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Posts Tagged ‘Domingo Jiménez Lacaci’

Felicitamos desde estas páginas a Domingo Jiménez Lacaci, ganador del segundo premio en el XIX certamen literario convocado por el ayuntamiento de Iznájar con un extraordinario cuento titulado el Guardamuebles, que publicamos a continuación. Domingo Jiménez Lacaci fue segundo premio en la VI edición del certamen Madrid Sky en 2019, en 2020 ha sido finalista del certamen de microrrelatos Relatos en Cadena, convocado por la cadena SER.

 

ACTA DEL JURADO

XIX CONCURSO DE RELATO CORTO Y MICRORRELATO

En la localidad de Iznájar a las 18:00 horas del día 10 de junio de 2020, reunido el jurado encargado de fallar el XIX CONCURSO DE RELATO CORTO Y MICRORRELATO, que convoca el Excmo. Ayuntamiento de Iznájar y la Empresa Publicidad el Castillo, compuesto por doña Manuela Díaz Lazo, doña Francisca Ramírez Díaz, don José Mª Molina Caballero y don Francisco Martos Muñoz; tras el análisis de los 357 textos presentados al concurso deciden el siguiente fallo:

MODALIDAD A. RELATO CORTO: Otorgar por unanimidad el SEGUNDO PREMIO DE LA CATEGORÍA ADULTOS, dotado con 200 €, al texto titulado “El guardamuebles” que firma con el seudónimo Ernesto de Soto y que corresponde a D. Domingo Jiménez Lacaci, residente en Pozuelo de Alarcón (Madrid).

Otorgar por unanimidad el PRIMER PREMIO DE LA CATEGORÍA ADULTOS, dotado con 400 € y publicación del relato (50 ejemplares), al texto titulado “En fin” que firma sin seudónimo y que corresponde a D. Rafael del Campo Vázquez, residente en Córdoba.

 

EL GUARDAMUEBLES

Segundo premio XIX certamen literario de Iznájar

Domingo Jiménez Lacaci

Mi matrimonio no estaba muerto. Ni vivo. Simplemente no estaba. Tras los entusiasmos iniciales, Enrique había actuado conmigo como con el resto de sus aficiones. Un fuego abrasador al principio, luego una progresiva pérdida de interés y finalmente una indiferencia total. Lo mismo con el golf, con la guitarra, conmigo. El aburrimiento me aplastaba mientras nuestra relación se había quedado en una vía muerta, y yo era el maquinista al que se habían olvidado de recoger al abandonar el tren. Solamente su agencia de viajes permanecía siempre allí, como un decorado de fondo en su vida. Era un buen negocio que le llenaba toda la jornada y le hacía viajar constantemente.

Yo había estudiado Derecho sin haber ejercido jamás, y a mis cuarenta y cinco años no me iba a poder reenganchar fácilmente a la vida laboral. Por eso me intentaba entretener en insípidas comidas con las esposas de matrimonios amigos, pero cada vez se me hacían más cuesta arriba aquellas sobremesas hablando de niños, compras, suegras y cuñadas. Volvía a casa y me encerraba en mis libros, y entonces, por primera vez en el día, abría mi jaula de oro y salía a volar como un gorrión, a vivir mundos y vidas ajenas, a elevarme sobre la ciudad y su demoledor gris constante.

Una tarde, fumando en el salón el único cigarro que solía fumar y que luego negaría haber fumado, miré los suelos, las paredes, las cortinas y tomé la decisión. Después simplemente puse música de Miles Davis hasta su llegada. Pasadas las diez de la noche, entró por la puerta, me besó como haber besado a una cortina y se derrumbó en el sofá abriendo una lata de cerveza.

—Enrique, quiero darle otro aire a la casa. ¿Recuerdas las ideas que tuvimos al comprarla? —le dije dejándole un sándwich sobre la mesita.

—Uffff —resopló mirando al techo—. Es cierto, Sandra. ¿Pero de verdad te ves con ánimos? Recuerda. Seis meses fuera de casa en opinión del decorador.

