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Archive for 28 febrero 2020

Por: Luis Marín

Si hay algo que me gusta de nuestro taller es que cada día resulta diferente.

Faltas a una sesión, porque los viajes te obligan a cambiar la rutina, y al regreso encuentras un paisaje desconocido. He ido leyendo lo que mis compañeros, prolijos ellos, han escrito durante la escasa semana que he estado fuera y me han asaltado un buen número de dudas. Pensaba que alguna habría sido explicada en el momento de la lectura del relato, pero como todo es diferente, algunas de mis dudas se mantienen irresolubles.

Pero dejemos de hablar de mis quitas.

Abriendo un paréntesis, breve eso sí, en nuestros novelísticos proyectos, tocaba analizar cómo algunos escritores han resuelto los problemas de narrador, espacio y tiempo. Más aprendizaje en el laborioso proceso de montar una novela coherente.

Y con la modestia que nos caracteriza, nos fijamos en novelas sencillas como “La muerte en Venecia” (Thomas Mann), “El extranjero” (Albert Camus) y “El desierto de los tártaros” (Dino Buzzati). ¡Total nada! Como mirarse en el espejo.

¿Cómo tratar el tiempo? ¿Qué pasa con el espacio? ¿Cómo elijo el narrador?

Si ya nos había costado “encender” el modo “escritor de novela”, buscar moldes en algunos capítulos de las novelas citadas podría llevarnos al desánimo y el abandono.

Pero como somos, por encima de todo, unos optimistas compulsivos, no nos amilanamos y hemos querido observar las bondades que puede tener un narrador omnisciente para manejar el tiempo en presente, pasado y futuro. Cómo servirse de él para filosofar alrededor de la figura del personaje. A base de repeticiones dar a conocer al lector los sentimientos del personaje

Pero también hemos visto una primera persona que puede narrar en una falsa tercera para resaltar aspectos físicos (sol, calor) o símbolos religiosos (como el número tres) para explicar el existencialismo.

Tras los comentarios cruzados, alguien dijo que todo le parecía bien, pero que no quería contaminarse. No seré yo quien desvele su identidad, que bastante penitencia tiene ya.

Y gracias a María y Paco, que nos han deleitado con escenas de su proyecto, hemos hecho un breve descanso para abordar sus nuevas propuestas.

El Van Gogh que nos quiere mostrar María Sánchez va tomando forma, poco a poco, con la maestría de su narrador particular y nos envuelve como si se tratara de una serpiente que se eleva a los tonos de una flauta. Pero opinen ustedes.

Imagen2“Theo y Johanna bailan juntos tímidamente hacia el centro de la sala, aunque no buscan protagonismo, más bien intimidad. Se miran a los ojos y parecen encontrar la paz el uno en el otro, pues no despegan sus miradas. Vincent imagina un mar contenido en una bola de cristal a punto de desbordarse, pues sabe que Theo es muy dado a las emociones e incluso a lagrimar. Imagina también que Johanna sostiene ese mar a punto de subir su marea, imagina que ella es su playa y su bote salvavidas, su mar en calma y su turbulencia”.

Y ¿qué decimos de Paco Plaza? Aparte de los comentarios que se le ocurren sobre la marcha, nos ha trasladado a ese auditorio gratuito del parque de atracciones donde tantas veces cantó Joan Manuel Serrat en los años 70, antes de ser exiliado por el dictador que estaba ya en las últimas. Una versión de su Fernando González, en una de sus facetas, unido a la chica que más le gusta. En sus palabras:

Imagen1“Fernando se imagina llevando a Marisol junto a la valla del Parque y descubriendo un lugar por dónde colarse, y luego yendo al concierto y peleando con los grises para que Serrat pueda escapar y ya a la media noche diciendo a su padre que no se le ocurra ponerle la mano encima a su novia”.

Y lo mejor de todo, ¿qué va a pasar la próxima semana? Se quitan las ganas de irse de vacaciones.

Un abrazo a los que no han podido asistir esta semana. Saben que se les quiere.

Luis Marín

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Por María Isabel Ruano

No pude, con pesar, estar en la presentación de su primer poemario en la sede de Huerga y Fierro, pero en cuanto pudimos quedamos una tarde muy cerca de mi casa para charlar y conseguir su libro, “Ayer encontré sueños olvidados”, un título que para comenzar me parece muy acertado.

Mercedes Lázaro y María Isabel Ruano

Mercedes y yo hemos sido compañeras del taller de literatura durante años. Situadas prácticamente la una en frente de la otra como claras representantes del sector “duro” y del primaveral. Es por ello que la publicación de su poemario nos ha sorprendido a todos, o a casi todos…

Leí sus poemas con  devoción y como suelo acostumbrar en el mismo libro escribí mis impresiones, las mismas que hoy, en limpio, comparto con vosotros.

“Es este libro de Mercedes, una apuesta valiente para su literatura, un acto de apertura y de reconocimiento hacía sí misma y hacía los demás, en su mayor parte desconocedores de su amor por la poesía. En él nos confirma que ese amor viene de lejos, que no es algo improvisado o un simple capricho, si bien es cierto que, el impulso para escribir gran parte de estos versos, surgió en el taller de Creación Literaria dirigido por Santiago Martín Vara. Otro punto en común que nos hermana, ambas sabemos reconocer en los versos de la otra el germen de los “deberes” que con gran acierto Santiago, nos fue sugiriendo.

