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Archive for 29 agosto 2019

Etapa III: Isla de KIZHI, Pushkin en Mandrogui… y San Petersburgo

Por: José Miguel Espinar

Esta etapa del viaje puede ser considerada, quizá, las más interesante y hermosa. Yéndonos muy lejos, al norte del lago Onega, llegaremos a la Isla de Kizhi (КижиIPA)república de Karelia. Allí nos topamos con el Museo de Arquitectura de Madera, al aire libre, proclamado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Kizhi

Para llegar al lago, antes hemos tenido que navegar el rio Kovzha, que significa ‘licor del jugo de abedul (la palabra koiv, tiene su origen en la lengua de la tribu ‘ugriofinesa’ que significaba abedul). Después, tras pasar una serie canales y esclusas, acabamos en el rio Vítera, que nos da entrada al lago Onega. La palabra Vítera también parece haber sido prestada de las lenguas de las tribus ugriofinesas que aquí habitaban en tiempos (vespos, finlandeses, carelios o saami).

El lago, siendo el segundo más grande de Europa (tras el Ladoga, que más tarde lo navegaremos camino de St. Petersburgo) ofrece dificultades, con grandes y habituales tormentas. En la parte norte del mismo, entre más de 1.500 islas que pueblan el lago, está la Isla de Kizhi.

La isla, con un conjunto arquitectónico único, reúne monumentos representativos de distintas regiones de Karelia, como la iglesia del monasterio de Murom (finales del XIV), las capillas de las aldeas Levívoro, Kávgor, casas propias de campesinos y el cementerio de Kizhi.

kizhi-4aA destacar, entre todo este museo al aire libre, la Iglesia de la Transfiguración (con 22 cúpulas, siglo XVIII); con 35 metros de alto, representa una especia de pirámide formada por cúpulas que serían como escalones que ascienden. Al lado, la Iglesia de la Intercesión, con nueve cúpulas (también del XVIII) y con un campanario en forma de techumbre piramidal. El espectáculo, cuando se está allí, tan lejos (a 500 Km del círculo polar) y en presencia de estas obras, es impresionante y produce una indescriptible emoción.

Kizhi iconostasioUn rasgo común a toda esa arquitectura es que los troncos y tablones de madera están ensamblados sólo con cortes de carpintería, sin clavos ni ningún otro tipo de uniones metálicas para unir las piezas. Eso no impidió la innovación ni la sofisticación en las construcciones, de hecho permitió la aparición de las cúpulas bulbosas, el bochka, tejado barril o el de tipo de aguja. Se discute sobre el origen del bochka, pero parece que las primeras construcciones son del siglo XII, y que hasta el siglo XV se hacían totalmente de madera. Más adelante, hacia el siglo XVI, se introdujeron las láminas de metal.

AMandrogui Ihora toca volver atrás, de nuevo a la parte sur del lago Onega para tomar el río Svir, que nace precisamente en este lago y desemboca en el Ladoga. A medio trayecto de su 215 Kms, atravesando grandes centros de producción y transporte de madera, se llega a Mandrogui. En sí mismo, es un lugar que se podría considerar una especie parque temático dedicado al tratamiento y utilización de la madera como elemento base en su arquitectura, y solo con un cierto interés turístico, si no fuera por que al otro lado del río se encuentra una ruta dedicada a los cuentos de Pushkin. No deja de ser interesante pasear por allí y detrás de cada recodo encontrarte con figuras de algunos de los personajes de sus cuentos (por supuesto fabricados en madera)

Y nada mejor, en este ambiente, que recordarIMG-20190819-WA0112 un extracto de una de sus obras, Kirdzhali: “… en toda Moldavia sembraba el terror con sus atracos. Voy a relatar una de sus hazañas para dar una idea de cómo era Kirdzhali. Una noche él y el arnaúte Mijailaki atacaron entre los dos un poblado búlgaro. Lo incendiaron por los dos extremos y pasaron de choza en choza. Kirdzhali degollaba y Mijailaki se llevaba el botín. Ambos gritaban: «¡Kirdzhali! ¡Kirdzhali!». Todos los habitantes huyeron… (A. Pushkin, Kirdzhali)”.

alexandr-pushkinY teniendo en cuenta la importancia universal de este escritor, bien está recordar aquí algún trozo de su obra ‘La hija del capitán’: “… empezó  a caer una nieve menuda, y de repente cayeron grandes copos. Aullaba el viento; había empezado la tormenta. En un instante, el cielo se juntó con el mar de nieve. Todo desapareció …

Y también sería interesante recordar su amor por España, especialmente bebiendo en las fuentes de Don Juan y Don Quijote. Un trozo de su poema ‘Del céfiro nocturno‘:

“Del céfiro nocturno // éter fluye. // Bulle, // huye // el Guadalquivir. // Salió la luna dorada, // ¡silen…! ¡chis!…  guitarra al son. // La española enamorada // se ha asomado a su balcón.”

Hay que volver a embarcar (no si antes pasar un frío impropio para gente del sur en esta época del años, mientras se ‘disfruta bien abrigado’ de una comida-barbacoa al ¿¡aire libre?!) para seguir rio Svir abajo hasta su final, en el lago Ladoga. Navegar por la parte sur del lago, hasta el punto donde nace el rio Neva. Este río nos llevará, en su desembocadura en el Báltico, justo al lugar elegido por Pedro el Grande para fundar lo que sería esta majestuosa ciudad de San Petersburgo, mientras miraba, aprendía y amaba Europa.

San Petersburgo, que quizá debería haber sido la guinda de un viaje que se me antoja estupendo, terminó por generar una sensación agridulce.

salon-museo-hermitageLa espectacularidad de una de las ciudades más interesantes del mundo, no oculta que la primera actividad, la visita al Hermitage, me produjera un alto grado de desasosiego. Una muchedumbre (comparable a un vagón de metro en hora punta) llenaba la totalidad de las salas visitadas, haciendo imposible disfrutar ni de la belleza de las salas mismas ni de la obra expuesta (la imagen de al lado, de una de salas que visité, y que aparece vacía, en realidad, no había menos de cuarentas personas en aquel momento, pasando extremadamente cerca de las obras)

El riesgo y la presión a la que se están siendo sometidos estos lugares, dan lugar a interpretar como pésima (o interesada) la gestión de las riadas de personas (y por tanto riadas de dinero) que cada día inundan las salas y las arcas de la institución. Al hilo de esta cuestión, uno se pregunta si está muriendo la actividad de visitar un museo de estas características o si, debido al alto riesgo al que están expuestas sus obras, algún día no ocurrirá algo irreparable.

interior-iglesia-salvador-sangre-derramadaDurante el resto del tiempo de estancia no desapareció esta sensación. No obstante, hay que reseñar, por ejemplo, el gran diseño de los Jardines Peterjof (en un intento de emular a Versalles) con el imponente acceso al Palacio por un canal abierto desde el Golfo de Finlandia (Báltico) hasta la escalinata del mismo), o la iconografía en mosaico de la catedral del Salvador sobre la Sangre Derramada o la Catedral de San Isaac de Dalmacia, que abandona, en parte, las criterios típicos de iglesias ortodoxas, queriéndose parecer más a la Basílica del Vaticano.

