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Posts Tagged ‘Miguelangel Flores’

Con motivo de la celebración del 25º aniversario de la creación de la Empresa Municipal Aguas de Cádiz, S.A. y con el objetivo de poner en valor la histórica fuente conocida como “Los niños del paraguas”, del Parque Genovés de Cádiz, tras su restauración, esta empresa ha convocado el concurso de microrrelatos “Los Niños del Paraguas”:

Fuente de los niños del paraguas parque de genovés cadiz ¡ (3)

El concurso constaba de tres categorías diferentes de participación:

  1. FICCIÓN: los autores/as narrarán una historia ficticia ambientada en cualquier lugar, y cuyos protagonistas sean una pareja de niños y un paraguas.
  2. VIVENCIAS: relatos en los que los/as autores/as narren una experiencia o un recuerdo de su vida personal o familiar relacionado con la fuente de “Los niños del paraguas” y el parque Genovés.
  3. INFANTIL Y ADOLESCENTE:

Publicamos en PRIMADUROVERALES dos relatos de este certamen que han participado en la categoría FICCIÓN. El relato ganador, titulado El escondite, de Miguelángel Flores, escritor que resultó ganador de la VI edición del certamen Madrid Sky, y uno de los relatos finalistas, titulado Aprendizajes, de Patricia Collazo, que fue finalista de la V edición del certamen Madrid Sky y lo ha sido en la actual, la VII, en la que todavía no se ha fallado el premio. Nuestras felicitaciones a estos dos autores.

 

El escondite

Miguelángel Flores

Primer premio del concurso de microrrelatos Los niños del paraguas

Categoría ficción

A mi hermana la perdimos esta mañana dentro de un paraguas negro. Era del abuelo, del que se murió de pronto y sin ganas. Siempre está en el paragüero de la entrada. Mi madre no quiere deshacerse de él; para no olvidarlo, dice, o por si llueve.

Rosina lo cogió para jugar y mamá le chilló que ni se le ocurriera abrirlo dentro de casa, que traía mala suerte. Pero ella, que ya lo había abierto, con el grito se puso tan nerviosa que lo cerró estando debajo y la tapó entera. Viendo que no salía, lo desplegaron y Rosina ya no estaba. Mi madre se ha llevado una irritación de las suyas y tuvieron que darle Agua del Carmen. Hay que ir a buscarla, dijo alguien. Y he ido yo, porque si no, me tocaba poner la mesa.

Llevo rato aquí y aún no la he visto. Esto está lleno de niños perdidos o fugados, jugando al escondite. Me he sentado a esperar a que la encuentren o a que salga ella para salvarse. Entonces, me acercaré y le diré que tenemos que irnos, que mamá casi se desmaya y que nos están esperando para comer.

 

Aprendizajes

Patricia Collazo González

Finalista del concurso de microrrelatos Los niños del paraguas

Categoría ficción

Lo del paraguas colgado en el picaporte de la puerta de entrada es de las primeras cosas que aprendimos. Tampoco es tan difícil. Si cuando llegamos del cole, el paraguas rojo de mamá está colgado en la puerta, significa que tenemos que entrar en silencio y prepararnos la merienda. Bueno, yo se la preparo a Jaime, que para eso soy la mayor.

Lo siguiente que aprendimos fue a decirle a papá que mamá salió a hacer un recado si llama desde el barco en tarde de paraguas.

A jugar al ajedrez todavía no aprendimos. Y parece un juego muy divertido. Para eso tenemos que crecer un poco más, dice mamá cuando le pedimos que nos enseñe.

Mientras tanto, estoy aprendiendo a subir el volumen de la tele de la cocina en cuanto las partidas en el cuarto de mamá empiezan a ponerse más reñidas. Para eso soy la mayor, y no puedo permitir que Jaime la escuche gritar palabrotas y chillar amenazando con comerles la torre, cuando sus amigos están a punto de darle jaque mate. Por más tarde de paraguas rojo que sea.

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Pocas veces hemos visto a un concursante tan contento como vimos a Miguelángel Flores el día que ganó el VI certamen Madrid Sky. Su cara irradiaba felicidad, se le dibujó una sonrisa enorme y a todos los que estuvimos cerca de él nos transmitió un poquito de esa felicidad y esa alegría que emanaba a borbotones de él. Luego demostró que es una persona agradecida, muy agradecida. Recibió con una alegría tremenda la publicación de su relato y, unos días más tarde, la grabación de un podcast con su relato, El amor por la ventana, en el magnífico blog Avozencuento, administrado por nuestro compañero José Jesús García Rueda.

Pero la vida no sonríe a todas horas, y cuando le pedimos una colaboración a Miguelángel Flores estaba pasando por un momento muy duro a causa de la enfermedad de dos familiares directos. No podíamos saber la circunstancia tan dolorosa que estaba atravesando nuestro, podemos decirlo ya, nuevo amigo. La vida ha golpeado con dureza esta vez con una de esas sacudidas que dejan mella para siempre, y le ha dado un bocado tremendo a parte de esta alegría que Miguelángel transmite. Sin embargo, él no ha querido faltar a su palabra y nos ha enviado su colaboración. Ha escrito esta vez con el corazón, con tristeza, con dolor, pero ha escrito lo que quería escribir, la verdad que le ha salido de dentro tal y como la ha querido contar. Cada palabra de este artículo está desgarrada por el dolor, por eso es necesario valorar la importancia de esta colaboración por su inmensa generosidad y por su hondura, porque está escrita desde un lugar desde el que muy pocas veces podremos escribir. Nuestro deseo es que la literatura sirva para devolverle poco a poco a Miguelángel Flores esa sonrisa que, por ahora, le ha quitado. Gracias, Miguelángel. Gracias, amigo.

