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Posts Tagged ‘Diario de un confinamiento’

 

He decidido empezar (y titular) esta última crónica del curso con la cita de Miguel Hernández. Este año, como todos sabéis, ha sido duro. Se da la circunstancia de que empezamos con proyectos de novela que deberían usar el recurso de la ucronía. Aquel proyecto quedó interrumpido por la llegada de la pandemia.

Mientras empiezo a recapitular me viene inmediatamente a la cabeza una idea ucrónica ¿qué hubiera pasado sin pandemia? ¿se habrían cumplido aquellos deseos que todos nos planteamos en la noche del treinta y uno de diciembre, mientras tomábamos las uvas? Quién sabe.

 

Sin pandemia, a cambio de tanto sufrimiento vivido y acumulado, no hubiéramos conocido a algunos personajes, ya inolvidables, como la ‘Encarna’, de Carlos Cerdán, quitándose los pendientes antes de irse a dormir, o el ‘Clodoviro’ de Paco Plaza, que engordaba tranquilo mientras un poto impertinente no callaba nunca, o la zapatilla de José Sainz de la Maza, que, cansada de la vida, nos enseñó ‘carne’ por un agujero. Y, claro, no habríamos hecho los viajes a los que nos llevaba, bailando cada mañana, Alicia Gallego.

Y ¿qué hubiera sido de las guerras vecinales que tan bien nos documentó Manuel Pozo o los enfados de Luis Marín, perfectamente reflejados en sus diarios? No hay que olvidar el toque de lirismo de Lourdes Chorro, que lo ha mantenido durante el confinamiento (Lourdes a la que hay que leer más de una vez, porque, como sabéis, se le reconoce autoridad). Qué decir de un personaje sabio y real, un tal Fabio, del que Olga Torralba nos contó algo o mucho.

Sin confinamiento, tampoco hubiéramos tenido la oportunidad de ver la maestría de Juan Santos sobre cómo limpiar pueblos en un libro. Y no habríamos conocido o recordado tantas mujeres olvidadas, que también nos documentó Pilar Couso.

En esta cara de la ucrónica, la de la dureza de la pandemia, nadie nos hubiera retratado mejor que Luis Jiménez haciendo cola para entrar en un supermercado, mientras Juan-Jo Valle-Inclán nos puso ante el espejo con un método para conseguir el perfecto cuerpo esférico. Y quién no conoce a otro personaje muy real, Laira, alrededor de la que María Sánchez nos obsequió algunos textos magníficos (claro, cuándo no es jueves cuando escribe María, incluso en confinamiento).

Bueno, me cuesta seguir recreando lo que no hubiéramos vivido o leído sin la pandemia. Sé que, en esta cara de la ucronía, han escrito más, que ha habido más personajes. Sé que me dejo gente en el tintero. Que me perdonen. Pero no paro de pensar en los deseos y proyectos planteados la nochevieja, con las uvas y las campanadas.

Ayer hubo taller, claro, y por eso hoy sale una crónica, la última de este curso. Y conviene recordar que hubo cuatro textos (retomando los autores sus proyectos de novela con ucronía) que se leyeron y criticaron, y también ocurrió algo inusual. Las críticas se vierten normalmente hacia los textos presentados, pero ayer también recibió un aluvión de críticas un crítico. Qué cosas.

Asistió como invitado especial nuestro buen amigo, y mejor escritor, Domingo Jiménez Lacaci, quién hizo aportaciones muy interesantes.

Empezó María Sanchez Robles, que continúa con su proyecto sobre Van Gogh y nos trajo XXX. PIETÀ. Excelente texto, como las anteriores entregas. La verdad es que no cuesta reconocer un personaje atormentado, magníficamente retratado, mientras da lo mismo que se sepa que es un personaje histórico o no. Aquí queda un pasaje para ilustrar: “Se sienta frente a un cuadro y libera el color del amor y la muerte con pinceladas agresivas, vivaces, terribles, que le llegan como un discurso

A continuación, Luis Marín nos presentó un momento muy importante de su proyecto “La boda de Manuel”. Luis nos cuenta de una forma muy gráfica, la escena y los personajes de una boda humilde de hace mucho tiempo. Además, deja trazos de conflictos que aunque no evidentes se apuntan y dejan ganas de más. Un trozo: “Curro rasgueaba la guitarra, aunque ya no había voces para acompañarla. Sus sentimientos temblaban en las cuerdas con sus dedos agarrotados en un silencio íntimo”.

Paco Plaza nos leyó un capítulo, el capitulo F, de su proyecto. En esta ocasión sitúa la acción en un escenario tan seco, tan duro, que todos lo vimos más que leerlo. Tal como nos tiene acostumbrados, allí donde menos te lo esperas, aparece un giro mágico que realza el texto. Un extracto para comprobar: “Así, como el ojo de un caracol ancestral, el hombre pasaba el tiempo entre sol y sol fuera de la casa, siempre encontraba labor qué hacer y si no la había vigilaba, sentado a la sombra de un viejo castaño que hermoseaba una loma

Para finalizar, Carlos Cerdán, también continuando con su proyecto, nos trajo un espacio y una acción que se desarrolla en un convento cisterciense. Allí, Anselmo, su personaje central, trata de encontrar la paz y el sosiego, mientras ayuda en el huerto y, por supuesto, en una pequeña plantación muy especial. Una muestra: “A las diez de la mañana la mitad de los monjes dejan sus tareas, se reúnen en la capilla y celebran la comunión diaria. Es una ceremonia en la que tras una serie de salmodias se fuman de modo colectivo…

Y esto es todo por hoy, y por este curso, amig@s. Este blog continuará activo durante todo el verano para, ya en octubre, reiniciar esta costumbre de las crónicas del Taller de Creación literaria de cada jueves.

“No hay beso que no sea principio de despedida, incluso el de llegada (George Bernard Shaw)”

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Por: Vicente Moreno

Llevamos varios días cubiertos por oscuros nubarrones en Madrid, el ambiente está desapacible y se nota que hay menos gente paseando por las calles que los primeros días en los que el sol acompañaba las primeras salidas permitidas durante el confinamiento.

Este entorno triste se refleja también en algunos de los diarios que leímos ayer en la sesión telemática del taller de literatura. Soledad, desasosiego, inquietud son algunas de las sensaciones que transmiten los escritos de nuestros compañeros.

Empezó Olga Torralba con una descripción hogareña de la tarea diaria con sus hijos y dos mascotas, la limpieza de la casa, los deberes. Son rutinas habituales pero que, con la carga añadida de estar confinados en casa de manera forzosa, pueden crear tensiones que nuestra compañera parece tener controladas que para eso es psicóloga habituada a tratar con gente encerrada.

Blanquejos“Si le digo a Fabio que limpie los azulejos del baño, viene preguntándome que por qué se llaman azulejos si son blancos, que él los va a llamar “blanquejos” y se pone a jugar con la cabeza de un dragón de goma que se pega en los blanquejos.  Si le digo a Mara que prepare la merienda de ambos le da por hacer tortitas y lía una de tres pares”

Esta curiosidad infantil de Fabio, y su búsqueda de una respuesta lógica se convierte en una escena entrañable en el contexto de la situación tan fuera de toda lógica que estamos viviendo.

Lourdes Chorro nos presentó su particular visión de esta época de desconcierto, en la que los sentimientos fluctúan de un momento para otro, apabullados por noticias de enfermos, muertos y futuros inciertos. En esta situación la lógica de Fabio tiene poco que hacer.

“Me recrimino: “¿qué estás diciendo? ¡Cómo se te ocurre pensar eso!”. ¿Cómo va a estar fuera la memoria? Entonces, ¿qué tienes aquí dentro? Pues lo inmediato. Este pequeño fragmento que mientras escribes vives. ¿No sientes la madera del lápiz entre tus dedos? ¿En esas frases que tachas y luego vuelves a repetir cayendo en la misma trampa en que caes en la vida? ¿Acaso en cada desvelo no observas dar vueltas al microondas esperando que Lourdescaliente la leche para tomarte la pastilla que te induce al sueño? ¿No escuchas las ondas clandestinas en la cocina del vecino cuando también cae en la emboscada del insomnio? Y ya, en la deriva de ese sueño narcotizado, ¿no te ves corriendo por la calle, desnuda en busca de esa otra casa que creías tuya antes del confinamiento? Y cuando llegas se ha convertido en un palacio de hielo. Despierta, te espera esa mirada de pez que es el mar de tus días aunque a oscuras cada noche creas perderlo. Deja de enredarte en ese invento que es el recuerdo de otro tiempo. Huele el láudano de tu camisón al despegarlo del cuerpo. Es la hora del despertador, esa hora punta que separa las noches de los días. Mira, escucha lo que te dice: “no busques una explicación a lo que sientes”. “Yo siempre te creo, llámalo fe o plasma de convaleciente”

El diario que envía Juanjo Valle-Inclán refleja un sueño en el que varios personajes, de diferentes edades, establecen una especie de competición sobre quién ha sufrido más en la vida. Pero el dolor y el sufrimiento son subjetivos, así que ¿Quién gana en esta competición? En el futuro Fabio aprenderá que en este tipo de debates no hay un ganador, el único que no pierde es el que no compite.

