndolo a sí mismo, sentía mayor la infamia de los cuatro engendros que el otro habíale forzado a crear.

Con estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible. La sirvienta los vestía, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad. No los lavaban casi nunca. Pasaban casi todo el día sentados frente al cerco, abandonados de toda remota caricia.

De este modo Bertita cumplió cuatro años, y esa noche, resultado de las golosinas que era a los padres absolutamente imposible negarle, la criatura tuvo algún escalofrío y fiebre. Y el temor a verla morir o quedar idiota, tornó a reabrir la eterna llaga.

Hacía tres horas que no hablaban, y el motivo fué, como casi siempre, los fuertes pasos de Mazzini.

—¡Mi Dios! ¿No puedes caminar más despacio? ¿Cuántas veces?…

—Bueno, es que me olvido; ¡se acabó! No lo hago a propósito.

Ella se sonrió, desdeñosa:

—¡No, no te creo tanto!

—Ni yo, jamás, te hubiera creído tanto a ti…¡tisiquilla!

—¡Qué! ¿qué dijiste?…

—¡Nada!

—¡Si, te oí algo! Mira: ¡no sé lo que dijiste; pero te juro que prefiero cualquier cosa a tener un padre como el que has tenido tú!

Mazzini se puso pálido.

—¡Al fin!—murmuró con los dientes apretados.—¡Al fin, víbora, has dicho lo que querías!

—¡Sí, víbora, sí! ¡Pero yo he tenido padres sanos, ¿oyes?, ¡sanos! ¡Mi padre no ha muerto de delirio! ¡Yo hubiera tenido hijos como los de todo el mundo! ¡Esos son hijos tuyos, los cuatro tuyos!

Mazzini explotó a su vez:

—¡Víbora tísica! ¡eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! ¡Pregúntale, pregúntale al médico quién tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmón picado, víbora!

Continuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un gemido de Bertita selló instantáneamente sus bocas. A la una de la mañana la ligera indigestión había desaparecido, y como pasa fatalmente con todos los matrimonios jóvenes que se han amado intensamente, una vez siquiera, la reconciliación llegó, tanto más efusiva cuanto hiriente fueron los agravios.

Amaneció un espléndido día, y mientras Berta se levantaba, escupió sangre. Las emociones y mala noche pasada tenían, sin duda, su gran culpa. Mazzini la retuvo abrazada largo rato, y ella lloró desesperadamente, pero sin que ninguno se atreviera a decir una palabra.

A las diez decidieron salir, después de almorzar. Como apenas tenían tiempo, ordenaron a la sirvienta que matara una gallina.

El día radiante había arrancado a los idiotas de su banco. De modo que mientras la sirvienta degollaba en la cocina al animal, desangrándola con parsimonia (Berta había aprendido de su madre este buen modo de conservar frescura a la carne), creyó sentir algo como respiración tras ella. Volvióse, y vió a los cuatro idiotas, con los hombros pegados uno a otro, mirando estupefactos la operación. Rojo… rojo…

—¡Señora! Los niños están aquí, en la cocina.

Berta llegó; no quería que jamás pisaran allí. ¡Y ni aún en esas horas de pleno perdón, olvido y felicidad reconquistada, podía evitarse esa horrible visión! Porque, naturalmente, cuanto más intensos eran los raptos de amor a su marido e hija, más irritable era su humor con los monstruos.

—¡Que salgan, María! ¡Echelos! ¡Echelos, le digo!

Las cuatro pobres bestias, sacudidas, brutalmente empujadas, fueron a dar a su banco.

Después de almorzar, salieron todos. La sirvienta fué a Buenos Aires, y el matrimonio a pasear por las quintas. Al bajar el sol volvieron, pero Berta quiso saludar un momento a sus vecinas de enfrente. Su hija escapóse en seguida a casa.

Entretanto los idiotas no se habían movido en todo el día de su banco. El sol había transpuesto ya el cerco, comenzaba a hundirse, y ellos continuaban mirando los ladrillos, más inertes que nunca.

De pronto, algo se interpuso entre su mirada y el cerco. Su hermana, cansada de cinco horas paternales, quería observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba pensativa la cresta. Quería trepar, eso no ofrecía duda. Al fin decidióse por una silla desfondada, pero faltaba aún. Recurrió entonces a un cajón de kerosene, y su instinto topográfico hízole colocar vertical el mueble, con lo cual triunfó.

Los cuatro idiotas, la mirada indiferente, vieron cómo su hermana lograba pacientemente dominar el equilibrio, y cómo en puntas de pie apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco, entre sus manos tirantes. Viéronla mirar a todos lados, y buscar apoyo con el pie para alzarse más.

Pero la mirada de los idiotas se había animado; una misma luz insistente estaba fija en sus pupilas. No apartaban los ojos de su hermana, mientras creciente sensación de gula bestial iba cambiando cada línea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La pequeña, que habiendo logrado calzar el pie, iba ya a montar a horcajadas y a caerse del otro lado, seguramente, sintióse cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados en los suyos le dieron miedo.

—¡Soltáme! ¡dejáme!—gritó sacudiendo la pierna. Pero fué atraída.

—¡Mamá! ¡Ay, mamá! ¡Mamá, papá!—lloró imperiosamente. Trató aún de sujetarse del borde, pero sintióse arrancada y cayó.

—Mamá, ¡ay! Ma…—No pudo gritar más. Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa mañana se había desangrado a la gallina, bien sujeta, arrancándole la vida segundo por segundo.

Mazzini, en la casa de enfrente, creyó oir la voz de su hija.

—Me parece que te llama—le dijo a Berta.

Prestaron oído, inquietos, pero no oyeron más. Con todo, un momento después se despidieron, y mientras Berta iba a dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio:

—¡Bertita!

Nadie respondió.

—¡Bertita!—alzó más la voz, ya alterada.

Y el silencio fué tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.

—¡Mi hija, mi hija!—corrió ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la cocina vió en el piso un mar de sangre. Empujó violentamente la puerta entornada, y lanzó un grito de horror.

Berta, que ya se había lanzado corriendo a su vez al oir el angustioso llamado del padre, oyó el grito y respondió con otro. Pero al precipitarse en la cocina, Mazzini, lívido como la muerte, se interpuso, conteniéndola:

—¡No entres! ¡No entres!

Berta alcanzó a ver el piso inundado de sangre. Sólo pudo echar sus brazos sobre la cabeza y hundirse a lo largo de él con un ronco suspiro.

Santiago Eximeno fue el ganador de la II edición del certamen Madrid Sky (año 2015) con el relato titulado A su lado. Ha publicado varios libros de relatos, entre ellos Lo grotesco (editorial Enkuadres), Umbría (El humo del escritor) y Bebés jugando con cuchillos (Ediciones del cruciforme). También es autor de varias novelas, entre otras, Alienígena (Suseya 2017), Alicia en el sótano (Libros.com 2015) y Ostfront (ediciones del Cruciforme), esta junto a Eduardo Vaquerizo y José Ramòn Vázquez. Santiago Eximeno ha ganado varios de los premios más importantes de literatura fantástica y de terror que se convocan en España.

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