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Por Luis Marín

Se ha escrito mucho sobre la guerra civil española. Historiadores, incluso extranjeros, se han interesado por ese lamentable enfrentamiento que se produjo como consecuencia de un golpe de estado al orden establecido por la república de 1931. Ochenta y cuatro años después, a pesar de la tinta gastada, continúa habiendo un cierto negacionismo en determinados sectores de la sociedad española. Según declaraciones de Almudena Grandes, “… la cultura oficial que ha adquirido mayor difusión tiene mucho que ver con la versión silenciosa y evasiva que mantuvo la generación de los “abuelos”, versión de la que se han alimentado las generaciones posteriores, incapaces de comprender en su totalidad la historia contemporánea española”.

En “La forja de un rebelde”, trilogía de Arturo Barea, se hace un recorrido, con tildes autobiográficos, desde principios del siglo veinte hasta la guerra civil.

José María Gironella, en su trilogía “Los cipreses creen en Dios”, narra los años previos a la sublevación, con dos secuelas que abarcan la guerra y la posguerra.

También Lorenzo Silva le ha dedicado una novela en tono biográfico al general Aranguren “Recordarán tu nombre”.

Otros autores han escrito sobre episodios puntuales de la posguerra y la etapa franquista, como Dulce Chacón en su novela “La voz dormida” o las distintas novelas escritas en honor a las trece Rosas.

Me dejo muchas novelas y ensayos en el tintero, pero hoy me quiero referir al proyecto de Almudena Grandes “Episodios de una guerra interminable”, como ha querido llamarla la autora en homenaje a los episodios nacionales de Benito Pérez Galdós. Este año ha publicado la quinta entrega.

Después de su novela “El corazón helado”; donde Almudena Grandes aborda el regreso del cabeza de una familia de exiliados a un país irreconocible donde lo perdió todo a través de engaños; Almudena inició este proyecto con el episodio titulado “Ines y la Alegría” (2010). A este le seguirían “El lector de Julio Verne” (2012), “Las tres bodas de Manolita” (2014), “Los pacientes del doctor García” (2017) y “La madre de Frankestein” publicada en este año 2020.

La serie, pretende cubrir momentos significativos de la lucha antifranquista desde 1939 a 1964. Son novelas independientes que transportan al lector a épocas y situaciones de la era franquista que, para muchos, pueden ser reconocibles. Desde la invasión del valle de Arán por el ejército de la Unión Nacional Española, pasando por la guerrilla de Cencerro y el trienio del terror, el patronato de redención de penas y el nacimiento de la resistencia clandestina, la red de evasión de jerarcas nazis dirigida por Clara Stauffer, hasta la agonía de Aurora Rodríguez Carballeira en el apogeo de la España nacionalcatólica. Los que seguimos esta serie de novelas, esperamos ya con impaciencia la última entrega “Mariano en el Bidasoa” aunque haya que esperar un par de años.

Constituye, por tanto, una visión panorámica de una etapa de nuestra historia nacional que, aún ahora, presenta más sombras que luces acerca del origen de una dictadura que, algunos, pretenden poner en duda. Se confunden los personajes y hechos reales con los inventados en una trama de ficción magníficamente ambientada.

Es de sobra conocida la tendencia política de la autora y su preocupación por el entorno de la mujer que refleja en casi todos sus libros. También es conocida su actividad como columnista, poniendo siempre el acento en las políticas sociales hacia los más desfavorecidos.

Estas novelas tienen una lectura fácil, a pesar de estar llenas de metaficciones y estructuras literarias complejas, con respeto al lenguaje y las palabras. Como dice la propia autora, “Si perdemos palabras que nombren cosas estaremos perdiendo también esas cosas; la gente no llega a comprender hasta qué punto el lenguaje pobre empobrece el pensamiento, las experiencias y los placeres de la vida”.

Luis Marín es un gran lector y aficionado a la escritura, sin embargo se dedicó profesionalmente a las ciencias económicas. Es miembro de la asociación Primaduroverales. Es coautor de los libros Madrid Sky y 2056 Anno Domini. Ha resultado finalista en distintos certámenes literarios, el último de ellos el VI Certamen de Relatos Cortos de la UNED de Alcalá la Real (Jaén), y sus relatos han aparecido publicados en distintas antologías.

