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Archive for 30 abril 2020

En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

 

Diario de un confinamiento

La VPN

Por Vicente Moreno Nieto

Para cuando empezó el confinamiento yo tenía bastante práctica con las herramientas habituales del teletrabajo, que en mi caso son dos: la VPN, que es una tecnología que permite que desde cualquier dispositivo conectado a una red, por ejemplo la de tu casa, puedas conectarte a otra red, digamos la de tu venerado lugar de trabajo. Las siglas obviamente son de palabras inglesas (Virtual Private Network) y tienen una fonética horrible en castellano. El  otro programita, que puedes encontrar en el ordenador de tu casa si buscas un poco, tiene el esclarecedor nombre de Conexión a Escritorio Remoto. Con la combinación de ambos uno se conecta a su ordenador del trabajo, si previamente lo ha dejado encendido, y puede trabajar exactamente igual que si estuviera sentado en su puesto de trabajo pero con la ventaja de hacerlo en pijama, eso sí, el de las grandes ocasiones.

Como decía, llevo mucho tiempo usando este sistema, por ejemplo en vacaciones para resolver asuntos que no entienden de festividades ni de estancias en la playa. Me conectaba, y si había algo urgente lo resolvía ¿En bañador y chanclas? Por supuesto. Así que el 16 de Marzo, primer día laborable del confinamiento, empecé la jornada a las ocho de la mañana abriendo el chat del grupo de Telegram que usamos en mi trabajo para comunicarnos. Todos bien y al pie del cañón, cada uno conectado a su ordenador del trabajo y comprobando las diferentes cuentas de correo institucionales que atendemos para recibir las peticiones de soporte técnico a los usuarios, que es a lo que nos dedicamos. Y usuarios tenemos más de quinientos, cada uno con su ordenador conectado a la red,  su teclado y ratón junto a un montón de impresoras, todos ellos aparatos que tienden a fallar en algún momento. El problema de este trabajo es que no se puede predecir cómo va a ir el día, puede ser un día tranquilo en el que hay pocas incidencias, o las que hay son fácilmente resolubles, o por el contrario, puede coincidir una caída general de la red (relax total para nosotros porque sin red no podemos hacer nada, el marrón para los de Comunicaciones,) con un día en que vence algún plazo final para la firma de algún convenio de Investigación, o se tiene que entregar el presupuesto en la Comunidad de Madrid. En estos casos el pánico es generalizado y, como además no funcionan los teléfonos, ya sabes Telefonia IP, el gran invento que te han puesto en casa para que si se va la luz no tengas Internet ni puedas llamar por teléfono para quejarte, pues solo queda como única solución dar voces por los pasillos. También es mal día cuando les da por fallar a los dos pecés  más importantes, el Ordenador Número Dos (el del Rector) y el Ordenador Número Uno (el de Toño, un compañero administrativo que lleva la SAGRADA NÓMINA. En este caso el nerviosismo se traduce en un aluvión de llamadas de los diferentes niveles jerárquicos preguntando como está el tema. Normalmente el tema se resuelve y todo vuelve a la tranquilidad.

Pero he aquí que un día la mayoría de esos usuarios se quedan es sus casas obligados a trabajar desde casa. ¿Habíamos preparado algo para esta eventualidad? Pues lo que pudimos, que fue configurar todos los ordenadores para que pudieran recibir peticiones de conexión remota y redactar unas instrucciones de lo que tendrían que hacer los trabajadores en sus casas llegado el día del encierro. Y, lo más importante, recordar a los usuarios que NO APAGARAN LOS ORDENADORES cuando acabaran su jornada, porque aunque  los compañeros de Comunicaciones nos habían comentado que  hay una posibilidad de encenderlos remotamente, también hay quien dice que próximamente habrá computadores cuánticos.

En cuanto Telegram nos dijo que estábamos todos listos para la batalla nos distribuimos las diferentes tareas para empezar la jornada, cada uno desde su casa y Bill Gates en la de todos.