LORCA ERA MARICA

Por Miguelángel Flores

Lo dijo tal cual el Cefe, uno que era muy guapo pero muy chulo y muy borde y muy imbécil y muy cabrón. Iba un curso más arriba. Yo no tenía nada contra él, pero él sí todo contra mí. Lo dijo estando en el recreo de la mañana. Y yo, que acababa de abrirme una pantera rosa, estuve a punto de tragármela con papel y todo para que no me delatara. Al final, opté por esconderla bajo la bufanda y avisé a uno que tenía al lado, que ni era amigo ni nada, que iba al lavabo. Y allí me la comí despacio, apretando el envoltorio en un puño y sin dejar de pensar en lo que había soltado el Cefe: Lorca era marica.

Yo de Lorca hasta entonces conocía lo poco que salía en los libros de texto del colegio. Recuerdo algunos poemas como “El lagarto está llorando” o “Romance de la luna”. Aunque aún no sabía de lo importante que era para él esa luna. Más tarde llegaría Manzanita con su “Verde que te quiero verde”, que yo tarareé a todas horas con mis hermanas, y que puso banda sonora al Lorca que ya anidaba a “tutiplén” en mi cabeza.  El mismo que fue restando espacio al Machado, de los mismos libros de lengua, y a Bécquer, del que sí tenía a mano su “Rimas y leyendas”, encuadernado en tela granate, con letras doradas, a juego con otros tantos ejemplares de otros autores, que servían de adorno en aquel mueble de madera oscura al que no le podíamos poner los dedos encima porque se marcaban. Bonita era mi madre con sus cosas.

La cosa es que aquella frase proclamada por el perdonavidas de mis patios de la EGB, me persiguió hasta ya bien pasada la adolescencia. Lorca era marica y por lo visto, no se podía decir. Salvo el Cefe, que lo cascó sin más. Y sin menos. Para un niño que nunca jugó al fútbol, a no ser que no hubiera más remedio; que se entretenía a escondidas con los recortables de sus hermanas; que siempre se quedó con las ganas de pedir una muñeca a los Reyes, que a lo máximo que osaba era a pedir unos patines; para correr mucho, añadía inmediatamente. A un niño con esas características, digo, en aquella época, una afirmación así fue como si le abrieran un huequito en la mazmorra, que cada vez se volvía más pequeña y oscura, por la que sacar la nariz para respirar como todos. Sospechar que García Lorca podía haber sido un niño con el mismo miedo que tú, pero que luego de mayor llegó a convertirse en el gran escritor que todos conocían, me hizo sentir que no estaba tan solo ni tan enfermo en aquel mundo de sanos y avenidos. Eso sí, desconocía, y aún tardé mucho en enterarme, que ese fue uno de los motivos por los que el poeta granadino fue asesinado.

Después de aquello y a lo largo de los años posteriores, mi afán intermitente fue hallar la certeza de que era verdad. De que el Cefe en aquella época ya sabía algo que los demás ni intuíamos. Porque el Cefe era un cazurro bien peinado, pero no era tonto, ni mentiroso. Claro, yo no osé llegar a casa y preguntar si Lorca era marica. Lo primero, porque por entonces muchos en casa no habrían sabido ni quién era ese señor. Y lo segundo, porque que a mí me importara saber si un hombre era marica o no, era levantar muchas sospechas. Más aún. Tampoco lo pude preguntar en el colegio. No por entonces. Bastante problema tenía ya con esa mano lánguida que me dejaba en evidencia continuamente, como si tuviera vida propia, ante los demás.

Así que yo, que leía de continuo y hasta entonces me había conformado con cualquier cosa que hallara por casa: fotonovelas de Corín Tellado, novelas de Marcial Lafuente, El Caso, tebeos, y aquellos libros que decoraban nuestra librería, deseé con todas mis fuerzas conocer más profundamente al autor que podía darme luz. De modo que comencé a ir a la biblioteca del barrio y, entre libro y libro de “Los Hollisters” y “Donald y el tío Gilito”, buscaba en sus poemas, a ver si realmente hallaba una pista que me sacara de dudas y de tanto silencio. Conseguí leer enteros “Romancero Gitano”, “Poema del cante jondo” y todas las obras de teatro publicadas hasta entonces. Leí “Los títeres de cachiporra”, “Doña Rosita la soltera”, “El amor de Don Perlimplín”, “La casa de Bernarda Alba”… En todo, en cada verso, cada réplica, cada estrofa, creía atisbar un pequeño mensaje, una pista, una minúscula señal de su secreto. Fue por esa época que me dio por ser lorquiano a más no poder. Y lo mismo escribía poemas, que pequeños textos teatrales, con mucha luna, mucho puñal, mucha plata, mucho simbolismo y mucho desgarro de entrañas y de lo que hiciera falta desgarrar, con tal de que se viera hasta arriba de duende y mensajes por descifrar.

