Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 31 diciembre 2019

Patricia Collazo, finalista en el V certamen Madrid Sky, y Domingo Jiménez Lacaci, segundo premio de la VI edición, se han visto cara a cara en la XIII edición del certamen Relatos en Cadena, creado por la Cadena Ser y Escuela de Escritores. Patricia Collazo, que sin duda ha demostrado su maestría en el género al llegar tres veces a la final anual, ha conseguido llegar a la final semanal de esta XIII edición dos veces consecutivas, la semana 12, con el relato Llame ya, y la semana 13, con el relato Carta secreta, con la que se ganó el derecho a participar en la final mensual de diciembre.

Pero en la semana 12 Domingo Jiménez Lacaci presentó un magnífico relato, con el título Toma dos, que le llevó directo a la final mensual de diciembre, de la que ha resultado ganador, imponiéndose entre otros finalistas a Patricia Collazo.

Nuestra enhorabuena a los dos autores, a los que deseamos lo mejor para este año 2020.

Domingo Jiménez Lacaci

Toma dos

Domingo Jiménez Lacaci

Relato ganador del mes de diciembre certamen Relatos en Cadena

Le confesé a mi padre lo que había hecho según llegué.

—Sí, te estaba esperando —me contestó muy serio—. ¿Cómo se te pudo ocurrir bajarte de la cruz? ¡Tenías instrucciones! —me gritó—. Y eso sin mencionar la llamarada. No quedó nadie vivo.

—Ya, ya. Lo siento. Deberías haberlos visto. Estaban locos de odio.

—Tú, sin embargo, un ejemplo de mansedumbre. Ahora el monte es un cráter.

—Te he dicho que lo siento, padre. Me llenaron de ira.

—Eres demasiado humano, culpa mía —dijo tranquilizándose—. Te voy a mandar al día anterior.

—¿También puedes hacer eso?

—Calla y no lo estropees más.

Cuando llegué, estaban poniendo la mesa para cenar.

Read Full Post »

Read Full Post »

Llevo unos días pensando en una palabra para resumir las sensaciones que vivimos todos los que acompañamos a María Isabel Ruano, el pasado martes 17 de diciembre, en la presentación de su poemario Entre el asfalto y el mar. Después de haber desechado varias palabras, he decidido escribir en letras mayúsculas la palabra COMPLICIDAD. Y es que son muchos los juegos de complicidad que se establecieron en la tarde del martes. El primero con la editorial grupo Tierra Trivium, con la que María Isabel estaba destinada a encontrarse. Es extraordinario el cariño que ponen siempre Jimena Tierra y Albahaca Martín en los libros que editan, pero en esta ocasión había algo más, había un cruce de miradas, de palabras, de ilusiones, de sueños. Fue emotivo escuchar a Jimena Tierra decir cómo pedía más y más poemas a María Isabel y no desechaba ninguno, y fue una delicia oír decir a Albahaca Martín que habiendo leído apenas ocho o diez poemas de la autora ya decidieron publicar su libro.

 

La presentación del libro de María Isabel Ruano fue un reflejo de cómo es ella. Durante mucho tiempo la elegimos en el taller de creación literaria “presidenta del sector primaduroveral” por sus relatos “rosas”, relatos para un mundo feliz, con personajes bondadosos y final alegre. Relatos sensibles, tiernos, dulces… como la presentación de Entre el asfalto y el mar… y como ella, por lo tanto a nadie debe extrañar que existiese otro juego de complicidad con los amigos que leyeron sus poemas. Las voces seleccionadas para dar realce a la velada poética se implicaron devolviendo parte de la generosidad con la que María Isabel se desenvuelve por la vida: José Jesús, María Jesús, Candela, Salvador, Carmen, Josu… También hubo complicidad en las palabras de Vicente Moreno, que abrió la presentación y que acertó al encontrar la colaboración de un público entregado… y cómplice.

Fue una tarde para disfrutar, una manera excelente de terminar el año, porque cada miembro de la asociación Primaduroverales que publica proporciona una alegría cómplice al resto del grupo y refrenda la sensación de un trabajo bien hecho durante años, muy bien hecho, en un taller de creación literaria dirigido por Pura de la Casa, que encontró durante la presentación el reconocimiento en las palabras de María Isabel. Fue una presentación en la que las palabras generosidad y complicidad se entrecruzaron para hacer disfrutar al público y a las protagonistas, sí, podemos decir protagonistas, porque María Isabel ya no está sola en el mundo de la literatura y tiene una  editorial que la acompaña en el camino que comenzó en el taller de creación literaria de la Casa del Reloj hace años. Enhorabuena a María Isabel. Por las fechas en las que estamos no cabe mejor manera de terminar esta entrada que expresando un deseo: que María Isabel Ruano y el  grupo Tierra Trivium mantengan durante mucho tiempo su juego de complicidad.

 

La Higuera (María Isabel Ruano)

Si el tronco retorcido de la higuera

pudiera contar… Me hablaría

de tardes de juegos y risas,

de sombra generosa para la siesta,

atardeceres enredados en besos

y tristezas, de fotos y recuerdos,

almas tiernas, pájaros hambrientos,

hormigas, abejas y alguna culebra.

Mandiles y sombreros,

cama de hierba, alfombra de higos

recogidos por manos expertas.

