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Etapa III: Isla de KIZHI, Pushkin en Mandrogui… y San Petersburgo

Por: José Miguel Espinar

Esta etapa del viaje puede ser considerada, quizá, las más interesante y hermosa. Yéndonos muy lejos, al norte del lago Onega, llegaremos a la Isla de Kizhi (КижиIPA)república de Karelia. Allí nos topamos con el Museo de Arquitectura de Madera, al aire libre, proclamado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Kizhi

Para llegar al lago, antes hemos tenido que navegar el rio Kovzha, que significa ‘licor del jugo de abedul (la palabra koiv, tiene su origen en la lengua de la tribu ‘ugriofinesa’ que significaba abedul). Después, tras pasar una serie canales y esclusas, acabamos en el rio Vítera, que nos da entrada al lago Onega. La palabra Vítera también parece haber sido prestada de las lenguas de las tribus ugriofinesas que aquí habitaban en tiempos (vespos, finlandeses, carelios o saami).

El lago, siendo el segundo más grande de Europa (tras el Ladoga, que más tarde lo navegaremos camino de St. Petersburgo) ofrece dificultades, con grandes y habituales tormentas. En la parte norte del mismo, entre más de 1.500 islas que pueblan el lago, está la Isla de Kizhi.

La isla, con un conjunto arquitectónico único, reúne monumentos representativos de distintas regiones de Karelia, como la iglesia del monasterio de Murom (finales del XIV), las capillas de las aldeas Levívoro, Kávgor, casas propias de campesinos y el cementerio de Kizhi.

kizhi-4aA destacar, entre todo este museo al aire libre, la Iglesia de la Transfiguración (con 22 cúpulas, siglo XVIII); con 35 metros de alto, representa una especia de pirámide formada por cúpulas que serían como escalones que ascienden. Al lado, la Iglesia de la Intercesión, con nueve cúpulas (también del XVIII) y con un campanario en forma de techumbre piramidal. El espectáculo, cuando se está allí, tan lejos (a 500 Km del círculo polar) y en presencia de estas obras, es impresionante y produce una indescriptible emoción.

Kizhi iconostasioUn rasgo común a toda esa arquitectura es que los troncos y tablones de madera están ensamblados sólo con cortes de carpintería, sin clavos ni ningún otro tipo de uniones metálicas para unir las piezas. Eso no impidió la innovación ni la sofisticación en las construcciones, de hecho permitió la aparición de las cúpulas bulbosas, el bochka, tejado barril o el de tipo de aguja. Se discute sobre el origen del bochka, pero parece que las primeras construcciones son del siglo XII, y que hasta el siglo XV se hacían totalmente de madera. Más adelante, hacia el siglo XVI, se introdujeron las láminas de metal.

AMandrogui Ihora toca volver atrás, de nuevo a la parte sur del lago Onega para tomar el río Svir, que nace precisamente en este lago y desemboca en el Ladoga. A medio trayecto de su 215 Kms, atravesando grandes centros de producción y transporte de madera, se llega a Mandrogui. En sí mismo, es un lugar que se podría considerar una especie parque temático dedicado al tratamiento y utilización de la madera como elemento base en su arquitectura, y solo con un cierto interés turístico, si no fuera por que al otro lado del río se encuentra una ruta dedicada a los cuentos de Pushkin. No deja de ser interesante pasear por allí y detrás de cada recodo encontrarte con figuras de algunos de los personajes de sus cuentos (por supuesto fabricados en madera)

Y nada mejor, en este ambiente, que recordarIMG-20190819-WA0112 un extracto de una de sus obras, Kirdzhali: “… en toda Moldavia sembraba el terror con sus atracos. Voy a relatar una de sus hazañas para dar una idea de cómo era Kirdzhali. Una noche él y el arnaúte Mijailaki atacaron entre los dos un poblado búlgaro. Lo incendiaron por los dos extremos y pasaron de choza en choza. Kirdzhali degollaba y Mijailaki se llevaba el botín. Ambos gritaban: «¡Kirdzhali! ¡Kirdzhali!». Todos los habitantes huyeron… (A. Pushkin, Kirdzhali)”.

