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Archive for 31 mayo 2020

Publicamos un magnífico relato de Carmen Soteres, titulado Un vuelo corto. Este relato fue finalista en el Primer Certamen de Relato Breve Guindostán. También te ofrecemos el audio, publicado en el blog A voz en cuento.

Un vuelo corto

Carmen Soteres

Uno de agosto… Anuncian cuarenta y dos grados ¡cuarenta y dos grados! Si no trabajaras hasta media tarde, podríamos salir temprano y no consumirnos en ese delirio general,  para conseguir medio pino que dé sombra, media bañera de agua de mar con niños gritando y salpicando, una vaca a la que habrá que ordeñar y estar contento, porque es maravilloso. Aire, necesito aire de verdad, y no ese artefacto con sus aspas lentas, machaconas. Aspas como buitres sobrevolando mi cadáver. Vueltas de aire viciado, tiovivo gris sin emociones. Me ahogo… y luego será peor. Vacaciones… ¡Genial, maravilloso!… Preferiría que se hundiera la casa ahora mismo. Te oigo trajinar antes de marcharte… El borboteo de la cafetera, la tostadora saltando… Sonidos tan diligentes como odiosos. Tumbado en la cama, intento taparme la cabeza con la sábana, en un vano intento por aislarme. Ahora la ducha, mucho tiempo, demasiado tiempo; arrastrando los vestigios, el olor que yo te haya podido dejar. Estás indefensa ahí dentro, podría aplastar tu cabeza y fingir que te has escurrido. Te oigo decir adiós, más cerca que otros días, un beso al aire, de compromiso. Hoy me necesitas. Me hago el dormido… ¿o lo estoy? “Podrías levantarte pronto por una vez” –dices, con ese falso aire despreocupado. No puedo incorporarme, tengo el cuerpo de plomo. No hay salida, solo tiempo y más tiempo. Quisiera dormir para siempre, y luego, poder ver tu cara cuando al llegar a casa me encuentres muerto… ¿Qué harías, llorar, reír o ambas cosas? ¿Cuánto te costaría acostumbrarte a mí no presencia? Nada crees, nada supongo. O tal vez te cueste mucho no tener a nadie a quien hacer llegar tu desprecio. Esa ropa huele a sudor ¿no?, ¿es que no te cansas de ver la tele? Hoy, primero, casi en un susurro: “Prepara las cosas, en cuanto llegue podemos salir”…  Después, a la mierda los matices. “¡Date prisa!” –dices, “rémora” –piensas. No digo nada, no quiero decir nada ¿de qué serviría? Alguien que no produce es un parásito. A casa de tu madre, a ese pueblo miserable para quitarme la piel entre las dos. Ya lo dejaste caer, como por casualidad, “Eso es lo único que nos podemos permitir”. Que tú tampoco quieres ir, pero que no hay más remedio y luego ya crecida… “Ya me gustaría a mí poder ir a la playa y cenar en un buen restaurante”. Me provocas, pero ya no escucho, ya no siento. Soy una babosa que se arrastra, un ser que se encoge como una esponja marina fuera del agua, un harapo que no usaría ni un indigente, una sombra que pierde sus contornos.

No entra nada de aire por esa ventana. ¡Un pájaro! Hace mucho que no se posa ninguno. Parece perdido también… estará achicharrado… Pía, se esponja, vuelve a piar y vuela. Es un vuelo corto, habrá visto una migaja. Un vuelo productivo, luego dará otro, también corto, en el fondo no quiere alejarse de casa ¿verdad? Es lo único que tiene, pero en el breve espacio de tiempo que vuela, es libre, puede ir donde le plazca sin dar explicaciones, por sus propios medios… Yo también podría volar, un vuelo corto y definitivo ¿Y si me fuera antes que llegaras? Me buscarías por toda la casa, gritarías crispada al comprobar que no tengo nada preparado y luego… bajarías al garaje, para descubrir que no está el auto. Llamarías a tu madre “Ese desgraciado se ha llevado el coche, pero no irá lejos sin gasolina”.

Alguien entra en casa ¿Eres tú?… Es pronto… ¿Lloras? Un chorro de sudor resbala por mi cuello, mientras me levanto. La cómoda tiene vida, se eleva del suelo y gira. Llego al salón apoyándome en las paredes del pasillo. Estás sentada en el sofá, la cabeza como desmembrada encima de la mesa. Me falta aún más el aire y me quedo mirándote sin decir nada. Intuyes mi presencia, porque levantas la cara y me miras con esos ojos duros, que ahora parecen de piojo, casi ensangrentados. Entre babas y mocos dices: “Ha pasado algo horrible… me han despedido”. Paras, te atragantas, tu llanto desordenado hace que mi cuerpo se apriete. “Dicen que lo sienten, que no pueden soportar los gastos”. Sigues llorando, mientras noto desaparecer el mareo. Estás hipando, sin aliento, casi no te puedo entender, “Han dicho eso, pero… no es verdad, solo me han… despedido a mí”. Ahora la cabeza te cae sobre el pecho. Reconozco ese desconsuelo. No sé qué hacer ni que decir, pero por primera vez en mucho tiempo me acerco a ti y te abrazo.

Un vuelo corto.

Carmen Soteres. Audio del blog A voz en cuento, de Jose Jesús García Rueda.

 

Carmen Soteres es coatura del libro de relatos Primaduroverales, cuentos. Es autora de la novela Y pudo dejar flores en su tumba (editorial Verbum 2015). Mujer apasionada por la literatura y la pintura, en 2019 ha publicado en coautoría el libro de relatos Sobremesas manchadas de café y tinta.

 

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No vayáis a creer que por haber analizado solo dos textos en el taller de ayer la crónica resultaría fácil. No. Si mencionamos en este foro a Sainz de la Maza, todos sabemos quién es y, más o menos, lo que esperamos cuando nos presenta sus creaciones; la expectativa siempre es alta. Si hablamos de Murakami aparecerán ciertas dudas sobre cómo leer de sus obras o que, posiblemente, nos veamos algo confusos sobre si lo hemos comprendido bien o, por el contrario, nos dedicamos a disfrutar cuando nos zambullimos en lo que escribe.