Las primeras peticiones llegaron por correo electrónico  de usuarios que no conseguían conectarse ni siguiendo las instrucciones recibidas, les fuimos ayudando mediante pantallazos o por teléfono resolviendo los diferentes problemas que se presentaban, había quien tenía en casa un ordenador muy antiguo y sin actualizar o quien tenía un PC de Apple muy bonito (me lo regaló mi hijo para ver a los nietos), pero no sabían usarlo para trabajar, o quien quería usar una tableta (Señor dame paciencia), que está bien para ver el correo y nada más. Y también había unos cuantos casos de gente que no tenía ordenador en su casa. ¿Cómo pensaban teletrabajar? Ah, eso era problema nuestro. Tuvimos que improvisar el envío de portátiles de préstamo desde las bibliotecas de las escuelas universitarias al domicilio de los usuarios mientras se gestionaba la compra urgente de más portátiles para que no se quedara nadie sin trabajar. Y SÍ, también había unos cuantos casos de gente que había apagado el ordenador. ¿Solución? El vigilante de seguridad tuvo que recorrer las plantas del edificio resucitando los aparatos muertos.

Y así llevamos un mes, con una media de más de trecientas personas conectadas (no todos tienen que teletrabajar, hay gente de baja por enfermedad, vacaciones, jardineros, personal de mantenimiento, conductores etc…) pero el trabajo va saliendo, no al mismo ritmo que si estuviéramos de forma presencial pero, por lo menos, las tareas más esenciales se van resolviendo. Y es que el mayor problema de este asunto es que dependemos de la dichosa VPN, que tiene la costumbre de desconectarse sin previo aviso, y en el momento más inconveniente, cuando tienes abiertas un montón de ventanas en el ordenador del trabajo desde el que te has conectado a otros dos equipos de usuarios. Y toca esperar a que vuelva a estar operativa con la secreta y vergonzosa esperanza de que no se recupere nuncaaaaa.

 

Vicente Moreno es miembro de la asociación Primaduroverales. Es coautor de los libros Madrid Sky y 2056 Anno Domini. En 2018 resultó ganador del certamen de relatos breves Guindostán.

 

 

 

Selección de la música: Carlos Cerdán.

Depedro. Hombre bueno.

Era una paloma
Buscando un marinero
Y llevarle el mensaje
Que ya no había puerto.
Y me decía, esto va salir bien…

 

 

 

 

 

 

 

 

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Diario de un confinamiento

Salvar la Memoria

Por Luis Expósito Rodríguez

De repente me vino la idea y ya no he podido parar. Una de las crueldades de esta pandemia es la de banalizar las muertes con cifras. Las que nos muestran  los informativos monotemáticos de estos días y las que escuchamos en las titubeantes comparecencias oficiales, que tratan las bajas en clave estadística, como un macabro ratio comparativo.

Me pregunté, ¿y al margen de certificados, una lápida y tal vez una esquela?, ¿qué va a quedar de esas vidas robadas por el cobarde virus?, ¿qué poso dejarán en la memoria familiar, en los amigos, en la sociedad?. Y me respondí, más bien poco. Fotos sí, vídeos también, pues esos fragmentos vitales inundan hoy las tarjetas de memoria, pero ¿sabremos quienes fueron realmente?, que les apasionó, a donde viajaron, de quién se enamoraron, con que se emocionaron, que les preocupó y tantas otras cosas. Me temo que no.

Aprovechando el caudal de  tiempo que está situación inédita nos ha aportado, me senté frente al portátil y me dije, “a mí no me va a pasar”. Así que, con esfuerzo y paciencia, he activado los recuerdos de mi carnal disco duro y me he puesto a navegar por las aguas del tiempo en busca de mis singladuras y las de mis ancestros. Ya sabéis que el verdadero goce está en el camino no en la meta, por ello estoy disfrutando.

Junto al recuerdo familiar, he explorado  el contexto histórico y social que lo acompañaba, indagando por los múltiples senderos que ofrecen los mágicos buscadores de la red. A veces, la tenacidad te premia con hallazgos sorprendentes y detalles biográficos que facilitan la empatía con los ancestros y su mejor comprensión.

La feliz iniciativa se ha ido transformado en adicción, las horas transcurren sin sentir y las páginas se multiplican. Para completar lagunas, he disfrutado del contacto con los familiares cercanos y otros largo tiempo archivados, poniendo en valor la fuerza del vínculo y la memoria común.

Según avanzaba, he podido percibir la dura existencia de mis abuelos,  vivir el noviazgo de mis padres, pasar un domingo en el Parque Sindical, jugar con mis amigos de infancia y saborear mi etapa escolar. Por si fuera poco, me he vuelto a enamorar, he rememorado la emoción por el nacimiento de mis hijos y la pasión por antiguas hazañas de mi Atleti. Por momentos me han invadido la añoranza y la pena por los que se fueron aunque, seguro, han agradecido mi recuerdo.