Una ciudad espectacular, al fin y al cabo, como mucho que disfrutar y comprender de su historia a través de su cultura y de su arquitectura distribuida en un sin fin de canales (La fortaleza de San Pedro y San Plablo, El Palacio de Invierno, La Catedral de Kazán, La gran Plaza del Palacio, el Teatro Mariinski, El Palacio Yusupov, La Isla Vasílievski, …)

Para acabar resulta imprescindible un buen paseo por su avenida Nevsky y entrar a algunos de los bares de decoración y ambientes actuales, y probar algunas de las cervezas rusas bien tiradas.

Con el paso de los días, uno se reconcilia con San Petersburgo (pero no con los responsables de algunas instituciones de allí), y sobre todo con el gran y grato recuerdo del viaje por el interior, a través de los ríos, canales y lagos, de esta parte noroeste de Rusia, y que conforman la gran vía fluvial que un día soñó Pedro el Grande.

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Trieste. Por Lourdes Chorro.

Aquí va mi recuerdo a otros muchos escritores relacionados con Trieste, de lengua italiana como Susanna Tamaro;  dialectales como Giotti; alemanes: Däubler o Hamerling; de habla inglesa: Francis, Morris; eslovenos Bartol, Pahor, Škamperle; franceses: Bergère y Stendhal.

Para mí no había caminata sin tropezón aunque siempre hiciera una filigrana en el aire y nunca cayera al suelo. No me preguntéis cómo lo hacía porque la respuesta la tenía el aire que me sustentaba hasta que he hecho el camino de Rilke. Esta vez, a punto de terminarlo, besé literalmente la tierra con sus piedrecillas, palos y hasta alguna raíz despistada que se había salido de madre. Verdad es que yo siento veneración por Rilke, pero no hasta el punto de besar el suelo del sendero que él pisaba. Allí me teníais como una novicia que tomara sus votos, con todo mi cuerpo postrado y sin atreverme a mover ni una pestaña por miedo a que me hubiera roto entera. Y así tendida oí, os juro que le escuché, reírse a carcajadas a un demonio y mi corazón se aterrorizó. Y entonces, la voz del ángel que me acompaña dijo “levanta, tú nunca te has puesto a los pies de nadie”. Me levanté de un salto aunque me doliera hasta el último huesecillo del oído. Miré el reloj eran las dos menos diez, no podía ser otra hora, por eso había pasado el ángel. Reanudé aprisa los escasos metros de caminata que me restaban, no fuera a ser que ese demonio regresara y me “Sepultara como oscuro sollozo”. Acabé comiendo en el restaurante más alejado del Castillo de Duine al que mis pasos me llevaron y festejé que mientras comía me miraras con esos ojos que siempre saben devolverme entera y viva al camino. A gloria bendita me supieron aquellos espaguetis frutti di mare y no digamos las vieiras envueltas en arroz crujiente. Era mi primer día en Trieste

Al segundo día me levanté de madrugada dispuesta a recorrerla a una hora en que el mar estaba tan silencioso como la ciudad. Divagando por callejuelas ascendí al Castillo de San Justo oculto entre árboles junto a esa hermosa y tímida catedral. Desde su pequeña pendiente fotografié los restos de lo que fue el templo romano, vigía de la ciudad. En Trieste todo cuesta arriba, siempre encuentras algo que te invita a seguir subiendo sin encontrar el momento para el descenso. Poco a poco la algarabía, el ruido moderno se fueron quedando lejos y cerca porque parecía que nunca los perdería de vista. El silencio borró el bullicio con su goma de nata y las puntillas voladoras de mi soplo de niña que yo creía extraviado las encontró e hizo volar. Volaron y volaron hasta juntarse allá abajo, en el molo audace con la poesía de Saba. Corrieron y recorrieron todas aquellas calles que conducen al mar que son muchas porque a ella le gusta mirar al mar al amanecer. La Bora monótona se llevó la niebla matutina y luego campeó veraniega a su libre albedrío por cada rincón. Recordé ese poema tan conocido de Saba que le dedica “Trieste ha una scontrosa grazia… come un amore con gelosia” y pensé en esos amores no correspondidos y por eso imposibles de olvidar. La luz amarilla se reflejaba en un charco inesperado. El cielo de Trieste a finales de junio es de un azul raso y sereno. El mar se balancea en los peldaños que le impiden besar la piaza de l’Unitá y poder mirarse en los espejos de uno de sus cafés más famosos. Y esa sensación de haber escapado del tiempo aunque solo fuera por unos breves instantes me sobrecogió. La miré y remiré desde el muelle. Seguía siendo una ciudad imperial, llena de una diversidad que no te hace sentir extranjero. A mí que me gusta que me dejen vivir en mi propio exilio, reinventarme, por eso de ser uno mismo y tener muchas identidades. Estaba feliz. No he tenido la oportunidad de que la Bora me entristezca porque a ella le gusta rugir desairada en invierno, llevarse todo volando. Al pensar esto de pronto La Bora sopló y dibujó la cara de Saba. El mar que parecía nunca enfadarse, embravecido salpicaba de salitre sus lágrimas camino de su querida librería Antica e moderna. Tan amada como la ciudad de la que escribió “Fu un bene per la mia pesia che si alimentò di quel contrasto, e un male per la mia, diciamo così, felicità di vivere.” El fascismo le obligó a irse pero él regresó junto a ella “La mia città che in ogni parte è viva/ ha il cantuccio e me fatto,  alla mia vita pensosa e schiva” Desde niño dividido en dos, una madre hebrea y un padre católico que los abandonó “eran due razze in antica tenzone”  Y corrí a agarrarme al brazo de su estatua y él se dejó, qué remedio le quedaba. Allí a los pocos pasos que le separan de su librería, estático pero sin perder de vista a quien se encamina hacia ella como me encaminé después yo. Miré mi mano y en ella había depositado un libro con sus poemas. Y comenzaron a escaparse de él similitudes, personificaciones, hipérbatos, anástrofes, quiasmos, oxímoros. Con ellos atravesé la estrecha puerta de aquella librería alargada y oscura que iluminaban su cerro de libros apilados por el buen hombre que ahora la lleva. Me sentí hundida ante ellos como Trieste ante el monte Carso, áspero, agujereado, estéril.  Trieste orgullosa como una dama exquisitamente educada que ha ido perdiendo sus ilusiones pero eso no le hace cerrar los ojos al futuro.

El tercer día tocaba la ruta de los cafés. Fui a tomar un chocolatito de esos que alegran la vida al café Stella polare a ver si encontraba el rastro de Joyce con su licorcito y el descuidado bigote de Svevo degustando su café. El autor de “Ulises” encontró en Svevo un lector cómplice, y los manuscritos de éste gracias a aquél lograron difundirse. Hay quién dice que les unió más una relación paterno-filial que una verdadera amistad, hasta el punto de colocar una fotografía de Svevo en su escritorio. Yo quemé en un cenicero un papel con mis gracias a Svevo por regalarnos esas inaparentes, calladas transformaciones maravillosas de sus personajes. A Joyce todo el mundo se lo ha agradecido ya. Una gaviota con mirada de carabinieri que se paseaba arriba y abajo del puente, me liberó por unos instantes del rumiante sentimiento de culpa que siempre me acompaña. Allí sentada el canal grande se me hacía más pequeño que cuando lo atravesaba cada anochecer camino del hotel, así que continué mi ruta. Pongo el acento cuidadosamente, no vaya a producirse un hiato, y creáis que aún continúo en aquella terraza.

