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Archive for 29 noviembre 2019

Ayer vivimos una de aquellas tardes de otros tiempos en la que la literatura rezumaba por los muros de la vieja buhardilla impregnando la piel de todos los que estábamos allí. Fue una sobremesa larga, un reencuentro con el pasado, con la literatura de cinco mujeres que desde aquellas tardes de letras íntimas han evolucionado y madurado hasta crear una obra del empaque y la fuerza que tiene Sobremesas manchadas de café y tinta. Allí estaba Carmen Soteres, a la que estaré agradecido porque fue la primera persona que me dijo tú y yo nos vamos a ayudar con nuestros relatos y la que de alguna manera me dio la primera prueba de confianza; Lourdes Chorro, silenciosa, prudente, dejando la palabra a sus compañeras, pero haciendo pensar que en algún momento los que callarán serán los lectores embobados al leer alguno de sus potentes relatos; Blanca Armenteros, a la que siempre admiré por su voz grave, serena, y que siempre regala su literatura con cuentagotas haciendo desear con fuerza un nuevo encuentro; Mercedes Lázaro, que con su chispa y su mirada pizpireta es capaz de agitar cualquier tertulia, ya sea literaria o no; y por último Yolanda López, que parece que no está, pero que es el pegamento capaz de mantener unido cualquier grupo.

Pero las cinco autoras de Sobremesas no fueron las únicas personas que nos ayudaron a recrear aquellos momentos de literatura añeja. Ayer, en la larga sobremesa manchada de tinta tuve la suerte de estar sentado junto a María Isabel Ruano, que fue mi compañera de asiento durante años, y a su lado pude observar a Antonio Blázquez metiéndose en los relatos que está oyendo como si entablase una conversación con sus personajes, y de ver a Josu Bilbao, generoso al disfrutar de los relatos de los demás como si fueran suyos.

Pero era el día de Lourdes, BlancaMercedes, Carmen y Yolanda, que estaban con nosotros para hablarnos de Sobremesas manchadas de café y tinta, alegres, vitalistas, orgullosas de una obra que no para de crecer. Disfruté atento a sus explicaciones sobre el proceso de creación del libro, sobre la forma de superar las dificultades para entenderse, sobre su amistad reafirmada por un conjunto de relatos inspirados en Jenny Offil, otra mujer de armas tomar. Sobremesas manchadas de café y tinta es un libro con unos relatos impactantes, duros, crudos. Remueven al lector. Que nadie espere una lectura pausada, lenta, complaciente. Los relatos de estas autoras son todo lo contrario, son un choque frontal contra la realidad: te zarandean, te conmueven, te estremecen con un lenguaje metafórico, llenos de símbolos y poesía, que hacen preguntarte por qué.

Salí dándole vueltas a una idea. No me gusta releer un libro, igual que tampoco me gusta ver una película dos veces. Me parece que le robo tiempo a un libro o a una película que está por descubrir. Pero con Sobremesas manchadas de café y tinta haré una excepción. Lo voy a releer, o quizás haga algo mejor. Lo voy a dejar en mi mesilla de noche como libro de cabecera. Para beber un sorbito de él igual que se hace con el vaso de agua que reposa junto a la cama. Se lo merece. El libro y ellas se lo merecen.

Sobremesas manchadas de café y tinta es un libro de dieciséis relatos escrito por cinco mujeres que derrochan energía narrativa. Es un texto noble inspirado nada más y nada menos que en el compromiso de escribir bien y de no dejar indiferente al lector. Se puede adquirir en Librería Mujeres y cía (calle Unión 4, Madrid) y en la librería Embajadores de sueños de la calle Embajadores, 181, de Madrid.

Manuel Pozo Gómez es autor del libro de relatos Violeta sabe a café, (Premium editorial) y coautor, entre otros, de los libros Madrid Sky, (Uno Editorial); Cuéntame un gol, cuentos de fútbol  (Verbum editorial) y RRetratos HHumanos (editorial Kolima).

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Por José Manuel Dorrego Sáenz