Definen su estilo la sencillez, los versos libres, las pautas limpias y concisas, el pensamiento rápido plasmado en poemas con tendencia minimalista que, a su vez, la editora de este libro, Charo Fierro, ha sabido captar y embellecer con esta publicación. Hay también un medido recorrido para insinuar más que confesar, para decir sin dejar más que la constancia de esa luz fugaz que nos atrapa por un momento, que nos ilusiona o incluso nos daña, en espacios diáfanos y en un doble juego en donde él es ella y ella se transforma en él.

En este poemario se abren puertas para la reflexión, la belleza y la calma que otorgan las hojas del otoño al caer y la luz difusa de la noche.

Desde mi punto de vista la agrupación de los poemas en tres partes responde con acierto a estas sensaciones, : De la nostalgia, de puertas adentro y del amor. Sentimientos de tristeza y añoranza. Reflexión y expansión a través del amor. Es en este último apartado en donde más reconozco a Mercedes, creciendo, viviendo, amando. Una Mercedes poeta y decidida a experimentar, descubrir y amar”.

Por todo ello, Mercedes, te doy mi más sincera enhorabuena.

Mª Isabel Ruano es miembro de la asociación Grupo de Escritores Primaduroverales. Es coautora de los libros Primaduroverales, cuentos (2007), Madrid Sky (2013) y 2056 Anno Domini (2018). Tiene publicados relatos en distintas antologías y libros de carácter profesional relacionados con la enseñanza. Recientemente ha publicado el poemario Entre el asfalto y el mar con el grupo Tierra Trivium.

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La tarde en el taller de ayer transcurrió en una aparente placidez literaria, pero solo aparente. La verdad es que a la vista de lo que leyeron María, José, Lourdes y Carlos Cerdán uno se puede hacer a la idea de una sugerente mezcla de literatura y pintura. La literatura viene de la mano de las historias que ya van ‘dibujando’ un cuadro final, como una composición de líneas independientes y de piezas sueltas, que se van colocando sobre un tablero imaginario.

María Sánchez Robles empezó la tarde con dos de sus escenas. Claro, es que esta escritora se ha propuesto llevar a cabo una tarea que, cuando menos, nos parece de los más atrevida y sugerente. Su ‘cuadro ucrónico’ versa sobre la recreación de la vida de Vincent Van Gogh y de qué hubiera pasado si no hubiera muerto cuando la historia dice que murió.

Tuvimos la oportunidad de escuchar a María en dos escenas (o piezas de su puzle). En la primera, que se titula ‘Los comedores de patatas’, reconocemos a un Vincent niño en el duro entorno familiar. En este párrafo, nos hacemos una idea: “… los rostros de los campesinos son angulosos y tienen manchas como la piel de las patatas que cultivan de sol a sol, o mejor dicho, de nublado a nublado. Los abrigos en invierno pesan por la escarcha y la humedad, y las casas se vuelven ruines y perversas: las sábanas gélidas arañan la piel, los ventanucos aspiran el viento y lo filtran entre sus rendijas y deficientes acabados, los ropajes húmedos son máquinas de sabañones …”

VVGCon la segunda escena, ‘Noche estrellada’, María nos introduce en un ejercicio de cambio de narrador para colocarnos en ciertos escenarios que irán siendo especiales a lo largo de su creación. Aquí nos presenta al Vincent más oscuro y devastado. Un trozo del texto: “… es tarde y tenías que haber vuelto a casa mucho antes, pues una muchacha no puede andar a estas horas por ahí sola. Una muchacha no puede andar sola sin más, resoplas mientras te pones la capucha de la capa que llevas sobre los hombros y ocultas tu rostro lo más posible. Ni siquiera a plena luz del sol vas segura. Lo peor es que lo sabes, lo sabes todo …

Como estáis apreciando, hasta aquí, la apariencia de placidez literaria ya no lo era tanto. Justo entonces entraba en escena José Sainz de la Maza para leernos su ‘segunda’ primera hora de las largas y densas horas de una noche, de la que ya vamos entendiendo sus espacios cerrados, sus personajes y la intriga con las que nos va dejando. En esta ‘segunda’ primera hora conoceremos con una precisión (entre impresionista e hiperrealista, dependiendo del punto de vista con que el lector se enfrente al texto) un espacio que será muy relevante a lo largo de la citada larga noche.

cpiiiEl espacio es el ‘Club Pickwick’, donde reina un tal Cristian Bron. Un extracto, para entrar en ambiente: “… junto al marco de la puerta, en la pared, Cristian puso un letrero con el nombre del pub, Club Pickwick. En realidad este no es un letrero, el que podría llamarse así, o mejor dicho, los que podrían llamarse así, son dos luminosos, uno sobre la puerta y otro en vertical, en una de sus esquinas, en los que se anuncia el tipo de local: Allnight. Lo otro, lo que está en la pared, no es más que una placa dorada de tres o cuatro palmos sujeta al muro con tornillos …

polToma el relevo Lourdes Chorro, que ayer nos leyó otra escena de su futura obra “Los cánones establecidos”. Su ‘cuadro’ ya va tomando forma, vamos conociendo personajes, acción, amores, miedos, odios y muchas más tonalidades. En el interior del cuartel, el espacio principal, dos de sus personajes se ven por primera vez y nace el amor, un amor entre impaciente y saltarín.