En el Caffè Tommaseo, el más antiguo me quedé hipnotizada por su decoración. Los antiguos cafés de Trieste prefieren guardar en el interior su encanto del pasado. Ya al atardecer en el café San Marcos, me llamó la atención un hombre sin saber quién era, sólo le vi escribir y por deformación no pude dejar de echarle encima varios ojos a ver si se traslucía en su cara algo de lo que escribía. No lo vi, pero comprendí por qué Magris dedica a Trieste un capítulo en su Microcosmos.  Un microcosmos que continuamente vuelve sobre sus pasos. La gente entraba y salía del café, a sus espaldas las hojas de la puerta continuaban oscilando a la deriva como el mundo. Una bocanada de aire hacía ondear el humo estancado. Las partículas de polvo suspendidas en busca de la luz de una lámpara que las hacía brillar. Entonces mis manos calentaron el frío de la mesita de mármol. Aún me quedaba por ir al Caffè Torinese pero me conformé con ver desde la puerta su espectacular araña de cristal. Preferí ir a comprarme el pastel que a media noche, cuando me despierto, el estómago me reclama para dejarme dormir. En la pastelería Pirona donde Joyce degustaba su putizza de chocolate y ron, el polvo se dispersaba hacia la luz como magnetizado por ella. Distraída escuchaba al dependiente asegurarme que conservaban las mismas paredes, los mismos veladores e idéntico mostrador en que bebía cada mañana su copa de vino mientras escribía los primeros capítulos de su Ulises. El reloj incrustado en la pared seguía marcando la hora, nostálgico por los ausentes. La madera de sus estanterías retenía el aroma dulzón de los pasteles y me costó marcharme.

De regreso, al entrar en el hotel, alguien dijo “Attenzione al gradino”. Siempre hay un escaloncito que evitar al entrar o salir de muchos lugares, pero yo ya me había acostumbrado a buscarlos como no hago en la vida. Admito que es así porque, si algo  niegas mucho, acabas deseándolo.

Y me acosté recordando las palabras que dedicó Josep Pla a esta ciudad: “¡Tristeza de Trieste, poblada de contables neutros, entre casas de granito monumentales y provincianas, las montañas peladas de Istria y el verde miope del Adriático!”

El día que me marché dije adiós mirando hacia atrás desde el ferry a este Trieste abierto al mar que cuando llegas parece que pudieras cogerlo con la mano y cuando te vas abre su mano y te deja ir. Me fui con la sensación no de abandonarla sino de que la abandonada era yo. No le hice promesa alguna de que volvería, aún no he aprendido a establecer la linde entre promesa y compromiso. Me marché en busca de aquellos irrendentistas que aún hoy se resisten a dejar de hablar italiano en Istría.

Filóloga por vocación, bibliotecaria por trabajo, Lourdes Chorro pasa la mitad de su vida rodeada de libros de los que sólo lee la portada y en la otra, amontona tal cerro de lecturas que con solo mirarlas se siente inspirada para escribir. Cuando conoció a los Primaduroverales descubrió que la prosa también podía ser poética y ya ha visto publicados algunos de sus relatos. Es coautora de los libros Primaduroverales, cuentos; Madrid Sky (UNO editorial), 2056 Anno DominiSobremesas manchadas de café y tinta.

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De Moscú a San Petersburgo (Etapa II: Uglich, Yaroslavl, Gotitsi y Kirilov)

Por: José Miguel Espinar

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El viaje fluvial se inicia desde el muelle situado en la margen derecha del Canal de Moscú, a la altura de la Carretera de Leningrado, 57. Este Canal, fue el principio de un sueño de Pedro el Grande que consistía en viajar sin obstáculos desde Moscú a San Petersburgo, pero no llegó a verlo realizado.

Durante el siglo XIX se produjeron nuevos retrasos, debido a la aparición y auge del tren. Finalmente, en  la década de los 30 del siglo pasado, Stalin completó esta titánica obra, utilizando ingente mano de obra gratuita de los prisioneros, muchos procedentes del GULAG.

En este punto, se me ocurre, incluir una cita de Aleksandr Solzhenitsyn, en honor a tantos y tantos que tuvieron que perder la vida y mucho más: “… cuando la vida se teje con estambres legalistas surge una atmósfera de mediocridad moral que paraliza los más nobles impulsos humanos …”

En algo más de cuatro años y medio, se completó la obra, realizando además ocho centrales hidroeléctricas, once esclusas, cinco estaciones de bombeo, once presas, diecinueve puentes, dos túneles, amén de otras instalaciones. Así, en 1937 Moscú se convirtió en una ciudad unida a los principales mares de Rusia, gracias a los sistemas Volga-Báltico el Volga-Don. Moscú consigue, como ciudad puramente continental, salida directa a cinco mares: Blanco, Báltico, Negro, Azov y Caspio.

lock-shemeEl Canal se une al Volga por medio de la esclusa número 1, que en sí es una gran obra de ingeniería, con unas puertas cilíndricas de gran tamaño, que permiten salvar el primer desnivel de 11 metros. Una vez salvada esta esclusa, se verá el faro del Gran Volga. En la esclusa número 2, se aprecian estatuas que representan a aduaneros rusos. La número 3 está adornada con una réplica de la Santa María, una carabela de Cristóbal Colón. En la número 5 se verá una joven que porta en las manos un barco de vela. Finalmente, en la número 6 se representan obreros soviéticos como constructores del canal. Hay muchas dudas al respecto de que estas figuras representaran la realidad del trabajo de los mismos, ya que se supone que los verdaderos constructores eran presos, mayormente procedentes del GULAG, como ya se indicado antes.

Esta primera etapa de la travesía por el Volga se desarrolla yendo hacia el norte desde Moscú, a través de la región de TVER (Tverskaya Oblast). Parece ser que existen muchos poemas y cuentos que hablan de la belleza del río.

Los griegos lo denominaron RA (abundancia). Finalmente, fueron las tribus eslavas las que lo denominaron como Volga, que para estos nuevos habitantes significaba ‘brillante’, ‘claro’. El río nace en las colinas de Valdai y muere en el mar Caspio. Siendo el río más largo de Europa, nutriéndose de miles de afluentes. Desde el río se atisban ya los infinitos bosques de abedul, álamo blanco, el álamo temblón o el sauce, que conforman cerca sobre 47% del suelo ruso. Toda esta riqueza se convierte en una inagotable fuente de material para la arquitectura de madera, un sistema totalmente sostenible y que se utiliza desde muy antiguo, en estos lugares, sometidos a temperaturas muy bajas, sobre todo desde octubre hasta abril, alcanzando los 30 o 40 grados bajo cero.

