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Archive for 26 junio 2020

 

He decidido empezar (y titular) esta última crónica del curso con la cita de Miguel Hernández. Este año, como todos sabéis, ha sido duro. Se da la circunstancia de que empezamos con proyectos de novela que deberían usar el recurso de la ucronía. Aquel proyecto quedó interrumpido por la llegada de la pandemia.

Mientras empiezo a recapitular me viene inmediatamente a la cabeza una idea ucrónica ¿qué hubiera pasado sin pandemia? ¿se habrían cumplido aquellos deseos que todos nos planteamos en la noche del treinta y uno de diciembre, mientras tomábamos las uvas? Quién sabe.

 

Sin pandemia, a cambio de tanto sufrimiento vivido y acumulado, no hubiéramos conocido a algunos personajes, ya inolvidables, como la ‘Encarna’, de Carlos Cerdán, quitándose los pendientes antes de irse a dormir, o el ‘Clodoviro’ de Paco Plaza, que engordaba tranquilo mientras un poto impertinente no callaba nunca, o la zapatilla de José Sainz de la Maza, que, cansada de la vida, nos enseñó ‘carne’ por un agujero. Y, claro, no habríamos hecho los viajes a los que nos llevaba, bailando cada mañana, Alicia Gallego.

Y ¿qué hubiera sido de las guerras vecinales que tan bien nos documentó Manuel Pozo o los enfados de Luis Marín, perfectamente reflejados en sus diarios? No hay que olvidar el toque de lirismo de Lourdes Chorro, que lo ha mantenido durante el confinamiento (Lourdes a la que hay que leer más de una vez, porque, como sabéis, se le reconoce autoridad). Qué decir de un personaje sabio y real, un tal Fabio, del que Olga Torralba nos contó algo o mucho.

Sin confinamiento, tampoco hubiéramos tenido la oportunidad de ver la maestría de Juan Santos sobre cómo limpiar pueblos en un libro. Y no habríamos conocido o recordado tantas mujeres olvidadas, que también nos documentó Pilar Couso.

En esta cara de la ucrónica, la de la dureza de la pandemia, nadie nos hubiera retratado mejor que Luis Jiménez haciendo cola para entrar en un supermercado, mientras Juan-Jo Valle-Inclán nos puso ante el espejo con un método para conseguir el perfecto cuerpo esférico. Y quién no conoce a otro personaje muy real, Laira, alrededor de la que María Sánchez nos obsequió algunos textos magníficos (claro, cuándo no es jueves cuando escribe María, incluso en confinamiento).

Bueno, me cuesta seguir recreando lo que no hubiéramos vivido o leído sin la pandemia. Sé que, en esta cara de la ucronía, han escrito más, que ha habido más personajes. Sé que me dejo gente en el tintero. Que me perdonen. Pero no paro de pensar en los deseos y proyectos planteados la nochevieja, con las uvas y las campanadas.

Ayer hubo taller, claro, y por eso hoy sale una crónica, la última de este curso. Y conviene recordar que hubo cuatro textos (retomando los autores sus proyectos de novela con ucronía) que se leyeron y criticaron, y también ocurrió algo inusual. Las críticas se vierten normalmente hacia los textos presentados, pero ayer también recibió un aluvión de críticas un crítico. Qué cosas.

Asistió como invitado especial nuestro buen amigo, y mejor escritor, Domingo Jiménez Lacaci, quién hizo aportaciones muy interesantes.

Empezó María Sanchez Robles, que continúa con su proyecto sobre Van Gogh y nos trajo XXX. PIETÀ. Excelente texto, como las anteriores entregas. La verdad es que no cuesta reconocer un personaje atormentado, magníficamente retratado, mientras da lo mismo que se sepa que es un personaje histórico o no. Aquí queda un pasaje para ilustrar: “Se sienta frente a un cuadro y libera el color del amor y la muerte con pinceladas agresivas, vivaces, terribles, que le llegan como un discurso

A continuación, Luis Marín nos presentó un momento muy importante de su proyecto “La boda de Manuel”. Luis nos cuenta de una forma muy gráfica, la escena y los personajes de una boda humilde de hace mucho tiempo. Además, deja trazos de conflictos que aunque no evidentes se apuntan y dejan ganas de más. Un trozo: “Curro rasgueaba la guitarra, aunque ya no había voces para acompañarla. Sus sentimientos temblaban en las cuerdas con sus dedos agarrotados en un silencio íntimo”.