Está científicamente demostrado que la edad en la que las personas son más influenciables y tienen experiencias que les marcarán de por vida, son los 12 años. ¿A que suena bien? ¡¡Falso!! Sucede que la expresión “científicamente demostrado” ejerce sobre el lector una fascinación casi hipnótica, comparable a la que se produce cuando antecedes una noticia con la entradilla “Según estudios de la Universidad de Stanford…”. Pero a lo que vamos. Verdadero o no, lo cierto es que en mi caso fue precisamente a la casi inocente edad de los 12 años cuando descubrí a los autores que me harían entrar definitivamente en el mundo de la literatura, un mundo en el que una vez que estás dentro, es para toda la vida. Para mí, que venía de Mortadelo y Filemón, Asterix y Obelix la factoría Marvel o el Vívora, aquella biblioteca de mi casa con cientos de lomos de color oscurísimo y volúmenes llenos de letra mínima era hasta entonces un lugar perfectamente evitable. La sola idea de estirar la mano y coger un libro me daba la sensación de estar profanando un mausoleo (tan de moda, hoy, los mausoleos…). Pero con 12 años, quien más quien menos, está en el mundo con vocación de profanar. Así que un buen día me subí al brazo del sillón, estiré la mano y cogí tres libros al azar. Y salió lo que salió: “Rayuela” de Cortázar, “Moby Dick” de Melville y “Greguerías” de Gómez de la Serna ¡Bingo! De que la azarosa elección no pudo ser más acertada da muestras el hecho de que a los tres los he vuelto a releer durante todos estos años, y sin necesidad alguna de que alguien me pusiera una pistola en la cabeza. De Cortázar he aprendido que se puede escribir sin complejos, a lo ancho, que lo importante no es tanto cómo lo dices sino que realmente tengas algo que decir. Un buen día Cortázar decidió que quería escribir una novela que no fuese una novela, y escribió Rayuela. La leí de las tres formas que nos sugiere el autor: en orden cronológico, alternando capítulos que él mismo nos señala o de manera anárquica, para mí esta última la más aconsejable (leyéndola de atrás hacia delante te encontrarás una historia fascinante, probablemente una historia única, ya que sospecho que Rayuela tiene tantas historias como lectores que se acercan a ella). De “Moby Dick” me quedé con que basta un sencillo argumento (la persecución obsesiva de un cachalote) para tratar temas universales (idealismo, venganza, política, racismo, religión…) sin necesidad de ponerse circunspecto ni estar todo el día mesándote la barbilla. Y de Gómez de la Serna y sus greguerías, claro, me quedé en la fascinación por el detalle, al cual él llega, básicamente y como es lógico, a través de la observación, que es donde está la clave. ¿Cómo no admirar a un tipo capaz de dar una conferencia en un circo subido a un elefante? Un ejemplo, también al azar, de greguería: “Amor es despertar a una mujer y que no se indigne” ¡Cuantas mujeres hay que haber despertado indignadas para llegar a esa conclusión¡ Y por supuesto, de Gómez de la Serna, como de Cortázar, me quedó la admiración por el texto breve, el relato, el microrrelato, género que con mayor o menor fortuna cultivo desde entonces.

Y tras esos tres magníficos, vinieron ya el resto de lecturas que no he abandonado desde entonces: Quevedo, Truman Capote, Carver, Stephen King, Dorothy Parker, García Márquez, Hemingway, Proust, Poe, otra vez Quevedo… Luego, claro, están lo huesos duros de roer. La odisea, por ejemplo, se me ha resistido hasta en tres ocasiones y he terminado dándome por vencido. Tú ganas, Odisea. “El Quijote” se me resistió un par de veces, pero insistí, tomé aire y a la tercera fue la vencida. Y mereció la pena, desde luego. O El Aleph de Borges. Mucha gente me decía “¿Qué no has leído El Aleph, cómo que no has leído El Aleph?”, como quien te pregunta si no te has tomado la pastilla. Pues no, mire usted, que no he podido con él, qué quiere que le diga, no he podido, lo confieso. Y entre lectura y lectura, lógico, siempre guardo un hueco para releer a mis clásicos:, Jabato, Asterix y Obelix, Mortadelo y Filemón… Y así, con los años, he ido conformando mi propio panteón de libros colocados en un perfecto desorden y donde, en perfecta armonía, conviven Fray Luis de León y Bukosky, Bécquer y el marques de Sade o Anna Frank, codo con codo, con algún superhéroe de la Marvel.

El madrileño José Manuel Dorrego Sáenz ha sido finalista en las edición de 2016, 2018 y 2019, en esta ocasión con el relato titulado Geometría en masa. Alguna vez ha confesado que un par de páginas para un relato le parece un exceso, por lo que podemos considerarle un gran especialista del microrrelato. Ha sido finalista o ganador de certámenes de microrrelato convocados por RENFE, La Razón, El País, Grinch, la Escuela de Escritores, la Cadena SER, Onda Madrid, Radio Nacional, la UNED, o Augusto Monterroso.

Ha publicado con la editorial Atlantis un libro de microrrelatos titulado El contrabajista del Titanic y actualmente está preparando, según palabras del propio autor, Imagina, un híbrido entre la novela y el microrrelato.