Ya iremos viendo en que queda todo, realmente quedamos impacientes por saber más. De momento, un extracto: “… Adita había leído historias de mártires, de sangre licuada y aquellos cuerpos le parecían santificantes, cuerpos incorruptos, de reliquia venerada. Y Ramírez era el Dios que otorgaba santidad a aquellos vigías sobrenaturales …

Para acabar, Carlos Cerdán, leyó otra de las escenas la vida de su personaje Anselmo. Anselmo, un personaje complejo, sin demasiados escrúpulos, trepa y desconsiderado (entre otras tonalidades) se va presentando en las distintas escenas que Carlos nos ha ido trayendo, y así ya lo vamos conociendo, un poco mejor cada día. Sin embargo, los personajes secundarios que van apareciendo, quedan resueltos y definidos a la primera.

abu Un trocito del texto de ayer, que se titula “El anuncio de boda”, “… su madre, cruzada de brazos le seguía con la mirada en espera de una explicación, pero él no parecía dispuesto a dársela. Caminaba por la habitación mirándolo todo. Se paró ante unas fotos suyas que reflejaban diferentes momentos de su niñez: a hombros de su padre, montado en un triciclo, el día de su comunión con su madre ¿Por qué no sale papá en esta foto? Miró a Marcela. Ella, sorprendida por la pregunta tardó en reaccionar ¿Ya no te acuerdas? contestó poco después…

Al final, la tarde, entre arte y literatura, sí que resultó plácida, … ¿o no?

Hasta la semana que viene, amig@s

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Castro Caldelas

Por Manuel Pozo Gómez

Este año estamos dedicando el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales a las ucronias, es decir, a escribir relatos basándose en que los hechos históricos que se narran transcurren de una forma opuesta a como sucedieron en la realidad. Por eso me voy a permitir la licencia de escribir esta reseña de viajes como si fuera algo parecido a una ucronia o, lo que es lo mismo, voy a escribir una crónica de viajes sobre un sitio que aún no conozco.

Nunca había oído hablar de Castro Caldelas, pero este año, en una charla sobre Orense que Antón Alonso, director y editor de la revista Vinos y caminos pronunció en FITUR, tuve oportunidad de conocer a la alcaldesa de Castro Caldelas, Sara Inés Vega Núñez.

Me agradó la manera tan pasional con la que Sara Inés Vega describió su tierra, sobre todo, cuando dijo que para sentir Castro Caldelas, en pleno corazón de la Ribeira Sacra, había que cerrar los ojos y dejarse llevar por los olores. Castro Caldelas huele a historia, dijo Sara Inés Vega, y huele a vino. A un vino que se cultiva en las terrazas de las laderas sobre las que se levanta el pueblo, asomado al río Edo. Castro Caldelas huele a gente, a sus habitantes orgullosos que han conseguido en el año 2018 que se incluya en la asociación de los pueblos más bonitos de España, proceso para el que se requiere un patrimonio arquitectónico y paisajístico de una gran belleza. En España unos 70 pueblos tienen esta condición, de los que solamente hay dos en Galicia: Mondoñedo y Castro Caldelas. Y cerré los ojos y sentí todos aquellos olores que Sara Inés Vega estaba describiendo. Me dejé llevar por el armos del vino, y de la gente, y de la historia… su exposición entraba por los sentidos. Entraba por la vista con las magníficas fotografías de la Ribeira Sacra, entraba por los oídos al oír la pasión de sus palabras, también por el olfato al cerrar los ojos y descubrir los aromas que nos pedía que oliésemos, y entraba también, por último, por el gusto, cuando nos ofreció probar los magníficos productos de su tierra, como la bica mantecada y el licor café casero.

Y Castro Caldelas entra también por la literatura porque es un referente literario y cultural.  Esta villa posee el documento más antiguo en lengua gallega que se ha escrito en Galicia: «O Foro do bo burgo do Castro Caldelas», encargado por el Alfonso IX, rey de León y Galicia en 1228, redactado en abril de ese año por un notario de Allariz, en el que el rey otorga a los ciudadanos de Castro Caldelas sus fueros y regula su régimen. El Consello de Cultura Galega ha destacado el importante valor histórico y lingüístico de este documento, que hoy es un valioso objeto de estudio para los lingüistas.

Foro do Burgo do Castro Caldelas

El casco antiguo de Castro Caldelas fue declarado conjunto histórico artístico en 1998. Se trata de una arquitectura de calles empedradas que siguen el trazado medieval y dejan ver sobrias casas de piedra con galerías y escudos en sus fachadas. En una de estas casas, actualmente convertida en una posada, vivió una de las grandes figuras de la lengua gallega, el escritor y político Vicente Risco, (alumno de Ortega y Gasset). Risco fue un escritor complejo, que basó su obra en su pensamiento político y filosófico, y al que se puede considerar uno de los pilares del nacionalismo gallego. Remontando las calles del pueblo se llega a la fortaleza, que mandó construir en el siglo XIV Pedro Fernández de Castro, señor de Lemos y Sarria, cuando el rey Alfonso IX le concedió las tierras de Caldelas, hecho que se registra en el documento que anteriormente he citado. Posteriormente esta fortaleza fue parcialmente derruida en lo que se denominaron las Revueltas Irmandiñas (1467-1469), revueltas de carácter social en la que los campesinos se levantaron contra la nobleza. En la guerra de la Independencia el castillo volvió a ser testigo de un hecho notable, pues los caldelaos dirigieron un ataque contra las tropas francesas del general Marchand, quien como represalia mando incendiar la villa y el castillo, perdiéndose en dicho incendio importante documentación sobre la historia de la comarca. En el siglo XVIII el castillo pasó a ser propiedad de la casa de Alba, que en 1992 lo cedió en usufructo al ayuntamiento de Castro Candelas para uso cultural o benéfico. Desde entonces existe en la fortaleza un centro cultural que da servicio a toda la comarca, con una biblioteca, una sala de conferencias, una sala de exposiciones y un museo etnográfico.

