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Por: Olga Torralba

Esta crónica, de principio de 2020, comienza en un taller de creación literaria, pero puede que en realidad sea el comienzo de varias crónicas si es que queremos jugar con la literatura emulando a Ítalo Calvino, que tiene el don de no dejar indiferente.

Antes de empezar a leer la crónica quiero que seas muy consciente de si es buen momento para hacerlo. Si solo tienes tiempo para una lectura “en diagonal” mejor déjalo para otra ocasión. Si por el contrario no tienes nada mejor que hacer, no tienes prisa, las condiciones de temperatura son las adecuadas, no tienes hambre, ni sed, ni ganas de todo lo contrario, entonces, te desaconsejo profundamente que dediques tu tiempo a ello. Es un momento ideal para hacer cualquier otra cosa.

calvino 01Si aún estás leyendo, quedo eximida de toda responsabilidad, así que asumes tu imprudencia, así como los primaduroverales asistentes asumimos no salir indemnes de la primera hora de ayer dedicada a SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO. ¿Son principios de novelas o son cuentos? ¿Un yo? Un narrador oculto tras una segunda persona. ¡Hay rasgos de primera persona! Puede haber un tú sobre el hipotético yo, con una focalización. ¿Aún sigues ahí? Mérito tienes…

Todo esto se lo consentimos porque le agradecemos a él y a otros autores de su época esa ilusión por inventar formas de narrar. Porque lo consideramos un homenaje a la lectura, un recorrido por las maneras y posiciones de enfrentarse a tan delicioso momento. Pero Ítalo Calvino en esta novela además nos coloca en la ficción, nos muestra la riqueza de escribir, las alternativas que vas dejando según avanzas para irte quedando con la deseada.

Encontramos, arropadas entre sus letras, influencias de Borges en sus juegos de narradores, relojes, espejos, fusión y confusión de tiempos. Y cómo no, un atisbo de ucronía.

Como conclusión sobre lo inconcluso sospechamos que el amor por los comienzos es el reflejo del amor por la lectura. ¡Ay esos principios maravillosos!

Tan maravilloso como fue escuchar el principio de la novela de nuestro compañero José Sainz de la Maza, que en su voz envolvente notamos cómo mima a sus personajes, y podemos disfrutar de su minucioso trabajo que queda patente en una redacción cuidada que da lugar a un texto íntimo, reflexivo, denso, con un diálogo bien utilizado.

José ha decidido trabajar alrededor de emociones complejas desde el duelo, el miedo como proceso y otras que empiezan a desvelarse pero que yo no pienso contaros. Nos mete por charcos y nos caen hojas amarillas. Por algo será. Los textos de José están pensados y todo tiene su esencia y su presencia. Son para disfrutarlos. ¡Ni se te ocurra leerlos en diagonal!

mujer 01“Sale del cuarto de baño envuelta en su albornoz. Pero cuando está frente al espejo que ocupa toda la puerta de su armario, se lo quita y antes de sacar la ropa y vestirse, observa su cuerpo. Se demora unos segundos, piensa en lo que decía Nico cuando la veía desnuda y sonríe. Nico ya no está.

Tarda poco tiempo en vestirse. Impermeable, botas y un cómodo bolso de bandolera. Antes de abandonar el dormitorio, vuelve a dejar el albornoz en el cuarto de baño, alisa el cobertor de la cama y coloca la almohada en su sitio. Y después de una mirada rápida, alinea sus chinelas azules junto a la alfombrilla.

 -Wanda, apaga todo, por favor, y conserva la temperatura ambiente. Seguramente regrese tarde. Llevo el dispositivo por si tienes que contactar.

 La calle está llena de hojas secas, pero la temperatura se ha moderado. No hay viento ni llueve. Son las doce de la noche. “

De un comienzo a un sentido final.

Manuel Pozo nos hace partícipes de un homenaje muy especial. Un adiós. Recuerdos de alegrías y fiesta para llegar a una lenta y anunciada despedida.

Estadio del At Madrid al inicio“Se está muriendo poco a poco. Yo soy un poco mayor que él, solo un poco, no lo bastante para que se note la diferencia de edad entre nosotros, por eso es mucho más doloroso vivir su agonía. Pienso que lo mismo me puede estar pasando a mí, que yo también me estoy consumiendo y no me doy cuenta, porque el tiempo pasa igual para todos, aunque es verdad que los últimos análisis que acabo de recoger me dicen que estoy sano como un roble y que no tengo que preocuparme por mi salud. Pero él está cada día un poco más enfermo, un poco más desmejorado, y de eso se da uno cuenta con echarle un simple vistazo.”

 “Le miro y pienso en los días de partido. En los mares de gente que bajaban hasta el río para entrar por una de sus puertas, en sus colores rojiblancos que le alegraban la tarde a cualquiera. Pero ha enmudecido. Ya no es él. Se está derrumbando poquito a poco, han trazado la vieja autovía de nuestros juegos por mitad de su césped, y un día, quizás antes de acabar el verano, ni siquiera se le podrá identificar por haber perdido sus vigas soberbias, su fachada acristalada y su traje de color gris. Pasaré junto a él y veré sus ruinas, y las máquinas trabajando, sacando tierra. Y algún tiempo más tarde veré inmensas torres de pisos, y quien sabe, quizás un supermercado en la portería en la que cantaban sus goles Gárate, Futre y Luis Aragonés, y lloraré como lloraron los hinchas de San Lorenzo de Almagro cuando vieron un Carrefour en el viejo estadio de su equipo en la avenida de la Plata.”

Personificación de un estadio a través de las emociones, de unos ojos que han “crecido” mirándolo. De unas miradas que vuelven a ser chiquititas, que le despiden aguantando las lágrimas.

“Mares de gente que bajaban hasta el río”. Os habíais fijado, ¿verdad? Cuánto dice con ocho palabras en su relato DEMOLICIÓN.

Y para terminar abriendo os informo, invito, propongo: la fecha de entrega de premios de MADRID SKY 2020  será el 18 de junio. Sin duda disfrutaremos de una selección de cuentos y de autores tan maravillosos, como en anteriores ediciones.

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La asociación PRIMADUROVERALES, organizadora del concurso anual de relatos cortos MADRID-SKY, presenta para el nuevo curso 2019-2020 las siguientes iniciativas:

Logo Madrid Sky Primaduroverales TallerA: Taller de iniciación a la creación literaria (todos los martes, desde el 1 de octubre próximo)

B: Nuevo curso del tradicional taller de creación literaria (escritores con experiencia), desde hace más de 20 años (todos los jueves, desde el 3 de octubre próximo)

La inscripción y solicitud de información se puede realizar a través de correo electrónico (asociacionprimaduroverales@gmail.com) o bien por teléfono (+34 600855711). Lugar: C/ Sebastián Herrera 12/14, edificio abogados de Atocha, en Arganzuela. Horario de 19 a 21 horas.