Paco Plaza nos leyó un capítulo, el capitulo F, de su proyecto. En esta ocasión sitúa la acción en un escenario tan seco, tan duro, que todos lo vimos más que leerlo. Tal como nos tiene acostumbrados, allí donde menos te lo esperas, aparece un giro mágico que realza el texto. Un extracto para comprobar: “Así, como el ojo de un caracol ancestral, el hombre pasaba el tiempo entre sol y sol fuera de la casa, siempre encontraba labor qué hacer y si no la había vigilaba, sentado a la sombra de un viejo castaño que hermoseaba una loma

Para finalizar, Carlos Cerdán, también continuando con su proyecto, nos trajo un espacio y una acción que se desarrolla en un convento cisterciense. Allí, Anselmo, su personaje central, trata de encontrar la paz y el sosiego, mientras ayuda en el huerto y, por supuesto, en una pequeña plantación muy especial. Una muestra: “A las diez de la mañana la mitad de los monjes dejan sus tareas, se reúnen en la capilla y celebran la comunión diaria. Es una ceremonia en la que tras una serie de salmodias se fuman de modo colectivo…

Y esto es todo por hoy, y por este curso, amig@s. Este blog continuará activo durante todo el verano para, ya en octubre, reiniciar esta costumbre de las crónicas del Taller de Creación literaria de cada jueves.

“No hay beso que no sea principio de despedida, incluso el de llegada (George Bernard Shaw)”

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A finales de mayo analizamos en el taller el relato de Haruki Murakami titulado Una bonita mañana de abril, me crucé con la chica 100% perfecta. Murakami es eterno candidato al premio Nobel, pero también es cierto que tiene muchos detractores. Así tenemos, por ejemplo, a Lara Hermoso que escribió en la revista Jot Down Por qué Murakami no debe ganar el Nobel de Literatura (carta abierta a la Academia Sueca), en el que expone que no lo debe ganar porque Murakami siempre tiene el mismo argumento para sus novelas: Una voz masculina que narra en primera persona, un triángulo amoroso, un corazón roto, un amor que permanece por encima del bien y del mal y de la vida y la muerte y, por último, un repetitivo juego con lo mágico y con lo onírico.

Fermín Zabalegui escribió en El País el 27 de abril de 2017 el artículo Los libros de Haruki Murakami no son para tanto y estos son los motivos en el que tampoco deja en muy buen lugar al escritor japonés. Sus libros no son para tanto, dice Zabalegui, y estos son los motivos: es un autor bastante predecible y engaña en cada libro; sus novelas son psicodramas donde no hay estructura y no existe un personaje que no tenga un trauma depresivo; las descripciones son infinitas, entre ellas las dedicadas a las comidas; sus novelas son productos de marketing, best sellers de estructura similar que se sirven de clichés de la cultura pop y abusan completamente de escenas de sexo engañoso, morboso y un poco obsesivo.

Tampoco sale muy bien parado Murakami en el blog Koratai, dedicado a la literatura japonesa, en el que hemos leído un artículo con el título Cinco cosas que no soporto de Haruki Murakami. En este artículo se afirma que Murakami es un escritor sobrevalorado, un infiltrado en la llamada Gran Literatura. Se le llama pretencioso en argumentos y títulos. Se dice también que su originalidad es impostada, que en realidad no representa a la literatura y la cultura japonesa y que las citas que hace de otros autores en sus obras son triviales.

Lo anterior no parece una buena carta de presentación para este autor, pero lo cierto es que donde unos ven defectos otros ven virtudes. El estilo de Murakami cuenta con una gran masa de seguidores por lo desgarrado de sus personajes, que irradian soledad y deseo de ser amados, y que se suelen encontrar en situaciones oníricas, surrealistas, que hacen que sus historias sean atrayentes y originales.

Efectivamente Murakami suele narrar en primera persona, lo que no es ningún defecto. Sus textos son irónicos y sus diálogos son muy variados, con un juego brillante de narrador. Muchas veces comienzan con monólogos en los que el personaje habla consigo mismo, pero por lo general el monólogo se transforma a lo largo del relato o de la novela en un diálogo con un estilo más directo. Los temas habituales en sus obras son la soledad, la búsqueda de un lugar en el mundo, el amor y la pérdida del amor. Todo esto lo encontramos en el relato Una bonita mañana de abril, me crucé con la chica 100% perfecta.

Por el relato cruza un aire oriental, algo que hace pensar a un lector occidental que se encuentra ante un texto diferente. Aunque el relato parece que está situado en tiempo y espacio desde su comienzo: “Una bonita mañana de abril, en una estrecha calle del barrio chic de Harujuku en Tokio, me crucé andando con la chica 100% perfecta”, el lector pronto se verá envuelto por el juego onírico y metafórico del texto, se dejará llevar por el estímulo de los sentidos a través de la brisa y del olor a flores, por la sensación de quietud (todo ocurre en un momento en una calle de Tokio) que contrasta con la sensación de movimiento (el caminar de los protagonistas en dirección este/oeste y oeste/este) y por último por la indefinición del paso del tiempo. Cuando todo empieza a descolocarse aparecen de nuevo las referencias temporales marcadas por la fecha del primer encuentro entre los protagonistas y su edad de entonces y la actual, que delimitará el paso del tiempo:

Hubiera deseado hablar con ella. Media hora hubiera sido todo: sólo preguntarle por ella, hablarle de mí, y –lo que más me habría gustado hacer-, explicarle las complejidades del destino que condujo a nuestro encuentro en una estrecha calle en Harajuku una bonita mañana de abril de 1981

“Erase una vez, un chico y una chica. El chico tenia 18 años y la chica 16.[…] El tiempo pasó con una rapidez espantosa, y pronto el muchacho tuvo 32 años, la muchacha 30”.

