Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 31 enero 2020

El guardián entre las ucronías

Por: Juan Santos

Ha pasado el mes de enero y los hornos de los primaduroverales siguen horneando sus ucronías.  ¿Será una pizza? ¿Será una tarta? Ya lo veremos. Cada obrador ha elegido los ingredientes más adecuados para nuestro experimento.  La condición es que el resultado ha de ser por partida doble, según las indicaciones de nuestra chef. Por tanto, a mitad de la cocción, cambiaremos uno de los  ingredientes y veremos qué dos cochuras nos salen. Y en esas estamos, cada jueves llevamos una porción, en forma de capítulo, que damos a probar a los compañeros. Lo saboreamos línea a línea y damos nuestra opinión, referente al  sabor, textura y punto de cocción.

Ayer, Paco Plaza fue el primero que nos obsequió con un par de capítulos, de las dos vidas que hasta ahora tiene “Antonio González”. El primero de ellos, ya lo habíamos probado en jueves anteriores, pero en esta última versión, perfectamente ambientada, nos cautivó a todos. El recurso de conversar con un dios griego para contarnos su vida, es un acierto excelente. La verdad es que nos supo a poco. Esperamos saborear pronto el capítulo completo. He aquí unas miguitas:

moribundoHa andado despacio  en dirección norte desde que empezó a caer la tarde y está en una barriada desconocida para él. Queda parado en un cruce. Si no se mira con mucha atención no se le ve. Es más, se podría decir que si no sabes que está ahí es imposible advertir su presencia. Lleva un tabardo que le llega a los tobillos y que una vez fue gris pero ahora es marrón parduzco. Los bolsillos plomizos, repletos de cochambre, tiran de sus hombros hacia el suelo. El aliento empieza a tomar forma y dibuja velos efímeros ante él. Tose.

En el segundo capítulo (segunda vida de Antonio González), Paco nos muestra como  Antonio y Elías, siendo dos adolescentes normales, son arrastrados por las malas compañías al sórdido mundo de la droga. Mantiene el buen tono del capítulo anterior, pero a tenor de los presentes, necesita más tiempo cocción. Aquí no hay dioses griegos, y para contar toda una vida, tendrá que echar mano de in media res o cualquier otro recurso que él vea.   No obstante, el capítulo promete y nos dejó muy buen sabor de boca.

Pero los adolescentes ya han bajado a saltos dos tramos de escalones y ni siquiera oyen el “ir con cuidado”  de una de las madres ¿o lo dijeron las dos? Salen por el portal sonrientes; las dos mujeres los ven desde el pequeño balcón de la casa de Elías; los niños se sienten mayores y andan bien derechos, de repente el grito de la madre de Antonio diciendo que a las nueve en casa les avergüenza y nada más doblar la esquina y quedar fuera de su alcance empiezan a correr sin motivo alguno, solo correr porque se sienten libres;

Después llegó el momento de degustar las elaboraciones de Lourdes Chorro. La primera de ellas, con el título de El verano avanza, nos llevó al terreno de la violación de un chaval.  En la sucesión de escenas, se dijo que algunas precisaban algo de claridad. Aún así y siendo amarga la situación de Toño, la prosa llena de imágenes de Lourdes, nos dejó párrafos muy sabrosos.

abusoLa partida de cartas de los adultos toca a su fin, (Toño) aprovecha la despedida para entrar en casa sin ser visto. Tumbado sobre la alfombra de su cuarto para no manchar la colcha, da vuelta y vueltas a la cabeza como los felinos enjaulados. Deletrea la palabra “Noche”, solo cuatro inofensivas letras, pero juntas le hacen sentir por primera vez un miedo pegajoso como la sangre. Ni siquiera cuando le operaron de la garganta a traición, sin anestesia, le dieron tantas arcadas.

Por  último, Lourdes nos sacó otro presente al que vino a llamar Amargo de capítulo. Se trataba de un bizcocho-resumen de lo que será el devenir de su ucronía. En él se dirige a Toño, en segunda persona, con un estilo propiamente “italocalvino”. A veces, nos cuesta entender la fantasía de Lourdes, pero esta escritora siempre tiene buena masa.

Sea como fuere el lector tiene que escucharte. Cuéntales cómo hubiera sido la vida si te hubieras marchado de esta ciudad. De nada vale que digan que era otra época en una ciudad de esas que ya no existen. Todo continúa descabalando los cánones establecidos aquí y allá.

No dejes a la imaginación de nadie cómo te sientes, te sentiste, te sentirás. Que se identifiquen contigo y el que piense a mí qué me importa yo también tengo mi historia y no mortifico a los demás, pues que cierre el libro. Yo tu lectora estoy deseando que esto no se quede en una hipótesis, en un condicional, en una ucronía más. No quiero perderme la oportunidad de vivir contigo ese otro destino.

Y tras un improvisado coloquio sobre la represión de la juventud en Madrid y en los pueblos de España, allá por los años 70/80 de siglo pasado, recogimos nuestros cuadernos y nos fuimos a las cañas.

Read Full Post »

Domingo Jiménez Lacaci es un ingeniero de caminos que tiene como afición la literatura. Aunque dice que se siente intimidado ante escritores de verdad, ha demostrado que tiene calidad suficiente para codearse con los mejores, como dejó probado en la VI edición del certamen Madrid Sky al obtener el segundo premio con un relato titulado Cerrado por gestión. Anteriormente fue finalista en el Certamen Internacional Max Aub del año 2015 y en el X Certamen Internacional de Relato Breve sobre Vida Universitaria “Universidad de Córdoba”. En el campo del microrrelato ha llegado a ser finalista mensual en el concurso Relatos en Cadena, de la Cadena Ser (año 2016). También ha hecho sus pinitos en el mundo del teatro al estrenar con éxito una comedia de enredo con el título Pensión Paquita. En este artículo, con personalidad y sentido del humor, nos cuenta cómo fue su primer contacto con la literatura.

