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Quiero empezar esta entrada para el blog de Primaduroverales, con una declaración de principios. Cuando hace unas semanas nos enteramos de la decisión de la Junta Municipal de cerrar la Escuela de Adultos, los alumnos y exalumnos decidimos luchar para evitar el cierre. Ahora que hemos conocido la rectificación de doña Cayetana Hernández de la Riva, concejala presidenta de la Junta Municipal de Arganzuela, con la misma valentía valoramos y agradecemos este cambio de postura. Los alumnos trabajaremos junto con los profesores para que doña Cayetana constate que fue, la suya, una decisión muy acertada y que el barrio de Arganzuela y sus vecinos mayores serán los más beneficiados y agradecidos por la continuidad de nuestra querida Escuela de Adultos.

Casa del reloj

A principios de este año 2021, llegaron los primeros rumores sobre la intención del área de cultura de cerrar la escuela y hace dos semanas el coordinador confirmó a los profesores su  cambio de destino para el curso 21\22 porque la Escuela de Adultos cesaba su actividad.

A partir de ese momento todos, y digo bien, todos (alumnos, exalumnos, asociación escuela de adultos, profesores, vecinos del barrio y de otros barrios, medios y periodistas interesados en esta causa, vocales de distintos partidos políticos…) se dispusieron con argumentos y mucho compromiso a defender la continuidad de nuestra escuela. “Nuestra escuela” porque a ella podemos acceder todos gratuitamente, aunque en la vanguardia de nuestras reivindicaciones todos pensamos en los más mayores por ser estos los más necesitados, vulnerables y, por tanto, los más perjudicados por el cierre de la escuela.

Estamos convencidos que toda esta movilización fue la que motivó que el miércoles día 2 de junio la presidenta citará a nuestros representantes a una reunión en la junta municipal. En ella los delegados de cada curso confrontaron con argumentos las equivocadas razones que por desconocimiento o mal asesoramiento esgrimió doña Cayetana.

A la salida de la reunión los representantes del alumnado no albergaban esperanzas de evitar el cierre, aunque destacaron la actitud conciliadora de la presidenta y la oportunidad de desmentir algunos “bulos” mal intencionados.

Nada más lejos de la realidad, pues inmediatamente se citaba a los profesores para otra reunión con el coordinador para el viernes día 4 de Junio.  ¡Y salto la sorpresa! De la que sospechábamos sería la reunión para comunicar el cierre definitivo de la escuela, se convirtió en la magnífica noticia que aquí os estoy narrando.

La alegría de estos momentos me impiden entrar en más detalles sobre este sorprendente cambio de postura por parte de las autoridades, aunque es de justicia que sepáis los motivos y razones que recibimos por parte del consistorio. Al parecer, la decisión del cierre definitivo de la escuela nunca había sido contemplada, y quizás fuimos nosotros quiénes nos adelantamos a los acontecimientos. Queda dicho. Que lo cortés no quite lo valiente.

De lo que no cabe duda es que la continuidad de la Escuela de Adultos de Arganzuela es una grandísima noticia para todos, pero sobre todo para que “la soledad no deseada” de muchos de nuestros mayores más vulnerables pueda ser revertida en las aulas de nuestra querida ESCUELA DE ADULTOS.

 

Luis Fernando JiménezLuis Fernando Jiménez cursó estudios de Derecho y Filosofía en la Universidad autónoma de Madrid (1979-1985). Ha vivido muchos años en el extranjero, entre Bruselas y Amsterdam, dando clases en academias, sobre todo para hijos de emigrantes. Siempre tuvo interés por la escritura y a su vuelta a España, en Madrid, ha participado en varios talleres de creación literaria. Actualmente es alumno de la Escuela de Adultos de Arganzuela.

Nuestra compañera Dolores Gil ha escrito el relato titulado Objetos. En este relato utiliza la expresión a puerta fría.

[…] Hay un desgarro endémico en los muebles, en todas las piezas que lo pueblan. Se gesta un oxido que avanza y se disemina por las cavidades cadavéricas: siluetas de loza o cristal, con incrustaciones orfebres, vinilos con su cuota de disfrute pagada, novelas ilustradas, tochos de voluminosas enciclopedias (quizá compradas a puerta fría), archivadores con informes médicos y, todo tipo de papeles de diferentes asuntos, álbumes de fotos llenos de recuerdos amables, retratos con sonrisas antiguas, cajones repletos de cachivaches inservibles. Pero atrezo necesario para la escena cotidiana […].

Varios componentes del taller de creación literaria no conocíamos esta expresión, muy bien empleada por Dolores. ¡Expresión cazada! Pero… ¿En qué consiste la venta a puerta fría?