La transición de la voz del narrador en primera persona al diálogo es brillante y sutil. En esta transición se nos presenta un nuevo personaje, del que sabremos muy poco, y que ayuda al juego de narradores del autor. Este juego de narradores, la aparición del personaje al que se le cuenta lo sucedido (“Ayer en la calle me crucé con una chica perfecta”, le digo a alguien) y la variación en los tiempos verbales, hace que el cuento parezca dividido en dos, quizás en tres partes. O más bien como si el mismo relato se contase de dos o tres maneras en distintos momentos, con una vuelta reiterativa al primer encuentro. Esta reiteración en lo narrado se aprecia claramente cuando dentro del relato parece que comienza otro cuento de una manera clásica:

“Erase una vez, un chico y una chica. El chico tenia 18 años y la chica 16”.

El protagonista de este relato es fiel al estilo de Murakami, pues se muestra tímido, inseguro, solitario y en busca del amor. Su historia define la imposibilidad del amor perfecto, que se vio impedido por una gripe, después por la desmemoria y finalmente por el paso del tiempo. La historia de Murakami envuelve al lector de tal manera que le lleva a pensar en lo metafórico de los temas tratados: el amor, el paso del tiempo, el cruce de culturas de este a oeste, de Oriente a Occidente…

El cuento no deja indiferente al lector. Murakami le seduce, le hace pensar, le cautiva por su sensualidad, le mece dulcemente y le obliga a leer el relato una y otra vez. Para entenderlo, pero sobre todo para volver a disfrutarlo. Por todo ello es por lo que recomiendo el cuento de Murakami. Una bonita mañana de abril, me crucé con la chica 100% perfecta.

De lo que estoy seguro es de que Murakami seguirá dando que hablar. Para el 18 de julio de este año 2020 está prevista la publicación de un nuevo libro de relatos de Murakami, con el título Los hombres que no tienen mujer.

Manuel Pozo Gómez es autor del libro de relatos Violeta sabe a café, (Premium editorial) y coautor, entre otros, de los libros Madrid Sky, (Uno Editorial); Cuéntame un gol, cuentos de fútbol  (Verbum editorial) y Magerit. Relatos de una ciudad futura (Verbum editorial), y RRetratos HHumanos (editorial Kolima). Ha sido ganador de un buen número de certámenes literarios y sus relatos están publicados en distintas antologías.

 

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El Día Europeo de la Música, se celebra el 21 de junio. El precursor de esta idea fue el músico norteamericano Joel Cohen en el año 1976, quien propuso que los grupos musicales tocaran durante los dos solsticios que se celebran cada año, el primero, el 21 de junio y el otro, el 21 de diciembre, lo cual se convirtió en un hecho a partir de ese mismo año, en Toulouse, Francia. Desde entonces la Fiesta Europea de la Música se ha ido extendiendo y desde 1982 se celebra oficialmente cada año el 21 de junio, días del solsticio de verano, para simbolizar la victoria de la naturaleza a través de este día festivo.

Con el Día Europeo de la Música se pretende un intercambio cultural entre los pueblos del mundo, cada uno con sus estilos y géneros musicales, crear espacios para que los profesionales de la música puedan mostrar su trabajo y compartirlo con el público y vivir la música como un entretenimiento que enriquece la vida y la hace más plena.

La aportación de PRIMADUROVERALES al Día Europeo de la Música es esta conversación entre Vicente Moreno y Carlos Cerdán, llena de secretos y experiencias personales.

Vicente nació en Valladolid. Es coautor del libro de relatos Madrid Sky, en el que publicó el relato El viento de la pradera, y del libro 2056 Anno Domini, en el que publicó el relato Catedrales. En 2018 resultó ganador del certamen de relatos breves Guindostán. Informático de profesión, es un gran lector y un apasionado del cine.

 

 

 

 

 

Carlos Cerdán trabajó en una empresa constructora de contable hasta que se jubiló. Desde el 2012 pertenece al taller de creación literaria Primaduroverales. Es coautor del libro  2056 Anno Domini.

La literatura y la música del siglo XX son sus grandes pasiones, a la que ahora ha añadido la de ser abuelo.

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Por Manuel Pozo Gómez

Debió ser poco antes del verano de 2002 cuando el canciller alemán Gerhard Schröder dijo que le había apasionado la lectura del La sombra del viento, del español Carlos Ruiz Zafón. Inmediatamente el libro alcanzó un nivel de ventas extraordinario. En España había sido finalista del premio Fernando Lara de Novela en la edición del año 2000, que ganó Ángeles Caso con Un largo silencio. La condición de finalista ni siquiera le daba el derecho de publicación, pero la insistencia de Terenci Moix, que vio en la novela un filón, convenció a la editorial Planeta de que era conveniente su publicación. Poco a poco, pro la recomendación de un lector a otro, de un librero a otro, La sombra del viento fue ganando reconocimiento. En 2004 ya había sido traducida a cuarenta idiomas. Ese mismo año obtuvo el premio José Manuel Lara Hernández a la obra más vendida en España; la Biblioteca Central de la ciudad de Nueva York la seleccionó como “libro para recordar” y fue reconocida en Francia como la mejor novela extranjera del año.