Hasta que llegué al instituto no pude preguntar abiertamente sobre ello. Fue a mi profesora de lengua castellana, que se llamaba Carmen. Un día a solas y cuando ya tenía la certeza de que no era peligrosa. Ella me respondió: sí, Miguel Ángel (por entonces aún me llamaban por mis nombres separados), sí, me dijo, Federico García Lorca era homosexual. Vamos, marica, le dije yo, que no quería llevarme a error ni desilusiones. Ella fue también la persona que me habló, siempre muy bajito, por primera vez de “Los sonetos del amor oscuro” (aún por entonces prohibida su publicación en España) y de sus amores con Dalí y de las causas de su asesinato. En aquel tiempo ya hacía unos años que el dictador había muerto, pero para nadie era fácil conseguir información clara sobre el tema. Con los años se hicieron series en televisión. Y vieron la luz sus sonetos. Y las cartas que intercambió con el pintor y otros autores y amores. Y se publicaron ensayos sobre sus relaciones amorosas. Y yo, aunque ya no necesitaba sentirme respaldado, ni precisaba de apoyos para levantar la cabeza como cualquiera, y la mazmorra oscura la había hecho añicos a base de besos y refriegas, como agradecimiento, me fui haciendo con todo lo que se publicaba de él y sobre él. Porque yo, que toda mi vida busqué salvarme, con Lorca descubrí la dicha de no hallar la salvación.

Miguelángel Flores. Enero 2020.

 

Miguelángel Flores ha escrito más de una veintena de micropiezas de teatro y ha destacado en diferentes concursos de microrrelato: En el certamen Relatos en Cadena fue finalista anual los años 2013 y 2014. También ha ganado los certámenes Wonderland, La Microbiblioteca y el certamen Monte de Piedad-Carmen Alborch, entre otros. En 2014 publicó con la editorial Talentura su primer libro de microrrelatos en solitario: De lo que quise sin querer. Actualmente sigue escribiendo teatro y microrrelatos con la idea de publicar un nuevo libro. Mientras tanto mantiene vivo un blog de microrrelatos y otros atrevimientos, al que llama Eternidades y Pegos porque considera que la vida está llena de ambas cosas.

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Por Olga M. Torralba

Me acerqué a Miguelángel en el vinito tras nuestro Madrid Sky para darle la enhorabuena e intercambiar unas palabras, y nos quedamos enganchados entre risas y complicidades el resto de la tarde. Ese clima que a veces sucede cuando las personas conectan hizo ¡chas! y varias Primaduroverales, él, su marido y su amiga Sandra, quedamos imantados.

Cuando Manuel Pozo me ofreció la oportunidad de entrevistarle la cerré como contrato blindado.

Miguelángel tiene el corazón lleno de letras y la mirada de posibilidades, se le van cruzando y así teje sus relatos, sus reflexiones, sus obras de teatro, y cuando le parece nos las deja sobre un folio. Así, como si nada.

En primer lugar, decirte que estoy encantada de entrevistarte como ganador del concurso Madrid Sky VI, ya que como escritor evidentemente has triunfado entre nosotros y es muy bueno tener a alguien de tu talento cerca de Primaduroverales. Pero además tuve la oportunidad de conocerte personalmente entre vinos, después de la ceremonia, y eres de esas personas a las que no hay que dejar escapar. Así que si nos das la oportunidad nos gustaría saber de ti un poco más como escritor y como persona. Dinos, ¿te gusta que en los concursos te marquen unas directrices como en Madrid Sky limitando el número de páginas y con una frase, tomándolo como un reto, o prefieres escribir sin límites y adaptarlo después al concurso? 

Pues me gusta porque son un reto. O sea, si escribo para un concurso, me adapto y busco dar lo mejor dentro de los límites que el certamen impone. Y disfruto con ello. No deja de ser un juego, escribir siempre es un juego.

Pero no me gusta amoldar un relato que ya tenga escrito para adaptarlo a nada. Si ya lo di por terminado en su día, ya tiene vida propia. ¿Sabes cuando a los perros les cortaban las orejas y el rabo, cuando estaba permitido, para que encajaran mejor en lo que se creía que era el estándar de belleza de esa raza en cuestión? Pues esa es la sensación que me ha dado cuando alguna vez se me ha ocurrido hacerlo con un relato para que encajara en algún concurso. Es como si el relato te mirase con sus ojillos de micro y te dijera: ¿pero por qué me haces esto, qué te he hecho yo?

No sé. Ahora me estoy poniendo dramático y me está dando no sé qué por las veces que lo he llegado a hacer, mira tú. Pobrecillos.

Jajaja, sí que tienen vida tus relatos. ¡Incluso orejas y rabo! Así que lejos de limitarte, los concursos te dan la oportunidad de empezar a jugar. ¿Eres metódico escribiendo con horario y lugar, o te mueves en la improvisación?

Suelo escribir sobre todo por las mañanas, cuando tengo las ideas aún por estrenar. Aunque también, si la necesidad me aprieta, puedo hacerlo a cualquier hora y en cualquier sitio. A veces me despierto muy temprano, y antes de ponerme al ordenador, en la cama, ya empiezo a escribir sin luz y sin abrir los ojos. En ocasiones al levantarme, tengo un micro ya tan repasado, que solo tengo que transcribirlo al ordenador, sin apenas ya pensar ni nada. Sí que es cierto, al contrario que mucha gente, no me gusta escribir con música de fondo. Prefiero, si puedo, siempre el silencio.

También me gusta mucho escribir de cabeza cuando voy caminando un largo trecho. Llevo libreta siempre encima, pero no la uso en esas ocasiones, o ya no tanto. Me lo apunto en la cabeza.

Alguna vez también estoy en casa y me preguntan: ¿qué te pasa, estás preocupado por algo? No, contesto, es que estoy escribiendo. O me despido, yendo de copiloto en el coche con un “voy a escribir”, cierro los ojos y me pongo a ello. No sé, lo mismo debería ir al médico.

