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Archive for 31 julio 2019

Domingo Jiménez Lacaci

Por Francisco Plaza.

Domingo Jiménez Lacaci obtuvo el segundo premio en el VI certamen literario con el relato Cerrado por gestión, del que el jurado dijo que era un cuento complejo, intenso, lleno de sugerencias, de sensaciones y de lecturas diferentes. Es ingeniero de caminos y dedica parte de su tiempo libre a escribir relatos y obras de teatro. Ha sido finalista del Certamen Internacional Max Aub del año 2015 y en el X Certamen Internacional de Relato Breve sobre Vida Universitaria “Universidad de Córdoba”. En el campo del microrrelato ha llegado a ser finalista mensual en el Concurso Relatos Encadenados de la Cadena Ser (año 2016).

Eres ingeniero civil y estás implicado en proyectos de gran envergadura, como un parque temático sobre la historia de España en Toledo. ¿De dónde sacas tiempo para escribir?

Yo tengo la suerte de no dormir mucho y también aprovecho ratos más largos los fines de semana para sentarme a escribir. Mis hijas ya son mayores y vuelan solas. Al final todos acabamos sacando el tiempo para aquello que nos gusta. Aún así, en mi caso yo creo que paso tanto tiempo pensando qué escribir y cómo enfocarlo, que realmente tecleando.

¿Qué es lo que te motiva para enfrentarte a un folio en blanco?

Muchas veces tengo una historia que se me ha ocurrido, en la calle, conduciendo, paseando a la perra por el parque, y empiezo a madurarla. A los pocos días ya no admite más reflexión, ya no puedo desarrollarla más sin escribirla, y el cuerpo me pide sentarme y echarla fuera. Es una necesidad, sale sola.

Has participado, con éxito en varias ocasiones, en muchos concursos de relato corto. ¿Es ese tu género favorito?

Bueno, favorito porque me permite tener un producto acabado para presentar en muy poco tiempo y el tiempo no es algo que yo tenga en abundancia. Desde ese punto de vista, desde luego, pero me gusta también mucho adentrarme en proyectos de larga distancia.

Algunos opinan que el relato corto es un género “menor” en la literatura. ¿Tú qué piensas?

No, desde luego que no lo es. Me gusta mucho la historia de Alice Munro, la escritora canadiense que escribía cuando sus obligaciones de madre se lo permitían, y por eso solo escribió relatos, y aún así, consiguió el Nobel de Literatura en 2013. Es menor cuando los que escribimos regular lo hacemos menor, pero los maestros lo hacen tan hermoso e importante como la novela.

Tu relato “Cerrado por gestión” tiene un giro inesperado y sorprendente al final. ¿Cuándo te pusiste a escribirlo sabías que iba a terminar de esa manera o querías ese final y el resto del cuento lo hiciste en consonancia?

No, no tenía ni idea. Aunque no lo creáis, a mí tampoco me había contado su secreto este peluquero tan rarito. Es algo bastante habitual que arranques con un rumbo y, por mucho que tú quieras, los personajes que has creado y sus circunstancias no se dejan llevar allí. Es una batalla inútil y cuanto antes te rindas, mejor. Ellos siempre tienen razón.

El jurado comentó respecto a tu relato que podía ser el germen de una novela ¿Te atreverías con una novela?

Para eso necesitaría tiempo, que quizás sea lo más fácil de conseguir al lado de lo que voy a añadir. También necesitaría mucho orden y mucha disciplina, características que no son mi fuerte. Un relatista es un sprinter de cien metros. Un novelista es un maratoniano. Son cosas muy distintas con técnicas muy diferentes. Meterte en el proyecto de una novela es un asunto de mucha entidad como para no medir antes tus fuerzas.

Has escrito e interpretado la obra de teatro “Pensión Paquita” en 2018. Con funciones en diversas salas de Madrid y con llenos en algunas de ellas. Para un actor son muy gratificantes los aplausos del público; pero si además eres el autor la satisfacción debe de ser enorme ¿no? Pero si tuvieras que elegir ¿quién se siente más complacido, el actor o el autor?

Eso fue una de las experiencias más bonitas de mi vida, escribir de encargo para mis amigos y compañeros actores una obra que al final quedó divertidísima. Yo me adjudiqué un papel secundario de jefe de mantenimiento de la pensión, porque ahora que nadie nos oye, soy un actor nefasto. Pero ese momento, entre bastidores, cuando no estás en escena y escuchas a trescientas personas que se están riendo con los diálogos de los personajes que tú has creado, es una experiencia inolvidable. Entre los dos oficios, me quedo con el de autor, para el bien del teatro aficionado.

¿Tienes algún proyecto en la cartera?

