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Los Custodios

Una serie de Netflix recomendación de Flor Cuesta

Hoy quiero recomendaros una serie. Es americana. Sobre un caso real.  La desaparición de una persona. Pero os aseguro que no tiene nada que ver que las series al uso que nos tiene acostumbrados “la madre patria”. Está en Netflix y lleva por título The Keepers; se podría traducir como Los Guardianes, pero a mí me gusta más Los Custodios. Los guardianes son los que se preocupan de que cumplas las reglas, por rígidas que sean, pero los custodios son los que se deberían encargar de la educación de las muchachas a las que “custodian”.

En 1969 la hermana Catherine Cesnick dejó el convento para irse a vivir con una compañera a un apartamento cerca del Instituto católico donde impartía clases. El instituto Keoug, situado en Baltimore, lo dirigía el capellán John Maskel, un hombre atractivo, con mucha labia, manipulador.

La llegada al instituto de Cathy fue una bendición para las alumnas: guapa, afable, cercana. Como profesora de Literatura, el primer libro que les pidió que leyeran fue La Letra Escarlata

—¡La letra Escarlata! —comentaron estupefactas las alumnas. Se las ganó en un santiamén.

Una tarde salió de su casa para comprar un regalo de boda y no se volvió a saber de ella. Era una noche oscura, aterradora, las calles estaban vacías e iluminadas por dos simples farolas. ¡Qué diferencia con el Nueva York de las películas que todos conocemos! El de la General Electric. Me acordé de aquella otra noche de verano, en el pueblo, que volvía con dos lecheras a pasitos cortos, erguida y sin mirar atrás, deseando llegar a la esquina iluminada por un poste con una pobre bombilla que daba más sombras que luz. Menos mal que mi tía Rosa había dejado encendido el farol de su puerta. El caso se cerró sin saber qué había ocurrido.

La historia está contada cincuenta años después cuando un grupo de alumnas se empiezan a interesa por ella. El realizador utiliza el flash back con maestría. Nos lleva del presente al pasado, y vuelta, sin que nos demos cuenta; consigue hacernos partícipes de una historia que hasta podría parecer oportunista: pederastia en un colegio católico, corrupción, mentiras.

Estas dos antiguas estudiantes del Keoug hacen un trabajo impresionante, rebuscan en la red, en la hemeroteca; crean una página de FB, consiguen que cien compañeras más confiesen los acosos que sufrieron. Aparecen más testigos, más gente implicada, posibles asesinos que se despreciaron en el primer momento. Y aunque descifran muchas de las incógnitas que habían quedado sin aclarar, no la más importante.

Vedla. Son cuatro capítulos. Merece la pena.

 

 

Flor Cuesta nació en Zamora, pero siendo adolescente vino a Madrid. Dedicó su vida profesional a trabajar en un banco, hasta que dio un giro a su vida para estudiar Filología Inglesa. Eterna estudiante, admiradora de la literatura inglesa y norteamericana, ha asistido a varios talleres de creación literaria. Terminó el doctorado y la tesis, que no llegó a publicar, lo que a veces le crea mala conciencia. Vive con pasión el teatro, el cine y la literatura. Es miembro de la asociación Primaduroverales Grupo de Escritores y coautora del libro 2056 Anno Domini. Actualmente está trabajando en su primera novela.

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

 

Diario de un confinamiento

Solo quiero una ventana

Por Flor Cuesta Rodrigo

Había pensado hablaros de mi nuevo entrenador personal, pero lo dejaré para otro día.

Hemos empezado las clases de cine on line. El profe nos propone ver una película que comentaremos a la semana siguiente. El ciclo que hemos iniciado trata de películas que están ambientadas en el pasado, en contraposición al ciclo anterior que se basaba en la distopía.

No estamos todos. Resulta divertido vernos enmarcados en pequeñas pantallas después de tanto tiempo y criticar, evaluar u opinar de lo que hemos visto.

Ayer le tocó a Los años rugientes, de Luigi Zampa,1966, que nuestro profesor nos había presentado como una comedia italiana desternillante. 

Está ambientada en un pequeño pueblo italiano en 1937 en pleno auge del fascismo. Las fuerzas vivas, el Director del Hospital, del Director de Paseos Públicos y Jardines, el Director de la escuela, el Interventor, y como no, el Jefe Fascista, se han enterado de que un Jerarca de Roma viene al municipio para comprobar el funcionamiento político del municipio.

Omero Battifiori es un corredor de seguros que llega al pueblo y es confundido con el Jerarca romano.

Aquí es donde empieza la comedia. Cada director quiere mostrarle las mejoras que tienen previstas, pero que todavía no han hecho. Omero los mira sin comprender nada y se deja llevar en su propio afán de hacerles un buen seguro a cada uno.

