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Por Manuel Pozo Gómez

Jesús Gella Yago nació en otoño de 1977 Zaragoza, donde sigue viviendo. Su profesión no tiene demasiado que ver con la literatura, aunque implica darle mucho a la tecla o al bolígrafo, pero el resultado son informes fríos, objetivos y sin alma.

En el colegio empezó a montar sus primeras historias. La biblioteca era enorme (aunque hace poco volvió a visitarla y comprobó que en realidad él era muy pequeño). En ella conoció a compañeros de aventuras extraordinarias como Verne, Stevenson, Twain y Salgari, o London, Zane Grey y Karl May.

Estaba en el instituto cuando ganó algún certamen local y, al terminarlo, fue también cuando aparcó esta afición.

¿Por qué dejaste de escribir, Jesús?

La carrera y el trabajo para poder pagarla, además de alguna circunstancia más (de esas que se empeñan en complicarnos los planes), me distrajeron y dejé de escribir por placer. A veces digo que fue la peor decisión de mi vida pero, si me paro a pensarlo, ni siquiera fue una decisión: simplemente ocurrió.

Ha sido en los últimos años cuando he recuperado ese vicio (porque sin duda lo es), especialmente durante el último, después de decidir distanciarme temporalmente de mi entorno profesional.

La verdad es que fue una sorpresa ser convocado como finalista del “IV Concurso Madrid Sky”, ya que no he participado en demasiados concursos (quizá seis o siete en total, en los últimos diez años): sí que en 2010 un relato mío fue seleccionado para ser publicado a partir de mi participación en el “VII Premio Luis del Val”, y que el año pasado la web “Ociozero” (revista de género fantástico) reconoció el mérito de otro relato que tampoco llegó a ganar.

Así que, ciertamente, el “IV Madrid Sky” ha sido mi primera vez. ¡Espero que hayáis inaugurado una fructífera racha!.

¿Dejas leer tus relatos a alguien antes de tenerlos terminados o antes de publicarlos?

A Silvia, mi compañera (de toda la vida, casi) y acompañante (el día de la entrega de premios), le toca de vez en cuando darme una opinión. La verdad es que no suelo compartir lo que escribo, no sé si en un acto de egoísmo o de pura timidez. Probablemente las dos. Aunque, después de la experiencia con “Primaduroverales”, me apetece dar guerra a mi alrededor.

Viniste desde Zaragoza y estuviste un rato con nosotros para marcharte enseguida. ¿Te mereció la pena tanto trajín?

¡Por supuesto! Como te he dicho antes, esta ha sido mi primera convocatoria como finalista de un certamen literario. Cuando recibí vuestra comunicación ni siquiera me paré a valorar la dotación económica de los premios o la posibilidad de quedar descartado, ni siquiera la de resultar uno de los premiados. Bastó con pensar que a alguien le había convencido algo de lo que yo había escrito para tomar la decisión de que, sí o sí, iba a merecer la pena viajar para conocer a ese alguien. Afortunadamente no me equivoqué ya que, además de llevarme un segundo premio a casa, fue un encuentro muy agradable. Creo que hablo por todos los convocados al encomiar el esfuerzo que hicisteis desde “Primaduroverales” para crear un ambiente muy grato, por lo acogedor y distendido, sin menoscabo de la seriedad y significado que un acto como este debe tener.

¿Te habías visto antes en una encerrona parecida?

La verdad es que no. Pero, desde luego, si eso fue una encerrona… ¡pues que vivan las encerronas!

No esperaba que el acto se alargara tanto y la hora del billete de vuelta obligaba a dejaros pronto, apenas comenzada la celebración posterior. Intenté saludar al mayor número de los presentes por lo que me llevé, además de muestras de cariño y simpatía, un torbellino de caras y nombres en la cabeza.

Sí que me gustaría mencionar expresamente el elogio y ánimo que me regaló Teresa Núñez al bajar de vuestro autobús. Cuando esa persona te menciona detalles de su carrera literaria y reconoces en ella nada menos que a Paul Lattimer, también caes en la cuenta de que es un auténtico mito del western español (cuya calidad como autora está más que respaldada por numerosos premios) quien te acaba de echar una flor y además te anima a seguir. Y eso emociona, ¡vaya si emociona!

Lo dicho: ¡vivan las encerronas! ¡Los médicos recomiendan una a la semana!