Se resistió como pudo, pero en dos días ya había claudicado. El constructor nos confirmó el medio año de plazo y empecé a buscar guardamuebles. Vinieron tres a dar presupuesto. El tercero no me dio el mejor precio, pero me impresionó por su aplomo. Julio estaría en los sesenta. Alto, huesudo, pelo corto canoso y fina nariz aguileña. Un hombre de pocas palabras. No te vendía su empresa como los otros dos charlatanes. Al contrario, su ligero desdén al relatar sus servicios me causaba curiosidad y al mismo tiempo, la parca forma de expresarse y sus movimientos seguros entre mis muebles me transmitía una extraña sensación de solidez. No esperé y esa tarde firmamos el contrato. Se entretuvo en fotografiar minuciosamente toda la casa para adjuntar las fotos al inventario. Fijamos la fecha del traslado en dos semanas.

Al día siguiente empecé a empacar en las cajas que trajeron, con Enrique asistiendo como un espectador desganado al que le hubieran regalado entradas para la función. Me obsequió unos cuantos ratos sueltos en fin de semana y de nuevo volvió a su mirada de lubina con su indiferencia más absoluta. Y al final, llegó el día. Todo a los camiones, y luego al guardamuebles en un polígono del extrarradio. Y Enrique y yo, con la ropa de una temporada a un apartamento amueblado no muy lejos de su agencia.

Al cuarto día, claro, ya estaba echando de menos cosas que se habían ido en las cajas. Llamé al guardamuebles y me cogió el teléfono Julio. Su voz era igual de sólida que su aspecto. Me dio la dirección y me fui al guardamuebles a media mañana. Quería llevarme media docena de libros, y esas cajas estaban en un sitio complicado. El propio Julio se subió a una escalera para bajarme las cajas. Se apartó mientras yo, agachada, iba sacando libros. Julio miraba en silencio apoyado en la estantería metálica.

—En esto ya no puedo ayudarla, lo siento —dijo a mi espalda—. Lee usted mucho, ¿no?

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He decidido empezar (y titular) esta última crónica del curso con la cita de Miguel Hernández. Este año, como todos sabéis, ha sido duro. Se da la circunstancia de que empezamos con proyectos de novela que deberían usar el recurso de la ucronía. Aquel proyecto quedó interrumpido por la llegada de la pandemia.

Mientras empiezo a recapitular me viene inmediatamente a la cabeza una idea ucrónica ¿qué hubiera pasado sin pandemia? ¿se habrían cumplido aquellos deseos que todos nos planteamos en la noche del treinta y uno de diciembre, mientras tomábamos las uvas? Quién sabe.

 

Sin pandemia, a cambio de tanto sufrimiento vivido y acumulado, no hubiéramos conocido a algunos personajes, ya inolvidables, como la ‘Encarna’, de Carlos Cerdán, quitándose los pendientes antes de irse a dormir, o el ‘Clodoviro’ de Paco Plaza, que engordaba tranquilo mientras un poto impertinente no callaba nunca, o la zapatilla de José Sainz de la Maza, que, cansada de la vida, nos enseñó ‘carne’ por un agujero. Y, claro, no habríamos hecho los viajes a los que nos llevaba, bailando cada mañana, Alicia Gallego.

Y ¿qué hubiera sido de las guerras vecinales que tan bien nos documentó Manuel Pozo o los enfados de Luis Marín, perfectamente reflejados en sus diarios? No hay que olvidar el toque de lirismo de Lourdes Chorro, que lo ha mantenido durante el confinamiento (Lourdes a la que hay que leer más de una vez, porque, como sabéis, se le reconoce autoridad). Qué decir de un personaje sabio y real, un tal Fabio, del que Olga Torralba nos contó algo o mucho.

Sin confinamiento, tampoco hubiéramos tenido la oportunidad de ver la maestría de Juan Santos sobre cómo limpiar pueblos en un libro. Y no habríamos conocido o recordado tantas mujeres olvidadas, que también nos documentó Pilar Couso.

En esta cara de la ucrónica, la de la dureza de la pandemia, nadie nos hubiera retratado mejor que Luis Jiménez haciendo cola para entrar en un supermercado, mientras Juan-Jo Valle-Inclán nos puso ante el espejo con un método para conseguir el perfecto cuerpo esférico. Y quién no conoce a otro personaje muy real, Laira, alrededor de la que María Sánchez nos obsequió algunos textos magníficos (claro, cuándo no es jueves cuando escribe María, incluso en confinamiento).

Bueno, me cuesta seguir recreando lo que no hubiéramos vivido o leído sin la pandemia. Sé que, en esta cara de la ucronía, han escrito más, que ha habido más personajes. Sé que me dejo gente en el tintero. Que me perdonen. Pero no paro de pensar en los deseos y proyectos planteados la nochevieja, con las uvas y las campanadas.