Como los novelistas de antaño, he comenzado a enviar los capítulos a mis íntimos suscriptores, generando la ansiedad por la siguiente entrega. Y así concluye esta página de mi diario, que no es triste, sino  un homenaje a esas muertes con nombres e historias que no merecen ser olvidadas.

Abrazos, amigos.

 

 

Luis Expósito Rodríguez (Madrid, 1959), es Licenciado en Derecho, Diplomado en Dirección de Personal y MBA. Director de RR.HH. durante muchos años y humanista por vocación. Lector empedernido y ocasional escritor de artículos profesionales y de dos libros colectivos: RRelatos HHumanos y  RRetratos HHumanos. Miembro y Líder de la Comisión de Comunicación de DCH.

 

 

 

Selección de la música: Alicia Gallego

Eagles. Hotel California.

Más adelante, en la distancia,
vi una luz brillante,
mi cabeza empezaba a pesar, y mi vista oscurecía,
tuve que parar a pasar la noche.

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Diario de un confinamiento

Diario único

Por Antonio Blázquez Madrid

Nunca tuve la tentación de escribir un diario personal o íntimo, ni siquiera en aquellos lejanos y casi olvidados años, cuando las sensiblerías propias de la adolescencia nos predisponían a plasmar en el papel, como si de un preciado secreto se tratara, los escarceos tenidos con los primeros amores o las decepciones sufridas. Y ese mismo criterio lo he mantenido durante el resto de esta ya larga vida que llevo recorrida, porque (aunque puede que de manera equivocada) pienso que los sentimientos, las sonrisas y las lágrimas propias son tan similares a los lloros, las risas y las emociones ajenas, que nos llevan, irremediablemente, a esos ‘lugares comunes’ que tan poco aportan a los demás. Pero en esta larga cuarentena, cuando el tiempo se hace largo y las vivencias rutinarias, he roto por primera vez con todos mis criterios, para dejar constancia aquí, a modo de diario, de los sentimientos de un día de confinamiento forzado. Hoy, flotando entre el aire prisionero que me rodea, me ha parecido ver escrita, en letras mayúsculas, la palabra: ESPERANZA, y eso me ha llevado a creer en un mundo nuevo más justo y atractivo para vivir, alejando de mi mente cualquier otro pensamiento negativo de un futuro incierto y negro.

Mañana será otro día y…, es posible, que mis pensamientos sean estos mismos o, por qué no, otros muy distintos, aunque  de lo único que estoy seguro es de que volveré a estar alejado de los ‘lugares comunes’.

 

Antonio Blázquez Madrid (Macotera, Salamanca, 1952). Ha obtenido diversos premios literarios, entre ellos los primeros premios de los certámenes de narrativa “José Rodríguez. Dumont”, Internacional Membrilla la del Galán de Lope, y Concurso de Relatos de la Asociación Cultural Cerdá y RicoHa publicado sus cuentos en varias antologías y libros colectivos: Antología de relatos de terror Círculo Rojo, (Ed. Círculo Rojo); Pequeños Grandes Cuentos (Ed. Ábaco); Novísimos, (Ed. El País Literario); Cuanto Cuento (Ed. Acumán); Primaduroverales, cuentos, compartiendo autoria con otros autores. Es autor de las novelas El triángulo (editorial Atlantis), La ciudad negra (editorial Amarante) y JFC Justicia Reparadora (Grupo editorial Tierra Trivium) y del libro de relatos El último destino (Fussion editorial). Actualmente colabora con la Asociación Cultural Amigos de Macotera con la publicación periódica de relatos.

 

Selección de la música: Carlos Cerdán.

Françoise Hardy: Tous les garçons et les filles.

Todos los chicos y
Chicas de mi edad
Se pasean por la calle en pareja.
Todos los chicos y chicas de mi edad
Saben bien lo que es ser feliz.

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Un paseo por la huerta de Valencia.

 

Diario de un confinamiento

Un día cualquiera

Por Cruz del Valle Pintos

Mi amiga Mercedes me envía fotos de su jardín. Han florecido las calas, los lirios azules, las aves del paraíso. En un pequeño video se ve la agitación de las hojas de un bosquecillo de bambúes y se escuchan los trinos misteriosos de los pájaros afanados en despertar la mañana y rendir su tributo a la vida.