La sombra del viento ha sido el mayor éxito de ventas mundial de la narrativa española. Carlos Ruiz Zafón se negó siempre a ceder los derechos para la producción de una película, no quiso que su novela fuera llevada al cine, porque siempre consideró que lo importante era el libro. Está ambientada en la Barcelona de 1945, donde un muchacho es conducido por su padre a un misterioso lugar oculto en el corazón de la ciudad vieja: el Cementerio de los Libros Olvidados. A esta novela le siguieron otras tres pertenecientes a la misma saga del cementerio de los libros olvidados: El juego del ángel, El prisionero del cielo y El laberinto de los espíritus.

Carlos Ruiz Zafón ha fallecido el 19 de junio víctima de un cáncer, en Los Ángeles, donde residía. A pesar de ser mundialmente conocido por sus novelas, Ruiz Zafón también escribió algunos relatos. Como homenaje a Carlos Ruíz Zafón publicamos su relato La mujer de vapor.

La mujer de vapor

Carlos Ruíz Zafón

Nunca se lo confesé a nadie, pero conseguí el piso de puro milagro. Laura, que tenía besar de tango, trabajaba de secretaria para el administrador de fincas del primero segunda. La conocí una noche de julio en que el cielo ardía de vapor y desesperación. Yo dormía a la intemperie, en un banco de la plaza, cuando me despertó el roce de unos labios. «¿Necesitas un sitio para quedarte?» Laura me condujo hasta el portal. El edificio era uno de esos mausoleos verticales que embrujan la ciudad vieja, un laberinto de gárgolas y remiendos sobre cuyo atrio se leía 1866. La seguí escaleras arriba, casi a tientas. A nuestro paso, el edificio crujía como los barcos viejos. Laura no me preguntó por nóminas ni referencias. Mejor, porque en la cárcel no te dan ni unas ni otras. El ático era del tamaño de mi celda, una estancia suspendida en la tundra de tejados. «Me lo quedo», dije. A decir verdad, después de tres años en prisión, había perdido el sentido del olfato, y lo de las voces que transpiraban por los muros no era novedad. Laura subía casi todas las noches. Su piel fría y su aliento de niebla eran lo único que no quemaba de aquel verano infernal. Al amanecer, Laura se perdía escaleras abajo, en silencio. Durante el día yo aprovechaba para dormitar. Los vecinos de la escalera tenían esa amabilidad mansa que confiere la miseria. Conté seis familias, todas con niños y viejos que olían a hollín y a tierra removida. Mi favorito era don Florián, que vivía justo debajo y pintaba muñecas por encargo. Pasé semanas sin salir del edificio. Las arañas trazaban arabescos en mi puerta. Doña Luisa, la del tercero, siempre me subía algo de comer. Don Florián me prestaba revistas viejas y me retaba a partidas de dominó. Los críos de la escalera me invitaban a jugar al escondite. Por primera vez en mi vida me sentía bienvenido, casi querido. A medianoche, Laura traía sus diecinueve años envueltos en seda blanca y se dejaba hacer como si fuera la última vez. La amaba hasta el alba, saciándome en su cuerpo de cuanto la vida me había robado. Luego yo soñaba en blanco y negro, como los perros y los malditos. Incluso a los despojos de la vida como yo se les concede un asomo de felicidad en este mundo. Aquel verano fue el mío. Cuando llegaron los del ayuntamiento a finales de agosto los tomé por policías. El ingeniero de derribos me dijo que él no tenía nada contra los okupas, pero que, sintiéndolo mucho, iban a dinamitar el edificio. «Debe de haber un error», dije. Todos los capítulos de mi vida empiezan con esa frase. Corrí escaleras abajo hasta el despacho del administrador de fincas para buscar a Laura.

Cuanto había era una percha y medio palmo de polvo. Subí a casa de don Florián. Cincuenta muñecas sin ojos se pudrían en las tinieblas. Recorrí el edificio en busca de algún vecino. Pasillos de silencio se apilaban debajo de escombros. «Esta finca está clausurada desde 1939, joven -me informó el ingeniero-. La bomba que mató a los ocupantes dañó la estructura sin reme-dio.» Tuvimos unas palabras. Creo que lo empujé escaleras abajo. Esta vez, el juez se despachó a gusto. Los antiguos compañeros me habían guardado la litera: «Total, siempre vuelves.» Hernán, el de la biblioteca, me encontró el recorte con la noticia del bombardeo. En la foto, los cuerpos están alineados en cajas de pino, desfigurados por la metralla pero reconocibles. Un sudario de sangre se esparce sobre los adoquines. Laura viste de blanco, las manos sobre el pecho abierto. Han pasado ya dos años, pero en la cárcel se vive o se muere de recuerdos. Los guardias de la prisión se creen muy listos, pero ella sabe burlar los controles. A medianoche, sus labios me despiertan. Me trae recuerdos de don Florián y los demás. «Me querrás siempre, ¿verdad?», pregunta mi Laura. Y yo le digo que sí.