La venta a puerta fría puede referirse a las llamadas telefónicas que se realizan desde una empresa a un particular para ofrecer un producto o servicio. Sin embargo, es más habitual utilizar el término “venta a puerta fría” para definir la actividad de aquellos comerciales que se presentan personalmente en la vivienda de sus posibles clientes para tratar de vender en el momento algún tipo de producto o servicio.

Se trata de un tipo de venta muy invasiva y mal considerada por la mayoría de los usuarios, incluso por los propios comerciales. A nadie le gusta que molesten su descanso en su propiedad para tratar de venderle algo que no necesita ni ha pedido, de igual forma que a nadie le resulta agradable sentir el rechazo absoluto de otra persona cuando llama a su puerta.

Buscando le expresión hemos encontrado que A puerta fría es el título de una película española del año 2012, del director Xavi Puebla, con actores como Antonio Dechent, María Valverde, Nick Nolte y Héctor Colomé entre otros. Y varios de nosotros sin conocer la expresión. Se nota que vamos poco al cine.

En esta película, Salva (Antonio Dechent) es un veterano comercial que vende televisores y cámaras de video, y asiste a una feria de electrónica, la más importante del sector. De ser un vendedor estrella, ha pasado a estar en apuros, y su puesto de trabajo depende de conseguir un gran contrato, para lo que tendrá que vender 200 unidades de producto en dos días. Para ello pide ayuda a Inés (María Valverde), una bella azafata con la que idea un plan en el que está implicado el Sr. Battleworth (Nick Nolte).

A puerta fría

Mayte BlascoMayte Blasco (Madrid, 1979) es funcionaria del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos y actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional de España. En su faceta literaria, ha obtenido diversos premios y reconocimientos en certámenes de relato (Zenda, Madrid Sky, Filando Cuentos de Mujer, Manuel Nevado Madrid, Manuel Vázquez Montalbán…). Es autora de la novela Las vidas que pudimos vivir y algunos de sus relatos han sido publicados en diferentes antologías. Desde el año 2015 mantiene un blog literario en el que publica microrrelatos, reseñas y reflexiones sobre literatura: www.elblogdemae.com. Gran admiradora de Carmen Laforet, acaba de publicar su segunda novela, La extrañeza de la lluvia, con la editorial MaLuma. 

Fue finalista de la VI edición Madrid Sky con el relato titulado Juventud. En esta entrevista José Miguel Espinar y Manuel Pozo, con el apoyo técnico de Vicente Moreno, conversan con Mayte Blasco sobre sus experiencias literarias, las redes sociales, su última novela y la relación con otros escritores. Una gozada oír a Mayte Blasco.

 

 

Por: José Sáinz de la Maza

La tarde de ayer la dedicamos al análisis de la obra de Thomas WolfeEl niño perdido’. Se trata del relato de cómo una familia queda marcada por la temprana muerte de uno de sus miembros, Grover, el niño pedido, que fallece a los 12 años víctima de tifus. La historia se sitúa a comienzos del siglo XX, con el telón de fondo de la Exposición Universal de San Luis, en el profundo Estados Unidos en que creció en autor. Thomas Wolfe nos presenta una novela con tintes de biografía e incluso autobiografía, ya que el pequeño Grover Wolfe fue el joven hermano que perdió el autor cuando éste contaba apenas cuatro años y la historia que nos traslada es la de cómo él y su familia perdieron, como si se lo hubieran desgajado, uno de sus miembros más queridos.

Como siempre que analizamos textos, su estudio de cara al debate interno, se reparte entre los miembros del taller conforme con los elementos integrantes del relato. Se empezó analizando el elemento ‘narrador’, uno de los más sobresalientes de esta novela. Las cuatro partes de la obra tienen narradores y fórmulas expresivas diferentes. Empieza con una tercera persona que en ocasiones traspasa el límite de la omniscencia, mostrándonos a Grover el último año de su vida mientras recorre la plaza donde se encuentra el negocio de su padre. La segunda y tercera partes, contadas por la madre y hermana de Grover, son soliloquios que evocan su recuerdo, rememorados más de treinta años después de su muerte, dirigidos, sin que su presencia narrativa se manifieste, al propio autor, al hermano pequeño, a Thomas Wolfe, recordándole al mismo tiempo, su pequeñez ante la altura inalcanzable de Grover. La cuarta parte es un relato en primera persona contado por el propio escritor, que nos conduce por las calles de San Luis hasta llegar a la habitación en la que murió su hermano.

Cuatro narradores, cuatro caras, cuatro voces, una composición que tiene algo de cubista aunque, durante el debate se observó la sugestiva posibilidad de que fueran tres, pensando que el propio Thomas Wolfe no sólo fuese el narrador de la parte cuarta, sino también de la primera. Se dibujaría así un círculo, un comienzo y un cierre que se encuentran, un hermano aún vivo y su final, presentado como la necesidad vital de enterrar al muerto y de cauterizar por fin la herida.