Aun no he visitado Castro Caldelas, pero he oído hablar de este pueblo a su alcaldesa, Sara Inés Vega, con una pasión y un orgullo que le mete a uno en el cuerpo las ganas de programar un viaje de inmediato. Por mi parte es imposible pensar que no iré pronto al corazón de la Ribeira Sacra y, sin duda, Castro Caldelas será uno de mis destinos. Espero brindar entonces con un buen vino de la Ribeira Sacra, (una de las cinco denominaciones de origen del vino de Galicia) y dejarme llevar por los aromas de la tierra en cualquiera de los miradores que se alzan sobre sus valles.

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Por: Lourdes Chorro

Las palabras exhaustas se rinden a, ante, bajo, con Diego, nunca contra. Podría enumeraros la retahíla de preposiciones una tras otra sin excepción, pero volvamos a las palabras que son las que importan y aportan.

Diego extrae el jugo de sus significados, acepciones, etimologías intuitivas, inventadas o académicas. Hay una verdad en ellas, en la funda de la forma, en su simbolismo fonético; en el sonido que alumbra el filamento que engarza el collar de sus poemas.

Diego 01Diego estira y estira las palabras hasta formar adivinanzas que siempre incluyen una respuesta. Nos las lanza hacia, hasta, para nosotros sus lectores que, al interpretarlas, asentimos y sentimos que asentimos porque asintiendo vamos sintiendo. Y es que parafraseando al propio Diego os diré que en el discurso de sus poemas convergen el anverso y su reverso.

En fin que este poemario no podréis dejarlo aparte porque os sentiréis parte de él. Degustaréis cada verso, cada estrofa en una papila gustativa y el poema se deshará en vuestra boca como en la mía. Y si lo compartís repartiréis esa parte que de cada uno de vosotros parte.

Y el todo se convertirá en una parte de vosotros. Y no sigo porque empieza a hacerme efecto el vermut y me da por declinar palabras, mejor quedaos con sus “ibles y ables” que entablan el todo y la parte.

Feliz lectura compañeros.

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Por: Paco Plaza

Este jueves nos ofreció una tarde más de buena compañía, buen humor, buenas intenciones y buenas cervezas. Tras una serie de espontáneos abrazos entre unos y otros; rememoración de escenas de la película “Un monstruo viene a verme” y presentación imaginaria de “Manolitro”, un viejo conocido de Vicente, seguimos adelante con nuestras ucronías; esos bocetos de novela en los que nos estamos aventurando igual que un paracaidista se tira sobre un mar de nubes con el altímetro estropeado; en cuanto desaparezcan las mullidas concentraciones de vapor de agua la probabilidad de descubrir las duras piedras a pocos metros y  darnos un zurriagazo es bastante alta.

Es curioso cómo, sin acuerdos previos, algunos miembros del taller se encuentran en ambientes comunes dentro de sus escritos. Tal vez haya algo de conciencia comunal en el taller, como si fuéramos un enjambre de palabras, y que unos hilos de trama invisibles terminan conduciéndonos a los mismos parajes literarios. Ayer se dio esta circunstancia con el ambiente carcelario y la figura de la psicóloga (sí, psicóloga, también hubo coincidencia de género, aunque esto no debería extrañarnos dada la poderosa influencia de nuestra amiga Olga).

Empezamos la tarde con un arreglo que hizo Luis Marín sobre una escena ya leída. Se trata del comienzo de su capítulo 3. Describe la muerte de Antonio y su impacto en sus familiares más próximos. Luis es un autor que sabe recoger los comentarios y sugerencias que se le hacen  y mejorar notablemente sus escritos con ellos. Lo demostró ayer con esta escena. Mucho más sosegada, más lógica y dando aire a los personajes y a sus sentimientos. Aquí va una muestra:

“Con las manos entrelazadas, Carmen notaba como las de su marido perdían calor. Ella había imaginado que llegado el momento sus gritos y el llanto desaforado se oirían por todo el pueblo. Pero ahí estaba, en un silencio absoluto.

El frío de la mano iba pasando a su cuerpo, sin noción del tiempo que había transcurrido, hasta que la voz cantarina de Manuel le hizo consciente de lo sucedido. Puso las manos de su marido sobre el pecho y salió a abrazar al niño, la alegría de la casa. Él no entendía aquel repentino cariño, pero se dejó abrazar.”

carcel 01Seguimos con Juan Santos y su protagonista Matías, hombre que no suele arrastrar buenas intenciones con sus actos. Nos lo presentó recién ingresado en la cárcel por haber dado una buena zurra a un compañero de timbas de cartas. Cosas relacionadas con ofrecer a la propia mujer como apuesta (genial idea para dibujar los ambientes en los que este sórdido personaje se maneja). Juan pecó un poco de ingenuo al condenar y meter en presidio a un hombre el día después de cometer el delito, en un lapsus perdonable se olvidó de la característica lentitud de la justicia española. También estuvo receptivo a los consejos de Olga sobre las relaciones que se establecen en las psicólogas y los reos. Este es un extracto de la escena:

“–Perdona. A Carola la conozco desde hace mucho tiempo y cuando nos ha apetecido, a espaldas de Alberto, hemos quedado para pasar un buen rato juntos. Bueno, ahora se nos ha jodido el plan. A parte de eso, en más de una ocasión, he cohabitado sin tapujos con ella, cuando su marido, jugando a las cartas conmigo, le ha puesto precio a su cuerpo. En estos casos, Carola mostraba conmigo rechazo, negándose y haciéndose la mártir, poniendo verde a su marido. Pero en el fondo, disfrutábamos mucho más de pensar que él andaba por allí. No lo puedo asegurar, pero probablemente el hijo que tiene es mío. La quiero, por eso casi siempre le he devuelto, lo que le gano a su marido el día anterior.”