¿Qué te parece que haya empresas comprometidas, como la academia Heisenberg, que apuesten por la cultura y patrocinen un certamen literario como el nuestro?

El impulso de cualquier iniciativa cultural en estos tiempos de desencanto es esperanzador. Y sobre eso, podríamos filosofar y disertar entre cañas hasta terminar arreglando el mundo.

Pero además, en el caso de la combinación de “Primaduroverales” con “Heisenberg” (y “Vinos y Caminos” y “La Rebujita”), también resulta estimulante.

Me explico: creo que comentasteis que veníais dotando los premios con vuestros propios medios hasta que este año habéis contado con patrocinadores. Entiendo que este apoyo garantiza la supervivencia y consolida certámenes como “Madrid Sky”, tan necesarios entre cientos de convocatorias amparadas por ayuntamientos, instituciones y marcas potentes.

¡Ojo! No digo que “Madrid Sky” sea un certamen pequeño (¡ya es la cuarta ocasión y habéis recogido casi 400 textos de 15 países, con algún finalista de larga trayectoria!) o que otros certámenes y sus benefactores sean sospechosos.

Simplemente quiero decir que la participación de una academia como “Heisenberg”, especializada en inglés y ciencias, en las aventuras de un grupo de escritores como “Primaduroverales”, hace que apetezca intentarlo y animan a dar el paso. Se percibe la ilusión de quienes estáis detrás y se adivina la transparencia y honestidad.

De no haber transparencia y honestidad, desde luego yo (como emborronador de papeles, novel a la par que tardío) no habría podido compartir una tarde tan encantadora con vosotros.

Así que aprovecho este hueco tan oportuno para agradecer a Sergio Torres (de “Academia “Heisenberg”) su compromiso y participación.

Una de las cosas que más llama la atención de tu relato es la riqueza de vocabulario. Palabras como carozo, cellisca y arrabel han entrado en el vocabulario de nuestro blog como palabras cazadas. ¿Son propias de tu lenguaje o de tu entorno?

No, no son palabras que use en mi vida normal. De hecho, dudo que alguna vez las haya utilizado u oído en una conversación, pero sí leído en algún momento.

Disponemos de un idioma con un vocabulario vastísimo y que ofrece infinitas posibilidades para jugar con él, e incluso retorcerlo para conseguir nuestro objetivo narrativo en un texto. Creo que, evitando caer en pomposidades que pueden distraer al lector, es imprescindible mimar la selección de las palabras. Sobre todo en determinados géneros y siempre en función de unos fines premeditados. La palabra adecuada puede lograr o dar al traste con la idea que era tan prometedora mientras bullía aún sin forma en nuestra cabeza, hasta que al intentar fijarla en el papel su volatilidad nos desanima.

Tan importante me parece lo que se cuenta, como cómo se cuenta. Antes de cerrar un texto debe haber un trabajo de pulido, casi de orfebrería, que ha de notarse pero que debe proporcionar un acabado que impacte en el lector y, con suerte, lo haga perdurar en su memoria.

Esas palabras que destacáis en vuestro blog fueron elegidas para afianzar la atmósfera del relato y porque me pareció que su sonoridad podía dotar de una musicalidad interesante a algunos párrafos. Además creo que, aun si se desconoce su significado, no cuesta intuirlo dentro del contexto y el ambiente. Lo contrario podría provocar que el lector tenga la impresión de haber tropezado con un estorbo que le haga salirse del relato y que, una vez rota la magia de la ficción, ya no le apetezca volver.

Un relato propio leído por otra persona parece distinto, en cierto modo nos es ajeno. ¿Qué te pareció la interpretación que hizo Alicia Cereceda de tu relato?

Va a sonar a tópico, pero… “me alegra que me haga usted esa pregunta”.

Yo sí que suelo leer en voz alta lo que escribo para comprobar la fluidez y el ritmo interno del texto, pero nunca había oído ninguno en la voz de otra persona. 

Cuando Alicia leyó el título y mi nombre y luego hizo aquella enorme pausa antes de empezar con el relato en sí, creo que no exagero si digo que todo el salón se sobrecogió. No por lo que yo había escrito sino por la voz de Alicia (¡qué voz!). Ennobleció el relato con una lectura que, sin limitarse a ser tal, fue una verdadera interpretación.