Ayer hubo taller, claro, y por eso hoy sale una crónica, la última de este curso. Y conviene recordar que hubo cuatro textos (retomando los autores sus proyectos de novela con ucronía) que se leyeron y criticaron, y también ocurrió algo inusual. Las críticas se vierten normalmente hacia los textos presentados, pero ayer también recibió un aluvión de críticas un crítico. Qué cosas.

Asistió como invitado especial nuestro buen amigo, y mejor escritor, Domingo Jiménez Lacaci, quién hizo aportaciones muy interesantes.

Empezó María Sanchez Robles, que continúa con su proyecto sobre Van Gogh y nos trajo XXX. PIETÀ. Excelente texto, como las anteriores entregas. La verdad es que no cuesta reconocer un personaje atormentado, magníficamente retratado, mientras da lo mismo que se sepa que es un personaje histórico o no. Aquí queda un pasaje para ilustrar: “Se sienta frente a un cuadro y libera el color del amor y la muerte con pinceladas agresivas, vivaces, terribles, que le llegan como un discurso

A continuación, Luis Marín nos presentó un momento muy importante de su proyecto “La boda de Manuel”. Luis nos cuenta de una forma muy gráfica, la escena y los personajes de una boda humilde de hace mucho tiempo. Además, deja trazos de conflictos que aunque no evidentes se apuntan y dejan ganas de más. Un trozo: “Curro rasgueaba la guitarra, aunque ya no había voces para acompañarla. Sus sentimientos temblaban en las cuerdas con sus dedos agarrotados en un silencio íntimo”.

Paco Plaza nos leyó un capítulo, el capitulo F, de su proyecto. En esta ocasión sitúa la acción en un escenario tan seco, tan duro, que todos lo vimos más que leerlo. Tal como nos tiene acostumbrados, allí donde menos te lo esperas, aparece un giro mágico que realza el texto. Un extracto para comprobar: “Así, como el ojo de un caracol ancestral, el hombre pasaba el tiempo entre sol y sol fuera de la casa, siempre encontraba labor qué hacer y si no la había vigilaba, sentado a la sombra de un viejo castaño que hermoseaba una loma

Para finalizar, Carlos Cerdán, también continuando con su proyecto, nos trajo un espacio y una acción que se desarrolla en un convento cisterciense. Allí, Anselmo, su personaje central, trata de encontrar la paz y el sosiego, mientras ayuda en el huerto y, por supuesto, en una pequeña plantación muy especial. Una muestra: “A las diez de la mañana la mitad de los monjes dejan sus tareas, se reúnen en la capilla y celebran la comunión diaria. Es una ceremonia en la que tras una serie de salmodias se fuman de modo colectivo…

Y esto es todo por hoy, y por este curso, amig@s. Este blog continuará activo durante todo el verano para, ya en octubre, reiniciar esta costumbre de las crónicas del Taller de Creación literaria de cada jueves.

“No hay beso que no sea principio de despedida, incluso el de llegada (George Bernard Shaw)”

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Los diarios serán nuestra ocupación hasta que podamos volver a reunirnos en nuestra clase de cada jueves para hablar de literatura y reanudar el taller. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

 

Diario de un confinamiento

Micro de 100 palabras con un comienzo obligado

CINCUENTA SEGUNDOS

Por Domingo Jiménez Lacaci

Sigo observando mi trocito de cielo a través de la ventanilla mientras pasa corriendo la azafata. En medio del pánico general, me doy cuenta de que estoy sorprendentemente tranquilo. Todo el mundo grita y llora pero yo solo puedo mirar ese sembrado amarillento acercándose a toda velocidad. No llevo papel, pero me quedan tres chicles. En un envoltorio escribo: Ana, te quiero. Diles a Juanjo y a Anita que les adoro. Y me meto la bolita de papel en la boca. En otro envoltorio, bajo la lengua: Julia, te he amado tanto. Ya sin tiempo, el último, apretado en la mano: espero que puedas perdonarme.