El jardín de Mercedes termina en una de las acequias que riegan las huertas que se encuentran un poco más allá. Ese jardín decimonónico siempre me pareció hermoso. Y unas huertas llevan a otras, las colindantes con las tapias de mi colegio.

Decidimos un día hacer el camino desde Valencia al colegio andando los seis o siete kilómetros que los separaban y recorríamos habitualmente en autobús escolar. Fijamos un punto de reunión, y desde ahí salimos caminando un puñado de chicas de 15 años, felices de nuestra aventura a pesar del madrugón y pertrechadas no solo con las carteras, sino también con comida para el “viaje”. Una foto nos muestra apiñadas alrededor de una barra de pan que mordíamos alborozadas por sus extremos.

Recuerdo la excitación y la alegría con que emprendimos la caminata. No sé quién estableció la ruta, qué conocimientos tenía la que la diseñó, pero sí sé que atravesamos unos suburbios miserables que nunca antes habíamos visto. Recuerdo la sorpresa cuando cruzamos aquella orla de miseria que, seguramente, acalló nuestras voces y risas por un rato y nos enseñó lo poco que conocíamos de nuestra ciudad y lo pequeño de nuestro mundo en cuya aparente armonía y perfección ya se empezaban a abrir grietas. Luego la sensación maravillosa de hacer rodar la tierra con tus propias pisadas, la activación de nuestro cuerpo y nuestra sensibilidad con la enérgica marcha mañanera y la llegada al colegio por un lugar inédito a través de las huertas. Recuerdo el despertar de la huerta, el sol ya iluminándola con su luz oblicua, la tierra arada y dispuesta en surcos de algunas parcelas, el rocío sobre las hojas de las plantas de otras, y el movimiento de labradores, carros y bestias que se dirigían perezosamente hacia sus labores.

Así que hoy he salido de casa dos veces, una al jardín de mi amiga, otra a mi paseo huertano de hace “siquisientos” años.

 

Cruz del Valle Pintos es miembro del Taller de Creación Literaria. Le gustan la lectura y las artes plásticas y de vez en cuando hace pinitos con la escritura de pequeños relatos. Es licenciada en Psicología y ha trabajado en la administración pública y en intervención comunitaria con grupos.

 

 

 

Selección de la música: Carlos Cerdán.

Jim Croce: I got a Name.

Como los pinos que bordean el camino sinuoso,
Tengo un nombre, yo tengo un nombre;
Al igual que el pájaro que canta y el sapo que croa,
Tengo un nombre, yo tengo un nombre.

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Un relato de Alberto Palacios Santos.

 

Diario de un confinamiento

 Doncellas.

Por Alberto Palacios Santos.

Hace unos años viví en una ciudad en la que, sin causa aparente, las adolescentes caían fulminadas en los pasos de peatones. En una ocasión yo mismo pude ver a un grupo de colegialas uniformadas cuando cruzaban a toda prisa una avenida demasiado ancha.

Algunas reían, otras gritaban, otras solo apretaban los dientes y corrían. Solo una simulaba verdadero terror. Cayeron dos. Fue algo bello, como una ópera italiana o una tragedia griega, sus mochilas volaron y aterrizaron junto a las ruedas de un coche negro, sus cabellos revolvieron el aire de forma salvaje, sus cuerpos parecieron posarse lentamente sobre el asfalto, sus compañeras gritaron eufóricas o aterrorizadas.

Las autoridades locales trataron de solucionar el caso. Pero los médicos forenses no encontraban en aquellos cuerpos signos de muerte violenta y los inspectores de policía no sabían por dónde empezar.

Se registraron sus casas, sus móviles y sus ordenadores. Se interrogó a familiares y a amigos. Llegaron especialistas en psicología, en medicina interna, en criminología, pero ninguno averiguó nada. Solo había un dato claro, todas las víctimas eran vírgenes.

Y todo tomó su curso, el curso natural de las cosas. Ignorando voces reaccionarias las jovencitas de aquella ciudad optaron por la supervivencia y dejaron su virginidad en la primera cama que encontraron.

Ahora, cuando voy por allí y tengo que cruzar un paso de peatones, miro siempre para ver si hay chicas esperando y, cuando encuentro a alguna y la miro a los ojos, siempre me sonríe ruborizada.