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Por: Pura Simona de la Casa

El próximo jueves 28 de noviembre de 2019, de 20:00 a 21:00h  (C/Sebastián Herrera, 12-14 en el aula 1.3) nos visitan en el taller de los Primaduroverales las autoras del libro de cuentos Sobremesas manchadas de café y tinta.  Ellas son: Lourdes Chorro, Blanca Armenteros, Mercedes Lázaro y Carmen Soteres, y el prólogo es de Yolanda López Muñoz.  ¿A que os suenan estos nombres? ¿A que parece que vamos de la mano con ellas en esto de escribir y en esto de la vida? Y es que ellas son Primaduroverales desde la génesis del grupo, son piezas de las dos partes de este nombre compuesto y difícil de pronunciar que da identidad y sentido al grupo. En este quinteto de escritoras se abrazan las primaveras y las durezas con la armonía de la amistad que se consolida con el tiempo y con los cafés, con la tinta literaria y, sobre todo, con las ganas de arroparse con aquello que mejor abriga.

Ellas

Encontramos en el libro Sobremesas manchadas de café y tinta dieciséis cuentos en bloques de cuatro. Podría decirse que se trata de un 4×4 cuyo hilo conductor se basa en frases del libro Departamento de especulaciones de Jenny Offill, una frase abre el primer y cuarto bloque, y una frase abre cada uno de los ocho cuentos centrales, en el que se alternan las autoras en el mimo orden, dando así sensación de bloques centrales igualmente. Y así se van dividiendo el espacio y la escritura las autoras. No olvidemos que el número primo de textos de este quinteto de escritoras lo marca el prólogo. Quizás más que en otras ocasiones el prólogo aquí es inclusivo, en especial porque no habrá cariño más sincero que el de la prologuista al resto de las autoras, y me costa que ese camino de cariño es de ida y vuelta entre las cinco.

¿Por qué Jenny Offill y dicho libro? Esta pregunta la responde Yolanda López Muñoz en el prólogo. Pero podríamos preguntarnos qué hay del libro de Offill además de las frases en los cuentos de estas autoras. Departamento de especulaciones es un puzle de piezas diminutas  de naturaleza y procedencias muy distintas  que componen el  todo desde una apariencia de caos.

Yo diría que se da un viaje contrario en el libro de nuestras amigas. Hay en Sobremesas manchadas de café y tinta orden y simetría en el desarrollo y la estructura, pero al final se habla de lo fundamental ya sea con caos o con orden.  Voy a tomar una frase que Jenny Offill contestó en una entrevista: Rilke lo dijo en su momento mucho mejor de lo que yo lo diré nunca: “Que un ser humano ame a otro ser humano, esa es tal vez la tarea más difícil de cuantas nos han sido encomendadas, el objeto principal, el examen final, la obra para la cual todo empeño es mera preparación”. Y sí, del amor y el desamor se habla en estos dieciséis cuentos. La idea de Offill es de que todo parte, tal vez, de ese átomo cuya tarea es la más difícil, y que todos los demás temas son secuencia o consecuencia.

Un componente del dolor que se padece a lo largo de la vida viene del mano del amor, o mejor dicho, cuando el amor te suelta de la mano, pero también porque el amor se muere, o se muere la persona amada, o hay un desentendimiento desde el primer día…  Encontraremos estos temas en los cuentos de nuestras amigas. Pero también otros que son temas candentes de ahora y de siempre: el engaño, el maltrato, violaciones que se ocultan para no desbaratar el entorno, las difíciles relaciones de la amista, el enfrentamiento a la muerte, cómo despedirse de una casa y de sus muertos, personajes que se dejan absorber por sus propias debilidades, las extrañas relaciones de amor que surgen en la familia. Y metaficción, en varios de estos cuentos la literatura se toma como protagonista a sí misma; que siempre es una celebración de la literatura per se.

Hay muchos más detalles de los que hablar, nos surgen preguntas y preguntas, tanto del libro como de las autoras, pero eso lo dejamos mejor para el próximo jueves. Así que os esperamos.

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Tarde de palmas

Por: Luis Marín

El más intrépido del taller, Paco Plaza, se ha lanzado con un “martinete” para contarnos una escena de Antonio González. Le hemos seguido en su sórdido camino a una muerte segura y deseada al compás de unas “palmas sordas”.

Después nos ha deleitado con una “seguirilla” universitaria, entre las facultades de filología y derecho, pasando por el paraninfo y unas carreras para calentar antes del partido de rugbi.

El mismo personaje que en situaciones diferentes llega al mismo final, debe tener en su más profunda idiosincrasia algún rasgo que le impide cambiar su destino y le conduce irremisiblemente a su destrucción.

“… Antonio se aprieta contra la pared y desaparece como un  guijarro que cae sobre la espuma; hasta que las risas se desvanecen en la lejanía, entonces Antonio regresa a la noche y con una ligera cojera avanza, pegado a la fachada, tras el rastro de las sombras más oscuras, las zonas más alejadas de los tenues conos de luz que proyectan las farolas…”

derechoHemos podido constatar que los personajes de su ucronía están bien definidos en su cabeza. Pero quizá ayude que esa definición quede reflejada de forma patente en unas notas que recuerden sus peculiares características. Palmas secas para animar al creador.

