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Posts Tagged ‘portal de Francia’

Pues resulta que Pamplona ya era conocida en el mundo antes de que apareciese Hemingway con su novela Fiesta y su descripción de los Sanfermines. Pamplona era la primera gran ciudad a la que llegaban los peregrinos que recorrían el camino francés o el aragonés, y ya lo hacían en el siglo IX, aunque el Camino de Santiago no se consolidó hasta el siglo XII. A ello contribuyó el libro La Guía del Peregrino de Santiago de Compostela, escrita por Aimeric Picaud, que traza el itinerario por los pueblos que cruza el Camino, determina las jornadas de marcha y advierte acerca de la hospitalidad o la barbarie de las gentes con las que se puede encontrar el peregrino. Este libro se incluye dentro del Códice Calixtino de la catedral de Santiago, aquella joya de la literatura medieval que un empleado de la catedral robó de la caja fuerte de la biblioteca en el año 2011 y que apareció un año más tarde envuelto en un trapo, en un garaje de una localidad cercana a Santiago.

Pero volvamos al Camino. La entrada en Pamplona es un momento inolvidable que se produce al cruzar el puente de la Magdalena, sobre el rio Arga. Este puente fue construido en el siglo XII, tiene origen románico y detalles góticos. El cruce del puente supone un momento de mucha alegría. El peregrino solo ha podido ver las siluetas de la catedral por encima de las murallas y aún no tiene conciencia de aproximarse a una gran ciudad, a la que entrará siguiendo las murallas por el Portal de Francia (cuyo puente levadizo se baja actualmente cada cinco de enero para que lleguen a la ciudad los Reyes Magos de Oriente). Este momento es para el caminante como desprenderse de unos cuantos siglos de historia y volver a la Edad Media.

La primera calle que se encuentra tras cruzar el Portal de Francia es la calle del Carmen, antigua Rúa de los Peregrinos, que ofrece un bullicio colosal, estrecha, peatonal, llena de vida, todo lo que puede desear un peregrino medieval cansado. Siguiéndola se llega a la calle Mercaderes, después a la Plaza del Ayuntamiento y el tránsito a la época actual es inevitable. Ya estamos en Sanfermines: en 1776 se construyó el primer vallado hasta la plaza de toros, en 1856 se regula el encierro, que llega a la calle de la Estafeta, en 1923 los presenció Ernest Hemingway por primera vez, en 1926 publicó su novela Fiesta (The sun also rises), en 1954 recibió el premio Nobel y desde entonces los Sanfermines y Pamplona no han parado de evolucionar y de recibir a millones de personas cada año para hacer de Pamplona y su fiesta una ciudad mundialmente conocida. Mucho más conocida por los Sanfermines que por ser fin de etapa del Camino de Santiago. ¿O no?

Sin duda la figura de Hemingway es fundamental para esta evolución. Visitó Pamplona en nueve ocasiones, siempre en Sanfermin, siete veces desde 1923 a 1931, año en que se impuso un paréntesis para participar en la Guerra Civil española a favor de la República, presenciar el desembarco de Normandia, la liberación de París y residir durante dos décadas en Cuba haciéndose amigo íntimo de Fidel Castro.

La primera vez que llegó a Pamplona su presupuesto solo le dio para alojarse en una modesta pensión cerca de la plaza del Castillo. Los años posteriores se alojó en el hotel Quintana, con cuyo dueño le unió una estrecha amistad hasta su muerte. Hemingway comió, bebió y fumó lo indecible en Pamplona, compartiendo sonadas juergas con amigos de la ciudad y extranjeros, como él, entre ellos el escritor John dos Passos. Protagonizó sonados escándalos sexuales y frecuentó cafés y tabernas por los que aún hoy se distingue su huella. El más conocido sin duda es el café Iruña, en el que se puede ver una estatua del escritor, a tamaño natural, junto a la barra (no podía ser de otro modo). Cuando volvió en 1953 lo hizo con su cuarta esposa, y ya era un conocido escritor que había obtenido el premio Pulitzer un año antes. Cuando regresó a Pamplona por última vez, en 1958, ya era premio Nobel, había sufrido dos graves accidentes aéreos en África y arrastraba graves problemas de salud, en gran parte ocasionados por el alcohol. En estos dos últimos viajes se alojó en el carísimo hotel La perla, en la plaza del Castillo, que todavía hoy mantiene en uso la habitación que ocupó el escritor norteamericano, aunque bien es verdad que a precios difícilmente asumibles para la inmensa mayoría de los mortales y, por supuesto, para la casi totalidad de los peregrinos que se dejan caer por Pamplona camino de Santiago.

Pamplona siempre se ha mostrado agradecida al escritor. En el año 1968 se inauguró un monumento en el paseo que lleva su nombre, junto a la plaza de toros, y en la actualidad el visitante puede recorrer la ciudad siguiendo un itinerario que lleva por los lugares emblemáticos que frecuentó Ernest Hemingway, un magnifico novelista y, además, un extraordinario autor de relatos.

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