De familia enterrada y muerta.

Herencia, visitas, abandono,

fuego, heladas y esperas.

Nacen de su tronco retorcido

ramas nuevas, silencios, recuerdos,

añoranza vieja.

Cuéntale, a quien te escuche,

querida y vieja higuera,

que yo siempre admiré

tu generosidad y belleza.

Qué agradecía tu sombra, tus higos,

tu renacer y tu presencia.

Puede que cuando yo muera,

tú también estés muerta

y de tus raíces y de mis cenizas,

surjan historias nuevas,

risas, añoranzas,

recuerdos y tristezas.

Qué revoloteen pájaros, ángeles,

moscas y abejas.

Será hermoso sentir su presencia.

DSC_0925

Read Full Post »

Un año más, una navidad más, un concurso de relatos más. Pero este año, la cosa iba de ucronías. El tema central versaba sobre ‘¿y si el niño Jesús hubiera sido niña?’. Tocaba, por tanto, darle a la creatividad, con el grado de reverencia o irreverencia que cada autor haya querido imprimir.

Lo primero el podio, que este año quedó constituido por unos escritores de postín, es decir: ganador, José Sáinz de la Maza; segunda Lourdes Chorro y tercero Vicente Moreno. ¿A que es un podio de caché? Luego hubo un cuarto clasificado, que ante la falta de espacio en un lugar diseñado solo para tres, tuvo el empeño particular de colarse en todas las fotos.

ucronia 01aDe los ganadores hablaremos un poco más tarde, que bien merecido se lo tienen. Ahora toca hacer referencia al esfuerzo creativo del todo el grupo (y de como se resolvieron las distintas ucronías) a través de los títulos de cada relato, que fueron puntualmente leídos, uno a uno, antes de proceder a las votaciones. El orden de los acontecimientos, más o menos, fue, o pudo haber sido, así:

ucronia 03aSi el niño Jesús hubiera sido una niña, hubiera traído consigo un equívoco entre una estrella y un ángel, provocando una auténtica revolución, que pudo generar grandes preocupaciones mientras se entregaba el consabido oro, incienso y mirra en un lugar en el que alguien estaba montando el belén. Toda esta representación pudo dar lugar a una curiosa reencarnación que vino a ocurrir en la primera navidad del soldado Cork, quien, curiosamente, tuvo noticias de un lejano lugar donde la gente usa el caganet como antigua tradición decorativa. Se estaba gestando, en fin, una noche movidita, en la que discutían Carmela y Mariano acerca de unas palomas. Al final,  ante tal desconcierto, alguien se atrevió a gritar ¡Dios que cruz de noche!

Jose 3Volviendo a los ganadores, hay que empezar por nuestro querido compañero José Sáinz de la Maza y su texto ‘¡Dios que cruz!’ que resultó ganador. José, del que ya estamos acostumbrados a sus textos con gran hondura literaria, cuando se adentra en el terreno del humor, como es el caso, nos hace reír sin compasión. Me llega a la memoria un relato suyo de hace unos años en este mismo concurso, en que trataba de unos correajes y una cola de caballo. ¿os acordáis?

Un trozo de su ucronía navideña: “… De nuevo silencio y oscuridad absolutos. Después de la adolescencia que les dio a María y José, el padre creyó que todo se normalizaría hasta la resurrección. Pero en los últimos años las cosas van mucho peor que antes. Que si elegir los apóstoles en cremallera, que si a ver por qué la cabeza de la iglesia tenía que recaer sobre un hombre, que si por qué las tres Marías y no los tres Marios. Y ahora, precisamente en la víspera de su muerte, viene con que no quiere que la crucifiquen…

Lourdes Chorro, con su título ‘Reencarnación’ obtuvo el segundo premio. Con su estilo tan lírico, como siempre, no trajo una historia narrada por una recién nacida, pero con una voz adulta, como quien ya está de vuelta. El humor, mezclado ese estilo tan ‘lourdiano’ nos deleitó.

Un cachito de su particular ucronía: “… y San José me mira con arrobo, demasiado diría yo, que el hombre siempre se mantuvo en el papel que tenía encomendado. Y los tres magos más que reyes parecen abueletes, venga a besuquearme. Si hasta la mula y el buey me miran embobados. ¡Ay qué pena de esos pobres pastores y de las mujerucas mal vestidas que están ahí de rodillas! …”

Vicente Moreno, y su texto “La primera navidad del soldado Cork” obtuvo el tercer premio. Vicente, al que podíamos llamar ‘el deseado’ por esto de la escasez con la que presenta textos, a pesar de que cuando lo hace, lo hace, pero bien.

Un pedazo de su ucronía soldadesca: “… Arrullado por las voces armoniosas de las cantoras, notó que recuperaba la audición y su vista se posó otra vez en el cuadro del frente para observarlo con más detalle. Era una escena muy realista en la que una mujer que mostraba un rictus de sufrimiento por los rigores del parto, acababa de dar a luz a una niña que aparecía desnuda sobre un suelo de paja, junto a los restos de la placenta de la que provenía. A su lado un grupo de tres mujeres ofrecían varias ofrendas a la recién nacida. Al fondo unos jóvenes cuidaban de los camellos… “

En lo referente a los premiados, no voy a hacer referencia al cuarto clasificado, que aparte de colarse en todas fotos, le echó la culpa al ‘VAR’, que, según él, fue la causa de que no ganara, a la vez que maldecía a este artilugio tecnológico.

