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Posts Tagged ‘Oblómov’

DSC_0473Si hay una persona desprendida y generosa en el Grupo de Escritores Primaduroverales es Luis Marín. Por eso es justo dedicarle este espacio en la entrevista que ha realizado otro compañero que también es generoso por los cuatro costados, Vicente Moreno. La idea es que todos los miembros del grupo vayamos pasando por este espacio en una secuencia de entrevistas encadenadas para darnos a conocer. Espero que sea del agrado de nuestros lectores.

En tus relatos detecto dos temas que parecen que te interesan, la familia y la problemática social. ¿Estás de acuerdo?

Totalmente de acuerdo. Una de las cosas que busco es poner de relieve el problema de las relaciones personales. Otra cosa que me inquieta y me impulsa a tratarlo en la escritura son las deficiencias sociales que en ocasiones nos rodean. Si me permites un símil, la misma superficialidad de la que hablaba al referirme a la tarea de escribir, la veo en la observación de lo que sucede a nuestro alrededor. Y me gustaría poder llamar la atención sobre las cosas feas con las que convivimos. Pero otra cosa es que alguna vez lo consiga.

Para leer más… Entrevista a Luis Marín

 

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¿Nos os ha pasado que de vez en cuando tenéis la sensación de que hay libros que os persiguen?

A mí me ha sucedido con uno de los libros propuestos para leer en el Taller el año pasado cuando estaba viendo la película “El irlandés” del director debutante John Michael McDonagh. El protagonista es un policía de un pequeño pueblo irlandés que se ve obligado a colaborar con un agente del FBI, que está investigando un asunto de tráfico de drogas. El policía tiene a su madre en una residencia de la 3ª edad y en una de las secuencias se ve como acude a visitarla. La madre está sentada en un banco, junto a un estanque, leyendo un libro. El hombre se acerca por detrás y le pregunta qué lee. La mujer no contesta, pero enseña a su hijo la portada del libro, que durante unos momentos ocupa toda la pantalla (se puede leer el nombre del autor y el título del libro, que ocupa un primerísimo plano) convirtiendo la escena en un auténtico homenaje a ese libro.

El policía, de unos cincuenta y tantos años, que no se caracteriza precisamente por hablar sin decir palabrotas, pero del que tampoco podría decirse que es un completo ignorante, contesta algo así: ”No me gustan los jodidos rusos, tardan mucho en ir al puto grano”.

A estas horas muchos habréis adivinado que el libro del que hablo es Oblómov, de Ivan Goncharov.

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   Me siento cansado. He llegado a este final de curso tan cansado como los niños en el colegio, que necesitan las vacaciones tanto como el respirar. O quizás el niño he sido yo, hemos sido nosotros en nuestro mundo de ficciones y personajes irreales –a veces no tan irreales– que nos han ocupado otro curso más.

   Hemos trabajado mucho y bien este año. Hemos escrito unos cuentos muy buenos, hemos editado un libro que recoge nuestro trabajo de este año, hemos dado continuidad a la revista y nos hemos involucrado a fondo en nuestro gran proyecto, el libro Hotel-Sky.

   Hemos hecho muchos amigos: el oscuro Justin Horgenschlag de Sallinger que dejó escapar a su gran amor en un autobús; el miope Amilcare Carruga, de Italo Calvino, con su visión distorsionada de la vida y del amor; la familia de emigrantes del relato “Fiesta, 1980”, afincada en Nueva York con su nueva furgoneta y la visión de la vida que nos llega a través de su hijo pequeño; y el controvertido matrimonio formado por Vera e Igmar y la ilusión de unas vacaciones en unas islas ficticias que nos llegó a través de Gonzalo Calcedo.

   Como olvidar a Christopher John Francis Boone, el niño de “El curioso incidente del perro a medianoche” (la resolución al problema de lógica me acompañará toda la vida), la ternura de Alondra y Termita en un mundo lleno de dificultades, a la familia Compson del “Ruido y la furia” en el profundo sur de Estados Unidos, al anónimo hombre que duerme de Georges Perec y, sobre todo, al increible Oblómov de Goncharov.