 

Alberto Palacios fue segundo premio en el II certamen Madrid Sky (2015) y tercer premio en la V edición (2018). Es autor de la obra de microteatro Siente un cuñado a su mesa. Ha ganado numerosos certámenes literarios, entre ellos el concurso historias por la igualdad, convocado por Zenda (2017). Sus relatos están publicados en diversas antologías, entre ellos el relato Imitando a Chejov, publicado en un recopilatorio de los finalistas del IX Certamen Internacional de Relato Breve Sobre Vida Universitaria, convocado por la universidad de Córdoba (2016).

 

Selección de la música: Alicia Gallego.

Chuck Berry. You never can tell.

Tenían un tocadiscos de alta fidelidad,
que chico, dejaban sonar a todo volumen.
Setecientos discos sencillos,
todo blues, rock, rhytm y jazz.

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Un relato de José Sainz de la Maza

 

Diario de un confinamiento

BREVIS FABULA TEMPORIS CORONAVIRUM

PRIMERA PARTE: PARECE QUE LA CURVA SE APLANA

Por José Sainz de la Maza

Mi vida en confinamiento cambió radicalmente el día que descubrí que se me había abierto un agujero en una de mis zapatillas de estar por casa. Tienen un diseño original (nada parecido a las pantuflas de paño a cuadros y bordes tipo cordón) y por eso mismo me costaron más del doble que las convencionales. Sin embargo, se ha hecho un agujero y el meñique de mi pie izquierdo ha quedado patéticamente al descubierto. ¿Cómo sobrellevar con dignidad el encierro con una zapatilla en ese estado?

Como si por ese agujero se hubiera escapado mi capacidad de resistencia, tras su eclosión dejé de hacer ejercicio y de afeitarme todos los días. Fue como si hubiera perdido la fe de un día para otro. ¿Qué fe? Pues no sé, todas las fes, la fe en el género humano, por ejemplo. Ni mujer ni mi hijo me sirvieron de apoyo. Ellos tenían entre sí una guerra particular que los absorbía y los sumía en un tenso silencio que sólo rompían para discutir. No llegaron a darse cuenta siquiera de que se me había abierto un agujero en la zapatilla izquierda, mucho menos que cada día era más grande y que en la derecha, el rozamiento en el tejido y su ya acusada delgadez anunciaban la aparición de un nuevo agujero con una perturbadora simetría respecto al anterior. Me inquietó la capacidad perforadora de los meñiques de mis pies, porque fuera cual fuese el motivo inmediato, por detrás, como causa primera, estaría la edad.

¿Cuál era la guerra particular entre mi mujer y mi hijo? Un día sin que previamente diera señales de decrepitud, el ordenador de mi mujer falleció. No llegó a sufrir agonía, simplemente una mañana no se encendió por más que intentamos reanimarlo. ¿Se puede en estos días comprar un ordenador y que te lo sirvan en un plazo inferior a diez días? ¿Existe algún medio de reparación urgente de equipos informáticos en estado de alarma? Como mi mujer trabaja desde casa, requisó la tablet de mi hijo sin derecho a réplica, alegando motivos de emergencia familiar. De nada le sirvió al muchacho el argumento de los deberes y actividades del instituto, todos sabíamos que era una patraña.

Así que esta era la situación, mi mujer hasta arriba de trabajo y con un humor de perros, mi hijo adolescente aburrido permanentemente tumbado en el sofá, con un humor de perros y yo con un agujero en la zapatilla y sin fe en nada. Para entretener el silencio de aquellos días, me aficioné a traducir del latín: Gallia est omnis divisa in tres partes. Sin embargo, poco después todo esto cambió.

 

José Sainz de la Maza es miembro de la asociación Primaduroverales. Ha resultado ganador de varios certámenes literarios, entre ellos el V certamen literario Villa de Cabra del Santo Cristo y el IV certamen de relato Navidad Solidaria, organizado por la biblioteca de Castilla La Mancha. Es coautor de los libros Madrid Sky (Uno editorial), 2056, Anno Domini, Incómodos (editorial Relee), Error 404 (editorial Relee) y Arritmías (editorial Relee).

 

 

Selección de la música: Alicia Gallego.

Dire Streits: Money for Nothing.

Déjame decirte que esos tios no son tontos,
quizás consigas una ampolla en tu meñique,
quizás consigas una ampolla en tu pulgar.

 

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Colaboración especial de Juan Antonio Esteban.