Después, todos a la cena. Una cena excelente, tras un trabajo arduo y difícil de nuestro compañero Paco Plaza. Más que una gestión de menú y la consiguiente reserva, parece que este año le tocó subir el Tourmalet.

Aajjgg, que no se olviden los dos postres. El primero, para todo el mundo, menos para uno “Mouse de mango, crujiente de arroz, helado de coco, tierra de frutos secos y suelo de arándanos”.

Y el otro para el ya citado cuarto clasificado, que vaya nochecita … “Piña osmotizada, macerada en néctar de cactus con bolsa al vacío y gel de menta con frutos secos y escerificaciones de papaya del Moncayo”.

Bueno, hasta aquí por hoy. Nos vemos el año que viene. Unas muy buenas y felices fiestas para todos y, por favor, sigan escribiendo.

Read Full Post »

Nuestra compañera María Isabel Ruano presenta el martes 17 su poemario Entre el asfalto y el mar, publicado por el Grupo Tierra Trivium. La presentación será en el Espacio Ronda, Ronda de Segovia 50, 28005 Madrid, el martes 17 de diciembre, a las 19.00.

Entre el asfalto y el mar están el campo, el río y las pasarelas de luz que llevan a María Isabel Ruano de casa al trabajo acompañada de su familia, de su pueblo, de los sueños, de las ausencias, la tristeza y la nostalgia. Entre el asfalto y el mar está su corazón dividido transitando por escenarios que se alían con la luz y toman la palabra en forma de íntima poesía. Y esa es la poesía que quiere compartir con nosotros el martes 17 de diciembre, a las 19.00.

María Isabel es maestra especializada en educación infantil, pedagogía terapéutica y ciencias sociales. Está licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación, especialidad en Orientación Escolar (UNED). Ha alternado la experiencia laboral en los colegios públicos con las distintas especialidades y con la educación de adultos. Durante los años 1993 al 96 trabajó como asesora técnico docente en la Subdirección General de Educación Permanente, colaborando con el programa de alfabetización y educación básica de El Salvador (PAEBA).

La editorial Hipálage ha publicado cinco de sus relatos cortos, seleccionados a través de la convocatoria de los premios Algazara.  «La mariposa y su paseo» (Más cuentos para sonreír, 2009). «El tesoro», (Cuentos aligeros, 2010), «Ellas» (Amigos para siempre, 2011), «Rodrigo» (Conseguir los sueños, 2012) y «La manifestación» (¡Libérate hasta de ti!, 2013). Así como su poesía «El abrazo» (Memoria y euforía, 2012). Ha prologado El silencio de las sombras, de Pedro Mateos, publicado por Punto Rojo Libros, SL y La vida cambia y les cambió la vida, de Candela Martín Morales, 2016, con la misma editorial. Ha publicado el relato «Otra realidad» con Lastura Ediciones, y participó en 2016 en la antología Refugiados, en beneficio de Proactiva Open Arms.

María Isabel Ruano

Tiene otras publicaciones de carácter didáctico en colaboración con otros autores, entre las que destacan Educación de personas adultos: un modelo de futuro, editorial La Muralla, 1997.

Entre el asfalto y el mar

Read Full Post »

Del relato a la novela… un trayecto

Por: José Sainz de la Maza.

Es un hecho. Las tardes de los jueves en el taller de los Primaduroverales han cambiado. El proyecto de escritura por parte de cada uno de nosotros de una novela o una colección de relatos con base en una ucronía, ha transformado nuestros encuentros. Ahora se afilan mucho más los comentarios y observaciones sobre nuestros personajes, tramas, tiempos y espacios, sin perder de vista que estas primeras propuestas deberán sostenerse después de un recorrido que será necesariamente largo.

Como decía, los proyectos individuales, como los bebés, han echado a andar, aunque todavía con pasos inseguros y titubeantes, tanto que, a menudo, se produce un traspié e incluso alguna que otra culada más o menos estrepitosa. Y es que abandonar la comodidad de moverse a gatas y empezar a andar de pie tiene eso, riesgo. En todo caso, queda el consuelo de que el pañal amortigua el golpe y que los chichones se curan pronto.

embarazo III.jpgJuan Santos  leyó una escena del Capítulo 6 de su futura novela. Nos presenta al ya conocido Matías, que exhibe en esta ocasión una amplia gama de desplantes hacia su mujer, Cristina. Ella parece perdonarle todo y se pliega a sus caprichos incluso en los momentos más críticos y angustiosos, como el que se describe en la parte central de este Capítulo: la noche del nacimiento del segundo hijo de ambos. ¿Se podría decir que el bebé de Juan dio un traspié ayer?  Yo no diría tanto, porque la suya es una narración ágil, con buen tono y con ese ritmo chispeante que caracteriza su estilo. Miren si no:

Al llegar al paritorio, las contracciones eran casi constantes. Entre una y otra, Cristina respiraba profundamente y con el aire contenido empujaba y empujaba. No quería gritar y mordía el embozo de la sábana. En un prolongado apretón, cuando ya no le quedaban fuerzas, apareció la cabeza, después, si apenas esfuerzos salieron los hombros y el resto del cuerpo. Era una niña preciosa. La matrona colocó a la recién nacida sobre el vientre de la madre, piel con piel. A continuación le cortaron el cordón umbilical, la lavaron con agua caliente y le pusieron un pañal.