Paso a paso vamos, a través de la neblina que cubre el camino, hacia esa posible novela, nuestra primera experiencia de traspasar el relato corto. Ya hemos definido personajes, ya los hemos perfilado en nuestros cuentos más o menos largos, pero ahora toca darles consistencia, con pasado, presente y futuro. Es posible que todo eso quede oculto en el texto final, pero ahí está, patente, su existencia.

Con palmas sordas hemos acompañado a José Miguel en su “soleá” para presentarnos a esa mujer que después de veinte años, sólo consigue distinguir de su esposo, en un amanecer solitario, el cliqueo del encendedor, el humo del cigarrillo que se consume en el cenicero y las volutas que salen de un cuerpo que no puede ver.

zippo“… Lo busca con la mirada a través de una penumbra tamizada por la escasa claridad procedente del alumbrado nocturno del exterior que atraviesa el ventanal. En la mesita, que está al lado del sillón, hay una cajetilla de cigarros, un encendedor zippo de metal y un cenicero que ya tiene algunos restos de cigarros fumados recientemente…”

Y cuando parece que “tó el pescao está vendío” con el sonido de unas “palmas sordas”, Carlos Cerdán, presenta a su atribulado personaje, mosqueado con todo lo que le rodea, para acompañarlo con unas “palmas secas” que nos suben a un convento y acaban en unas “palmas redoblás” justo después de los maitines. Con pupilas dilatas incluidas, quizá por el madrugón.

hojas“… El camino es empinado, pero Anselmo pedalea tranquilo sin esforzarse mucho. El frondoso bosque que atraviesa la carretera recoge todos los colores y matices que el incipiente otoño comienza a mostrar. El crujir de las hojas, aplastadas por su bicicleta, le parecen suaves gemidos y piensa que la suerte empieza a favorecerle… “

De literatura no sé si acabaremos aprendiendo, pero de toros y flamenco vamos a ir… “sobraos”.

Luis Marín

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El Colectivo Sociocultural de Mujeres ‘Les Filanderes’, de Langreo, (Asturias), ha hecho público el día 15 de noviembre el fallo del XVIII Certamen Internacional de Relatos Filando Cuentos de Mujer.
Miguel Sánchez Robles, de Caravaca de la Cruz (Murcia), ha ganado el primer premio, dotado con 1.700 euros, por su obra Cuento para querer a una muchacha. El escritor alicantino Alexis López Vidal se llevó el segundo premio, de 600 euros, por El puente de los cuervos.
Los accésits con publicación han sido para Bodas de plata de Herminia Dionis Piquero (Huesca) y El certamen, de Mayte Blasco, (Madrid).

Mayte Blasco ha declarado que le ha hecho mucha ilusión obtener este accésit, pues es un certamen con una larga trayectoria, muy vinculado a la literatura de mujeres, que es un tema de gran interés para ella.

Nuestras felicitaciones a Mayte Blasco, que fue finalista de la VI edición del certamen Madrid Sky con el relato titulado Juventud.

Juventud

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Juan Pablo Goñi Capurro fue finalista de la VI edición del certamen literario Madrid Sky en junio de 2019. En esta entrada, titulada Una herencia inmortal, nos cuenta cómo llegó a Jorge Luis Borges.

Jorge Luis Borges

Una herencia inmortal

Juan Pablo Goñi Capurro

Atravesaba la adolescencia metido en luchas que no eran mías, luchas que ni sé si estaban vigentes, luchas que no tenía forma de disputar en la ciudad adormecida en que me tocó transitar. Había comprado las divisiones tajantes establecidas en la artes: qué escuchar, qué leer. El rock nacional no permitía que uno se dejara llevar por el pop comercial u otros géneros musicales que apostaban a la frivolidad y la diversión. De la misma forma, la biblioteca debía incluir escritores comprometidos, nada tenían que hacer en nuestras lecturas los defensores de los modelos reaccionarios.

Vaya a saber de cuánto me privé por esos postulados estúpidos, propios de otras épocas y otras geografías, contraídos vaya a saber cómo —¿algunos contactos?, ¿lecturas en los viajes a la capital?, ¿el imperialismo cultural de Buenos Aires sobre el resto del país?—. Sé que no me perdí a quien se convertiría en mi máxima referencia en la escritura gracias a una persona a la que quise mucho, mi abuela Tota. Ella venció mis reparos, o, formulado de otra forma, por cariño hacia ella me introduje en los mundos imaginarios.

Como era yo el lector de la familia, en las habituales visitas a casa de mis abuelos maternos en Lomas de Zamora, la abuela solía verme con libros, casi siempre préstamos de bibliotecas, ofertas de saldos o usados. Se acercaba cuando me encontraba leyendo en la sala y me preguntaba si me gustaba Borges. Le respondía que no, yo era lector de Cortázar, no se podía ser de Boca y de River. Borges era de los otros. Los lectores de Cortázar no leían a Borges. Julio me había mostrado, allá por mis trece años, que la literatura era algo que iba más allá de los autores acartonados del colegio.