 

 

 

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Notificación de la asociación Primaduroverales

VII Certamen Literario Madrid Sky

 

La asociación PRIMADUROVERALES, Grupo de Escritores, con relación al VII Certamen Literario Madrid SKY, tiene el placer de comunicar lo siguiente:

  1. El jurado de la VII edición del certamen literario Madrid Sky ha estado compuesto por D. Miguelángel Flores (ganador de la VI edición), D. Domingo Jiménez Lacaci (segundo premio de la VI edición), D Jesús Tíscar Jandra (tercer premio de la VI edición), Dª. Carmen Aguilera Girón, y Dª. Olga Torralba Sánchez (miembros de la asociación Primaduroverales). Como secretario del jurado, sin voz ni voto, ha actuado D. Vicente Moreno Nieto (miembro de la asociación Primaduroverales).
  2. El jurado constata que a la VII edición del certamen literario se han presentado 299 relatos que cumplían las condiciones de participación.
  3. El jurado, reunido telemáticamente, comunica que los ocho relatos finalistas son los que figuran en la siguiente relación (orden alfabético del relato):
  • Amor al arte. Elena Bethencourt Rodríguez.
  • Belleza confinada. María Galán Sánchez-Seco.
  • El chip tributario. Joaquín Correa Barco.
  • La firma. Juan Carlos Fernández León.
  • La oscuridad de los peces. Agustín García Aguado.
  • Soy lo prohibido. Patricia Collazo González.
  • Toulouse. Raúl Clavero Blázquez.
  • Tu turno. Juan Vicente Francisco.

La presente edición ha estado patrocinada por:

La entrega de premios estaba prevista en el salón de actos de la Fundación Abogados de Atocha para hoy, día 18 de junio de 2020 a las 19.00hen un acto abierto al público con la intención de que, como en años anteriores, los autores finalistas fuesen los auténticos protagonistas del evento.

Debido a la actual situación sanitaria posponemos la realización de dicha ceremonia, ya que las lógicas restricciones de celebración de actos con público nos impiden su organización.

A lo largo de la primera semana de septiembre de 2020 publicaremos en el blog de nuestra asociación y en nuestra página de Facebook la decisión tomada en cuanto al modo y a la fecha de la ceremonia de entrega de premios. A los ocho finalistas además se les comunicará personalmente.

Queremos agradecer a todos los escritores su interés en participar en este certamen de relato corto que ya está consolidado en su séptima edición.

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La palabra loriga aparece en este blog en la reseña que ha escrito Luis Marín sobre el libro Sidi, de Arturo Pérez Reverte.

“Una vida a caballo cargado de cota de malla, loriga, casco, escudo, espada y otros aditamentos. Cómo debían de ser aquellos caballos para mover todo ese peso, añadido al propio de sus protecciones. Todo ello lo detalla Pérez Reverte, metiéndonos en la batalla como un guerrero más”.

La Rae presenta las siguientes definiciones de loriga:

  1. f. Armadura para proteger el cuerpo, hecha de láminas metálicas pequeñas e imbricadas.
  2. f. Armadura del caballo para la guerra.

Hay una tercera definición que no se refiere al tema que nos ocupa.

  1. f. Pieza de hierro circular con que se reforzaban los bujes de las ruedas de los carruajes.

Sidi es el apelativo con el que conocen a Ruy Díaz tanto sus soldados castellanos como sus aliados musulmanes y los enemigos de ambos bandos. La novela ha sido publicada por Alfaguara en 2019.

Para que una novela parezca creíble el autor debe tener un buen dominio del léxico que permite ambientar la misma. Una novela que trate sobre el mar o sobre un ambiente rural, por ejemplo, será más convincente si los términos relacionados con la náutica o con el campo se utilizan con propiedad y con riqueza. Por otro lado los adjetivos han de ser precisos para que el contexto gane credibilidad. En Sidi estas condiciones se cumplen con creces y la descripción de la vida de los caballeros medievales está excepcionalmente descrita con el empleo de los sustantivos y adjetivos apropiados y referidos a la época, tales como: algara, espolonada, gambesón, yelmo, hachón, mojarra, barbuquejo, arzón, loriga, aceifa, etcétera, relacionados con la indumentaria del caballero y del caballo.

El empleo de la loriga ya está documentado entre los legionarios del Imperio Romano, que vestían corazas construidas de láminas o fajas de metal que cubrían el pecho y la espalda, rodeando la cintura. La loriga del caballero medieval era una toquilla de cuero usualmente con capucha que se utilizaba debajo de la armadura o de la cota de malla.​ Se diferencian claramente la loriga del jinete y la del infante.

Para saber más de la loriga te recomendamos esta interesante página:

http://armasyarmadurasenespaa.blogspot.com/2011/09/lorigas.html

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ALICIA EN EL PAÍS DE LA ALEGRÍA. DE NIEVES ÁLVAREZ

Por María Isabel Ruano.