Fue un día de muchas emociones: el viaje con la ilusión de un fallo pendiente, el encuentro con vosotros y los demás finalistas, la presentación del acto y nuestras intervenciones, estar entre los ganadores, las fotos de familia, la celebración posterior y el viaje de vuelta pensando “¿qué ha pasado? “.

Pero sin duda, para mí, el momento de mayor emoción fue precisamente el de la lectura (insisto, interpretación) de Alicia. Alicia es actriz y locutora, y demostró profesión midiendo pausas y énfasis y haciendo suyo un texto que se engrandeció de tal forma con su declamación, que me hizo sentir verdaderamente orgulloso de haberlo escrito.

¡Una lástima no tenerlo grabado!

¿Cuál fue el origen del cuento? ¿Cómo se te ocurrió la idea de recrear a la muerte en un personaje?

“No acostumbro a entrar si no hay clientes”.

Esta fue la frase seleccionada del libro “Madrid Sky” para convertirse en el pie forzado que abriera los textos participantes. Estaba claro que la palabra “clientes” iba a decidir los diferentes argumentos. Las posibilidades ambientales de esa palabra eran enormes, no hay más que leer algunos de los relatos: desde el México traicionero y traicionado que dibujó Inocencio Javier Hernández en “DF Wall” o el banco para el que Alberto Ramos propuso un atraco moral en “Por Sonsoles, a mi manera”,  hasta la tienda esotérica de “Tal vez mañana”, el texto ganador de  María Posadillo.

Debo reconocer que lo primero que se cruzó por mi mente fue un local de mala nota de esos donde todo y nada puede suceder, impregnado de desdicha y frecuentado por sombras tristes. Como vimos, de eso se ocupó Francisco de Paz Tante en “Neones rosas”. Del drama pasé a jugar con la idea de un sainete en un restaurante chino, y también en un desencuentro con filosas en una tanguería de arrabal.

Esas primeras ideas me llevaron a pensar que quizá podría hacer que los anfitriones de mi relato fueran algo más “selectos”: pensé primero en un infierno regentado por un Diablo socarrón, pero no veía la forma de encajar la frase de apertura. Así que decidí situarme cerca de ese infierno pero fuera, y enfocar a la Muerte que acompaña a los desafortunados cruzando la puerta del infierno con ellos. Así, el Diablo inicial se convirtió en una presencia apenas insinuada y que además queda en segundo plano, detrás del perro que guarda la entrada y que quizá (solo quizá) aúlla por tres gargantas.

Los atributos e imaginería clásica de la Muerte son más que populares (capucha, guadaña, calavera y ocasionalmente un reloj de arena), por lo que me pareció esencial explotar el ambiente donde se desarrolla el relato para crear un interés y una expectativa: un acantilado es apropiado para sugerir la idea de un final abrupto y dar con el topónimo Pembroke (muy próximo a nuestro “finis terrae”) hizo el resto.

Ya ves, las incertidumbres del papel en blanco te llevan a donde menos esperas.

¿Esto significa que te desenvuelves bien en el género fantástico y es tu género preferido?

Pues creo que, en cierta manera, ya te he contestado con la respuesta anterior: antes de dar con la idea final pasé por un drama urbano, una comedia que pretendía ser (perdón por el palabro) “woodyallenesca” y un thriller suburbial.

No puedo decir que el fantástico sea mi género preferido, de hecho ni siquiera lo frecuento en mis lecturas, salvo algunas incursiones en clásicos como Lovecraft, Poe o Bierce cuando el cuerpo lo pide (porque a veces el cuerpo lo pide). Reconozco que ando muy despistado en cuanto a lo que se está haciendo actualmente en terror o fantástico.

Sin embargo, con un pie forzado tan sugerente y dado que la brevedad requerida invitaba a buscar el impacto final, me pareció apropiado intentarlo con el fantástico para buscar la sorpresa sin recurrir a un drama más o menos realista.

Al fin y al cabo, el desaprensivo de mi relato se lo merece… ¿o no?

¿Cuáles son tus perspectivas en la literatura?

Pues la verdad es que ahora mismo me rondan la cabeza varias historias que necesitan un aliento más largo: el cuerpo me pide novela.

Hace unos años que guardo, cogiendo polvo, un par de borradores (uno lo recuerdo bastante simplón) más o menos cerrados. Sigo aplazando su revisión pensando que quizá sin mi esfuerzo el tiempo les habrá dado pátina, cuando lo más probable (seguro) es que cuando vuelva a abrirlo comprobaré que se han convertido en vinagre.