“Creía estar despertándome cuando aparece en escena una niña que está sentada en una esquina y que no presta atención a lo que los demás dicen. Veo como deja de jugar con su móvil y se queda mirando fijamente a las otras cuatro personas. Ocho años, estimo. Sus movimientos son inocentes, pero seguros. ¿Por qué os peleáis? ¿Es porque llevamos encerrados juntos tanto tiempo por culpa de un bichito que no podemos ver?”

Por último, Luis Jiménez nos propuso una historia de soledad protagonizada por una mujer. Para ella el único momento del día que importa es ese instante durante los aplausos de las ocho de la tarde en la que se produce esa conexión íntima con alguien que se asoma para aplaudir. No sabemos si es una historia de amor o de obsesión. Esperamos que Fabio aprenda a diferenciarlo porque muchas veces no es fácil y menos si se aplica la lógica.

Soledad“Cuando sentí su mirada, sentí su voz, en la distancia sentí su tacto, y su caricia. Las ocho es la hora, solo miro, ya no aplaudo, no puedo. Solo espero, espero a que se asome y eso es todo, todo hasta mañana. Mañana es el día, no me lo dijo, no lo pregunté, pero es el día. Otra tarde frente a su puerta, frente a su vida, la mía. Es su mirada, es su tacto, su mano y, su… ¿voz?

– ¿Cómo te llamas?
– ¿Y tú?
– Yo. Soledad”

 

Para terminar un poema de Rodrigo Caro, poeta andaluz del Siglo de Oro:

Canción a las ruinas de Itálica

Fabio, si tú no lloras, pon atenta

la vista en luengas calles destruidas;

mira mármoles y arcos destrozados,

mira estatuas soberbias que violenta

Némesis derribó, yacer tendidas,

y ya en alto silencio sepultados

sus dueños celebrados.

Así a Troya figuro,

así a su antiguo muro,

y a ti, Roma, a quien queda el nombre apenas,

¡oh patria de los dioses y los reyes!

Y a ti, a quien no valieron justas leyes,

fábrica de Minerva, sabía Atenas,

emulación ayer de las edades,

hoy cenizas, hoy vastas soledades,

que no os respetó el hado, no la muerte,

¡ay!, ni por sabia a ti, ni a ti por fuerte.

 

Vicente Moreno.

 

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Por: Alicia Gallego

Este largo confinamiento  nos afecta a todos de una manera u otra. Cada cual lo manifiesta a su manera y los diarios que escriben mis compañeros son una muestra. Ahí nos damos cuenta de sus estados de ánimo, de cómo van llevando el día a día. Sus renglones están llenos de preocupaciones, alegrías, emociones, recuerdos, poesía, ingenio y hasta de reivindicaciones. La lucha diaria.

A María le preocupa el tiempo, no sólo el atmosférico, (ya no sabemos qué ponernos) que recuerda en cada uno de sus cumpleaños, sino también el cronológico (seguimos sin saber qué ponernos). Pero el tiempo que más le preocupa es el de este confinamiento, en cómo le estará afectando a su pequeña, a nuestra pequeña, Laira que acaba de cumplir su primer añito. Tranquila, María, el tiempo juega a su favor.

“Día 10” (María Sánchez Robles)

“El mejor jefe que he tenido y que seguramente siempre tendré ha sido José. Además, me encanta ese nombre, tan sencillo, tan de buena persona (seguramente la religión ahí tiene que ver). Hoy me he acordado mucho de él porque estuvo haciendo una tarta de zanahoria en su casa, con su novia, como la que durante varios años de trabajo solía llevar yo para mi cumpleaños. Me envió algunas fotos y, bueno, el resultado es que era la primera vez que hacía la tarta. Ya le saldrá mejor las próximas veces.

vestidos IITengo una idea bastante clara del tiempo que hacía cada día de mi cumpleaños a lo largo de los años, que es el 16 de marzo. Generalmente hacía mal tiempo, lluvia o mucho frío. Yo siempre albergaba la esperanza de poder ir al instituto con la cazadora vaquera, pero todavía era demasiado pronto para esa prenda. A medida que fueron pasando los años, sobre todo en estos últimos, la temperatura cada año parecía más cálida que el anterior. Incluso comenzaba a plantearme hacer un picnic en el Madrid Río para celebrarlo, y definitivamente la ropa con la que solía ir el día de mi cumpleaños al trabajo empezaba a ser primaveral, vestidos de flores y manga corta, sobre los que llevaba una rebeca bajo un abrigo ligero. Ahora, como trabajo desde casa, esos vestidos llevan bastante tiempo colgados en el armario.

Llevo unos días en que vuelvo a fijarme mucho en el tiempo que hace, y me parece que este año la primavera que estamos teniendo es la que teníamos cuando era pequeña. Llueve y no hace tanto calor, no están haciendo días de quererte quitar todo y ponerte al sol como un lagarto. Ese cielo gris, o blanco, con el que está amaneciendo un día tras otro me trae a la memoria la infancia. Y estoy muy contenta por tener tan presentes aquellos recuerdos de miel, frío y azúcar. ¿Será que la reclusión está devolviendo a la naturaleza su capacidad para ser?

Curiosamente el tiempo que hace parece afectarme más dentro que fuera del hogar. Cada día miro el volar de las nubes, el sol ponerse, lo plomizo del cielo o el granizo que hace asustar a Laira. Hoy he salido a tirar la basura y, al sacar las deportivas del zapatero, Laira ni se ha inmutado. Al comienzo de este encierro se ponía nerviosa, levantaba la cabeza para mirarnos como si se preguntara si vamos a salir y si la vamos a llevar con nosotros, gateaba o corría hacia la puerta y había que tener cuidado con no pillarle los dedos al cerrar. Pero ahora ya no reacciona. Creo que en su corta vida de consciencia, o de un poco más de consciencia, salir ya no es significativo. No lo hacemos. No está en su rutina, no lo echa de menos.

Pues yo sí. Tremendamente. ¿De qué pasta están hechas las personas como Nelson Mandela? Supongo que de las de Laira, supervivientes, adaptables, camaleónicas”

Cruz del Valle ha traído a su memoria recuerdos de juventud , y en ese viaje a tiempos pasados, nos ha llevado por el jardín de Mercedes lleno de flores preciosas, hemos caminado por entre barrios que nunca antes habíamos  visto, y hemos paseado por las huertas de su Valencia natal. Hemos sentido el olor a azahar y nos hemos hecho mayores, porque algo ha cambiado en nosotras en este trayecto.

“Un día cualquiera” (Cruz del Valle)

“Mi amiga Mercedes me envía fotos de su jardín. Han florecido las calas, los lirios azules, las aves del paraíso. En un pequeño video se ve la agitación de las hojas de un bosquecillo de bambúes y se escuchan los trinos misteriosos de los pájaros afanados en despertar la mañana y pagar su tributo a la vida.

El jardín de Mercedes termina en una de las acequias que riegan las huertas que se encuentran un poco más allá. Ese jardín decimonónico siempre me pareció hermoso. Y unas huertas llevan a otras, las colindantes a las que daban las tapias de mi colegio.

acequiaDecidimos un día hacer el camino desde valencia al colegio andando los 6 o 7 kilómetros que los separaban y recorríamos habitualmente en autobús escolar. Fijamos un punto de reunión, las y desde ahí salimos caminando, un puñado de chicas de 15 años, felices de nuestra aventura a pesar del madrugón y pertrechadas no solo con las carteras, sino también con comida para el “viaje”. Una foto nos muestra apiñadas alrededor de una barra de pan que mordíamos alborozadas por sus extremos.

Recuerdo la excitación y la alegría con que emprendimos la caminata. No sé quién estableció la ruta, qué conocimientos tenía la que la diseñó pero sí sé que atravesamos unos suburbios miserables que nunca antes habíamos visto. Recuerdo la sorpresa cuando cruzamos aquella orla de miseria que, seguramente, acalló nuestras voces y risas por un rato y nos enseñó lo poco que conocíamos de nuestra ciudad y lo pequeño de nuestro mundo en cuya aparente armonía y perfección ya se empezaban a abrir grietas. Luego la sensación maravillosa de hacer rodar la tierra con tus propias pisadas, la activación de nuestro cuerpo y nuestra sensibilidad con la enérgica marcha mañanera y la llegada al colegio por un lugar inédito a través de las huertas. Recuerdo el despertar de la huerta, el sol ya iluminándola con su luz oblicua, la tierra arada y dispuesta en surcos de algunas parcelas, el rocío sobre las hojas de las plantas de otras y el movimiento de labradores, carros y bestias que se dirigían perezosamente hacia sus labores.