Programa inicial para el TALLER DE INICIACIÓN (1º Trimestre)

Martes 1 de octubre: Los primeros pasos de la creación literaria. Propuesta de ejercicio. Bibliografía.

Martes 8 de octubre: Las características del relato. Propuesta de ejercicio. Bibliografía.

Martes 15 de octubre: El tema, el argumento y la trama. Diferencias. Propuesta de ejercicio. Bibliografía.

Martes 22 de octubre: El narrador. Distintos tipos de narrador. Propuesta de ejercicio. Bibliografía.

Martes 29 de octubre: El narrador en primera persona. Propuesta de ejercicio. Bibliografía.

Martes 5 de noviembre: El narrador en primera persona. Continuación. Propuesta de ejercicio. Bibliografía.

Martes 12 de noviembre: Análisis de un relato en primera persona.

Martes 19 de noviembre. El narrador en tercera persona. Propuesta de ejercicio. Bibliografía.

Martes 26 de noviembre: El narrador en tercera persona. Continuación. Propuesta de ejercicio. Bibliografía.

Martes 3 de diciembre: Otros tipos de narrador. Propuesta de ejercicio. Bibliografía.

Martes 10 de diciembre: Introducción al tiempo y al espacio. Propuesta de ejercicio. Bibliografía.

Martes 17 de diciembre: Concurso navideño de relatos. Propuesta de ejercicio. Bibliografía.

Taller de creación literaria curso 2019 – 2020

Puesto que se trata de un taller de escritores con experiencia –unos más que otros, algunos incluso novísimos– proponemos un trabajo que estimule la creatividad a lo largo del curso con la intención, en este caso, en este curso, de que cada uno de los integrantes pueda a llevar a cabo, si así lo desea, una obra completa.

Siempre repasaremos la técnica, algo consustancial a la literatura. Por eso al taller se puede sumar todo aquel que lo desee, tenga poca o mucha experiencia en la escritura creativa. A quien le gusta escribir le será fácil integrarse en un grupo con experiencia que le ayudará a avanzar ofreciéndole nuevas perspectivas.

Para este nuevo curso la propuesta es la siguiente:

Las vidas paralelas o alternativas. Así, a grandes rasgos (pues nos gusta que las propuestas estén vivas y experimentar) la idea es seguir la premisa: ¿Qué hubiera pasado si en lugar de tomar una decisión, un camino… se hubiera elegido otra decisión, otro camino…? Determinaremos cómo lo enfocará cada uno: de modo personal, lateral, histórico…

Continuaremos aprendiendo narrativa (nunca se acaba de aprender) de los grandes maestros, y también de la poesía.

En este curso nos centraremos también en la influencia de elementos externos, naturales o artificiales. Tomar conciencia de nuestro “ser” cósmico.

Esperamos que esta propuesta sea atractiva. Si no lo fuera, seremos como Groucho Marx, que tendremos otras. Propuestas no faltarán para dar vivacidad al nuevo curso. Somos persistentes, trabajadores…, pero no tozudos, si algo no cuaja, viraremos los grados que sean precisos en busca de un nuevo objetivo.

Proponemos a los nuevos alumnos asistir sin compromiso a la primera clase. La incorporación se puede producir en cualquier momento del curso. Lo importante es que, si te gusta, no te quedes sin escribir. ¡Nosotros te ayudaremos en el Taller de Creación Literaria de la asociación Primaduroverales!

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Bodegas Sameirás tampoco faltará este año a la cita. Es el tercer año consecutivo que patrocina el certamen literario Madrid Sky, para el que solo faltan tres días. El jueves 27 estaremos viviendo otra vez la magia de la literatura con los ocho relatos de nuestros finalistas. Es el día de la asociación Primaduroverales, el día en que nos juntamos los que somos y los que fuimos, nuestro punto de encuentro anual, nuestro especial e ilusionante día de los Reyes Magos.

Nuestro deseo es que el certamen Madrid Sky crezca y crezca y que cada año se convierta en un encuentro de viejos amigos. Amigos con una cosa, como mínimo, en común: el placer por la buena literatura.

Gracias a todos los participantes, a los finalistas, que se desplazan hasta Madrid para asistir al evento, y a nuestros patrocinadores, como Sameirás, sin los que no sería posible el concurso. Nos vemos el jueves… y suerte a los finalistas.

La entrega de premios tendrá lugar en el Salón de Actos de la Fundación Abogados de Atocha, en la calle Sebastián Herrera 14 de Madrid, el día 27 de junio de 2019 a las 19.00hen un acto abierto al público, en el que se pretende que, como en años anteriores, los autores finalistas sean los auténticos protagonistas del evento. Posteriormente se celebrará un vino en homenaje a los finalistas en la cervecería La Rebujita, patrocinador del segundo premio, con la colaboración de bodegas Sameirás.

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Notificación de la asociación Primaduroverales

VI Certamen Literario Madrid Sky

La asociación PRIMADUROVERALES, Grupo de Escritores, con relación al VI Certamen Literario Madrid SKY, tiene el placer de comunicar lo siguiente:

  1. El jurado de la VI edición del certamen literario Madrid Sky ha estado compuesto por Dª. Juana María Muñoz Cano, Dª. Carmen Marzo Calleja, D. Xuan Folguera Martín (primer premio V edición y presidente del jurado en esta VI edición), D. Carlos García Valverde (segundo premio V edición) y D. Alberto Palacios Santos (tercer premio V edición). Como secretario del jurado, sin voz ni voto, ha actuado D. Vicente Moreno Nieto (miembro de la asociación Primaduroverales).
  2. El día 19 de mayo, a las 24.00, se cerró el plazo de admisión de relatos para la VI edición del certamen literario Madrid Sky. Una vez finalizado el plazo de recepción se han recibido 270 relatos. 223 relatos proceden de España. El resto se distribuye de la siguiente forma: Argentina 18, Colombia 6, Cuba 5, Chile 4, México 4, Uruguay 3, EEUU 2, Bolivia 1, Brasil 1, China 1, Luxemburgo 1 y Perú 1.
  3. El jurado ha fallado que los ocho relatos finalistas son los que figuran en la siguiente relación (orden alfabético del relato):
  • Al borde, de Juan Pablo Goñi Capurro.
  • Amanda, de vez en cuando, de Rodrigo Martín Antoranz.
  • Cerrado por gestión, de Domingo Jiménez Lacaci.
  • Con un solo hielo, de Alberto Ramos Díaz.
  • El amor por la ventana, de Miguelángel Flores.
  • Escena sobre la persistencia de las luces, de Jesús Tíscar Jandra.
  • Geometria en masa, de José Manuel Dorrego Sáenz.
  • Juventud, de Mayte Blasco.

