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Posts Tagged ‘Crítica literaria’

Inacción, pasividad, negación, dualismo, el bien y el mal, personajes, narrador, tiempo, espacio, de todo eso se habló en torno a una personaje como Bartleby. ¿O quizá no es ni ESO?. El autor nos muestra varios personajes, pero ¿no son en realidad una mera prolongación del  principal, que además es el narrador?.

Muchas preguntas y sólo una respuesta difusa “preferiría no….”

¡Cómo nos disturba el comportamiento inesperado y contra corriente!

Algunos han visto un claro mensaje religioso, un personaje heroico, un segundo cristo, un ser insignificante, un fantasma, una sombra, una actitud. Todos esos calificativos flotaron por la buhardilla en una calurosa tarde verano, la última del curso 2014-2015, donde también flotaba el deseo de pasar página y compartir la última noche de cañas con una cena al aire libre.

Hubo ausencias, dos, que se echaron de menos. Cuando alguien falta, enseguida se percibe que hay un hueco vacío, una opinión que no se va escuchar. Pero nos quedan las citas veraniegas los jueves, cuando el sol decae a partir de las ocho de la tarde. Este año vamos a probar en la terraza del Loa, nuestro punto de encuentro durante todo el año, pero al aire libre, creemos que habrá espacio suficiente.

Choque de copas, besos de despedida, hasta después del verano, nervios por el inminente desenlace, incertidumbre. Nos encontraremos en octubre, seguro, sea como sea, porque lo que ha unido la literatura no lo va a separar un sorteo.

Feliz verano a todos.

Y a escribir. Queda planteado el último trabajo sin desarrollar. Crear un personaje a través de otros, y si alguien lo quiere llevar al año 2056, pues adelante. Seguro que también en el futuro habrá un Bartleby obligando a reaccionar ante su inexplicable negación. Abrir el curso con alguna lectura, puede facilitar la reentrada y el primer día para los nuevos.

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Y por fin llegó el día tan esperado. Todo empezó apenas arrancaba el curso en octubre. La resaca de la fiesta, permítaseme que la califique así, de entrega de premios del primer certamen de cuento corto fue uno de los primeros comentarios en el grupo.

Los que pEntrega de premios concurso 2015 para webor primera vez se incorporaban al taller, veían con extrañeza la euforia sofocada. Pronto empezaron a comprenderlo. El primer paso fue buscar la manera de financiar el premio de la segunda edición del concurso y después empezar a pensar, y porque no decirlo a soñar con la fiesta de fin de curso.

Tres meses de trabajo, sobre todo para los componentes del jurado. La elaboración de las bases del concurso, el cartel promocional, la publicación y difusión a través de las redes, el cierre del periodo de recepción de relatos, los nervios de lo que ya se ve en el horizonte próximo, la presentación, los lectores.

Las dieciocho horas del día decisivo y todos al pie del escenario, el atril recién puesto las sillas que no acabamos de decidir cómo colocarlas, los últimos ajustes, el técnico del teatro probando los focos,  “¿os molesta aquí la luz? ¿mejor así?”, el sonido, “¡ya no se acopla!”.

Sonrisas que disimulan los nervios, últimos detalles de la lectura de los textos, los folios que salieronDSC_4530 para crónica de casa blancos y lisos empiezan a mostrar dobleces, subarrayados destacando alguna pausa. Concentración. Los espectadores comienzan a ocupar los asientos, los concursantes van llegando en un goteo incesante. Las luces bajan de intensidad el atril destaca con una luz personalizada los presentadores hacen su aparición en el escenario, una respiración profunda y la máquina se pone en marcha.

Los protagonistas, los escritores, van a ser el centro de atención. Ellos han realizado el esfuerzo de escribir, y ahora queremos ofrecerles nuestra humilde recompensa, intentar hacerles vivir un rato especial. Una presentación personalizada, una breve conversación y el momento de escuchar sus sentimientos en boca de un lector que no conocen.

Un lector que sabe que de su énfasis puede depender la mayor o menor aceptación del texto. Que ha procurado meterse en la idea del autor para que se reconozca en su voz. Árdua tarea, sin duda.