¡Qué bueno! Has desarrollado una capacidad de trabajo de lo más íntima, incluso con gente alrededor. A mí me parece fantástico. Miguelángel, ¿Cuáles son hasta ahora los temas que más repites en tus relatos y a qué se debe?

El amor, sin duda. El amor en todas sus variantes y en todos sus estados. En el amor y en todo lo que somos capaces de hacer y no hacer por él. El amor de madre, de pareja, de hermano, a las cosas, a la tierra, a tu pasado. Al pasado sobre todo. Casi todo lo que escribo tiene un punto de partida de mi pasado. Y no es que yo haya matado, ni he volado con alas, ni me he suicidado, ni me he comido a nadie, literalmente, digo. Pero, como todo el mundo, tengo un pasado que no ha sucedido, pero pudo haberlo hecho. No sé si me explico. Uno guarda en el recuerdo un detalle minúsculo de su vida y cuando va a buscarlo ha crecido como si el detalle fuera una semilla que se ha convertido en una enredadera salvaje que no ha respetado límite ninguno y sale lo que sale. Uno guarda sin saber para qué ni por qué, hasta que un día le sirve para escribir una historia partiendo de ese detalle minúsculo, de esa riña que presenció, de un vaso que se vuelca, de un gato que desaparece con la luz, de una vecina que lo pierde todo en una riada. O, imagino, las guarda para que cuando sea muy viejecito, recordarlas callando y hacer como si uno fuera feliz solo con estar sentado al fresco.

Qué bonito lo que dices. Son como detalles que se te quedan enganchados por alguna razón, como pidiéndote que los des recorrido ¿verdad? 

¿Has notado si ha evolucionado tu forma de escribir? ¿Y los temas? 

Los temas no han evolucionado mucho. Como digo, sigo hablando del amor, de la niñez, de lo injusto que es vivir para algunos. O para todos en algún momento. De las dudas eternas de los seres humanos, o al menos de los que tengo cerca, que lo normal es que se parezcan al resto.

Quizá he evolucionado en la forma. Pero si lo he hecho no ha sido conscientemente. Es curioso que leo algunos relatos de mi libro y ahora los escribiría de otra manera. O los recortaría, lo contaría con menos palabras. Ay, esa tendencia a recortar (salvo en esta entrevista).

Aunque también a veces acudo al mismo libro o a escritos que tengo por ahí antiguos y lo hago para buscarme, para dar conmigo. Me releo persiguiendo esa espontaneidad que no quiero perder, esa forma mía de ser tan yo escribiendo. Muchas veces soy más yo en mis letras que en todo un día respirando y haciendo lo que hacen en un día aquellos que respiramos.
Escribo sobre el amor. Y la muerte. Soy muy típico. Pero sobre todo el amor. Me muevo muy a gusto en estos dos temas. Quizá porque llevo toda mi vida enamorándome. Y toda también sin morirme, jajaja.

Esos creo que son los temas principales en los que me muevo. Luego estarían los subtemas. Los celos, la envidia, la nostalgia, la pena, el engaño, el enamorarse, el desenamorarse, los malos entendidos, el dolor, el malquerer. Me interesa la perplejidad que producen ambos temas. Escribo mucho sobre personajes perplejos. Creo que siempre nacen así. De hecho, mi voz literaria creo que es pura perplejidad. Lo mismo es que vivo perplejo. Sí, seguramente, va a ser eso.

Es estupendo no dejar de sorprenderse en la vida ¿no? Y si no te sorprende le cambias el final para que así sea. Así eres. Jajaja ¿Algo o alguien en tu vida propició que decidieras escribir? 

Quizá que de pequeño leía mucho. No es que venga de una familia de lectores de grandes obras, o de intelectuales. Teníamos una librería como en todas las casas, de lomos todos iguales, que apenas se tocaban. Con los años sí que mi familia se ha convertido en una gran lectora. Leen de todo, que es lo mejor. Pero de muy pequeño, en casa leía las fotonovelas de mis hermanas: Corin Tellado, Lucecita y cosas así. Y los tebeos que había siempre en los laterales del sofá: TioVivo, Lily, Pulgarcito. Luego crecí un poco y empecé a leer El Caso, de mi padre, y el Pronto. Ya digo, una familia de lo más normal. Pero todo eso sí que me hizo disfrutar del silencio mientras leía. Interesarme por las vidas de los demás, imaginarlas y acabarlas como yo quisiera en mi cabeza. Luego empecé con Los Hollister, los cuentos clásicos que les compraban a mis sobrinos y libros que entraban en casa de Círculo de Lectores. Pronto descubrí a Becquer, luego a Lorca y Machado. Y de vez en cuando iba a la biblioteca del barrio. Una a la que algunos vecinos iban a darse el lote en las mesas del fondo.

Pero sí recuerdo que ya en primaria me gustaba hacer redacciones, que los profes siempre valoraban positivamente. Incluso en clase de lengua, al buscar ejemplos de frases, me esforzaba en que tuvieran su qué. A veces me preguntaban los maestros que de dónde las sacaba. Y era solo que no me conformaba con: “El niño juega con una pelota”. Ya de pequeño prefería poner sujeto, predicado y sentimiento.

Sin duda el sentimiento, tu capacidad y el trabajo han dado buenos resultados en tu camino de escritor. ¿Tienes algún relato o micro propio del que te sientas más orgulloso? ¿Podrías dejarnos aquí unas líneas para que disfrutemos de ello?