Al final, da igual. La crónica no está siendo fácil, porque que no hay suficiente espacio ni tiempo para recoger aquí, en cantidad y calidad, una buena síntesis de todo lo que se comentó a lo largo de dos horas, que resultaron cortas. Pero como quien no quiere la cosa, ya van dos párrafos y este cronista no ha hecho mención, aún, a los contenidos, ya atisbados, que se analizaron ayer.

José Sainz de la Maza, después de esta pausa pandémica, re-inició su proyecto de novela con ucronía, que quedó interrumpida allá por el mes de febrero. Trajo al taller su segunda parte del capítulo segundo. El nos dijo que el texto se titulaba “La luz acaramelada de las farolas de la Avenida Oms”. Esta avenida estaba, y está, siendo transitada por Eva Yarina, uno de los personajes de una noche muy larga, una noche hecha para insomnes. Eva se encamina hacia un “allnight” donde, suponemos, quiere dar un giro a su vida. En ese paseo corto, pero que por su lentitud se hace largo, casi como un viaje iniciático, es previsible para el personaje, va dibujando lo que vemos y lo que intuimos, pero también hay asuntos que ni si quiera intuimos, pero creemos, o incluso deseamos, que estarán en la sucesión de horas de esta noche que se avecina en “Club Pickwick”. La intriga con que nos va engatusando José, queda abierta y entre otras cosas que esperamos, está la futura, o no, relación de Eva con los Cuvex que se ubican en el interior del Pickwick. Ya se verá. No sé si alguien se estará mordiendo las uñas. Mientras tanto, ahí una pequeña muestra del paseo por la Avenida Oms:

Lo primero que llama la atención de Eva de la persona que atiende la barra son los tatuajes de sus brazos. Seres fantásticos quizá asociados a alguna tradición que ella desconoce. Serpientes, dragones, estrellas, medias lunas… A pesar de que apenas le queda algún centímetro de sus brazos sin tinta, su presencia no la intimida, al revés, le parece un buen tipo. Y eso la extraña, porque siempre ha sentido rechazo por los tatuajes. Se le ocurre a Eva que tal vez no le transmita el desdén o la inquietud habituales porque sus tatuajes no son monocromos, sino todo lo contrario. Las figuras que parecen torturadas en sus musculosos brazos, están coloreadas y sus azules, verdes y amarillos parecen dulcificarlas, asemejándolas a grabados orientales

En este taller pasan cosas interesantes, a veces extraordinarias. Por las razones que fueran, coincidieron uno de nuestros mejores escritores, José Sainz de la Maza, con la presencia de Murakami. Leímos y analizamos “La chica perfecta”. Y mirad por donde, una curiosa contraposición de la noche, larga para insomnes del primero, con una bonita mañana de abril, que es como comienza el cuento corto del autor japonés.

Un largo debate, opiniones, alguna controversia. Bueno, pues una tarde más en el taller analizando un texto de los grandes. Pareció quedar claro que había dos partes el cuento, o incluso tres. Nos pareció a la mayoría sencillo y claro de leer, pero el cuento, la primera vez que se lee, te puede impresionar el final. Porque podría parecer que la historia es solo eso, una invención, que al protagonista se le ha ocurrido después de haber visto a la chica. Pero podría, también, no ser lo que realmente que ha pasado. Da que pensar, porque se podría decir que es la historia que ha contado el protagonista proveniente de su imaginación, no de lo que realmente podría haber pasado. Esto es parte del juego. ¿Si? ¿O no? Da que pensar. Para ilustrar, o para distraer o para confundir, o para quien sabe qué, ahí va una parte de “la chica perfecta” del tal Murakami:

´Mientras conversaban sentados, sin embargo, una pequeña, pequeña sombra de duda enraizó en sus corazones: ¿Estaba bien que los sueños de alguien se hicieran realidad tan fácilmente?

Y así, cuando se produjo una pausa momentánea en su conversación, el chico le dijo a la chica: “Vamos a probarlo para nosotros una vez. Si realmente somos el amor perfecto del otro, entonces alguna vez, en algún lugar, nos encontraremos otra vez sin duda. Y cuando pase, sabremos que somos la pareja perfecta, y nos casaremos. ¿Qué piensas?”

“Sí,” dijo ella, “eso es exactamente lo que deberíamos hacer.”

Y entonces se separaron, ella fue al este, y él al oeste

Que todos vosotros lo paséis bien, que leáis, que escribáis, tanto si es en noches para insomnes o mañanas bonitas de abril o en una tarde de mayo como la de ayer. Hasta la semana que viene amig@s.

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Antonio Lobo Antunes nació en Lisboa en 1942. Es uno de los más destacados escritores del mundo y eterno aspirante al Nobel. Estudió medicina y se especializó en psiquiatría. Como médico militar vivió la crueldad de la guerra colonial de Angola, lo que marcó muchas de sus novelas. Dicen que se le puede reconocer por las primeras líneas de sus novelas (ha escrito treinta y dos). Sus libros no son fáciles de leer, tiene Lobo Antunes un estilo difícil, a menudo se deja ir en un fluir de la conciencia que formalmente se refleja en textos sin puntuación, que arremeten contra la sintaxis para avanzar a base de continuas asociaciones de conceptos y de imágenes. Sin embargo, debajo de sus escritos líricos y melódicos laten profundas emociones, tramas complejas y personajes impregnados de situaciones reales. Su creación literaria es un inmenso edificio de estructuras de ficción que se entremezclan con la realidad y viceversa como se ve en el relato que vamos a comentar.

 

TOM Un relato de Lobo Antunes.

Argumento: Una mujer recibe una carta anómima. La mujer describe las sensaciones que le produce la carta, presenta a la familia del hombre que se la envía (que firma como Solitario Orgulloso) y la suya propia.

Narrador. Un narrador en primera persona. Cuenta su propia experiencia.