 

Domingo Jiménez Lacaci obtuvo el segundo premio en el VI certamen literario Madrid Sky. Es ingeniero de caminos y dedica parte de su tiempo libre a escribir relatos y obras de teatro. Ha sido finalista del Certamen Internacional Max Aub del año 2015 y en el X Certamen Internacional de Relato Breve sobre Vida Universitaria “Universidad de Córdoba”. Ha sido finalista mensual en el Concurso Relatos Encadenados de la Cadena Ser (año 2016).

 

 

Selección de la música: Alicia Gallego.

Astor Piazzolla y Roberto Goyeneche: Garúa.

En esta noche tan fría y tan mía
Pensando siempre en lo mismo, mi abismo.
Y aunque yo quiera arrancarla, desecharla y olvidarla, la recuerdo más.

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Patricia Collazo, finalista en el V certamen Madrid Sky, y Domingo Jiménez Lacaci, segundo premio de la VI edición, se han visto cara a cara en la XIII edición del certamen Relatos en Cadena, creado por la Cadena Ser y Escuela de Escritores. Patricia Collazo, que sin duda ha demostrado su maestría en el género al llegar tres veces a la final anual, ha conseguido llegar a la final semanal de esta XIII edición dos veces consecutivas, la semana 12, con el relato Llame ya, y la semana 13, con el relato Carta secreta, con la que se ganó el derecho a participar en la final mensual de diciembre.

Pero en la semana 12 Domingo Jiménez Lacaci presentó un magnífico relato, con el título Toma dos, que le llevó directo a la final mensual de diciembre, de la que ha resultado ganador, imponiéndose entre otros finalistas a Patricia Collazo.

Nuestra enhorabuena a los dos autores, a los que deseamos lo mejor para este año 2020.

Domingo Jiménez Lacaci

Toma dos

Domingo Jiménez Lacaci

Relato ganador del mes de diciembre certamen Relatos en Cadena

Le confesé a mi padre lo que había hecho según llegué.

—Sí, te estaba esperando —me contestó muy serio—. ¿Cómo se te pudo ocurrir bajarte de la cruz? ¡Tenías instrucciones! —me gritó—. Y eso sin mencionar la llamarada. No quedó nadie vivo.

—Ya, ya. Lo siento. Deberías haberlos visto. Estaban locos de odio.

—Tú, sin embargo, un ejemplo de mansedumbre. Ahora el monte es un cráter.

—Te he dicho que lo siento, padre. Me llenaron de ira.

—Eres demasiado humano, culpa mía —dijo tranquilizándose—. Te voy a mandar al día anterior.

—¿También puedes hacer eso?

—Calla y no lo estropees más.

Cuando llegué, estaban poniendo la mesa para cenar.

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Domingo Jiménez Lacaci

Por Francisco Plaza.

Domingo Jiménez Lacaci obtuvo el segundo premio en el VI certamen literario con el relato Cerrado por gestión, del que el jurado dijo que era un cuento complejo, intenso, lleno de sugerencias, de sensaciones y de lecturas diferentes. Es ingeniero de caminos y dedica parte de su tiempo libre a escribir relatos y obras de teatro. Ha sido finalista del Certamen Internacional Max Aub del año 2015 y en el X Certamen Internacional de Relato Breve sobre Vida Universitaria “Universidad de Córdoba”. En el campo del microrrelato ha llegado a ser finalista mensual en el Concurso Relatos Encadenados de la Cadena Ser (año 2016).

Eres ingeniero civil y estás implicado en proyectos de gran envergadura, como un parque temático sobre la historia de España en Toledo. ¿De dónde sacas tiempo para escribir?

Yo tengo la suerte de no dormir mucho y también aprovecho ratos más largos los fines de semana para sentarme a escribir. Mis hijas ya son mayores y vuelan solas. Al final todos acabamos sacando el tiempo para aquello que nos gusta. Aún así, en mi caso yo creo que paso tanto tiempo pensando qué escribir y cómo enfocarlo, que realmente tecleando.

¿Qué es lo que te motiva para enfrentarte a un folio en blanco?

Muchas veces tengo una historia que se me ha ocurrido, en la calle, conduciendo, paseando a la perra por el parque, y empiezo a madurarla. A los pocos días ya no admite más reflexión, ya no puedo desarrollarla más sin escribirla, y el cuerpo me pide sentarme y echarla fuera. Es una necesidad, sale sola.

Has participado, con éxito en varias ocasiones, en muchos concursos de relato corto. ¿Es ese tu género favorito?