Así que hoy he salido de casa dos veces, una al jardín de mi amiga, otra a mi paseo huertano de hace siquisientos años”

A Juan Santos, que, según Fer (Luis Jiménez) es un hombre muy de aire, muy de tierra, le ha dado por hacer limpieza, una limpieza a fondo. Armado con una bayeta y un limpiador multiusos ha convertido una escena cotidiana en un texto brillante, aunque según parece, se ha quedado con ganas de hacer una limpieza más concienzuda. Otro día, Juan, pero no te olvides que te quedan pueblos por limpiar.

“La enciclopedia de los pueblos” (Juan Santos)

“Hoy, por ser sábado, ha tocado profundizar un poco más en la limpieza del hogar. Hemos corrido el sofá y levantado las sillas para pasar mopa por todos los rincones. Después, con un paño impregnado de limpiador multiusos, hemos quitado el polvo por detrás del televisor y de los portarretratos del mueble. Y ya puestos, mientras mi mujer repasaba las puertas y las sillas, yo me centrado en limpiar la librería. Limpiar la librería a fondo, tiene lo suyo. Hay que dejar todos los libros encima de la mesa grande y, una vez limpias las baldas y dada la vuelta para que no cojan forma, volverlos a colocar.

PueblosMe he tirado toda la mañana, porque antes de colocar cada libro su lugar, les he soplado y les he pasado un paño por los cuatro costados, sobre todo por la parte de arriba que es por donde más negros están. La mayoría los tengo de adorno, como los veinte tomos de la enciclopedia Larousse, y varias colecciones de cuando era socio del Círculo de Lectores. Llevaba un buen ritmo de limpieza, hasta que he llegado a un libro que tenía olvidado. “Enciclopedia de los pueblos de España”. Lo encuaderne con fascículos que daban con el periódico “Diario 16” hace mil años. Ahí me he quedado clavado, pensando en todos los pueblos. Ha cruzado varias veces mi mujer y no ha tenido más remedio que de decirme: Qué poco te cunde… ¿quieres que te ayude? No, tú sigue con lo tuyo. A la siguiente vez que me ha visto, se ha acercado a mí, para ver qué hacía.

Es verdad, me cunde poco. Estoy limpiando todas las hojas de este libro, una por una. Todos estos pueblos están contaminados y voy a ver si los desinfecto. Estás loco, me ha dicho. Haz lo que quieras, pero deja ese libro para el final y coloca todos los demás.

Y eso he hecho. Luego sin prisas, he seguido un rato más limpiando la enciclopedia hasta que mi mujer ha insistido: ¡déjalo… es sólo es papel! Agradezco que me haya sacado de mi paranoia. He cerrado el libro y lo he colocado en su sitio, mucho antes de llegar a limpiar mi pueblo. Pero que conste que yo estaba dispuesto a limpiar las 1.200 páginas

Luis Marín está preocupado por su madre, por su salud. Hoy va la cosa de pensar, dice como si fuera un propósito, y piensa en los otros, en los mayores  afectados por el virus, en los que andan encerrados entre rejas, en la capacidad del ser humano para adaptarse a las circunstancias. Con la imagen del atardecer nos lleva a pensar en el paso del tiempo, del suyo y del de todos.

Jornada 4 (Luis Marín)

“Ayer me dormí pensando en mi madre y en todos los mayores cercanos que se ha visto afectados por este virus maldito. En los otros, también. Hoy me he levantado con el mismo pensamiento.

Releo este inicio y me pregunto qué me pasa. Estoy más cerca de los sesenta y cinco que de los sesenta, o sea que he estado pensando en mí mismo. Me sonrojo por el egoísmo de mis pensamientos.

atardecer IIEsta atardeciendo cuando me siento a escribir estas líneas. Miro el reloj y veo que son las siete y media todavía con luz solar en la calle. En el horizonte del parque de San Isidro se marca la línea anaranjada que deja el sol que acaba de ocultarse. Y pienso que cuando salgamos de este encierro, el sol nos acompañará más horas aún. Y sonrío pensando que cuando la semana que viene cambiemos la hora, nos ventilaremos una hora de confinamiento con un movimiento de agujas. En los chismes electrónicos esos que nos rodean, ni eso. Si los miramos, saltarán sesenta minutos en una fracción de segundo. Pero eso pasará la semana que viene.

Hoy la cosa va de pensar. Pienso en los que se pasan una buena parte de la vida encerrado. En los presos que no tienen el privilegio de ver el paisaje y la extensión de los campos o los parques. En el protagonista de “Trinchera infinita” o el uno de los personajes de “Los girasoles ciegos”. Y cómo no, en los que están en un hospital, en una UCI o en el pasillo de las urgencias. Eso si son encierros comparado con lo nuestro.

Ahora se habla de la capacidad del ser humano para adaptarse. Yo lo sé desde hace mucho. Y también sé que esa capacidad se puede ver mermada por la introspección negativa, por mirarnos el ombligo en demasía y no empeñarnos en afrontar los problemas y buscarles solución. A veces, dejamos que la desolación nos impida luchar sabiendo que con perseverancia siempre vamos a ganar.

Pero qué sabré yo. Puede que ni siquiera sepa pensar. ¿Cómo es posible caer en una depresión, si sabemos que es tirarse a un pozo sin fondo? Pues nos deprimimos. De que iban a comer si no Olga y sus colegas, pienso.

Y me acostare pensando en mi madre, en lo flojita que se está quedando y en el estrecho margen de maniobra que nos queda. Y me alegraré de poder pensar en lo flojita que está, porque estará”

Paco Plaza, con esa capacidad que tiene para fabular con cualquier cosa y de contar un drama con humor, nos tiene enganchados a sus personajes. Su protagonista perdido en sus soledades. Clodoviro a su bola y el poto….Tal vez conviniese ponerle una tila en el agua de riego. Se dijo ayer que la pelusa y el poto son como voces de su conciencia, aunque José Miguel afinó más y convirtió al protagonista en ventrílocuo. ¡Ahí es ná!

“Anotaciones en el calendario” (Paco Plaza) 

poto“Se acaba el mes de Abril. Miro el calendario de la cocina, el grande, dónde apunto las citas, las actividades, los compromisos, esa es mi agenda, unas anotaciones con rotulador en un calendario de cocina. Esta absolutamente vacío, solo los números en sus correspondientes recuadros, nada más, no es que hubiera gran cosa en otros meses. Miro enero: una quedada con antiguos compañeros del trabajo, el cumpleaños de un familiar, dos días con entradas para el teatro, un día a la semana el curso de historia del arte del centro cultural. Visto de lejos enero me parece que fue un mes bastante animado. Abril es como un desierto. Eso no me va a pasar en Mayo. Cojo el rotulador rojo y bien grande apunto “Regar el poto” todos los lunes y jueves. Bueno, ya Mayo parece otra cosa. No se me ocurre nada más, Clodoviro no tiene necesidades, se las apaña el solo, bueno, se las apañaba porque su apelmazamiento creo que le imposibilita cualquier movilidad. Ahí está, en el mismo rincón desde hace dos días, cada vez más negro. Se me ocurre que podría apretarlo mucho mucho hasta convertirlo en una especie de roca, o un diamante. ¿Te gustaría convertirte en un diamante? Le pregunto. Noto que el poto se estira, me va a decir algo, lo sé. Estoy tan acostumbrado a sus insultos que si no me suelta algún improperio lo echo de menos. Los niños ya pueden salir a la calle —trato de mantener una conversación—. Lo han dicho por la radio, a mí me parece bien —continuo—. Pero solo una vez al día. Los perros pueden salir hasta tres veces. Es mejor ser perro que ser niño. Eso es por lo de hacer sus necesidades. Si los niños hicieran sus necesidades en la calle igual les dejaban salir tres veces. ¿Y qué me dices si los viejos también nos pusiéramos a cagar en la calle? Eres más tonto que el besugo que se fue de cañas —suelta. Me reconforta que esta vez se haya quedado en un leve “tonto”. Pongo la televisión en el momento en el que está hablando el presidente del gobierno, junto con unos datos estadísticos en el que figura la cifra de 23.000 fallecidos oigo que dice “misión cumplida”. Apago la tele porque me ha dado una especie de nausea. Sé que no queda nada ni en el frigorífico ni en la despensa. La última vez en el super solo había unos paquetes de una especie de pan negro y algunas latas de sardinas, picantonas decía en la caja, en la cena supe por qué eso no se lo había llevado nadie. Aún así me lo he comido todo. Tengo que volver a salir, y no me hace ninguna gracia. Me animo pensando que, tal vez, hoy pueda comprar pan Bimbo y Nocilla. ¿Ves para qué te sirve no haber hecho en toda tu vida el más mínimo esfuerzo por cocinar? —pregunta el poto—. El cabrón me lee la mente. Me visto. Me cubro la cabeza con una bolsa de basura en la que he hecho un par de agujeros para los ojos, aunque no consigo ver por los dos a la vez, me pongo los guantes esos que me ponía cuando hacía mucho frío. Me los quito porque con los guantes no me puedo poner el abrigo. Me pongo el abrigo. Me pongo los guantes. Me los quito porque no puedo abrir la puerta con ellos puestos. Noto que se agitan las hojas del poto. Abro la puerta. Cierro. Me doy cuenta de que me he dejado los guantes dentro. Abro la puerta. El poto grita: eres lo más imbécil que ha pisado la tierra desde la primera vez que una perca salió del agua. Cojo los guantes y cierro la puerta. Me pongo los guantes. Alguien baja por las escaleras. Me quedo parado. Joder, qué casualidad, pienso. Trato de colocar la bolsa de basura para ver por ambos ojos a la vez, es un repartidor que cuando me ve se da la vuelta y sube por donde ha venido pero mucho más deprisa de lo que estaba bajando. Espero. No vuelve. No sé qué hacer. Me decido a seguir y llego al portal sin encontrarme con nadie. Salgo a la calle. Hace un poco de aire, la bolsa de basura se mueve y pierdo la visibilidad. Me quito la bolsa de basura. Llego al super. Está cerrado. Es domingo”