Domingo Jiménez Lacaci

CONFESIONES DE UN LAÍSTA

Por Domingo Jiménez Lacaci

Ya no puedo/debo atrasar más el sentarme a escribir estas líneas para Primaduroverales. Y confieso que no he dejado de darle vueltas (me niego a usar el verbo procrastinar entre amigos. Es como usar peluquín y faja con los viejos compis del barrio: somos como somos, pero entre nosotros no fingimos) a este asunto por varios motivos. El primero es que me siento algo intimidado entre escritores de verdad, y porque tengo la íntima sensación de estar entre vosotros como una tomatera en medio de un campo de orquídeas. No porque yo escriba bonito o feo, que eso casi es lo de menos, sino porque mi formación literaria acabó, gracias a las optativas de BUP, hace unos cuarenta años, y con admiración poco disimulada os veo hablar de nombres que no sé si son escritores de moda en Nueva York o delanteros del Liverpool. Otro ejemplo: me ha costado horrores alejarme del laísmo y, aun así, algunas veces retorno a casa. De hecho, el primer trabajo de mis sufridos amigos de letras ha sido que, como con los alcohólicos, yo reconociera ser laísta. Un gran círculo de sillas de tijera ocupadas por maduritos formados en números y ciencias, y yo tomando la palabra en mi primera sesión:

—Hola, me llamo Domingo y soy laísta.

—Hola Domingo, bienvenido —dicen a coro el gran grupo de ingenieros, arquitectos, urólogos y topógrafos.

—Pero es que además soy madrileño.

—Sí, ya veo. Eso hará más difícil que dejes el vicio. En fin, qué le vamos a hacer. Toma asiento y continuemos —dice resignado el terapeuta que dirige. El urólogo sonríe con algo de retranca al verme sentarme incómodo.

El segundo motivo es que tengo una genética que tiende con frecuencia a dejar correr el tiempo, a girar sobre el problema, mirarlo, temerlo, darle un poco con el pie por ver si sigue vivo, saltar asustado al comprobar que no solo está vivo, sino que se ha vuelto más feroz (no, no voy a usar el palabro de marras, me niego en redondo). Vengo de una larga estirpe de observadores de problemas, que estuvimos a punto de emparentar hace unas generaciones con una recia familia de solucionadores, pero por motivos que nadie recuerda, aquel romance no cuajó y no pudimos enriquecer nuestra sangre con el don de la decisión. Una lástima, pero esto es lo que hay, y con estos mimbres me toca hacer este cesto.

¿Un libro que yo leí que me marcó? Esta es la pregunta. Pues he estado haciendo memoria durante los desvelos que Manuel Pozo y su correo electrónico me han producido. Y hay muchos, la mayoría de ellos, yo creo que me marcaron cuando, obviamente, yo estaba propenso a ser marcado, que es cuando estás tiernito, ahí en el horno, a media cocción. Pero casi todos son inconfesables en un foro de escritores. El botones Sacarino, El Príncipe Valiente, Flash Gordon, Los 4 Fantásticos, Hazañas Bélicas, Emilio Salgari. Incluso, mil perdones, algo de Harold Robbins cuando aún no había tomado el control de mi cerebro y era la testosterona la que llevaba el volante mientras al mismo tiempo hacía que me saliera el bigotillo, la voz de grajo y la nuez. De ahí a la Sonrisa Vertical solo hay un paso, pero eso sí que no pienso confesarlo en la primera cita. Lo dicho, una vergüenza. Para contarlo solo entre íntimos.

De esa época de literatura colegial con quince años, recuerdo que don Ángel, un santo varón que nos daba clases en los Agustinos, santo varón porque ahora recordando cómo éramos nos tenía que haber estrangulado a la mitad de la clase, nos mandó leer La Regenta. Yo fui una tarde a Espasa Calpe y volví bastante amedrentado en el autobús con los dos tomos de una edición comentada de tapa blanda. Pero como la Naturaleza es muy de compensar, que da por un lado lo que quita por otro, me hizo tan bien mandao como indeciso, así que me puse a la labor con tesón. Y sucedió algo parecido a un milagro. Aquello que yo esperaba insoportable, me empezó a gustar. Sorprendente, pero cierto. Era como esas medicinas que te daban en jarabe pero que al meterte en la boca, contra todo pronóstico, tenían un delicioso sabor a naranja. El Redoxón, ¿verdad? Pues así sucedió. Que me gustó y mucho. Y para sorpresa del citado don Ángel, y también mía, saqué muy buena nota. Y los años pasaron, y yo me acabé inclinando por los números y las fórmulas, de lo que ya tampoco recuerdo nada, la verdad, y un verano, ya con platita en las sienes, me dio por comprar otro ejemplar de La Regenta en una feria del libro playera. Por recordar el milagro, más bien, pero muy convencido de que aquello que yo recordaba había sido un sarampión de niñez. Pero resultó que no, y me volvió a encantar.

Me volví a Vetusta, y fui de nuevo el cambiante don Fermín de Pas, robusto, colérico, amando con sotana a la bella Ana Ozores, que también lo fui a ratos, travestido y más feote, claro. Bajo la sombrilla de mi mujer fui el galán Álvaro Mesía, fatuo y bello, copulador y cobarde, donjuán barato y esmirriado. Tomando una cerveza en un chiringuito recibí el disparo en la vejiga que iba dirigido al regente Víctor Quintanar. Dios, como dolió, y no me dio en lo mío por milímetros. Tuve que dejar a medias la ración de boquerones. También fui el secundario Pepe Ronzal, al que en Vetusta llamaban Trabuco por sus continuos errores con las palabras intentando hablar fino como en la capital. Tanto lo fui, que hace unos meses, un tipo trajeado que vive en uno de mis relatos, al ver a una mujer que le deja sin habla en la cola de las ensaladas de un bufé, va y dice, el muy tunante: Me trabuqué con la conversación y lamenté después haber balbuceado algo que ni siquiera yo entendí. Y se queda tan pancho, el tío, sin dar las gracias a don Leopoldo Alas. Desagradecido.

Leí también el Quijote, pero confieso que nunca conseguí este idilio que tengo con nuestra Bovary asturiana. Igual que también, otra vez mil perdones, me quedo con La Reina de África sobre Casablanca, y con la inquietante 7ª sobre la popular 5ª Sinfonía de Beethoven. Qué le voy a hacer si soy así de rarito.