Volga y pobladoUn poco más arriba, entramos en la región de Yaroslavl, por la que discurre el alto Volga, se le llama también el corazón de Rusia. El rio sirvió también para afianzar la unión de diferentes pueblos que habitaban en las orillas: rusos, tártaros, maris, mordovinos, chuvashi, alemanes del Volga, entre otros. Sobre el Volga, están hoy en día situadas unas 40 ciudades importantes, entre ellas, Tver, Yaroslavl, Kostroma, Nizhny Novgorod, Kazan, Chebosksary, Samara, Saratov, Volgograd (Stalingrado), entre otras, para terminar con la ciudad Astrajan.

Siguiendo con la travesía, según vamos entrando en el embalse de Uglich, realizado en 1940, aparece desde las profundidades del Volga una torre (El campanario de Kalyazin) que es lo que queda de una ciudad del siglo XVIII que fue inundada durante la construcción del embalse.

Mientras vamos llegando a la ciudad de UGLICH, a las orillas ya se aprecian las construcciones basadas en arquitectura de madera (Izbas, Dachas y otras construcciones religiosas o de uso público) sobre las que volveremos más tarde.

UGLICH: Es una pequeña ciudad de la provincia de Yaroslavl y una de las más interesantes del Alto Volga. Forma parte del denominado anillo de oro de las ciudades medievales situadas en la órbita de Moscú. La primera mención escrita de la ciudad data del año 937. Algunos hechos históricos se relacionan con UGLICH. Hasta el siglo XII formaba parte del primer Estado Ruso, con capital en Kiev. En la época feudal perteneció al Principado de Rostov-Susdal.

En 1326, Ivan I, apodado Kalitá (el saco de dinero), unificó las tierras eslavas y UGLICH formó parte del Principado de Moscú. La fama le sobrevino de especial manera cuando en 1591 murió en este lugar el Príncipe Dimitri, a la sazón el último hijo de Iván el Terrible, acabando la dinastía de zares Ryyrikovich, abriendo el trono a Boris Gudonov.

Iglesia san Dimitri en sange - uglichConviene visitar la Iglesia de Dimitri en Sangre (donde murió o fue asesinado el ya mencionado último hijo de Iván el Terrible). Pasear por ciudad un rato (tratando re reconocer los restos del antiguo Kremlin de Uglich) y llegarse hasta la Catedral de la Transfiguración, donde, una vez más, entramos en contacto con el espectacular tratamiento de la iconografía. Al final, un coro de magníficas voces nos ofrece algunas canciones del folk ruso. A estas alturas del día, ya cansados, os aseguro que nos habríamos quedado allí de manera indefinida, oyendo especialmente a la voz principal, de una mujer, que nos emocionó.

Pero la ruta era larga y había que volver al barco y seguir hacia el siguiente destino, Yaroslavl, siguiendo el curso del Volga y tras dejar atrás el embalse Ríbinsk.

KuzminY mientras nos acercamos a esta histórica y estratégica ciudad, viene bien recordar una reseña sobre Mijaíl Kuzmín (poeta y músico ruso, contribuyente destacado a la Edad de Plata de la poesía rusa) que nació precisamente en Yaroslavl en 1872: “El clasicismo de Kuzmín es cautivador, qué dulce leer a un poeta clásico que vive entre nosotros, experimentar una mezcla goethiana de «forma» y «contenido», ser persuadido que el alma no es una sustancia de algodón metafísico, sino la psique desenfadada y ligera. Los poemas de Kuzmín se prestan no solamente a memorización sino a recordar, por así decirlo (la impresión de recuerdo después de la misma primera lectura), y salen a flote a la superficie como si de olvido

YAROSLAVL: es una de las más antiguas y célebres ciudades rusas. Desde el siglo VIII al X fue ocupada por tribus finlandesas que ocuparon los altos territorios del Volga, donde éste se reúne con un importante afluente, el río Kótorosl. Los originarios finlandeses la llamaban al lugar el ‘rincón de los osos’.

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La fundación de la ciudad, y previo obtener el dominio sobre los primeros pobladores finlandeses, la lleva a cabo el Príncipe Yaroslavl, allá por el año 1010. Durante el siglo XIII sufrió invasiones y asedios por parte de mongoles y tártaros. Iván el Grande anexionó el principado de Yaroslavl a Moscú en el siglo XV. Durante el siglo XVI se convirtió en capital de Rusia. Más tarde, a comienzos del siglo XVII una armada constituida en la Ciudad Principado de Yaroslavl tomó Moscú y expulsó a los polacos que tenían ocupada esta parte del territorio. De ahí nace un rivalidad con Polonia que los rusos que hemos ido conociendo la tienen muy presente.

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De esta ciudad, se conserva muy bien todo su casco histórico (patrimonio de la humanidad) y el kremlin (recinto amurallado). Contiene numerosos templos ortodoxos. Aparte del Monasterio Spaso-Preobrazhenski, las iglesias más antiguas que se conservan en la ciudad son del siglo XVII, y son del estilo típico de la ciudad: en ladrillo rojo, con brillantes azulejos como Yaroslavl IIdecoración. Las de San Nicolás, la catedral del Dormicion y la del Profeta Elías contienen algunos de los más hermosos frescos del Anillo de Oro de Rusia. También hay un templo de la rama ortodoxa de los viejos creyentes, una iglesia baptista, otra luterana, una mezquita y una sinagoga. Yaroslavl presume también de tener el teatro más antiguo de Rusia: el Teatro Vólkov, de 1750.

A finales del siglo XIX funcionaban más de ochenta fábricas, especialmente del sector textil. Precisamente los obreros del textil organizaron aquí una sonora huelga, allá por 1895, constituyendo una de las primeras manifestaciones del descontento obrero que cristalizaría en la revolución de 1917. Fue pionera también en la industria automotriz, construyéndose aquí los primeros tractores agrícolas y camiones.

El final de la estancia en Yaroslavl es necesario hacerlo visitando un estupendo mercado de los productos de la zona, y si el bolsillo lo permite, regatear para conseguir algo de auténtico caviar de esturión para después tomarlo a bordo. Algunos compañeros de viaje lo consiguieron, otros no. Cosas de la vida.

122Y de nuevo partir. Hay que dirigirse rio arriba, a través del lago Blanco, hasta llegar a Goritsi, en el rio Sheksna. En esta ciudad se encuentra el Monasterio de la Resurrección. Realmente es una pequeña ciudad, donde se puede ver muy de cerca la construcciones en madera de viviendas y la fisonomía de parte de una Rusia rural.

Goritsi SCiriloA unos ocho kilómetros, adentrándose en el interior del infinito bosque hay hacer una visita al Monasterio de San Cirilo, en la pequeña ciudad de Kirilov. San Cirilo, quien siendo archimandrita del Monasterio de San Simeón de Moscú, con 60 años, eligió este lugar para fundarlo en el siglo XIV. En su interior se encuentra la catedral de la Asunción. Iván el Terrible contribuyó con gran fuerza al auge y fortificación del monasterio (hoy se conservan muy bien aquellas murallas). Este zar utilizó el monasterio para exiliar en él (para mantenerlos en vigilancia) a sus adversarios, boyardos, príncipes e incluso popes.

Y dejando Goritsi, nos iremos en busca del lago Onega para entrar de lleno en la arquitectura de madera, y visitar una isla al norte del lago, que es patrimonio cultural de la humanidad. Pero eso en unos días.