Tengo el encargo de escribirles a esos mismos amigos una segunda obra de teatro para sacar adelante y representar en 2020. Y algún proyecto de novelita corta que tengo esbozado, a ver si puedo afrontarlo sin quedarme exhausto a mitad del camino.

¿Dónde buscas la inspiración?

En la calle. Cuando no sé de qué escribir, me voy a la calle, a mirar, a ver la gente, las cosas que pasan, al metro. En una hora en una plaza de Madrid una tarde de buen tiempo, hay más historias que en mil talleres de escritura juntos.

 ¿Te resultó inspiradora la frase “No quería imaginar cómo había llegado hasta allí”, obligatoria de comienzo del relato para el concurso Madrid Sky?

Más que inspiradora era fácil para arrancar cualquier tipo de relato. Nos describe a alguien sorprendido, y ¿qué relato no tiene a un sorprendido dentro? No sé cómo os surgió la frase, pero si fue elegida, fue un gran detalle de amabilidad. Sin sorpresas no hay historias.

¿Has ido a talleres de creación literaria o eres autodidacta?

Sí, estuve acudiendo tres cursos a un taller literario de Nuria Gómez Cal, donde escribimos muchísimas páginas. Luego he cursado tres cursos trimestrales más en la Escuela de Escritores con Enrique Páez y Alberto Baena.

¿Tienes algún método a la hora de ponerte a escribir?

Depende. En este caso busqué palabras sueltas e suficientemente inconexas: peluquero, semáforo y confesionario y desde ahí intentar montar un argumento. A veces funciona. Otras se me ocurre una frase, un instante, un diálogo, un disparo, un beso, una muerte. Incluso un título, o un final. Algo que me parezca suficientemente sólido y grande como para que sea la primera piedra de una historia y empezar a construir un relato a su alrededor.

¿Haces participes de tus escritos a las personas que te rodean?

Sí, a mi familia y mis amigos. También a las personas que he ido conociendo a lo largo de estos años escribiendo. A estos últimos les pido que no tengan la piedad y la empatía que suelen tener los primeros, de los que no hay forma de sacar una crítica auténtica que te deje las vergüenzas al aire. Los amateurs amigos son una gran ayuda porque esos sí que te hacen ver la cruda realidad. Y gracias a Dios.

¿Cuándo consideras que tienes un escrito terminado?

Un escrito nunca está terminado al 100%. Son como los proyectos, que se cierran y firman cuando el cliente te pide que se los entregues, pero nunca porque tú consideres que ya está perfecto y que no admite ni una vuelta más. Se dice que toda casa es susceptible de mejora hasta la ruina del propietario, por pequeña que sea la casa y por rico que sea el propietario; pues lo mismo con los escritos. O te cansas de darles vueltas y ya los dejas o los cierras y los envías porque se acaba el plazo del concurso.

¿Qué opinas sobre las empresas que como Vinos y Caminos, y La Rebujita, que te entregó el segundo premio, patrocinan un premio literario de relato corto como Madrid Sky?

Cualquier empresa que patrocine el fomento a la escritura y la lectura es bienvenida. Ojalá hubiera muchas más. Ojalá se fomentara más la escritura, el teatro, la lectura, las exposiciones. Los premios pueden ser un incentivo muy importante.

¿Qué tal ha sido la experiencia con el concurso Madrid Sky? ¿Repetirías?

Ha sido una experiencia gratísima. Aprovecho aquí para agradecer el cariño y el calor que le poneis a la ceremonia de vuestra final. Todos los detalles tan cuidados para que los finalistas nos sintamos los protagonistas. Os felicito por hacerlo tan bonito entre todos vosotros.

Por último, recomiéndanos un libro y un relato.

Qué difícil escoger uno. Quizás un relato muy impresionante por la sorpresa que me produjo cuando lo leí hace ya tiempo fue La autopista del Sur, de Cortázar. Me influyó en buscar siempre sucesos extraordinarios y meterlos en mis textos. Son el famoso “cocodrilo” metido en tu cama del que habla el profesor Ángel Zapata: no puedes pasar por allí sin girar la cabeza de tanto como te llama la atención.

En cuanto a libros, me interesan muchos las historias del “qué pasaría si…”. El famoso “y si …” que es el origen de tantas novelas maravillosas. Yo me fuerzo a preguntármelo a menudo para que surjan las historias. El mejor que yo he leído en ese ámbito es Saramago. Quizás el Hombre duplicado o el Ensayo sobre la ceguera, que no son otra cosa que varios cientos de páginas con Don José contestando a esa pregunta mágica.

Francisco Plaza Nevot es miembro de la asociación Primaduroverales. Actor de teatro aficionado, es coautor de los libros 2056, Anno Domini y Magerit. Relatos de una ciudad futura.