Últimamente he estado dando vueltas a una novela que presumo será breve, y a la que durante lo que queda de año espero terminar de dar forma. No estoy seguro de en qué género terminará encajando, pero sí sé que habrá mucho rock and roll.

¿En la actualidad dedicas mucho tiempo a leer y escribir?

Bastante, mucho. No concibo un día sin palabras escritas. Pero me temo que igual que prefiero comer a cocinar, también dedico más tiempo a leer que a escribir. Ando empeñado en invertir la proporción.

Por último me gustaría saber cuáles son tus autores preferidos y quiero pedirte que nos recomiendes un relato para nuestra colección de relatos recomendados.

Mi debilidad en cuanto a novela son los clásicos decimonónicos. Pero la lista sería interminable, desde la pura diversión folletinesca a los más cerebrales y psicológicos, sin importar nacionalidad: de Balzac y Hugo a Dumas y Sue, Dostoyevski y Turguénev, Dickens y Collins, Pérez Galdós y Pardo Bazán,… Fueron el paso natural a partir de mis lecturas infanto juveniles, y vuelvo con frecuencia sobre ellos, sin soltar nunca la mano de Joseph Conrad.

Alineados con mi impenitente mitomanía, también tengo favoritos muy cercanos al imaginario popular gracias a las (más o menos adulteradas) traslaciones cinematográficas de sus obras, como Conan Doyle, Ian Fleming, Raymond Chandler o Dorothy M. Johnson.

Autores más modernos, o actuales, o de cierta actualidad que reclaman mi atención, a veces teniendo que echar (lamentablemente) la vista algo atrás, son Thomas Pynchon, Richard Ford, Winfried G. Sebald, Paul Auster, Kurt Vonnegut, Roberto Bolaño o Umberto Eco y, barriendo para casa, por ejemplo, Eduardo Mendoza, Javier Marías y Jaume Cabré.

Para terminar, en cuanto a relatos o narrativa breve, me veo obligado a recurrir a los maestros imprescindibles como Julio Cortázar, Isak Dinesen o Guy de Maupassant, en los que siempre se puede confiar.

Y como recomendación final, quizá sea muy obvio recurrir a Hemingway, pero tengo una gran debilidad por “La breve vida feliz de Francis Macomber” (publicada en 1936), de la que se hizo una adaptación cinematográfica con Gregory Peck, Joan Bennett y Robert Preston (“The Macomber affair”, 1947) y que en España tuvo el sugerente y entusiasta título de “Pasión en la selva”.

Muchas gracias por este rato que nos has dedicado. ¿Te gustaría añadir algo más?

Solo reiterar mi agradecimiento a todos los que estáis detrás de “Primaduroverales” y “Madrid Sky”, y deciros con toda sinceridad que podéis contar conmigo para lo que gustéis.

Y desde luego, mi felicitación a los demás finalistas (Daniel Calles, Inocencio Javier Hernández, Francisco de Paz, Alberto Porras, José Quesada, Alberto Ramos y Lola Sanabria); a María Posadillo por su primer premio y, especialmente, a Marina Aparicio que, por su juventud, tiene un enorme horizonte a su disposición (¡a por ello!).

¡Un placer haber compartido esto con todos vosotros!.

La posada al final de la Tierra  Segundo premio en el IV certamen Madrid Sky

 

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Entrevista de Carlos Cerdán a Marina Aparicio, ganadora del 3er premio en el IV Certamen Madrid-Sky

Carlos Cerdán: Cuéntanos algo de ti ¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas?

Marina Aparicio: ¡Nací en Madrid hace diecinueve años y aquí he seguido desde entonces! El pasado septiembre empecé la carrera de Biología en la Universidad Complutense de Madrid, pero me decepcionó el programa de estudios, así que la dejé a los pocos meses.  Busqué fuera y conseguí plaza en una universidad de Bristol para estudiar producción de cine. Mi objetivo principal es aprender a escribir guión, que siempre me ha fascinado.

Diploma Marina AparicioCC: Comentaste que  llegas a la escritura a través de un diario. Puedes decirnos cómo sucede esa transición.