Lenguaje: Utiliza Lobo Antunes un lenguaje aparentemente sencillo que le sirve para estructurar un relato donde se mezcla la fantasía con las imágenes reales, típico de su estilo, hasta el punto de que al final el lector no tiene la seguridad de si la carta que recibe la protagonista es real o ficticia.

Ya en la primera línea Lobo Antunes presenta la carta (el objeto sobre el que gira el relato), del que podríamos decir que es el auténtico protagonista del relato y a la mujer, de una forma directa, sin adornos.

Hay sorpresas así: he recibido una carta de amor anónima.

Es un relato triste porque refleja la soledad de una mujer y sus deseos no cumplidos. En el fondo presenta una vida llena de insatisfacciones. Sin embargo, mezcla esta tristeza de fondo del relato con una narración amena y un gran sentido del humor.

Personajes

Queda dicho que se presenta a la protagonista al comienzo del relato, en la primera línea.

El resto de personajes que aparecen son los dos personajes inventados: Solitario Orgulloso y el vaquero. A Solitario Orgulloso se le inventa incluso una familia para entremezclar más los elementos reales con los de ficción.

Otros personajes son el marido y la hija de la protagonista, que son descritos muy sucintamente por la mujer.

La protagonista describe a su hija de la siguiente manera […] Si consiguiese un novio pienso que su odio se mitigaría. Pero no consigue ninguno. Se encierra en la habitación, en caso de que la llame grita Ya voy y casi nunca viene y, si viene, es a mirarme de reojo, refunfuñando. […]. Nos podría parecer que se trata de un relato machista, pero hay que entender la literatura desde el punto de vista de los personajes, y no desde nuestro punto de vista ético como lectores.

La descripción que hace de su marido resulta desgarradora. Con una sola frase revela lo que ha sido una vida entera.

Mi marido cierta vez una postal, cuando fue por motivos de trabajo a Galicia, pero insulsa, sin ternura: llego sábado João.

Es en este punto donde podemos pensar que la mujer tiene una evolución. El lector puede empezar a pensar que la carta es inventada, estableciéndose la duda entre la ficción y la realidad tan típica de Lobo Antunes. Esta fantasía crece y la mujer sustituye en su imaginación al primer hombre que le escribe por un vaquero del oeste. En su imaginación piensa que le ha escrito Solitario Orgulloso, sin embargo este modelo de hombre evoluciona y al final ella piensa en un vaquero como amante. Es evidente la progresión de la fantasía y de lo irreal. El presunto amante es un personaje idealizado, sin embargo la mujer sigue apegada a la realidad. Esto es claro cuando describe la entrada del vaquero en su cocina y el miedo que tiene a que se le raye el suelo de la cocina:

Yo en la cocina con el agobio de la cena, ceñida por el sostén de la rosa, claro, y Tom dejando el sombrero sobre el frigorífico y acercándose a mí, ojalá que sin estropearme las baldosas con las espuelas.

Símbolos: Es posible que en la descripción del vaquero exista una referencia al director de Johnny Guitar (Nicholas Ray). La mujer piensa en un nombre para el pistolero, y dice Ray o Nick.

Debe de tener un nombre estadounidense, Ray, Nick, Bob. Bob ni por asomo, que es el perro de la planta baja. Ray o Nick. O Tom. Tom me gusta.

Espacio: Aunque el relato se basa en los pensamientos de la mujer, hay una constante sensación de movimiento. La narración comienza con el hombre observando cómo la mujer viaja en autobús de casa al trabajo y como regresa también en autobús. También se desarrolla una parte de la acción en la casa de la mujer, en distintas habitaciones, y hay referencias al viaje de su marido a Galicia. Más tarde se recrea el paisaje del Oeste. Es decir, la mujer podría estar en cualquier sitio, pero la sensación de movimiento es constante.

Tiempo: Hay un referencia temporal clara, el veintisiete de julio, que es el día en que la mujer recibió la carta. Desde que recibe la carta hasta el momento de la narración transcurren dos meses.

Es un relato magnífico, muy breve, que recoge las características de Lobo Antunes.

TOM Un relato de Lobo Antunes.

 

Manuel Pozo Gómez es autor del libro de relatos Violeta sabe a café, (Premium editorial) y coautor, entre otros, de los libros de relatos Madrid Sky, (Uno Editorial); Cuéntame un gol, cuentos de fútbol  (Verbum editorial) Magerit. Relatos de una ciudad futura (Verbum editorial), y RRetratos HHumanos (editorial Kolima).

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales hemos escrito el diario de un confinamiento y cada día, durante 57 días consecutivos, hemos publicado una página de un autor diferente de este diario, junto a un viaje musical. Con la entrada en la fase 1 y la suavización de las medidas de confinamiento hemos pensado que es hora de ir cerrando (desescalando) este proyecto y nada mejor que hacerlo con un texto de la coordinadora de nuestro taller literario, Pura de la Casa. Sin embargo, como tenemos muchos textos que merecen la pena que vean la luz, seguiremos publicando algunos de ellos una o dos veces a la semana. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música hayan sido de tu agrado. ¡Cuídate!

 

 Diario de un confinamiento

Desescalando

Por Pura de la Casa

He querido comenzar esta entrada para el blog con un gerundio: “desescalando”.  Muchas veces hemos corregido en el taller el exceso de gerundios en los textos; principalmente porque dejan la acción detenida, en suspenso, y a esa acción le cuesta avanzar en los textos.

Me había pedido Manuel Pozo que escribiera un epílogo para cerrar la publicación cotidiana, desde hace más de dos meses, de los diarios del confinamiento aquí, en el blog, cuando pasáramos a la fase 1. Él, voluntariamente, ha llevado a cabo estas publicaciones diarias y le ha dado impulso y el entusiasmo sobrado que se precisa para que los proyectos fluyan con buena dinámica. Todos nosotros sabemos el tiempo, el trabajo y el esfuerzo que esto supone. Manuel ha estado ahí un día tras otro, no ha desfallecido ni en los momentos difíciles que también a él le han tocado muy de cerca. Gracias en nombre de todos, Manuel.