Te pongo dos y tú escoges:

LA EXPLICACIÓN

Con esa exactitud tan característica de la ciencia, lo que no flota, se hunde sin remedio; lo que no vuela, cae al suelo. La energía, pura o no, nunca se destruye, pero sí se transforma. Y mucho. Y se convierte en otra cosa. Y aunque la recta tiene una dirección, no olvidemos que también posee dos sentidos. De ida, y de vuelta. Todo lo que sube, baja; lo que entra, sale. Y lo infinito solo está en el cielo. Solo. Por inercia, todo se mueve o reposa. Y la inercia, créeme, es lo peor. Vamos, para que me entiendas, que he dejado de quererte. De corazón y científicamente.

SUELTA

Jamás tuvo costumbre de ceñirse la cintura. Como no la tuvo nunca para sujetarse el pelo en una cola, ni usar sandalias de atarse. Ya de niña era incapaz de mantenerse en fila formando para entrar a clase, o de aunar en su mano las varas de retama que recogía en el camino. Tampoco aprendió a colorear dibujos sin salirse de los bordes. Y dejaba escapar adrede los globos, solo para mirarlos subir, decía. La madre, a la que nada le extrañó, no ha contado a nadie, para que no la tomen por loca, que al parirla, asombrada ,notó con extrema claridad, en vez de a la niña que venía, cómo con el último empujón, de entre sus muslos una bandada de aves alzaba el vuelo.

El primero está incluido en mi libro. El segundo fue posterior a su publicación.

Pues me pasa lo que a ti, que no puedo elegir. Que escojan los lectores de esta entrevista. ¿Un libro? ¡Cuéntanos!

El libro se titula De lo que quise sin querer lo que quise sin querer”. Es un libro de microrrelatos, publicado por la Editorial Talentura, gran defensora e impulsora del género, que es de aquí, de Madrid. Se publicó en el 2014. Consta de 114 piezas escritas que, como su título indica, habla de todo aquello que uno acaba haciendo y queriendo, sin proponérselo. Como respirar, o recordar. Lo escribí un poco igual que vivo, por impulsos, poniendo mucho estómago y pecho y muy poca cabeza y sesera. Tirando mucho de mi pasado para hacer un collage con el presente, y que quede algo verdadero y que duela; que duela bien, con dulzura, con cariño, risueño, pero que duela. De hecho, mucha gente me dice, el libro es como tú, niño. Leo y parece que te esté oyendo hablar a mi lado. Y ahora, si lo pienso muy a fondo, da un poco de miedo ¿no?

Está dividido en tres partes: “Cosas de amar”, “Cosas de morir” y “Otras cosas sin querer”. Este libro me ha dado muchas, muchas alegrías. Y me las está dando aún. De hecho, hay incluso dos obras de teatro basadas en textos de este libro. Fabulantistas, de la compañía “Pendientes de un Hilo”, y “Del amor, la muerte y otras chiquilladas”, esta escrita por mí y aún sin estrenar.

Que duela con dulzura dices. Estoy convencida de que es de esas obras evocadoras, que te deja con ganas, y de las que se saca algo para escribir. En cuanto al teatro, recuerdo que comentamos después de la celebración del Madrid Sky, lo compaginas con la narrativa. ¿Ha sido siempre así?

Si, también escribo teatro desde bien jovencito. Pero no lo he hecho continuamente a lo largo de mi vida. He tenido etapas.

Tengo varias obras estrenadas, como la que se mantuvo aquí, en el Teatro Alfil, casi un año en cartel: Anda que no te quiero, y que hace poquito se ha utilizado también en una escuela de teatro de Barcelona, “Plató de cinema”, como trabajo de final de carrera de unos alumnos. Me encantó el trabajo que hicieron. Mira, y esa en concreto la escribí a principios de los noventa. Creo que ha sabido envejecer. Tengo otras también estrenadas y otras que aún esperan la ocasión.

Últimamente he escrito mucho microteatro, piezas que no pasan de 15 o 20 minutos. De estas tengo una veintena, casi todas estrenadas. Y también tuve una de ellas en Madrid, en “Microteatro por Dinero”, la pieza “La más indicada”. Todo mi teatro es muy yo también, dicen. Es curioso que cuando alguien ve o lee alguna de mis obras, me cuenta que es como si yo sobrevolara el escenario, o como si se estuvieran leyendo de nuevo el libro u otro nuevo, pero parecido. Cosa que, según se mire, no sé si es buena o mala. Jajajajaja

Pero lo cierto es que puedo presumir, y lo sé porque a fuerza de que me lo repitan, he pensado que debe haber algo de cierto en ello, de tener voz propia. Y eso me da que es bueno. O no. Vete a saber. Porque si esa voz personal es un churro y me lo repiten con segundas, cagado la hemos.

Lo más importante, eso sí que lo tengo clarísimo, sin que nadie me lo tenga que decir, es que debes sentir que disfrutas mientras estás escribiendo. Porque se trata de eso. Y si no estás gozando en ese momento, es que a lo mejor estás escribiendo en falso. O no lo estás haciendo para ti. Y no escribir para ti, estoy seguro de ello, no debe ser bueno.

¡Cómo me gustan tus títulos! No dejes de avisarnos para la próxima representación de una obra, que estaremos encantados de asistir.

Ya que esta entrevista sale de tu merecido primer premio en el Madrid Sky me parece pertinente mencionar algunos otros en los que también has sido premiado o finalista. El mismo día de nuestro concurso, te notificaron que eras el Ganador Anual en la categoría en castellano del VIII Certamen de La Microbiblioteca. Además, a esta final era la cuarta vez que llegabas. También has sido finalista anual en Relatos en Cadena, durante dos ediciones. En la segunda, te quedaste con el Tercer Premio.