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

 

Diario de un confinamiento

Por Luis Marín Domínguez

Jornada 43 (29-4-20)

Empieza la cuenta atrás. No me gusta mucho eso de andar tachando en el calendario fechas que ya han ido pasando. Es como ir cerrando puertas que sabes que no vas a volver a abrir porque del lado que tú estás no hay cerradura ni picaporte. Por otro lado, te hace vivir el futuro antes de que llegue, con lo cual una vez alcanzado puede llegar a ser decepcionante.

Me recuerda a los últimos días de mili. Si bien vas tachando fechas desde el principio, fechas que no querrías volver a vivir, por lo de romper con tu vida de forma involuntaria y estar lejos de tus seres queridos, cuando ves llegar el final no se te olvida trazar la cruz cada noche antes de acostarte. Podría tener ciertas similitudes a nuestro actual encierro.

La fecha final era desconocida, aunque se intuía. Fue un jarro de agua fría cuando nos enteramos de que el día seis de diciembre se celebraría un referéndum, el de la constitución de 1978. Los primeros días de diciembre coincidían con nuestro permiso final que enlazaría con la licencia. A efectos prácticos, era el día de licenciamiento y para nosotros se había vuelto incierto.

Allí aprendí que borrar el pasado en el calendario, no sirve para borrar los recuerdos. Y sobre todo, que por mucho que anheles una cosa, te tienes que tomar tu tiempo para conseguirla, porque hay que trabajar mucho para lograr tus deseos.

Así que respira hondo y ármate de paciencia, que el futuro está próximo, pero no va a llegar antes porque te quedes mirándolo constantemente.

 

Luis Marín es un gran lector y aficionado a la escritura, sin embargo se dedicó profesionalmente a las ciencias económicas. Es miembro de la asociación Primaduroverales. Es coautor de los libros Madrid Sky y 2056 Anno Domini. Ha resultado finalista en distintos certámenes literarios, el último de ellos el VI Certamen de Relatos Cortos de la UNED de Alcalá la Real (Jaén), y sus relatos han aparecido publicados en distintas antologías.

 

 

Selección de la música: Paco Plaza.

Rozalén. Aves enjauladas

Cuando salga de esta iré corriendo a buscarte
Te diré con los ojos lo mucho que te echo de menos
Guardaré en un tarrito todos los abrazos, los besos
Para cuando se amarre en el alma la pena y el miedo.

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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje musical. Los diarios serán nuestra ocupación hasta que podamos volver a reunirnos en nuestra clase de cada jueves para hablar de literatura y reanudar el taller. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

Diario de un confinamiento

Diario del Covid-19 Jornada 7 (24-3-20)

Por Luis Marín

El día ha vuelto a amanecer nublado. Ya tengo que contar con los dedos en que día de cuarentena estamos.

Dos veces me han sacado de mis ejercicios. Una era mi consuegra para preguntarme por mi madre. ¡Qué majos son los dos! Siempre atentos, y eso que Paco tiene a su madre en una residencia y no puede ir a verla. Además, en Navalcarnero. Ana me ha dicho que han intentado hablar con ella por video conferencia, pero que la pobre no sabía de donde salía la voz. Al menos no se entera de lo que pasa. Quizá sea una ventaja.

La segunda llamada ha sido al fijo, una de esas compañías que llaman y luego no contestan. Me han puesto de mala leche. Después ha habido una tercera y ya conozco ese número también tocapelotas. Le he insultado.

Hoy tocaba plancha porque, aunque sea para meterse en la cama, hay que estar vistosos. Hay mucha gente que odia esta tarea tan hogareña. A mí, sin embargo, no me disgusta incluso diría que me relaja. Cuando hace frío con el ruido del vapor saliendo a borbotones, enseguida entras en calor. En verano puede ser más chungo, pero siempre queda la opción de quedarse en paños menores, como mínimo, y disfrutar del momento. Pero no estamos ahora para momentos eróticos. En realidad, como tienes que estar pendiente de no hacer más arrugas de las que hay, tienes como se necesita estar concentrado en lo que haces no te deja pensar en otras cosas. Pero no siempre compartimos la belleza en la arruga, cada cual tiene sus preferencias, con lo que no todo el mundo queda satisfecho.