MA: Llevo escribiendo desde que tengo memoria porque mi madre me enseñó a leer a los tres años y a los cinco escribí mi primer cuento. Al principio me interesaba más la faceta de lector, aunque quería saber si era capaz de crear mis propias historias. Por aquel entonces tenía algún diario que abría una vez por mes, pero no era muy constante. Ya con quince años y un brote de adolescencia febril fue cuando encontré en la escritura un refugio. Las páginas escuchan sin juzgar, así que era una especie de terapia contra las inseguridades y un gran método para aclarar mis ideas. Quise trabajar con algunos de esos pensamientos y comencé a escribir poesías cortas. Luego descubrí la prosa y ya no hubo vuelta atrás.

CC: ¿Has sentido alguna vez esa especie de pudor que te impide enseñar lo que escribes? Y si es así ¿Cómo lo superaste?

DSC_9864MA: Sí, al fin y al cabo enseñar un escrito es desnudarte un poco (o mucho) por dentro. Sufro especialmente con los textos que contengan algún componente erótico por lo que vayan a pensar mis conocidos. Aún así merece la pena, pese al pudor o al mal trago que pueda suponer al principio, por las buenas críticas. Que alaben uno de mis textos es de las mejores sensaciones que se pueda experimentar. Me hace increíblemente feliz. Annie Ernaux dijo que siempre quiso escribir como si no fuera a estar cuando publicaran lo escrito. No estoy muy de acuerdo, la verdad.

CC: ¿Cuál es tu formación? Es decir, has hecho algún curso, algún taller.

MA: El año pasado empecé en el curso de Escritura Creativa que impartía Matías Candeira en la Escuela de Escritores de Madrid, pero lo tuve que dejar a los dos meses por las exigencias de bachillerato y la PAU. Este año he cursado Técnicas de Novela en la misma escuela. Dirigió las clases Magdalena Tirado, una profesora increíble que hizo mejorar el nivel de los alumnos una barbaridad. Le estoy muy agradecida. Es una lástima, porque el curso dura tres años pero no voy a poder continuarlo.

Tanto si una persona quiere publicar como si escribe sólo para uno mismo, creo que debería acudir a un taller de escritura. No sólo se enseñan técnicas, también se superan miedos y se aprenden lecciones de vida fuera del oficio en sí.

CC: ¿Sobre qué te gusta escribir?

MA: Dramas cotidianos, me gustan las historias del día a día bien narradas. A veces me baso en experiencias propias y otras  (como el relato de Flores Mustias) son completamente ficticias. Tengo que ver la historia en mi mente, como si fuera una película, para poder escribirlo. Eso es lo importante.

CC: ¿Escribes a menudo?

DSC_9868MA: Intento escribir todos los días, pero es imposible. Muchas veces me siento ante el ordenador y el simple hecho de pulsar una tecla me resulta tedioso. Al final sólo escribo cuando tengo tantas ganas de hacerlo que es lo único en lo que puedo pensar. Podría decir entonces que escribo un par de días a la semana, siempre por la mañana.

CC: ¿Te has presentado a otros concursos?

MA: Sí, quedé finalista hace dos años en el concurso de Relatos del Bistró de la librería La Central con un relato sin título que narraba las cómicas tragedias de una mujer en torno a la comida basura. Los jueces me animaron a apuntarme a talleres y por eso empecé en la Escuela de Escritores.

También he participado en una algún concurso más, pero este y el del Bistró han sido los únicos en los que me he clasificado.

CC: La frase de inicio del cuento ¿Te supuso alguna dificultad?

MA: Le estuve dando vueltas a la cabeza y no conseguía pensar en otra cosa que un burdel o un bar, por lo de los clientes. No tenía ninguna idea sólida y sólo se me ocurrían cosas demasiado rebuscadas. Entonces pasé por delante de una farmacia. En mi opinión todas huelen igual, como a algo dulce pero muy suave, y me vino a la cabeza lo mucho que nos guiamos por los olores para identificar lugares y personas significativos. Pensé que nadie mejor para identificar ese olor que un ciego. Además era una manera de probarme a mí misma, porque al escribir solemos abusar de la vista y en realidad nuestra percepción del mundo depende de todos los sentidos por igual.

CC: ¿Qué te pareció el acto del concurso y qué destacarías?

MA: ¡Encantador! Estaba tan nerviosa al principio que pensé que si tenía que subir al estrado me iba a desmayar, pero el ambiente cercano y el ritmo del acto fueron aplacando los nervios. Destacaría las impresionantes interpretaciones de las diez personas que leyeron los relatos. En cuanto a la lectura de mi relato la interpretación fue bárbara, estoy muy agradecida.