El espacio es otro de los elementos destacados de la novela. Los espacios que se nos presentan enmarcan, al mismo tiempo, los episodios de la vida de Grover. La plaza vívidamente descrita siguiendo sus pasos nos muestra la personalidad tal vez idealizada del niño. Sus valores, sus miedos, lo que siente íntimamente ante imágenes y olores, sus gustos y anhelos se exhiben magistralmente conforme desfila ante los escaparates de las tiendas, en el empedrado del suelo, en tranvías y carromatos y en la gran fuente que se yergue en su centro. Un delicioso travelling y nunca, como en este caso, ha tenido más razón Godard al afirmar que un travelling es una cuestión moral. Otro espacio, el del tren del viaje a San Luis que evoca la madre nos presenta a un niño tempranamente maduro. Un muchacho reflexivo y tranquilo que complace y enorgullece a una madre hastiada de sus otros hijos y de su revoltoso tumulto. Los demás espacios, el restaurante de mala muerte al que acude de escapada con su hermana, las calles y andurriales de San Luis, la casa alquilada al doctor Packer, perfilan al personaje y lo enriquecen. Pero de todos los espacios que fuimos descubriendo y poniendo en valor, el más entrañable y evocador tal vez fuera el los cristales que jalonan el relato ante los que el pequeño Grover aplastaba su nariz en busca de una vida que no llegará a disfrutar.

Los personajes están perfilados con magistral finura, especialmente en la primera parte, cuando descubrimos a los dueños y empleados de las tiendas de la plaza. Los sentimos vivos y aunque en la mayoría de los casos ni siquiera los oímos, el trazo de sus rasgos, sus maneras y movimientos, el modo en que los vemos, por ejemplo, manejar sus asuntos, nos dicen todo sobre ellos, los tenemos ante nuestro ojos y los reconocemos. Por otra parte, la madre, la hermana, sus tics, sus filias, el juego de las preferencias que se hacen evidentes y apuntan al predilecto, un hijo y hermano que no es el autor, Thomas Wolfe, de hecho, aparece minusvalorado. Hubo acuerdo en que esta actitud le molestó y que de alguna manera casi imperceptible, sólo sugerida, se entrevé cierto rencor, un reproche ensordecido, semioculto entre los párrafos del texto. Esta también Grover, el personaje principal, casi sin voz propia, al que vemos a través de fragmentos, de cubos que se ensamblan a través de los distintos narradores. Sin embargo, de todos los personajes, el que al final reconocimos como el que más nos conmovió, fue curiosamente, un viejo caballo. Un pobre animal que soportó impertérrito una terrible tormenta, imagen perfecta de una noble mansedumbre, de una estoica y majestuosa quietud.   

Cuando tratamos de poner sobre la mesa los hilos de trama aparecieron algunas muy sugestivas: el débil y la justicia divina, los olores y su potente mensaje, los tranvías y trenes con ese aroma de las traviesas de los carriles impregnada de grasa y hollín, el viaje como motor del cambio. Uno destaca sobre los demás y los cohesiona, la muerte. Una muerte que vemos implícita en muchas imágenes, como las de la funeraria o el piano de la tienda que se compara con un ataúd o el piano familiar bajo el que se esconde Grover en un prematuro anuncio de su muerte o las lápidas y esculturas del taller del padre.

¿Y el tiempo? Todos advertimos la importancia del tiempo en este relato. Se habló de un tiempo detenido ante el hecho de la muerte y del consiguiente recuerdo del fallecido. Un recuerdo que tiene, por otra parte, su propio tiempo, un recuerdo que con el paso de los años altera los acontecimientos, engrandeciendo aún más al recordado, añadiendo episodios que quizá no ocurrieron. Un tiempo global, se dijo, el de la muerte de Grover que acoge bajo su seno los otros tiempos, los parciales y concretos de los episodios que se cuentan.

Y todo esto, aunque parezca mentira, ocurrió en sólo dos horas, incluyendo un descanso de unos diez minutos para el panchito, la almendra y la cerveza. Y luego dicen que la literatura es cara.

Fue a través de un club de lectura virtual que puso en marcha el Ayuntamiento de Madrid a través de las Bibliotecas Públicas Municipales, como llegué a este libro de Margaret Atwood.

La semilla de la bruja

Empezaré con una breve presentación de la autora canadiense que fue premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2008. Nació en Ottawa el 18 de noviembre de 1939. Poeta, novelista, crítica literaria, profesora y activista política es miembro del organismo de derechos humanos Amnistía Internacional y una de las personas que presiden BirdLife International, en defensa de las aves. En la actualidad divide su tiempo entre Toronto y Pelee Island, en Ontario.