El Consultor de Prados y Jardines, curioso título, está casado con una mujerona que le pones los cuernos con don Carmine, Secretario Político, un Fascista, joven, fuerte, hermoso, prototipo de pureza de la raza. Ni a él mismo le extraña que le llamen cornudo

  • Desalojan a unos pobres y les sugieren que se vayan de voluntarios a España.
  • Unos urinarios públicos corretean por las calles de esta villa al compás que se mueve el jerarca.
  • El aeropuerto es un erial donde los niños juegan con sus aviones de juguete.

La hija del Interventor es una joven casadera, a punto de ganarse el apodo de solterona, muy instruida. Es la maestra del pueblo y será la encargada de enseñar a Omero los avances culturales de los futuros padres de la Patria. Unos zotes que apenas saben deletrear su nombre. Pero siempre hay una oveja negra, un chaval que si llegará a ser alguien. Y a él recurrirá la maestra. Llame a quien llame, aunque no diga su nombre, se levantará.

Omero llama al primer chico. Este se levanta y se sienta inmediatamente viendo que el empollón hace lo propio. Lee una carta que ha escrito al Duce diciendo que se sentiría huérfano si su madre no rezara por Mussolini.  Battifiori elige a otro. El mismo chico empieza a leer la misma composición. La cara del asegurador es de incomprensión total. La maestra pone a cantar a toda la clase. Yo me quedo dudando de mi reacción, ¿castigaría al muchacho o soltaría una carcajada?

Omero, picaflor empedernido, y la maestrilla empiezan un idilio. En realidad, Omero se cuelga con ella desde el primer momento y no deja de mirarla cuando lo que se espera de él es que admire los adelantos, y atrasos, del pueblo. Y llegan a comprometerse.

Aunque el atractivo romano de labia fácil no parece ser suficiente para la maestrilla.

El médico le lleva a ver a un hombre que vive en las afueras que se queja de las malas condiciones de su vivienda; dice que para eso es mejor no seguir vivo. Le pide al jerarca romano que cuando vea al Duce, todos están convencidos de que tiene una estrecha relación con él, le entregue una carta. Omero se la guarda en el bolsillo, sabiendo que nunca llegará a entregarla.

Aún le queda por ver la zona más miserable, donde los más pobres viven en cavernas. También parecen ser los más felices.

En la fiesta de compromiso Omero, que se confiesa abstemio, empieza a beber. In vino veritas, va desenmascarando uno a uno a todos los jerarcas que se están beneficiando y llenándose los bolsillos con las gestiones que están haciendo. Corruptos, pícaros y sinvergüenzas los ha habido, los hay y los habrá. Siempre y en todas partes.

No os destriparé el final, amargo, desolador.  Aleccionador.

Espero que la disfrutéis tanto como yo.

 

Flor Cuesta nació en Zamora, pero siendo adolescente vino a Madrid. Dedicó su vida profesional a trabajar en un banco, hasta que dio un giro a su vida para estudiar Filología Inglesa. Eterna estudiante, admiradora de la literatura inglesa y norteamericana, ha asistido a varios talleres de creación literaria. Terminó el doctorado y la tesis, que no llegó a publicar, lo que a veces le crea mala conciencia. Vive con pasión el teatro, el cine y la literatura. Es miembro de la asociación Primaduroverales Grupo de Escritores y coautora del libro 2056 Anno Domini. Actualmente está trabajando en su primera novela.

 

 

 

 

Selección de la música: Jose Miguel Espinar

Joaquín sabina. Quién me ha robado el mes de abril

Quién me ha robado el mes de abril
Cómo pudo sucederme a mí
Quién me ha robado el mes de abril
Lo guardaba en el cajón
Donde guardo el corazón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Por Carlos Cerdán

Flor 01Octubre del 2013 primer día del Taller. Allí estamos Flor, Virginia, Juan y yo, como niños el primer día de clase. Han pasado unos años y hoy tengo la satisfacción de charlar con Flor para que nos cuente algo sobre ella y que podamos conocerla un poquito más. Me confiesa que no le gusta hablar de sí misma, pero espero que poco a poco se suelte y nos descubra algún secreto.

E: Tu nombre completo.

FC: Flor Cuesta Rodrigo.

E: ¿Dónde naciste?

FC: Nací en Zamora, La bien cercada.

E: ¿La bien cercada? Cuéntame.

FC: Es un poema que aparece en el siglo XIX en el Romancero General de Agustín Durán:

Catedral_zamora

“Zamora, la bien cercada;

De un lado la cerca el Duero,

Del otro Peña Tajada,

Del otro veintiséis cubos,

Del otro la barbacana”

 

E: ¿Cuándo vienes a Madrid?

FC: Llegué a Madrid un mes de Febrero, a punto de cumplir catorce años. Lo primero que me sorprendió fue el clima; hacía calor, había 12º de temperatura. En Zamora, que era pleno invierno cuando me marché, esta temperatura era primaveral. ¡Y qué luz! El cielo azul, el sol brillante. Vaya la otra cara de la moneda.