La entrega de premios tendrá lugar en el Salón de Actos de la Fundación Abogados de Atocha, en la calle Sebastián Herrera 14 de Madrid, el día 27 de junio de 2019 a las 19.00hen un acto abierto al público, en el que se pretende que, como en años anteriores, los autores finalistas sean los auténticos protagonistas del evento. Posteriormente se celebrará un vino en homenaje a los finalistas en la cervecería La Rebujita, patrocinador del segundo premio, con la colaboración de bodegas Sameirás.

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El pasado 19 de mayo de 2019 se cerró el plazo de recepción de relatos para el VI certamen Madrid Sky. Este año los relatos debían comenzar con la frase: “No quería imaginar cómo había llegado hasta allí”, extraída al azar del libro “Madrid Sky”.

En esta sexta edición se han recibido 270 relatos, divididos por países de la siguiente manera: España 223, Argentina 18, Colombia 6, Cuba 5, Chile 4, México 4, Uruguay 3, EEUU 2, Bolivia 1, Brasil 1, China 1, Luxemburgo 1 y Perú 1. Tal y como se establece en las bases, de los cuentos recibidos se hará una selección de ocho finalistas. Previa notificación, se rogará la presencia de estos ocho autores finalistas (o personas que los representen debidamente documentadas) en el acto de entrega del premio que tendrá lugar en el Salón de Actos de la Fundación Abogados de Atocha, en la calle Sebastián Herrera 14 de Madrid, el día 27 de junio de 2019 a las 19.00h, en un acto abierto al público, en el que se pretende que, como en años anteriores, los autores finalistas sean los auténticos protagonistas del evento. Posteriormente se celebrará un vino en homenaje a los finalistas en la cervecería La Rebujita, patrocinador del segundo premio.

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El concurso Cuentos sobre ruedas, convocado por ALSA con el fin de fomentar la creación literaria referida al ámbito de los viajes, es uno de los certámenes más prestigiosos de España. En la XVIII edición la ganadora ha resultado ser María Emma González Arribas, de Arcos de la Frontera (Cádiz), por su relato “CATTLEYA AUREA”.
Los otros cuatro relatos seleccionados por el jurado para ser publicados junto al ganador fueron:
• Pedro Maestre Herrero, de Elda (Alicante), por “Historia de la Literatura”.
• Alberto Palacios Santos, de Salamanca, por “El viaje de Ramón del Castillo”.
• Esperanza Ruiz Adsuar, de Elche (Alicante), por “Allegra”.
• José Ángel Corral Suárez, de Bertamiráns-Ames (La Coruña), por “El vagabundo de Texas”.
Es una satisfacción para la asociación Primaduroverales ver a Alberto Palacios Santos entre los finalistas del certamen Cuentos sobre ruedas, hecho que se produce por segunda vez. El salmantino es un viejo conocido de la asociación, ya que obtuvo el tercer premio en la V edición del certamen Madrid Sky con el relato Los vecinos, y fue primer finalista en la II edición con el relato The woman in the window.

Estamos convencidos de que ante tanta insistencia acabará ganando alguno de estos dos certámenes. En este caso le rendimos homenaje publicando su relato finalista en la edición XVIII de Cuentos sobre ruedas.

El viaje de Ramón del Castillo

Finalista en el XVIII Concurso de relatos breves Cuentos sobre ruedas-Alsa

Alberto Palacios Santos

El 15 de noviembre Ramón del Castillo, conocido como El Sucio, tenía una pelea en Los Mochis, en el estado de Sinaloa.

Esa noche, la mujer de Ramón, la india Jimena, había soñado, como si fuera Calpurnia, la última esposa de Julio César, que alguien iba a acabar con la vida del boxeador antes de que acabara el día.

Ramón El Sucio, no podía permitirse no pelear una noche por un mal sueño de su mujer, aunque fuera descendiente directa de los chamanes de Copán. A la una menos cuarto salió de casa, un cuarto de hora después tomó el autobús en la Plaza de Abastos y se dispuso a viajar durante seis horas.

La india se había quedado en casa en completo silencio, mirándole meter sus guantes negros, su calzón rojo y su camiseta brillante en la bolsa de deporte. La india Jimena sabía hacer cosas que Ramón no había visto hacer a nadie, como dormir sin cerrar los ojos, hablar sin mover la boca o llorar vertiendo las lágrimas hacia su interior. En el momento en el que Ramón del Castillo salió de casa estaba haciendo alguna de estas tres cosas, pero no supo cuál.

Cuando el autobús hizo la segunda parada, subió una chamaca linda, de no más de veinte años, que se sentó junto a Ramón a quien se le encendió algo por dentro, una especie de chispa cálida que ya solo sentía después de un combate especialmente duro, o cuando el empresario de turno le daba su bolsa. Con las mujeres hacía tiempo que sentía muy poco, y la india Jimena siempre había sido tan parca en la cama como en el resto de su vida.

Aquella chamaca del autobús olía a flores maceradas en alcohol, de su cuerpo le llegaba un olorcillo dulzón con un final ácido que excitaba a Ramón por más que tratara de distraerse mirando hacia el paisaje que corría tras la ventanilla. Después de un bache espléndido en el que todo el pasaje dio un respingo, Ramón se dirigió sonriente a la muchacha, la miró por primera vez a la cara y, aunque se la había imaginado más hermosa, quedó entusiasmado con sus labios carnosos que le sonrieron sin excusas.

̶ Estos trastos acaban con uno antes de llegar a su destino.

La chica miró a Ramón como si lo conociera, le sonrió con sus labios de carne y le contó que ella tomaba todos los días esa línea y sabía exactamente dónde estaban situados cada uno de los baches, las curvas más peligrosas y los cambios de rasante en los que podían cruzarse con algún auto despistado.

Ramón estaba encantado de la locuacidad de la muchacha, según hablaba podía mirarla sin disimulo, recorrer con la mirada sus cabellos largos y rizados, tan morenos como los de su esposa pero mucho más suaves, fijarse en sus pechos generosos, en sus brazos firmes y en sus orejitas pequeñas perforadas con varios aretes plateados.

Después de que la chica le señalara con precisión matemática dos baches y un cambio de rasante en el que se cruzarían con un auto amarillo, Ramón le extendió su mano derecha para presentarse.