CC: Recomiéndanos alguno de tus autores favoritos. Recomiéndanos un relato.

MA: Mis autores favoritos son Haruki Murakami, Milan Kundera, Charles Bukowski y António Lobo Antunes. Los cuatro tienen un estilo muy propio y crean atmósferas perfectas, que son capaces de crear en mí emociones casi tan duraderas como las propias.

Si tuviera que recomendar un relato…Álbum, de Alberto Chimal. Breve y brillante. También destacaría los relatos de Raymond Carver, por ejemplo el de ¿Por qué no bailáis? Ahí van dos.

CC: De tu excelente relato una de las cosas que me llamó la atención es la alusión a Gary Moore, que, no sé si sabes, murió en España. Eres muy joven y no es un músico muy conocido fuera de ciertos circuitos. ¿Te gusta el blues y  el rock?

MA: Sí, aunque no exclusivamente. A mis padres les gusta mucho la música, la mayoría de mis amigos tocan algún instrumento y mi novio es batería y técnico de sonido, así que nunca dejo de descubrir grupos nuevos. En cuanto a cultura, podría considerarme una gran “consumista”, es decir, no soy restrictiva respecto a géneros, estilos o corrientes. Creo que hay que ser como una esponja y más si necesitas ser muy creativo. Ningún estímulo es en vano.

CC: Termino la entrevista reiterando mi enhorabuena por tu premio y esperamos poder seguir estrechando lazos contigo. Ya formas parte de nuestra historia y estaremos encantados de publicar en nuestro blog información de los futuros premios que seguro tendrás.

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El próximo lunes, 3 de julio, a partir de las 18.00h, final anual de Relatos en Cadena (X edición), el Concurso de microrrelatos de la Ser y la Escuela de Escritores.

10 meses, 100 palabras, 6.000 €, más de 25.000 textos recibidos a lo largo del año, solo 10 finalistas y mucha, mucha ilusión. 

Y entre ellos estará el amigo de PRIMADUROVERALES Ernesto Ortega, que nos acompañó en la reciente entrega de premios del IV certamen Madrid Sky. ¡Suerte, Ernesto!

Ernesto Ortega, María Posadillo (ganadora del IV certamen Madrid Sky) y Manuel Pozo

Relato finalista del mes de mayo
Volver a empezar        

Ernesto Ortega

El crujir de las hojas les recuerda lo solos que están. La vegetación se ha ido extendiendo por el asfalto hasta sepultar por completo la Quinta Avenida y el Madison Square Garden. Ahora los animales campan a sus anchas por Central Park, mientras ellos pasean de la mano, completamente desnudos, sin ningún pudor, bajo la sombra de los árboles. Nunca han sido tan felices. Al fondo, como últimos vestigios del pasado, las siluetas de los rascacielos medio derruidos alertan de la historia. Por eso, cuando esa maldita serpiente vuelve aparecer bajo sus pies, ella, sin temor alguno, la coge con sus propias manos y la parte en dos.

 

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Lola Sanabria nació en Córdoba y vive en Madrid. Ha obtenido premios en numerosos certámenes literarios, por ejemplo en el Premio de Cuentos Gabriel Miró o en el premio Vargas Llosa NH de relatos. Para el certamen Madrid Sky escribió un relato de tono triste y nostálgico, con un lenguaje sencillo en primera persona que nos revela lo traicionera que es la vida.

No acostumbro a entrar si no hay clientes, para no sentir el golpe súbito de la soledad, pero casi nunca ocurre esto, porque es un bar muy concurrido, y yo soy un habitual a pesar de que nadie lo entienda. ¡Déjalo ya!, me dicen mis amigos, con ese tono provocado por el cansancio de tanto repetirlo. Yo me despido de ellos levantando una mano mientras camino hacia La caracola. Un paisaje de mar y cielo revuelto. Eso soy yo

Ella

Alberto Porras Echevarría es otro habitual de los certámenes literarios. Estuvo representado en el acto de entrega de premios por Máxima Porras. Se presentó con un relato divertido, sin artificios ni pretensiones, que consigue arrancar una sonrisa. Tiene un final perfecto, grosero, para un relato que juega con el lector y le sorprende.