 

 

 

 

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Etapa I – Preámbulos y la ciudad de Moscú (Москва, Moskvá)

Por: José Miguel Espinar

Antes de empezar un viaje que promete ser largo (más de 1.800 Km por vía fluvial (Canal de Moscú, río Volga, Lago Blanco, río Kovzha, Lago Onega, río Sheksna, rios Kovzha y Vitegra, Río Svir, Lago Ladoga y rio Neva) a uno le entran ganas de recordar algo de la historia rusa, al menos la más reciente, a través de su literatura. Y hay mucho donde elegir (Fedor Dostoievski, León Tólstoi, Anton Chejov, Alexander Pushkin, Nikolai Gógol, Iván Turguénev, Aleksandr Solzhenitsyn, Mijaíl BulgakovVladimir Mayakovsky, Mijaíl Bakunin, Boris Pasternak, Aleksandra Kollontái, Marina Tsvetaeva, Ana Akhmatova, ….).

Dado el gran trasfondo cultural (especialmente el literario y musical) que inunda la Rusia de siempre, quizá sería bueno empezar por la época prerrevolucionaria, coincidiendo con el declive definitivo de los últimos zares.

Y resulta que Máximo Gorky, y una de sus obras ‘La madre’, desgrana la génesis de lo que más tarde se convertiría en los acontecimientos de aquel octubre del 1917. Teniendo en cuenta el tiempo en los que se escribe la obra, seguidos de los años de la revolución, el posterior y largo periodo de gobierno comunista, la llegada de la conocida como Perestroika y, finalmente, la etapa en la que hoy se encuentra este gran país, parece un buen punto de partida tomar a Gorky como una posible referencia:

Poco a poco fue surgiendo en la gente un sentimiento de respeto hacia aquel joven serio, que hablaba de todo con sencillez y audacia, que miraba y escuchaba todo con atención y ahondaba tenazmente en la maraña de cada caso particular, para encontrar siempre el hilo interminable que unía a las personas entre sí con miles de nudos (M. Gorky, La madre)

Los primeros dos días, antes de iniciar el viaje fluvial, hay que pasarlos en Moscú. Procedamos entonces:

Plaza rojaLa Plaza Roja  (Красная площадьKrásnaya plóshchad) es la plaza más famosa de Moscú en el barrio comercial conocido como Kitay-górod. Desde 1990 fue incluida, junto con el conjunto del Kremlin, en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

De entre los edificios que conforman el enorme recinto, destaca la catedral de San Basilio (que vista fuera de contexto podría ser parecida a una enorme tarta multicolor, pero allí, en su emplazamiento, deslumbra).

San BasilioSe dice que el nombre la plaza no hace referencia al color rojo del comunismo ni al color de los ladrillos que la rodean, sino que deriva de la palabra rusa Krásnaya (Красная), que significa «roja», pero en ruso antiguo significaba «bonita», es decir, plaza bonita (“rojo” para los rusos tiene connotaciones de bello, bonito). Hoy en día, un edificio ubicado aquí, las Galerías GUM (Galerías comerciales de lujo), pueden suponer uno de los paradigmas de la transformación de este país.

IMG-20190819-WA0004El Kremlin de Moscú (Moskovskiy Kreml) es un conjunto de edificios civiles y religiosos situado en el centro de Moscú, frente al río Moscova en el sur, la Plaza Roja en el este y el Jardín de Alejandro en el oeste. Es el más conocido de los kremlin rusos (kremlin: recinto amurallado o defensivo que tienen algunas ciudades importantes en Rusia) e incluye cuatro palacios y cuatro catedrales (la plaza de las catedrales: La Catedral de la Asunción (1475-1479), construida por Aristóteles Fioravanti, se convirtió en la catedral central del estado ruso; La Iglesia de la deposición del manto de la virgen (conmemoración de la fiesta de la Imposición); La Catedral de la Anunciación (1485-1489) y La Catedral del Arcángel Miguel (1505-1508) construida por Alevíz Novy), además de las torres y otros edificios.

Catedral de la Asunción - IconostasioMención específica a dos catedrales, la de la Asunción y la del Arcángel San Miguel. Verlas desde fuera y entrar en ellas, es un primer y espectacular contacto con el rito cristiano ortodoxo, tanto en la arquitectura como en el tratamiento interior basado en la técnica de los iconos y el significado de los mismos (a interpretar en cada iconostasio), que iremos encontrando a lo largo de resto de lugares a visitar, incluidos las edificaciones religiosas basadas en la arquitectura de madera en la segunda parte del itinerario.

Tetriakov - IconoLa Galería Estatal Tretriakov (Государственная Третьяковская галерея / Gosudárstvennaya Tret’yakóvskaya galereya]) considerada el principal depositario de bellas artes rusas en el mundo. La colección está conformada por más de 130 000 obras de arte, del rango de la Virgen de Vladímir y la Trinidad de Andréi Rubliov, hasta la monumental Composición VII de Vasili Kandinski y el Cuadrado Negro de Kazimir Malévich. En 1977 la galería contenía una significativa parte de la colección de George Costakis. Además, figuran otras obras igualmente importantes de los artistas Iván AivazovskiIván ArgunovVasili SúrikovAbram ArkhipovAndréi KolkutinOrest KiprenskiValentín SerovVasili PolénovDmitri LevitskiIliá RepinMijaíl NésterovIván Shishkin y Marc Chagall.

Lógicamente contiene, además, la más asombrosa colección de iconos, albergando algunos de los mejores ejemplos del arte de la Rus de Kiev del siglo XII. Uno de los iconos más emblemáticos es Trinidad (1425-1427) de Andréi Rubliov, el artista religioso más famoso de la historia de Rusia.

Universidad_Estatal_de_MoscúLa Universidad Estatal M.V. Lomonósov (Moskóvskiy gosudárstvenniy universitét ímeni M. V. Lomonósova), desde cuyo campus se dispone de una vista privilegiada de la ciudad, y con su edificio principal, una de las siete torres hermanas de Stalin (o los siete rascacielos: Universidad Estatal de Moscú, Hotel Ucrania, Edificio de viviendas en Kotélnicheskaya Náberezhnaya, Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Edificio de la plaza Kudrinskaya, Hotel Leningrado, Edificio de la Plaza de la Puerta Roja)

City MoscúY se ha de pasar, obligatoriamente, por el Moscú de hoy, por su city. El Centro Internacional de Negocios (Московский Международный Деловой Центр (ММДЦ). Geográficamente situado en el Distrito Presnensky en el oeste de Moscú, sobre en el Tercer Anillo, área que está actualmente bajo un intenso desarrollo. El objetivo del CINM es crear la primera zona en Rusia, y en toda Europa del este, que combinará actividad de negocios, espacios habitables y de entretenimiento. Es una ciudad dentro de la ciudad. El proyecto fue ideado en 1992 y ya es una completa realidad.