Bueno, favorito porque me permite tener un producto acabado para presentar en muy poco tiempo y el tiempo no es algo que yo tenga en abundancia. Desde ese punto de vista, desde luego, pero me gusta también mucho adentrarme en proyectos de larga distancia.

Algunos opinan que el relato corto es un género “menor” en la literatura. ¿Tú qué piensas?

No, desde luego que no lo es. Me gusta mucho la historia de Alice Munro, la escritora canadiense que escribía cuando sus obligaciones de madre se lo permitían, y por eso solo escribió relatos, y aún así, consiguió el Nobel de Literatura en 2013. Es menor cuando los que escribimos regular lo hacemos menor, pero los maestros lo hacen tan hermoso e importante como la novela.

Tu relato “Cerrado por gestión” tiene un giro inesperado y sorprendente al final. ¿Cuándo te pusiste a escribirlo sabías que iba a terminar de esa manera o querías ese final y el resto del cuento lo hiciste en consonancia?

No, no tenía ni idea. Aunque no lo creáis, a mí tampoco me había contado su secreto este peluquero tan rarito. Es algo bastante habitual que arranques con un rumbo y, por mucho que tú quieras, los personajes que has creado y sus circunstancias no se dejan llevar allí. Es una batalla inútil y cuanto antes te rindas, mejor. Ellos siempre tienen razón.

El jurado comentó respecto a tu relato que podía ser el germen de una novela ¿Te atreverías con una novela?

Para eso necesitaría tiempo, que quizás sea lo más fácil de conseguir al lado de lo que voy a añadir. También necesitaría mucho orden y mucha disciplina, características que no son mi fuerte. Un relatista es un sprinter de cien metros. Un novelista es un maratoniano. Son cosas muy distintas con técnicas muy diferentes. Meterte en el proyecto de una novela es un asunto de mucha entidad como para no medir antes tus fuerzas.

Has escrito e interpretado la obra de teatro “Pensión Paquita” en 2018. Con funciones en diversas salas de Madrid y con llenos en algunas de ellas. Para un actor son muy gratificantes los aplausos del público; pero si además eres el autor la satisfacción debe de ser enorme ¿no? Pero si tuvieras que elegir ¿quién se siente más complacido, el actor o el autor?

Eso fue una de las experiencias más bonitas de mi vida, escribir de encargo para mis amigos y compañeros actores una obra que al final quedó divertidísima. Yo me adjudiqué un papel secundario de jefe de mantenimiento de la pensión, porque ahora que nadie nos oye, soy un actor nefasto. Pero ese momento, entre bastidores, cuando no estás en escena y escuchas a trescientas personas que se están riendo con los diálogos de los personajes que tú has creado, es una experiencia inolvidable. Entre los dos oficios, me quedo con el de autor, para el bien del teatro aficionado.

¿Tienes algún proyecto en la cartera?

Tengo el encargo de escribirles a esos mismos amigos una segunda obra de teatro para sacar adelante y representar en 2020. Y algún proyecto de novelita corta que tengo esbozado, a ver si puedo afrontarlo sin quedarme exhausto a mitad del camino.

¿Dónde buscas la inspiración?

En la calle. Cuando no sé de qué escribir, me voy a la calle, a mirar, a ver la gente, las cosas que pasan, al metro. En una hora en una plaza de Madrid una tarde de buen tiempo, hay más historias que en mil talleres de escritura juntos.

 ¿Te resultó inspiradora la frase “No quería imaginar cómo había llegado hasta allí”, obligatoria de comienzo del relato para el concurso Madrid Sky?

Más que inspiradora era fácil para arrancar cualquier tipo de relato. Nos describe a alguien sorprendido, y ¿qué relato no tiene a un sorprendido dentro? No sé cómo os surgió la frase, pero si fue elegida, fue un gran detalle de amabilidad. Sin sorpresas no hay historias.

¿Has ido a talleres de creación literaria o eres autodidacta?

Sí, estuve acudiendo tres cursos a un taller literario de Nuria Gómez Cal, donde escribimos muchísimas páginas. Luego he cursado tres cursos trimestrales más en la Escuela de Escritores con Enrique Páez y Alberto Baena.

¿Tienes algún método a la hora de ponerte a escribir?