Un día, mi abuela consiguió vencer mis resistencias. ¿Lo leíste?, preguntó. No, no lo había leído y no le mentiría a mi abuela. Vino la frase lógica, ¿cómo sabes que no te gusta? Acepté entonces recibir en mis manos la antología de tapas verdes con sus obras completas hasta El oro de los tigres; la abuela me orientó hacia las milongas, a los hermanos Iberra que eran de Turdera, cerca de Lomas. No digo que me enamoró enseguida, en principio el verso no fue lo más apasionante. Fui pasando por diferentes textos, un poco al azar entre tanta oferta. Hasta que empecé a caer en El evangelio según Marcos, El sur, Funes, el memorioso, y ya no pude escapar del hombre, su precisión y sus cuestiones.

Definir por qué, si he de escoger un escritor, elijo a Jorge Luis Borges, me resulta difícil de precisar. Creo que solo tengo en común con él la consideración de la lectura como el mayor de los placeres, la inclinación hacia los policiales —aunque prefiera el género negro a las novelas de enigmas—, el gusto por el cine y alguna vida en que también debí pasar por los andurriales del sur. Sin embargo, no dejo de recaer en sus páginas, la concisa fusión  de la erudición y la simpleza, la temática que abreva del coraje y también de la filosofía, de la historia y hasta de una visión de futuro distópica escondida en un cuento que parece hablar de otra cosa, como en El inmortal —otro tanto logra en uno de sus más breves textos, Los dos laberintos.

El tiempo, la realidad y el sueño, el alma criminal, la credulidad, tantos temas son los que aborda con maestría. En El hombre de la esquina rosada anticipa a Jim Thompson, escribiendo un relato desde la voz del asesino. Juega con personajes reales como en nuestros días hace James Ellroy. Anticipa y no se queda estático en un mundo, sale a buscar otros nuevos. Y recibe el castigo de la ceguera, el demonio más temido por un lector; quizá allí también, en su vida, hay otra historia que se narra por debajo de los datos y las fechas.

Demasiadas obras maestras para consignarlas en un texto, al menos para mí. La daga del final sin trazos dubitativos es otro rasgo de estilo que admiro. Cada vez que vuelvo a la cubierta verde ya desgarrada, me sustraigo de esta realidad poco interesante y me convierto en el fan que hizo nacer mi adorada abuela, quien me legó sus páginas.

Juan Pablo Goñi Capurro nació en Lomas de Zamora (Argentina), el 11 de octubre de 1966. Criado y radicado en Olavarría. Es un hombre polifacético que estudió Derecho en la Universidad Nacional de La Plata, aunque su vida se decantó hacía las artes. Es actor y dramaturgo y colabora con los blogs Solo novela negra y Desafios literarios.

Ha publicado varios libros y ha ganado numerosos premios literarios. Entre sus libros destacamos dos libros de microrrelatos: La mano y A la vuelta del bar, publicados en 2017, y uno de cuentos: Alejandra. Autor teatral reconocido, ha llevado a escena obras como Por la patria mi general (video)Vengo por el aviso y El cañón de la colina.

En 2015 fue ganador del premio de novela corta “La verónica Cartonera” (España), con la novela Mercaderia sin devolución.

Otras publicaciones suyas son: Bollos de papel, 2016; La puerta de Sierras Bayas, 2014, Alejandra y Amores, utopías y turbulencias, 2002.

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El objetivo de la ONG INAKUWA es ayudar a acabar con la pobreza y a la emancipación de la mujer. La ONG está formada por un grupo de estudiantes de todas la ramas: medicina, ingeniería, cine, psicología, historia del arte, y es esta variedad lo que hace posible un desarrollo cultural abordado desde diferentes áreas. Esta vez han estado en Tanzania, y han dejado una buena prueba con las fotografías que se exponen en la sala Primavera de la Casa del Reloj (Arganzuela), del 5 al 29 de noviembre.

Todas las fotos me han parecido muy sugerentes. De elegir una, escogería la del todoterreno, que se titula En el punto de mira. Pero solo como referencia para hablar de casi todas.

Es la única foto de hombres entre tantas de mujeres.

Ellas, con los pies en la tierra, con los ojos sobre los apuntes de la escuela, sobre los hilos de esa máquina de coser tejidos e ilusiones, sobre las palas que igual cavan una piscifactoría que les dé sustento, que una tumba para sus muertos.

Ellos erguidos sobre el todoterreno, sin casco ni cinturón de seguridad. A dos pasos de la vida, a un vuelco de la muerte. Pero ríen despreocupados porque saben que ellas se están ocupando de organizar las actividades del poblado, de aprender nuevas técnicas para que la vida de todos sea más fácil, de asegurar el futuro cuidando de los niños, de asegurar el sustento, cuidando de los animales.