En todo caso Juan, que tiene el esquema de su obra perfectamente hilvanado y detallado, se comprometió a revisar algunos diálogos y a limar algunas aristas, aunque seguro que Matías seguirá siendo el personaje más odiado por los hombres y mujeres de nuestro taller.

niño IIIOlga Torralba adelantó la primera escena del primer Capítulo de su propuesta. Una propuesta llena de retos, como no podía ser de otro modo tratándose de nuestra portadora de cálculos renales más querida. Miguel es un niño que sufre abusos sexuales en el peor de los ambientes posibles, su propia casa. Un lugar que en los pocos párrafos de su relato nos aparece con tintes especialmente oscuros y opresivos. Olga nos promete un Miguel obligado a crear un personaje nacido de él mismo, un álter ego, que le permita sobrellevar sus días y, sobre todo, sus noches.

La habitación permanecía a oscuras, Miguel estaba cansado, pero cuanto más intentaba dormirse más difícil resultaba. Pasado un rato se oía el temido sonido, su madre cerraba la puerta de la cocina y entraba a darle un beso en la frente, a tientas para no despertarle. Miguel a veces la entretenía contándole algo, otras le pedía que le leyera un cuento, otras le suplicaba que le llevara con ella a su cama fingiendo dolor. En ocasiones funcionaba, pero la mayoría acababa solo, envuelto en miedo, temblando.

Quedamos a la espera (ansiosa espera) de la evolución de esta historia, de este otro bebé/proyecto de ucronía que ha dado un primer paso firme, aunque tiene ante sí  un buen trecho de dificultades.

bodaCarlos Cerdán ha metido la directa y no levanta el pie del acelerador aunque vengan curvas: Anselmo va como un tiro. Ayer leyó uno de los episodios cruciales de su trama, el momento en que se desata la ucronía, el día de la boda/no boda de Anselmo con Nuria. Dijo Carlos ayer que este proyecto le divierte, y se nota. El bebé de Carlos no sólo ha echado a andar, sino que después de los zozobras de semanas atrás, parece ya capaz de sortear obstáculos casi sin tropezarse. Ahí va una muestra:

El obispo está sangrando, se ha roto la nariz. Medio aturdido recrimina a voces a sus acólitos por no haberle sujetado a tiempo. Un ligero desconcierto recorre la catedral, los murmullos se mezclan con algunas risas ahogadas. Anselmo cree que es un aviso del destino. Mira a todos de reojo. Su madre, perpleja; su suegro, furioso, y la novia, que estalla en una carcajada infantil y contagiosa. Su padre trata de reprimirla sin conseguirlo, a la escena se suma Ramona gesticulando nerviosa. El obispo no deja de sangrar. Me lo he roto la nariz, grita sin pudor. El coro, que parece ajeno a lo que sucede en el altar, comienza a cantar: “Aleluya, Aleluya”.

El proyecto de Carlos coge cuerpo y el reto de componer un muestrario de la fauna arribista, de los trepas dispuestos a todo con tal de subir un escalón y dar un mordisco a la tarta, parece que se va centrando y ajustando al buen camino.

Pues eso fue todo. Sólo me queda despedirme y lo haré con una expresión que utilizaba habitualmente un asiduo a las tertulias del Café Gijón: ¡Que ustedes lo escriban bien!

Read Full Post »

Jesús Tíscar Jandra fue el ganador del tercer premio de la VI edición del certamen Madrid Sky, en el año 2019, con el relato Escena sobre la persistencia de las luces. Como otros finalistas del certamen fue entrevistado en nuestro blog. En esta entrada Jesús Tíscar nos cuenta algo más sobre su particular visión de la literatura.