Pero está bien ir “zanjando” las etapas para seguir adelante. Ojalá podamos escribir pronto el epílogo, pero de momento estamos “desescalando”, sí, en gerundio, con peligro todavía. “Siendo” así, se seguirán “publicando” diarios con la frecuencia que Manuel estime, ya que el futuro sigue “presentándose” incierto. La pandemia no ha acabado y la escritura de diarios, para quien quiera continuar, tampoco.

Ahora me quiero detener en la etimología de la palabra “grupo”. Tomo la siguiente definición de Internet. No es la más científica, pero sí la más sencilla y acorde con que lo supone, a mi parecer, nuestro grupo: La palabra grupo en las lenguas occidentales proviene del italiano gruppo que significa nudo. Los lingüistas proponen que del antiguo provenzal grop que significa igualmente nudo derivado del germano occidental kruppa que significa masa redonda.  Por lo tanto en la reflexión sobre los grupos etimológicamente se desprenden dos líneas de fuerza; nudo y redondo, la primera en relación al grado de cohesión entre los miembros de un grupo; y la segunda en torno a la idea de círculo de gente, de una reunión de personas.

Los Primaduroverales somos mucho más que un grupo de escritores o amigos de la literatura. Ya lo sabíamos, pero a lo largo de estos meses nos hemos reafirmado en que somos una masa redonda muy compacta y que nos unen muchos nudos atados libremente. Y ni siquiera estos días de encuentros virtuales, nos hemos podido sustraer a la imagen de que nos reunimos en círculo.

Desde el primer día de confinamiento surgió la idea de escribir diarios, y así dejar memoria de lo que ya teníamos encima y de lo se podía avecinar. No estábamos inventando nada. Nos han rodeado diarios por todos los costados que nos han acompañado y entretenido estos días. Pero los diarios de los primaduroverales era nuestro diario múltiple y particular a la vez. Los nuestros, los diarios propios, nos han mantenido al cobijo en esta masa redonda y compacta. Es cierto que no nos ha protegido de la pandemia, no estaba en nuestra mano ese cometido, y el grupo sigue de luto por esos mayores tan cercanos que el virus se ha llevado por delante. Tenemos muchos frentes todavía con la salud en precario, y el grupo está aquí, sigue aquí para lo que como grupo se precise.

¿Cuántos diarios se llevan escritos? Puede que entre quinientos o seiscientos, tal vez muchos más. Y cuántas historias increíbles en esas páginas…  Algunos de los primaduroverales abren su corazón sin remilgos, a la vez que reflexionan o critican o se inventan historias o familias o todo a la vez. Algunos diarios alzan la voz para denunciar, o analizan la situación paso a paso o nos muestran lo cotidiano con la difícil sencillez de los detalles, o cómo se ha transformado la vida de pronto. Algunas de las voces vuelan por la lírica y buscan respuestas místicas. Y estamos conociendo a personas entrañables, y a personajes y a mujeres valientes…  En fin, que los diarios son un desahogo abierto y libre para que cada cual se exprese a su antojo.  Y será por eso que tenemos la sensación de que ahora nos conocemos todos un poco más y mejor.

Escribimos (unos menos que otros) y sobre todo leemos a destajo los diarios de los compañeros, y entre escribir y leer el tiempo pierde peso. Cada día podemos abrir la puerta y salir para adentrarnos en los mundos y en las casas de nuestros amigos, incluso en los hospitales por los que han transitado. Las palabras son nuestras alas. Ahora que las extendemos, nos percatamos de que son elásticas, lo que sea preciso para que cualquiera del grupo se pueda guarecer en ellas.

Seguimos en la pelea. Una suerte para mí pertenecer a este grupo. Muchas gracias, Primaduroverales.

 

Pura de la Casa es profesora de creación literaria. Pura es coautora del libro de relatos Allegro nada moderato (2005) y autora del libro Ojalá fueran cuentos (2016). Como novelista es autora de Revoleras (editorial Cultiva libros, 2009). Ha coordinado la edición y publicación de los libros de relatos Primaduroverales, cuentos (2008), Madrid Sky (Uno editorial, 2013) y 2056 Anno Domini (2018).

A lo largo de sus veinte años como profesora del taller de creación literaria de la Casa del Reloj, primero, y del taller literario de la asociación Primaduroverales más tarde, ha sabido crear una escuela de técnica narrativa que se ha convertido en una gran familia (más de doscientos alumnos en estos años). Junto a los alumnos del Taller es la impulsora del certamen de cuentos cortos “Madrid Sky”, que nació en 2014 y ha alcanzado en 2020 la séptima edición.

Selección de la música: Pura de la Casa.

Carl Orff: Latin and englisch lyrics

 

 

 

 

 

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

Diario de un confinamiento

El concurso

Por Vicente Moreno

Este año ha coincido el plazo de presentación de relatos para el concurso Madrid-Sky con el confinamiento por la pandemia del Covid-19. Ya vamos por la séptima edición de un certamen que creamos con tantas dudas como esperanzas, como continuación de la publicación del libro del mismo título. Resultó que el concurso también ha sido, año tras año, un gran éxito tanto por el número de participantes como por la calidad de los cuentos premiados.

Como soy el encargado de gestionar la recepción de los cuentos y remitirlos al jurado, el día siguiente a la publicación de las bases del concurso revisé la cuenta de correo que tenemos habilitada al efecto y, efectivamente, ya había llegado un relato madrugador. Esto ocurre todos los años, siempre hay alguien con el dedo preparado en el gatillo que dispara, en cuanto se abre la veda, un relato sacado del cajón y al que se le ha añadido la frase de inicio obligatoria.