No acostumbro a entrar si no hay clientes, ella se lo dijo a su compañera de trabajo mientras frotaba aquel chisme con forma de tetera, ese cachivache dorado de latón o de hojalata o lo que fuese, no sabría decir de qué material estaba hecho pero necesitaba un buen repaso, eso sí lo sabía porque tenía por lo menos tres dedos de polvo.

Mal genio

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Inocencio Javier Hernández fue el primer finalista en llegar a la entrega de premios. Lo hizo desde Tenerife, donde nació y vive. Un joven autor que se presentó tímido, discreto, pero que desarrolla una gran actividad literaria. Su primera novela publicada se titula West country, pero también ha publicado poesía (Eco nocturno) y le gusta escribir teatro. Se presentó al certamen con un relato titulado  D.F.Wall que el jurado valoró positivamente por su originalidad, tanto del fondo como de la forma, con una metáforas demoledoras y un ambiente muy logrado, turbio, cruel, de sicarios secuestros y ajustes de cuentas.

D.F. Wall

La vida era una piedra que lentamente

se iba gastando y afilando.

Raymond Carver

No acostumbro a entrar si no hay clientes, balbucea un vagabundo borracho en mitad de la acera, en mitad de la nada. Un tipo común entrega su cartera hortera al vagabundo que se gana la vida vendiendo estampitas de la Santa Muerte en Ciudad de México. El tipo parece decirle algo al vagabundo, pero en Ciudad de México el aire es ruido. Todo es ruido. Llueve, un extraño diluvio, como si un sicario te arrancara la piel a tiras, la cocinara con saliva, la engullera, y, finalmente, vomitara sobre tu cara un platillo volante.

DF Wall (Relato completo)

 

Daniel Calles Sánchez, que reside en Madrid, comentó que se encontraba cómodo en el certamen, aunque no se había visto con mucha frecuencia entre los finalistas de un concurso. Se presentó con el relato titulado La visita, una historia contada muchas veces, pero desde puntos de vista distintos. El monólogo interior del protagonista tiene mucho ritmo y el tono de chascarrillo es el punto de enganche necesario para que el relato se lea sin descansar.

La visita

No acostumbro a entrar si no hay clientes, o como quiera usted llamarlos. Y normalmente lo hago de incógnito, pero mire, hoy no he tenido tiempo, así que me va a disculpar el atropello. No importa, tranquilo, espero a que recobre la compostura.

Tengo que felicitarle, tiene todo muy limpio y ordenadito. ¡Si viera en qué condiciones trabajan en otros países! En su contra debo decir que hoy no ha tenido mucho ajetreo, ¿verdad? Madre mía, si se viera la cara ahora mismo, ¿no tiene un espejo? Aquí hay uno, mírese.

La visita (Relato completo)

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Muchos en el grupo teníamos la sensación de que este año el compromiso era mayor, de que no podíamos fallar. Con los finalistas siempre ha sido así. Algunos vienen de lejos y la mayoría se van con las manos vacías, por eso tenemos la obligación de ofrecerles un acto literario en el que ellos y sus relatos sean los protagonistas. Claro que nos gustaría ofrecerles también un premio en metálico, pero no tenemos presupuesto para ello y por eso tenemos que volcar todo nuestro cariño, nuestra ilusión y nuestro trabajo en un acto en el que los autores obtengan el reconocimiento por su esfuerzo creativo. Pero este año, quizás por la existencia de los patrocinadores, sentíamos que el compromiso era mayor. El respaldo de unos patrocinadores ha elevado mucho la exigencia. Ya no éramos solo nosotros, sino que habíamos adquirido una responsabilidad ante personas que han confiado en nosotros. No  podíamos fallar y, creo, que no hemos fallado.

El apoyo de bodegas Sameirás, de La Rebujita y de academia Heisenberg, ha sido un estímulo, pero el entusiasmo y la ilusión que ha demostrado el editor de la revista Vinos y caminos, Antón Alonso Suárez, patrocinador del primer premio, sin duda una pieza clave en el éxito de esta cuarta edición, nos estimula a seguir convocando el certamen un año más. Mientras, durante este año, en nuestro Taller de Creación Literaria, una parte del grupo seguiremos con nuestros relatos y comentarios “Primaverales”, y la otra parte con sus escritos “Duros”, pero juntos, tan PrimaDUROverales como hasta hoy, caminaremos rumbo a la quinta edición de nuestro certamen Madrid Sky.