Maldito el momento en que se me ha ocurrido echar unos trozos de chorizo en los macarrones. Mi hijo según los ha probado ha dicho que le recuerdan a los que le ponían en el comedor del colegio y que los odia. Por salir del paso me he hecho el desinformado, pero tengo que reconocer que no es la primera vez que lo dice y a mí se me ha olvidado. Cosas de la edad supongo.

Una prueba de multiconferencia con el grupo, que gusto ver las caras. Espero que el jueves haya más pantallas. Y ya sabéis, tener preparada una cervecita, o lo que queráis, para brindar en la despedida.

Un cuento para mi nieta, que nos lo pidió ayer. El mío escrito y el de la abuela dibujado. Le damos gracias a la niña, que nos llama todos los días, por ponernos también deberes y hacernos trabajar para ella. El día que la volvamos a ver no sé qué va a pasar. Estoy seguro de que lloraremos, porque en esta casa somos muy llorones.

Como este diario, además de ser diario, es un medio de comunicación, no puedo resistirme a mandar un abrazo y todos los ánimos posibles para aquellos que lo están pasando peor. No quiero poner nombres porque todos saben que es un deseo global.

Amigos, nos esperan muchas jornadas de alegrías, de compartir y de llorar juntos, si se tercia. Y ya sabéis, hoy nos queda un día menos.

 

Luis Marín se ha dedicado profesionalmente a las ciencias económicas. Es miembro de la asociación Primaduroverales. Es coautor de los libros Madrid Sky y 2056 Anno Domini. Ha resultado finalista en distintos certámenes literarios, el último de ellos el VI Certamen de Relatos Cortos de la UNED de Alcalá la Real (Jaén), y sus relatos han aparecido publicados en distintas antologías.

 

 

 

Música: Janis Joplin. Maybe.

Selección de Alicia Gallego.

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Queremos felicitar a nuestro compañero Luis Marín que ha resultado finalista en el VI Certamen de Relatos Cortos Cursos de Verano UNED de Alcalá la Real – Jaén.

Uned alcala la realEl próximo viernes 29 de noviembre,  coincidiendo con la inauguración del Curso Académico 2019/2020 en la UNED de Alcalá la Real, se incluye la presentación del Libro del VI Certamen de Relatos Cortos “Cursos de Verano de la UNED”.

La publicación recoge los trabajos finalistas de este concurso literario cuya temática en la presente edición ha sido la de “La mujer en La Mota”.

 

LuisA continuación incluimos el texto completo del relato “Tiempo de esperanza” de Luis Marín.

 

TIEMPO DE ESPERANZA

Leonor está casi preparada para acudir al rezo poco antes de que las campanas de la iglesia abacial toquen al Ave María. Las mujeres que llegaron tras la conquista de la fortaleza quizá no sabían el tipo de vida que les esperaba. Esposas de jóvenes guerreros sobre las que recaería la responsabilidad de consolidar el asentamiento en esa plaza estratégica de la frontera con el reino de Granada. Después de la firma de una nueva paz, las tropas no descansan, continúan las patrullas que garantizan la tranquilidad de la población. El contingente militar acampado en los arrabales mengua poco a poco por el traslado a otras posiciones. La vida en la Mota transcurre lenta para las mujeres que alternan los servicios religiosos, que se cumplen de forma escrupulosa, con el cuidado de los hijos demasiado pequeños para tomar las armas o de las hijas que se instruyen en las tareas femeninas.

Adiila, como una sombra, camina sigilosa por las callejas de la alcazaba. El velo, que solo deja al descubierto sus ojos negros, le agobia por el calor pero todos los días, al anochecer, sube hasta el adarve para contemplar en la distancia el pico Veleta que aún conserva un pequeño nevero. Allá en Granada están los hombres que tuvieron que abandonar la plaza dejando a sus familias y enseres. Pronto volveré a buscaros mi amor, le había dicho su esposo cuando las tropas que defendían la fortaleza salieron, derrotados, rumbo a la capital del reino. De aquellas palabras hacía ya varios meses y todas las tardes mira hacia el sureste y lanza sus pensamientos hacia el hombre que ama. Protegida por las sombras de la muralla, observa a las cristianas que abandonan el templo de regreso a sus hogares. Espera unos momentos hasta que todas desaparecen en el laberinto de calles. Los suyos no pueden ir a rezar, la mezquita fue clausurada con la llegada de las tropas del rey. Pero en su casa se encarga de orar con sus hijos y les enseña las suras del Corán que su madre le transmitió a ella. Cuenta unos segundos y cuando calcula que no se cruzará con las otras mujeres desanda el camino hacia la alcazaba.