Por eso la mirada de ellos, tamizada por el viento de la velocidad, no tiene la tensión de la de ellas, concentradas en sus tareas de aprendizaje, discusión de problemas comunitarios, concentración en las actividades que harán prosperar al poblado.

En suma, las mujeres, a ras de tierra, sin esa sensación de velocidad que dan las cuatro ruedas son el verdadero motor de esas comunidades en las que a todos les ha tocado vivir.

Antonio Llop es miembro de la asociación Primaduroverales y autor de la novela Raymi, publicada por Círulo Rojo. Es coautor, entre otros libros de relatos, de los libros Primaduroverales cuentos, Madrid Sky y 2056 Anno Domini.

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Por: Vicente Moreno

La plácida tarde de ayer contó con poca asistencia del personal, pero los que asistimos la disfrutamos comentando los proyectos que van llegando relacionados con la Ucronía, que es el objetivo que nos hemos propuesto este año.

Empezó Luis Marín proponiendo un esquema de novela en la que contará una historia que se inicia en la España rural de la época de la Segunda República y acaba en el Madrid de la posguerra. Como conocemos a Luis, sabemos de antemano que esta obra estará caracterizada por un fuerte compromiso social, con el foco puesto en la importancia de la educación.

Presentó a sus personajes y realizó un esbozo del contenido de cada capítulo y una sinopsis del progreso del relato. De aquí surgió la discusión sobre la necesidad de mayor ambientación y descripción en la novela frente a la concisión del relato. También fue objeto de debate el uso del lenguaje localizado cuando la historia se desarrolla en zonas geográficas diferenciadas por un habla específico como puede ser Andalucía. A continuación reproducimos un fragmento del avance que nos leyó:

“Pasan los minutos y Manuel, sentado bajo la gran higuera se desespera. Las lagartijas cruzan el camino con movimientos eléctricos para perderse debajo de alguna piedra. Él intenta apresarlas con una rama que ha cogido del suelo. De vez en cuando su mirada vuelve hacia el pueblo que, a medida que el sol va llegando a la vertical, se difumina como un espejismo”

También Carlos Cerdán expuso su esquema de novela centrada en la historia de un abogado trepa al que se le presenta un dilema que será el origen de la ucronía. Sabemos de la habilidad de Carlos para crear situaciones humorísticas así que esperamos divertirnos con esa trama familiar en la aparecen unos frailes zen cultivadores de plantas opiáceas, eso sí con fines estrictamente terapéuticos.

“Sin embargo, ella no está dispuesta a dejarse convencer tan fácilmente, se desprende de las manos de su hijo con brusquedad y sin decir nada se dirige al mueble bar. Coge una botella de anís y se sirve una copa. Anselmo frunce el ceño ¡Por Dios mamá, que es muy temprano! Marcela que parece no escucharle se bebe la copa de un trago”

comecocosOlga Torralba trajo una propuesta interesante basada en el juego conocido actualmente como “comecocos” pero que los que tenemos ya cierta edad también recordamos de los tiempos en los que los juegos no necesitaban nombre.

Parece una idea afortunada usar este artilugio de papel, que ofrece diferentes alternativas con un simple movimiento de los dedos, como inicio de la ucronía que originará las dos historias en las no faltara alguna psicopatía.

El último proyecto presentado fue el de José Sáinz de la Maza que se atreve con una historia de universos paralelos en los que tres personajes se enfrentaran al sentimiento de la culpa. A priori parece un empeño difícil pero conociendo la maestría narrativa y la capacidad de trabajo de nuestro compañero no dudamos de su éxito.

CrispatriPara finalizar tuvimos la suerte de asistir a la lectura de un texto que leyó nuestra amiga dominicana Crispatri Patricio. En su segunda visita al taller nos dio una muestra de narración en una prosa poética  densa y un lenguaje musical.

“Júpiter, Júpiter, Júpiter, se llamaba así mismo para obligarse a regresar a la tierra, pues en cada minuto que en silencio pasaba se embarcaba en su designio para deambular entre recuerdos de miradas y deseo de aquella escultural figura que ocupaba  su lienzo, mientras sacudía los confines de sus libidos deseos de transformar en piel aquella pintura, obra de la imagen palpada por sus ojos y de sus manos”

Fue el epílogo perfecto a una tarde apacible como un estanque salpicado de flores de loto. Esperamos seguir contando con su asistencia o por lo menos seguir leyendo su escritura fresca y original.

Vicente Moreno

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María Isabel Ruano sabe combinar la literatura con la fotografía, la poesía con el dibujo. Una muestra de ello es este bello texto que describe la exposición que se puede ver en la Casa del Reloj, del 5 al 29 de noviembre, en favor de la asociación INAKUWA.

Asociación Inakuwa. Por María Isabel Ruano.