La Regenta, mis queridos Primaduroverales, lo tiene todo. Es una Guerra y Paz pequeñita, también llena de gente, de amor y celos; de envidias, celadas y traiciones, de ambición y lujuria, pero sin nieve ni tiros, bueno solo uno, pero podéis pasearla tranquilos que se lo lleva siempre el mismo. Y ojo, sin rusos, que se agradece porque traducidos hablan rarísimo.

Por cierto, don Leopoldo, siempre pensó que había escrito un tostón infumable. Igual que yo cada vez que acabo un relato. Otra afinidad.

Si tenéis un ratito libre, largo, eso sí, no dejéis de visitar Vetusta y su fauna, que nunca defraudan.  Y todo lloviendo, verde y nuestro.

Read Full Post »

Lo ha vuelto a conseguir. Patricia Collazo González, finalista de la V edición del certamen Madrid Sky, ha llegado a la final anual del certamen Relatos en cadena con un magnifico microrrelato titulado Herencia. El relato no era fácil de escribir, puesto que debía comenzar por la frase: “Le obligaron a sentarse en el sofá, junto a sus zapatos”, pero Patricia supo darle continuidad con un breve diálogo que inicia una pequeña obra literaria llena de ternura y sensibilidad. ¡Enhorabuena, Patricia!

 

Herencia

Relato ganador de la final de enero del certamen Relatos en Cadena 2020

Patricia Collazo González

Le obligaron a sentarse en el sofá, junto a sus zapatos.

—Yo no puedo hacerme cargo.

—Yo menos aún, Ricardito es alérgico.

Luna giraba sus atentas orejas mirando a uno y otro. Llamaron a la puerta. Ladró. Tal vez él hubiera regresado. Pero no. Él nunca llamaba, él ponía la llave en la cerradura de un modo inconfundible. Un hombre con olor a madera y hojas entró diciendo algo sobre llevarse muebles.

—¿Usted no la querrá?

El hombre negó con la cabeza.

—Entonces no quedará otro remedio —dijo alguien mientras la cogía en brazos y la sacaba de su casa, sin darle tiempo a olisquear por última vez los zapatos vacíos.

 

Patricia Collazo.

Patricia Collazo fue finalista de la V edición del certamen Madrid Sky. Es la administradora y creadora del blog literario La letra de pie. En 2019 ha publicado en la editorial Platero Coolbooks su primer libro de microrrelatos con el título Sinestesia general.

Read Full Post »

Admiro a las personas que tienen capacidad para explorar nuevos caminos. Una de ellas es Mercedes Lázaro Sánchez. Compañera durante años en el taller de creación literaria, escribía unos relatos breves, intensos y vivaces, quizás como es ella. Hace tiempo que decidió probar con la poesía, una forma diferente de conocerse, una nueva experiencia literaria, y gracias a esa valentía llega a nosotros su primer poemario, Ayer encontré sueños olvidados. La presentación será el miércoles 29 de enero, a las 19.30, en el espacio Huerga y Fierro, en la calle Sebastián Herrera 9 (metro Embajadores). Os invitamos a los amantes de la poesía a acompañarla en esta presentación, que contará con la presencia de María Guivernau, Charo Fierro y el acompañamiento musical de Javier Gijón.

Read Full Post »

Por: Alicia Gallego

Como todos los jueves, nos reunimos ayer en nuestro taller para ver cómo siguen avanzando nuestros compañeros, en su empeño por escribir su primera novela. De momento muchas cosas permanecen en la oscuridad, aunque poco a poco, todo comienza a ver la luz. Fue una tarde en la que todos aprendimos mucho.

Flannery O´Connor, dice que ella, muy a menudo, no sabe adónde va cuando se sienta a escribir una historia, un cuento. Nuestros escritores saben algo de sus personajes, pero todavía no saben cuál será el final de su novela, y yo creo que eso es lo normal, más adelante irán viendo lo que tiene que pasar, todo es cuestión de dedicarle el tiempo necesario. El final será inevitable.

El primero en exponer sus avances fue Luis Marín, que nos mostró su ucronía, trabajo sobre el cual giran todas las novelas que se van a llevar a cabo, en dos capítulos diferentes. En su capítulo tres, narrado en presente, nos muestra una escena en la que todos estuvimos de acuerdo en pedirle más desarrollo, más amplitud. Queremos saber más de sus personajes, del espacio que ocupan. Queremos que nos dé más detalles para poder disfrutar a tope.

enfermo“Le toma la mano y le habla quedo con palabras cariñosas. Antonio aprieta su mano, esboza una sonrisa y cierra los ojos para siempre”

En el capítulo cuatro, narrado en pasado, podemos apreciar la ucronía. Coincidimos en que tiene un muy buen tono de novela. Eso del tono Luis lo tiene muy conseguido, y no es fácil.

“Las lágrimas de Carmen se desbordaron al tiempo que se volcaba sobre la cama abrazando a su marido. Manuel formó el trío, y María, que acababa de entrar de la calle, se unió al abrazo familiar”.

Después fue el turno de Olga Torralba, que también nos mostró dos escenas de su ucronía, y  que tiene como hilo conductor el abuso. “En un lugar que no se merece ser el escenario de ninguna historia”, nos sitúa a Miguel, un niño que escondido bajo las sábanas de su cama, cada noche, espera, temblando de miedo, la visita de su tía Regina.

niño“Las primeras veces Miguel lloraba durante todo ese tiempo, incluso solo, hasta que se quedaba dormido. Después se creó un personaje al que le pasaba aquello, mientras él, mentalmente, salía de su cuerpo

Más adelante nos mostrará a Miguel de mayor, convertido en un profesional de éxito, pero con una vida sentimental desordenada.

“Hay personas que merecen ser el protagonista de una historia mejor. Son personas que acaban teniendo la oportunidad de conocer a Alguien, con mayúscula, que la vida les coloca de frente”

A Olga le gustaría mantener todo el tiempo en presente, aunque considera que un narrador en tercera persona, le procurará mejores descripciones. También a ella le pedimos que estire sus escenas un poco más.