¡Que pronto pasa el tiempo! Ya estamos todos en el escenario acompañando a los concursantes, felicitando a los ganadores:

Segundo finalista “Et in Arcadia ego”, de Sandra Almazán María

Primer finalista “The woman in the window”, de Alberto Palacios Santos

Primer premio “A su lado”, de Santiago Eximeno HernampérezSAM_2556 para texto

LA FOTO. Ya no hay nervios, ahora queda una ligera sequedad en la boca que habrá que remediar lo antes posible. Las luces del escenario se apagan, hay que dejar todo como estaba, recoger los cables. Momento de nostalgia. La satisfacción por el trabajo realizado.

Pero el año que viene más, lo sabemos, lo dicen las miradas que se cruzan con complicidad. Sí estamos seguros, este año estamos más seguros, habrá tercera edición.

Gracias a todos, concursantes, trabajadores, compañeros que han participado y los que no, público incondicional. Esto no se ha acabado, es sólo un punto y seguido.

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Ayer por la noche me encontré con un viejo amigo con el que me río un montón. Le conté que venía del Taller de Creación Literaria y le expliqué que habíamos comparado dos cuentos de dos autores muy diferentes (de los que no mencionaré nombre ni títulos, dejándolo para un comentario más científico en otra entrada) y mira tú por dónde, mi amigo, que es muy leído, conocía el segundo de ellos. Tendríais que ver las caras que ponía cuando le conté las versiones metafísicas que habíamos dado del cuento: que si el machismo, que si los espacios interiores, que si la sumisión, que si el dominio del hombre, que si una válvula de escape…

Una válvula de escape es lo que tienes tú en la cabeza, –me dijo. La interpretación es mucho más simple que todo eso. La protagonista es un pestiño de mujer: que si me duele aquí, que si me duele allí, que tengo esto, que tengo lo otro. Todo el día quejándose de que está mala, de que no han tenido hijos, de que le hubiera gustado ser madre etc. etc. El caso es que se pasa el día en casa sin trabajar, mientras el marido está en la oficina ganando un sueldo para, entre otras cosas, comprar una casa maravillosa con una buhardilla.

A la mujer, que está todo el día en bata dándole a la botella y conoce mogollón de marcas de ginebra tampoco le gusta su estupenda casa y vuelve loco a su marido y al lucero del alba para pintar cada poco tiempo y cambiar los colores de las paredes. Imagina continuamente paraísos inexistentes, como unas islas en las que la gente va en pelota picada por la calle, y piensa que pintando frecuentemente recreará esos paraísos en su casa. En estas, el pobre marido se entera de que está lloviendo y llama por teléfono para saber cómo van los trabajos de pintura con un pintor que ha tenido que buscar él mismo ante la incapacidad de la susodicha para tomar una mínima decisión, y ella le engaña. Le dice que el pintor se ha ido cuando no es verdad, porque el hombre está esperando en su furgoneta a que escampe. Entonces, la mujer, una vez que se ha librado del marido se mete en la furgoneta para merendarse al pintor, cosa que lleva intentando toda la película, digo el cuento. Pero la tía es tan pellejo que el pintor pasa de ella.

Esa es, según mi versado amigo, la verdadera interpretación del cuento… aunque todo es opinable (incluso el color de las paredes).

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Ayer dedicamos nuestra tarde al “comentario crítico” del cuento de Mario Vargas Llosa titulado “El Hermano Menor”. Creo que el relato gustó a todos. Comienza con una escena en la que los dos hermanos encuentran en un lado del camino un sapo encima de una gran roca. El hermano mayor apunta al sapo cuidadosamente con un revólver y le pega un tiro. Mi pregunta es: ¿Quién era el sapo?

No digo yo un tiro, que en un blog de literatura tampoco estamos para hacer el bestia, pero… ¿a quién os gustaría convertir en sapo y darle una merecida pedrada en la cabeza?

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El número de sillas vacías delataba que se trataba de tarde de análisis. Aunque es un fenómeno constatado, nadie se atreve a darle explicación. Pero los que asistieron disfrutaron de una tarde de tertulia que siempre deja nuevas enseñanzas.

Como por algo hay que empezar, en esta ocasión el primer análisis le correspondió a la estructura que generó una viva polémica con intercambio de puntos de vista de todos los colores. Ya sabéis, “para gustos hay colores”. Sin embargo, hablar de La Muerte de Artemio Cruz sin relacionarlo directamente con los narradores es prácticamente imposible, por lo que inmediatamente fue el tema de debate que ocupó toda la primera hora de clase y más. Aquí sí que hubo controversia. Lo único que se salvo es que aparecen tres narradores o niveles narrativos. Ahora, identificar a ese narrador en cada uno de los casos despierta múltiples versiones.