‒ Me llamó Ramón del Castillo, soy boxeador.

A la chica le brillaron los ojos, el olor dulzón de su cuerpo se hizo más intenso y Ramón supo que tenía que seguir atacando.

‒No sé si ha oído hablar de mí, me llaman El Sucio, hoy tengo una pelea en Los Mochis.

A la chamaca le despertó el apelativo de Ramón.

‒ ¿Le llaman El Sucio?

‒ Me quedé con ese nombre por culpa de una pelea de hace muchos años en la que dicen que gané de forma ilegal y, aunque expliqué mil veces qué pasó, me quedé con el mote, solo siento que al pendejo al que tumbé le pusieron El Ángel. Nunca he podido demostrar que me la jugó para perder y hacerse con ese nombre. Yo me llevé la bolsa y él la gloria.

‒ ¿Hubiera preferido perder y llevarse la gloria?

‒Por supuesto señorita, ¿por quién me toma?

Es ahora la chica, que solo acierta a decir que se llama Rosa y que es estudiante de administración de empresas en Los Mochis, la que apenas escucha a Ramón, la que solo logra fijarse con detenimiento, casi con mimo, en ese hombre menudo, de pelo ensortijado y nariz deformada.

‒ ¿Su nariz está rota?

‒Lo estuvo alguna vez   ̶ Ramón ríe con ganas― ahora solo es un trozo de carne pegado a mi cara.

Rosa también ríe y alguien, una voz femenina situada unos asientos por detrás, pide silencio. Ramón aprovecha para acercar su cara a la de Rosa y hablar muy cerca de esos labios de los que no puede apartar la imaginación.

‒Hay partes de mi cuerpo que han recibido tantos golpes que han pasado de la categoría de carne a la de pedazo de corcho.

Rosa siente muy cerca el olor a sudor de Ramón mezclado con el de la espuma de afeitar, un aroma que le recuerda lejanamente el de su cuarto de baño, cuando su padre aún estaba en casa, antes de fugarse a Puebla con aquella chamaca de ojos verdes.

‒ ¿Y no le duele?

Ramón no entiende bien la pregunta.

‒ ¿Qué no duele? ¿La nariz? ¿Los músculos? ¿Los huesos?

‒No sé, todo… ¿No le duele cuándo le pegan en las peleas?

‒En las peleas no hay dolor, chamaquita, el dolor llega todo junto cuando termina el combate y vuelves a casa o a la fonda. En las peleas solo hay tensión, no puedes despistarte, no puedes pensar en nada, si cierras un momento los ojos cuando los abres ya estás en la lona.

Rosa se imagina ahora a Ramón tumbado en la lona, con los ojos cerrados y la nariz rota, sangrando.

‒ Es usted un valiente, a mí me daría mucho miedo.

‒A mí también me da miedo, Rosita.

La forma en cómo ha dicho su nombre, hace que Rosita se sonroje, para disimular inclina su cuerpo y recoge del suelo del autobús un bolso dorado que tiene junto a sus pies, lo abre y busca algo a lo que sujetarse, no tarda en encontrar un caramelo de menta envuelto en papel verde muy brillante que ofrece a Ramón, que niega con la cabeza mientras sonríe. Rosita desenvuelve el caramelo con cuidado y Ramón retira la mirada, como si estuviera mirando más de lo que se le permite cuando el caramelo roza los labios carnosos de la chica.

En el momento en que Ramón intuye que el caramelo ya está en la boca de la chamaca vuelve la cara hacia ella, al hacerlo siente el olor a menta muy intenso e intuye que está demasiado cerca. Rosita también piensa en algo que no debería pensar y, para no hacerlo, sigue hablando con el boxeador.

‒ ¿Cuándo va a ser la pelea de Los Mochis?

‒ ¿La pelea? Hoy mismo, mija, es el primer combate de la velada, así que voy directo a la Ciudad Deportiva, del autobús al cuadrilátero, sin pensar.

‒ ¿No le dará tiempo a almorzar y descansar?

‒Ya estoy descansando. En cuanto llegue a Los Mochis comeré algo con muchas proteínas en cualquier parte, y después directo al combate.

Rosita imagina a Ramón buscando un sitio barato para comer, y subiendo a un autobús lleno de gente con su bolsa de deporte, y llegando al pabellón muy tarde, vestido ya de boxeador, mientras la gente le espera y le silba.

‒Si no le importa puedo invitarle a comer cuando lleguemos, conozco un restaurant pequeñito cerca de donde para el autobús, tiene comida italiana, ¿le gusta la comida italiana?

Ramón escucha muy atento y se enternece al oír como la chica pronuncia restaurant, el olor a menta lo ha llenado todo y los labios de Rosita parecen menos carnales.

‒Claro que me gusta, la pasta es muy importante en la alimentación de un deportista.

‒Pues allí donde le digo la preparan de mil formas, y todas están deliciosas, ya verá.

‒La acompañaré con mucho gusto señorita, pero seré yo el que invite.

Rosa no sabe qué decir, se da cuenta de que el boxeador la mira como miran los ojos de los hombres mayores, que su pelo es escaso y su gesto el de un guerrero cansado. Rosita sabe, como si alguien se lo estuviera diciendo al oído, que Ramón del Castillo va a perder esa noche algo más que la pelea y que solo ella puede evitarlo.

‒Está bien, cada uno podemos pagar lo nuestro, lo importante es que cargue bien sus energías para ganar la pelea.

El autobús abandona la Carretera Federal 15 para hacer una nueva parada, muchos de los pasajeros comienzan a levantarse y a uno de ellos se le cae al suelo una caja de cartón agujereada que se abre y de la que escapa un animalito de color verde, una iguana de unos treinta centímetros que provoca una especie de pánico contenido entre el pasaje y la bronca del conductor que detiene el vehículo pidiendo calma. El animal acaba apareciendo entre las piernas de Rosita que lo alza del suelo con serenidad y se lo entrega en las manos a su dueño, un hombre con aspecto indígena que la mira como si quisiera decirle algo, pero al que el conductor obliga a bajar del autobús allí mismo.

Rosa se queda largo rato mirando por la ventanilla del autobús al hombre de la iguana, como si tratara de averiguar qué es lo que ha estado a punto de decirle.

Cuando llegan a Los Mochis el sol le da a la ciudad un tono anaranjado de película vieja, el autobús serpentea por las calles y los automóviles se pegan a sus costados como las moscas a un buey.

Ramón saca del bolsillo del pantalón un papel arrugado donde está escrita la dirección del pabellón y el nombre de la persona encargada de recogerle junto al número de un celular, mientras tanto Rosita busca algo en su bolso.

