Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘el blog de Mae’

Mayte Blasco vive estrechamente vinculada al mundo del libro por su profesión (es funcionaria del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos), lleva 14 años trabajando en bibliotecas y actualmente ocupa un puesto en la Biblioteca Nacional de España, lo que para muchos que desean vivir rodeados de libros sería un trabajo ideal. A finales de 2015 publicó su primera novela, Las vidas que pudimos vivir, una historia de ficción contemporánea con un trasfondo de denuncia social sobre cinco mujeres cuyas vidas se entrelazan de manera fortuita. En enero de 2018 fue la ganadora del Segundo Premio en el Concurso de Cuentos de Navidad convocado por Zenda, con el relato El antihéroe, y en diciembre del mismo año obtuvo el Accésit Testimonio histórico en el XV Concurso de Relatos Mineros Manuel Nevado Madrid con el relato Iquique, 1907.

Algunos de sus relatos han sido seleccionados y publicados en diferentes antologías como resultado de su participación en certámenes literarios. Su vocación por la literatura la ha llevado a crear un blog literario, El blog de Mae, en el que publica microrrelatos y reflexiones sobre lecturas y otras cuestiones literarias.

Ha sido finalista del VI certamen literario Madrid Sky con su relato Juventud, del que el jurado ha dicho que es un cuento que con un lenguaje claro y directo nos pone en situación en muy pocas líneas. Describe un mundo perfecto donde no tiene cabida lo antiestético de la vejez. Mayte Blasco remata el relato con un final donde nos revela que el personaje del conflicto es un antisistema empeñado en envejecer y morir en una nueva sociedad eternamente joven pero carente de sentimientos como la compasión o el amor. Un excelente relato, como los finalistas publicados en estos días en el blog, que tenemos oportunidad de leer a continuación.

 

Juventud

Relato finalista de la VI edición el certamen literario Madrid Sky

Mayte Blasco

No quería imaginar cómo había llegado hasta allí. Hacía tiempo que no veíamos a un hombre tan anciano. Mi marido y yo observábamos la escena sentados a una mesa para dos junto a la amplia cristalera. No entendíamos cómo había logrado colarse en ese restaurante de lujo, donde todos los comensales cubríamos nuestros cuerpos jóvenes con trajes de Armani y de Chanel. Un camarero se acercó al viejo.

—Disculpe, caballero. Lamentablemente, debe usted abandonar este local.

Cuchicheos y miradas indiscretas empastaban la atmósfera perfumada. El anciano se sentía observado, pero no intimidado. Sentado en la silla ojeaba impasible el cuaderno plastificado del menú. La voz de un niño se alzó en mitad del incómodo silencio. “Mamá, ¿quién es ese hombre tan raro? ¿Qué le pasa en la cara?”.

El encargado se aproximó a la mesa del anciano acompañado de un tipo alto con una pistola acoplada en el cinturón.

—Si no se marcha, caballero, vamos a tener que expulsarle a la fuerza.

El viejo se levantó despacio e introdujo la mano en el bolsillo, extrayendo varias tarjetas de crédito además de un grueso fajo de billetes de color púrpura.

—Puedo pagar la cuenta. ¿Lo ven? Tengo dinero para pagar.

El encargado, visiblemente nervioso, no sabía qué hacer. Todos los clientes habían abandonado sus platos y observaban el espectáculo con una mezcla de indignación y curiosidad. Tal vez creía que sus refinados comensales no deseaban cenar allí sabiendo que un individuo como aquel estaba sentado a escasos metros bajo el mismo techo. Con un simple gesto de la cabeza, le indicó al tipo de seguridad que se lo llevara. El frágil anciano gritó, protestó, solicitó auxilio. Nadie se levantó para socorrerlo.

Mi marido y yo proseguimos con la cena, aunque con todo ese despropósito la sopa se había quedado fría.

—No era un indigente —le dije—. Era un antisistema, uno de esos tipos pudientes que a pesar de todo se empeñan en envejecer y morir sin necesidad.

—Nunca entenderé a los nostálgicos.

Anuncios

Read Full Post »