El pasado año también recibiste uno de los tres accésits en el II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad Carmen Alborch y fuiste uno de los tres ganadores del Primer Certamen de Microrrelato del Ajuntament de Montcada i Reixach, además de ganador o finalista en otros muchos concursos de microrrelato.

La revista Vinos y Caminos es la patrocinadora del primer premio del certamen literario Madrid Sky.

¿Has concursado con alguna obra de teatro?

Aparte de haber tenido obras seleccionadas en diferentes muestras teatrales, como Casa Groga o Píndoles, este año me presenté por primera vez a un concurso de textos teatrales, el VI Premio de textos de teatro Carro de Baco, resultando ganador con la pieza, “La Sombra”, que ellos mismos pondrán en escena el próximo octubre.

¿Recuerdas alguno de los premios con especial cariño?

No sabría escoger cuál me ha hecho especial ilusión. Quizá el del teatro, por ser la primera vez que gano algo así. O el de La Microbiblioteca, por lo que supone conseguir un premio tan concurrido. O este de Madrid Sky, que no me esperaba para nada. O los de Relatos En Cadena, por todo lo que supone, y hablar con Francino, y que te escuchen por la radio. O uno que organiza mi amiga Esperanza en Soto de Sajambre, llamado el Roblón, donde he sido finalista varias ediciones. O el de Realidad Ilusoria, de mi tocayo Miguel Ángel Page, que organiza cada año por Navidad, en el que siempre quedo finalista y espero ganar algún día. O el de Cartas de Amor Antonio Villalba, de Escuela de Escritores. O el de… Jo ¿he de escoger solo uno?

Jajaja, no, ya veo que tienes cariño para dar y tomar. ¿Miguelángel qué recomendarías a alguien que comienza a escribir y qué errores le evitarías?

Que escriba, que escriba, que escriba y que lea. Que lea, que lea y que escriba. Y que corrija mucho. Y que se atreva. Que se atreva, que todo ya está escrito y todo está por escribir.

Nuestro patrocinador del primer premio “Vinos y Caminos” nos acompaña hace unos años. ¿Qué te sugiere su nombre como escritor? Es decir, en dos pinceladas, ¿de qué escribirías un relato al respecto?

Un sumiller, un catador de vinos en busca del caldo perfecto, que recorre países y territorios, hasta, después de muchos viajes y desilusiones, dar un día con él, justo en la bodeguilla de toda la vida de debajo de su casa.

Antón Alonso entrega el primer premio del VI certamen Madrid Sky a Miguelángel Flores

Muy interesante, al final encontrar cerca lo que buscas después de viajar y enriquecerte con ello, para aprender realmente a “ver” lo que nos parece que no puede ser tan fácil. Para terminar, ¿qué libro nos recomendarías y qué relato? 

Pues mira, ahora mismo recomendaría “Hierba veloz y púrpura”, de Asier Susaeta, que me estoy leyendo estos días y me está dando mucho que pensar. Es un libro de microrrelatos. También podría recomendar el libro que más veces he leído y que más he recomendado: La vida ante sí, de Emile Ajar. Lo leo desde adolescente una y otra vez. Creo que su forma de contar las cosas influyó mucho en la manera de hacerlo a mí. Esa voz infantil que aflora en muchos de mis textos es prima de la de este libro. O es prima o son del mismo barrio.

En relatos: Casa Tomada, de Cortázar. O cualquiera de Ana M. Shua o de Millás. De Manu Espada, de Ginés Cutillas. O más nuevos, de Mar Horno, de Portabales, de Víctor Lorenzo, de Lola Sanabría. Ernesto Ortega, Jesús Esnaola, Pedro S. Negreira… Uf, no acabaría nunca.

Hay muchos autores, de los reconocidos, de larga trayectoria, y de los de nueva hornada, que antes se lo han leído todo a los anteriores y se nota, de los que hay mucho, mucho que aprender. Mucho, mucho, mucho. El microrrelato, y con él el relato, está en auge, y es una gran época de cosecha. Hay que aprovecharla.

Muchas gracias por tus consejos literarios, por esta extensión de ti mismo, por tu entusiasmo y tu talento, y por dejarnos descubrir todas estas facetas tuyas. Nos encantará seguirte en tus caminos a través de la literatura y personalmente. A Primaduroverales nos gustaría mantener este vínculo que acaba de formarse, así como ocurrió con premiados de anteriores ediciones. Gente estupenda que escribe estupendamente.

Ha sido una suerte conocerte y un placer entrevistarte Miguelángel. Te deseamos muchos éxitos y sobre todo que sigas disfrutando de la literatura como lo haces, y que nosotros lo sigamos haciendo también con tus obras.

 

Olga Torralba es miembro de la asociación Primaduroverales, Grupo de Escritores.

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Miguelangel Flores leyendo El amor por la ventana.

Miguelángel Flores dejó una gratísima impresión a su paso por el VI certamen Madrid Sky por su simpatía y por su entusiasmo. Fue el ganador en una edición muy competida que ha puesto las cosas muy difíciles al jurado, ya que al menos una treintena de relatos podrían haber llegado a la final por su alto nivel literario. El relato ganador se titula El amor por la ventana, un cuento que según el criterio del jurado maneja a la perfección el realismo mágico, y en el que el autor consigue que parezca normal la presencia de un hombre en una cornisa al mezclar con habilidad elementos cotidianos con lo extraordinario.