Para terminar nos leyó Carlos Cerdán su último trabajo. Con su estilo característico e inigualable ironía, sigue adelante con su novela. En un capítulo, todavía por determinar dónde estará situado, Anselmo, un bravucón buscavidas, es presionado por su suegro Florentino, para que deje embarazada a su hija y lo hagan abuelo.

imagen 01“Don Florentino lleva a Anselmo a su despacho privado. Le ofrece un coñac y le pide que se siente. Él preferiría un whisky, pero aún recuerda el despectivo comentario de su suegro sobre un determinado empresario que le rechazó un coñac y le pidió un whisky”

A todos nos encanta su estilo, pero ésta vez le hemos pedido un poco más de contención en el uso del humor y de los diálogos que utiliza con maestría. Queremos más ambientación y que nos dibuje más a su personaje. Lo bueno de Carlos es que siempre consigue arrancarnos, como mínimo, una sonrisa.

“Incapaz de hablar, mueve la cabeza conforme y de un trago, apura la copa de coñac.

-¿Quieres otra?- Le pregunta don Florentino con su mirada de hielo”

Ambición y buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal, decía Raymond Carver, porque una ambición desmedida, acompañada de infortunio puede matarlo. Hay que tener talento. De éso a nuestros escritores  les sobra, así que tan sólo nos queda desearles suerte.

Read Full Post »

Antón Alonso Suárez, director de la revista Vinos y Caminos, ha estado en FITUR 2020, en el stand de la Unión Iberoamericana de Profesionales de Turismo. Sully Fuentes Ciocca, presidenta de la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana, dio paso a la intervención de Antón Alonso, que ha hecho una descripción apasionada de su tierra, Orense, acompañado de Sara Inés Vega Núñez, alcaldesa de uno de los pueblos más bonitos de España, Castro Caldelas, situado en el corazón de la Ribeira Sacra.

Sully Fuentes, Sara Inés Vega y Antón Alonso

Antón Alonso repasó la historia de Orense, explicó la etimología del nombre Ribeira Sacra, se extendió en la descripción de sus monumentos, de su música, de su literatura y, sobre todo, de los vinos y los caminos, de los paisajes de su tierra, entremezclando en su conversación anécdotas personales que tan bien sabe contar. Antón Alonso es un apasionado narrador de historias y consiguió llevar a los presentes el sabor de los vinos de su tierra, el sabor de las cinco denominaciones de origen de Galicia: Rías Baixas, Ribeira Sacra, O´Ribeiro, Valdeorras y Monterrei. Siempre es un placer escuchar a las personas que irradian entusiasmo, a las personas que hablan con el corazón, a quienes saben dibujar imágenes con sus palabras, y hoy, en FITUR, solo nos ha faltado cerrar los ojos, descorchar una botella de vino de la tierra, empaparnos de su olor y saborear con calma un sorbo para pensar que las palabras de Antón Alonso nos habían llevado a una Ribeira Sacra de ensueño.

Read Full Post »

JIMENA TIERRA impartirá un curso de Derecho criminal y crónica negra durante dos fines de semana consecutivos, los días 31 de enero y 1 febrero; y los días 7 y 8 febrero.

JIMENA TIERRA es directora de la editorial Grupo Tierra Trivium y coordinadora de la colección Sangre y Tinta, destinada al género policíaco. Escritora de novela negra, sus manuscritos Equinoccio y Cambio de Rasante han sido adaptados al sistema braille y traducidos al inglés. Redactora en prensa cultural. Profesora de Derecho Criminal orientado a escritura creativa y medios de comunicación. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, especializada en Criminología. Actualmente está cursando máster en pericia caligráfica y documentoscopia (UDIMA).

Este taller es para ti si…

  • Te gusta el periodismo de investigación pero no sabes por dónde empezar.
  • Te interesa la crónica negra y buscas perfeccionar tus conocimientos en el terreno jurídico o criminalístico.
  • Desconoces el funcionamiento de los tribunales y estás pez cuando oyes hablar del habeas corpus.

Más información en: Taller de Derecho criminal y crónica negra.

Read Full Post »

Escritores en busca de novela

Por: María Sánchez Robles

Contar escenas. Tener en cuenta el tono. Analizar el narrador y saber qué es lo que se quiere. No parece tan difícil, ¿verdad? Quizá no lo sea pero somos escritores en busca de novela.

La imagen de los novelistas en la literatura y en el cine casi siempre ha sido la de seres aterrados que trabajan incansables horas en sus escritores aislados del mundo. Incluso se han de ir largas temporadas a lugares fríos y oscuros, como la montaña, o cálidos y lujosos, como un crucero, para establecer una relación seria con sus personajes y, ya puestos, subirse al tono y agarrar de la solapa al narrador para no dejarlo escapar.

Pero nosotros solo somos escritores urbanos en busca de novela. Tenemos nuestras obligaciones: entiéndase, niños, nietos, aficiones, la vida. No podemos dejarlo todo e irnos a una cabaña en Colorado o al Nilo en busca del arca perdida. De ahí que, a trompicones, unos más y otros menos, llevemos un tiempo sacándole punta al lápiz, y sintiendo que, como los tornillos que se pasan de rosca, el lápiz no acaba por enseñarnos los dientes.

Sin embargo. Sin embargo ahí estamos, blandiendo nuestras espadas y novelando de jueves a jueves. Este jueves los que se atrevieron a mostrar sus cartas, en algunos casos capítulos desordenados de una novela rompecabezas, fueron José Sáinz de la Maza, María Sánchez Robles, Juan Santos y Carlos Cerdán.

José Sáinz de la Maza nos deleitó con una lectura perfecta de su segundo capítulo, uno en el que la atmósfera de indefinición y el tono de sueño contenido, de a cuando uno se le cierran los ojos sin poder evitarlo, estaba muy logrado. En todos despertó una necesidad de saber más sobre esos personajes noctámbulos y sonámbulos que solo José sabe cómo graficar con sutiles pinceladas.