Al doblar una esquina, un leve gemido hace que se detenga y se arrime a la pared. Escucha con detenimiento mientras se desplaza lentamente pegada al muro. Unos pasos más allá un bulto oscuro se queja en el suelo. Se acerca con precaución y ve el rostro de una mujer con lagrimas que resbalan por sus mejillas. Calcula que tendrá poco más o menos su edad y lleva sobre el pelo uno de esos velos cristianos que ella hila para ganarse el pobre sustento de la casa. Leonor se agarra el tobillo con una de sus manos y su mirada denuncia miedo. Piensa Adiila que cuando los hombres estaban en la fortaleza, las calles se mantenían perfectamente transitables, sin esos agujeros que pueden provocar accidentes.

Adiila mira a Leonor con sus ojos negros y profundos y se aparta el velo de la cara para intentar transmitirle tranquilidad. La ayuda a levantarse y sirviéndole de apoyo la lleva hasta el zaguán de su casa que está apenas a unos pasos. Leonor sentada en un taburete espera a la mujer que ha desaparecido tras una tupida cortina. Solo unos segundos, enseguida regresa con un ungüento y un trozo de tela con la que envuelve el pie después de unas friegas. Vuelve a desaparecer, pero la cortina queda enganchada permitiendo la visión del interior. En una mesa baja descansan varios libros y abierto sobre un atril uno de mayor tamaño en el que a pesar de la distancia puede distinguir colores. Será su biblia, piensa Leonor. En otra mesa tres platos alrededor de una fuente con cuscús amarillo que esperan a unos comensales que lo tomarán como único alimento. Tras beber un poco de agua que su anfitriona le ha traído se pone de pie. El dolor punzante que la hizo caer ha desaparecido, mi nombre es Leonor y te quedo muy agradecida mujer. ¿No hubieras tú hecho lo mismo por mi? Un silencio prolongado se instala entre las mujeres mientras se sonríen. Yo soy Adiila.

Unos golpes en la puerta sobresaltan a Adiila que trajina por su casa desde antes del amanecer. Una cesta llena de verduras y hortalizas descansa junto al dintel. Mira a izquierda y derecha y no ve a nadie, ninguna sombra que se escurra entre las primeras luces. La escena se repite durante días. Hoy, del cesto sobresale un papel doblado. Lo lee y lo aprieta contra su pecho, mientras una lágrima resbala por su mejilla.

Desde la torre del homenaje Adiila contempla a lo lejos el tono rojizo de la campiña cordobesa y las sombras de los olivares al pie de la fortaleza. Sus ojos recorren el paisaje desde las sierras Subbéticas hasta el noreste como si recorriera toda la frontera, más allá de sierra Mágina. Al fin el Veleta le indica el lugar donde le espera su marido en el reino de Granada. No puede entretenerse, sus hijos están al pie del adarve con tres bultos de distinto tamaño. Leonor les acompaña hasta la puerta de la fortaleza donde un grupo de hombres les espera para acompañarlos, con la complicidad de la noche, en los primeros tramos de su viaje.

Las mujeres, con las manos agarradas, pronuncian palabras inaudibles para el resto del grupo. Sus miradas se cruzan en una despedida cómplice. Leonor vuelve sobre sus pasos mientras la puerta se cierra. Adiila se detiene cuando llegan a la llanura para lanzar una última mirada al que fue su hogar.

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Lo grotesco. Santiago Eximeno. Ediciones Enkuadres

Por Luis Marín

Santiago Eximeno decidió en el año 2017 publicar una antología de diecinueve cuentos escritos entre los años 2011 y 2017, uno de ellos ganador del segundo certamen de relato corto Madrid Sky. Santiago es una persona acostumbrada a ganar concurso de relatos, de microrrelatos, de ciencia-ficción, etc.