Matías nos inspiró para mantener una pequeña discusión sobre aquellos que presentan una cara amable hacia afuera pero que de puertas adentro son auténticos “cabronazos”.  Y también quedó claro, como pauta a la hora de escribir, que no hemos de ser timoratos a la hora de decir palabras malsonantes si éstas están en boca de algún personaje.

Continuamos con Paco Plaza y otra escena carcelaria. Ésta obedecía a la propuesta que se le hizo sobre el comienzo de su capítulo 2 leído el jueves anterior. Hubo acuerdo en el nuevo comienzo en “media res” era mejor y que debería continuar el capítulo en esa línea. También salieron a la luz errores cometidos por el desconocimiento de cómo eran las sesiones psicológicas en las cárceles españolas en los años ochenta; pero para solucionar estos vacíos Olga nos ofrece su inestimable experiencia. Un ejemplo:

psicologa 01“—Bien, podría contarme, para empezar, el motivo por el que está usted en presidio.

Fernando ya ha empezado a examinar el físico de la mujer, no lo puede evitar. Morena, cuarentona, lleva unas gafas que le tapan la mitad del rostro, no es fea, melena corta y lisa, un jersey grueso oculta la forma del pecho, no parece tener mucho, el resto queda oculto a la vista; pocos mimbres para la bartola, piensa. Se percata de que le está mirando fijamente, a la espera de una respuesta. Entre las manos tiene un montón de papeles, seguro que es su expediente, ella sabe con detalle toda su historia. ¿Por qué, entonces, le hace esa pregunta?”

Por último volvimos a la novela de Luis Marín. Esta vez al capítulo 7. El protagonista, Manuel, acaba de llegar a Madrid y trabaja de mozo en el mercado de Legazpi. Hubo diversas críticas y sugerencias por lo que Luis tendrá trabajo la próxima semana, una de las sugerencias era que las cosas le iban demasiado bien a Manuel en Madrid. Seguramente contagiados por muertes y encarcelaciones previas, nos pareció poca cosa que el chico se tuviera que deslomar descargando camiones para ganar una peseta; habrá que regalarle alguna que otra desgracia para que el chaval este menos contento. Aquí va un cachito:

Manuel empuja el carro camino de la glorieta de Atocha. Se ha subido el cuello de la chaquetilla para paliar el viento suave de esta mañana de otoño. El cuerpo va caliente por el esfuerzo, pero las orejas recogen el frío como si fueran antenas. Ha descargado camiones en el mercado de frutas y verduras de Legazpi y lleva a la taberna la compra que ha hecho su jefe.

Se siente feliz. Llegó a Madrid a principios de septiembre, con una remesa de emigrantes que había salido del pueblo. Recuerda que era el más joven del grupo, con apenas dieciocho años recién cumplidos…”

Madrid-Sky VII - Evento 1ra parte - FinalAntes de irnos a nuestro hábitat natural (el bar) elegimos la frase de comienzo de cuentos para el próximo certamen, el VII,  de nuestro concurso “Madrid Sky”. Esta vez la mano inocente fue la de Juanjo quien encontró esta frase en la página 133 del libro MADRID SKY:

Rechazó el ofrecimiento mediante un gesto

Está en el relato LAS OLAS SE ROMPEN SIN LLEGAR A LA PLAYA de Antonio Murga.

Hasta el próximo jueves.

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Reseña de: Josu Bilbao Munitiz

Me pilló por sorpresa saber que Mercedes Lázaro, mi compañera de la buhardilla de Primaduroverales algunos años atrás, presentaba su segundo libro en pocos meses. En la presentación del anterior, obra colectiva de relatos con otras cuatro compañeras, “Sobremesas manchadas de café y tinta”, Mercedes había estado exultante y seductora al hablar de sus textos. En este libro de poemas “Ayer encontré sueños olvidados” escrito solo por la autora, y en una segunda edición además, más elaborada, Mercedes mostró ese barniz seductor con mayor intensidad si cabe, y nos imbuyó de palabras tiernas, de tonos intimistas y de sus experiencias personales con las letras y con la vida.

ayer IIEn las tres partes en las que divide el poemario, Mercedes se abre de par en par para entregarse al lector como persona que añora (en “Nostalgias”), con una profunda vida interior (en “De puertas adentro”) y como sujeto que ama por encima de todas las cosas (en “Del amor”). Y cómo ama.

La veloz forma de expresarse, pizpireta, en persona que le caracteriza, queda en sus poemas ralentizada, y delicadamente nos propone un ejercicio de libertad creadora “porque deseo explorar otras letras”, libertad de la que también se han contagiado los prologuistas (sus  hijos Loreto y Nacho), y que inunda el verso libre de sus poesías.

mercedes-0047A nadie nos deja indiferentes esa forma de emocionarse con contundencia, como es ella, porque en “De la nostalgia”, ni un mal sábado, ni las ausencias, ni la cara y la cruz de la vida, ni aunque tenga que elegir entre la locura o la amnesia, y a pesar de haber cometido el peor de los pecados, la autora siempre supera los sueños deshilachados para encontrar los buenos, los sueños que estaban olvidados, los añorados sueños.