Después de un merecido descanso, que sirvió para intentar ganar adeptos a cada postura, entramos en el espacio, o por mejor decir, los espacios y los tiempos, que hay varios. Cuando ya parecía que íbamos a finalizar, aparecieron los personajes. Aquí hubo más acuerdo; la novela está plagada de personajes prototipo o arquetipos, lo que resta fuerza personal a los mismos.

En un momento, salió a colación otra novela mexicana que ya hemos analizado en este taller, “Pedro Páramo” y……

No me atrevo a poner porcentajes sobre a quién le ha gustado la novela y a quien no, con todo el abanico entre ambos extremos, pero lo más importante, a ti ¿te ha gustado la lectura?

La próxima semana llevar el libro porque quizá se dé lectura a algún pasaje. Mientras tanto a trabajar que, por lo que se barrunta, todavía está por empezar lo duro este año.

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Con la inercia del empujón que la semana pasada me dio Antonio Llop, aquí va la crónica del jueves 22 de abril. Después de lo dicho por Manuel en el correo, no queda mucho que añadir, pero un novato en estas lides se queda impresionado después de llenar dos horas de comentarios sobre un relato de apenas cuatro folios. La Autora, recibió las críticas con una sonrisa y a pesar de los intentos de unos y otros, no dio su brazo a torcer y, al igual que en el manejo de los personajes, mantuvo la ambigüedad acerca de sus intenciones a la hora de escribir ese precioso texto, lleno de rincones y recodos por el que transcurre su río, lleno de musicalidad y con su carga de reflexiones. Por fin, la declaración de que su relato nació de algún comentario hecho en clase acerca de los verbos y los pronombres, nos condujo al nuevo ejercicio a realizar sobre una falacia lógica. El trabajo no parece sencillo, pero teniendo en cuenta el personal que se va a encargar de desarrollarlo, no existe ninguna duda de que aparecerá algún resultado brillante. Porque aunque el relato no existe, será.

Enhorabuen Lourdes, y los demás ¡manos a la obra!.

La cerveza, como siempre, magnífica.

Luis

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El jueves pasado analizamos “Inquietud” de Julia Leigh. El debate estuvo más animado que otras veces, más fluido. Psicológicamente pudo influir el que Pura se sentara entre el grupo. Así, sin la figura de la profesora-moderadora a la vista tocamos casi todos los aspectos del libro respetando turnos, sin discusiones bilaterales ni encastillamientos. No faltaron, como siempre, hipótesis arriesgadas (mensajes crípticos, muertos vivientes, etc) que demuestran que somos gente intuitiva, pero que provocarían la sonrisa de la autora “si nos hubiese visto por un agujerito”.

He dicho que tocamos todos los aspectos del libro, pero no es verdad. Entre otras cosas nos faltó el análisis de los personajes. Yo voy a hacerlo brevemente, por parejas.

Un escenario inquietante puede ser una sala de espera. La inquietud tiene raiz psicológica y se manifiesta por medio de movimientos nerviosos. Unos manifiestan su desazón levantándose y recorriendo toda la sala; otros aprietan imperceptiblemente una llave u otro objeto a mano (los más inquietos). A los primeros pertenecen el chico y Marcus, van y vienen al embarcadero, buscan el teléfono móvil (ambos se quieren ir, uno con su padre y el otro con su amante). Al grupo de los del movimiento contenido pertenecen Olivia y Sophie. Ambas liberan la contención en un precioso duelo que haría las delicias de los aficcionados a las películas del “far-west” americano. Frente a frente, con las manos crispadas cerca de la cuna, para ver quien desenfundaba primero la pistola-fardo. La otra pareja son la abuela e Ida; la primera el punto de equilibrio y la segunda el ojo de Dios, que todo lo ve. Las niñas, una por muerta no menos importante, y la otra viva y fresca, la única que dice lo que piensa. Las gemelas simbolizan la falta de inquietud por no tener problemas (o por no saber que se tienen, que para el caso es lo mismo). Y, por último, las dos autoridades, la eclesial, con el cura paternalista que sale escaldado; y la civil, fría, legal, en su sitio. Y todos ellos trasmitiéndonos su inquietud.

En síntesis, el cuento de Julia Leigh tiene una gran carga de profundidad a la vez que un lenguaje sencillo. La difícil facilidad que a todos nos gustaría lograr.

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