A partir de ahí empezaron a llegar cuentos de forma continua, pero en menor cantidad que en ediciones anteriores, lo que me hizo pensar que la situación de confinamiento que sufrimos no solo en España, sino en gran parte del mundo (recibimos mensajes de unos quince países diferentes en cada edición), estaba provocando esta escasez de participación que yo achacaba a las dudas sobre la viabilidad del evento de entrega de premios, que siempre realizamos a finales del mes de Junio. Así fueron goteando los mensajes de los participantes, alguno agradeciendo la oportunidad de participar, otros escuetos, o mudos que incluyen los dos archivos requeridos y nada más. Los hay extremadamente literales a la hora de nombrar sus ficheros del cuento y la plica. Un montón de “Cuento y el nombre del cuento” lo que hace muy entretenido la gestión del listado. La clasificación de las plicas también tiene su dificultad, nunca falta el sesudo intelectual que envía un relato de dos páginas y una plica de catorce con su extenso curriculum literario. O la ceremoniosa participante colombiana que se deshace en halagos y parabienes por nuestra iniciativa merecedora de incontables galardones. Y un detalle significativo del paso del tiempo, algunos jóvenes concursantes dicen que no tienen “dirección postal” pero que viven en el numero x de la calle tal.

Hasta una semana antes del cierre del plazo teníamos la mitad de participación que en las anteriores convocatorias, pero he aquí que en los cuatro últimos días llegó una media de cuarenta cuentos diarios, lo que quiere decir que nuestros seguidores siguen fieles incluso en las peores circunstancias.

Una de las cosas que más me gustan del concurso es la repetida participación de finalistas de ediciones previas, motivada según confiesan los interesados no solo por el premio económico, que no es desorbitado, sino por la calidez del trato que reciben el día de la entrega de premios. Esto es lo que más nos satisface como organizadores, la cantidad de nuevo amigos que hemos ido haciendo desde la primera convocatoria, que siguen participando y viniendo a la entrega de premios incluso desde sitios lejanos.

Amigos como Julia Viejo y Santiago Eximeno, ganadores de las dos primeras ediciones que tuvieron lugar en el salón de actos de la Casa del Reloj, nuestra casa materna. O Rakel Ugarriza que vino desde Logroño para recoger su premio de ganadora de la tercera edición, en una calurosa tarde en el atiborrado recinto de la Casa de Castilla la Mancha. Ellos, como otros ganadores del concurso han tenido la amabilidad de participar como jurado en posteriores convocatorias, lo que ha favorecido su inclusión dentro de esta gran familia que poco a poco va siendo la comunidad Madrid-Sky.

No puedo olvidar el alborozo de la familia de Xuan Folguera, ganador del IV concurso al oír el nombre del ganador recién llegado de Valencia, y es muy de agradecer que María Posadillo viajara desde Málaga para estar presente en la entrega de premios. También el ganador de la última edición, Miguelangel Flores, vino desde lejos para acompañarnos en lo que ya se ha convertido en el principal evento de la temporada para muchos de nosotros.

Y ahora toca esperar el veredicto del jurado de este año, y esperar a que las circunstancias excepcionales que estamos viviendo nos permitan organizar la entrega de premios para recibir como se merecen a la próxima remesa de finalistas que, estoy seguro se unirán a este pequeño club de amantes de la literatura que es la familia del Madrid-Sky.

 

Vicente nació en Valladolid. Es coautor del libro de relatos Madrid Sky, en el que publicó el relato El viento de la pradera, y del libro 2056 Anno Domini, en el que publicó el relato Catedrales. En 2018 resultó ganador del certamen de relatos breves Guindostán. Informático de profesión, es un gran lector y un apasionado del cine.

 

 

Selección de la música: Carlos Cerdán

The fifth dimensión: Aquarius

Cuando la luna está en la séptima casa

Y Júpiter se alinea con Marte

Entonces la paz guiará a los planetas

Y el amor dirigirá a las estrellas

 

 

 

 

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Por: Luis Marín

Las clases virtuales no decaen, como debe ser. Nos reunimos, doce o trece, alrededor de lo que podríamos llamar una mesa camilla imaginaria, al calor del brasero de la amistad, para degustar los platos que se preparan día a día en las cocinas particulares de cada uno. La variedad de sabores no desmerece al mejor menú que pudiéramos imaginar.

Hoy hemos degustado, como aperitivo un diario intimista de Manuel Pozo donde nos relata a posteriori la experiencia del ingreso de su madre por problemas ajenos al virus que nos confina. Con un tono aséptico, en apariencia falto de sentimiento, deja que en su texto se vean las emociones que provocan los sucesos y la inquietud del distanciamiento que impide un contacto directo con el ser más querido.

“…El viernes nos dicen desde el hospital que sigue asintomática. El sábado le dan el alta sin hacerle una nueva prueba, por lo que suponemos que sigue siendo positivo. Nosotros tres hemos llamado cada uno a nuestro centro de salud para hacernos la prueba, pero nos dicen que al personal asintomático no se la hacen, que no hay test para todo el mundo. Nos toca cumplir los catorce días de aislamiento en una habitación. Ahora mi madre está con mi hermano, los dos posibles positivos, y mi hermana y yo cada uno en nuestra casa”….

De primer plato, la familia que se ha sacado Carlos Cerdán del arcón nos mantiene expectantes cada día para leer el siguiente capítulo. Hoy hemos analizado su diario 39. Con una estructura de presentación (noticias cotidianas), conflicto (rotura del armario de la cocina) y desenlace (avatares de la reparación) mientras el suegro observa, vaso de agua en mano, los pasos inciertos que da un inexperto en bricolaje, con poco acierto, para devolver la puerta del armario a su sitio.

“…Voy a por un vaso de agua, me dice. ¡Coño, qué casualidad! pienso, es la primera vez que se molesta en hacerlo. Se sirve el vaso, bebe un pequeño sorbo y se queda mirando lo que hago. Yo, trato de ignorarlo, es complicado, pero lo intento. Saco la taladradora, pongo una broca y la enchufo. ¿Qué vas a hacer con la taladradora? me pregunta con su gesto habitual. Pues… un taladro, claro, respondo dubitativo. Eso ya lo veo, te pregunto ¿para qué?”…

José Miguel Espinar nos trae un segundo plato lleno de incertidumbre y otras certezas con toques reflexivos y filosóficos culminando con un poema de César Vallejo.