Noctámbulos_Hopper

La segunda en mostrar los deberes navideños fue María Sánchez Robles, quien se ha inclinado por la figura de Van Gogh para abordar una ucronía en que este es un total desconocido. En su primer capítulo los famosos cuadros de Van Gogh crujían al ritmo del derrumbamiento de un antiguo edificio de la calle Mouffetard en París. Desaparecían así para siempre las obras que iban a marcar un antes y un después en la Historia del Arte, y con ellas se enterraba la huella de un peligroso asesino de pelo rojo.

Van Gogh

La maldad continuó sobre la mesa por un tiempo más, puesto que Juan Santos nos leyó un nuevo capítulo de sus ya populares personajes Mati y Matías. Con algunas frases estelares como “No he querido morirme hasta que vinieras” y “He sido mal hijo, mal esposo y mal padre”, nos acercó al lecho de muerte de una madre capaz de perdonar al Lucifer que tiene por su hijo. Del amor incondicional de los padres y de la maldad en estado puro nos seguirá hablando Juan en sus próximos capítulos, para los cuales el tono anhelado ya ha sido encontrado.

Cerramos la tarde con el “romántico” capítulo de La noche de bodas, en el que Carlos Cerdán nos mostró su destreza para la novela erótica. Se trata de un capítulo brillante que despertó risas en todos, y que nos mantuvo agazapados, como auténticos voyeurs, de principio a fin. Recuerdo que lo primero que escuché de boca de Cerdán fue un relato erótico, en mi primer día de asistencia al curso, lo cual me dejó muy sorprendida. Desde entonces nos ha proporcionado grandes momentos indagando en este género, cosa que aplaudo pues a mí me parece totalmente imposible.

Se nos fue de las manos, pero con gran aprovechamiento académico, como suele decirse, un encuentro más del taller en que dos frases estelares pasarán a la historia: “¿Quién es tu narrador? Pues uno que cuenta las cosas” y “Los sujetos (él, ella, tú, etc.) son un buen invento”. Y es que, en la búsqueda del tono, la escena y el narrador, a veces se nos olvida la técnica y las herramientas básicas de la lengua.

Nos despedimos cada uno con su compromiso particular de abordar el siguiente capítulo de la novela o tal vez el primero, que nunca es tarde para comenzar ni para parar de recibir premios y menciones, como la última de Luis Marín, finalista en el VI Certamen de relatos cortos “Cursos de Verano UNED” de Alcalá la Real (Jaén). Su dulce relato, “Tiempo de esperanza”, se puede leer íntegramente aquí. Que siga la racha.

María Sánchez Robles

Read Full Post »

Mayte Blasco fue la única mujer entre los ocho finalistas de la VI edición Madrid Sky. Dejó entre los asistentes una magnífica impresión con su relato Juventud. Administra el blog de Mae, donde cuenta que su vida está ligada al mundo del libro desde muchas perspectivas. En estás líneas nos cuenta cómo se inició en la literatura y cómo llegó hasta Carmen Laforet.

A comienzos del nuevo milenio —hace casi dos décadas— yo era una estudiante universitaria que todavía se nutría de la biblioteca familiar como fuente principal para sus lecturas. En ella crecían y habitaban, como una vegetación autóctona, ejemplares en rústica de ediciones modestas que ocupaban los estantes de manera caótica. Recuerdo las ediciones de bolsillo de aquella emblemática colección Austral mezcladas en extraña armonía con novelas contemporáneas compradas al Círculo de Lectores.

Fue por esos años, en aquellos inicios del nuevo milenio, cuando comenzaron a llegar de manera progresiva una serie de ejemplares que vinieron a engrosar no solo los estantes de mi casa, sino también las bibliotecas particulares de buena parte de la clase media de este país. Por aquel tiempo no existía Amazon, no existía Netflix, y el acceso al cine y a la literatura no funcionaba, como ahora, a golpe de “click” con el ratón del ordenador. La prensa en papel aún era sólida e influyente. La gente iba los domingos al quiosco y se compraba el diario, se llevaba el suplemento cultural y, en ocasiones, adquiría la película o el libro que algunos periódicos ofrecían a sus lectores por poco dinero. Fue así, de esta manera, como llegó a mis manos la extraordinaria obra de Carmen Laforet, Nada, que había sido elegida por el periódico en cuestión como una de las cien mejores novelas escritas hasta entonces en lengua castellana.

El título del libro ya llamó mi atención —¡cuánto puede expresar, a veces, una sola palabra!—. Después de leer la obra me pareció que la autora no podía haber elegido otro título más apropiado. Esa única palabra es también, a mi entender, un anticipo del estilo que después encontrará el lector en el interior de la novela: una prosa sencilla, pero bella y potente, que nos demuestra que no hace falta llenar de retórica un texto para escribir una historia auténtica con calidad literaria.

Sin embargo, teniendo en cuenta que mis inquietudes literarias estaban más que consolidadas en aquellos años y que ya eran muchas las novelas que había leído, cabría preguntarse qué fue, entonces, lo que vi en este libro para que se convirtiera en una lectura tan especial. La respuesta es clara. Aquella era la primera vez en mi vida que leía una novela en la que el personaje principal no era alguien ajeno. Andrea, la protagonista de la historia, era una mujer normal, alguien que podía ser una amiga o una hermana. Tal vez incluso yo misma. Era una muchacha que acababa de cruzar la compleja línea de la edad adulta y que, en un ambiente duro y opresivo, trataba de buscar su sitio en el mundo con escaso éxito. Y aunque la acción de la novela se situaba en la Barcelona de la posguerra —un contexto alejado para mí tanto desde el punto de vista espacial como, sobre todo, del temporal—, la modernidad con la que estaba escrita y su capacidad para transmitir emociones universales, hizo posible que se produjera una conexión casi cósmica entre la mujer del libro y la que la leía.

Laforet ganó con su novela Nada el premio Nadal del año 1944. Teniendo en cuenta el contexto sociopolítico de aquellos años —los más duros y represivos de la dictadura—, el hecho de que una mujer de veintitrés años ganara entonces un premio de novela con una obra tan femenina e intimista, no deja de ser un acontecimiento de una rareza extraordinaria.