No tengo más que añadir, cada uno que saque sus propias conclusiones.

Alicia Gallego

 

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Los diarios serán nuestra ocupación hasta que podamos volver a reunirnos en nuestra clase de cada jueves para hablar de literatura y reanudar el taller. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

Diario de un confinamiento

Viernes, 24 de abril de 2020. Día 41 del estado de alarma

Por Pilar Couso

Nada es real si no lo escribo (Virginia Woolf)

Lejía es una disolución de hipoclorito de sodio en agua cuya fórmula química NaClO es un fuerte oxidante que se utiliza como desinfectante y blanqueador. Mi abuela no sabía esa fórmula química, pero sí entendía de su manejo; en mi casa siempre la había y ella nos recomendaba su uso para tratar el agua cuando llegaba un poco turbia al grifo, para lavar la lechuga, acelgas y otras verduras de hoja verde que traían tierra, para las fresas o espárragos de Aranjuez, para fregar suelos y otras porcelanas, para dejar blancas inmaculadas las sábanas y otras prendas de uso diario. Pero pasó el tiempo, murieron las abuelas, y en la época moderna de la democracia se nos olvidó la botella debajo del fregadero. El agua ya era mineral embotellada, las verduras las vendían lavadas para hacer las ensaladas en un minuto, los preparados de limpieza llegaban con olores frutales o marinos, ¡qué lejía vas a usar! Pero yo siempre he tenido, porque mi abuela me lo recomendó, lejía pura, decía ella, luego ya la rebajas tú, depende de según como la vayas a utilizar. Y cuando empezó el confinamiento me vino dios a ver, resulta que yo tenía mi botellón intacto, recién comprado la semana anterior, dos litros de lejía para hacer todos los enjuagues que recomendaban Fernando Simón, higienistas, virólogos o epidemiólogos. También tenía alcohol, menos cantidad, sí, pero ¡qué gran suerte! Ahora cuando Jose vuelve de la compra esa que hacemos una vez a la semana, con el carro lleno de provisiones de todo tipo, aterrizo en la cocina, dejo limpias previamente las encimeras de cualquier adorno, extiendo todos los productos y a comenzar el zafarrancho de estibar todos mis avíos exentos de virus. Saco mi bote pulverizador lleno de solución de hipoclorito 1:50 recién hecha y rocío generosamente cada contenedor que aparece a mi vista, da igual, los empaquetados de plástico de la cerveza,  las cajas de cartón del vino, los briks de leche, las latas de conserva…; o lo quitas de mi vista, le digo a Jose, o lo baño. Luego sigo el proceso con las frutas y verduras aunque con estas empleo el método del jabón, como para las manos, ganas me dan de sacar el trozo de jabón Lagarto (también de la abuela) que seguro que es más natural y mejor que el Frosch ecológico que yo utilizo por lo del cambio climático que también me preocupa. A continuación falta pulverizar el carrito y las bolsas utilizadas para el transporte, el litro que he preparado casi no me alcanza, respiro lejía por todos mis poros, qué mareo. Después ya solo me queda repasar los picaportes de la casa no sea que de tanto trastear alimentos, cajas, bolsas y demás algún virus se haya posado en lugar no debido.

Las mujeres preñadas y paridas, en sus necesidades y para las criaturas, a las comadres antes que a los médicos piden consejo

(Damián Carbón, “Libro del arte de las comadres” – 1541)

Empecé hoy por la química y sigo con la medicina que, como la gran mayoría de las ciencias, estuvo vetada a las mujeres hasta hace poco más de un siglo aunque en la intimidad de las casas fueran ellas las que cuidaran de ancianos y enfermos y llegaran a convertirse en verdaderas sanadoras. Uno de los ámbitos médicos que tuvo cierto reconocimiento público fue el de la asistencia a los partos: las matronas se ocupaban de este oficio. Ya en el siglo XVIII, los cirujanos empezaron a inmiscuirse en el arte de partear para convertir esta especialidad en un ámbito médico masculino. Teresa Ortiz* investigó el caso de la matrona Luisa Rosado como exponente de la resistencia de las matronas a ser desplazadas de una actividad que durante siglos había pertenecido a las mujeres. Luisa Rosado había nacido en Toledo en fecha desconocida y desde mediados de 1768 vivía en la Corte, donde trabajó como matrona del Real Colegio de Niños Desamparados entre 1770 y 1771. Antes había ejercido su profesión en Zamora, avalada por el título de Arte de Partera, que había conseguido en 1765, tras ser examinada por el Tribunal del Real Protomedicato**. De sus características personales poco se sabe, debió ser cristiana vieja y mujer de buenas costumbres para poder ejercer, vivía sola y quizá era viuda, la segura caligrafía de su firma evidencia que sabía leer y escribir y expresarse de forma hábil para plasmar por escrito sus aspiraciones de progreso profesional. Matrona de larga trayectoria que debido a su capacidad y experiencia en el arte de partea asistiendo partos normales y partos de riesgo, tuvo la idea de publicitar sus servicios con un cartel, solicitando el permiso correspondiente al Protomedicato que le denegó el mismo. Recurrió y pidió al rey Carlos III no sólo la publicación de dicho cartel sino, posteriormente, su ingreso en la corte como partera y ayudante del comadrón real.

*Ortiz Gómez Teresa. “Luisa Rosado, una matrona en la España ilustrada”

**Protomedicato. Cuerpo técnico encargado de vigilar el ejercicio de las profesiones sanitarias (médicos, cirujanos y farmacéuticos), así como de ejercer una función docente y atender a la formación de estos profesionales.

 

Aficionada a la lectura, a la encuadernación y a la caligrafía y entusiasta de todo lo que tenga que ver con el libro, Pilar Couso estudió Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid. En 2004 se inició en la creación literaria. Es coautura del libro de relatos “Primaduroverales, cuentos”.

 

 

Selección de la música: Vicente Moreno

Rod Stewart. Twistin the night away

Déjame hablarte de un lugar

 en alguna calle de Nueva York

donde la gente es tan feliz

bailando el twist por la noche

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

 

Diario de un confinamiento

 Anotaciones en el calendario.