Depende. En este caso busqué palabras sueltas e suficientemente inconexas: peluquero, semáforo y confesionario y desde ahí intentar montar un argumento. A veces funciona. Otras se me ocurre una frase, un instante, un diálogo, un disparo, un beso, una muerte. Incluso un título, o un final. Algo que me parezca suficientemente sólido y grande como para que sea la primera piedra de una historia y empezar a construir un relato a su alrededor.

¿Haces participes de tus escritos a las personas que te rodean?

Sí, a mi familia y mis amigos. También a las personas que he ido conociendo a lo largo de estos años escribiendo. A estos últimos les pido que no tengan la piedad y la empatía que suelen tener los primeros, de los que no hay forma de sacar una crítica auténtica que te deje las vergüenzas al aire. Los amateurs amigos son una gran ayuda porque esos sí que te hacen ver la cruda realidad. Y gracias a Dios.

¿Cuándo consideras que tienes un escrito terminado?

Un escrito nunca está terminado al 100%. Son como los proyectos, que se cierran y firman cuando el cliente te pide que se los entregues, pero nunca porque tú consideres que ya está perfecto y que no admite ni una vuelta más. Se dice que toda casa es susceptible de mejora hasta la ruina del propietario, por pequeña que sea la casa y por rico que sea el propietario; pues lo mismo con los escritos. O te cansas de darles vueltas y ya los dejas o los cierras y los envías porque se acaba el plazo del concurso.

¿Qué opinas sobre las empresas que como Vinos y Caminos, y La Rebujita, que te entregó el segundo premio, patrocinan un premio literario de relato corto como Madrid Sky?

Cualquier empresa que patrocine el fomento a la escritura y la lectura es bienvenida. Ojalá hubiera muchas más. Ojalá se fomentara más la escritura, el teatro, la lectura, las exposiciones. Los premios pueden ser un incentivo muy importante.

¿Qué tal ha sido la experiencia con el concurso Madrid Sky? ¿Repetirías?

Ha sido una experiencia gratísima. Aprovecho aquí para agradecer el cariño y el calor que le poneis a la ceremonia de vuestra final. Todos los detalles tan cuidados para que los finalistas nos sintamos los protagonistas. Os felicito por hacerlo tan bonito entre todos vosotros.

Por último, recomiéndanos un libro y un relato.

Qué difícil escoger uno. Quizás un relato muy impresionante por la sorpresa que me produjo cuando lo leí hace ya tiempo fue La autopista del Sur, de Cortázar. Me influyó en buscar siempre sucesos extraordinarios y meterlos en mis textos. Son el famoso “cocodrilo” metido en tu cama del que habla el profesor Ángel Zapata: no puedes pasar por allí sin girar la cabeza de tanto como te llama la atención.

En cuanto a libros, me interesan muchos las historias del “qué pasaría si…”. El famoso “y si …” que es el origen de tantas novelas maravillosas. Yo me fuerzo a preguntármelo a menudo para que surjan las historias. El mejor que yo he leído en ese ámbito es Saramago. Quizás el Hombre duplicado o el Ensayo sobre la ceguera, que no son otra cosa que varios cientos de páginas con Don José contestando a esa pregunta mágica.

Francisco Plaza Nevot es miembro de la asociación Primaduroverales. Actor de teatro aficionado, es coautor de los libros 2056, Anno Domini y Magerit. Relatos de una ciudad futura.

 

 

 

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Domingo Jiménez Lacaci obtuvo el segundo premio en el VI certamen literario con el relato Cerrado por gestión, del que el jurado dijo que era un cuento complejo, intenso, lleno de sugerencias, de sensaciones y de lecturas diferentes.

El relato de Jiménez Lacaci hace acertadas sugerencias a nuestros sentidos a través de la piel, el calor y los olores. Está construido con fases cortas e imágenes evocadoras: las tijeras, la luz, intermitente del semáforo, las gotas de sudor, la vela titilando… Maneja con habilidad el tiempo y el narrador en un presente continuo y se luce con sinestesias como el tic-tac de color caramelo y el olor a siglos muertos.

Este ingeniero de caminos ha obtenido un merecido segundo premio con su relato. Anteriormente ha sido finalista del Certamen Internacional Max Aub del año 2015 y en el X Certamen Internacional de Relato Breve sobre Vida Universitaria “Universidad de Córdoba”. En el campo del microrrelato ha llegado a ser finalista mensual en el Concurso Relatos Encadenados de la Cadena Ser (año 2016) y en otros certámenes. Por último ha escrito y estrenado con éxito una comedia de enredo con el título Pensión Paquita.