 

 

Mayte Blasco tiene la suerte de vivir estrechamente vinculada al mundo del libro. A finales de 2015 publicó su primera novela, Las vidas que pudimos vivir, una historia de ficción contemporánea con un trasfondo de denuncia social sobre cinco mujeres cuyas vidas se entrelazan de manera fortuita. En enero de 2018 fue la ganadora del segundo premio en el Concurso de Cuentos de Navidad convocado por Zenda, con el relato El antihéroe, y en diciembre del mismo año obtuvo el Accésit Testimonio histórico en el XV Concurso de Relatos Mineros Manuel Nevado Madrid con el relato Iquique, 1907. Recientemente ha obtenido un accésit en el XVIII Concurso de Relatos cortos Filando Cuentos de mujer con su relato “El certamen”

Read Full Post »

Por: Lourdes Chorro

Subo al avión decidida, aunque me dan vértigo las alturas hoy viajo en ventanilla más cerca del cielo, más lejos de la tierra. Quiero ver los alerones bajar y subir como avecillas que nunca remontarán el vuelo. Apenas hay nubes. No encontramos ninguna turbulencia en la ruta y en un suspiro de anhelo se alzan los alerones del avión para presentar resistencia e ir frenando. Se bajan, ya hemos aterrizado.  El mar está a un paso de la pista. Nos levantamos todos apresurados y se hace eterna la espera para poder salir. Parece mentira que al verbo esperar la mayor de las veces lo hagamos tan impaciente. Los habitantes de esta Puglia que voy a visitar viven más cerca de la espuela que del tacón de esa bota que tan enganchada me tiene. Hablaban el griego antes de que existiese Roma. Están orgullosos de un rey conocido como el asombro del mundo; de una duquesa tan desdichada que hasta el pueblo la amaba por eso; de San Nicolás el primer santo no mártir que concede esa felicidad que nos vuelve niños. Y es que alguien que se descuelga por una chimenea y deja a tres chicas pobres tres bolsas llenas de monedas para que puedan casarse no me diréis que no se merece hacerse universal. Orgullosos de una Isabel, española ella, mujer lista hasta que cumplió los sesenta, la edad de las debilidades femeninas, y se dejó envenenar por su secretario; de un lugarteniente de Napoleón, Murat, guapo, de melena aleonada que hoy ha quedado para dar nombre a una calle de compras en Bari, eso sí de las principales; de esas cariátides con infieles Turcos arrodillados soportando el peso de lo sagrado.

Puglia - Lurdes 01Lo primero que voy a hacer en cuanto deje la maleta es ir a ver a Niccolo Piccini. Camino al apartahotel tarareo su Didone abbandonata. Esa Dido que se enamora de Eneas el héroe troyano, ese Jarbas enamorado de Dido, esa Selene enamorada de Eneas, ese Araspe enamorado de Selene. Un anacronismo que ya el mismo Virgilio urdió uniendo tiempos. Amores cruzados, amores no correspondidos. Cómo a Eneas le arrastró la tempestad hacia Cartago a mí me arrastra hacia Bari. Sé que los dioses me ordenarán que regrese como a él, pero ahora me dejaré mimar nueve días por esta Bari por la que pasaba el último tramo de la vía Apia que venía de Roma. Imagino el incendio que arrasará mi corazón cuando me vaya, pero yo sola seré quien lo apague, aunque por experiencia sé que cuando entregas el corazón, aunque no quepa en el mundo una cesión más magnánima, debes acostumbrarte a vivir de alquiler.

En subir al apartahotel, dejar la maleta y salir no tardo ni un ciao. Al ir a cerrar la puerta una mujer bien vestida corre como angelillo endiablado y entra antes de que cierre la puerta. Le pregunto si vive aquí y contesta “non, ma ci aspetto a quelcuno”. Me suena a algo pasional y me marcho con el remusguillo de que algo va a pasar. Ya me advirtieron que no dejara entrar a nadie y que cerrara bien al salir, pero a mí la gente apasionada me desarma. Voy en busca de Piccini que no Piccinino como se empeña en escribirlo mi móvil cuando busco en google maps cómo ir hasta él. Me acerco a él, pero me quedo varada en la “P” de parking junto a su estatua. Me esperaba con su libreto y su plumín, su garbo y su compostura. Sus ojos pensando en las notas que le faltan para su siguiente composición, esa que irremediablemente se lleva cada creador a la tumba. De mis pensamientos mejor me olvido desayunando una latte macchiatta. Muchos pensaréis que es una herejía blanquear un café así, pero a mí me encanta y no me priva del ensueño. Me adentro en esta Bari vecchia, Dolci baci, languide carezze de sus callejones en los que juego a perderme para encontrarme y el reencuentro me devuelve esa alegría que me es tan fácil perder y tan difícil de recuperar. Esta Bari medieval donde en cualquier rincón encuentras capillitas, altarcitos, para ellos santuarios, iglesias,  una catedral románica que entierra un interesante museo arqueológico. No puedo olvidarme de la Basílica de San Nicolás. El domingo asisto al vaivén de una misa ortodoxa con los feligreses grabando con el móvil la ceremonia, los popes posando y al final le regalan botellas de vino o de licor. Los asistentes vestidos algo pasado de moda se persignan una y otra vez, se arrodillan en el frío mármol y a la salida comen al sol, en la explanada con sus tarteras. Sale uno de los oficiantes con su prominente barriguita y antes de montarse en su utilitario les hace señal de que hay hambre llevándose la mano a la boca y que él también se va a comer. El castillo normando svevo que protege  la entrada principal a la antigua ciudad de Bari, y desde aquí domina el mar. Recorro el paseo marítimo que denominan Lungomare Imperatore Augusto y el recuerdo de las mujeres con sus delantales en la puerta de humildes casas vendiendo sus orecchiete hechas a mano, me trae a la cabeza, quién sabe por qué, una frase de Carofiglio que define a Bari como “una ciudad que se encuentra suspendida en un equilibrio entre el ya no más y el todavía no”. Blanco en los visillos de las ventanas, en las cortinas de las puertas en las iglesias y en la catedral. Blanco en el folio que he ido rellenando de tinta azul como el cielo de Bari para contaros esta crónica. Entro a comer orecchiette con cima di rape y un riso patate e coze. De postre dos bolas de helado de pistacho que si me permitís voy a dedicárselos a una buena amiga que siempre lee estas crónicas.