Por Paco Plaza

Se acaba el mes de Abril. Miro el calendario de la cocina, el grande, dónde apunto las citas, las actividades, los compromisos, esa es mi agenda, unas anotaciones con rotulador en un calendario de cocina. Esta absolutamente vacío, solo los números en sus correspondientes recuadros, nada más, no es que hubiera gran cosa en otros meses. Miro enero: una quedada con antiguos compañeros del trabajo, el cumpleaños de un familiar, dos días con entradas para el teatro, un día a la semana el curso de historia del arte del centro cultural. Visto de lejos enero me parece que fue un mes bastante animado. Abril es como un desierto. Eso no me va  a pasar en Mayo. Cojo el rotulador rojo y bien grande apunto “Regar el poto” todos los lunes y jueves. Bueno, ya Mayo parece otra cosa. No se me ocurre nada más, Clodoviro no tiene necesidades, se las apaña el solo, bueno, se las apañaba porque su apelmazamiento creo que le imposibilita cualquier movilidad. Ahí está, en el mismo rincón desde hace dos días, cada vez más negro. Se me ocurre que podría apretarlo mucho mucho hasta convertirlo en una especie de roca, o un diamante. ¿Te gustaría convertirte en un diamante? Le pregunto. Noto que el poto se estira, me va a decir algo, lo sé. Estoy tan acostumbrado a sus insultos que si no me suelta algún improperio lo echo de menos. Los niños ya pueden salir a la calle —trato de mantener una conversación—. Lo han dicho por la radio, a mí me parece bien —continuo—. Pero solo una vez al día. Los perros pueden salir hasta tres veces. Es mejor ser perro que ser niño. Eso es por lo de hacer sus necesidades. Si los niños hicieran sus necesidades en la calle igual les dejaban salir tres veces. ¿Y qué me dices si los viejos también nos pusiéramos a cagar en la calle? Eres más tonto que el besugo que se fue de cañas —suelta. Me reconforta que esta vez se haya quedado en un leve “tonto”. Pongo la televisión en el momento en el que está hablando el presidente del gobierno, junto con unos datos estadísticos en el que figura la cifra de 23.000 fallecidos oigo que dice “misión cumplida”. Apago la tele porque me ha dado una especie de nausea. Sé que no queda nada ni en el frigorífico ni en la despensa. La última vez en el super solo había unos paquetes de una especie de pan negro y algunas latas de sardinas, picantonas decía en la caja, en la cena supe por qué eso no se lo había llevado nadie. Aún así me lo he comido todo. Tengo que volver a salir, y no me hace ninguna gracia. Me animo pensando que, tal vez, hoy pueda comprar pan Bimbo y Nocilla. ¿Ves para qué te sirve no haber hecho en toda tu vida el más mínimo esfuerzo por cocinar? —pregunta el poto—. El cabrón me lee la mente. Me visto. Me cubro la cabeza con una bolsa de basura en la que he hecho un par de agujeros para los ojos, aunque no consigo ver por los dos a la vez, me pongo los guantes esos que me ponía cuando hacía mucho frío. Me los quito porque con los guantes no me puedo poner el abrigo. Me pongo el abrigo. Me pongo los guantes. Me los quito porque no puedo abrir la puerta con ellos puestos. Noto que se agitan las hojas del poto. Abro la puerta. Cierro. Me doy cuenta de que me he dejado los guantes dentro. Abro la puerta. El poto grita: eres lo más imbécil que ha pisado la tierra desde la primera vez que una perca salió del agua. Cojo los guantes y cierro la puerta. Me pongo los guantes. Alguien baja por las escaleras. Me quedo parado. Joder, qué casualidad, pienso. Trato de colocar la bolsa de basura para ver por ambos ojos a la vez, es un repartidor que cuando me ve se da la vuelta y sube por donde ha venido pero mucho más deprisa de lo que estaba bajando. Espero. No vuelve. No sé qué hacer. Me decido a seguir y llego al portal sin encontrarme con nadie. Salgo a la calle. Hace un poco de aire, la bolsa de basura se mueve y pierdo la visibilidad. Me quito la bolsa de basura. Llego al super. Está cerrado. Es domingo.

 

Francisco Plaza estudió Ciencias Físicas en la Universidad Complutense de Madrid. En 2013 se inició en la creación literaria. Es coautor de los libros de relatos Magerit. Relatos de una ciudad futura (editorial Verbum) y 2056 Anno Domini. Su otra gran pasión aparte de la literatura es el teatro.

 

Selección de la música: Vicente Moreno

Rod Stewart. Maggie May.

Cuando el sol de la mañana se refleja en tu rostro, realmente muestra tu edad
pero esto no le preocupa a mis ojos, ya que para mí tú eres todo,

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Esta crónica, por primera vez en lo que va de era modera, incluye dos días del taller literario, los correspondientes al 23 y al 30 de abril. Por tanto, va a ser larga. Así que, teniendo en cuenta los temas (profundos y variados) que se han tratado en ambas tardes, os ruego que la leáis completa y si hace falta más de una vez, ya que, en función de la autoridad del escritor, alguno de sus textos merezca ser leído más de una vez, con el ánimo y el propósito de comprender bien lo que se esconde detrás de la apariencia de lo escrito.

Y, solo por seguir enredando, también por primera vez en la era modera, esta crónica no va a respetar el orden de la secuencia de cada texto leído o analizado en ambas sesiones del taller, sino que se va a escribir como si de un puzzle se tratara, para que al final tengáis la foto completa.

Y, así, se va a empezar a construir esta crónica por el tejado. Y si los contenidos a incluir los encerráramos entre paréntesis, el tejado sería el paréntesis final, es decir el símbolo “)” que se refiere a lo último tratado, en este caso el texto “Marta”, de José B. Adolph, incluido en el libro de cuentos “La batalla del café”. A este texto le dedicamos en el taller una hora (¿o fue mas?). Levantó polémica, opiniones diversas.

adolphEl largo debate surgió rápido, cuando nos paramos en la frase que Marta le dice a la persona que narra: “Joyce no eres aparatoso cocodrilo” y que está incluida en el primer párrafo. Un breve silencio hasta que María Sánchez Robles nos habló de la posible “tropicalización del lenguaje” (véase que así queda titulada la crónica, habiéndose tomado prestada la frase de nuestra querida compañera) debido a que ideas, frases o conceptos, se van haciendo locales y podrían, quizás, no ser del todo comprendidas fuera de su contexto.

¿Qué os parece si se incluye otro párrafo de Marta, para ilustrar las diatribas que nos traíamos durante el análisis del texto? Pues ahí va: “¿Cómo resumir sin traicionar la intrincada y a la vez sencilla personalidad de Marta, sobre todo en un país en el cual consciente o inconscientemente, sincera o hipócritamente, la combinación de intelecto con ovarios no suele ser popular? Pienso que la descripción está implícita en la pregunta”.

Como los que asistimos al taller ya debatimos ardientemente (menos mal que lo hacíamos a través de pantallas y no de forma presencial) aquí queda, para los que ahora leéis esta crónica, la oportunidad de debatir, eso sí, en diferido. También es recomendable leer el relato al completo, y si como parece que existe la suficiente autoridad literaria concedida a José B. Adolph, resulta que Marta puede merecer ser leída más de una vez.

Y finalmente, ante la más que evidente falta de consenso, tuvo que ser Pura Simona de la Casa quien concluyera: “Hay indicios bastante claros de que se trata de una metaficción. Es un recurso que aquí tiene al menos dos funciones: primera, un recurso de la primera persona narrativa, y, segunda, la doble función de contar la historia y comentarla, ser juez y parte“. Pues eso, que si no es por Pura, no hubiera habido ‘comunicado’ conjunto y unánime.

Es tiempo de seguir con otras cosas. Ahora es el turno del otro signo del paréntesis, el que abre “(“. Vamos a hablar del primer texto que tratamos el jueves anterior, no anteayer, sino de la semana pasada. Así se cumple el aviso previo de que no se va a ir por orden en esta crónica.

019251-foto-paco-yunque-bullyingSe trata de “Paco Yunque” de César Vallejo. En este texto sí que encontramos, los asistentes al taller del antes citado jueves, ciertos consensos, como el reflejo del poder, la injusticia más cruda y la la sumisión. La lucha entre poderes, y el sufrimiento que es dado por hecho. No obstante, los disensos vinieron a la hora de analizar el personaje del maestro y las razones de su sometimiento. Estos disensos podrían venir desde la postura tan dolorosa de una figura tan importante con un papel tan crucial. Por cierto, este relato se ha establecido como de obligada lectura en las escuelas peruanas.

Al leer el siguiente párrafo, se planteó un debate sobre que tipo de narrador teníamos aquí: “Yunque empezó a fastidiarse. ¿A qué hora se iría a su casa? Pero el niño Humberto le iba a pegar a la salida del colegio. Y la mamá de Paco Yunque le diría al niño Humberto: “No, niño. No le pegue usted a Paquito. No sea tan malo”. Y nada más le diría. Pero Paco tendría colorada la pierna de la patada del niño Humberto. Y Paco se pondría a llorar. Porque al niño Humberto nadie le hacía nada. Y porque el patrón y la patrona le querían mucho al niño Humberto, y Paco Yunque tenía pena porque el niño Humberto le pegaba mucho. Todos, todos, todos le tenían miedo al niño Humberto y a sus papás. Todos. Todos. Todos. El profesor también. La cocinera, su hija. La mamá de Paco. El Venancio con su mandil. La María que lava las bacinicas. Quebró ayer una bacinica en tres pedazos grandes. ¿Le pegaría también el patrón al papá de Paco Yunque? Qué cosa fea era esto del patrón y del niño Humberto. Paco Yunque quería llorar. ¿A qué hora acabaría de escribir el profesor en la pizarra?