No nos costará adivinar a la Mercedes más íntima en “De puertas adentro” donde la vemos deambular en soledad, en silencio, a veces acompañada de una mujer que es licenciada en Amores Imposibles,  ofreciendo llaves para liberar mentes e iniciar corazones, o viendo pasar la vida en el Otoño, dibujando quimeras bajo las luces de un cielo eclipsado de luna, donde el príncipe azul convertido en sapo no recibe el beso que tanto desea.

Por último de su capítulo final “Del amor”,  nos presenta las poesías que  quieren describir el sonido de los abrazos o el color de los besos, una empresa ardua pero no imposible, y nos hace correr con alas de colores hacia donde el amor no revela dónde se encuentra, por el deseo, por el olvido, por la rutina, atravesando ráfagas, sin rumbo, hasta ver cumplidos los sueños, hasta el último beso. Pero las poesías del amor se escapan de este capítulo invadiendo el resto del libro entero, porque es sobre todo de amor y de su ausencia de lo que va el libro, y del amor encontramos referencias en muchos de sus poemas. No por nada ella, de oficio, se confiesa, querente. Querente y escribiente.

Mercedes, de quién en el prólogo se menciona su reconocimiento a Elvira Sastre cuya sombra se vislumbra, me sedujo en la presentación; es como que te cuesta decirle que no. Ahora, al terminar de leer el libro, me doy cuenta de que con sus palabras me ha sumergido en su universo íntimo. O me he colado yo. Con su permiso.

Y de entre todos los poemas con amor yo, de momento, me quedo con “Deseo” por lo que se insinúa, y por que me seduce:

Corre, rescátame, ven

a mi aparente oscuridad

al silencio donde te soñé.

Entre las ganas calladas,

enrédate. Y en la entrega:

esa luz que imaginabas.

¿Encontró realmente los sueños olvidados o fueron ellos los que la  encontraron a ella? No lo sabremos con seguridad pero tampoco nos ha de importar. Sin tapujos, debemos ser nosotros, los lectores, los que hagamos la digestión de esas letras y de esos sueños. Felicidades, Mercedes.

El libro “Ayer encontré sueños olvidados” ha sido publicado por la editorial Huerga y Fierro.

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Ver crecer la hierba

Por: Vicente Moreno

Así se describe a menudo el estilo de narración cinematográfica que se caracteriza por cierta lentitud en la narración en la que parece que no ocurre nada, y cuyo máximo exponente es el gran director francés Éric Rohmer.

Esta imagen se puede aplicar también a la sensación que uno tiene al asistir los jueves de este curso al taller literario en el que vemos como van surgiendo las historias, asistimos a su crecimiento y por qué no se discute de podas e injertos.

La tarde de ayer resultó muy completa en cuanto a las obras presentadas, en este camino hacia la construcción de sus novelas que han emprendido algunos de nuestros compañeros. La elección de temas, escenarios y personajes es muy variada por lo que estas jornadas del taller están resultando muy interesantes.

Imagen1Empezó Lourdes Chorro proponiendo la escena en la que sus personajes llegan al lugar en el que se va a desarrollar una parte de la historia. La destreza de la autora se observa no solo en la descripción física del espacio sino por el detalle con el que se dibuja a los personajes. Sirva un ejemplo:

“Amigo de todo tipo de bichos que repugnaban a su señora mamá, cuando la lentitud del coche de su padre se adentró en tierras de Extremadura quedó fascinado por los canchales que bordeaban aquellas praderas pobladas de encinas

José Miguel Espinar nos ofreció el comienzo de su proyecto para este año. Un inquietante relato en el que se percibe su pericia a la hora de crear un ambiente de misterio. Su propuesta está todavía en una fase temprana de desarrollo por lo que esperamos con interés por donde continuará esta historia.

“Cada una de estas madrugadas, cuando se despierta, tras un breve sueño, en el que últimamente no sueña nada, se hace la misma pregunta, cómo tardó tanto tiempo en darse cuenta de lo que pasaba con Jim. Desde entonces, la invade la extraña sensación de haber vivido una vida falsa, una vida que no le correspondía

Imagen2Más avanzado está el trabajo de Luis Marín sobre su historia de una familia en la Andalucía rural de la época republicana. Poco a poco los personajes van mostrándose más cercanos y reconocibles para el lector y ha ganado mucho la narración de los diferentes aspectos de la vida en el campo.

Acababan de montar el sombrajo cuando los segadores empezaron a llegar con el sofoco del mediodía. Apenas cuatro palos y una lona que les protegería del sol. Se abalanzaron sobre los botijos que habían estado toda la mañana a la sombra dentro del manantial de la fuente.

Imagen3Juanjo Valle-Inclán nos propone para este curso una ambiciosa trama de dos historias con ribetes policiales y cuyo punto de inflexión es un pacto con el diablo. Es de agradecer el empeño y dedicación  de nuestro compañero al presentar una elaborada muestra de la estructura y contenido de los capítulos que ya tiene identificados y ordenados.