Puglia - Lurdes 02Comienzo mi periplo. Me encantan los viajes de un día sin equipaje y con una única incógnita: ¿dónde te dejará la estación a la que vas? Ser de esos viajeros a los que solo espera y despide la ciudad. Esa ciudad que se ve envuelta en la circunstancia de los que en ella habitan y de los que la transitamos y, sin querer, les cambiamos el paso. Ruido de coches, de escandalosas ruedas de maletas, griterío y esa idéntica voz en off tantas veces incomprensible de los altavoces que anuncian que llega un tren y se va otro. Ahora a las estaciones ya no las envuelve el vapor de las locomotoras, ni a los trenes los despide un silbato. Aguardo en la cola de la única taquilla. Me disgustan las máquinas automáticas. Poligano a mare es mi destino de hoy. Me recibe encaramado en un farallón que devoran las grutas como las voces al silencio. Desde los altavoces de su ayuntamiento la voz Doménico Modugno vuela a decibelios por todo el pueblo. Las luces de Navidad, por si nos habíamos olvidado de la letra, la recuerdan en colorines.  Y en medio del griterío de la muchedumbre en los puestos del mercatino entro en la primera iglesia que se cruza en mi camino. Diez lugareños rodean en la penumbra algo. ¡Dios, es un féretro con rendijas! Esto es el sur y aquí les debe gustar convivir con la muerte y toquetearla. Ya no me pillan, no volveré a entrar en ningún pueblecito que tenga una iglesia abierta gratis porque allí dejan en la cajas velándose al muerto solo para quien quiera pueda pasar a despedirse y para que la Virgen, Dios y los santos le velen. Y luego bien grande la esquela en los muros medievales recién limpiados: Ha concluso il suo percorso di vita terrena. Corro de nuevo al griterío del mercatino y me tomo  un capuchino rebosante de espuma viva con una amarandela de acompañamiento.

A Polignano llegué con un sol dicharachero y me marcho con una luna taciturna. Luminaria de libélulas que recorren la piedra, deshaciéndola y reconstruyéndola. Proyección en un juego de luz y sonido; luces al mar libre, caminos de luz que juegan a imitar los colores del arco iris; mendigos que quizá duerman esos días con menos oscuridad bajo esas luces. Luces unicornio, luces que se abren como la cola de un pavo real, corazones de luces que rescatan otras del túnel del tiempo y hacen chiribitas en los ojos. Luces que inventan un cuento para los niños que no creen en cuentos. Luces que aunque estén a ras de suelo te transportan a otra galaxia. Luces que se apagan como velas de cera no recargables. Luces que no saben adaptarse a otra forma diferente de la que fueron creadas. Os pido perdón por la digresión de las luces, pero no quiero podarlas.

Puglia - Lurdes 03Viajo a Basilicata porque no puedo dejar de visitar Matera. La estación que ellos mismos anuncian como “Incredibile, no es Madrid, no es Manchester, es Matera”  Demasiado tren para los raíles que conducen a Matera. Todos dicen que se parece a Jerusalén. Las calles a veces se ubican en  tejados de otras casas trogloditas. Iglesias rupestres o con un entramado de cavernas en el Sasso Caveoso al sur. El Sasso Barisano al norte y  la Civita con la catedral allí en lo más alto supervisándolo todo. Cisternas para la recogida de agua. Impostoras películas que la han utilizado para sus rodajes. Me siento como un espíritu cuya ánima pulula a través de los siglos en el purgatorio donde me han hecho creer que ni se siente ni se padece. Sigo andando y descubro que la Iglesia del purgatorio existe y en la fachada veo la muerte y la redención. Me han liberado a la fuerza, así que me adentro en el mundano placer de la comida y tras ésta pido capuccino aunque me desvele y boconotti alla crema. Me regalan un vasito de agua gaseosa igual que el agua de litines que mi padre tomaba y como si fuera la madalena de Proust viajo al paraíso recobrado de mi niñez.  En las dos iglesias rupestres con los frescos recién restaurados estoy en esa gloria que en realidad andaba buscando. Santa Lucia alle malve, Santa María de idris, cisternas rosa y de mil colores que el agua garabatea a su antojo. Iglesias desacralizadas. Grutas de piedra horadada que parecen ojos esculpidos que me observan. El palacio de las cien habitaciones, un museo de esculturas dentro de una cueva en el que admiro cómo el hombre y la erosión trabajan al unísono la naturaleza. Me llevo de Matera la imagen de un yugoslavo con un guardapolvo negro y melena grisácea algo mal encarado al que faltaba algún diente, pero que al despedirse de los que comíamos en el restaurante nos regaló una estampita de la Virgen Gospa. También me llevo, a contracorriente, un pan con forma de croissant que pesa un kilo y un pequeño cucú de esos que aseguran que aleja de los espíritus malignos. Y en el corazón un verso pernicioso de  “amori giocosi” Tommaso  Stigliani, el poeta incluido en el Index librorum prohibitorum. Pregoti amore e giù mi postro intanto/Ch’in mercè ch’ogni giorno auuien ch’io /porte /nell’urne di quest’occhi alla tua corte l’amaro vassallaggio del mio pianto