Y entonces… Pura nos comunicó (y enseñó a la vez) lo siguiente: que estábamos ante un “Narrador en tercera persona testigo, con focalización interna variable, incluida una focalización coral desde el conjunto de niños. A esto hay que añadirle un uso frecuente del diálogo indirecto libre. El conjunto de estas peculiaridades narrativas ofrece una apariencia, que es falsa, de que el narrador habla desde una voz infantil. Lo que sí se consigue es una fuerte verosimilitud con la impostura infantil de los recursos“.

Silencio.. y poco después la pregunta de rigor: ¿un escritor como, p.e., Cesar Vallejo lo tiene planificado o le sale así sin más, derivado de su talento o inspiración?. No hubo respuestas, porque la conexión se terminó. No sabemos la razón (¿o sí?).  Mientras se restablecía la conexión ¿alguno de vosotros pensó en escribir algo con este tipo de narrador? ¿eehh valientes?

Hay que seguir. Hacemos ahora un receso sobre textos analizados y veamos lo que algunos miembros de la asociación y del taller han venido escribiendo en el marco de los  llamados “diarios de un confinamiento” y que fueron leídos en la sesión del taller del 23 de abril.

Empezaremos por un diario muy especial con el que nuestra compañera Alicia Gallego nos ‘despierta’, vía WhatsApp, cada mañana y en el que nos cuenta viajes a lugares especiales y también nos habla sobre algunos personajes (reales) que han pasado a formar parte de esas historias. Se incluye aquí la que nos dedicó el 22 de abril.

mercadoQuetzalzin vende flores en el mercado de Tlatelolco. Sus calas son las más frescas y vistosas de todo el tianguis. Se levanta al amanecer, y cuando el sol comienza a reflejarse en el lago, con un pequeño cuchillo de sílex, corta con delicadeza los tallos. Elige las más hermosas y las coloca en una enorme canasta que carga a su espalda. Atraviesa el mercado admirando las telas y cómo las tejen las mujeres en telares atados a su cintura. Hay comerciantes que traen cerámicas de Cholula y Texcoco, son las más preciadas. Caravanas de pochtecas, venidos desde el Yucatán, ofrecen plumas de quetzal y de guacamayas, turquesas y jade. Le gusta admirar su belleza. Más adelante observa los puestos de minerales y pigmentos de brillantes colores. Hay una zona destinada a los vendedores de animales, allí se pueden encontrar conejos, armadillos, pájaros exóticos, tortugas, serpientes y hasta xoloitzcuintles. La clientela se agolpa junto a los puestos de vegetales, donde se ofrecen los jitomates, los frijoles, la chía y el maíz. Los chiles son muy apreciados, lo mismo que la fruta traída de las tierras calientes. A su lado, las vendedoras de flores. En un extremo, junto a las barberías, hay un espacio destinado a la venta de esclavos, muchos de ellos serán sacrificados. Entre ellos hay niños que serán ofrecidos a Coatlicue, la madre de los dioses. Quetzalzin observa orgullosa su vientre abultado. Mañana no vendrá al mercado, irá al templo de la diosa y le ofrecerá un gran ramo de calas, las más hermosas todavía cuajadas de rocío y le pedirá un deseo. Que su hijo nazca fuerte y sano. Nada más.”

Cada uno de estos viajes, maravillosos, viene acompañado de una música. La de este 22 de abril era The Ronette – Be my baby Y como cada mañana, y el 22 de abril también, nos toca bailar, cada uno en su casa, mientras oímos el tema del día y re-leemos los ‘viajes’ de Alicia. Y sí, oídme, que la autora tiene autoridad para hacerse merecedora de que se lea más de una vez su ya “adictivo” WhatsApp.

Cambiando de autor, es la hora de José Sainz de la Maza. El pasado jueves, ayer no, el de la semana pasada, nos leyó, vía pantalla, una de sus aportaciones a los diarios con BREVIS FABULA TEMPORIS CORONAVIRUM (hace unos días ya publicada en este blog) Es la primera de una serie de entregas que nos tiene prometidas. Con su maestría habitual, de una historia hogareña y en confinamiento, nos presenta algo más de lo que se lee ¿habrá que leerlo más de una vez?, pues quien sabe. Lo que es seguro es cada vez que se lee o se re-lee, te deja con ganas de más.

Aquí una muestra: “Como si por ese agujero se hubiera escapado mi capacidad de resistencia, tras su eclosión dejé de hacer ejercicio y de afeitarme todos los días. Fue como si hubiera perdido la fe de un día para otro. ¿Qué fe? Pues no sé, todas las fes, la fe en el género humano, por ejemplo. Ni mujer ni mi hijo me sirvieron de apoyo. Ellos tenían entre sí una guerra particular que los absorbía y los sumía en un tenso silencio que sólo rompían para discutir. No llegaron a darse cuenta siquiera de que se me había abierto un agujero en la zapatilla izquierda, mucho menos que cada día era más grande y que en la derecha, el rozamiento en el tejido y su ya acusada delgadez anunciaban la aparición de un nuevo agujero con una perturbadora simetría respecto al anterior. Me inquietó la capacidad perforadora de los meñiques de mis pies, porque fuera cual fuese el motivo inmediato, por detrás, como causa primera, estaría la edad“.

rosaComo Alicia, Luis Marín, es de los que no falta a la cita diaria mandándonos su diario. El que leímos y comentamos en el taller del jueves pasado, ayer no, el 23 de abril, día del libro, era un diario que nuestro compañero dedicaba precisamente a esta fiesta. Con un tono algo nostálgico, pero muy cercano, Luis nos recordó, si es que alguien se ha olvidado, esta tremenda situación de confinamiento y las consecuencias de la misma. Aquí va un extracto de su diario de ese día, que hace referencia a algunas cosas que un día como este 23 de abril no están presentes y que debieran estar:

El premio Cervantes no se entrega este año, la feria de Sant Jordi no ha acudido a las Ramblas. Los escritores que esperan ese día para firmar sus obras y compartir palabras y sonrisas con los lectores están apenados y nostálgicos. Nuestras tristezas de confinamiento se ven agravadas por tantas ausencias. Nosotros esta tarde tendremos taller, aunque sólo sea para comentar diarios, hablar de Cesar Vallejo y compartir una cerveza virtual. Porque nos tendremos que quedar en casa, pero no nos va a parar ningún virus. Nuestros diarios son una respuesta de rebeldía al desánimo. Nos obliga a pensar, a escribir y a leer. Leo todos los diarios, al menos seis por día, escribo el mío y leo un libro, aunque le dedique menos tiempo del que desearía. Seguro que el que más o el que menos tiene algún libro empezado. Hago ejercicio en casa y cuando salga voy a estar tan preparado como antes

Y para que no os acostumbréis al orden y la secuencia, saltamos al jueves pasado, este sí, anteayer. Y volvemos a la actividad que tanto nos gusta, analizar y comentar sobre textos de clásicos. Y anteayer le toco turno a Lobo Antúnes. Antes nos habíamos leído su “Epístola de San Antonio Lobo Antúnes a los lectores” para ir directos al relato corto titulado “TOM“.

loboAquí, hubo poca discrepancia a la hora de reconocer la belleza y simplicidad, a la vez, del texto. La fantasía o realidad sobre la carta anónima, el hilo argumental. La referencias a la infelicidad y los sueños de un personaje, una mujer, común pero que todos reconocemos.

Se sacaron otras referencias, por similitud temática, que no de estilo, con la película Johnny Guitar, a la canción de Cecilia “un ramito de violetas”, o a un relato que tenemos para el próximo jueves, “La chica perfecta” de Murakami.

Una muestra: “No destaca de una manera concreta. Sus ropas no tienen nada especial. La parte de atrás de su pelo todavía está aplastada por haber dormido. No es joven, tampoco. Debe estar cerca de los treinta, nada cercano a una chica, hablando con propiedad. Pero aún así, lo sé desde 50 metros a la distancia: Ella es la mujer 100% perfecta para mí. … …. … La carta llegó hace dos meses, el día veintisiete de julio, y desde entonces nada … …. y en la esquina discreta un hombre que enciende un cigarrillo rascando la cerilla en el umbral. Debe de tener un nombre estadounidense, Ray, Nick, Bob. Bob ni por asomo, que es el perro de la planta baja. Ray o Nick. O Tom. Tom me gusta. Yo en la cocina con el agobio de la cena, ceñida por el sostén de la rosa, claro, y Tom dejando el sombrero sobre el frigorífico y acercándose a mí, ojalá que sin estropearme las baldosas con las espuelas. En lugar del beso en el cuello me da de beber de la cantimplora sin quitarse el cigarrillo de la boca. De puntillas casi le llego al mentón … … Huele a piel roja, a coyote, a búfalo. Lanza el cigarrillo al fregadero de una pulgarada. Se inclina hacia mí y yo erguida sobre mis zapatillas, con los ojos cerrados, aceptándolo. El cierre del sostén me lastima la espalda y ¿qué más da? Lo que cuenta es la rosa. De gasa. Hinchándose. Comienzo a arquear los brazos

Y ahora, para ir acabando, nos volvemos al jueves pasado, el de anteayer no, el que fue 23 de abril. Nos quedan dos compañeros que leyeron sendos diarios.