Unos minutos más tarde el autobús para y los dos se ponen de pie, Ramón ve frente a él a una chica de espaldas anchas y piernas largas enfundadas en unos tejanos azules muy ajustados. Rosa ve a un hombre pequeño y robusto, demasiado mayor para el papel que está interpretando, que sonríe y mira nervioso a los lados. Los dos bajan cómo si fueran una pareja de turistas y caminan juntos hasta el restaurante italiano que está a dos calles de la parada.

Apenas hay clientes, tan solo tres obreros de la construcción con sus monos de trabajo charlan en la barra, miran sin disimulo a Rosa y comentan algo que Ramón no puede oír pero que intuye. El comedor es grande, los manteles son de cuadritos rojos y blancos y, sobre ellos, hay lamparitas apagadas esperando la hora de la cena. Una camarera muy joven, vestida con una camisa blanca y el pelo recogido en una coleta les acerca una carta. Ramón se siente extraño y desprotegido desde que salió del autobús, echa de menos el calorcito, y el espacio reducido del vehículo, y hablar con Rosa sin necesidad de mirarla a la cara, como ahora, que la tiene delante y no sabe qué decirle.

Es ella la que habla primero.

‒Yo siempre pido raviolis, los hacen muy bien, con gorgonzola, espinacas y salsa de pesto.

Ramón no sabe qué son exactamente los raviolis, ni conoce muy bien el resto de ingredientes. Pero tiene hambre y dice que le parece bien. Rosita le explica que también puede pedir pizza o cualquier otra cosa y Ramón, apurado, dice que así está bien.

Mientras esperan la comida, Rosa le pide a la camarera que les lleve unas cervezas, Ramón no dice nada y en cuanto llegan las jarras se agarra a su asa como un náufrago.

Hasta el tercer trago no comienza a hablar.

‒No puedo pasarme con la cerveza, tengo que ver con claridad la cara de mi contrincante para poderle golpear.

‒ ¿Quién es?

‒ ¿Mi rival? Un chico nuevo, un chamaco de Los Mochis que se llama ‒Ramón saca de nuevo el papel arrugado y lo lee entornando los ojos‒ Lucio Puñal, creo que su padre también fue boxeador, me suena mucho, seguro que hemos peleado en alguna parte.

‒ ¿Con el padre? ¿Y ahora va a pelear con el hijo?

‒Ese chico está bien relacionado, necesitaba a un rival con experiencia, dicen que es muy bueno y que está harto de pegar a los de su edad, que necesita machacar a un veterano para que se empiece a hablar de él.

‒ Y ese veterano es usted.

‒ Buena bolsa, buen ambiente… si ese niñato quiere un buen sparring no hay problema, yo hace tiempo que perdí los escrúpulos.

La camarera lleva hasta la mesa los platos con los raviolis humeantes, el olor a albahaca invade la mesa. Ramón come con apetito y Rosa pide dos cervezas más. Cuando la camarera las deja en la mesa Rosita se fija en que tiene una iguana tatuada en el antebrazo derecho.

‒ La cerveza de este restaurant es excelente, es una de esas cervezas artesanas que no hacen daño.

‒ No sé si no hará daño, chamaca, pero te aseguro que calienta cuerpo y espíritu.

Antes de que traigan el segundo plato ya han llegado otras dos jarras y, cuando terminan de comer, Ramón siente una especie de felicidad interior que hacía tanto que no sentía que duda de si es él quien está sentado en aquel restaurante o si todo aquello solo es la imagen de algún recuerdo olvidado.

Antes de marcharse aún les da tiempo a brindar con una botella de tequila que la camarera ha dejado en la mesa junto a dos vasitos.

Cuando salen por la puerta del restaurante, Ramón ha perdido su combate particular con Rosita y ésta lo lleva del brazo hasta un taxi, y el taxi los conduce hasta un hotel pequeñito donde Rosa pide una habitación a su nombre y paga por adelantado.

El 15 de noviembre Ramón del Castillo tenía que haber peleado en Los Mochis, en el estado de Sinaloa. Esa noche, la mujer de Ramón, la india Jimena, había soñado, que alguien iba a acabar con su vida antes de que terminara el día.

Por suerte para Ramón, los recursos de una descendiente directa de los chamanes de Copán son infinitos.

 

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Por: Carlos García Valverde (finalista y segundo premio en el V Certámen Madrid-Sky)

En mi faceta de humilde escritor de provincias y, más concretamente, concurrente acérrimo y contumaz de multitud de convocatorias literarias de cuento o relato corto a lo largo y ancho de nuestra geografía, me tomo la libertad, quizá no exenta de cierto engreimiento, de creerme legitimado para opinar sobre este particular. También –lo sé- pudiera parecer un exceso de soberbia y pedantería desgranar aquí algunas críticas contra estos certámenes o algunas sugerencias o consejos para aquellos que envíen sus obras a tales concursos, pero nunca me he distinguido por mi diplomacia ni mi corrección política y, sobre todo y en cualquier caso, expongo única y exclusivamente mi parecer al respecto, no pretendiendo con ello originar confrontaciones o diatribas, sino crear espacios de diálogo y abrir líneas de debate en este terreno. Escritores habrá que tengan una idea distinta o incluso diametralmente opuesta a la mía, lo que a buen seguro es aceptable y hasta higiénico.

CGV 01En mi ya larga experiencia como aspirante al reconocimiento ajeno, he tenido bastantes alegrías –seguramente más debidas a la tozudez y la perseverancia que al derroche de méritos propios- y muchas decepciones. Paradójicamente, no han sido la mayoría de estas últimas originadas al haber quedado mi obra de turno orillada en los preliminares del largo y tortuoso camino hacia el laurel, sino precisamente cuando, aun habiendo rozado la gloria o incluso siendo agraciado con un premio secundario o menor, compruebo con desánimo que el trabajo triunfador dista mucho de cumplir las expectativas que yo tengo puestas en un relato. Insisto en que todo esto representa no más que mi arbitraria, subjetiva y quizá parcial o egocéntrica visión de todo el entramado concursal, pero qué queréis: si no lo digo, reviento, y pongo por delante mi extensa práctica como competidor para justificar, de alguna forma, estos mis extemporáneos pataleos.