“…Pero cuando la incertidumbre se hace pesada y casi insoportable, como la que nos atenaza en estos tiempos, podemos recurrir a otras cosas ciertas que nos la mitiguen. Mitigar la incertidumbre con certidumbres…”.

A modo de sorbete entre carne y pescado, llegó la exposición tecnológica de Vicente Moreno sobre el funcionamiento de las VPN, con un tono experto de quien domina el paño, que a la vez nos enseña y nos entretiene.

“Así que el 16 de Marzo, primer día laborable del confinamiento, empecé la jornada a las 8 de la mañana abriendo el chat del grupo de Telegram que usamos en mi trabajo para comunicarnos. Todos bien y al pie del cañón, cada uno conectado a su ordenador del trabajo y comprobando las diferentes cuentas de correo institucionales que atendemos para recibir las peticiones de soporte técnico a los usuarios que es a lo que nos dedicamos”.

Saborear un buen atún a la plancha, ahora que estamos en temporada de almadrabas, de la mano de José Sainz de la Maza es un buen broche para una comida que se precie. Su personaje, traductor de la guerra de las Galias, se enfrenta con zapatillas heredadas de un adolescente a un encuentro con su hijo, dentro del cotidiano desencuentro, a través de una urraca, que maldita sea la gracia.

“…Bajaba los peldaños de dos en dos. ¿Dónde vas? Tú quédate si quieres. Vuelve que está prohibido salir. Cojo dos mascarillas y lo sigo. Pero, ¿qué pasa? Mi mujer. ¿Estáis locos? Me alegré de no llevar las zapatillas del agujero. ¡Te vas a contagiar! Al pie del árbol se detuvo y cogió en sus manos un polluelo de urraca muerto. Lo vio caer del nido. Y lloraba. Mi hijo adolescente lloraba en un silencio estremecedor. Él. Lo abracé y me acordé de mi vecino del ático: En la tele lloraba mientras hablaba de las urgencias. Llorar hace que conozcas a la gente…”

De postre, Alicia Gallego nos lleva a una visita incomoda al faro abandonado, por unos turistas insensibles que cuando se van dejan tanta paz como se llevan.

“…Cuando ellos vienen, los muebles y yo nos tapamos con unas sábanas viejas y nos hacemos los muertos. Yo me pongo de pie junto al sillón que hay al lado de la ventana simulando que soy una lámpara. Entonces, nosotros, nos quedamos muy quietos, muy quietos; mientras tanto, ellos, invaden todo lo nuestro

Así nos estamos hasta que, al fin, se marchan y nos dejan descansar en paz”.

Aunque de este postre nos hemos guardado unos trozos para empezar el jueves que viene.

Luis Marín

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Diario de un confinamiento

En sus raíces se sostiene el árbol

Por Julio Rodríguez Díaz

Hace ya muchos años, cuando era chico, mi madre con un gesto de solemnidad me lo dijo: “Hijo, si algún día las cosas se ponen mal en el mundo, aquí tienes la casa de tus abuelos, en ella estarás seguro, no te faltará de nada y podrás ser feliz”. Ay, mamá le contesté, con esa arrogancia típica que tenemos todos cuando somos adolescentes, qué va a pasar, que exagerada eres. Recuerdo cómo me sentí en aquel momento: incrédulo. Estaba entonces seguro qué jamás iba a pasar nada tan terrible, que nada ni nadie podrían obligarme a permanecer en aquella casa tan incómoda durante mucho tiempo. Lo que entonces para un joven como yo era una casa aburrida en la ladera de una montaña llena de castaños, con simples sonidos de pájaros al amanecer, con un río cerca, con senderos de barro y piedras, todo lo contrario de lo que yo en aquella época anhelaba, iba a convertirse casi 40 años después en mi refugio mental para una pandemia mundial. Mi madre sabía de lo que hablaba entonces, ella había nacido en agosto del año 1936, en una España en guerra y llena de miseria y miedo, yo era un adolescente con la posibilidad de estudiar una carrera, que anhelaba viajar por el mundo.

He preferido recluirme y salir de mi cómoda casa en Madrid para coger fuerzas y volver fresco y lleno de ilusiones. Mucha gente va a necesitar apoyo, comprensión y generosidad y quiero estar pleno de energía para contribuir a ello a mi vuelta. Por eso me he aislado del mundo, ahora me dedico a trabajar online, doy charlas, tengo trabajos que completar, tengo tiempo para escribir. Pero eso no es lo que me tiene ocupado todo el día, Me levanto a las 7:00 de la mañana todos los días y me acuesto a las 12:00 de la noche. Parece mentira, pero estoy más atareado que nunca, pero de un trabajo placentero y retador. ¡Que impredecible es el destino!

Tuve la visión o la fortuna de salir de mi querido Madrid una semana antes del confinamiento, mi lógica me decía qué si yo por algún motivo estaba infectado, el mejor lugar para no contaminar a nadie sería en medio de la montaña, también pensé que, si había posibilidades de contraer la enfermedad, en medio de la nada sería más difícil. Decidí cerrar la puerta de mi casa lleno de bolsas de comida, mi plan era que más tarde me acompañarían mi hija y mi mujer; se vino conmigo mi hijo que decidió unirse a la aventura, curiosamente el mismo jovencito adolescente que fui yo hace casi cuarenta años cuando escuché a mi madre aquella premonitoria frase. Cargado con un ordenador portátil y una radio, con poca ropa, con un sombrero vaquero que había comprado en México hace ya muchos años y del que ahora no me desprendo en todo el día, es mi amuleto, y con una bolsa de aparatos tecnológicos que me permitirían seguir conectado a ese mundo que a pedazos se iba rompiendo a medida que me alejaba de la capital. Decidido a cambiar los aviones, la vespa roja, los bares, los hoteles en Latinoamérica, las salas de formación de multinacionales, por un entorno que rezumaba recuerdos de mi infancia, decidido a dejar mis zapatos castellanos por unas botas de montaña, mi camisa blanca por una a cuadros. Decidido a volver a una casa de piedra, a un entorno que me conecta con mi madre, con mi padre, con mis tíos, con mis antepasados. Desde que he llegado aquí, siento en cada rincón de esta casa el respirar de mi abuela, el latir del corazón de mi abuelo minero mientras tallaba una a una las piedras de esta casa, siento el sudor de su frente en cada morrillo que cubre la cuadra. Estoy seguro de que ellos me cuidan, los he escuchado, que están agradecidos de tenerme de vuelta entre ellos.