E: ¿Te costó dejar un lugar tan tranquilo y bonito?

FC: En aquél momento, no. Zamora era una ciudad húmeda y fría, pequeña y tranquila, sí. Pero encorsetada, reprimida y represora, rígida. Ahora cuando voy me encanta cómo me mira toda la gente sin reconocerme, aunque mi cara les recuerde a alguien o porque me han visto unos meses antes.

E: ¿Tu profesión?

FC: Le dediqué toda mi vida laboral a Banco Atlántico, hasta que lo compró el Sabadell. Cuando me aburrí de ser ama de casa me puse a estudiar idiomas. Luego Filología Inglesa. Cuando acabé la carrera me quedé vacía; no me podía imaginar cómo sería el curso siguiente sin estudiar. Me hice el firme propósito de ser la “eterna estudiante” Acabé el doctorado y empecé una tesis que ahora duerme en un cajón. Me gusta la literatura inglesa y la norteamericana, los clásicos españoles, aunque últimamente he encontrado algunas joyas entre los contemporáneos. El teatro, el cine y la poesía; me encanta jugar con las palabras. También la pintura. La música de los 60 y de los 80. Y también la clásica, aunque carezco de educación en este sentido.

Llevo varios años intentado a aprender a escribir.

E: ¿Por qué duerme en un cajón tu tesis?

FC: Empecé a escribirla mientras trabajaba, recién terminada la carrera y el doctorado. Le dedicaba todas mis horas libres. Me tenía totalmente absorbida. Pensé que la terminaría en dos meses cuando dejara de trabajar. Pero no fue así. He llegado a la conclusión de que era el banco lo que me motivaba a leer y leer; a escribir y escribir. A veces me remuerde la conciencia porque es la primera cosa que no he terminado.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAE: Sé que te gusta viajar ¿Tienes algún destino favorito?

FC: Ya sabes que Egipto me enamoró. En realidad, todos los países que he conocido. Disfruté mucho recorriendo en coche Inglaterra y Alemania, haciendo noche en los Bed & Breakfast o en los Zimmer Frei. El vuelo en globo de la Capadocia no lo olvidaré en la vida; el viaje se inicia antes de salir el sol. Verlo aparecer es un espectáculo maravilloso.

E: Empezamos juntos en el taller hace cinco años, aunque hiciste un paréntesis. ¿Qué te motivó a formar parte del taller de literatura?

FC: Ya te lo he dicho. Quería aprender a escribir.

E: ¿Escribías antes de estar en el Taller? Y si es así, ¿guardas algo en un cajón?

FC: Sí, ya había asistido a más talleres. Y sí. En el mismo cajón guardo dos proyectos de novela corta. Pero nunca veo el momento de ponerme definitivamente a ello. Ya sabes, la pereza, es la gran enemiga del escritor. El verano pasado, que estuve inmovilizada, les di un buen tiento.

E: ¿Qué géneros te interesan más?

FC: Novela social, realista, postmoderna.

E: ¿Qué tal tu experiencia en el taller?

Flor 04FC: Buena. Tengo que reconocer que, gracias a Pura y a todos vosotros, he aprendido distinguir los narradores y las voces que hay en los relatos, el tono y, sobre todo, el conflicto. Aunque últimamente me he enterado que en los relatos no es imprescindible que lo haya.

E: ¿Has notado cambios durante estos años?

FC: Bueno, creo que todos hemos ganado mucho con la llegada de la “sangre nueva”. Lo que no quita para que eche de menos a los que se han ido.

E: Tengo la impresión de que ahora escribes menos ¿Es así?

FC: Al principio hacía todos los ejercicios que nos pedía Pura, e incluso leía cuantas rectificaciones les hacía. Ahora tienes razón. Será por afán de encontrar la excelencia.

E: ¿Cómo planificas las historias, tienes alguna norma?

FC: No. Soy ácrata por naturaleza. No me gusta someterme a un sistema fijo.

E: ¿Cómo o en qué te inspiras para tus personajes?

FC: Tengo un buen bagaje al que recurrir para inspirarme.

E: ¿Tienes algún método para hacerlo?, ¿pones música, lo haces en silencio, en algún momento del día?

FC: Suelo hacerlo por la mañana y en silencio. Aunque no me molesta que haya ruido de fondo, puedo concentrarme.

E: ¿Pasan algún filtro tus relatos? ¿Se los lees a alguien previamente?

FC: Sí. Tengo un grupo de amigos que me piden que les lea lo último que he escrito. Es un gustazo. Les encanta todo lo que les leo y me animan a seguir haciéndolo. Y también mi marido. Me critica más. Tiene un don especial para encontrar los fallos.