Nada más acceder a la sala la luz llena el espacio; la luz y la belleza de las telas que cuelgan de las paredes y que apetece tocar aunque no sea lo correcto, junto a la sonrisa joven y generosa de quién te da la bienvenida con los ojos llenos de luz, los de la ilusión por el proyecto humanitario en el que realmente se cree. Inakuwa, “creciendo” en suajili, y luchando por las mujeres y los niños en Tanzania.

Acto seguido, las fotos, su color, su mensaje… Quieres verlas todas porque todas son hermosas y llaman la atención y resulta difícil detenerse en cada una de ellas. Se necesitará una segunda vuelta más pausada para leer los títulos, comprender el mensaje, la situación, el espacio y la mirada de sus protagonistas… La de la mujer concentrada en la vieja máquina de coser, tesoro que vuela para juntar las telas… Las de Amina y Benedicta con esa “fuerza que arrasa” y que se muestran ante la cámara llenas de color y la firmeza en la mirada de quienes han sufrido mucho y  han luchado y siguen haciéndolo porque con ellas están los hijos y los nietos junto a la posibilidad de crear un futuro mejor con los pozos, los huertos, la piscifactoría, la escuela…

Asociación Inakuwa

Si miras bien en Amina encontrarás tristeza, la del interior y la de la muerte. Cuentan que cuando te invita a su humilde casa, te muestra la foto de su hijo mayor, el padre del nieto que alborota por allí, y que cuando sales te enseña la tumba de su hijo, pero eso solo lo saben unos pocos ya que lo que todos conocen de ella es su fuerza, su entrega y determinación. Continuando la exposición ves la foto del todoterreno cargado de jóvenes que parecen posar para la foto, captada por un zoom desde la distancia, la foto parece mágica al confundir el polvo y la luz bajo la majestuosidad del Kilimanjaro. La vista se entretiene después con otra foto en la que ves a unas mujeres con algo de fruta y es necesaria la explicación de quien conoce la realidad para saber que eso es una frutaría… Los rostros cada vez toman más protagonismo hasta llegar a la foto del atardecer en la que un niño empuja un carro que cuadriplica su tamaño… Al llegar a los animales ves la foto de un pájaro, “zazú” encima de los espinos y lo primero que recuerdas es al compañero de Simba en la película del Rey León y sonríes, pero luego observas su pico tan original y colorista, y sus patas, y sientes como la amenaza del pinchazo es real e imaginas la suerte de quién pudo captar esa imagen tan bella en la que el pájaro parece posar para la cámara, y sientes que esos espinos son una metáfora de las dificultades reales con las que día a día se enfrentan las mujeres tanzanas, esa que sobreviven y se visten de color… Junto a  él, el camaleón aferrado al dedo de una persona, la de quien no teme a los seres vivos, los elefantes hermanados de espalda y las cebras amorosas que te llenan de esperanza. Como el resto de las fotos en las que el hermano mayor carga con el pequeño para “ahuyentar el miedo” y la de la niña que se esconde, entre la pared y la sombra de la ropa tendida, para no ser vista y las de las mujeres que trabajan, escuchan, descansan, aprenden palabras y ensayan cuentas…

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Todos ellos mensajes solidarios, de amor, esfuerzo y alegría, claro que sí, la alegría del baile, “Kucheza”, la del regreso a casa, la de la ayuda y el aprendizaje junto a la generosidad de estos jóvenes que entregan su tiempo, esfuerzo e ilusión para viajar a Tanzania, pagándose el viaje de sus ahorros, para ayudar, aprender y ver la realidad desde esa otra mirada, la que solo puede ver quien realmente se atreve a mirar desde los ojos del corazón.

 

¡Mi admiración y felicitación por todo ello!

Mª Isabel Ruano Morcuende.  Noviembre 2019

María Isabel Ruano es miembro de la asociación Grupo de Escritores Primaduroverales. Es coautora de los libros Primaduroverales, cuentos (2007), Madrid Sky (2013) y 2056 Anno Domini (2018). Tiene publicados relatos en distintas antologías y libros de carácter profesional relacionados con la enseñanza.

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Este último jueves fue una tarde de morlacos. Me refiero, claro, a los proyectos de novela con ucronía que fueron presentados y que en su gran parte fueron devueltos a los corrales.

A pesar de las inclemencias temporales localizadas en el interior de nuestra pequeña aula, tales como exabruptos ciclónicos, tsunamis verborreicos o huracanados gritos como los de aquel viejo dibujo animado,  pudimos avanzar en nuestra aventura de escribir una ucronía, bien como novela corta bien como conjunto de relatos.  La imaginativa sugerencia  de Pura para este curso  es del gusto de la mayoría de nosotros y supone un reto que, con toda seguridad, nos va a hacer pasar muy buenos ratos en el taller.