 

Diario de un confinamiento

Ya no soy yo

Por Juan Antonio Esteban Bernardo

Me sorprende que aún me crea cuerdo.

Algo o alguien me ha quitado el protagonismo que tenía en mi vida. Sin preguntarme, se ha metido dentro de mí y me está transformando.

Sólo tengo una imagen real del mundo real, la visión estática de la calle vacía desde mis ventanas. El resto, son pantallas que poco a poco son más iguales. Personas con la misma barba, que me hablan pero no me miran, todos enfocan su vista al mismo sitio, como si estuvieran avergonzados o, me temo, como si yo realmente no existiera.

Cada día soy más autómata, y por eso mis sueños son progresivamente más lúcidos. Les gusta perturbarme, seguir vivos y vívidos más allá de la noche.

Mis placeres son cada vez más simples y primarios. Una comida. Un rato para leer. Un rato para escribir.

Incluso el dolor, ese dolor que ahí fuera debe ser infinito, de una crueldad inigualable, me parece demasiado a menudo artificial.

Dicen que cuando esto acabe todo debería ser distinto. No creo que quiera. Temo no estar preparado, salvo que algo que no seré yo me sustituya, y que confío en que, si alguna vez lee esto, me reconozca.

 

Juan Antonio Esteban Bernardo (Madrid, 1966) es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Director de Recursos Humanos de ALSA. Apasionado de la literatura ha escrito numerosos artículos en libros y revistas de su sector profesional. Es administrador del blog En persona 2.0, donde expresa su opinión sobre temas de actualidad con una visión generalista y muchas veces irónica. Es coautor de los libros RRelatos HHumanos (Lid editorial) y RRetratos HHumanos (editorial Kolima).

 

Selección de la música: Alicia Gallego

The Rolling Stones. Start me up.

Si me enciendes
Si me arrancas, nunca me detendré
Si me enciendes
Si me arrancas, nunca me detendré

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Por Luis Fernando Jiménez

Es inevitable que este atípico día del libro quede bajo el oscuro manto que un virus extiende entre el arcoíris y nuestras cabezas. Agravado, si cabe, en un paciente (libro) que con anterioridad ya permanecía en una UCI.

Nuestros pasos no podrán perderse este año entre las casetas de la feria del libro, ni disfrutar del olor a literatura que desprende la Cuesta de Moyano. Tampoco las firmas y dedicatorias dormirán en nuestros libros preferidos.

Los nuevos formatos del mercadeo global de la cultura quizás salven al libro (e-Libro). Pero los libreros y las librerías donde vive la literatura que no tiene cabida en otras estanterías, no aguantarán mucho más tiempo. En la misma situación está gran parte del mundo de la cultura. En nuestras manos está consumir en los cercanos bares de la cultura, donde el tabernero ya sabe de antemano que queremos tomar, incluso que tapa nos apetece en ese momento.

Entre los escritores que desgraciadamente nos han abandonado este año, aunque a medias, pues los escritores nunca se van del todo, quiero mencionar a Luis Sepúlveda, escritor chileno. Encarcelado y después desterrado por Pinochet, se enamoró de Asturias y allí, en Gijón, murió por Covid-19 este mes de abril a los 70 años. Así empieza uno de sus libros.

“La manada de hombre, tiene miedo, lo se porque soy un perro, y el olor ácido del miedo me llega al olfato. El miedo huele siempre igual. Es tan fuerte el hedor del miedo de los hombres, que perturba los aromas de la tierra húmeda, de los árboles y de las plantas. El aire también me trae, aunque levemente, el olor del fugitivo, pero él huele diferente, huele a leña seca, a harina y a manzana. Huele a todo lo que perdí”

Historia de un perro llamado Leal

 También, en este 2020, se cumple el centenario de la muerte de don Benito Pérez Galdós. Aprovecho para dedicar estos párrafos de Galdós, a todos los abuelos que se han ido en esta pandemia.

“Ha traído el día y la noche. Cuando embarcó para allá, había desperdigado toda su fortuna. Esperaba recoger otra, que le ofreció el gobierno de Perú, por las minas de oro que allá tuvo su abuelo, el que fue virrey. Pero no le dieron más que sofoquinas, y ha vuelto pobre como las ratas, enfermo y casi ciego, sin más cargamento que el de los años, que ya pasan 70. Luego, se le muere el hijo en quien adoraba…”

El abuelo, 1897

Sean nuestros libros tablas de surf, o sean, tablas de náufrago, solo deseo que el 2021 sea el año de la pandemia del “coronalibros”.