E: ¿Tienes en mente alguna historia que te gustaría escribir?

FC: Ja, ja, ja, ja. Todos soñamos con escribir la historia que no ha escrito nadie.

E: ¿De tus relatos, de cual estás más satisfecha?

FC: Me gustan todos, a pesar de sus imperfecciones. El mejor, el que hice el año pasado sobre el monólogo interior, Último Acto.

E: ¿Dinos un día en el taller que recuerdes de forma especial?

FC: El día que gané el segundo premio en el Concurso de Navidad. Era el primer año. No me lo esperaba, aunque José Jesús Rueda lo bordó al leerlo.

E: ¿Y un relato?

FC: Me gustan mucho los de Jose de la Maza, los de Lourdes o los de Yolanda, excelente cada uno en su estilo. De esta última, que ganó el primer premio en mis primeras navidades con el grupo, Padre, ¿es pecado? He disfrutado mucho con El mojete manchego, de Juan, El pastor y la loba, de Aitor, o el tuyo, El hombre que miraba al mar. Los de Manuel Pozo, que casi siempre los ambienta en Alemania, con el trasfondo la II Guerra Mundial, nunca me dejan indiferente.

E: ¿Qué significa la literatura para ti?

FC: Siempre me atrajo mucho. Recuerdo un libro de lecturas, Viajando por España, que me lo bebí. Luego, ya más mayor, empecé a leer Las mil y una noches, La Ilíada y La Odisea. El segundo sexo, todo lo de Clarice Lispector etc. etc.

E: Cuando estuvimos en el Centro de Mayores de la Casa del Reloj, con motivo del Día Internacional de la Mujer, leíste un escrito reivindicativo ¿Te consideras una luchadora por los derechos de las mujeres?

FC: Sí. Siempre he reivindicado que las mujeres no somos seres inferiores. Que también tenemos derecho a la educación superior, a un trabajo digno para no estar sometidas a los hombres, a decidir qué hacer con nuestro cuerpo si hemos concebido un hijo no deseado, con lo cual llegamos a la libertad sexual. Y también el derecho que tenéis vosotros a comportaros como seres humanos, con vuestra fragilidad, vuestra sensibilidad, vuestros sentimientos que habéis tenido que ocultar durante siglos.

E: ¿Crees que hay literatura exclusiva para mujeres?

FC: Durante años fue así con las novelas romanticonas, melodramáticas. Una literatura que nos trataba como si fuéramos niñas o tontas. A mediados del siglo pasado un grupo de mujeres —Simone de Beauvoir y su Segundo Sexo, o Clarice Lispector— iniciaron un movimiento en la literatura que cuestionaba los tabúes tradicionales del matrimonio, la familia, la religión; trataron de ayudar a sus congéneres a ver dónde fallaban, a enfrentarse a sus miedos, a la soledad. Pero es un tipo de literatura que también podríais (y deberíais) leer los hombres.

E: ¿Cuáles son tus autores preferidos?

FC: Tengo muchos. No quiero abrumarte

E: Recomiéndanos un libro y un relato.

FC: Los últimos que he leído: Nemo, de Gonzalo Hidalgo Bayal y Desgracia de John Coetzee.  De relatos, cualquiera de Juan José Millás, El brazo derecho de mi padre, por ejemplo, o Se acabó la rabia, de Mario Benedetti

E: ¿Hay algo que te gustaría añadir que no te haya preguntado?

FC: Tengo muchas cosas guardadas en mi “almario”. Necesitaríamos mucho tiempo para contártelas. Lógicamente no todas. Mi mayor virtud/defecto es la memoria. Ya sabes que no siempre es bueno recordar el día tal del año cual.

Entrevista realizada por Carlos Cerdán, primaduroveral, abril 2017

 

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El 20 de diciembre se celebró una nueva edición del Certamen de Relatos de Navidad del Taller Literario de la Casa del Reloj. Esta vez el tema era “La soledad accidental un día de Navidad“. Hay que destacar la elevada participación y la consolidación del certamen, que es esperado año tras años cada vez con mayor ansiedad por los miembros del Taller. Al terminar el certamen se produjo la emotiva entrega de premios en la cena de Navidad, que hizo derramar lágrimas a más de uno.

Los ganadores, por este orden, fueron:

Dígame, padre, que no es pecado, de Yolanda López.

Avelino, de Flor Cuesta.

El vigilante, de Manuel Pozo.

En las fotografías se puede ver a Yolanda López recogiendo el primer premio (una cajita de chocolate belga), que compartió con todos los asistentes, a Flor Cuesta recibiendo la calurosa felicitación de Fernando López-Díaz y a Virginia García, que representaba a los debutantes en el Taller de 2012, pronuniciando un emotivo discurso. La noche terminó con un recital musical del célebre cantautor Juan Santos.SAM_0790

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