Salvador Pozo Gómez le entregó el premio en representación de la cervecería La Rebujita. Ana y Ernesto están al frente del negocio desde el año 2013. Procuran fomentar un ambiente familiar en su terraza. Poco a poco están ganando implantación en el barrio. La relación de La Rebujita con el certamen Madrid Sky dura ya tres años, lo que demuestra su implicación con la cultura. En esta ocasión La Rebujita ha patrocinado el segundo premio y ha acogido a los asistentes a la entrega de premios del VI certamen en un vino de celebración para homenajear a los premiados. Gabinete Caligari cantaba “Los bares, que lugares / Tan gratos para conversar. / No hay como el calor / Del amor en un bar”. Sin duda La Rebujita es un lugar de encuentros donde siempre hay un amigo a mano para charlar. Y si es de literatura, mejor.

Cerrado por gestión

Segundo premio del VI certamen Madrid Sky

Domingo Jiménez Lacaci

No quería imaginar cómo había llegado hasta allí porque la luz ámbar del semáforo frente a la cristalera y el olor a loción me atraparon de nuevo. Me quedé allí detenido, sin parpadear, con las tijeras quietas. Sacudí la cabeza y volví enseguida al clac clac clac en seco, solo cortando el aire por volver a la realidad.

Le repaso el cogote, un golpe de colonia y listo. Por arriba bien, pero ese cuello de toro no me lo ha puesto fácil. La piel tan tensa se afeita bien, pero se abre. Le enseño el resultado en el espejo, me paga sin propina, y me quedo allí solo en el salón mirando el semáforo por el cristal. No sé qué tiene la luz ámbar, pero me va hipnotizando poco a poco. Dura exactamente doce segundos. Y tras veinte de rojo y sesenta de verde, nuevamente el ámbar discontinuo, que no me deja ni parpadear. Y ahí, siempre mirando el ámbar, aprovecho para pensar en los soldados. Me gustan mucho los soldados. Llegan con el pelo aún corto, pero ellos lo quieren más rapado. Y los que han navegado, no sé, como que les noto el olor a mar, como que el salitre se les ha quedado metido en esos cuellos tan quemados, que es que les besaría ahí mismo. A veces me meto dentro diciendo que voy a por cuchillas nuevas y me quedo pegado a la puerta con los ojos cerrados, muy quieto para que el deseo no se me contamine. Me tiemblan las rodillas y me paso las manos por los muslos, y para dejarlo, me tengo que poner a mirar la foto de mi mujer y mi madre sobre la mesa de las toallas. Todo esto me embriaga unas tres o cuatro veces al día, menos los lunes que cierro y recojo yo a los niños del colegio, a la una y a las cinco. Y si hace viento, los llevo a la explanada a volar la cometa.

Esta tarde hace tanto calor que noto como las gotas de sudor me recorren las axilas bajo la camisa. Pero sigo mirando el ámbar de la otra acera y se me juntan las dos sensaciones, el lento correr de la gota y el ti-tic-tic color caramelo. Exacto, doce segundos. Queda una hora, pero la tarde va floja. Pongo el cartel de cerrado por gestión y salgo a caminar, pero en la calle hace más calor que en el salón. Poco a poco me voy adentrando en el barrio viejo, y el calor se va adensando a mi alrededor. Toco un muro de basalto según paso para sentir su frío compacto, y mientras lo toco miro el semáforo delante de la catedral. Y cuento el ámbar. Solo ocho segundos. Y se me desata aún más sudorina, y porque se me pase, sin pensarlo más, me meto en la catedral que me abraza entero con su fresco y su olor a siglos muertos y a herrumbre.

Me quedo allí pasmado frente a un altar, delante de una vela titilando dentro de un plástico ámbar, pero por mucho que la miro no soy capaz de sacarle una pauta. Y entonces una voz.

—No hace falta que espere para confesarse. No hay nadie esperando. —La voz me sorprende; está sentado en la penumbra a menos de un metro.

—No había venido a confesarme, padre.

—¿Seguro? Parece que quisiera hablar con alguien.

—Si le digo la verdad, y no se ofenda, no creo mucho en Dios.

—Uy, y la mitad de los que vienen tampoco —dice riendo— pero ellos no lo saben.

Mire, le propongo una cosa, se sienta usted aquí conmigo, charlamos, y luego decidimos si ha sido una confesión.