 

 

 

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Me gustan las películas que tratan sobre libros. Hace tiempo comenté en este blog la película El irlandés del director John Michael McDonagh. Lo hice porque en una escena aparece un libro, Oblomov, que comentamos en nuestro taller de creación literaria. En la escena un policía visitaba en una residencia de la tercerea edad a su madre, que estaba leyendo Oblomov. El comentario del protagonista merecía por su mismo una reseña: ”No me gustan los jodidos rusos, tardan mucho en ir al puto grano”.

En marzo nuestro compañero Josu Bilbao reseñó ¿Podrás perdonarme algún día?, de Marielle Heller, centrada en una escritora en decadencia que comienza a falsificar cartas de escritores y celebridades como medio de ganarse la vida, y anteriormente Paco Plaza había reseñado La librería, de Isabel Coixet, en la que una mujer decide abrir en un pequeño pueblo de la Inglaterra de 1959 una librería, la primera que se inaugura en la zona, en contra de la oposición vecinal.

En esta ocasión quiero escribir sobre una película que se centra en una biblioteca. Se trata de La biblioteca de los libros rechazados, de Rémi Bezançon. La película está basada en la novela del mismo nombre del escritor David Foenkinos. En ella una joven editora (Alice Isaaz) descubre una novela magistral escrita por un tal Henri Pick, el dueño de una pizzería fallecido dos años antes. Lo hace en la biblioteca de un pequeño pueblo de Bretaña, en la que el bibliotecario se ha dedicado a dar una segunda oportunidad a los libros que han sido rechazados por las editoriales. La novela se convierte en un éxito de ventas, pero la viuda de Henri Pick asegura que su marido jamás leyó un libro y lo único que escribió en su vida fue la lista de la compra. Es entonces cuando un obstinado crítico literario (Fabrice Luchini) duda de la autoría de la obra y se une a la hija de Pick (Camille Cottin) para desentrañar el misterio. Comienza entonces una investigación con una trama en torno a una investigación literaria en la que el detective es un crítico que no busca a un asesino, sino al autor desconocido de un libro.

En esta película el espectador no se va a encontrar un derroche de efectos especiales, ni grandes persecuciones, ni explosiones y tiroteos, pero resulta muy entretenida, tiene muchos golpes de humor y mantiene el interés desde el principio. Y se agradece que el mundo del cine, que tiene tanta interacción con la literatura, escarbe en las miserias del mundo editorial para hablar de la frustración de muchos autores que no llegan a alcanzar el éxito; escritores que a pesar de su calidad no logran la suficiente atención por parte de los medios, ni hueco en la mesa de novedades de las librerías, y que se ven condenados inevitablemente a la invisibilidad. Estoy seguro de que muchos escritores se sentirán identificados con esta película que recomiendo sin dudar.

Manuel Pozo Gómez es miembro de la asociación Primaduroverales Grupo de Escritores. Es autor del libro de relatos Violeta sabe a café, (Premium editorial) y coautor, entre otros, de los libros Madrid Sky, (Uno Editorial); Cuéntame un gol, cuentos de fútbol  y Magerit. Relatos de una ciudad futura (Verbum editorial) y RRetratos HHumanos editorial Kolima).

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Jesús Tíscar Jandra

Por Manuel Pozo Gómez

Jesús Tíscar es una persona singular. Es de Jaén y ama su tierra, aunque lleva un tiempo viviendo en Murcia. Es sincero, dice lo que piensa, no tiene pelos en la lengua. Según él, no le gusta la gente, pero le encantan los bares, lo que es algo contradictorio. En la conversación cara a cara resulta entrañable y da gusto hablar con él. Tiene la valentía de aquellos que un día decidieron que se iban a ganar la vida escribiendo, y lo está consiguiendo. Escribe teatro, relatos cortos, novela y artículos periodísticos. No para. Le dedica todo el día, y es que respeta, ama y sufre con el oficio de las palabras. Jesús Tíscar no deja indiferente, su escritura tampoco.

He leído que los bares te encantan. Eso de ganar premios literarios por toda España te habrá dado la posibilidad de conocer un montón de bares…

Oh, sí, desde luego, desde luego. Las bibliotecas, los ateneos, los círculos del arte y todos esos primorcicos están muy bien, pero aburren hasta el traumatismo craneal, y yo, para accidentarme la cabeza, prefiero los bares, a poder ser con moscas abstrayentes y camarera malencarada. Eso sí, en soledad y que nadie me hable.

¿La cerveza y la literatura hacen un buen maridaje?