Finalmente, y a sabiendas de olvidar mucho de esta impresionante ciudad, vamos a detenernos en el Metro. De las más de 280 estaciones que actualmente componen su red, alrededor de 40 son consideradas patrimonio cultural. El objetivo de este despliegue era el interés de Stalin en convertirlas en los templos del proletariado. Curiosamente, hoy se ven imágenes de Lenin en todo el país, pero simultáneamente se está tratando de borrar las imágenes de Stalin (y suponemos que las razones son conocidas). Construidas sus tres primeras líneas entre 1935 y 1938, cada estación fue considerada como un proyecto independiente, encargada a ingenieros y arquitectos con el encargo de hacerlas únicas.

Estacion mayakovskayaQuizá la que más impactó a este improvisado reportero fue la de Mayakovskaya (Маяковская), reconocida como una obra maestra del Art Decó, fue la primera estación con columnas profundas del mundo, ganando el Gran Premio Internacional de Arquitectura de París en 1937 y de Nueva York en 1939. En su decoración participó el arquitecto Alexey Dushkin y el artista Alexander Deineka.

Estacion KomsomolskayaComo son tantas y de tan variado diseño y belleza, podemos recomendar como imprescindibles algunas otras, como las de Elektrozavodskaya (con un impresionante sistema de iluminación) o Komsomolskaya (imagen de la derecha) que puede recordar a cualquier palacio de St Petersburgo.  Realmente se necesita al menos la visita a diez o doce estaciones al menos, y que es a lo que realmente suele dar tiempo.

Después de dos días en la actual capital rusa, toca partir, la través del Canal de Moscú para buscar su unión al Volga, y superar las esclusas número 1 a la 6  hasta llegar al embalse de Uglich y, finalmente, alcanzar el primer destino, la pequeña ciudad que da nombre al embalse: Uglich. Como adelanto, allí estaremos en el lugar donde murió (o fué asesinado) el último descendiente del Iván el Terrible, acabando así con su dinastía y nos obsequiarán con una inolvidable interpretación de un coro tradicional.

Pero eso será en la próxima entrega, que aparecerá en breve.

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Por Olga M. Torralba

Me acerqué a Miguelángel en el vinito tras nuestro Madrid Sky para darle la enhorabuena e intercambiar unas palabras, y nos quedamos enganchados entre risas y complicidades el resto de la tarde. Ese clima que a veces sucede cuando las personas conectan hizo ¡chas! y varias Primaduroverales, él, su marido y su amiga Sandra, quedamos imantados.

Cuando Manuel Pozo me ofreció la oportunidad de entrevistarle la cerré como contrato blindado.

Miguelángel tiene el corazón lleno de letras y la mirada de posibilidades, se le van cruzando y así teje sus relatos, sus reflexiones, sus obras de teatro, y cuando le parece nos las deja sobre un folio. Así, como si nada.

En primer lugar, decirte que estoy encantada de entrevistarte como ganador del concurso Madrid Sky VI, ya que como escritor evidentemente has triunfado entre nosotros y es muy bueno tener a alguien de tu talento cerca de Primaduroverales. Pero además tuve la oportunidad de conocerte personalmente entre vinos, después de la ceremonia, y eres de esas personas a las que no hay que dejar escapar. Así que si nos das la oportunidad nos gustaría saber de ti un poco más como escritor y como persona. Dinos, ¿te gusta que en los concursos te marquen unas directrices como en Madrid Sky limitando el número de páginas y con una frase, tomándolo como un reto, o prefieres escribir sin límites y adaptarlo después al concurso? 

Pues me gusta porque son un reto. O sea, si escribo para un concurso, me adapto y busco dar lo mejor dentro de los límites que el certamen impone. Y disfruto con ello. No deja de ser un juego, escribir siempre es un juego.

Pero no me gusta amoldar un relato que ya tenga escrito para adaptarlo a nada. Si ya lo di por terminado en su día, ya tiene vida propia. ¿Sabes cuando a los perros les cortaban las orejas y el rabo, cuando estaba permitido, para que encajaran mejor en lo que se creía que era el estándar de belleza de esa raza en cuestión? Pues esa es la sensación que me ha dado cuando alguna vez se me ha ocurrido hacerlo con un relato para que encajara en algún concurso. Es como si el relato te mirase con sus ojillos de micro y te dijera: ¿pero por qué me haces esto, qué te he hecho yo?

No sé. Ahora me estoy poniendo dramático y me está dando no sé qué por las veces que lo he llegado a hacer, mira tú. Pobrecillos.

Jajaja, sí que tienen vida tus relatos. ¡Incluso orejas y rabo! Así que lejos de limitarte, los concursos te dan la oportunidad de empezar a jugar. ¿Eres metódico escribiendo con horario y lugar, o te mueves en la improvisación?

Suelo escribir sobre todo por las mañanas, cuando tengo las ideas aún por estrenar. Aunque también, si la necesidad me aprieta, puedo hacerlo a cualquier hora y en cualquier sitio. A veces me despierto muy temprano, y antes de ponerme al ordenador, en la cama, ya empiezo a escribir sin luz y sin abrir los ojos. En ocasiones al levantarme, tengo un micro ya tan repasado, que solo tengo que transcribirlo al ordenador, sin apenas ya pensar ni nada. Sí que es cierto, al contrario que mucha gente, no me gusta escribir con música de fondo. Prefiero, si puedo, siempre el silencio.

También me gusta mucho escribir de cabeza cuando voy caminando un largo trecho. Llevo libreta siempre encima, pero no la uso en esas ocasiones, o ya no tanto. Me lo apunto en la cabeza.

Alguna vez también estoy en casa y me preguntan: ¿qué te pasa, estás preocupado por algo? No, contesto, es que estoy escribiendo. O me despido, yendo de copiloto en el coche con un “voy a escribir”, cierro los ojos y me pongo a ello. No sé, lo mismo debería ir al médico.

¡Qué bueno! Has desarrollado una capacidad de trabajo de lo más íntima, incluso con gente alrededor. A mí me parece fantástico. Miguelángel, ¿Cuáles son hasta ahora los temas que más repites en tus relatos y a qué se debe?

El amor, sin duda. El amor en todas sus variantes y en todos sus estados. En el amor y en todo lo que somos capaces de hacer y no hacer por él. El amor de madre, de pareja, de hermano, a las cosas, a la tierra, a tu pasado. Al pasado sobre todo. Casi todo lo que escribo tiene un punto de partida de mi pasado. Y no es que yo haya matado, ni he volado con alas, ni me he suicidado, ni me he comido a nadie, literalmente, digo. Pero, como todo el mundo, tengo un pasado que no ha sucedido, pero pudo haberlo hecho. No sé si me explico. Uno guarda en el recuerdo un detalle minúsculo de su vida y cuando va a buscarlo ha crecido como si el detalle fuera una semilla que se ha convertido en una enredadera salvaje que no ha respetado límite ninguno y sale lo que sale. Uno guarda sin saber para qué ni por qué, hasta que un día le sirve para escribir una historia partiendo de ese detalle minúsculo, de esa riña que presenció, de un vaso que se vuelca, de un gato que desaparece con la luz, de una vecina que lo pierde todo en una riada. O, imagino, las guarda para que cuando sea muy viejecito, recordarlas callando y hacer como si uno fuera feliz solo con estar sentado al fresco.