Ni sé ni quiero negarme. Me siento bien en su presencia y el sofoco empieza a ceder. El cura huele a loción Floid como olían mi padre y mi abuelo, y le brilla la piel como a ellos. Y comienzo a hablar. Y él escucha y asiente con la cabeza ladeada. Y le hablo de todo, de mi vida, del salón, de mis hijos. Y me responde, y yo le hablo y le hablo, y al final, miro a la vela ámbar y empiezo a encontrarle una cadencia según sigo contándole cosas, y ya le hablo de los soldados y del temblor de rodillas, y deja de asentir, y entonces le admiro más esa piel tan brillante de los pómulos, y va y se me sale por la boca a chorros, como si las palabras me subiesen entre arcadas, que tengo un cabo primero de veintidós años enterrado ahí arriba en el huerto, bajo una higuera. Y que lo tengo allí porque de tanto a mar como olía, pues que quise dejarlo todo y marcharme con él, pero se rio de mí, en mi misma cara. Y me llamó viejo, y ridículo. Y también calvo. Y que le diera más dinero para comprarse una moto o hablaba con mi mujer. Y que no sé lo que me pasó con el rastrillo, que no tuve intención de hacerle daño, solo quería que se callara, pero allí lo tengo desde hace quince meses. El silencio de la catedral nos cae encima como una inmensa lona negra. Padre, cuido esa zona bajo la higuera para que no se arraigue la mala hierba ni la grama que se lo come todo.

Y el cura se levanta del banco, y me mira y quiere hablar, pero se le atoran las palabras y se tira de la camisa como ahogándose y se le caen al suelo dos botones y el alzacuellos. Y sale corriendo muy torpe hacia la sacristía pidiéndole ayuda a la Virgen María.

Y de eso hace dos días, y sigo aquí, en el salón de peluquería, con la calva bajo las aspas del ventilador porque no me sude ni me brille. Cuento tras la cristalera los doce segundos en ámbar y pienso cuantos ciclos me quedarán hasta que vengan. A lo sumo un día más, en las ciudades pequeñas nos conocemos todos. Acaba de cambiar a rojo. Todos los coches paran menos el de la Guardia Civil, que se lo salta y viene hacia aquí. Apago las luces, el ventilador y pongo el cartel en la puerta.

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Acta del VI Certamen Literario Madrid Sky

 

El jurado del VI Certamen de Cuento Corto Madrid Sky, compuesto por Dª. Juana María Muñoz Cano, Dª. Carmen Marzo Calleja, D. Alberto Palacios Santos, D. Carlos García Valverde y D. Xuan Folguera Martín, reunido el 10 de junio de 2019, ha resuelto que los ocho finalistas del VI certamen literario de relato breve Madrid Sky son, por orden alfabético:

  • Al borde, de Juan Pablo Goñi Capurro.
  • Amanda, de vez en cuando, de Rodrigo Martín Antoranz.
  • Cerrado por gestión, de Domingo Jiménez Lacaci.
  • Con un solo hielo, de Alberto Ramos Díaz.
  • El amor por la ventana, de Miguelángel Flores.
  • Escena sobre la persistencia de las luces, de Jesús Tíscar Jandra.
  • Geometria en masa, de José Manuel Dorrego Sáenz.
  • Juventud, de Mayte Blasco.

De entre estos ocho finalistas el jurado ha fallado que:

  • El segundo finalista, y tercer premio, es el cuento Escena sobre la persistencia de las luces, de Jesús Tíscar Jandra.
  • El primer finalista, y segundo premio, es el cuento Cerrado por gestión, de Domingo Jiménez Lacaci.
  • El ganador del concurso es el relato El amor por la ventana, de Miguelángel Flores.

 

Antón Alonso Suárez (a la derecha), director de la revista digital Vinos y Caminos, y Luis Gulín Iglesias (a la izquierda) representando a bodegas Sameirás, hicieron entrega del primer premio a Miguelángel Flores.

 

Salvador Pozo Gómez (a la derecha), en representación de La Rebujita, patrocinador del segundo premio, hizo entrega del premio a Domingo Jiménez Lacaci.

 

Carlos

Carlos Valle-Inclán (a la izquierda), en representación de Question Box, patrocinador del tercer premio, hizo entrega del mismo a Jesús Tíscar Jandra.

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