   Recuerdo la tarde de la presentación del libro en Madrid. Era lunes y hacía mal tiempo. Fue en la biblioteca del Retiro y me daba mucha pereza ir, pero lo hice y me alegré mucho de haberlo hecho.

Atravesé el parque sorteando charcos, me recreé con la fotografía, los árboles, el lago y la luz. Llegué con los zapatos muy sucios, pero no me di cuenta hasta que esperando el metro, reparé en ellos. Nada más llegar me sentí hilvanada por el hilo rojo que Nieves fue trenzando en torno a nosotros. Me gustó su naturalidad, su facilidad de palabra, su mundo lleno de anécdotas y recuerdos, sus pendientes rojos con forma de cereza y la forma de desenvolverse entre los invitados. Recuerdo que escribí una crónica, que la publiqué en Facebook y que íbamos vestidas de forma similar.

No ha pasado tanto tiempo, un año y tres meses y sin embargo, muchas cosas han cambiado desde entonces. Nosotros, nuestra sociedad ha cambiado, en base a una pandemia que nos ha metido el miedo y la enfermedad en los cuerpos y ha paralizado la libertad. Al menos esta circunstancia tan feroz, al tener más tiempo libre, me ha permitido leer esta entrañable novela.

La terminé ayer, mientras la tarde estaba tormentosa y el aire removía cercanas sensaciones en mí. Me gusta volver a pasar las hojas de un libro cuando lo termino, es como acariciarle, darle las gracias, buscar las frases subrayadas, las exclamaciones, mis anotaciones… y despedirme de él al mismo tiempo. Aunque me consta que esta novela deja un poso en mí de reflexión y melancolía, de agradecimiento, puesto que juntas hemos compartido muchos momentos de esta cuarentena. A ratos, sentada junto al mirador, contemplando la calle vacía, el ajetreo de sirenas, el sobresalto, la luz y el tejado de la iglesia. Otros en la habitación buscando el recogimiento.

Su lectura, ágil y amena, su estructura cronológica y por capítulos, favorecen esta lectura pausada, a ratitos, que te permiten hacer otras muchas cosas y regresar al mundo de Alicia con suma facilidad.

Sólo tengo palabras entrañables para ti, Nieves. A través de tu novela he vivido tus emociones, la voz inquieta y alegre de Alicia, que se ha ido enfrentando a la vida, sus descubrimientos e interrogantes con valentía y determinación. Sin perder a su vez la bondad y la inocencia.

La novela, a pesar de que la autora alega parte de invención literaria, se vive desde la autobiografía, cercana, testimonial y reflejo de toda una época, no tan lejana, tanto a nivel político, económico y social. Reflejo a su vez de la aparente sencillez de un entorno rural no exento de complicaciones. En donde la memoria colectiva se convierte en un implacable juez. Muestra a su vez el abismo existente entre la infancia vivida en un pueblo y en la ciudad. Un pueblo pequeño, cercano a Ávila y bien comunicado por el tren, pero cuya vida transcurre en otro compás. Sergio y Alicia son claros representantes de estos ambientes.

Cambia totalmente el tono de la novela ante la tragedia familiar que coincide con el paso de Alicia, de la infancia a la pubertad, de los nueve a los doce años, tiempo en el que transcurre la novela. Qué dolor tan profundo y tangible, qué bien descrito a través del luto, los rezos, el miedo, el silencio, las ventanas cerradas e incluso la amenaza de la locura a la que el dolor puede conducir y por la que todo puede ser destrozado.

De alguna manera, también he vivido en mi infancia, las reminiscencias del luto, el que marcó a mi familia durante la Guerra Civil, con la muerte de mi tío Manolo, a los veintiún años, cuando mi madre tenía dieciocho. Tragedia que truncó, no solo su juventud sino el deseo de estudiar una carrera, magisterio, y la tristeza impregnada por todos los rincones y el luto de por vida de mi abuela. Eran tiempos muy difíciles aquellos… Menos mal, que Nieves, con sus recuerdos, redime a los protagonistas y se redime a sí misma a través del amor. El amor profundo de su familia que siempre la ha acompañado.

Por todos estos motivos, recomiendo la lectura de esta gran novela, segura de que encontrareis entre sus páginas belleza, poesía, juegos, inocencia, anécdotas, refranes, episodios y recuerdos muy especiales. Todos ellos narrados desde la voz de una niña muy especial.

Mª Isabel Ruano es miembro de la asociación Grupo de Escritores Primaduroverales. Es coautora de los libros Primaduroverales, cuentos (2007), Madrid Sky (2013) y 2056 Anno Domini (2018). Tiene publicados relatos en distintas antologías y libros de carácter profesional relacionados con la enseñanza. Recientemente ha publicado el poemario Entre el asfalto y el mar con el grupo Tierra Trivium.