No. Yo, escribiendo, sólo bebo agua y además tildo ese “sólo”, porque soy tildesolista y ninguna RAE me va a cambiar. La cerveza es el premio a esta heroicidad de escribir todos los días y de ser un escritor a la antigua, como los de antes, con gafas, cuando abundaban. O sea, con la cerveza me trago las lágrimas y luego río y canto por Peret, que se me da muy bien, y le hago cucamonas al destino. Después me pongo serio, lleno mi botella Redcliffs de agua desalada del grifo y escribo como si no hubiera un mañana ni un antier. Eso hago. Pero jamás mezclo cerveza y literatura, ¡jamás!

Tú eres un hombre muy crítico, sin pelos en la lengua. Esto de la cultura se está poniendo chungo en algunos sitios, ¿no te parece?

La cultura, en general, me la pela muchísimo, sobre todo porque uno no puede estar disgustado por varios frentes, eso no lo aguanta nadie y hay que tomar medidas higiénicas para que no se te vayan las ganas de vivir. Cada uno que se cabree con lo mal que está su campo. La literatura, sí, chunga. ¿Has visto esos anuncios de “escriba un best seller en 60 días y conviértase en novelista de éxito”? Pues eso lo explica todo. Hoy, cualquier gilipollas sin mocos y con faltas de ortografía te escribe un libro y lo publica. Porque tiene derecho. Y te tienes que aguantar. Porque tienes la obligación. Y que no me vengan con que los lectores deciden: los lectores tragan con todo mientras se lo den con mermeladica de guay o lo haya escrito el nieto de la Josefina, que es tan guapo.

Contigo hay que ir por partes. Has ganado dos premios de novela de los más importantes de este país: el premio de novela negra «Ciudad de Getafe» con La japonesa calva (Edaf), y el premio de Novela «Felipe Trigo» con La Poetisa (Algaida). ¿Sientes que tu trabajo como novelista se ha reconocido?

No. He de insistir. Y a ello me pongo todos los días (menos los domingos, que me los paso resolviendo los dameros malditos de Virginia Montes) de nueve y media a una y media y de cinco a nueve. No obstante, ya estoy mayor, se me está encaneciendo el pubis y no me importa tanto lo del reconocimiento, lo del reconocimiento es importantísimo cuando se tiene un pubis zaíno que da gloria verlo, después deja de ser prioridad. O sea que ahora es cuando va a venir, porque las cosas vienen cuando ya no te urgen y los genitales te blanquean. Y el reconocimiento va a venir cuando publique —os vais a cagar— la obra maestra que estoy terminando y que me va a dar para muchos bares. Pero, repito: solo y sin relacionarme con nadie, por favor. No aguanto a la gente.

A estas dos novelas se suma Memorias de un gusano y un libro con tres novelas cortas publicado por el Grupo Tierra Trivium, Yo, señor, no soy malo. ¿Has cubierto tu cupo como novelista?

No. Me quedan tres más. Las tengo en el teclado, mira, ya las iré pulsando. Y cuando las pulse y vacíe el teclado de ellas, tiraré el portátil, mandaré al carajo la escritura y me compraré un hurón para finalizar mis días con la misión cumplida. He dicho. Nadie podrá impedírmelo.

Hablando de Tierra Trivium. Tierra Trivium es una editorial con la que algunos de nuestros asociados mantienen una buena relación ¿Cómo te llevas con el mundo editorial?

¿Yo? Bien, bien. Al autor le dan el 10% de las ventas, sin IVA, pero bien, bien. Las editoriales son unas instituciones maravillosas que velan muchísimo por sus autores y que te mandan pictolines cuando te resfrías. Y en el caso de Tierra, además, es verdad. Luego están las que, si te resfrías, les importa un pito y hasta dejan de hablarte, como por ejemplo Algaida, pero bueno, al señorito no hay que morderle la mano, entre otras cosas porque hay que tener estómago para hacerlo.

Dicen que tienes una forma de escribir arrolladora y barriobajera, envolvente, subyugante, familiar y con un vocabulario callejero de los bajos fondos. Sin embargo has ganado numerosos certámenes de relatos, y quince de tus relatos premiados están recogidos en el libro La camarera que me escupía en los chupitos de whisky. ¿Te divierte ser tan provocador?

Sí, me divierte, porque los provocados suelen ser muy tontos y ponen unas caras graciosísimas. Me meo. La culpa del provocador la tiene el provocado. El provocado no suele estar bien, se nota en que, cuando algo no está a su gusto, se pone a decir memeces, y para eso hay que estar muy cipote. Ahora vivimos la era de los ofendiditos (me encanta el término) y la verdad es que el escándalo se está devaluando, ya no es lo que era, ahora abunda tanto que aburre. Y respecto a los premios literarios, pierdo más que gano, precisamente por eso, creo, porque mi lenguaje literario no es muy de jurados. Los jurados tienen que recoger a los niños del colegio cuando terminan de deliberar y eso les resta gusto por otras cosas que no sean “él giró sobre sus talones” y demás hallazgos narrativos. Por cierto, La camarera que me escupía en los chupitos de whisky (y otros 15 relatos pellejos) es un libro que gusta muchísimo, que está agotado, que tiene una portada maravillosa y que me ha dado grandes satisfacciones. ¡Me lo hice yo mismo! ¡Me quité de pejigueras! ¡No repartí con nadie! ¡Y eso es muy sano! Creo que repetiré.