Como no podía ser de otra manera, la propuesta de estructura que nos mandó Pura por correo no había sido tomada en cuenta por ninguno de los participantes. Eso sí, todos hicimos propósito de enmienda y nos comprometimos a hacer un organigrama para que luzca en próximas tardes de gloria.

El primer manso que apareció por chiqueros era de la afamada ganadería de Luis Marín, nada más asomar las astas mostrando un remedo de “introducción” se le dio un puyazo sin pases previos y se hincó de rodillas. Prohibidas estructuras que incluyan capítulos introductorios ni presentaciones; los personajes deben de conocerse por lo que hagan o por lo que digan. Tomamos nota. No obstante pudimos apreciar buenas maneras en el bicho y será interesante la novela pensada por Luis: La historia de una familia campesina española en los años treinta y la alternativa que se desarrollaría si muere el padre.

El segundo de la tarde, con la prestigiosa divisa de Carlos Cerdán, fue recibido a porta gayola y con el propio impulso tomado con el primer capotazo se le devolvió a los corrales, el motivo: el primer capítulo no comienza por la noche. Visto desde arriba la trayectoria del toro fue como una lágrima cuyo extremo picudo coincidía con el portón de acceso al albero. En la grácil curva dibujada por el toro se pudo apreciar buen porte en los andares. La novela de Carlos versará sobre un vividor que se casa con la hija de un potentado y la alternativa que sería si huyese del altar antes del “sí quiero”. He aquí una parte de este primer capítulo:

“…

Le sudan las manos, el cuello de la camisa le oprime la garganta como si de repente hubiera menguado su talla, le falta el aire. Palpa su bolsillo interior, tal vez pueda ir un instante a la sacristía y meterse una raya, empieza a necesitarlo. En ese momento el órgano de la iglesia comienza a sonar, es el trueno que anuncia la tormenta. Todo el mundo se pone en pie y mira hacia la entrada. Todos menos él que se fija en su madre “aún estás a tiempo” lee en sus labios.

…”

Al tercero, un zaino de las dehesas de Paco Plaza,  nada más asomar  la cabeza por el coso  la mula del picador le atizó tal coz en el hocico que le hizo dar un mortal de espaldas con medio tirabuzón,  de forma que quedó de pie y perfectamente enfilado para el pasillo de vuelta al toril. La pirueta  fue tal que si lo hubiera visto un ojeador del Cirque du Soleil se habría llevado al toro para el número de los trampolines. El por qué: un texto demasiado denso. Para decir que Antonio González se fue una noche a darse un pico debajo de un puente da más vueltas que un molino y, además, un cajero de un banco no puede estar en un chamizo, ni en un chiscón, ni en un  cuchitril, ni en un esquinazo. Para la próxima corrida me temo que no va a haber ningún cajero automático.

El cuarto, un ensabanado del hierro de Juan Santos, mostró su bravura  pero tras las primeras verónicas empezó a flojear de los cuartos traseros y tuvieron que salir los bueyes. Motivo: uno que se está muriendo no puede estar mirándose en el espejo ni asomado a la ventana. Aun así, la fiera evidenció su buena casta. El argumento que defiende Juan es la vida de un hombre que en su lecho de muerte se arrepiente de sus maldades y que al reencarnarse tiene la oportunidad de corregir sus errores en una nueva vida…, pero la cabra tira al monte. He aquí un ejemplo de la preciosa prosa de Juan Santos:

“…

¿Y si fuera verdad la teoría de la reencarnación? Por un momento, Matías siente alivio pensando en Platón. Se aferra al sentido de la continuidad. Sigue con el Cristo en el pecho, pero prefiere creer que mañana, su alma viajará a un nuevo cuerpo, donde podrá aplicar la lección que le ha proporcionado su existencia. Sabe que tendrá que beber en las aguas del Leteo y lo olvidará todo. Mas no beberá con las dos manos. Apenas tomará un sorbo, ha de quedarle, al menos, una chispa de recuerdo.

Sus últimos pensamientos son para su madre. La fiel compañera que siempre estuvo a su lado en la distancia. Tal vez, ahora, su espíritu se halle esperando su alma en el cabecero de la cama.

…”

Tuvimos el placer de recibir en el taller a Crispatri, una amiga de Julio. Es escritora y tiene un blog con sus poesías. Esperábamos escuchar se sus labios algún relato suyo, pero el temporal  que arreciaba en el aula no ayudó a que nuestra invitada venciera su timidez. Ha prometido que lo hará en próximas visitas.

Ante un breve debate sobre porqué escribimos quedó claro que en nuestro taller escribimos para divertirnos y para compartir nuestra obra con los compañeros del taller y sin la pretensión inicial de que nuestros relatos salgan más allá de nuestro círculo. Nuestro público objetivo, de entrada, somos nosotros mismos.

Francisco Plaza es coautor de los libros de relatos Magerit. Relatos de una ciudad futura, publicado con la editorial Verbum, y 2056, Anno Domini.

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