alexandr-pushkinY teniendo en cuenta la importancia universal de este escritor, bien está recordar aquí algún trozo de su obra ‘La hija del capitán’: “… empezó  a caer una nieve menuda, y de repente cayeron grandes copos. Aullaba el viento; había empezado la tormenta. En un instante, el cielo se juntó con el mar de nieve. Todo desapareció …

Y también sería interesante recordar su amor por España, especialmente bebiendo en las fuentes de Don Juan y Don Quijote. Un trozo de su poema ‘Del céfiro nocturno‘:

“Del céfiro nocturno // éter fluye. // Bulle, // huye // el Guadalquivir. // Salió la luna dorada, // ¡silen…! ¡chis!…  guitarra al son. // La española enamorada // se ha asomado a su balcón.”

Hay que volver a embarcar (no si antes pasar un frío impropio para gente del sur en esta época del años, mientras se ‘disfruta bien abrigado’ de una comida-barbacoa al ¿¡aire libre?!) para seguir rio Svir abajo hasta su final, en el lago Ladoga. Navegar por la parte sur del lago, hasta el punto donde nace el rio Neva. Este río nos llevará, en su desembocadura en el Báltico, justo al lugar elegido por Pedro el Grande para fundar lo que sería esta majestuosa ciudad de San Petersburgo, mientras miraba, aprendía y amaba Europa.

San Petersburgo, que quizá debería haber sido la guinda de un viaje que se me antoja estupendo, terminó por generar una sensación agridulce.

salon-museo-hermitageLa espectacularidad de una de las ciudades más interesantes del mundo, no oculta que la primera actividad, la visita al Hermitage, me produjera un alto grado de desasosiego. Una muchedumbre (comparable a un vagón de metro en hora punta) llenaba la totalidad de las salas visitadas, haciendo imposible disfrutar ni de la belleza de las salas mismas ni de la obra expuesta (la imagen de al lado, de una de salas que visité, y que aparece vacía, en realidad, no había menos de cuarentas personas en aquel momento, pasando extremadamente cerca de las obras)

El riesgo y la presión a la que se están siendo sometidos estos lugares, dan lugar a interpretar como pésima (o interesada) la gestión de las riadas de personas (y por tanto riadas de dinero) que cada día inundan las salas y las arcas de la institución. Al hilo de esta cuestión, uno se pregunta si está muriendo la actividad de visitar un museo de estas características o si, debido al alto riesgo al que están expuestas sus obras, algún día no ocurrirá algo irreparable.

interior-iglesia-salvador-sangre-derramadaDurante el resto del tiempo de estancia no desapareció esta sensación. No obstante, hay que reseñar, por ejemplo, el gran diseño de los Jardines Peterjof (en un intento de emular a Versalles) con el imponente acceso al Palacio por un canal abierto desde el Golfo de Finlandia (Báltico) hasta la escalinata del mismo), o la iconografía en mosaico de la catedral del Salvador sobre la Sangre Derramada o la Catedral de San Isaac de Dalmacia, que abandona, en parte, las criterios típicos de iglesias ortodoxas, queriéndose parecer más a la Basílica del Vaticano.

Una ciudad espectacular, al fin y al cabo, como mucho que disfrutar y comprender de su historia a través de su cultura y de su arquitectura distribuida en un sin fin de canales (La fortaleza de San Pedro y San Plablo, El Palacio de Invierno, La Catedral de Kazán, La gran Plaza del Palacio, el Teatro Mariinski, El Palacio Yusupov, La Isla Vasílievski, …)

Para acabar resulta imprescindible un buen paseo por su avenida Nevsky y entrar a algunos de los bares de decoración y ambientes actuales, y probar algunas de las cervezas rusas bien tiradas.

Con el paso de los días, uno se reconcilia con San Petersburgo (pero no con los responsables de algunas instituciones de allí), y sobre todo con el gran y grato recuerdo del viaje por el interior, a través de los ríos, canales y lagos, de esta parte noroeste de Rusia, y que conforman la gran vía fluvial que un día soñó Pedro el Grande.

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