En mi escapada a Alberobello como hacen los turistas me encaramo a la iglesia para ver el pueblo desde su mirador. Todos los tejados cónicos de piedras grises, fogonazos blancos y flores, símbolos mágicos o sagrados pintados sobre los tejados a mano con cal y que aseguran que salvaguardan del mal. Pequeñas ventanas me miran ¿serán los ojos de los duendecillos de que todo el mundo habla? Ningún trullo es igual a otro. Observo su cúpula central y esos pináculos que los coronan, la chiave del trullo, que servía para distinguir a sus habitantes: quiénes y cómo de poderosos eran. ¡La vida misma! Los construían sin argamasa para que parecieran inacabados y así evadían el tributo al virrey español de Nápoles no para su beneficio sino para el de los Condes dueños del lugar que querían que les pagaran solo a ellos. El trullo siamés que construyeron con dos partes iguales para cada uno de los dos hermanos que se enamoraron de la misma chica. Los duendes de los dibujos animados viven en hongos parecidos a los trulli, pero en estos  sólo encuentro hacinados todo tipo de recuerdos para su venta. Me alegro de haber venido un día de diario y a primeros de diciembre porque la invasión de turistas le quitaría gran parte de su encanto. Al ir a coger el autobús de regreso a Bari espero frente a un Servizi Igienizi de vaccini en el que la mugre y el polvo de la fachada necesitaban una capa de esa reluciente cal de los trullos. Creo que me marcho con el karma limpísimo, pero el que está a mi lado en la parada me cuenta que la mayoría de los símbolos han desaparecido, han perdido su significado y valor inicial.

Il treno diretto a Lecce para en todos los apeaderos. ¡Menos mal que era directo! A mi paso por Bríndisi me avisan como si tal cosa por megafonía y en todos los carteles electrónicos de la estación que no circulará ningún tren por esa via Per la rimozione de un residuato bellico in prossimita della stazzione di Brindisi . Y luego me entero de que han desalojado a cincuenta mil habitantes de los alrededores. En Lecce esperaban a nuestro Carlos I, pero él no es que llegara tarde, es que nunca llegó. Yo estoy aquí y me adentro en  el casco histórico por el arco triunfal que en su honor erigieron. Me detengo ante la fachada de la Basílica de la Santa Croce. Pierdo la noción del tiempo admirándola. ¡Cómo puede estar tan decorada de complejos referencias simbólicas!: Ovejas, dodos, querubines, bestias fabulosas que, al sobresalir, cobran vida en esa piedra, como si la piedra pudiera tejerse con el sutil hilo de las hilanderas. Los Atlantes, de los que ya os conté que representan a los turcos capturados en la Batalla de Lepanto, sostienen la barandilla. Dentro me extasío bajo el altar de san Francisco de Paula. Dios, ¡no sé lo que cuenta pero cómo lo cuenta! Espero que tú lector seas de los que prefieren arrobarse con la belleza a desentrañarla. Dicen que la fe y la fortaleza cierran y abren el mundo de este barroco Leccese y yo lo creo. En la catedral descubro que sacrificaron a Noé después del diluvio y retozo como un diablillo trepando y descendiendo por sus retorcidas columnas. Mi mirada tan exagerada como la suya enaltece los detalles. Salgo por la puerta lateral que es más fastuosa que la principal. El contraste de líneas, el orden inferior convexo y el superior cóncavo, de la fachada de San Mateo; el imponente altar mayor de Santa Chiara con sus estatuas y las figurillas pintadas en cartapesta, mezcla de papel y cola que la decoran; el pozo del Seminario en el mismo centro del claustro donde escucho canturrear una tarantela y me quedo atrapada en su tela de araña. En un amago de poema te recuerdo: “Con miedo de canto de cuco entraste en mi vida, con desenfreno de gorrión la haces girar mi vida alrededor de tus aletas de pez, y, aun hoy con tierno respeto, llamas a mi puerta antes de entrar” Está atardeciendo, pero no me voy hasta que se vuelve anaranjado el blanco de la fachada de la Santa Croce. Me dejo en prenda un pendiente perdido en el anfiteatro y por bien perdido lo doy.  De regreso a Bari no puedo resistir más y abro mi paquetito de pasticciotti. Rompo el crujiente hojaldre de uno y mi boca nada en el corazón de su crema.

Esperando el tren en dirección a esa Barletta que no voy a visitar pasan otros trenes in transito igual que la vida pero cuando pasan anuncian que está prohibido oltrepassare la linea gialla y me lo apunto para tenerlo en cuenta en la mía. Voy hacia el norte de Bari. Me quedo en Giovinazzo, un pueblo fortificado. Comienza a llover y el viento se confabula para ir siempre en dirección contraria a  la posición de mi paraguas. De modo que de nada me servía abrirlo. No me importa. Recorro sus calles saliendo y entrando por sus pasadizos del mar a sus  callejones y al final descanso de las veleidades del viento en un palacete convertido en pub que me enamora. Llega la tarde y ese mismo viento hace que no quede ni rastro de la lluvia.  Me espera Trani. Quiero recrearme en ella sin prisas, en su entramado de calles añosas que no decadentes como algunos decían; en sus edificios de piedra que convergen en la catedral cuya palidez hace más azul el mar. Su pequeño puerto escondido. Una torre alta que, sujeta a un arco. Su castillo svevo con su torreón y sus tres torres, tan blanquito, tan restaurado él;  su barrio judío. Bajo una pequeña pasarela de piedra contemplo el mar sin olas que lo solivianten, remolón como yo a remolque de tu paso.

En el tren de regreso a Bari intento abarcar el horizonte infinito con mi finita mirada. Es mi último atardecer y la luna se desvanece entre dos callejones de la Bari vecchia cuando voy a despedirme de ella. Recojo la habitación del hotel de tal manera que nadie sospecharía mi paso por  ella. A media noche como si se hubiera reencarnado “la Malombra” que guardo en la maleta, esa hechicera con pelo de caballo y flecos de  alfombras, comienzan a moverse muebles y objetos y no puedo dormir. ¡Lástima no tener una escoba para ponerla frente a la puerta! Por la mañana en el autobús camino del aeropuerto el conductor  se santigua cuando otro pasajero le dice que ha encontrado un pasaporte en el asiento y le sugiere que tiene que entregarlo a la policía. No hubiera podido encontrar mejor final que ofreceros que este i lettori gentillissimi. Sono arrivati ​​alla fine di questa cronaca. Grazie mille per avermi letto e arrivederci. Os prometo que alguna otra caerá, así que no os libraréis de mí.

 

Read Full Post »

Older Posts »