Nosotros también tenemos nuestro premio. Nos llevamos el cariño de los participantes y de los finalistas. Nos quedamos con sus palabras de agradecimiento. Nos quedamos con el hecho de haber conocido a unos escritores y unas personas que amplían nuestro círculo de amigos de la literatura. Todo el esfuerzo en la organización del certamen se sintetiza en el momento de la entrega de premios, en concreto en el momento en que Antón Alonso entregó el primer premio y nuestra admiración a María Posadillo Marín. Nosotros nos quedamos con un relato que recordaremos siempre y que pasará a ser un elemento clave en la literatura de Primaduroverales: el relato ganador, Tal vez mañana, de María Posadillo, que compartimos a continuación.

Tal vez mañana

María Posadillo Marín
Relato ganador del IV certamen Madrid Sky

 No acostumbro a entrar si no hay clientes. Así puedo pasear tranquila por la tienda mientras el propietario atiende a los otros compradores. Escuchar el murmullo de su voz en la distancia me permite moverme sin el sobresalto de descubrir el reflejo de su ojo de cristal destellando en cualquier vitrina.

En medio de la penumbra observo los extraños objetos expuestos en los estantes: pirámides de tres lados, minerales pulidos, pequeños frascos llenos de turbios contenidos. Nada reclama mi atención de manera especial. Sin embargo, estoy segura de que el impulso que me ha conducido hasta este lugar tiene una razón de ser; lo percibo en el aroma a incienso que lo llena todo. Una atmósfera hipnótica me anuda las muñecas con unas cuerdas invisibles que me retienen. Echo un vistazo a mi alrededor; todos parecen seguros de lo que desean adquirir. (más…)

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Ayer, 22 de junio, se celebró en Madrid la entrega de premios del IV Certamen Literario Madrid Sky. Fue un acto emotivo en el que la ganadora fue la literatura, y los protagonistas fueron una vez más los autores finalistas y sus relatos. Un acto que sirvió para seguir consolidando el certamen Madrid SKY poco a poco.

D. Antón Alonso Suarez, en nombre de la revista digital Vinos y caminos, entregó el primer premio del IV Certamen Madrid Sky a Dª María Posadillo Marín, que resultó vencedora del concurso con el relato “Tal vez mañana”.

Sergio Torres Alonso, en nombre de la academia Heisenberg, entregó el segundo premio a D. Jesús Gella Yago, por el relato La posada al final de la Tierra.

Salvador Pozo Gómez, en nombre de la cervecería La Rebujita, entregó el tercer premio a Dª. Marina Aparicio Arribas, por el relato Flores Mustias.

 

Acta del jurado de la IV edición del certamen literario Madrid Sky

El jurado de la IV edición del certamen literario Madrid Sky ha estado compuesto por Dª. Julia Viejo Sánchez (ganadora de la 1ª edición), D. Santiago Eximeno Hernampérez (ganador de la 2ª edición), Dª Rakel Ugarriza Lacalle (ganadora de la 3ª edición), Dª. Lourdes Chorro Capilla, y D. Aitor Manero Oteiza (miembros de la asociación Primaduroverales). Como secretario del jurado, sin voz ni voto, ha actuado D. Vicente Moreno Nieto (miembro de la asociación Primaduroverales).

El jurado constata que a la IV edición del certamen literario se han presentado 364 relatos.

El jurado, reunido el 8 de junio, comunica que los diez relatos finalistas son los que figuran en la siguiente relación (orden alfabético del relato):

Título Autor
D.F. Wall Inocencio Javier Hernández Pérez
Ella Lola Sanabria García
Flores mustias Marina Aparicio Arribas
La posada al final de la tierra Jesús Gella Yago
La visita Daniel Calles Sánchez
Mal genio Alberto Porras Echavarría
Neones rosas Francisco de Paz Tante
Por Sonsoles, a mi manera Alberto Ramos Díaz
Silenciosos y lejanos José Quesada Moreno
Tal vez mañana María Posadillo Marín

Entre los diez finalistas, el jurado del IV Concurso de Cuento Corto MADRID SKY ha resuelto que:

El segundo finalista, y tercer premio, es Dª Marina Aparicio Arribas, con el relato “Flores mustias”.

El primer finalista, y segundo premio es D. Jesús Gella Yago, con el relato “La posada al final de la tierra”.

El ganador del concurso es Dª María Posadillo Marín, con el relato “Tal vez mañana”.

 

Madrid, a ocho de junio de 2017

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