En la edición, titulado Lo grotesco, hay una gran variedad de temas y de personajes, de humanoides, de personas que se convierten en objetos, objetos que se convierten en personas. Hay hombres, mujeres y niños, también hay ancianos que no se pueden valer por ellos mismos. Hay hijos, padres y madres. Podría seguir llenando líneas de cosas que hay, de personas que aparecen, de historias y tiempos. Pero sobre todo contiene amor, egoísmo enfermedad y mucha, mucha, soledad.

En el recorrido que nos propone el autor a través de lo grotesco, o quizá utilizando lo grotesco como fin, nos muestra el desgarro de enterrar en vida a los mayores porque ya no aportan nada, sólo por no romper con la tradición, mientras se defiende el sacrificio de los animales. Llenar la soledad de un hijo por el abandono de su madre con un humanoide duplicado. Recuperar del vertedero el niño al que un día no se dejó nacer. ¿Se puede parar el tiempo en un momento concreto para todos menos para los menores? Cómo sería ir a una biblioteca de niños para llevarlo a casa a cambio de un libro, eso sí, con límite de tiempo y sin poder repetir.

Historias desgarradoras, historias profundas, contadas con la maestría que tiene Santiago Eximeno para que parezca que no sucede nada. Historias que dejan un regusto amargo, relatos que se quedan grabados en la memoria más allá de la primera lectura.

Una antología nada grotesca.

Luis Marín es miembro de la asociación Primaduroverales. Es coautor de los libros Madrid Sky y 2056 Anno Domini.

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Nuestra más cordial enhorabuena a Luis Marín al haber sido considerado finalista en el IV Concurso de la Uned de Alcalá la Real (Jaén).

La organizadora del certamen ha editado un libro con los diez relatos finalistas, incluido ‘El Forastero’, el relato con el que Luis participó. El libro presenta una muy original y cuidad edición.

La calidad del texto de Luis ya se nota desde el principio, aquí incluimos el inicio para animar a su lectura completa, una vez veamos el libro.

 

Portada Uned (1)El forastero:

Desde el camino descubro, encaramada en la colina, la ciudad donde nací y pasé los días más felices de mi vida. ¡Cuánto ha crecido! Recorro, desorientado y con el corazón inquieto, las calles de conducen al centro. Nada de lo que veo se ajusta a mis recuerdos infantiles a pesar de ser las calles correteadas con mis amigos.

Un fuerte empujón me retira del centro de la calle. ¿Qué haces viejo? ¿Es que quieres morir atropellado? dice una voz a mi espalda.

Es un hombre de mediana edad que mira con detenimiento mis ropas. Recojo el pequeño saco que ha caído al suelo, y me noto de repente cansado, polvoriento.

-¿Qué te trae por aquí, forastero?

Luis

 

Esto es un no parar. La presencia primaduroveral se hace cada vez más patente, no solo en la participación sino también en la obtención de reconocimiento. Por algo será ¿no creéis?

Enhorabuena de nuevo, amigo Luis, a seguir cosechando éxitos.

 

 

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maternidad en el trabajoPermiso de maternidad

Cinco pañales. Dos más, por si acaso. Bueno mañana comprobaré si he acertado o no… Toallitas, crema, body limpio. ¿Papilla? Dijeron que no, pero ya está hecha. El próximo día, si eso, la suprimo.

Mi niño, mañana cambia tu corta vida. Ya me gustaría quedarme en casa, pero hay que pagar la hipoteca y papá sigue encerrado en la fábrica.

Pero tú no llores mi amor. Mamá siempre estará contigo.

Y ese sobre con membrete de la empresa está ahí, cerrado, desde esta mañana.

Imagino el contenido. Es igual, yo me presento allí dentro de tres días.

Luis Marín

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“Saltaron las alarmas”. Luis Marín

 “Se queda un rato mirando la torre que absorbe milagrosamente los rayos de sol, su jardín japonés, el hall. Saltaron las alarmas. Otra torre que se ha cruzado en su camino para luego caer. Sonríe. Pero ésta va a pasar inadvertida, nunca ha sido su hotel, aquel al que dedicó gran parte de su vida, el que le viera ingresar tímido, con la cara sin marchar por la barba.”

“ANITA”. Mª Isabel Ruano Morcuende.