Atwood ha escrito novelas de diferentes géneros, ensayos, relatos y libros de poemas, así como guiones para televisión. Su primera novela La mujer comestible se publicó en 1969, donde se hizo eco de la marginación social de la mujer. Prolífica escritora en cada uno de los géneros que ha cultivado. Hay que destacar su novela distópica El cuento de la criada, publicada en 1985 donde destaca la crítica social y el trato a la mujer, temas frecuentes en sus obras. Queda anotada para una futura lectura.

La semilla de la bruja es una de sus últimas novelas, publicada en 2016. Es la narración de una venganza, una sutil venganza ideada por un famoso director de teatro al verse despojado de su puesto y su prestigio. La novela es un paralelismo de la obra de William Shakespeare La tempestad. Construye su venganza montando la representación de la pieza teatral como director de alfabetización en un centro penitenciario. En ese montaje, Atwood utiliza el proceso de creación teatral para presentar a sus personajes que al tiempo son los personajes originales de Shakespeare. A base de ¿metaficciones? va entrelazando las vidas de los presos con los personajes que van a representar.

Las fantasías del director con el fantasma de su hija muerta a los tres años y la incorporación de una actriz, con la que trabajó en sus tiempos de personaje famoso, en el principal personaje femenino aderezan la historia. Utiliza con cierto detalle el proceso de puesta en escena teatral y la utilización de coreografías.

Su lectura atrae, tanto por el misterio de la venganza, como por su escenificación. Por eso, me parece una lectura recomendable.

 

 

 

Luis MarínLuis Marín es un gran lector y aficionado a la escritura, sin embargo se dedicó profesionalmente a las ciencias económicas. Es miembro de la asociación Primaduroverales. Es coautor de los libros Madrid Sky y 2056 Anno Domini. Ha resultado finalista en distintos certámenes literarios, el último de ellos el VI Certamen de Relatos Cortos de la UNED de Alcalá la Real (Jaén), y sus relatos han aparecido publicados en distintas antologías.

Hace un año inauguramos en el blog la sección CineKlub con Vicente Moreno y Alberto Palacios. En aquella ocasión mantuvieron una deliciosa conversación sobre el cine negro. En esta ocasión se centran en la obra de Stanley Kubrick, y más en concreto en la película 2001, una odisea en el espacio. No te pierdas esta maravillosa conversación de cine entre Vicente Moreno y Alberto Palacios.

 

Vicente Moreno Nieto nació en Valladolid. Es coautor del libro de relatos Madrid Sky, en el que publicó el relato El viento de la pradera, y del libro 2056 Anno Domini, en el que publicó el relato Catedrales. En 2018 resultó ganador del certamen de relatos breves Guindostán. Informático de profesión, es un gran lector y un apasionado del cine.

 

 

 

Alberto PalaciosAlberto Palacios Santos es de Salamanca, de la que dice que es una ciudad difícil y llena de contrastes. Es un hombre muy familiar. Le gusta la literatura y el cine, al que podemos decir que se dedica profesionalmente. Considera que el cine y la literatura son dos formas de acercarse a la ficción, dos maneras de trastornar la realidad y de tratar de entender el mundo. El hecho de trabajar rodeado de películas le permite conocerlas más intensamente y asomarse a otros cines repletos de posibilidades literarias, como el cine aficionado −el que desde siempre ha rodado la gente anónima en formatos como el 9,5 mm. 8 mm. o Súper 8− y en el que afirma que se encuentran auténticas maravillas con todo un mundo por descubrir. Alberto Palacios escribe relatos, obras de teatro, y ha ganado numerosos certámenes literarios. Ha sido finalista en la primera edición del certamen Madrid Sky y tercer premio en la V edición.

 

Por: Juan Santos

Avanza la primavera y en la clase de ayer se percibía el optimismo. Bastaba con mirar las caras que formábamos el mosaico de la pantalla del ordenador. Sin duda, todos estábamos preocupados por la avalancha de inmigrantes en Ceuta y rondando por nuestras cabezas el conflicto palestino, pero teníamos motivos para estar alegres. Todos estamos vacunados con la primera dosis y alguno con la segunda. Y eso anima. Ya se puede viajar y ahora sí, parece que este año podremos disfrutar un poco más del verano.

A parte de esto, teníamos un aliciente más para empezar la clase con entusiasmo, los relatos a priori eran intensos y la tarde prometía.