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué un relato insustancial o vacuo consigue, muchas veces, alzarse con el galardón? En mi opinión, y en una buena parte de los casos, porque el jurado de turno, quizá en un intento de sublimar el certamen bajo su competencia o a lo mejor cegado o subyugado por la ampulosa arquitectura verbal de un determinado escrito, acaba valorando la “forma” por encima del “fondo” y el “oficio” por encima del “beneficio”. En definitiva, que, como reza el titular de este artículo, concluye tasando el cofre por encima de la joya, y me explicaré:

CGV 02Un escritor con cierta solvencia literaria, lo que podríamos definir como “oficio”, puede muy bien llenar una docena de folios de forma brillante con la mera descripción de una patata. Si hay suerte, hasta no pondrá ninguna falta de ortografía. Hay que aclarar que el hecho de valorar esta clase de trabajos por encima de otros es perfectamente lícito desde todo punto de vista (para gustos están los colores), aunque yo creo que empobrecen el panorama de las letras y que, a menudo, confunden “arte” con “artesanía”, dejando escaso margen para lo que, en definitiva, es uno de los principales impulsores de la creación: la imaginación. También creo que muchos escritores buscan, con este tipo de farragosas narraciones, más el “lucimiento” que la “lucidez”. Me acuerdo de un chiste, cuyo mensaje final o moraleja podría muy bien extrapolarse al caso que nos ocupa:

-Este orador-decía un hombre- puede muy bien estar tres horas seguidas hablando del mismo tema.

-Pues este otro-respondía su interlocutor-, para hablar durante tres horas, no necesita ningún tema.

Yo me he fogueado y curtido, en lo que atañe a la narrativa, acatando los mimbres clásicos de “planteamiento, nudo y desenlace” y, aunque ni siquiera creo que deba respetarse ese orden -y, de hecho yo no lo hago a menudo-, creo que estos tres conceptos deben articular todo relato y, por ende, cualquier novela que se precie de contar una historia, lo que, al fin y a la postre, es la intención última de todos o casi todos los cuentos. Llamadme caduco, trasnochado o conservador, pero es lo que hay; no me vale que un narrador consuma tres páginas en la descripción plúmbea de un paisaje o un edificio en detrimento de la acción; no me peta que, en un intento de enaltecer el discurso narrativo, espiritualizar el relato o, más frecuentemente, lucir ostentosamente sus rudimentos lingüísticos, se pase renglones y más renglones pormenorizando el carácter, la naturaleza o el temperamento de tal o cual personaje.

Y esto nos lleva a otra controversia quizá más espinosa: la cantidad de poesía que soporta la prosa sin saturarse, sin perder su esencia ni entrar en un exceso de divagaciones metafísicas. Volviendo al tema del cuento, hay muchos de ellos que, por gracia y efecto de retóricas, circunloquios, hipérboles y metáforas floreadas, más parecen una colección de versos libres que una narración, y creo honradamente que eso hace que se resienta notablemente la historia, el argumento (cuando lo hay, que esa es otra, ya que es relativamente frecuente que el exceso de ampulosidad y alambicamiento intente ocultar, precisamente, la falta de guion o trama). Cierto es que no es de recibo sintetizar hasta el punto de caer en la linealidad o la planicie de un manual de instrucciones, y una cierta porción de lírica es aconsejable y hasta exigible en cualquier cuento o novela, pero pienso que hay un sensato punto medio entre la monotonía funcional de un Marcial Lafuente Estefanía y el estilo gongorino aplicado a la narrativa.

Por eso me llevé una agradable sorpresa cuando, en mi rol de finalista del “Madrid Sky” de 2018, tuve la ocasión de conocer el resto de relatos seleccionados y pude comprobar que todavía quedan concursos en los que, además de cuestiones semánticas o estilísticas, se valora también el hecho –a mi juicio, esencial- de que se cuente una historia, una verdadera historia.

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A continuación presentamos a tres de los finalistas de la V edición del certamen Madrid Sky y sus relatos.

Marc Cerrudo Boada envío desde Cataluña el relato La sonrisa del relojero. Un cuento que llamó la atención del jurado por moverse en distintos géneros hasta llegar al desenlace. Empieza siendo un cuento fantástico para acercarse al terror con el descubrimiento de un corazón que no late, para llegar después a un tono humorístico y surrealista con la situación laboral del narrador y el diagnóstico médico y terminar con un final lleno de ternura. Marc Cerrudo estuvo representado en el acto por Pura de la Casa.

La sonrisa del relojero

 

 

Patricia Collazo González comenzó unos días llenos de éxitos con su relato Si te fueras de una vez. Patricia demostró días más tarde en la final anual del certamen Relatos en Cadena, organizado por la cadena SER y Escuela de Escritores, que como escritora domina los cuentos muy breves. En Madrid Sky  presentó un relato con un argumento muy original y una trama donde la información está muy bien dosificada. Evoluciona de un cotidiano drama doméstico (cuyo desencadenante es la posible compra de una mascota que, según vemos, es una tarántula) hasta llegar a un relato de terror con la fantasmagórica presencia de una estrella del rock/punk fallecido que se resiste a abandonar el hogar que descuidó durante su carrera. Patricia Collazo proporciona la información en las dosis y momentos precisos para que el lector se implique en la historia y se desvelen sin rupturas ni artificios las verdaderas circunstancias de la situación.

Si te fueras de una vez

 

 

Sergio Arias Sánchez llegó desde Logroño siguiendo los pasos de Rakel Ugarriza, ganadora en la tercera edición del Madrid Sky. Su relato Flaquear nos trajo una narración ágil y mucho sentido del humor (a veces ácido y a veces sutil) para elaborar una crítica de los shows televisivos actuales y de la escasa financiación de estudios científicos y proyectos de investigación, a partir de un hipotético concurso para gordos en el que participa un científico que ha creado un compuesto para engordar y que acabará resultando sospechoso de “dopping”. El tono y argumento resultaron muy atractivos para el jurado.

Flaquear

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Por: Luis Marín

¡Se acabó! La temporada, que proyectos ya hay alguno.

El colofón, como de costumbre, la cena que celebramos todos los primaduroverales en activo o en la reserva, que tanto da. Cena con la resaca de la quinta edición de nuestro concurso literario Madrid Sky. ¡Cinco ediciones ya! Y pensando desde el mismo momento que nos subimos al autocar en la sexta. ¡Puf!

Iniciamos el curso con alguna baja por motivos personales que deseamos se reenganchen en cualquier momento. Ya saben que las puertas están abiertas.

El año ha sido un poco atípico en lo que se refiere a factores externos que no se pueden controlar y que han provocado vaivenes en la asistencia y en el trabajo. Pero también se han producido incorporaciones, algunas temporales que muy probablemente se conviertan en permanentes. Eso lo dirá el tiempo y las obligaciones.