“Ana se remueve nerviosa en el asiento, tal vez si Laura no se hubiese abstraído tanto, si no hubiera bajado la vista hasta el fondo más profundo de la taza, se habría dado cuenta de que Anita la había mirado, de que ya hace un rato que se siente observada y por lo tanto incómoda, que no ha parado de girar el taburete dándole, de manera intencionada, la espalda.”

“La segunda oportunidad”. Julio Rodríguez Díaz

“Me dijo que alguna vez pensó en una segunda oportunidad, me volvió a hablar del pequeño paréntesis en nuestras vidas. Cómo no iba a soñar de nuevo ante semejantes palabras. Chocamos las copas, me enseñó la cicatriz de su pecho, me habló de su operación, de los meses en cama, de una larga recuperación.”

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A pesar de estar comenzando mayo, ayer se planificó el fin de curso. A la media hora más de clase las tras primeras (y únicas lectivas) semanas de junio hay que añadir la planificación de los microrrelatos que se leerán el 27 de ese mismo mes. Pura, como sabéis, propone que este año empiecen por una frase y terminen por otra de las propuestas por ella. Algunos hemos pensado que sería bonito agrupar las tandas de micros por frases coincidentes (si así resulta, a posteriori). De esta forma los espectadores se darían cuenta de que se pueden contar historias diferentes aunque las frases de inicio y final sean las mismas respectivamente. Además, es un reto para nuestra creatividad incluirlas en el mismo relato porque las frases son heterogéneas.
En la clase de ayer se leyeron cuentos sobre el tema del incendio. Mercedes (Cristal y Bronce -no sólo el título sino las características de trasparencia y consistencia de la autora-) nos leyó un relato sobre una mujer independiente (?), que provoca involuntariamente (?) un incendio en la pinada cercana a su casa. Las interrogantes, como siempre, dan interés a los cuentos. Luis (La cueva I y II) nos leyó dos versiones del incendio en la trastienda de una bodega. A alguno le gustó más la reacción del personaje en la segunda, aunque sus características psicológicas de la primera (introversión, miedo, etc.) daban más juego. El incendio en una barca fue el motivo del relato titulado Buscando una solución, escrito por Asun, que sigue haciendo progresos.
Aparte del tema de los incendios, se leyó una nueva versión de los Amores que matan que Pedro escribió sobre el mito de Abraham. A pesar de haber mejorado la anterior parece ser que esta nueva versión necesita,según la profe, todavía más desarrollo. Sobre este tema también leyó el autor de esta crónica un relato titulado La Profecía, que levantó bastante controversia por lo delicado de tratar un personaje histórico como protagonista. Aquí podríamos iniciar un debate sobre si el escritor puede tratar dentro de la ficción cualquier tema y personaje (aunque éste existiera realmente); o su trabajo debería tener unos límites éticos.
Por último, recordaos el proyecto del nuevo libro del grupo. Podemos empezar a debatir si lo hacemos o no; y, en caso positivo, cómo podríamos organizarnos.

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Ayer vivimos una tarde intensa con cinco relatos que nos llevaron por escenarios muy diferentes, aunque todos tenían en común la búsqueda de ese instante de felicidad tan difícil de encontrar. Pedro Mateos nos relató en “Ahí es ná” la rehabilitación de un ex-alcohólico gracias a la ayuda de su mujer. Antonio Murga, en “Una tarde diferente” buscó la felicidad en el encuentro del protagonista con un viejo amigo del pasado. En el relato titulado “El Proyecto” Luís Marín también jugó con el reencuentro de unos viejos amigos, esta vez un grupo, para buscar la felicidad a través de las relaciones personales. Susana, con el relato “Un día feliz” nos subió en un autocar para llevarnos a Granada y contarnos las vivencias de una mujer sola. Además, nos sorprendió con la utilización de nuevas tecnologías y nos hizo preguntarnos a más de uno que  cómo es posible que un relato tan extenso quepa en un aparato tan diminuto. Por último, José Sainz de la Maza en “Aleluia” nos mató de frio en un convento, nos hizo regodearnos en unos instantes místicos y nos devolvió a nuestro tiempo con una simple cerveza. Es precioso el trato que hace José del tiempo en este relato, juego temporal que además convierte en conflicto, llenando de significado el cuento.   

¡Qué difícil es hablar y escribir de la felicidad!

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