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Sidi. Por Luis Marín

SIDI

Arturo Pérez Reverte

Por Luis Marín Domínguez

Sidi Qambitur (señor campeador) es una visión personal del autor sobre una de las mayores leyendas de la historia de España y en especial de la llamada Reconquista. Utiliza el personaje de Ruy (Rodrigo) Díaz y el destierro impuesto por el rey de Castilla Alfonso VI. Como el propio autor indica, la historia conjuga hechos y personajes reales, con otros de ficción. Lo mismo ocurre con los lugares que aparecen en la novela.

La figura del Cid, ha sido tratada de forma extensa por estudiosos, investigadores y novelistas. También ha sido un símbolo heroico que se ha enseñado en las escuelas como seña de identidad de los héroes nacionales.

Arturo Pérez Reverte, con su maestría en el lenguaje de la época, narra una parte de la historia del guerrero más famoso de nuestra historia. Se centra en la campaña del rey moro de Zaragoza contra su hermano, rey de Lérida aliado con el conde de Barcelona. Nos muestra un Ruy Díaz mercenario hasta la médula. Puede que sea difícil comprender desde la visión de este siglo la situación de los pequeños reinos de la península en el siglo XI. La vida se desarrollaba entre guerra y guerra, los reinos eran derrocados una y otra vez a diestra y siniestra sin solución de continuidad. Hoy se peleaba contra un rey y mañana se formaba parte de su ejército para batallar contra otro diferente.

Hace poco vi una película sobre el rey Arturo y sus caballeros y no pude evitar hacer comparaciones con el libro que acababa de leer. Pocas diferencias se pueden encontrar entre una leyenda y la otra.

A veces se puede tener la tentación de querer haber vivido esa época. A mí la verdad no me atrae mucho pasar meses en pleno campo, con las manos y las uñas sucias donde se acumulan sangre, polvo y otros elementos desconocidos. Una vida a caballo cargado de cota de malla, loriga, casco, escudo, espada y otros aditamentos. Cómo debían de ser aquellos caballos para mover todo ese peso, añadido al propio de sus protecciones. Todo ello lo detalla Pérez Reverte, metiéndonos en la batalla como un guerrero más.

En este libro no aparecen mujeres. Miento, sólo a la hermana del rey de Zaragoza Al-Mutamán le dedica algunas líneas como personaje activo. Jimena es sólo una referencia.

Es conocida la diversidad de opiniones acerca del polémico autor de esta obra. Para mí no es necesario coincidir con sus opiniones para disfrutar de la ficción que puede generar su pluma. Un libro bien estructurado, de una extensión razonable y con un personaje que nos llena de curiosidad.

 

Luis Marín es un gran lector y aficionado a la escritura, sin embargo se dedicó profesionalmente a las ciencias económicas. Es miembro de la asociación Primaduroverales. Es coautor de los libros Madrid Sky y 2056 Anno Domini. Ha resultado finalista en distintos certámenes literarios, el último de ellos el VI Certamen de Relatos Cortos de la UNED de Alcalá la Real (Jaén), y sus relatos han aparecido publicados en distintas antologías.

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Por: Paco Plaza

Tuvimos el pasado jueves nuestro ¿último? taller de creación literaria del curso 2019-2020 por videollamada. Ya se ha cerrado para el próximo jueves una quedada alrededor de unas cervezas y después ya habrá algunos de nosotros que migren a otras tierras para solaz esparcimiento.

Nos reunimos esta vez en torno a unos relatos inspirados en una frase propuesta por Pura (gracias Pura por mantener viva la chispa creativa del grupo) y que ésta a su vez estaba contenida en un relato propuesto por María. La frase en cuestión era la siguiente:

“Llevan horas arreglando los paquetes que se llevarán consigo para aquellos tres días que pasarán fuera del hogar. Su intuición les dicta que habrán de ser muchos más. No se han tragado la comunicación oficial.”

La propuesta era hacer un relato en el que dicha frase debía aparecer, al principio, en el medio o al final.

Tuvimos cinco excelentes respuestas al reto. Todas interesantes y con planteamientos que daban para pensar, y mucho.

Empezamos con María Sánchez y su relato “Cucarachas”. La frase en cuestión era empleada por miembros de un programa de telebasura al uso y en el que se va a hacer una desinfección porque los espectadores han visto cucarachas, aunque éstas no han sido observadas por los concursantes. Una metáfora muy oportuna que retrata muy bien a los participantes en ese tipo de programas, aunque hubo también algún alma cándida que se apiadaba de ellos porque, a fin de cuentas, también eran engañados. Metáforas a troche y moche. Como muestra un botón:

A alguno entonces se le pasa por la cabeza la palabra metáfora, pero enseguida piensa que no está seguro del significado, si hubiera terminado el instituto… y a otro la palabra engaño, pero a alguien en ese instante se le ocurre que deberían disfrutar del jacuzzi por última vez, de manera que todos acaban pensando en el edredoning de después del botellón…”

Seguimos con el relato de Vicente MorenoLa espera”. Un microrrelato en este caso ya que estamos hablando de diez líneas, pero no hace falta más. Rotundo y brutal Vicente nos transporta al terror del holocausto. Genial en su concepción, estructura y condensación, el cuento viene después y lo conocemos todos, desgraciadamente.