¿Te expresas mejor con el relato o con la novela?

Con ambos. La diferencia es que, con la novela, te tienes que expresar mejor durante más rato.

¿No se te ha ocurrido alguna vez convertirte en un “niño bueno” y ser menos irreverente?

No. El respeto y la irreverencia no consiguen nada, cierto, son dos inutilidades más, como tantas con las que acarreamos: los vecinos continúan dando los buenos días sin que nadie se lo pida, la ultraderecha avanza a pesar de todo, los sugus se siguen pegando a las muelas, la prensa está amariconá, la sociedad se disgusta se dices amariconao y el Mar Menor no para de morirse por culpa de Dios y de su Madre, pero con la irreverencia te lo pasas bien, es masticable, da que pensar, suena, se te sube por las pantorras, chilla. Entonces… la opción está clara, me parece a mí. Además, a lo establecido y a lo sagrado y a lo intocable hay que meterle meneos de vez en cuando para que no se enquiste en ridículo o en tirano. Sé de lo que hablo, soy de Jaén.

Has sido el tercer premio del VI certamen Madrid Sky con el relato Escena sobre la persistencia de las luces, una alegoría moderna de Luces de Bohemia, de Valle-Inclán. ¿Quién es para ti Valle-Inclán hoy en día?

El inventor del esperpento, que es el único género por el que debería moverse el teatro. Ya sé que es muy cateto lo que digo, pero es lo que hay. Soy cateto. Y además estoy gordo. El teatro, para mí, es un mierdón si no hay esperpento. Y punto. Al ser humano hay que sacarle en escena lo ridículo y lo patético que es. Y lo marrano, sobre todo lo marrano, las marranadas que se gasta. Todo lo demás: comedieta de sofá o tostonazo pedantorro. Del teatro hay que salir jodido, salpicado, asqueado, con cuarto y mitad de alipori y flojo de risa sádica.

Has escrito y estrenado varias obras de teatro, la última de ellas Verracas. Creo que en el mundo del teatro tienes mucho que decir ¿Es el teatro el género en el que te encuentras más cómodo?

No, ¡de ninguna de las maneras! Soy narrador y cuando los narradores nos ponemos a escribir teatricos, se nos va la olla mucho y la cagamos. Yo he ido aprendiendo a ser dramaturgo, pero aún no tengo ni puta idea. No obstante, con la última obra, Verracas, creo que empecé a enterarme de lo que iba la cosa. El teatro lo escribes para cuerpos, no para hojas de papel, y los cuerpos van a decir más de lo que les escribes. Toma ya.

Sé que son campos diferentes, pero cómo te encuentras más a gusto ¿cómo autor teatral o como actor?

Escribiendo me encuentro más a gusto siempre, sobre todo si por lo que escribo ya tengo el dinero apalabrado. Es mi trabajo. Como actor… he disfrutado, a veces, y dicen que no lo hago mal, casi siempre de villano y malahostia, claro. Pero nunca tuve vocación, he hecho teatro y cine de casualidad, por culpa del director de escena Miguel Ángel Karames, que me lió, y casi siempre con las gafas quitadas, con lentillas, que no sé pegármelas y me las tienen que poner, es un engorro. Pero el de actor, sobre todo el de teatro, es un oficio muy perro en el que se trabaja mucho (no sólo actuando) y se cobra poco. Te tiene que gustar hasta el orgasmo, para perseverar. Y luego están los concejales de cultura de los pueblos en los que actúas, que hablan mucho y no huelen bien, huelen como a voltímetro por dentro.

Hay que ser optimistas, aunque los políticos nos lo pongan difícil. Hay empresas que apuestan por la cultura. Nosotros hemos encontrado patrocinadores que nos ayudan para continuar con nuestro certamen. El tercer premio, que ganaste tú, lo patrocinaba la empresa Question Box. ¿Hay esperanza para la literatura?

¿Y por qué diantres hay que ser optimistas? ¿Y qué políticos? ¿Hay políticos en España? Coño, pues no lo parecen. Parecen cuñaos echando una pachanga hasta la hora de la paella y el tintorro. Y no; no hay esperanza para la literatura. Ya no. Hay esperanza para Netflix.

Para finalizar, ahora que empieza el verano. ¿Nos podrías recomendar una novela y un relato?