Luis Fernando Jiménez cursó estudios de Derecho y Filosofía en la Universidad autónoma de Madrid (1979-1985). Ha vivido muchos años en el extranjero, entre Bruselas y Amsterdam, dando clases en academias, sobre todo para hijos de emigrantes. Siempre tuvo interés por la escritura y a su vuelta a España, en Madrid, un taller de creación literario con Álvaro Pombo como profesor le animó definitivamente a adentrarse en el mundo de la creación literaria.

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Homenaje a José María Calleja.

 

Diario de un confinamiento

Día 12

José María Calleja

Por María Sánchez Robles.

Ha muerto José María Calleja, y con él, se ha muerto una parte de mi vida. Una de hace 18 años.

Yo tenía la edad de las cosas tiernas, del pan dulce y del arroz recién hecho. Había salido de Alcorcón cual pueblerina para ir a Getafe, de manera que mi recorrido no era gran cosa. Sin embargo, sí lo era, puesto que Getafe había sido una decisión propia, sopesada, con conocimiento. Después de visitar la Universidad Complutense donde a la Ángela de “Tesis” casi la matan, mis amigas y yo regresamos a nuestra “ciudad dormitorio” desilusionadas, y acojonadas, ya que Amenábar no le había tenido que poner mal rollo extra cinematográfico a lo que se ve en su obra maestra. La facultad de periodismo de la Complu es andrajosa, una verdadera cárcel, gris de urna e intrincada como un laberinto en el que nunca conseguirías llegar a tu bocata de chorizo olvidado.

Así que Getafe, la Universidad Carlos III, se había convertido en la promesa de todo lo que los largos años de universidad nos tenían deparado. La universidad, por fin la universidad. Atrás quedaba el instituto mediocre, la Selectividad que casi acaba con nuestro estado físico después de esos madrugones y esos atracones de apuntes, y por fin empezaba nuestra vida, una vida que estaba en stand by, esperando a que la nota de corte nos diera, aguardando a que pasara ese verano de una vez para comenzar la adultez de nuestras vidas.

Y, lo cierto, es que, al menos el primer año no nos defraudó. La universidad estaba llena de chicos y chicas de otros lugares que no eran Alcorcón, y un autobús te llevaba al Retiro tras las clases y frente a las tortugas te quedabas hablando de Kant y del imperativo categórico, de Norberto Bobbio y su positivismo jurídico, de Kafka y Proust mientras te parecía que el tiempo nunca sería perdido y que nunca lo buscarías.

Qué tardes.

Qué días.

Qué historias de amor, de cine, de tejados a las cinco de la mañana, de plantas que se nos morían en verano, aunque nuestros padres nos habían dejado encomendados su riego, porque estábamos demasiado ensimismadas en Bjork, o en patearnos las calles de Malasaña. O, simplemente, porque no queríamos salir de aquel cuarto, el de tu madre, lleno de más tardes y más días, dentro de un cuarto con plantas que no regábamos y tejados a las cinco de la madrugada.

Y, a todo esto, Calleja. Calleja y su sorprendente forma de emplear el lenguaje, su rapidez verbal, su energía y entusiasmo, su firmeza y su vieja escuela periodística, y sus escoltas esperando afuera de la clase, y su manera de fomentar el debate, y de concienciarnos de que siempre, siempre, siempre, tendríamos que agarrar al lector por la solapa y luchar contra el cruasán. Calleja me enseñó a apreciarme cuando, delante de todos los compañeros, aplaudió el gesto de ir a limpiar las playas de Galicia el año en que el petrolero Prestige ocasionó aquel terrible desastre en el mar. Yo volvía con las manos ennegrecidas de hundirlas en la arena, y de frotar las rocas mientras la marea subía a mi espalda, cuando él nos hizo tomar conciencia de la importancia de escribir sobre aquello que era denunciable. Sobre aquello que debía ser gritado y contado, sobre aquello que no podía quedar oculto en la historia, como los pogromos que tuvieron lugar en Polonia y tantas otras cosas a las que intentamos no mirar.

Calleja representa una idea que fui, una fotografía que está guardada en el fondo de alguna caja en la estantería más alta, llena de polvo. Calleja, el tejado de Madrid a las cinco de la mañana, las calles de Malasaña, All is full of love de Bjork, el petróleo negro en mis manos de libertad.