Acarreando un cántaro

Jesús Tíscar Jandra

Paco UmbralLa primera novela española literariamente seria que compré y leí fue El fulgor de África, de Francisco Umbral. Mi evolución lectora había sido: etiquetas de las botellas de vino Sinforoso y Tres Pistolas (presumía en la mesa de saber lo que decían, insistentemente), tebeos de la colección Olé (sobre todo Rompetechos, mi héroe, yo también tenía gafas), novelitas quiosqueras de la colección Terror (más Bruguera, esa editorial hizo mucho por muchos), El resplandor, de Stephen King (los Jet de Plaza & Janés, gorda, a la película de Kubrick no pude entrar, por menor, la compré en un puesto de chanclas y flotadores de una playa alicantina) y, por último, eso, El fulgor de África, adquirida en un cortinglés de los que había en todas partes menos en mi ciudad, aunque ya mismo lo iban a poner, ya mismico, verás como sí… Yo tenía veintipocos años y con Umbral —un tío también con gafas y voz acojonante que todavía, por fortuna, no había dicho lo de «yo he venido aquí a hablar de mi libro», que es por lo que los imbéciles lo conocen— rompí la promesa que durante la infancia y por culpa de los libros de Senda de la escuela me había hecho a mí mismo: nunca leería literatura española, nunca leería a esos tostones que se llamaban Marqués de Santillana, Valle-Inclán y Dámaso Alonso (este último, por cierto, era el que más ridículo quedaba con los pendientes y los bigotes y los pelos tiesos que le añadíamos a aquellas fotos marronáceas que ilustraban sus biografías resumidas), yo estaba muy a gusto y me divertía muchísimo leyendo a los estadounidenses, o sea a los novelistas de verdad: Peter Straub, Ramsey Campbell, Robert Bloch, el ya mencionado King y hasta a un tal George R. R. Martin, quien, a principios de los ochenta y aún sin tronos, escribió una maravilla titulada Sueño del Fevre, sobre vampiros en tiempos de los vapores que surcaban el Misisipi, y que publicó en español Grijalbo, una editorial que no distribuía en Jaén, así que tuve que pedirla a la casa, porque entonces las cosas se pedían a la casa, no a Amazon, ¿sabes, chiquillo?, a la casa. Yo sólo leía terror y escribía terror; las novelas de terror, entre otras cosas, me enseñaron a tildar sólo cuando se puede sustituir por solamente y no hay RAE que me lo cambie. Al igual que hoy no concibo el teatro sin el esperpento (todo lo que no sea teatro del esperpento es comedieta de sofá o tostonazo simbolista para espectadores que se planchan los calzoncillos, hay que mantener alguna que otra convicción radical, si no, estás perdido en la tibieza), yo no concebía la lectura y la escritura sin el género de terror. Sin embargo, y de pronto, El fulgor de África. ¿Por qué? No tengo ni idea, o no me acuerdo. Fue un rito de paso espontáneo, o algo así. Me gustó que en la sinopsis nombraran a una tal tía Algadefina. No sé qué fue. La portada de Seix Barral, desde luego, no: una pava antigua y exótica acarreando un cántaro entre arcos. El caso es que, a escondidas, muerto de vergüenza, muy nervioso, me fui con el libro a la caja y lo compré. (¿Que si alguna vez he robado un libro? No, yo no soy un mierda, siempre me ha sobrado el dinero y no he tenido la necesidad de ser un mierda). Y me encerré a leerlo, en principio desde lejos, desde muy lejos, como con aprensión, pero poco a poco me iba acercando, confiado, sin darme cuenta, y, cuando desperté, ya tenía en mi estantería, con los de terror, intercalados, Travesía de Madrid, El Giocondo, Los cuadernos de Luis Vives, Mortal y rosa, Nada en el domingo, La forja de un ladrón, Memorias de un niño de derechas… Etcétera. No todo el etcétera, porque eso es imposible (¿para cuándo las obras completas, cojones?), pero sí mucho del etcétera umbraliano que ha elevado a los arribotes la literatura española contemporánea. Puedo decir, porque es la verdad, que Francisco Umbral me reconcilió con los libros de Senda, ya irrecuperables, me apartó de las traducciones de los terroríficos (no todas buenas), me acercó a la opinión de los periódicos y me llevó a Cela, a Delibes, a Marsé, a Mendoza, a Vázquez Montalbán, a Carmen Laforet, a Aldecoa y a los puntos suspensivos de casi todas las hornadas, latinoamericanos también, latinoamericanos por supuesto. A los clásicos no, ¿ves tú? Los clásicos me aburren, como la mayoría de los poetas; con ellos no he experimentado mudanza alguna. A Umbral, claro, tal y como él decía que tenía que hacer un escritor que empieza, lo plagié estilísticamente en una novela corta que me publicó la Diputación de Jaén en el noventa y pocos, Vía Crucis (relato de una noche perdida), creo que aún quedan ejemplares amontonados en el depósito, y a partir del maestro me hice mi estilo. Porque Francisco Umbral es alta prosa viva —con gusto, olfato, tacto, oído, vista y más— y genericidio literario. O sea, lo mejor para comenzar y aprender en este oficio del que absolutamente todo el mundo sabe mucho. Y lo ejerce. Los domingos. Con natillas.

Jesús Tíscar Jandra ha ganado dos de los premios de novela más importantes de este país: el premio de novela negra «Ciudad de Getafe» con La japonesa calva (Edaf), y el premio de Novela «Felipe Trigo» con La Poetisa (Algaida). También ha publicado Memorias de un gusano y un libro con tres novelas cortas publicado por el Grupo Tierra Trivium, Yo, señor, no soy malo.

Ha ganado numerosos certámenes de relatos, y quince de sus relatos premiados están recogidos en el libro La camarera que me escupía en los chupitos de whisky.

 

Si quieres saber más sobre Jesús Tiscar:

https://jesustiscar.wixsite.com/escritor/blank-cee5

Read Full Post »

Queremos felicitar a nuestro compañero Luis Marín que ha resultado finalista en el VI Certamen de Relatos Cortos Cursos de Verano UNED de Alcalá la Real – Jaén.

Uned alcala la realEl próximo viernes 29 de noviembre,  coincidiendo con la inauguración del Curso Académico 2019/2020 en la UNED de Alcalá la Real, se incluye la presentación del Libro del VI Certamen de Relatos Cortos “Cursos de Verano de la UNED”.

La publicación recoge los trabajos finalistas de este concurso literario cuya temática en la presente edición ha sido la de “La mujer en La Mota”.