“La mujer mira el reloj de pared y echa un último vistazo a la bolsa en la que ha guardado la ropa del bebé. Se pone el abrigo y comprueba que la estrella amarilla está bien cosida a la manga, luego coge en brazos a su hijo y se dispone a esperar.”

En el medio, como el jueves en el que estábamos, vimos el cuento titulado “El cuadro”, de Lourdes Chorro. Transgresora como solo sabe ser ella, nos regaló un relato de difícil lectura en el que vamos navegando entre tres distintos niveles de narración, el presente de la autora que escribe un relato en el que se habla de un sueño en el que hay un cuadro que cobra vida y que finalmente se mezcla con el presente. Admirable y complejo ejercicio que parece que a Lourdes le sale “de natural” sin apenas pensarlo. Es genial tener a escritores como Lourdes en un taller de creación literaria. Vease:

“En una extraña pared había un cuadro en blanco y negro con un capazo de bebé pegado a un radiador como una capilla pegada a un altar. Una mujer lo miraba como un vano sin ventana. La mujer llevaba puesta una gruesa bata de invierno.  Si yo fuese ella, pensé, tendría un dilema: dejar al niño pegado al radiador o cogerle en brazos para intentar darle calor, pero yo no soy ella.”

Continuamos con Carlos Cerdán, siempre fiel a todos los retos, con “Las mentiras”. Un cuento que esconde un lado oscuro y abre la puerta a un futuro en el que no hay cabida para los que superen cierto umbral de edad, al modo de “La fuga de Logan” o la vieja película “Cuando el destino nos alcance”. Un dilema entorno a como la sociedad debe enfrentarse a una longevidad y a una proliferación de enfermedades seniles nunca antes observada en la humanidad.

“- ¿Has cogido tus pastillas? – escucha la voz de su mujer.

– Sí – responde y la mentira le incomoda. Es la segunda vez que lo hace tras más de cincuenta años con ella, la primera fue hace una semana, cuando le leyó el comunicado. Piensa que aún tendrá que decirle alguna más, aunque ya ¡qué más da!

– ¡Mira, asómate a la ventana! – le grita su mujer.

En la acera se ha detenido una furgoneta oscura con los cristales tintados, dos hombres con uniforme negro bajan se bajan de ella, el más alto se ajusta el correaje, mira a su alrededor buscando el número de la casa que figura en su lista y se la señala al otro. “

Terminamos con el cuento “Solo serán tres días” de Juan Santos. Juan suele mostrarnos escenas cotidianas, tramas sencillas y veraces, personajes reconocibles y situaciones que dan para pensar. Cómo los ancianos a veces sirven, con su pensión, para aliviar la economía de algunas familias y cómo, una vez las necesidades económicas están cubiertas, se convierten en un problema en el hogar conyugal. Esto tenemos que hacérnoslo ver.

“–Mamá, no es necesario que eches tanto equipaje, allí no necesitáis nada y además sólo serán tres días.

–Eso mismo le estoy diciendo yo –dice Isidro, mirando con ternura a su hijo– Yo solo llevo un cuaderno y un boli.

Pero Kati no se puede callar y con la sonrisa que le caracteriza, se apresura a reprender las palabras de Manuel.

–Tú déjales que echen todo el equipaje que quieran, a lo mejor les gusta la residencia y se quedan allí.”

Y así terminamos nuestra sesión con la alegre perspectiva de vernos la próxima vez entorno a una mesa en una terraza madrileña y no a través de ZOOM.

Hasta el próximo jueves.

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Continuamos con la exploración de nuevos caminos en nuestro blog y con nuestro proyecto Cineklub. En esta ocasión te presentamos la conversación que han mantenido Vicente Moreno y Josu Bilbao sobre la película Retrato de una mujer en llamas. La directora y guionista es Céline Sciamma, las protagonistas Noémie MerlantAdèle Haenel. La película es una fascinante y sensual historia de amor entre dos mujeres, una aristócrata y una pintora encargada de pintar su retrato. Está ambientada en Francia a finales del siglo XVIII. Retrato de una mujer en llamas es una obra de arte en la que destaca el guion y la fotografía. Ha sido premiada en numerosos certámenes, entre ellos ha recibido el premio al mejor guion en el festival de Cannes en 2019, donde también compitió por la Palma de Oro. Disfruta de esta conversación, que sin duda te llevará a ver la película.

 

 

 

Vicente Moreno nació en Valladolid. Es coautor del libro de relatos Madrid Sky, en el que publicó el relato El viento de la pradera, y del libro 2056 Anno Domini, en el que publicó el relato Catedrales. En 2018 resultó ganador del certamen de relatos breves Guindostán. Informático de profesión, es un gran lector y un apasionado del cine.

 

 

 

Josu Bilbao es Licenciado en Periodismo y miembro de la Asociación de escritores Primaduroverales desde 2015. Es coautor en los libros de relatos “Madrid Sky” y “2056 Anno Domini”. Gran aficionado a la lectura y a los viajes, cuenta el cine como otra de sus grandes pasiones.

 

 

 

 

 

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