 

María Sánchez Robles nació en Madrid. Es periodista, profesora de español y siempre ha estado vinculada al mundo del contenido. Ha trabajado en el periódico “La Razón”. Su gran pasión es la literatura. Escribe relatos cortos y pertenece a la asociación Grupo de Escritores Primaduroverales desde el año 2015. Es coautora del libro de relatos 2056 Anno Domini. Ahora también es madre a tiempo completo.

 

 

Selección de la música. María Sánchez Robles.

Björk: is full of love.

Amor, amor, amor, amor, amor, amor, amor, amor, amor
no hay nada que puedas hacer que no pueda ser hecho
nada que puedas cantar que no pueda ser cantado

 

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Los diarios serán nuestra ocupación hasta que podamos volver a reunirnos en nuestra clase de cada jueves para hablar de literatura y reanudar el taller. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

Diario de un confinamiento

Diario de un confinamiento de Laura de la Casa

21 de abril de 2020

En el taller literario de mi tía están escribiendo un diario de confinamiento, y hoy quiero hacer el mío.

Me despierto muy temprano. Al abrir los ojos, mi primer pensamiento es que esto se debe a una pesadilla, a un mal sueño, pero no es así.

Me preparo el café y me animo a mí misma: hoy serán buenas noticias, que todo va mejor, que se pondrá bien muy pronto.

Todos pendientes de la llamada del hospital, del parte del día. A veces  se retrasa mucho, y en ese pasar de las horas el nerviosismo te puede… quieres saber ya, quieres escuchar buenas noticias. Van llegando esas noticias, alentadoras, pero va muy despacio, aunque pasito a pasito hacia adelante. Siempre mirando el lado positivo. En mi interior sé que todo se arreglará, que antes o después todo se soluciona.

Llega la tarde, después del parte, de asimilarlo, nos calmamos un poco, sigue peleando. Con la tarde piensas en los demás que están bien, familia, amigos…, pero quieres a toda costa que se cuiden, que se protejan de este maldito bicho que nos está haciendo la vida un infierno.  Preocupación, agobio, tristeza, miedo a salir de casa… Todo se une para hacer que los días sean muy largos.

Y vuelvo a pensar en positivo. Tengo una pareja maravillosa. En estos días juntos, tan difíciles, me estoy dando más cuenta todavía de la gran suerte que tengo de que esté en mi vida. Lo amo muchísimo. Tengo también a sus niños que son un amor y a los que estoy deseando poder dar un achuchón.

Muchos recuerdos se me vienen a cada minuto en estos días. Desde muy jovencito  has estado con nosotros, ahí pegado. Acompañando a mi padre en el bar. Viajes con la “Cirila” a Alicante a pasar las hogueras, y que tan buenos momentos nos hizo pasar. Días de playa, cenas… Y como siempre, tú ahí, en primera línea en momentos difíciles y complicados. Los recuerdos se suman y se suman. Y solo deseo que la fuerza y el coraje con que nos has acompañado, sigan iguales o mayores, lo suficiente para que salgas prontito de esta pesadilla. Eres tan bueno y tan grande que te tiene que caber todo el amor y la fuera que te enviamos cada día los que te queremos. Siempre has sido y serás muy especial para mí y los míos. Te necesitamos y te queremos junto a nosotros.

Tengo una familia y unos amigos fantásticos. Sin ellos estos días serían mucho más difíciles. Gracias a ellos siento que me queda la suficiente fuerza y ánimo para seguir adelante, para mirar el futuro y pensar en que todo saldrá bien.

De alguna manera necesitaba expresar todo esto para que desde cualquier sitio, ya que no podemos estar junto a ti, te llegue la fuerza de mi cariño y la de todos. Te quiero muchísimo.

¡FUERZA, ÁNIMO, TODO SALDRÁ BIEN!

 

 

Laura de la Casa es una apasionada de la lectura y de la música. Ha encontrado en la escritura de un diario su forma personal de luchar contra el coronavirus.

 

 

 

 

Selección de la música: Pura de la Casa

Natalia Jiménez y la Quinta Estación. Recuérdame

Recuérdame cuando duermes y adivino lo que sueñas
Cuando lejos de nuestra cama sea en mí en quien piensas
Recuérdame
Recuérdame cuando parta y no regrese a nuestra casa
Cuando el frío y la tristeza se funden y te abrazan
Recuérdame

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