Comenzamos el curso con un nuevo proyecto interno, organizar una pequeña pieza teatral para representar en algún momento del curso. Se eligieron tres temas y se formaron grupos para ello. Había que, entre los componentes de cada grupo, escribir un texto teatral en un acto de una duración aproximada de quince minutos. Los grupos eran: Comisaría de policía, Taller de yoga y Chirigota. Nos pusimos a ello con la duda de que había papeles asignados a compañeros que en aquel momento no asistían al taller. Se elaboraron primeras versiones, pero la realidad puso freno y hubo que parar el proyecto por algunas dificultades externas a las que aludía al inicio de esta crónica.

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Pero el proyecto no está cerrado, ¡ojo! Lo retomaremos, seguro, con esos temas o con otros, pero hay voluntad para seguir.

Otra novedad fue leer un poema cada inicio de clase. En esta ocasión fuimos más constantes y, aunque no todos los días, la poesía ha estado presente a lo largo de la temporada.

Y llegó el primer ejercicio: “Relato en primera persona un espacio exterior reducido y urbano. Una sola escena. Un tema contundente”. Como ejemplo un cuento de David James Poissant “100% algodón”

El segundo ejercicio empezó a unir la poesía con el relato. Se trataba de, basándose en uno de los versos del poema “Los niños” de Khalil Gibran, trabajar sobre la idea de que “La vida no retrocede”. ¿Las pautas a seguir?: Que fuera una sola escena, lo que no implica brevedad, y un símbolo fuerte que recorra el relato.

Se lanzaron los de siempre ávidos de escritura y nos regalaron con sus versiones, unas veces con más acierto que otras. A la zaga algún otro atrevido hizo su intento.

Alicia leyó en el inicio de una tarde otoñal una haiku que sirvió de motivo para un nuevo ejercicio. De no estar tú, demasiado enorme sería el bosque. A tan hermosa frase, había que añadir una tarde de cojos, debido a un desafortunado comentario en voz alta. Pero estamos acostumbrados a torear en cualquier plaza, así que fuimos a por él.

Llegando la Navidad y nuestro concurso de cuentos que este año versaría sobre los Reyes Magos, tema muy original y casi nunca tratado, analizamos el cuento “el Sur” del maestro Borges comparándolo con nuestro maestro particular en el taller José Sainz de la Maza y su relato “Lexintong con la 52”. Tarde agradable e instructiva.

De entre las barbas de Melchor, o tal vez Gaspar apareció Virginia con su cuento “La tradición es la tradición” y por detrás de Baltasar, Ceferino, de la mano de Paco con el cuento “Melchor, Gaspar, Baltasar y Ceferino” que compartieron primer premio.

Para el siguiente ejercicio dimos el salto al charco para encontrarnos con un poema de Walt Whitman, “De la cuna que se mece eternamente”. Había que elaborar una historia principal o primera ficción que estuviera más insinuada que precisa, y una metaficción súper clara que diera pie interpretaciones para la primera ficción. Esperad, además, con un tono lírico, narrador en 1ª persona autodiegética, con un interlocutor. Sólo de recordarlo me da vértigo.

Pero hubo valientes, con mayor o menor prontitud. Tenemos mucho kamikaze en el taller. Y esto en Navidad, para leer en el reinicio del taller. Hubo que tirar de otras cosas ya escritas ante la falta de inspiración inicial.

Los ejercicios se iban acumulando. De unos poemas que trajo Carlos Valle-Inclán de Charles Bukowki y Eduardo Galeano “Los dioses te ofrecerán oportunidades” y “Miedo del hombre a la mujer sin miedo” había que unir los dos conceptos, manteniendo los versos dentro del texto, y con un narrador… Aquí apareció la segunda persona que nos iba a perseguir durante todo el trimestre.

Tras el análisis de “Los que abandonan Omelas” surgió un nuevo trabajo, comenzar una historia en tercera persona, pero el narrador haría incursiones en primera persona y especularía, con reflexiones, haciendo partícipe al lector… o lo que se nos antojara, sobre la historia que está escribiendo, para acabar con una resolución, fuerte o incluso tremenda, de la historia en tercera persona.

Después se nos cruzó “El jinete del cubo” de Kafka del que se podían hacer versiones, continuamos con la segunda persona y la metafísica, la mística y la transmigración de almas y para terminar los refugiados o la violencia de género han sido los temas orientativos para llegar al mes de junio.

En fin, se empezaron a mezclar opciones y así hemos ido intercalando unos relatos con otros hasta finalizar el curso.

Aparte del trabajo de los miembros del taller, se han realizado lecturas y análisis de otros autores. Este año, en especial hemos ido analizando textos programados como un relato de Paul Bowles “Lejos de casa” y el de Irene Némirovsky “El baile” que se han analizado al final del curso. Pero de forma algo improvisada, también se han comentado cuentos como “El nadador” de John Cheever, “El jinete del cubo” de Kafka, “Los que abandona Omelas” de Ursula K Le Guyin, “El papel de tapiz amarillo” de Charlotte Perkins, “Dulzura” de Toni Morrison y los ya citados “100% algodón” y “El Sur”.

Ha habido tiempo para recibir a Francisco de Paz Tante que pasó una extraordinaria tarde con nosotros comentando algunos de sus cuentos y aprovechando la ocasión para charlar con él de sus experiencias literarias.

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Y no puedo olvidar la visita de Juana Muñoz, a la que consideramos como de la familia, que vino a mostrarnos su último trabajo de microrrelatos ilustrados por fotografías realizadas por ella. “Voces del Villar” una publicación intimista que sobrecoge los sentimientos. Además de la publicación, ha realizado un montaje en youtube de los relatos contados por mujeres y que realzan la dureza y a la vez la sensibilidad de los textos.

2056 Anno DominiDejando a un lado el trabajo de los miembros del taller, esta temporada ha tenido un evento especial. Especial por el cariño que se ha puesto en la edición (primera realizada por la asociación hasta la impresión y con depósito legal) de “2056 ANNO DOMINI”. Han participado en la antología todos los compañeros de la Asociación que lo han considerado oportuno, como homenaje a Fernando López, “La voz” del taller. La presentación se realizó el 28 de febrero y contamos con la presencia de buena parte de la familia. Nuestro querido Fernando anduvo por el salón de actos acompañándonos como hace cada vez que nos reunimos los compañeros. Siempre estarás en nuestro corazón.

El segundo evento importante ha sido la entrega de premios del V certamen de relatos corto Madrid Sky. Un año más nos hemos reunido alrededor de la literatura para conceder tres premios a los finalistas de los casi trescientos relatos recibidos. Pero de todo esto hay cumplida información y reciente en este blog.