Manuel Pozo, con su capacidad de crear y contar historias, nos tiene ‘confinados’ en una guerra particular y muy especial, con espías del visillo incluidas y estrategias bélicas de andar por casa. Pero lo que el pasado jueves nos presentó es un texto-alegato muy de él. Muy bien contado, como suele, nos dijo con sus palabras lo que muchos, aun pensándolo, no seríamos capaces de escribirlo así.

El título ‘Profetas‘ casi nos recuerda e ilustra lo que pasa con ciertos comportamientos, a veces inesperados por venir de donde vienen. No queda sino incluir algún extracto del texto que él fechó el 18 de abril.

profeta… estoy cansado de sufrir a los profetas. Ya no abro chistes, ni audios, ni por supuesto vídeos. Pertenezco a un montón de grupos de WhatsApp, así a bote pronto, tres relacionados con equipos de fútbol en los que juego o he jugado, tres con distintos grupos de literatura, uno de antiguos compañeros del trabajo, otro con compañeros de profesión … … … voy a terminar esta página con una cita: -España es un lugar con una larga enfermedad histórica que se manifiesta, sobre todo, en un devastador desprecio por la educación y la cultura, y una siniestra falta de respeto intelectual por quien no comparte la misma opinión. Por el adversario. Siempre creí, porque así me lo enseñaron de niño, que los únicos antídotos contra la estupidez y la barbarie son la educación y la cultura”. A muchos les sorprendería quién la escribió. Fue Arturo Pérez Reverte en un artículo publicado en El País, titulado: Sobre miedo, periodismo y libertad, el 22 de mayo de 2014-

Y como no hay orden (e igual tampoco concierto en esta crónica) le hemos reservado esta parte final a Luis Jiménez, que lleva poco en el Taller y ya ha demostrado con creces sus dotes de creador literario. El famoso jueves pasado, no anteayer, el que fue 23 de abril, nos leyó uno de sus diarios. La ‘naturalidad fotográfica’ con la que cuenta la historia, nos llamó la atención a todos, cosa rara, ya que hemos comprobado la diversidad de opiniones y posturas entre los miembros de este taller.

El texto se titula ‘Tos proscrita‘ y se incluye a continuación un extracto, entre realista, temeroso o hilarante, ya diréis:

gente-fila-pagar_52683-14122“… la señora Maruja que ha salido de casa sin su sonotone, no se entera, y estuve a punto de intervenir, pero estoy acabando ya el diario de Carlos y me tiene atrapado. En la terraza que está encima de nuestras cabezas, se asoma una niña y se pone a aplaudir como si fueran las 8 de la tarde (pobre). Llevamos tiempo sin avanzar y me pongo ahora con el diario de Paco, ¡Aquí me gustaría ver a Clodoviro! Cuando voy por la mitad del diario, unas toses descongestivas alarman la espera. El señor de la posición número 13, recriminado por las posiciones 12 y 14, intenta explicar que es fumador, y que tiene tos crónica. No convence a nadie, pero como tampoco lleva mascarilla las distancias se agrandan y nos hace recular a todos. La fila india ya empezaba a descontrolarse. Desde la terraza contigua a la niña que aplaude, unos adolescentes aburridos, se suman a la fiesta y se ponen a toser compulsivamente a ritmo de la canción del “aserejé”, les siguen desde otras terrazas otros gamberros que les hacen los coros. La situación se resuelve con una estampida digna del Serengueti en temporada de migración del ñu. Carros de la compra abandonados en plena calle, zapatos y mascarillas siembran las aceras

Antes de acabar, recordar a todos los que hayáis llegado hasta aquí, que en este blog se publican a menudo “los diarios del confinamiento”, escritas por muchos miembros de esta asociación. De entre todos estos diarios van surgiendo personajes que van tomando vida propia y ya trascienden a sus autores, como Encarna, una mujer muy especial de una saga creada por Carlos Cerdán, una mota de polvo (Clodoviro) que funciona por su cuenta o un poto con actitud crítica, siendo ambos personajes totalmente ‘pasotas’ con respecto a su creador Paco, o como nuestra compañera Pilar, que trae biografías de mujeres ejemplares en todos los campos, cuyas historias fueron tapadas por ser, precisamente, mujeres. Y otras muchas historias y personajes.

Y por hoy, esto es todo amig@s. Sigan escribiendo, con cualquier tipo de narrador, no hace falta utilizar el de Vallejo en Paco Yunque. Hasta la semana que viene.

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Los diarios serán nuestra ocupación hasta que podamos volver a reunirnos en nuestra clase de cada jueves para hablar de literatura y reanudar el taller. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

Diario de un confinamiento

Diario de un confinamiento de Laura de la Casa

21 de abril de 2020

En el taller literario de mi tía están escribiendo un diario de confinamiento, y hoy quiero hacer el mío.

Me despierto muy temprano. Al abrir los ojos, mi primer pensamiento es que esto se debe a una pesadilla, a un mal sueño, pero no es así.

Me preparo el café y me animo a mí misma: hoy serán buenas noticias, que todo va mejor, que se pondrá bien muy pronto.

Todos pendientes de la llamada del hospital, del parte del día. A veces  se retrasa mucho, y en ese pasar de las horas el nerviosismo te puede… quieres saber ya, quieres escuchar buenas noticias. Van llegando esas noticias, alentadoras, pero va muy despacio, aunque pasito a pasito hacia adelante. Siempre mirando el lado positivo. En mi interior sé que todo se arreglará, que antes o después todo se soluciona.

Llega la tarde, después del parte, de asimilarlo, nos calmamos un poco, sigue peleando. Con la tarde piensas en los demás que están bien, familia, amigos…, pero quieres a toda costa que se cuiden, que se protejan de este maldito bicho que nos está haciendo la vida un infierno.  Preocupación, agobio, tristeza, miedo a salir de casa… Todo se une para hacer que los días sean muy largos.

Y vuelvo a pensar en positivo. Tengo una pareja maravillosa. En estos días juntos, tan difíciles, me estoy dando más cuenta todavía de la gran suerte que tengo de que esté en mi vida. Lo amo muchísimo. Tengo también a sus niños que son un amor y a los que estoy deseando poder dar un achuchón.

Muchos recuerdos se me vienen a cada minuto en estos días. Desde muy jovencito  has estado con nosotros, ahí pegado. Acompañando a mi padre en el bar. Viajes con la “Cirila” a Alicante a pasar las hogueras, y que tan buenos momentos nos hizo pasar. Días de playa, cenas… Y como siempre, tú ahí, en primera línea en momentos difíciles y complicados. Los recuerdos se suman y se suman. Y solo deseo que la fuerza y el coraje con que nos has acompañado, sigan iguales o mayores, lo suficiente para que salgas prontito de esta pesadilla. Eres tan bueno y tan grande que te tiene que caber todo el amor y la fuera que te enviamos cada día los que te queremos. Siempre has sido y serás muy especial para mí y los míos. Te necesitamos y te queremos junto a nosotros.

Tengo una familia y unos amigos fantásticos. Sin ellos estos días serían mucho más difíciles. Gracias a ellos siento que me queda la suficiente fuerza y ánimo para seguir adelante, para mirar el futuro y pensar en que todo saldrá bien.

De alguna manera necesitaba expresar todo esto para que desde cualquier sitio, ya que no podemos estar junto a ti, te llegue la fuerza de mi cariño y la de todos. Te quiero muchísimo.

¡FUERZA, ÁNIMO, TODO SALDRÁ BIEN!

 

 

Laura de la Casa es una apasionada de la lectura y de la música. Ha encontrado en la escritura de un diario su forma personal de luchar contra el coronavirus.

 

 

 

 

Selección de la música: Pura de la Casa

Natalia Jiménez y la Quinta Estación. Recuérdame

Recuérdame cuando duermes y adivino lo que sueñas
Cuando lejos de nuestra cama sea en mí en quien piensas
Recuérdame
Recuérdame cuando parta y no regrese a nuestra casa
Cuando el frío y la tristeza se funden y te abrazan
Recuérdame

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Diario de un confinamiento

Cuerpo esférico

Por Juanjo Valle-Inclán Bustamante

Ya no sé cuántos días llevo encerrado, dejé de contarlos. Lo cierto es que para mí el encierro me está sirviendo para tener más contacto con los amigos que antes. Llevamos ya unas cuantas e-quedadas con sus respectivas e-cervezas, e-cubatas y e-pinchitos. También estoy volviéndome un maestro de la cocina. ¡Qué de recetas! Rico, rico. La compra me la traen, trabajo desde casa…

En fin, que todo muy bonito y melancólico pero la verdad es que estoy muy preocupado. El centro de mi preocupación está en la forma esférica que ha ido tomando mi cuerpo con el paso de los días. Al principio fueron unos gramos de más, después un kilo, luego dos, tres, cuatro… Ahora me pongo de perfil y ya no quepo en el espejo de cuerpo entero que tengo en la habitación. He tenido que poner tres sillas junto a la cama para no salirme. No puedo vestirme con mi ropa de antes del confinamiento, ahora solo me valen los pantalones del disfraz del carnaval de 2015. Pantalón a rayas alternando el color azul claro con el blanco. ¡Qué fiesta más divertida! Mi señora esposa, de Astérix, y yo, de Obélix.