 

LuisA continuación incluimos el texto completo del relato “Tiempo de esperanza” de Luis Marín.

 

TIEMPO DE ESPERANZA

Leonor está casi preparada para acudir al rezo poco antes de que las campanas de la iglesia abacial toquen al Ave María. Las mujeres que llegaron tras la conquista de la fortaleza quizá no sabían el tipo de vida que les esperaba. Esposas de jóvenes guerreros sobre las que recaería la responsabilidad de consolidar el asentamiento en esa plaza estratégica de la frontera con el reino de Granada. Después de la firma de una nueva paz, las tropas no descansan, continúan las patrullas que garantizan la tranquilidad de la población. El contingente militar acampado en los arrabales mengua poco a poco por el traslado a otras posiciones. La vida en la Mota transcurre lenta para las mujeres que alternan los servicios religiosos, que se cumplen de forma escrupulosa, con el cuidado de los hijos demasiado pequeños para tomar las armas o de las hijas que se instruyen en las tareas femeninas.

Adiila, como una sombra, camina sigilosa por las callejas de la alcazaba. El velo, que solo deja al descubierto sus ojos negros, le agobia por el calor pero todos los días, al anochecer, sube hasta el adarve para contemplar en la distancia el pico Veleta que aún conserva un pequeño nevero. Allá en Granada están los hombres que tuvieron que abandonar la plaza dejando a sus familias y enseres. Pronto volveré a buscaros mi amor, le había dicho su esposo cuando las tropas que defendían la fortaleza salieron, derrotados, rumbo a la capital del reino. De aquellas palabras hacía ya varios meses y todas las tardes mira hacia el sureste y lanza sus pensamientos hacia el hombre que ama. Protegida por las sombras de la muralla, observa a las cristianas que abandonan el templo de regreso a sus hogares. Espera unos momentos hasta que todas desaparecen en el laberinto de calles. Los suyos no pueden ir a rezar, la mezquita fue clausurada con la llegada de las tropas del rey. Pero en su casa se encarga de orar con sus hijos y les enseña las suras del Corán que su madre le transmitió a ella. Cuenta unos segundos y cuando calcula que no se cruzará con las otras mujeres desanda el camino hacia la alcazaba.

Al doblar una esquina, un leve gemido hace que se detenga y se arrime a la pared. Escucha con detenimiento mientras se desplaza lentamente pegada al muro. Unos pasos más allá un bulto oscuro se queja en el suelo. Se acerca con precaución y ve el rostro de una mujer con lagrimas que resbalan por sus mejillas. Calcula que tendrá poco más o menos su edad y lleva sobre el pelo uno de esos velos cristianos que ella hila para ganarse el pobre sustento de la casa. Leonor se agarra el tobillo con una de sus manos y su mirada denuncia miedo. Piensa Adiila que cuando los hombres estaban en la fortaleza, las calles se mantenían perfectamente transitables, sin esos agujeros que pueden provocar accidentes.

Adiila mira a Leonor con sus ojos negros y profundos y se aparta el velo de la cara para intentar transmitirle tranquilidad. La ayuda a levantarse y sirviéndole de apoyo la lleva hasta el zaguán de su casa que está apenas a unos pasos. Leonor sentada en un taburete espera a la mujer que ha desaparecido tras una tupida cortina. Solo unos segundos, enseguida regresa con un ungüento y un trozo de tela con la que envuelve el pie después de unas friegas. Vuelve a desaparecer, pero la cortina queda enganchada permitiendo la visión del interior. En una mesa baja descansan varios libros y abierto sobre un atril uno de mayor tamaño en el que a pesar de la distancia puede distinguir colores. Será su biblia, piensa Leonor. En otra mesa tres platos alrededor de una fuente con cuscús amarillo que esperan a unos comensales que lo tomarán como único alimento. Tras beber un poco de agua que su anfitriona le ha traído se pone de pie. El dolor punzante que la hizo caer ha desaparecido, mi nombre es Leonor y te quedo muy agradecida mujer. ¿No hubieras tú hecho lo mismo por mi? Un silencio prolongado se instala entre las mujeres mientras se sonríen. Yo soy Adiila.

Unos golpes en la puerta sobresaltan a Adiila que trajina por su casa desde antes del amanecer. Una cesta llena de verduras y hortalizas descansa junto al dintel. Mira a izquierda y derecha y no ve a nadie, ninguna sombra que se escurra entre las primeras luces. La escena se repite durante días. Hoy, del cesto sobresale un papel doblado. Lo lee y lo aprieta contra su pecho, mientras una lágrima resbala por su mejilla.

Desde la torre del homenaje Adiila contempla a lo lejos el tono rojizo de la campiña cordobesa y las sombras de los olivares al pie de la fortaleza. Sus ojos recorren el paisaje desde las sierras Subbéticas hasta el noreste como si recorriera toda la frontera, más allá de sierra Mágina. Al fin el Veleta le indica el lugar donde le espera su marido en el reino de Granada. No puede entretenerse, sus hijos están al pie del adarve con tres bultos de distinto tamaño. Leonor les acompaña hasta la puerta de la fortaleza donde un grupo de hombres les espera para acompañarlos, con la complicidad de la noche, en los primeros tramos de su viaje.

