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Posts Tagged ‘IES Esteban Manuel de Villegas’

En una entrada publicada el 3 de junio informábamos de que Rakel Ugarriza Lacalle había sido la ganadora del XXVIII Certamen literario Esteban Manuel de Villegas, en la categoría de adultos, narración corta. El IES Esteban Manuel de Villegas está situado en la localidad de Nájera, en La Rioja. Desde la asociación Primaduroverales queremos destacar el inmenso trabajo que lleva realizando este centro desde hace tantos años para fomentar la literatura con la convocatoria de un premio anual que ha alcanzado este año la vigésimo octava edición. Nosotros sabemos bien lo que cuesta mantener este esfuerzo, y eso que solo llevamos convocadas cuatro ediciones de nuestro certamen Madrid Sky, que la autora Rakel Ugarriza ganó en 2016.

Publicamos aquí el relato completo Últimas voluntades, de Rakel Ugarriza, ganador del XXVIII certamen literario Esteban Manuel de Villegas. La publicación es cortesía del IES Esteban Manuel de Villegas, propietario de los derechos de difusión y reproducción, a quien agradecemos su deferencia y animamos a seguir con su edificante tarea. Muchas gracias.

Últimas voluntades

El tercer domingo de cada mes lo pasábamos velando el cuerpo de mi abuela. La costumbre se remontaba varios años atrás, cuando el tercer domingo de un mes de marzo a mi abuela le dio un achuchón y tuvimos que ingresarla de urgencia. Setenta y seis años tenía la mujer entonces, pero ya nos dijo el doctor que estaba como una chavala, que duraría un montón más y que no había de qué preocuparse. Pero mi abuela se preocupó, vaya si lo hizo. A los dos días, tras darle el alta, nos reunió a todos en casa para darnos instrucciones: a mi abuelo, a mis padres y a mí, su nieto preferido, como ella solía llamarme. Solo tenía un hijo y yo no tenía hermanos, pero si alguna vez se lo recordaba, ella respondía que de haber tenido cien nietos más, con seguridad yo seguiría siendo su favorito.

Por entonces yo tendría unos doce o trece años, no recuerdo bien, y aquello me pareció una especie de broma macabra. Pensé que en realidad el vahído de la abuela había sido más grave de lo que los médicos nos habían dicho y que, probablemente, algo en su cabeza se había aflojado. A juzgar por las caras de los allí presentes, nuestros temores parecían ser los mismos. Esa tarde la abuela presidía la mesa. Iba muy arreglada siempre, de pies a cabeza, como si todos los días fuera a ir de boda o de bautizo y perfumada con ese olor tan característico en ella, un olor inconfundible y evocador, que a día de hoy todavía descubro en algún rincón. Un aroma que de forma inesperada me asalta en algún ascensor o en la cola del supermercado y trae hasta mí el recuerdo de aquella mujer.

El caso es que esa tarde la abuela nos comunicó que a partir de entonces cada tercer domingo de mes tendríamos que ensayar su velatorio. Tras el anuncio hubo algún amago de crítica, que enseguida fue ahogado con un fuerte puñetazo sobre la mesa. Mi abuela era una mujer contundente en todos los sentidos y sabíamos quién mandaba dentro de esas cuatro paredes. Por si las moscas, aquella tarde volvió a dejarlo bien claro. (más…)

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