Sí, claro, por qué no, lo haré, lo haré. Pero no por el verano, coño. No hagamos de la literatura una cosa veraniega, maldita sea. Reñido lo cual, veamos. Novela: La noche que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie, de Antonio Tocornal. Relato: La despedida, de Ignacio Aldecoa, el cuentista más grande que ha dado este miserable país de santeros, mareaperros y cagarruinas.

Te agradezco, Jesús, que te hayas sometido a este tercer grado. Es lo que tiene ser un autor de novela negra de éxito ¿Te gustaría añadir algo más que no te hayamos preguntado?

Sí, sí, me gustaría añadirlo. No soy un autor de novela negra. La japonesa calva ganó un buen premio de novela negra, el de Getafe, pero no es novela negra, aunque podría serlo. Al jurado le gustó por eso, porque ya estaba un poco harto de detectives borrachos y culones y de intrigas ya bastante chonías. Pero yo no tengo los géneros claros. No señor, no los tengo. Eso es cosa de lectores, que lo etiquetan todo y se lo pasan bien. Déjales que disfruten, si total, para lo que van a durar…

Manuel Pozo Gómez es miembro de la asociación Primaduroverales Grupo de Escritores. Es autor del libro de relatos Violeta sabe a café, (Premium editorial) y coautor, entre otros, de los libros Madrid Sky, (Uno Editorial); Cuéntame un gol, cuentos de fútbol  (Verbum editorial) y Mar de relatos (Editorial ECU) y RRetratos HHumanos editorial Kolima).

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Julio Rodríguez Díaz, miembro de la asociación Primaduroverales, continúa con una trayectoria literaria que comenzó con su participación en el libro Madrid Sky (2013) y que ha cobrado intensidad en los últimos meses. En el mes de noviembre de 2018 presentó el libro Magerit. Relatos de una ciudad futura, publicado por la editorial Verbum. Magerit se trata de un libro de diez relatos de ciencia ficción, de diez autores diferentes, que cuentan la historia de Magerit, una ciudad superviviente de Las Guerras del Agua. Anteriormente, en el año 2014, Julio Rodríguez Díaz había publicado con la editorial Verbum el libro Cuéntame un gol. Cuentos de fútbol, otro libro de relatos de varios autores que tenía como eje central el fútbol, lo que da una idea de la versatilidad de Julio Rodríguez como autor.

En marzo de 2019 Julio presentó el libro RRetratos HHumanos, publicado por la editorial Kolima. Este libro de relatos está escrito por once personas relacionadas con el mundo de los recursos humanos, muchos de ellos directores de Recursos Humanos de importantes empresas españolas. La obra tiene como protagonistas a los miembros del departamento de Recursos Humanos de una gran empresa. El libro trata de las personas, de la capacidad, solo humana, de caerse y levantarse, de reinventarse sin fin, de la tensión que experimentan algunos profesionales que se debaten entre lo correcto y las tentaciones que se les plantean, que les llevan a difíciles encrucijadas. RRetratos HHumanos es la segunda parte del libro RRelatos HHumanos, publicado por la editorial Lid, que fue escrito por los mismos autores en 2017.

Por último, el pasado miércoles 17 de julio tuvo lugar la presentación del libro Consejos en las dependencias de ESADE, en Madrid. La mesa de ponentes contó con la participación de Silvia Leal, doctora en Sociología y experta en estrategia digital; Eva Levy, presidenta de honor de WomenCEO; Mario Lara, director de ESADE de Madrid; José Luis Moreno Casas, director de Board Advisory en la firma EY abogados y Julio Rodríguez Díaz, director de la Red de Mentoring de España.

El libro, editado por Punto Rojo, trata sobre la estructura y la organización de los consejos de administración. Es un libro técnico en el que veintidós autores reflejan su experiencia y su punto de vista para afrontar el asunto desde distintas perspectivas. Sus aportaciones, muchas de ellas basadas en vivencias personales, ofrecen contestaciones a preguntas tan importantes como cuál es la naturaleza de un consejo de administración, cuáles son las oportunidades profesionales que ofrece participar en un consejo de administración o cómo se forma y cómo se controla un consejo de administración. Julio Rodríguez Díaz, aporta su experiencia como comunicador y coautor de los libros RRelatos HHumanos (Lid editorial) y RRetratos HHumanos (editorial Kolima) anteriormente citados, para tratar en Consejos de tres habilidades que él considera fundamentales para ser consejero de una empresa: saber escuchar, tener capacidad de hacer buenas preguntas y saber comunicar.

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Alberto Ramos Díaz fue finalista de la IV edición del certamen Madrid Sky. Ha repetido en la sexta edición con un relato perfectamente construido, que nos sitúa de entrada en medio del conflicto, y que tiene un giro final sorprendente. Poco más se le puede pedir a un relato.