Miguelángel se considera a días un sabadellense nacido en Córdoba y a ratos, un cordobés criado en Sabadell. Escribe microficción y teatro. Lo primero cree que desde siempre, lo segundo, desde un poco más tarde. Y no se le debe dar mal porque el mismo día de la entrega de premios se falló la VIII edición del Premio Anual de Microconcurso de la Microbiblioteca, en el que ha resultado ganador en la categoría en castellano.

Ha escrito más de una veintena de micropiezas de teatro y ha destacado en diferentes concursos de microrrelato: Relatos en Cadena, Wonderland, La Microbiblioteca y Monte de Piedad-Carmen Alborch entre otros. En 2014 publicó con la editorial Talentura su primer libro de microrrelatos en solitario: De lo que quise sin querer. Actualmente sigue escribiendo teatro y microrrelatos con la idea de publicar un nuevo libro. mientras tanto mantiene vivo un blog de microrrelatos y otros atrevimientos, al que llama Eternidades y Pegos porque considera que la vida está llena de ambas cosas.

El premio se lo entregó Antón Alonso Suárez, director de la revista Vinos y caminos, patrocinador del primer premio del certamen Madrid Sky. Vinos y caminos es una revista que quiere aglutinar las inquietudes de las personas de cualquier cultura y procedencia que celebran lo grato con vino con las de las personas que transitan los caminos del mundo en viajes insospechados.

Vinos y caminos mantiene una constante y completa información que sobrepasa la actividad turística para divulgar la actualidad general del país en el terreno económico, laboral y político, centrándose en las noticias que de forma directa o indirecta tienen que ver con los sectores de los viajes, el turismo y la cultura. Para Antón Alonso los vinos, los viajes, los libros y la música rompen muchas barreras y contribuyen al mutuo conocimiento forjando amistades y alianzas para siempre. Esa idea la transmite a través de Vinos y Caminos. Y para reafirmarse en ella este magnífico conversador recuerda con frecuencia una cita de Pablo Neruda: “El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría. Caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto”.

El mejor homenaje que se puede hacer a Miguelángel Flores y a Antón Alonso es publicar el relato que les une.

Antón Alonso entrega el primer premio a Miguelangel Flores

EL AMOR POR LA VENTANA

Relato ganador del VI certamen Madrid Sky

Miguelángel Flores

No quería imaginar cómo había llegado hasta allí. Y tampoco se lo pregunté. Sí que me extrañó que no estuviera desnudo, es lo habitual en estos casos.

Yo me había asomado a tender, y él estaba de pie en la cornisa. La verdad, me sorprendió, pero supe disimular.

—Buenos días —le dije, como si fuera lo más normal.

—Buenas —me respondió—. Parece que al final no lloverá.

—No, por eso me he decidido a tender.

Cuando fui a recoger la ropa antes de que el sol apretara y se comiera el color, seguía allí. Sentado y con los pies colgando, se hallaba como ensimismado. Por la tarde, tendí la colada blanca, que al no tener color no temo que se lo coman, y le vi mala cara. Supuse que no habría comido. Le ofrecí un hoyo de pan con aceite y azúcar y merendamos comentado sobre los patios que veíamos abajo. De las plantas que lucían unos, de las que no otros, de la conveniencia de que los armarios de exterior fueran de plástico o resina. Lo normal en esas situaciones.

Después de esa tarde, vinieron otras. A veces, sin tener que tender, salía solo para charlar un rato. O me avisaba él con los nudillos en el cristal de que la ropa ya estaba seca. Una noche tendí una manta, porque dijeron que refrescaría. Por la mañana seguía tapado con ella, pero había dejado un dedo fuera todo el tiempo para regalarme un precioso dedal de escarcha, que se deshizo mucho antes que mi sonrisa boba. Otro día de tormenta salí a ofrecerle un paraguas, pero le daba cosa, dijo, que lo tomaran por un loco funambulista extraviado de algún circo cercano. Así que le presté el barreño de la colada, con el que, agachándose, se cubrió totalmente, pareciendo un repentino hongo azul brotado en la fachada.

Dos meses después decidí dejar la ventana abierta cuando me iba. Un atardecer, al volver del trabajo, me encontré sobre mi cama una rosa negra, hecha de plumas de golondrina. Salí a darle las gracias y él, nervioso, se puso a pasear por la cornisa, arriba y abajo como un palomo hinchando el buche. De hecho, ya se codeaba con las palomas, las tórtolas, las urracas y los gorriones de los alrededores, que lo trataban como si fuera uno más en ese mundo endogámico y volátil de los tejados y las azoteas. Aprendió a repetir mi nombre en ocho cantos y arrullos diferentes. A veces, escuchándolo me hacía pipí encima de gusto, pero, lo mismo que en los noticieros, como solo me veía medio cuerpo, él ni se enteraba, ni tenía yo por qué contárselo. Él, poniendo el oído, susurraba: parece que llueve lejos. Yo no oigo nada, le contestaba, entrecruzando las piernas, para amortiguar el sonido.

Cuando llegó la primavera comencé a dejar la ventana de mi habitación abierta, para que entrara el fresquito. Aunque en realidad esperaba, con toda mi alma entre los muslos, que lo hiciera sobre todo él. Una noche entró. Y a partir de ahí, ya todas. Al despertar, eso sí, volvía a su alfeizar, mientras yo seguía un poco más en esa cama, que ahora olía a cielo abierto e intemperie.

—Sabes, el día que me viste por primera vez, estaba a punto de lanzarme y acabar con mi vida. —dijo un atardecer, sin venir a cuento, después de suspirar.