He dejado de disfrutar de uno de los mayores placeres de la vida, el nocturno baño relajante, por miedo a quedarme encajado en la bañera, por no decir que apenas quepo por la puerta de la mampara. Tengo que mear sentado, y con dificultades, no voy a entrar en detalles.

Mi preocupación me llevó, hace unos días, a comenzar una dieta estricta y a hacer ejercicio. Pero no sirve, mi cuerpo sigue inflándose y tengo la sensación de que, en breve, estaré flotando por la habitación como un globo.

Tengo tanta hambre que sueño con cocido de todos los tipos, madrileño, maragato, montañés… Así que pensé: Va a ser eso lo que me hace seguir engordando. Por eso ayer, antes de meterme en la cama y de colocar las tres sillas, decidí guardar dieta también en mis sueños y hacer ejercicio, correr libremente por Madrid Río como hacía antes. Pero me he despertado con una pesadilla. Me detenían por salir de casa sin un certificado de la empresa que dijera que me habilitaba a ir a correr para adelgazar. Me he despertado entre sudores, me he incorporado con dificultad y he ido a pesarme. Al subirme a la báscula ha sonado un ruido muy raro, como a muelles que se sueltan de golpe. No he podido ver lo que marcaba porque la tripa me lo ha impedido, ni siquiera usando el truco de bajarme deprisa. Así que he decidido llamar a mi madre. Ella sabrá lo que hacer. Las madres lo saben todo. ¡Ah!, y cuando esto acabe le llevaré la báscula a mi padre que, con unos alicates y un destornillador de estrella, lo arregla todo.

Besos gordos.

 

Juanjo Valle-Inclán  (Madrid, 1968) es licenciado en Sociología y máster en Dirección de Recursos Humanos. Por su profesión se ha dedicado con vocación al desarrollo de personas, lo que combina extraordinariamente con su pasión por la lectura y la escritura. Es autor de numerosos artículos de carácter profesional y coautor de cinco libros de relatos. RRelatos Humanos, Incómodos Antología de Relatos,  Arritmias. Antología de relatos de amor y música, Magerit y RRetratos HHumanos. Es un miembro muy activo de asociaciones como EJE&CON, DCH y AEDRH.

 

Selección de la música: Carlos Cerdán.

Julio Bustamente: Cargo de mí.

Habrá que tender un puente al otro lado
antes de que el río vaya helado,
antes de que se apaguen los últimos rayos,
no vaya a ser que me quede aislado. 

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Diario de un confinamiento

 

Cromos.

Por Alicia Gallego González

Cuando yo tenía unos doce años teníamos en casa un álbum de cromos que compartíamos los cinco hermanos. Aquel álbum nos unía más que ninguna otra cosa. Los cromos, eran como un tesoro que nos enseñaron lo que era un tucán, una manta- raya, los papúes de Nueva Guinea, las orquídeas y hasta el Everest. De todos ellos el que más me gustaba era uno que ponía: “Torres del Paine” provincia de Última Esperanza – Chile.

Y ahora estoy aquí, inmóvil, delante de estos gigantes de granito que el hielo ha ido modelando con tenaz obstinación. El aire no suele estar en calma, pero hoy no hace viento y las aguas turquesas de la laguna, reflejan las moles verticales de las Torres. El azul del cielo es tan potente que daña los ojos.

Me siento a descansar sobre una roca y tomo un fruto de una mata que crece junto al sendero, se llama calafate y tiene el mismo color púrpura que el corazón de la bella india tehuelche a la que, un hechizo, convirtió en arbusto. La leyenda cuenta que los que comen su fruto, aunque vivan muy lejos, regresarán. En mi bolsillo guardo un puñado.

 

 

Alicia Gallego González es miembro de la asociación Primaduroverales y coautora del libro 2056, Anno Domini. Apasionada de los viajes y de la música, cada mañana de los días de confinamiento ha regalado a los miembros de la asociación el relato de un viaje acompañado de una pieza musical.

 

 

 

Selección de la música: Alicia Gallego González.

Led Zeppelin. Stairway To Heaven

Hay una dama que está segura de que todo lo que brilla es oro
Y ella compra una escalera al cielo.

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Diario de un confinamiento

Lectura, aplausos y ventanas.

Por María Isabel Ruano Morcuende

Ayer, sobre las ocho de la tarde, mientras disfrutaba de la lectura del “Retrato de Irene” de Alena Collar, viví unos momentos mágicos. Los aplausos de los vecinos me sacaron de las poéticas palabras que Irene, la protagonista del libro, reflejaba en sus cuadernos…

Había dejado las persianas subidas para incorporarme a los aplausos. Sí el primer día fue muy emotivo, ya que incluso se unieron, a las diez de la noche, las campanas de la iglesia que tenemos frente a la urbanización, ayer casi se me saltan las lágrimas: ventanas abiertas, luces, aplausos, cacerolas, vecinos saludándonos con medio cuerpo fuera para vernos mejor y la megafonía a todo volumen de algún desconocido con la canción de “Resistiré” que canturreábamos a la par. Solidaridad y esperanza. Ánimo para todos.

La música me llevó a otros encierros, los que sufrí en mi adolescencia motivados por mi incipiente rebeldía y las estrictas normas de los encargados de mi vigilancia…Me sometían a horarios muy estrictos incluso en verano y en el pueblo tenía que estar en casa cuando prácticamente empezaba el baile en la discoteca. Refugiada en la habitación más alta de la casa, abría el ventanuco que daba al interior del patio para escuchar las melodías de la música de los 80 que llegaba hasta allí… Rabia, escritura y lágrimas escondidas me ayudaron a sobrevivir en aquellos encierros que sentía me privaban de la alegría y del amor.

Fue también por aquella época cuando, un cúmulo de circunstancias familiares y mi ya instalada rebeldía contra las normas y lo que consideraba  injusto, me llevaron a otro encierro más prolongado en Madrid y  durante las últimos días de agosto, custodiada por una “carcelera” que no merece la pena ni nombrar… Por primera vez en mi vida, estaba en 2º de BUP, me había quedado una asignatura pendiente para septiembre, la Física, pero tenía que presentarme a la asignatura completa aunque hubiese aprobado la Química, otra injusticia que me sublevaba… Me pasé más de diez días en pijama y con tacones, paseándome por la casa para aprender a andar desde esa altura y para fastidiar a mi “carcelera” con el taconeo. Estudiaba, poco, escribía, mucho y leía a Neruda. Una prima me prestó “Confieso que he vivido” y “Papillón” de Henri Charriere y los devoré durante esa etapa.

La lectura me ayudó a viajar desde la ventana del salón que era por la que más luz entraba en la casa y  a definir una personalidad segura y rebelde.

Aquel encierro, aunque no fue el último, me aportó una fuerza interior que en los momentos más difíciles de la vida, me sigue acompañando. Aprendí que la lectura,  de gustarme, pasó a ser por siempre mi aliada y que si consigues estar bien con tu mundo interior, si lo cultivas, ni la “bruja” del cuento podría lastimarme demasiado.

Aprobé la Física y la Química más por la generosidad de la profesora que por mis conocimientos y fui forjando, aún en la distancia, una maravillosa historia de amor que se prolongó durante años… Por todo ello, os mando un mensaje de fuerza y de  lectura como aliada en estos días de encierro y preocupación. Buscar lo positivo, la belleza que está en todas partes, cultivar la paz interior para estar serenos y hacer frente a lo que nos tenga que venir. Y cómo no, acompañaré este relato con una hermosa foto que la naturaleza me regaló el último día que regresaba a casa desde el colegio paseando por el parque.

 

 

María Isabel Ruano es miembro de la asociación Grupo de Escritores Primaduroverales. Es coautora de los libros Primaduroverales, cuentos (2007), Madrid Sky (2013) y 2056 Anno Domini (2018). En 2019 ha publicado el poemario Entre el asfalto y el mar.

 

 

 

Selección de la música Alicia Gallego.

María Callas: Casta diva.

Casta doncella, cubierta de plata
estas antiguas plantas sagradas,
se vuelven hace tu bello semblante,
sin nubes y sin velos.

 

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