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Posts Tagged ‘música y literatura’

Crónica de Juan Santos

Mientras en algunas comunidades celebraban el Corpus Christi, ayer en Madrid era un jueves normal, muy caluroso pero lectivo. Así que, como buenos colegiales, acudimos a la escuela-taller.

De vuelta con los espejos, nuestra flamante compañera Soledad Hernández, como carta de presentación, nos deleitó con un relato a ritmo de vals, lleno de sensibilidad y poesía. Me mata levemente frente al espejo es la historia de una mujer que viaja hasta Viena para reconciliarse con su amor. La voz cálida de Leonard Cohen suena en el ambiente a lo largo de la lectura. Los versos intercalados del poema de Lorca “El pequeño vals vienés” Este vals, este vals, este vals… alimentan de  surrealismo el cuento “El espejo le devolvió un rostro cansado y feliz. Ya le había perdonado y sólo deseaba verle” Le había perdonado… ¿De qué? ¿Se merecía un tipo con unas gafas de espejo ese amor? Las cosas vistas desde cuatro espejos, se ven diferentes. Pobre chica, viajar tantos kilómetros para tener un final así.

En un instante, José Sainz nos hizo dar un salto de Viena a Londres con sus Espejos convexos. Empezó bien, fue un alivio que en el primer párrafo dijera “Hace frío, los adoquines del suelo emiten brillos y siento cómo la humedad traspasa las suelas de mis botas y enfría mis pies como si los mojara”. Podíamos haber apagado el aire acondicionado porque ya estábamos inmersos en la margen izquierda del Támesis en una madrugada de invierno. La infidelidad vista a través de un espejo convexo también duele “Sus gestos, sus movimientos y caricias no eran los de una simple amante sino los de una mujer enamorada, las imágenes, aunque distorsionadas por el espejo, no movían a engaño, ni siquiera quedaba lugar a duda. Ella ya no me amaba a mí, sino a ese otro que había dejado sobre la butaca un traje azul y un bastón con empuñadura de plata”. Hoy ha vuelto de madrugada a esperar a su rival tras los callejones, cuando aparezca por el espejo lo matará, no por acostarse con su mujer, sino por habérsela robado. El relato encuadrado a las orillas del río, nos ha recordado a Dickens y a sus personajes fantasmales.

Con un estilo más distendido Carlos Cerdán nos presentó una historia confeccionada a base de diálogos. Bajo el título de Para eso están las amigas, nos fue desgranando, paso a paso, las vicisitudes de dos amigas con problemas sexuales, una por exceso y la otra por defecto. Con gran finura, sin caer en lo grotesco, los diálogos surgen de forman natural. Un humor muy bien repartido hacen que el relato tenga una lectura amena y simpática.

– Serás asquerosa. Y yo pensando que era una estrecha por no hacerlo. Aún recuerdo que la primera vez que lo hice se me apareció la imagen de la hermana Fuensanta diciéndome que iba a ir al infierno…

– Menuda bruja la hermana Fuensanta. Siempre pensando en lo mismo: qué si vais con chicos, qué si os tocan, qué si os tocáis…

Al final, todos contentos, muchas veces no hacemos más cosas por no hablarlas.

Por último, Paco Plaza nos leyó una segunda versión de su Muerte dulce. El relato sigue siendo igual de bueno que el primero, lo que pasa es que ahora, los que no sabemos jugar al mus, lo entendemos mucho mejor. Órdago a la grande. Sí. Tú ganas, Paco.

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Y allí estábamos para ponerle voz a nuestros personajes en el último acto de la temporada. Dicen que el segundo pase fue mejor que el primero, y el tercero mejor que el segundo, aunque los tres estaban envueltos en el tono tétrico de nuestros relatos de este año. Al menos el último pase arrancó alguna sonrisa del público con el ojo morado de Ramiro, la mujer nerviosa de la cita en el café, el niño bombilla, los novios de párvulos y el suicida de la pistola sin balas. Creo que para el año que viene deberíamos escribir más para el público (para divertir al público) y menos para nosotros (la actuación de fin de curso no es el momento de un microrrelato profundísimo).

Pero esta solo es una de las ideas que expongo aquí ahora y que tendrán continuidad en los próximos días, como por ejemplo, la de la publicación de un nuevo libro. Después de la actuación, en las cervezas, entre todos retomamos el asunto del futuro libro. (Tuvimos que tomar dos rondas, por culpa del calor y porque nos tomamos la de los compañeros que no vinieron). Y la consecuencia fue que ya se propusieron algunos temas como hilo argumental para unir todos los relatos:

  • La comida.
  • Qué se ve al mirar por el ojo de una cerradura.
  • Las relaciones con los padres/madres.
  • La música.   

Ahora toca pensar en otros posibles temas para que el jueves día 7, en la terraza de nuestras vidas,  con unas cervezas cuya espuma evoque el mar y unas patatas bravas tan ardientes como el deseo más incontenido seamos capaces de unificar nuestras mentes en un único pensamiento (esta última parida va por lo del tema de la comida, por si alguno no lo pilla).

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