Las mujeres, con las manos agarradas, pronuncian palabras inaudibles para el resto del grupo. Sus miradas se cruzan en una despedida cómplice. Leonor vuelve sobre sus pasos mientras la puerta se cierra. Adiila se detiene cuando llegan a la llanura para lanzar una última mirada al que fue su hogar.

Read Full Post »

Noches para calmar la ansiedad

Dentro de las tareas del taller de creación literaria de este curso, inmersos ya en el desarrollo de la ucronía y la forma en que cada escritor la va enfrentando, a su manera, a través de sus historias. Y a fe que se van conociendo ya las primeras páginas de algunos autores, páginas que van cobrando vida nocturna.

La noche es el compromiso inicial donde todos los textos echarán a andar. La noche donde los distintos personajes entrarán en acción. Algunas noches se atisban tranquilas, otras placenteras, otras que esconden la ansiedad de algún personaje, así como el insomnio o la inseguridad de otros.

Ayer tuvimos oportunidad de irnos adentrando las historias de Luis Marín, Carlos Cerdán y José Sainz de la Maza. Por partes.

Luis Marín nos presentó una escena que corresponderá al capítulo V de su obra. Todos coincidimos en que el tono que consiguió y el ritmo narrativo se corresponden ya con una novela, habiendo superado con éxito el salto necesario a los requerimientos en este sentido de la novela frente al relato. Enhorabuena, compañero.

tormenta… un relámpago ilumina el cielo y la sobrecoge esperando el trueno, mientras cuenta los segundos como le enseñaron de niña. El día que Antonio salió hacia casa de su madre enferma también había tormenta. Destierra el pensamiento y se acerca al portalón. Hay otra sombra junto al quicio que pregunta a quien pasa por la “Castreña”, pero no obtiene resultado. A esa mujer la ha visto en el convento rodeada de sus tres hijos. Trabaja en las cocinas y ya debería estar preparando las cenas. La misma inquietud que siente Carmen la tiene anclada en la puerta …

A continuación, Carlos Cerdán, nos leyó una escena en la que su personaje central anda buscando transporte en su huida. Buenos diálogos y el descubrimiento ciertos rasgos de Anselmo que irán teniendo influencia en del devenir de la historia.

conduciendo“… la foto de una mujer …  atrae su atención. Es una de esas fotos que, te pongas donde te pongas, siempre te mira. Sonríe, en ese instante el camionero abre la puerta y Anselmo puede escuchar: Adiós mi amor, diles a Candy y Mandy que las echo de menos …”

Es posible que en el futuro estos dos personajes citados, Candy y Mandy, den juego en las historias de Carlos; O eso creemos.

Finalmente, José Sainz de la Maza, nos leyó el inicio de su trabajo. Hora de comienzo de la acción: las 23:00 horas. Se nos presenta a Eva y a Wanda, su asistente domótico. El ambiente y las inquietudes del personaje son descritos con la sensibilidad y buen hacer habituales de José, lo que nos augura unas entregas futuras que ya esperamos impacientes.

pies“…  de haber prestado atención, Eva habría escuchado el ligerísimo crujido que indica que la renovación del aire se ha conectado. No estaba programada, así que ha debido ponerse en marcha porque haya subido levemente la temperatura ambiental o porque Wanda haya registrado una deficiencia en la calidad del aire, como suele ocurrir con frecuencia cuando se acerca la media noche. Eva percibe un aroma fresco a vainilla y magnolia y se siente reconfortada. Nico eligió esa fragancia después de que ella no acabara de decidirse entre tres o cuatro diferentes. El rostro de Eva se relaja y sus ojos adquieren un brillo inusitado mientras aspira profundamente …”

Y esto es todo por hoy, amig@s. El jueves que viene más.

 

Read Full Post »

Breve crónica del acto de entrega del Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández en Orihuela, el 16 de noviembre de 2019.

Yolanda Izard

Yolanda Izard Anaya fue finalista de la segunda edición del certamen Madrid Sky con el relato titulado La primera. Para el grupo Primaduroverales es un placer recoger en nuestras páginas los éxitos de aquellos finalistas de nuestro certamen que, con su paso por el Madrid Sky, se convierten en nuestros amigos de las letras.

Por Yolanda Izard

Hasta que Álvaro Giménez se puso en contacto conmigo para darme a conocer que había resultado ganadora del Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández a mi libro Lumbre y ceniza, no sabía nada de la asociación Auralaria de la que él forma parte. Así que entré en el bello auditorio oriolano de La Lonja en estado virginal y, de inmediato, me sedujeron la cálida acogida de Álvaro y de Luisa Pastor, acompañados de su hija Alba, que con solo trece años ha creado la ilustración del cartel y de los dípticos, de una fuerza y  simbolismo sorprendentes en alguien tan joven. Sin embargo, poco a poco fui apercibiéndome de que su espíritu creador le venía dado por doble herencia: una búsqueda posterior me permitió saber que Álvaro y Luisa viven para la creación artística en las más variadas expresiones: música, vídeomontajes, creación literaria (poesía,  principalmente). Ganadores ambos de múltiples premios poéticos, su amor a la literatura se expresa también en la lectura y  homenaje a grandes poetas en audios y vídeos al alcance de todos. Basta emprender un breve paseo por algunos de los poemas y poetas rescatados para darse cuenta de su gusto por la buena literatura, por su profundidad y su belleza expresiva (entre otros muchos, y empezando por Miguel Hernández, Emily Dickinson, Paul Celan,  Marina Tsvietáieva, Anna Ajmátova, León Felipe, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik). Y es que vivir junto al amparo de los buenos poemas ayuda a entender mejor el mundo, a laborar la empatía, y es un acto de agradecimiento a la vida, esa misma vida que, como diría Fernando Aramburu, “ataca y destruye, desangra y agoniza pero es capaz de suscitar la belleza”.