“Y enfurecerá, y retorcerá más el cuchillo y me abrasará por dentro, me borrará todos los recuerdos para que, en el último segundo, antes de expirar, mi mente no guarde ninguna imagen, ningún nombre, ninguna emoción o sentimiento pasado. Moriré olvidado mis dos vidas. Y esa será su victoria final o al menos así lo creerá”

Por último Carlos Cerdán nos demostró como se puede describir a un personaje desde el punto de vista de otro, lo que es una prueba de la soltura con la que maneja su historia de este arribista que acabara ingresando en un convento. Seguimos con interés el desarrollo de la trama:

“Marcela calla, se deja llevar por Anselmo como si fuera un bulto del que se va a desprender. Él le va diciendo cosas que no escucha. Se debate entre asumir su tristeza o dejar salir su rabia”

Así terminó un día más una jornada del taller en la que vamos viendo crecer los proyectos como plantas incipientes en un huerto urbano.

Vicente Moreno

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Pocas veces hemos visto a un concursante tan contento como vimos a Miguelángel Flores el día que ganó el VI certamen Madrid Sky. Su cara irradiaba felicidad, se le dibujó una sonrisa enorme y a todos los que estuvimos cerca de él nos transmitió un poquito de esa felicidad y esa alegría que emanaba a borbotones de él. Luego demostró que es una persona agradecida, muy agradecida. Recibió con una alegría tremenda la publicación de su relato y, unos días más tarde, la grabación de un podcast con su relato, El amor por la ventana, en el magnífico blog Avozencuento, administrado por nuestro compañero José Jesús García Rueda.

Pero la vida no sonríe a todas horas, y cuando le pedimos una colaboración a Miguelángel Flores estaba pasando por un momento muy duro a causa de la enfermedad de dos familiares directos. No podíamos saber la circunstancia tan dolorosa que estaba atravesando nuestro, podemos decirlo ya, nuevo amigo. La vida ha golpeado con dureza esta vez con una de esas sacudidas que dejan mella para siempre, y le ha dado un bocado tremendo a parte de esta alegría que Miguelángel transmite. Sin embargo, él no ha querido faltar a su palabra y nos ha enviado su colaboración. Ha escrito esta vez con el corazón, con tristeza, con dolor, pero ha escrito lo que quería escribir, la verdad que le ha salido de dentro tal y como la ha querido contar. Cada palabra de este artículo está desgarrada por el dolor, por eso es necesario valorar la importancia de esta colaboración por su inmensa generosidad y por su hondura, porque está escrita desde un lugar desde el que muy pocas veces podremos escribir. Nuestro deseo es que la literatura sirva para devolverle poco a poco a Miguelángel Flores esa sonrisa que, por ahora, le ha quitado. Gracias, Miguelángel. Gracias, amigo.

LORCA ERA MARICA

Por Miguelángel Flores

Lo dijo tal cual el Cefe, uno que era muy guapo pero muy chulo y muy borde y muy imbécil y muy cabrón. Iba un curso más arriba. Yo no tenía nada contra él, pero él sí todo contra mí. Lo dijo estando en el recreo de la mañana. Y yo, que acababa de abrirme una pantera rosa, estuve a punto de tragármela con papel y todo para que no me delatara. Al final, opté por esconderla bajo la bufanda y avisé a uno que tenía al lado, que ni era amigo ni nada, que iba al lavabo. Y allí me la comí despacio, apretando el envoltorio en un puño y sin dejar de pensar en lo que había soltado el Cefe: Lorca era marica.

Yo de Lorca hasta entonces conocía lo poco que salía en los libros de texto del colegio. Recuerdo algunos poemas como “El lagarto está llorando” o “Romance de la luna”. Aunque aún no sabía de lo importante que era para él esa luna. Más tarde llegaría Manzanita con su “Verde que te quiero verde”, que yo tarareé a todas horas con mis hermanas, y que puso banda sonora al Lorca que ya anidaba a “tutiplén” en mi cabeza.  El mismo que fue restando espacio al Machado, de los mismos libros de lengua, y a Bécquer, del que sí tenía a mano su “Rimas y leyendas”, encuadernado en tela granate, con letras doradas, a juego con otros tantos ejemplares de otros autores, que servían de adorno en aquel mueble de madera oscura al que no le podíamos poner los dedos encima porque se marcaban. Bonita era mi madre con sus cosas.

La cosa es que aquella frase proclamada por el perdonavidas de mis patios de la EGB, me persiguió hasta ya bien pasada la adolescencia. Lorca era marica y por lo visto, no se podía decir. Salvo el Cefe, que lo cascó sin más. Y sin menos. Para un niño que nunca jugó al fútbol, a no ser que no hubiera más remedio; que se entretenía a escondidas con los recortables de sus hermanas; que siempre se quedó con las ganas de pedir una muñeca a los Reyes, que a lo máximo que osaba era a pedir unos patines; para correr mucho, añadía inmediatamente. A un niño con esas características, digo, en aquella época, una afirmación así fue como si le abrieran un huequito en la mazmorra, que cada vez se volvía más pequeña y oscura, por la que sacar la nariz para respirar como todos. Sospechar que García Lorca podía haber sido un niño con el mismo miedo que tú, pero que luego de mayor llegó a convertirse en el gran escritor que todos conocían, me hizo sentir que no estaba tan solo ni tan enfermo en aquel mundo de sanos y avenidos. Eso sí, desconocía, y aún tardé mucho en enterarme, que ese fue uno de los motivos por los que el poeta granadino fue asesinado.