Como agua en mayo, recibimos el cuento de José Miguel que, como los buenos artistas, sólo da un par de conciertos al año. Atendiendo al ejercicio de los símbolos, nos leyó su relato titulado Niebla. Con este fenómeno meteorológico, que aparece y desaparece, nos sumerge en la tristeza que siente el protagonista recordando a su pareja desaparecida, tal vez en un acantilado. Cada vez que vuelve al pueblo de la costa, revive los buenos momentos que ahora son amargos como la seguirilla de Carmen Linares. La belleza de Annette se asoma a la ventana como la muchacha de Dalí. Para dar más profundidad al relato, nos presenta a Fina y al Chino, pareja de amigos que han perdido a sus dos hijos, con los que comparte pena. El vacío que deja la muerte queda magníficamente reflejado en este relato. La conclusión de todos fue unánime ¿Por qué no escribes más, José Miguel?

“Al poco de llegar, ya en la casa, observo a Annette apoyada en el borde de un balcón, mirando o adivinando, a lo lejos, una capa de niebla que lo cubre casi todo. Su figura me recuerda, inevitablemente, a la muchacha que está pintada en un cuadro del museo de Figueras. Me pego a ella por detrás mientras la rodeo por la cintura con uno de mis brazos y con la otra mano le echo el pelo a un lado para poner mis labios en su nuca. Si existe el paraíso, debe ser esto. Si pudiera parar el tiempo y el espacio lo haría y no quedaría nada más que perseguir. Aquí está todo.”

Nos quedaba otro relato similar, en cuanto a los símbolos literarios y el vacío de la muerte como trasfondo. En este segundo caso, con un final diferente que luego comentaré. Porque siguiendo un orden cronológico,  cambiamos el chip para leer la carta-relato de Dolores Gil. Una carta continuación de otra anterior enviada a una hermana vitelina, separada por el tiempo. En estos párrafos, Lola se explaya con su buena prosa, para hablarnos de las nuevas tecnologías y progresos médicos del futuro. Todo queda muy gráfico y muy bien puesto, si forma parte de una novela y en capítulos siguientes, aparecen los conflictos y soluciones que vislumbran solo al final de la carta. Como Lola no estuvo conectada, no supimos sus propósitos referentes a la continuidad.

“Convivimos humanos con hombres-ciborg, hombres-biónicos o híbridos-humanos: éstos contienen dispositivos cibernéticos integrados en el interior de sus cuerpos, o implantes externos, como piernas o brazos artificiales articulados (biónicos), que han sido perdidos por patologías o accidentes; son conectados al cerebro, mediante un sistema complejo. Los autómatas o robots o androides (auxiliares y dependientes del hombre). Los hay de muchas gamas y materiales: robótica blanda (biodegradables), o rígida. Y luego están los hombresmáquina o humanoides: de inteligencia artificial, totalmente independientes del humano (son muy peligrosos).”

Tras unos minutos de descanso, retomamos la clase con Susana de la Higuera. Las naranjas ya no saben igual. El inicio ya nos atrapó y no sólo por el título, sino por el primer párrafo que ya apuntaba maneras. El soliloquio en primera persona con un marido fallecido poco tiempo atrás es una delicia. El recuerdo de unas sabrosas naranjas, la presencia de la máquina Olivetti obsoleta y el merodeo de una gatita por la casa, son los símbolos que enriquecen este magnífico relato, donde la soledad y el vacío dan paso a la superación, apuntándose a las clases de Tai-Chi. Escrito con sencillez, Susana nos dejó este magnífico regalo.

“Delante de la Olivetti, introduzco una hoja en el rodillo y poso los dedos sobre el teclado. Cierro los ojos, respiro lentamente y permito que me colme esa serenidad y plenitud. Después, dejo que mis dedos cobren vida propia. L-O-R-E-N-Z-O… las primeras letras… Las teclas zapatean en una danza vívida e insinuante. Cuando, al fin, mis dedos se quedan quietos, apaciguo mi turbación y, emocionada, retiro la hoja. Mis ojos anhelantes buscan el viejo latido de su aliento, pero solo encuentran una cara blanca llena de arrugas y cicatrices. La cinta de tinta está seca, como las naranjas.”

El tiempo restante, lo ocupamos para comentar el relato de Rodolfo Walsh titulado Esa mujer.

Un coronel tiene el cadáver de una mujer embalsamado y es entrevistado por un periodista que quiere saber dónde está el cuerpo. El coronel que es perro viejo, entre vaso y vaso de wiski, da largar y maneja la situación a su comodidad sin soltar prensa. El entrevistador le ofrece mucho dinero por la información, pero no lo consigue porque dice que el cadáver es suyo. Escrito en primera persona. Por su ingenuidad, más que el narrador, destacan los diálogos y las descripciones. El relato es un verdadero manifiesto de adoración a la muerte. En palabras de Pura, es un puñal de lo bien escrito que está. Saber de antemano que el cuerpo de “Esa mujer” corresponde al de Evita Perón, da más dramatismo al relato.