Nuestro Blog. También en él ha habido intensa actividad a lo largo del año. Aparte de las crónicas semanales que cuentan la actividad del taller, en todas las secciones que lo componen las entradas han sido constantes. No voy a entrar en detalles, porque tenéis las crónicas en este espacio para consultarlas en su redacción original.

Por ejemplo, se ha dedicado espacio a artistas que nos han abandonado en el último año como Tom Petti, Tom Wolf, Philip Roth y Ursula Le Guin.

Se han realizado reseñas de libros de Francisco Javier Conejo, Kike Ferrari, Raúl Clavero, José Quesada, Álvaro Giménez, Natahalie Detry, Francisco de Paz Tante, Candela Martín Morales, Vicente Blasco Ibáñez, Carlos Valle-Inclán y Carson McCuller.

En cine se han escrito entradas sobre “La librería” y “El autor” En concursos literarios se ha dedicado un espacio Rocío Díaz Gómez, María Sánchez, Juan Santos y Luis Marín. Hemos hablado del premio Nobel de literatura Kazu Iashiguro y se han publicado entrevistas a María Sánchez, Paco Plaza y los participantes de la asociación en la publicación anual de Relee ediciones “Error 404”.

A los amantes de los viajes va dedicado el espacio de Trotamundos que también se ha visto nutrido por entradas literarias de turismo.

Seguro que se me olvida algo, pero como es sólo un resumen de lo publicado y hay distintos criterios de búsqueda, podéis bucear en los temas que más os interesen.

Yo por mi parte me voy a tomar un descanso veraniego para recargar las pilas y comenzar la próxima temporada en plena forma.

Pero los jueves, al caer la tarde, tenemos cerveza literaria. ¡NO LO OLVIDÉIS!

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Sergio Torres Alonso, en nombre de la academia Heisenberg, patrocinadora del segundo premio del certamen Madrid Sky, entregó el segundo premio al escritor leonés Carlos García Valverde.  Carlos García Valverde mantiene una página web dedicada al diseño gráfico y a la literatura www.garciavalverde.wordpress.com y otra dedicada a la defensa del idioma español www.sacandolalengua.tk. Ha obtenido varios premios literarios de importancia, como son, entre otros, el Villa de San Fulgencio y el concurso literario casino obrero de Bejar. Sorprendió con un relato ambientado en una estación de tren y un lenguaje muy rico y preciso.

Te dije que volvería

Carlos García Valverde

Segundo premio de la V edición Madrid Sky

 

Tuve que irme a la cama para no flaquear, una vez hube arrojado a la papelera aquella carta extemporánea que acababa de recibir esa misma mañana y que había leído y releído ya al menos una veintena de veces en el transcurso del día. Juré que no regresaría jamás a San Javier Estación, y ahora, que estoy precisamente leyendo el nombre del villorrio en el letrero alicatado del apeadero (a duras penas, ya que el tiempo inclemente ha causado la deserción de buena parte de los azulejos), estoy casi seguro de que he cumplido mi promesa. Porque esto ya no es aquel poblado paupérrimo donde pasé mi infancia y buena parte de mi adolescencia, y que creció, como yo mismo, de forma desordenada en derredor del apeadero, ennegrecido por el hollín de las locomotoras, aturdido por el traqueteo de los vagones, obligado a existir, como la propia estación, por la cercana cantera, con la servidumbre de proveer de techos a los jornaleros, en un caso, o transporte para la piedra y la greda, en el otro.

Ahora mismo, el edificio de la estación sólo es una carcasa decrépita y huera, un gran sarcófago vacío en cuyo interior anidan los arrejaques y parecen aún resonar los ecos de viejos adioses. Del caserío circundante, apenas quedan algunos residuos de mampuestos, tejas y vigas resquebrajadas, diseminados por todas partes. Me resulta difícil incluso reconocer el espacio que ocupaba nuestra casa, cuyos límites difusos, exiguamente marcados por las trazas de los antiguos cimientos, entreveo ahora entre el polvo y la broza. No muy lejos, se vislumbra la montaña herida, el gran tajo que dejó la extinta pedrera, como una enorme cicatriz casi obscena sobre el paisaje. Por todas partes, el silencio, sólo roto ocasionalmente por los gritos alocados de los vencejos. Cuando alguien decidió dejar de tarazar el macizo y se cerró la cantera, tanto el apeadero como la aldea circundante dejaron de tener razón para existir, y comenzó el éxodo inapelable.

El día que se marchó mi padre lloré mucho, y él, antes de subir a uno de los últimos trenes, en misión de avanzadilla familiar por ver de procurarnos el sustento en otro lugar más próspero, me prometió que volvería y me traería un tren de juguete. Pero nunca lo hizo. Durante mucho tiempo tuve una pesadilla recurrente, en la que yo seguía la vía del ferrocarril, en busca de mi padre, hasta un punto en que los raíles, mutilados, sangraban por sus férreos muñones.

Un buen día, ya con el poblado casi vacío, vinieron unos hombres, ahuyentaron a las locomotoras y arrancaron los raíles, dejando sólo un áspero torrente de balasto, un loco e incomprensible caudal de piedras reptando hacia ninguna parte. Entonces, por alguna razón carente de lógica plausible, supe que mi padre nunca regresaría.

Malvivimos, pero sobrevivimos sin él. Por eso, cuando pude desarraigarme de este maldito sitio, juré que nunca volvería. Hasta que recibí el mensaje, una breve misiva citándome en San Javier Estación en este día y hora, sin más explicaciones. Finalmente, la intriga pudo más que la incredulidad; rescaté la escueta carta de la papelera, y aquí estoy.

Los adoquines del andén, cuarteados por las intemperies, crujen bajo mis pies cuando me dirijo al edificio de la estación. Al levantar la vista, veo el reloj bifronte que antaño calibrara la salida y llegada de los convoyes. Hoy, desprovisto de saetas, no señala ya ninguna hora, o quizá las abarca todas. En el momento que entro en el ruinoso edificio, una bandada de pájaros espantados sobrevuela veloz mi cabeza y, con chillona algarabía, alcanza el exterior a través de los vanos de puertas y ventanas, perdiéndose en el azul límpido del cielo. Una vez restituido el silencio, descubro al fondo del vestíbulo una figura sombría, sentada en uno de los pocos bancos que aún resisten la comezón impía de la carcoma.

Cuando me acerco más y mis ojos se habitúan a la penumbra, veo que es un viejo con aspecto contrito, la cabeza gacha, el aire vencido. Entre sus manos rugosas tiene una pequeña locomotora de hojalata oxidada.

“Te dije que volvería”, repite una y otra vez, como una salmodia antigua.

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