Después de aquello y a lo largo de los años posteriores, mi afán intermitente fue hallar la certeza de que era verdad. De que el Cefe en aquella época ya sabía algo que los demás ni intuíamos. Porque el Cefe era un cazurro bien peinado, pero no era tonto, ni mentiroso. Claro, yo no osé llegar a casa y preguntar si Lorca era marica. Lo primero, porque por entonces muchos en casa no habrían sabido ni quién era ese señor. Y lo segundo, porque que a mí me importara saber si un hombre era marica o no, era levantar muchas sospechas. Más aún. Tampoco lo pude preguntar en el colegio. No por entonces. Bastante problema tenía ya con esa mano lánguida que me dejaba en evidencia continuamente, como si tuviera vida propia, ante los demás.

Así que yo, que leía de continuo y hasta entonces me había conformado con cualquier cosa que hallara por casa: fotonovelas de Corín Tellado, novelas de Marcial Lafuente, El Caso, tebeos, y aquellos libros que decoraban nuestra librería, deseé con todas mis fuerzas conocer más profundamente al autor que podía darme luz. De modo que comencé a ir a la biblioteca del barrio y, entre libro y libro de “Los Hollisters” y “Donald y el tío Gilito”, buscaba en sus poemas, a ver si realmente hallaba una pista que me sacara de dudas y de tanto silencio. Conseguí leer enteros “Romancero Gitano”, “Poema del cante jondo” y todas las obras de teatro publicadas hasta entonces. Leí “Los títeres de cachiporra”, “Doña Rosita la soltera”, “El amor de Don Perlimplín”, “La casa de Bernarda Alba”… En todo, en cada verso, cada réplica, cada estrofa, creía atisbar un pequeño mensaje, una pista, una minúscula señal de su secreto. Fue por esa época que me dio por ser lorquiano a más no poder. Y lo mismo escribía poemas, que pequeños textos teatrales, con mucha luna, mucho puñal, mucha plata, mucho simbolismo y mucho desgarro de entrañas y de lo que hiciera falta desgarrar, con tal de que se viera hasta arriba de duende y mensajes por descifrar.

Hasta que llegué al instituto no pude preguntar abiertamente sobre ello. Fue a mi profesora de lengua castellana, que se llamaba Carmen. Un día a solas y cuando ya tenía la certeza de que no era peligrosa. Ella me respondió: sí, Miguel Ángel (por entonces aún me llamaban por mis nombres separados), sí, me dijo, Federico García Lorca era homosexual. Vamos, marica, le dije yo, que no quería llevarme a error ni desilusiones. Ella fue también la persona que me habló, siempre muy bajito, por primera vez de “Los sonetos del amor oscuro” (aún por entonces prohibida su publicación en España) y de sus amores con Dalí y de las causas de su asesinato. En aquel tiempo ya hacía unos años que el dictador había muerto, pero para nadie era fácil conseguir información clara sobre el tema. Con los años se hicieron series en televisión. Y vieron la luz sus sonetos. Y las cartas que intercambió con el pintor y otros autores y amores. Y se publicaron ensayos sobre sus relaciones amorosas. Y yo, aunque ya no necesitaba sentirme respaldado, ni precisaba de apoyos para levantar la cabeza como cualquiera, y la mazmorra oscura la había hecho añicos a base de besos y refriegas, como agradecimiento, me fui haciendo con todo lo que se publicaba de él y sobre él. Porque yo, que toda mi vida busqué salvarme, con Lorca descubrí la dicha de no hallar la salvación.

Miguelángel Flores. Enero 2020.

 

Miguelángel Flores ha escrito más de una veintena de micropiezas de teatro y ha destacado en diferentes concursos de microrrelato: En el certamen Relatos en Cadena fue finalista anual los años 2013 y 2014. También ha ganado los certámenes Wonderland, La Microbiblioteca y el certamen Monte de Piedad-Carmen Alborch, entre otros. En 2014 publicó con la editorial Talentura su primer libro de microrrelatos en solitario: De lo que quise sin querer. Actualmente sigue escribiendo teatro y microrrelatos con la idea de publicar un nuevo libro. Mientras tanto mantiene vivo un blog de microrrelatos y otros atrevimientos, al que llama Eternidades y Pegos porque considera que la vida está llena de ambas cosas.

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Diego Mattarucco es un poeta especial. Argentino, afincado en España, cuenta de él mismo en su magnífica página web http://diegomattarucco.com/ que su DNI dice Diego Mattarucco, por lo que debe ser hombre; aunque si nació de una hembra unida a un hombre es que debe ser un poco ella, también…  Y así, escribiendo y jugando con el vocabulario te va envolviendo en sus ideas, en sus reflexiones, en sus juegos de palabras y, si lo ves en directo, en la plasticidad de la puesta en escena de sus obras, hasta que te convence de que estás presenciado un espectáculo único y estás ante un poeta, autor de teatro y escritor muy especial.

Una actuación de Diego Mattarucco sorprende siempre, y deja al espectador con una agradable sensación de bienestar. Acudir a la presentación de uno de sus libros es casi como acudir a una de sus representaciones, porque su cabeza no tiene límites, no es capaz de controlar sus ganas de improvisar, de crear, sus ganas de ser libre… y eso, el público, lo agradece siempre. A continuación tienes una muestra de sus versos reflexivos.

Diego Mattarucco presenta su nuevo libro, Las mismas piezas, el domingo 9 de febrero a las 12.30, (hasta para eso es original) en la editorial Huerga y Fierro (calle Sebastián Herrera 9, distrito de Arganzuela). Es una magnífica ocasión para conocerlo.  ¡No te lo pierdas!

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