“Él bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad, con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar el vaso lentamente.

—Esos papeles —dice.

Lo miro.

—Esa mujer, coronel.

Sonríe.

—Todo se encadena —filosofa.

A un potiche de porcelana de Viena le falta una esquirla en la base. Una lámpara de cristal está rajada. El coronel, con los ojos brumosos y sonriendo, habla de la bomba.

—La pusieron en el palier. Creen que yo tengo la culpa. Si supieran lo que he hecho por ellos, esos roñosos.”

Como es evidente, fue una tarde intensa de lecturas y comentarios. No exagero. Tal vez me haya quedado corto.

Por María Jesús Ainaga

Ana Pozo y Ernesto Cubo dirigen desde el año 2013 la cafetería – cervecería La Rebujita. Es un carismático local situado en un parque del Paseo Vallejo-Nájera, esquina con la calle Nogales, con una amplia terraza y una zona infantil con columpios al lado. Como está rodeado de árboles y no pasan coches cerca, resulta un remanso de paz y tranquilidad donde disfrutar de las preciadas charlas con amigos en un ambiente muy familiar… siempre cumpliendo la normativa COVID.

En el año 2017 La Rebujita se convirtió en patrocinadora del concurso anual de relatos Madrid Sky, que goza ya de una merecida reputación en el mundillo de la creación literaria. En esta entrevista conoceremos mejor a Ana.

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¿Cuáles fueron los comienzos de La Rebujita?

Teníamos un negocio familiar dedicado a la fundición. Estaba a orientado a artículos de marroquinería, publicidad y regalos. Con la crisis económica fuimos arrastrando pérdidas unos años hasta que en 2013 decidimos abrir este local. Fue una decisión obligada, pero fue lo mejor que pudimos hacer.

¿Cómo se te ocurrió la idea de ser patrocinadora de un concurso literario?
La verdad es que fue fácil porque tenemos mucho contacto con varios de los miembros de Primaduroverales, el grupo de escritores que organiza el concurso. Además de una buena amistad, nos une el amor por la literatura y el gusto por tertulias en las que, hablando de libros, poemas o relatos… terminamos hablando de la vida, de nuestra vida. Así que, a Ernesto y a mí, nos pareció apropiado colaborar con ese grupo de escritores que, desinteresadamente, tanto están haciendo para promover la buena literatura. Por eso decidimos ayudar a Primaduroverales aportando la cuantía de uno de los premios de su concurso anual Madrid Sky.

Por conocerte un poco más en el ámbito literario, ¿cuáles son tus preferencias?
La novela romántica, sin duda. Un libro que me fascinó fue El manuscrito carmesí, de Antonio Gala. Él me gusta mucho. Y Laura Navarro y María Dueñas…

¿Desde cuándo te viene esta afición por la literatura?

Desde siempre me ha gustado mucho leer, lo que pasa que hay veces que le puedes dedicar más tiempo y otras menos. En mi caso me siento más cercana a la literatura por mi hermano Manuel, que es un gran aficionado a la escritura y ha publicado varios libros. Siento un enorme orgullo.

¿Qué libro estás leyendo ahora?

Mujeres del alma mía, de Isabel Allende.

¿Tú te animarías a escribir?

Me gustaría. Mucho. Tengo pensamientos e ideas que me encantaría escribir para compartir. Pero no me atrevo. No me veo con la técnica suficiente para desarrollarlo.

Me han llamado la atención un par de cuadros que tenéis en el bar y… bueno, ¿qué nos cuentas sobre ellos?

Son de un pintor y fotógrafo aficionado, Ángel Prado, que es amigo nuestro. Como ves, de uno u otro modo, siempre encontramos formas de apoyar la cultura.

Es una difícil tarea y más aún, en los tiempos pandémicos que nos está tocando vivir.

¿Cómo os ha afectado a vosotros a vuestro negocio? ¿Os habéis resentido mucho con los nuevos protocolos, horarios y restricciones?

Obviamente nos ha afectado. Ha hecho que todo sea mucho más complicado. Pero, por suerte, tenemos una terraza muy grande, con una parte cubierta, y en una ubicación privilegiada cerca de los árboles y lejos de los coches. Eso nos ha ayudado a mantener a los clientes ya que podemos ofrecer un espacio al aire libre, seguro y con total cumplimiento de la normativa. Fíjate que ahora, para poder atender a toda la demanda, tenemos que gestionar reservas para ocupar las mesas, (a cualquier hora).

IMG_4473¿Dirías que La Rebujita tiene ambiente literario?