Y ahora qué, pensé al llegar, ¿dónde pondré mi ordenador?, ¿en qué lugar me conectaré a internet? (he descubierto que si cuelgo el móvil en lo alto de la higuera la velocidad mejora), ¿cómo calentaré la casa?, ¿tendré que cocinar todos los días?, ¿dónde pondré a secar la ropa? Y después de dos meses aquí ya he conseguido olvidarme de la corbata, del traje azul, de mi moto, de las reuniones en la oficina. Ahora entre reuniones virtuales prefiero dedicar mi tiempo a ver cómo crecen las plantas (he llenado la huerta de semillas de verdura, tomates, pimientos, lechugas…), a cortar la hierba, a ver llover desde mi cuarto y abrazarme al calor de la chimenea con esa sensación de no tener que irme a ningún lado, de descansar mientras leo o escribo. Ahora ya no me quiero ir jamás de aquí.

Pero si lo haré, porque me gusta mucho Madrid, adoro sus calles, quiero a su gente, deseo volver a ver ese cielo azul que parece estar pintado con acuarela de trazos finos, tomarme una caña en mi bar favorito, volver con mis compañeros del taller, con todos esos amigos que siempre han estado y están ahí, sé que tarde o temprano necesitaré sentir con todas sus  fuerzas ese palpitar de la ciudad en septiembre, esas navidades ajetreadas, ese invierno lleno de luz, esas noches de música y vinos, esas charlas hasta la madrugada apoyado en una barra.  Ahora sé que volveré con más fuerza si cabe y que mi contribución a superar la crisis vendrá entonces, siento que hasta ahora poco he podido aportar con mi presencia física. No soy ajeno a todo el sufrimiento que hay y habrá en mi entorno y pienso que mi papel será regresar para ayudar a aquellos que lo necesiten, contribuir con mis charlas a sanar esa profunda herida social que nos está dejando esta enfermedad. Están siendo horas de reposo, de parar de viajar, de poder mirar hacia atrás, de ordenar las fotos en mi memoria, de recordar todos los kilómetros caminados, sé que necesitaba descansar y tomar fuerzas, porque cuando esto finalice algo me dice que me tocará aportar lo mejor de mí, que será mi oportunidad de pasar a la primera línea.

Este fin de semana arreglaré el tejado de la cuadra, limpiaré el muro de piedra de la entrada, cortaré las ramas de los árboles que invaden la pradera, prepararé la comida, echaré un culín de sidra. En Asturias ya estamos en la fase 1, así que pasearé por el bosque entre los castaños, dormiré con la ventana abierta para escuchar los pájaros, acabaré de leer el último libro que he empezado. Ahora sé que la felicidad está en mi cabeza, que es una actitud, y que a pesar del dolor y la tristeza que impregna el entorno, uno puede construir su pequeño paraíso mental a pesar de todo lo perdido, aunque el virus en teoría me tenga confinado. Después de todo cuánta razón tenía entonces mi madre.

18 mayo 2020

 

Julio Rodríguez Díaz es asturiano, de Oviedo. Su vida profesional le llevó a vivir en México durante bastantes años. En un momento dado decidió darle un vuelco a su vida y lanzó un proyecto personal, que le ha convertido en un conferenciante incansable. Como escritor es autor del libro Relato de una pasión prohibida (editorial Bubok, 1999). También es coautor de los siguientes libros de relatos: Madrid Sky (Uno editorial, 2013); Cuéntame un gol. Cuentos de fútbol (Verbum editorial, 2014); RRelatos HHumanos (Lid editorial, octubre 2016); Incómodos. Antología de relatos (Relee editorial, 2016). RRetratos HHumanos (2019) (editorial Kolima) y Consejos (Punto Rojo).

 

Selección de la música: Pura de la Casa

Jacques Brel: Ne me quitte pas.

No me dejes.
Necesitamos olvidar.
Todo puede olvidarse
cuando ya se escapa.

 

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

 

Diario de un confinamiento

 3 de mayo de 2020

Cumpleaños

Estamos confinados, sí, la vida parece detenida,  sí, pero a veces se acelera vertiginosamente.  Días perezosos, días raudos. Momentos donde lo que se necesita sentirse parte de la tribu, otros en que hay que hacer silencio y quedarse en soledad. Tiempos de angustia y espera y tiempos otros de tranquilidad y felicidad inesperada, contra toda expectativa.  A veces no ha sido posible leer, ni me podía concentrar, otras ha desaparecido el mundo presente y la literatura me ha permitido trascender el momento y el espacio reducido.

El día 3 sonó el móvil, bien temprano.

-Felicidades, madre.

-Madrugador, eres el primero en felicitarme.

-¡Asómate a la ventana!

-¿Estás aquí? ¿De veras?

Y un resorte me levanta de la cama y me dispara hacia la ventana. Y ahí está él, y de pronto entiendo: los deportistas ya pueden salir y adueñarse de la ciudad en la medida que se lo permitan  sus piernas. Mi hijo ha venido en bici y trae unos dulces para celebrar mi cumpleaños.  Charlamos por el balcón, él de pie sobre el asfalto, con su paquetito en una mano y el caso debajo del brazo, nosotros acodados en la barandilla,  recién levantados, con los pelos aún revueltos y en pijama.  Nos cuenta y le contamos, engolosinados con la vista y la presencia cercana y gozando de la sorpresa.  Bajamos a recoger su presente  pero no hay manera de despegarnos, los ojos no se quieren desviar, las palabras no cesan de manar y queremos prolongar ese momento dulce.  Él junto a la puerta,  nosotros al lado del ascensor, respetando la distancia exigida, recién salidos del sueño  pero completamente espabilados por la excitación de la cercanía. El espacio público del portal nos proporciona, sin embargo, una intimidad inesperada.