Qué bonito lo que dices. Son como detalles que se te quedan enganchados por alguna razón, como pidiéndote que los des recorrido ¿verdad? 

¿Has notado si ha evolucionado tu forma de escribir? ¿Y los temas? 

Los temas no han evolucionado mucho. Como digo, sigo hablando del amor, de la niñez, de lo injusto que es vivir para algunos. O para todos en algún momento. De las dudas eternas de los seres humanos, o al menos de los que tengo cerca, que lo normal es que se parezcan al resto.

Quizá he evolucionado en la forma. Pero si lo he hecho no ha sido conscientemente. Es curioso que leo algunos relatos de mi libro y ahora los escribiría de otra manera. O los recortaría, lo contaría con menos palabras. Ay, esa tendencia a recortar (salvo en esta entrevista).

Aunque también a veces acudo al mismo libro o a escritos que tengo por ahí antiguos y lo hago para buscarme, para dar conmigo. Me releo persiguiendo esa espontaneidad que no quiero perder, esa forma mía de ser tan yo escribiendo. Muchas veces soy más yo en mis letras que en todo un día respirando y haciendo lo que hacen en un día aquellos que respiramos.
Escribo sobre el amor. Y la muerte. Soy muy típico. Pero sobre todo el amor. Me muevo muy a gusto en estos dos temas. Quizá porque llevo toda mi vida enamorándome. Y toda también sin morirme, jajaja.

Esos creo que son los temas principales en los que me muevo. Luego estarían los subtemas. Los celos, la envidia, la nostalgia, la pena, el engaño, el enamorarse, el desenamorarse, los malos entendidos, el dolor, el malquerer. Me interesa la perplejidad que producen ambos temas. Escribo mucho sobre personajes perplejos. Creo que siempre nacen así. De hecho, mi voz literaria creo que es pura perplejidad. Lo mismo es que vivo perplejo. Sí, seguramente, va a ser eso.

Es estupendo no dejar de sorprenderse en la vida ¿no? Y si no te sorprende le cambias el final para que así sea. Así eres. Jajaja ¿Algo o alguien en tu vida propició que decidieras escribir? 

Quizá que de pequeño leía mucho. No es que venga de una familia de lectores de grandes obras, o de intelectuales. Teníamos una librería como en todas las casas, de lomos todos iguales, que apenas se tocaban. Con los años sí que mi familia se ha convertido en una gran lectora. Leen de todo, que es lo mejor. Pero de muy pequeño, en casa leía las fotonovelas de mis hermanas: Corin Tellado, Lucecita y cosas así. Y los tebeos que había siempre en los laterales del sofá: TioVivo, Lily, Pulgarcito. Luego crecí un poco y empecé a leer El Caso, de mi padre, y el Pronto. Ya digo, una familia de lo más normal. Pero todo eso sí que me hizo disfrutar del silencio mientras leía. Interesarme por las vidas de los demás, imaginarlas y acabarlas como yo quisiera en mi cabeza. Luego empecé con Los Hollister, los cuentos clásicos que les compraban a mis sobrinos y libros que entraban en casa de Círculo de Lectores. Pronto descubrí a Becquer, luego a Lorca y Machado. Y de vez en cuando iba a la biblioteca del barrio. Una a la que algunos vecinos iban a darse el lote en las mesas del fondo.

Pero sí recuerdo que ya en primaria me gustaba hacer redacciones, que los profes siempre valoraban positivamente. Incluso en clase de lengua, al buscar ejemplos de frases, me esforzaba en que tuvieran su qué. A veces me preguntaban los maestros que de dónde las sacaba. Y era solo que no me conformaba con: “El niño juega con una pelota”. Ya de pequeño prefería poner sujeto, predicado y sentimiento.

Sin duda el sentimiento, tu capacidad y el trabajo han dado buenos resultados en tu camino de escritor. ¿Tienes algún relato o micro propio del que te sientas más orgulloso? ¿Podrías dejarnos aquí unas líneas para que disfrutemos de ello?

Te pongo dos y tú escoges:

LA EXPLICACIÓN

Con esa exactitud tan característica de la ciencia, lo que no flota, se hunde sin remedio; lo que no vuela, cae al suelo. La energía, pura o no, nunca se destruye, pero sí se transforma. Y mucho. Y se convierte en otra cosa. Y aunque la recta tiene una dirección, no olvidemos que también posee dos sentidos. De ida, y de vuelta. Todo lo que sube, baja; lo que entra, sale. Y lo infinito solo está en el cielo. Solo. Por inercia, todo se mueve o reposa. Y la inercia, créeme, es lo peor. Vamos, para que me entiendas, que he dejado de quererte. De corazón y científicamente.

SUELTA

Jamás tuvo costumbre de ceñirse la cintura. Como no la tuvo nunca para sujetarse el pelo en una cola, ni usar sandalias de atarse. Ya de niña era incapaz de mantenerse en fila formando para entrar a clase, o de aunar en su mano las varas de retama que recogía en el camino. Tampoco aprendió a colorear dibujos sin salirse de los bordes. Y dejaba escapar adrede los globos, solo para mirarlos subir, decía. La madre, a la que nada le extrañó, no ha contado a nadie, para que no la tomen por loca, que al parirla, asombrada ,notó con extrema claridad, en vez de a la niña que venía, cómo con el último empujón, de entre sus muslos una bandada de aves alzaba el vuelo.

El primero está incluido en mi libro. El segundo fue posterior a su publicación.

Pues me pasa lo que a ti, que no puedo elegir. Que escojan los lectores de esta entrevista. ¿Un libro? ¡Cuéntanos!

El libro se titula De lo que quise sin querer lo que quise sin querer”. Es un libro de microrrelatos, publicado por la Editorial Talentura, gran defensora e impulsora del género, que es de aquí, de Madrid. Se publicó en el 2014. Consta de 114 piezas escritas que, como su título indica, habla de todo aquello que uno acaba haciendo y queriendo, sin proponérselo. Como respirar, o recordar. Lo escribí un poco igual que vivo, por impulsos, poniendo mucho estómago y pecho y muy poca cabeza y sesera. Tirando mucho de mi pasado para hacer un collage con el presente, y que quede algo verdadero y que duela; que duela bien, con dulzura, con cariño, risueño, pero que duela. De hecho, mucha gente me dice, el libro es como tú, niño. Leo y parece que te esté oyendo hablar a mi lado. Y ahora, si lo pienso muy a fondo, da un poco de miedo ¿no?

Está dividido en tres partes: “Cosas de amar”, “Cosas de morir” y “Otras cosas sin querer”. Este libro me ha dado muchas, muchas alegrías. Y me las está dando aún. De hecho, hay incluso dos obras de teatro basadas en textos de este libro. Fabulantistas, de la compañía “Pendientes de un Hilo”, y “Del amor, la muerte y otras chiquilladas”, esta escrita por mí y aún sin estrenar.

Que duela con dulzura dices. Estoy convencida de que es de esas obras evocadoras, que te deja con ganas, y de las que se saca algo para escribir. En cuanto al teatro, recuerdo que comentamos después de la celebración del Madrid Sky, lo compaginas con la narrativa. ¿Ha sido siempre así?