Lo que tiene es “alma y vida”. Por eso te atrapa. Porque acoge a todo el mundo con una familiaridad especial. Por eso cualquier persona que quiera escribir… siempre encontrará en la Rebujita una historia que contar.

Pronto se va a celebrar una nueva edición del certamen Madrid Sky. ¿Volveréis a acoger a los escritores finalistas tras la entrega de premios?

No lo sabemos, depende de las circunstancias sanitarias. Nos gustaría que La Rebujita fuese otra vez ese lugar de encuentro de escritores y de aficionados a la literatura en general. Un sitio donde continuar con un vino o una cerveza la ceremonia de entrega de premios del Madrid Sky. La ceremonia es algo más formal, después nos encontramos aquí en un ambiente más distendido.

¿Te gustaría añadir algo más a esta entrevista?

Sí, que se pase esta pandemia cuanto antes, que nos quitemos las mascarillas pronto, que nos podamos reunir sin tener miedo a tocarnos y besarnos y abrazarnos. Y que nos podamos juntar con nuestros familiares y amigos sin limitaciones. A ver si todo se da bien y podemos celebrar otra vez el certamen Madrid Sky en nuestra terraza.

María Jesús AinagaMaría Jesús Ainaga es una amante de las palabras y firme creyente del poder del “lenguaje positivo” en nuestras vidas. Le encanta construir relatos engarzando frases aleatorias proporcionadas por otros. Ha sido finalista del certamen de microrrelatos “Tinta y Papel” y es coautora del libro 2056 Annus Domini. Se unió a Primaduroverales en 2017.

El pasado domingo 16 de mayo de 2020 a las 12 de la noche se cerró el plazo de entrega de cuentos para participar el VIII Certamen Literario Madrid Sky.

Se han recibido un total de 317 relatos ajustados a las bases del concurso. El 30’28 % de relatos proceden del extranjero, destacando claramente, como en años anteriores, los relatos recibidos desde Argentina.

El fallo del certamen, tal y como se estipula en las bases, tendrá lugar el día 24 de junio de 2021 a las 19h y se dará a conocer en un acto de entrega del premio que tendrá lugar por medio de una aplicación de uso generalizado que permita la realización de una videoconferencia, salvo que la situación sanitaria permita la realización del acto de manera presencial, en cuyo caso los finalistas serán informados con suficiente antelación.

En el acto de entrega de premios contaremos con los patrocinadores del certamen:

Revista digital Vinos y caminos.

Cervecería La Rebujita.

Bodegas Sameirás.

La procedencia de los relatos es la siguiente.

Por países:

España 221, Argentina 28, Chile 11, Perú 11, México 9, Colombia 7, Cuba 7, Venezuela 7, Ecuador 5, Uruguay 3, Canadá 2, Guatemala 2, USA 2, Bélgica 1, Bolivia 1.

Cartel (para web)

Por: Paco Plaza

Tenemos a Yahvé (sacado del relato “el psicoanalista” de Carlos Cerdán)  junto  a una buena señora que acaba de morir (recién salida del relato “La Habitación” de Dolores Gil); en los asientos de detrás están  dos mujeres y un niño (Carmen, que con su hijo Manuel, se ha tomado un descanso de la novela con ucronía de Luis Marín y una señora mayor muy triste y melancólica que viene del relato “La muerte en blanco” de Lourdes Chorro).  Un poco más atrás  nervioso, sin saber si tiene que sentarse o si se tiene que marchar está Sergio, un joven que se ha caído de la novela  “La revanchas de las tuercas” de Pablo Frías.

—¿Qué tal te ha ido con el psicoanalista? —le pregunta  la señora muerta a Yahvé.

—Pues no sé qué decirte. Me aconseja que vuelva con mi hijo, que puede que tenga no se qué complejo de padre de superhéroe, para afinar el diagnóstico. Mira lo que me ha soltado:

“ …Es evidente: viene al mundo para  combatir el mal y salvar a la humanidad, crece lejos de la casa de su padre en un lugar solitario donde desarrolla sus habilidades con el maestro Jo Sé, que imagino será un maestro shaolín …

—Pues vaya —le dice ella muy compungida.

—Le aclaré que el padre era maestro carpintero. Yo no sé qué es eso del shaolín.

—Pues yo tampoco, he estado mucho tiempo encerrada en una habitación sin salir a la calle, igual es una salsa —contesta la fallecida.

—¿Toda su vida metida en una habitación? —se interesa Yahvé.

—Era la habitación del miedo. Una mujer estaba atrapada dentro. Paralizada, no tenía la capacidad y el valor suficiente para escapar. Soñaba con adentrarse algún día en aquel bosque encantado de la mano de los niños de papel que parecían esperarla cada día.

—Y esa mujer era usted, claro.