Nacido en Valladolid, se siente madrileño tanto por adopción como por convicción. Formado en distintos talleres de creación literaria, entremezcla la narrativa con la dramaturgia donde a su faceta de escritor suma la de actor y director de teatro no profesional. Entre sus galardones destacan: Premio Rojas Zorrilla como autor teatral; premio José María Rodero como actor, y primeros premios de relatos Ciudad de Villajoyosa, García Lorca, Liceo de Orense, Dulcinea, Coloquio de los Perros, Reyes Huertas, Rosa Reboredo, Ciudad de Benagalbón, Ciudad de Getafe, Corpus Christi y Villa de Madridejos.

Con esta reseña biográfica del último de los finalistas damos por cerrada la publicación de los relatos de la VI edición. Agradecemos de nuevo a los patrocinadores el esfuerzo que hacen por mantener vivo el certamen literario Madrid Sky.

A Antón Alonso Suárez, director de Vinos y Caminos y a Luis Gulín Iglesias, redactor de Vinos y Caminos y representante de bodegas Sameirás. Ambos fueron los encargados de entregarle el primer premio a Miguelangel Flores, ganador de la VI edición.

A Ana Pozo y Ernesto Cubo, en nombre de La Rebujita, patrocinador del segundo premio. La Rebujita acogió además en su terraza el vino homenaje a los premiados.

A Carlos Valle-Inclán y Jesús Ibañez, socios de Question Box, patrocinadores del tercer premio.

Las fotografías del certamen fueron tomadas por José Luis Porras Rabadán.

El vídeo de la entrega de premios del VI certamen literario es un montaje de María Jesús Ainaga.

 

 

 

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Mayte Blasco vive estrechamente vinculada al mundo del libro por su profesión (es funcionaria del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos), lleva 14 años trabajando en bibliotecas y actualmente ocupa un puesto en la Biblioteca Nacional de España, lo que para muchos que desean vivir rodeados de libros sería un trabajo ideal. A finales de 2015 publicó su primera novela, Las vidas que pudimos vivir, una historia de ficción contemporánea con un trasfondo de denuncia social sobre cinco mujeres cuyas vidas se entrelazan de manera fortuita. En enero de 2018 fue la ganadora del Segundo Premio en el Concurso de Cuentos de Navidad convocado por Zenda, con el relato El antihéroe, y en diciembre del mismo año obtuvo el Accésit Testimonio histórico en el XV Concurso de Relatos Mineros Manuel Nevado Madrid con el relato Iquique, 1907.

Algunos de sus relatos han sido seleccionados y publicados en diferentes antologías como resultado de su participación en certámenes literarios. Su vocación por la literatura la ha llevado a crear un blog literario, El blog de Mae, en el que publica microrrelatos y reflexiones sobre lecturas y otras cuestiones literarias.

Ha sido finalista del VI certamen literario Madrid Sky con su relato Juventud, del que el jurado ha dicho que es un cuento que con un lenguaje claro y directo nos pone en situación en muy pocas líneas. Describe un mundo perfecto donde no tiene cabida lo antiestético de la vejez. Mayte Blasco remata el relato con un final donde nos revela que el personaje del conflicto es un antisistema empeñado en envejecer y morir en una nueva sociedad eternamente joven pero carente de sentimientos como la compasión o el amor. Un excelente relato, como los finalistas publicados en estos días en el blog, que tenemos oportunidad de leer a continuación.

 

Juventud

Relato finalista de la VI edición el certamen literario Madrid Sky

Mayte Blasco

No quería imaginar cómo había llegado hasta allí. Hacía tiempo que no veíamos a un hombre tan anciano. Mi marido y yo observábamos la escena sentados a una mesa para dos junto a la amplia cristalera. No entendíamos cómo había logrado colarse en ese restaurante de lujo, donde todos los comensales cubríamos nuestros cuerpos jóvenes con trajes de Armani y de Chanel. Un camarero se acercó al viejo.

—Disculpe, caballero. Lamentablemente, debe usted abandonar este local.

Cuchicheos y miradas indiscretas empastaban la atmósfera perfumada. El anciano se sentía observado, pero no intimidado. Sentado en la silla ojeaba impasible el cuaderno plastificado del menú. La voz de un niño se alzó en mitad del incómodo silencio. “Mamá, ¿quién es ese hombre tan raro? ¿Qué le pasa en la cara?”.

El encargado se aproximó a la mesa del anciano acompañado de un tipo alto con una pistola acoplada en el cinturón.

—Si no se marcha, caballero, vamos a tener que expulsarle a la fuerza.

El viejo se levantó despacio e introdujo la mano en el bolsillo, extrayendo varias tarjetas de crédito además de un grueso fajo de billetes de color púrpura.