He tenido ya muchos cumpleaños, en mi vida  pero este del año veinte-veinte es, destacará  sobre el fondo de los muchos celebrados y el regalo recibido, la visita,  como uno de los mejores de mi vida.

 

Cruz del Valle Pintos es miembro del Taller de Creación Literaria. Le gustan la lectura y las artes plásticas y de vez en cuando hace pinitos con la escritura de pequeños relatos. Es licenciada en Psicología y ha trabajado en la administración pública y en intervención comunitaria con grupos.

 

 

Selección de la música: Vicente Moreno.

Paco Ibáñez: Como tú.

Así es mi vida, mi vida, piedra, como tú

como tú.

Piedra pequeña, como tú

piedra ligera, como tú.

 

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El pasado domingo 17 de mayo de 2020 a las 12 de la noche se cerró el plazo de entrega de cuentos para participar el “VII Certamen literario Madrid Sky.

Se han recibido un total de 299 relatos ajustados a las bases del concurso. Un 77% se han recibido de participantes residentes en España, un 20’6% de residentes en países de América Latina destacando Argentina y Colombia. Además cuatro relatos han llegado desde EEUU, tres de otros países europeos y uno desde China.

Publicaremos en el blog de nuestra asociación y en nuestra página de Facebook la lista de los ocho finalistas antes del día 18 de junio de 2020, que era la fecha indicada en las bases para la realización del acto de entrega de premios. A los ocho finalistas seleccionados por el jurado se les comunicará, además, personalmente.

Debido al actual estado de alarma posponemos la realización de dicha ceremonia ya que las lógicas restricciones de celebración de actos con público nos impiden su organización en la fecha prevista.

A lo largo de la primera semana de septiembre de 2020 publicaremos en el blog de nuestra asociación y en nuestra página de Facebook la decisión tomada en cuanto al modo y a la fecha de la ceremonia de entrega de premios. A los ocho finalistas además se les comunicará personalmente.

Queremos agradecer a todos los escritores su interés en participar en este certamen de relato corto que ya está consolidado en su séptima edición.

VII edición certamen Madrid Sky

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

Diario de un confinamiento

BREVIS FABULA TEMPORIS CORONAVIRUM SEGUNDA PARTE:

TODO PARECE INDICAR QUE HEMOS ALCANZADO LA MESETA

Por José Sainz de la Maza

El agujero de mi zapatilla ensanchaba y sus efectos de succión continuaban sin que yo pudiera remediarlo. Caesar suas copias in proximum collem subducit. Qué gran estratega fue Julio César, qué magnífico militar.

Solo veo noticias una vez al día. El telediario de las nueve. El de la 1. Un día el locutor dijo que parecía que habíamos alcanzado la meseta. Me vi a mí mismo: Salgo del túnel de Guadarrama y la vista se me pierde ante la gran llanura de Castilla. Lo veía yo solo, el telediario de las nueve, quiero decir. Mi mujer seguía trabajando y mi hijo estaba en su habitación. Me molestaba que ninguno de los dos hubiese hecho el menor comentario sobre mi pérdida de fe y mi nueva afición de traducir del latín, todo el día con el diccionario Spes bajo el brazo. Milites loco superiore pilis missis facile… Con todo, lo que me resultaba más irritante fue que no hubieran advertido el agujero de mi zapatilla, que cada vez era más abultado, igual que las cifras que estaban mostrando en el telediario.

Llegado un momento, dieron paso a un reportero apostado a la puerta de un hospital. Entrevistó a un enfermero que parecía un muerto viviente. Ojeras amoratadas, voz de ultratumba y ojos brillantes. Dijo que había encadenado cinco jornadas de doce horas sin apenas descanso. Lloraba y sin embargo se le veía alegre o, más bien, satisfecho. Conmovido, desvíe mi mirada hacia el suelo. El agujero de mis zapatillas me resultó insultante. Al levantar de nuevo los ojos, lo reconocí. El enfermero de la televisión, esa persona que atendía hora tras hora a enfermos contagiosos, era el gordo del ático, el borde. Un tipo que nunca daba los buenos días, que atravesaba la puerta sin ceder el paso y no pedía perdón si oprimía su barriga contra ti en el ascensor. En una ocasión nos cruzamos en el portal y estornudó, él salía y yo entraba. Claro que entonces sí que me pidió disculpas. Yo no apartaba los ojos de la televisión. Era él, sin duda, el borde. El gordo a quien todo el portal detestaba.

Fui corriendo en busca de mi mujer. No te lo vas a creer, le dije, y luego le conté lo que había visto. ¿El gordo?, me preguntó. ¡El borde!, le contesté. Nunca lo habría pensado, añadió. Fui a la habitación de mi hijo y le repetí lo del vecino del ático. Ah, vale, contestó.

Regresé al salón. En la televisión alguien hablaba de los contagios entre el personal de los hospitales y su falta de medios. Dejé de escuchar. La vista del agujero de mi zapatilla se me hizo insoportable. Lo tapé con una tela que sujeté con imperdibles. No más agujero. Fui al cuarto de baño y me afeité. No lo hacía desde que la curva empezó a aplanarse. Hostium phalangem perfregerunt. Qué gran estratega fue Julio César.

PRIMERA PARTE: Parece que la curva se aplana

 

José Sainz de la Maza es miembro de la asociación Primaduroverales. Ha resultado ganador de varios certámenes literarios, entre ellos el V certamen literario Villa de Cabra del Santo Cristo y el IV certamen de relato Navidad Solidaria, organizado por la biblioteca de Castilla La Mancha. Es coautor de los libros Madrid Sky (Uno editorial), 2056, Anno Domini, Incómodos (editorial Relee), Error 404 (editorial Relee) y Arritmías (editorial Relee).

 

 

 

Selección de la música: Vicente Moreno.

The Platters: Smoke gets in your eyes

Me preguntaron cómo sabía
que mi amor verdadero era verdadero.
Yo, por supuesto, contesté:
hay algo aquí dentro
que no se puede negar.

 

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