Intuyendo que aquello iba a cambiarlo todo, me vi obligada a interrumpirle enérgicamente. —¡Pero, bueno! ¿Quién es usted, cómo ha llegado hasta ahí? Vamos, bájese inmediatamente, bájese o llamo ahora mismo a la policía. No, por aquí no, búsquese otro camino.

Y sin más, cerré mi ventana. Me compré una secadora y nunca he vuelto a saber de él. Hay amores que, antes de que se conviertan en Dios sabe qué, es preferible dejar que mueran.

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Un año más nos juntamos un buen grupo de amigos en el acto de entrega de premios del concurso de relato corto Madrid Sky, esta vez en su sexta edición. Pudimos disfrutar de los ocho relatos finalistas leídos con mimo y de la presencia y amabilidad de sus autores, salvo de uno que, desde Argentina, nos mandó un video con un cariñoso saludo. La verdad es que nadie envidió al jurado, ya que tener que elegir entre ellos al mejor ha debido ser una dura tarea.

Miembros del jurado

Esta es la lista de relatos finalistas:

  • “AL BORDE” de Juan Pablo Goñi Capurro
  • “AMANDA, DE VEZ EN CUANDO” de Rodrigo Martín Antoranz
  • “CERRADO POR GESTIÓN” de Domingo Jiménez Lacaci
  • “CON UN SOLO HIELO” de Alberto Ramos Díaz
  • “EL AMOR POR LA VENTANA” de Miguelangel Flores
  • “ESCENA SOBRE LA PERSISTENCIA DE LAS LUCES” de Jesús Tíscar Jandra
  • “GEOMETRIA EN MASA” de José Manuel Dorrego Sáenz
  • “JUVENTUD” de Mayte Blasco

Manuel Pozo, como presidente de la Asociación Primaduroverales abrió el acto con una bienvenida y un gracioso chascarrillo sobre un latifundista gallego; figura literaria al cabo, dada la inexistencia de latifundios en Galicia. Seguidamente Alicia Gallego y José Sainz de la Maza condujeron el acto con humor e inteligentes preguntas a los autores.

Alicia Gallego y Jose Sainz de la Maza

Alicia Gallego y Jose Sainz de la Maza

Lo mejor, sin duda, fue la satisfacción que se dibujaba en el rostro de los finalistas al escuchar sus relatos en voces ajenas y ante una audiencia atenta y entusiasta.

El acto finalizó con la entrega de los premios por parte de los patrocinadores. Question Box entregó el tercer premio a Jesús Tiscar Jandra por su relato “ESCENA SOBRE LA PERSISTENCIA DE LAS LUCES”; la cafetería La Rebujita entregó el segundo premio a Domingo Jiménez Lacaci por su relato “CERRADO POR GESTIÓN” y Vinos y Caminos entregó el primer premio a Migueangel Flores por su relato “EL AMOR POR LA VENTANA”.

Luego tuvimos que hacer un duro camino bajo las altas temperaturas de Madrid para hacernos merecedores de unas cervecitas, refrescos y vinos varios que tomamos en La Rebujita. Mucha sed había ya que se terminó de saciar, para algunos, bien entrada la madrugada.

No me puedo reprimir y hacer un juego con los títulos de los relatos, tratando de emular a nuestra querida Mariaje:

Estuvimos al borde de echar el amor por la ventana pero preferimos cerrar por gestión ya que hacía mucho calor fuera y los vasos ya estaban con un solo hielo, no era cuestión de montar una escena sobre la persistencia de las luces; así es que formamos una geometría en masa y nos encaminamos a tomar unas cervezas, a recordar tiempos de juventud y a Amanda, de vez en cuando.

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Acta del VI Certamen Literario Madrid Sky

 

El jurado del VI Certamen de Cuento Corto Madrid Sky, compuesto por Dª. Juana María Muñoz Cano, Dª. Carmen Marzo Calleja, D. Alberto Palacios Santos, D. Carlos García Valverde y D. Xuan Folguera Martín, reunido el 10 de junio de 2019, ha resuelto que los ocho finalistas del VI certamen literario de relato breve Madrid Sky son, por orden alfabético:

  • Al borde, de Juan Pablo Goñi Capurro.
  • Amanda, de vez en cuando, de Rodrigo Martín Antoranz.
  • Cerrado por gestión, de Domingo Jiménez Lacaci.
  • Con un solo hielo, de Alberto Ramos Díaz.
  • El amor por la ventana, de Miguelángel Flores.
  • Escena sobre la persistencia de las luces, de Jesús Tíscar Jandra.
  • Geometria en masa, de José Manuel Dorrego Sáenz.
  • Juventud, de Mayte Blasco.

De entre estos ocho finalistas el jurado ha fallado que:

  • El segundo finalista, y tercer premio, es el cuento Escena sobre la persistencia de las luces, de Jesús Tíscar Jandra.
  • El primer finalista, y segundo premio, es el cuento Cerrado por gestión, de Domingo Jiménez Lacaci.
  • El ganador del concurso es el relato El amor por la ventana, de Miguelángel Flores.

 

Antón Alonso Suárez (a la derecha), director de la revista digital Vinos y Caminos, y Luis Gulín Iglesias (a la izquierda) representando a bodegas Sameirás, hicieron entrega del primer premio a Miguelángel Flores.

 

Salvador Pozo Gómez (a la derecha), en representación de La Rebujita, patrocinador del segundo premio, hizo entrega del premio a Domingo Jiménez Lacaci.

 

Carlos

Carlos Valle-Inclán (a la izquierda), en representación de Question Box, patrocinador del tercer premio, hizo entrega del mismo a Jesús Tíscar Jandra.

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