—Puedo pagar la cuenta. ¿Lo ven? Tengo dinero para pagar.

El encargado, visiblemente nervioso, no sabía qué hacer. Todos los clientes habían abandonado sus platos y observaban el espectáculo con una mezcla de indignación y curiosidad. Tal vez creía que sus refinados comensales no deseaban cenar allí sabiendo que un individuo como aquel estaba sentado a escasos metros bajo el mismo techo. Con un simple gesto de la cabeza, le indicó al tipo de seguridad que se lo llevara. El frágil anciano gritó, protestó, solicitó auxilio. Nadie se levantó para socorrerlo.

Mi marido y yo proseguimos con la cena, aunque con todo ese despropósito la sopa se había quedado fría.

—No era un indigente —le dije—. Era un antisistema, uno de esos tipos pudientes que a pesar de todo se empeñan en envejecer y morir sin necesidad.

—Nunca entenderé a los nostálgicos.

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El madrileño José Manuel Dorrego Sáenz había sido finalista en las edición de 2016 y 2018, por lo que se está convirtiendo en un clásico de nuestro certamen. En alguna ocasión ha manifestado que un par de páginas para un relato le parece un exceso, por lo que podemos considerarle un gran especialista del microrrelato. Ha sido finalista o ganador de certámenes de microrrelato convocados por RENFE, La Razón, El País, Grinch, la Escuela de Escritores, la Cadena SER, Onda Madrid, Radio Nacional, la UNED, o Augusto Monterroso.

Ha publicado con la editorial Atlantis un libro de microrrelatos titulado El contrabajista del Titanic y actualmente está preparando, según palabras del propio autor, Imagina, un híbrido entre la novela y el microrrelato.

En esta edición de 2019 ha sido finalista con el relato titulado Geometría en masa, un título sugerente y original para todo un ejercicio de extrañamiento. Su relato era una apuesta fascinante, con tintes oníricos, por formar parte de un nuevo mundo geométrico, al alcance solo de un autor como José Manuel Dorrego.

 

Carlos Cerdán leyendo el relato Geometría en masa.

 

Geometría en masa

Relato finalista de la VI edición del certamen literario Madrid Sky

José Manuel Dorrego Sáenz

No quería imaginar cómo había llegado hasta allí. Sencillamente aparecí, de golpe, como despertando de un sueño dentro de otro sueño. Miraba arriba, abajo, a derecha y a izquierda y estaba rodeado de tipos circunspectos, concentrados en lo suyo, intercambiándose miradas cómplices, como si funcionasen con una serie de claves, con un lenguaje interno que a mí me era, por aquel entonces, completamente ajeno. Al principio se comunicaban entre ellos ignorando mi presencia. Gesticulaban, fruncían el ceño y se murmuraban al oído mientras me miraban de reojo, en un claro gesto que no dudé en interpretar como una desconfianza absoluta hacia mi persona. Parecía evidente que no encajaba allí, que mi sola presencia era una lacra para llevar a cabo sus propósitos, los que quiera que fuesen. Por fin, uno de aquellos individuos, enjuto y malencarado, se dignó a dirigirse a mí. Apoyó su mano sobre mi hombro y acercando su boca a mi oído, me susurró:

—¡Tú puedes, muchacho, tú puedes!—, dijo. Y puntualizó: —Cuando cuente tres, empújame diagonalmente.

Lo reconozco: no sé empujar en diagonal, no estoy preparado para eso. En realidad, el simple concepto de “Empujar en diagonal” se escapa a mi imaginación, no soy capaz de asimilarlo. Pero algo me decía que no podía fallarles. Por lo visto, ahora sí, mi participación se había vuelto de golpe en imprescindible. Había pasado de ser un forastero, un tipo ajeno, casi invisible, a convertirme en la pieza clave de algo que por entonces no alcanzaba a comprender. Sentí cientos de pares de ojos clavados en mí, esperando mi reacción, rezando para que mi empuje diagonal surtiera el efecto deseado. Decidido, al escuchar la palabra “tres” presioné a bulto y logré mover a aquel tipo hasta colocarlo debajo del señor del bigote. Al instante, yo pasé a ocupar su posición y todos ganaron un espacio, facilitando así un hueco libre para que el último de nosotros se introdujera en el círculo. Al fin, habíamos logrado acoplarnos todos dentro de aquella minúscula esfera. Luego, todo fueron aplausos, felicitaciones y palmaditas en la espalda. Desde entonces, ahora lo sé, soy uno más del grupo.

El sábado que viene intentaremos introducirnos en un poliedro, pero antes nos daremos una tregua: la geometría en masa requiere, como mínimo, de un par de días de descanso.

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