Si, también escribo teatro desde bien jovencito. Pero no lo he hecho continuamente a lo largo de mi vida. He tenido etapas.

Tengo varias obras estrenadas, como la que se mantuvo aquí, en el Teatro Alfil, casi un año en cartel: Anda que no te quiero, y que hace poquito se ha utilizado también en una escuela de teatro de Barcelona, “Plató de cinema”, como trabajo de final de carrera de unos alumnos. Me encantó el trabajo que hicieron. Mira, y esa en concreto la escribí a principios de los noventa. Creo que ha sabido envejecer. Tengo otras también estrenadas y otras que aún esperan la ocasión.

Últimamente he escrito mucho microteatro, piezas que no pasan de 15 o 20 minutos. De estas tengo una veintena, casi todas estrenadas. Y también tuve una de ellas en Madrid, en “Microteatro por Dinero”, la pieza “La más indicada”. Todo mi teatro es muy yo también, dicen. Es curioso que cuando alguien ve o lee alguna de mis obras, me cuenta que es como si yo sobrevolara el escenario, o como si se estuvieran leyendo de nuevo el libro u otro nuevo, pero parecido. Cosa que, según se mire, no sé si es buena o mala. Jajajajaja

Pero lo cierto es que puedo presumir, y lo sé porque a fuerza de que me lo repitan, he pensado que debe haber algo de cierto en ello, de tener voz propia. Y eso me da que es bueno. O no. Vete a saber. Porque si esa voz personal es un churro y me lo repiten con segundas, cagado la hemos.

Lo más importante, eso sí que lo tengo clarísimo, sin que nadie me lo tenga que decir, es que debes sentir que disfrutas mientras estás escribiendo. Porque se trata de eso. Y si no estás gozando en ese momento, es que a lo mejor estás escribiendo en falso. O no lo estás haciendo para ti. Y no escribir para ti, estoy seguro de ello, no debe ser bueno.

¡Cómo me gustan tus títulos! No dejes de avisarnos para la próxima representación de una obra, que estaremos encantados de asistir.

Ya que esta entrevista sale de tu merecido primer premio en el Madrid Sky me parece pertinente mencionar algunos otros en los que también has sido premiado o finalista. El mismo día de nuestro concurso, te notificaron que eras el Ganador Anual en la categoría en castellano del VIII Certamen de La Microbiblioteca. Además, a esta final era la cuarta vez que llegabas. También has sido finalista anual en Relatos en Cadena, durante dos ediciones. En la segunda, te quedaste con el Tercer Premio.

El pasado año también recibiste uno de los tres accésits en el II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad Carmen Alborch y fuiste uno de los tres ganadores del Primer Certamen de Microrrelato del Ajuntament de Montcada i Reixach, además de ganador o finalista en otros muchos concursos de microrrelato.

La revista Vinos y Caminos es la patrocinadora del primer premio del certamen literario Madrid Sky.

¿Has concursado con alguna obra de teatro?

Aparte de haber tenido obras seleccionadas en diferentes muestras teatrales, como Casa Groga o Píndoles, este año me presenté por primera vez a un concurso de textos teatrales, el VI Premio de textos de teatro Carro de Baco, resultando ganador con la pieza, “La Sombra”, que ellos mismos pondrán en escena el próximo octubre.

¿Recuerdas alguno de los premios con especial cariño?

No sabría escoger cuál me ha hecho especial ilusión. Quizá el del teatro, por ser la primera vez que gano algo así. O el de La Microbiblioteca, por lo que supone conseguir un premio tan concurrido. O este de Madrid Sky, que no me esperaba para nada. O los de Relatos En Cadena, por todo lo que supone, y hablar con Francino, y que te escuchen por la radio. O uno que organiza mi amiga Esperanza en Soto de Sajambre, llamado el Roblón, donde he sido finalista varias ediciones. O el de Realidad Ilusoria, de mi tocayo Miguel Ángel Page, que organiza cada año por Navidad, en el que siempre quedo finalista y espero ganar algún día. O el de Cartas de Amor Antonio Villalba, de Escuela de Escritores. O el de… Jo ¿he de escoger solo uno?

Jajaja, no, ya veo que tienes cariño para dar y tomar. ¿Miguelángel qué recomendarías a alguien que comienza a escribir y qué errores le evitarías?

Que escriba, que escriba, que escriba y que lea. Que lea, que lea y que escriba. Y que corrija mucho. Y que se atreva. Que se atreva, que todo ya está escrito y todo está por escribir.

Nuestro patrocinador del primer premio “Vinos y Caminos” nos acompaña hace unos años. ¿Qué te sugiere su nombre como escritor? Es decir, en dos pinceladas, ¿de qué escribirías un relato al respecto?

Un sumiller, un catador de vinos en busca del caldo perfecto, que recorre países y territorios, hasta, después de muchos viajes y desilusiones, dar un día con él, justo en la bodeguilla de toda la vida de debajo de su casa.

Antón Alonso entrega el primer premio del VI certamen Madrid Sky a Miguelángel Flores

Muy interesante, al final encontrar cerca lo que buscas después de viajar y enriquecerte con ello, para aprender realmente a “ver” lo que nos parece que no puede ser tan fácil. Para terminar, ¿qué libro nos recomendarías y qué relato? 

Pues mira, ahora mismo recomendaría “Hierba veloz y púrpura”, de Asier Susaeta, que me estoy leyendo estos días y me está dando mucho que pensar. Es un libro de microrrelatos. También podría recomendar el libro que más veces he leído y que más he recomendado: La vida ante sí, de Emile Ajar. Lo leo desde adolescente una y otra vez. Creo que su forma de contar las cosas influyó mucho en la manera de hacerlo a mí. Esa voz infantil que aflora en muchos de mis textos es prima de la de este libro. O es prima o son del mismo barrio.

En relatos: Casa Tomada, de Cortázar. O cualquiera de Ana M. Shua o de Millás. De Manu Espada, de Ginés Cutillas. O más nuevos, de Mar Horno, de Portabales, de Víctor Lorenzo, de Lola Sanabría. Ernesto Ortega, Jesús Esnaola, Pedro S. Negreira… Uf, no acabaría nunca.

Hay muchos autores, de los reconocidos, de larga trayectoria, y de los de nueva hornada, que antes se lo han leído todo a los anteriores y se nota, de los que hay mucho, mucho que aprender. Mucho, mucho, mucho. El microrrelato, y con él el relato, está en auge, y es una gran época de cosecha. Hay que aprovecharla.

Muchas gracias por tus consejos literarios, por esta extensión de ti mismo, por tu entusiasmo y tu talento, y por dejarnos descubrir todas estas facetas tuyas. Nos encantará seguirte en tus caminos a través de la literatura y personalmente. A Primaduroverales nos gustaría mantener este vínculo que acaba de formarse, así como ocurrió con premiados de anteriores ediciones. Gente estupenda que escribe estupendamente.

Ha sido una suerte conocerte y un placer entrevistarte Miguelángel. Te deseamos muchos éxitos y sobre todo que sigas disfrutando de la literatura como lo haces, y que nosotros lo sigamos haciendo también con tus obras.

 

Olga Torralba es miembro de la asociación Primaduroverales, Grupo de Escritores.

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