   ¡Ay, Oblómov!… Oblómov es la pauta para este verano. He llegado tan cansado que solo pienso en el oblomovismo, ese movimiento que reivindica estar todo el día acostado, dejar para mañana las decisiones trascendentes y dedicarse a pasar el día pensando en las flores, el amor, los amigos o un buen vaso de vodka (o vino, cerveza… que tampoco hace falta ser inflexibles). Quizás a los ciudadanos normales nos haga falta un movimiento de esta naturaleza, el oblomovismo, para dar de lado a todos los mandatarios que actúan de forma miserable y que se han colado angustiosamente en nuestras vidas sin que les hayamos dado permiso para ello.

   Pero me voy, nos vamos, a hacer el Oblómov cargado de ilusiones y de proyectos. Pero estoy cansado y yo solo no puedo seguir con ellos. Pura escribe en la contraportada del libro Hotel-Sky y dice que el libro es obra del grupo Primaduroverales, y que en ese nombre se incluyen a todos los autores que estuvieron, a los que estamos ahora y a los que estarán. Es así como entiendo el Grupo del Taller de Creación Literaria, un grupo donde todos suman cuando pueden, una carrera de ciclistas donde los compañeros se van dando relevos para hacer el camino más fácil (la metáfora es de Julio Rodríguez).

   Hay muchas cosas que se pueden hacer entre todos, ideas que fluyen, que van y vienen: María Isabel hablaba ayer de recopliar los microrrelatos y ofrecérselos a la Junta de Distrito, la “Revista del Taller Literario” puede tener continuidad como documentación gráfica y lúdica del curso literario y de lo que pasa más allá de nuestra buhardilla generadora de ideas, pero hace falta material (para mí lo ideal es una publicación anual, en diciembre, pero ese tipo de propuestas son las que hay que discutir); podemos editar un nuevo incunable del curso 2012 / 2013, aunque espero que no hagan falta los sacacorchos para extraer los relatos a la fuerza. Esta mañana, caminando por una Plaza Mayor casi desierta, pensaba en que tenemos que sacar los relatos olvidados del cajón, que somos escritores, que queremos que nos lean y que podemos editar otro incunable con los mejores relatos de cada uno de nosotros (una especie de memorial) y si la cosa sale bien y queremos, incluso más adelante podemos publicarlo de una manera formal aprovechando las posibilidades que nos ofrece la tecnología actual.

   También tenemos el blog, que necesita más redactores, al que sin duda hay que darle un contenido más literario y que debe de servir para que nuestros relatos se lean, que es lo importante: Creo que debemos hacer un esfuerzo para abrir nuestro blog al exterior. ¿Cómo se hace? No lo sé, ¿pero no vamos a ser capaces de conseguirlo entre todos?

   Ayer acabó el curso. Para ser el último día me llevo el buen sabor de boca de unos relatos extraordinarios. Gracias, en la parte que me toca, por las críticas tan amables y positivas de ayer. Y me gustó comprobar como los estilos de cada autor eran reconocibles en “Coágulo en el embalse helado”, “El gran jeté”, “El último beso de Sofía Rotesbild” y “En la cama”. Me llevo también una conversación deliciosa en el último instante, en el último momento, con Carmen Aguilera.

   Octubre queda lejos. La vida que va y viene, y se mueve como una barca, y no sabes a dónde te va a llevar. Pero imagínate un salón de actos lleno de amigos, de gente que te quiere, de personas que han hecho un esfuerzo para estar contigo y la voz rotunda de Fernando, o de Nuria que comienza a leer para removerte el corazón:

   “Con la idea de escribir un libro de cuentos, un grupo de escritores se reúne primero para ver si echar a andar, y cuando se decide que sí, que se emprende el camino, toca después determinar qué directrices seguir. No es nada fácil aunar opiniones, pero poco a poco unos gérmenes toman fuerza…”

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