—Sí, un hombre me maltrataba y mi único consuelo era soñar con los niños y el bosque dibujados en el papel pintado; y salir a la calle. Aunque lo de salir a la calle no les gustó mucho a unos que yo me sé.

La señora Carmen se inclina sobre la fila de delante y pregunta:

—¿Saben quién actúa hoy?¿Los Primaverales o los Duros?

—Los Duros, los Duros —contesta Yahvé muy seguro de sí mismo.

—Bien —dice la señora Carmen—, así los que lo hemos pasado tal mal últimamente nos podemos consolar un poco con el sufrimiento ajeno, y no lo digo solo por usted señora muerta sino por mí y mi hijo que acabamos de pasar un mal trago en medio de la Guerra Civil. Fíjense qué episodio nos acaban de hacer pasar:

“El calor se iba haciendo sofocante, María no paraba de quejarse del cansancio y Carmen decidió parar para beber un poco de agua a la sombra de un olivo. Se alejaron unos metros de la carretera para encontrar resguardo. Un ruido de motores alertó a los caminantes. Los coches redujeron la velocidad al acercarse a uno de los grupos y vocearon algunas consignas. El coche que cerraba el convoy se detuvo y de él descendió un hombre con la camisa azul para dirigirse al hombre de la familia que, hasta que pararon, iba detrás de Carmen. No podían oír lo que hablaban, pero vieron cómo la conversación subía de tono y se acurrucaron muy quietos. Un instante después se oyó una detonación. Sólo quedaron los gritos histéricos de una mujer y unos niños y el motor de un coche que se alejaba.”

—Yo también lo he pasado mal —dice la señora triste—; cómo una liviana libélula atrapada en la viscosa baba de una rana lánguida. Me vendrá bien regocijarme y chapotear en las lágrimas de un pobre desventurado. Si no, miren de dónde vengo:

“Un rayo enciende los árboles del parque que la cobijan. Un rayo cercano que parece que fuera a atravesarla El estruendo del trueno en sus oídos la obliga a abandonar el banco, a retomar el camino. Este otoño seco en las puertas de un invierno, lo quemará todo. Los glaciares no podrán derretirse de nostalgia. Las lágrimas se perderán en los desagües, en los filtros de las depuradoras. Reflejo de estrellas en charcos de agua negra. Remolinos de recuerdos recostados sobre el tiempo. Esta noche la luna se atragantará entre tanta nube.”

—¡Atención que va a empezar la función! —anuncia la fallecida.

—Mira Manuel —se entusiasma la señora Carmen—. Han metido la rueda de metáforas podridas, el saco de epítetos estériles y la mesa de pérdida de foco. Hoy nos vamos a divertir.

Los verdugos aparecen desde el fondo del escenario arrastrado a Pablo Frías y le atan fuertemente a la rueda de tortura.

—¿Vas a continuar con tu novela?

—Sí, sí, —grita el pobre Pablo.

Al final de la sala Sergio  ha quedado aterrado, no puede soportar ver sufrir a su creador, le gustaría ir a ayudarle, pero toma la decisión de irse  participar en un juego de rol con los amigos.

De repente aparece entre bastidores un señor ya metido en años con el aspecto de acabar de fumarse un Cohíba con un copazo de Luis Felipe.

—¡Don Cayetano! —grita Sergio, que ya estaba junto a la puerta de salida.

Don Cayetano se aproxima a Pablo, que se retuerce en una mueca de dolor,  y mientras le arrea bofetadas del derecho y del revés como si estuviera encalando un tabique le suelta:

—Tú a mí no me vas a hacer parecer un viejo condescendiente con las clases bajas, ¿entendido? ¿Qué es eso de que le confieso mis intimidades sin más a un mindundi? ¿Eh? Te vas a enterar.

Y el señor mayor le recuerda aquello de: “Don Cayetano titubeó por un momento. Esa ligera muestra de debilidad me reconfortó. Estaba senil pero era humano.”

Cuando termina de aliñar la ensalada de guantazos Don Cayetano regresa por bambalinas y los verdugos continúan con su labor hasta el final de la función, al apagar las luces echan al foso el maltrecho cuerpo de Pablo aún con vida y  diciendo con un hilo de voz:

—Continuaré, continuaré,….

Yahvé, las señora muerta, Carmen, el niño Manuel y la mujer melancólica se retiran conversando animadamente —Sergio se fue hace ya un buen rato—; hablan de ir a tomar algo a una terraza cercana.

—¿Sabes que quieren cerrar la Escuela de Adultos de La Casa del Reloj? —le pregunta la señora Carmen a Yahvé.

—¿No me digas? —responde el Sumo Hacedor — pues vaya estupidez más grande. No, si me he lucido Yo con mi creación estrella; no me extraña que haya terminado en el psicoanalista.