Porque en realidad estoy hablando todo el tiempo de belleza. La belleza extraña, marginal, luminosa, de Orihuela; la belleza en la sonrisa de sus agradables gentes; la del auditorio engalanado con tantos ramos de flores frescas bajo el embrujo de la música (Beautiful Tango) que nos regalaron Luisa Pastor con su elegante interpretación y su voz sensual y arrebatadora, Eva García Lorca al acordeón, José Jimeno con su guitarra y Raúl Pina a la percusión. La belleza de la presentadora, Ángeles Vidal, que condujo con acierto todo el acto. La bella hospitalidad de Aitor Larrabide, director de la Fundación Cultural Miguel Hernández, que me acompañó todo el tiempo y con el que me sentí protegida, a salvo de todos mis miedos ocultos.

Aún me recorre por dentro un escalofrío procedente de toda esa belleza, el mismo escalofrío que sentí cuando proyectaron, en medio del acto,  en medio de  la conversación que mantuvimos  sobre el libro Álvaro y yo, el videopoema Huellas, inspirado en uno de los poemas de mi libro, Las cosas sienten piedad, y realizado por él mismo y Luisa, y en el que intervienen alrededor de una docena de personas para hablarnos de algunos sueños perdidos en forma de objetos. Grandioso.

Ese escalofrío y esa belleza me recorren aún por dentro, con su ternura y una humilde emoción y un sincero agradecimiento,  porque sé que tras toda esa puesta en escena del buen gusto hay mucho esfuerzo, talento y soledad, rasgos que suelen acompañar a toda creación artística.

POEMAS DEL LIBRO Lumbre y ceniza, de Yolanda Izard

Las cosas sienten piedad

Las cosas sienten piedad de sus dueños.

Pareciera que el aire que las cobija,

que la luz que las enciende

no existieran para trasgredir el orden humano

sino para hacerles más fácil la vida.

Yo he visto cómo unas zapatillas se movían de noche hasta la alcoba

para que la anciana enferma cobijara sus pies

en el recóndito lecho de lana de cuadros.

Yo he visto cómo el corazón de un perro de peluche ardía

cada vez que la niña huérfana lo apretaba

con ese desgarro solo propio de los niños.

Por eso, ¿qué hace ahí un despertador hecho trizas

y la mano violenta que lo ha arrojado?

¿Qué tiene esta casa abandonada que no tenga la mía,

con ese secreto de puertas abiertas para que desayunemos la luz,

qué hace ese violín apaleado con las notas a la deriva,

qué ese papel a medias donde la poeta adolescente

pergeñó con dolor las más bellas metáforas?

Si recordáramos cómo besaba a su amado en el pasillo en penumbra

junto a la reproducción del beso de Klimt colgado en el muro,

jamás habríamos cerrado los pestillos para siempre

ni permitido que el taxidermista congelara la voz de nuestros muertos.

Porque ahora, mientras recojo a solas los restos de la ruina

(un pedazo del mecanismo de la tele, un enjambre de tornillos y de muescas,

una rueda de la bicicleta azul,

una tapa de zapato infantil del treinta y dos,

una fotografía de familia bajo la aurora boreal, con su marco roído,

la rota cristalería con los últimos labios que besaron un sueño),

solo me consuela la labor de las cosas que nos amaron:

tiernamente, como quien aún, después de tanto tiempo,

añora a sus desaparecidos,

van cubriendo los restos con un delicado velo de polvo

para que las huellas de sus dueños sigan acostadas, como dormidas,

como a la espera, como si nunca hubieran sido abandonadas

por otros sueños igual de inconstantes y de breves.

 

 El huevo de la serpiente

El huevo de la serpiente nació de una estilográfica.

Creció sabiendo geometría y calculando los límites de la persuasión.

Antes de que alguien pergeñara la insondabilidad del universo

alojada en una hoja de níspero,

ya estaba el plumín de una mujer

develando la razón de ser de su naturaleza oprimida.

Si no hubiera sido por la herida,

nadie se habría cuestionado la realidad ni puesto en entredicho las apariencias.

En verdad, fue el lápiz con su humilde carbón

el que permitió desglosar la anatomía humana

y  ubicar en el cerebro la raíz de la belleza.

Seguro que el maestro sin nombre enseñó al genio

a medir las multitudes y la labor trascendente de los insectos.

Que el alma nos posea desde que nacemos,

y que ilumine en la noche al discípulo de Confucio

para que guíe con su lámpara a los que se pierden,

quizá se deba a  que en Cancún,

mientras se bañaba en las aguas de un río cansado,

una niña depositó sus versos en una botella de cristal.

Read Full Post »

Older Posts »