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Posts Tagged ‘Relatos de guerra’

El pasado 28 de enero se cumplieron noventa años de la muerte de Vicente Blasco Ibañez (nació el 29 de enero de 1867- falleció el 28 de enero de 1928).

Aunque Vicente Blasco Ibañez es conocido por sus novelas, también escribió un gran número de relatos cortos. Estos se pueden agrupar en tres grandes bloques: los que están inspirados en leyendas medievales, los inspirados en la tierra valenciana con un sabor costumbrista inequívoco y los que tienen como tema principal la I Guerra Mundial.

Coincidiendo con esta fecha la editorial Algar acaba de publicar una antología de relatos de Vicente Blasco con el título Cuentos de amor y de guerra. Salvador Bataller Ferrer ha sido el responsable de seleccionar los relatos y de escribir la introducción, que se extiende en detalles de la vida y la producción literaria de Vicente Blasco Ibañez. En estos cuentos se presentan muchos de los personajes, temas, conflictos y escenarios de las mejores novelas del autor y, además, cada relato se complementa con una detallada entrada que resulta muy útil para comprender el contexto en el que se escribieron, lo que representa una novedad en los libros de relatos.

Vicente Blasco Ibañez fue un escritor con una vida intensa y prolífica. Se dedicó a la política, fue diputado en varias legislaturas, fue periodista, fundó su propia editorial y como escritor alcanzó fama mundial con sus novelas, algunas de las cuales fueron llevadas al cine (Sangre y arena; Los cuatro jinetes del Apocalipsis, La barraca, Cañas y barro). Una vida tan agitada y tan comprometida en lo político le llevó a enfrentarse a Cánovas del Castillo, a Primo de Rivera y al rey Alfonso XIII, por lo que no pudo escapar del exilio.

El 29 de octubre de 1933, dos años después de la proclamación de la II República española, sus restos regresaron a Valencia desde Menton, Francia, como había sido su deseo, a bordo del acorazado Jaime I, buque insignia de la armada española, siendo recibidos en un acto multitudinario presidido por el Presidente del Gobierno, el Alcalde de Valencia y multitud de personalidades, trasladándose a hombros por grupos de voluntarios desde el puerto hasta la Lonja, donde se instaló la capilla ardiente. Pero la historia no tardaría en cambiar, como si su vida azarosa se tuviera que prolongar más allá de la muerte.

De la biografía publicada en la página web de la fundación Blasco Ibañez http://www.fundacionblascoibanez.com/ extraemos el siguiente texto, que nos da una idea de los contrastes en la vida del autor valenciano.

“El Ayuntamiento de Valencia diseñó un grandioso mausoleo, rematado por un grupo escultórico realizado por su gran amigo, Mariano Benlliure, para dar cabida a los restos de Blasco Ibáñez, sin embargo el estallido de la Guerra Civil en 1936 frustró el proyecto. Su memoria fue borrada, sus libros prohibidos, su familia perseguida y sus bienes incautados. Las obras realizadas hasta ese momento en el mausoleo fueron destruidas y el solar donde se asentaba, en un lugar privilegiado del Cementerio municipal, fue utilizado años más tarde para construir el crematorio. A pesar de todo ello, sus restos se conservaron, y reposan en la actualidad en un nicho ordinario, casi anónimo, en el cementerio civil de Valencia”.

Cuentos de amor y guerra es una extraordinaria oportunidad para acercarse a los relatos de Vicente Blasco Ibañez, en los que destaca una magnífica caracterización de los personajes y una extraordinaria sensibilidad para tratar la I Guerra Mundial de forma tangencial, con unos personajes que le servirían de base para escribir las grandes novelas que el escritor dedicó a la Gran Guerra.

 

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“Qué va antes… ¿la realidad o la ficción?”

Por María Jesús Ainaga

Lo habitual es pensar que la realidad, esta tan cruda como bella, esa que te desgarra en las guerras y te enamora en el amor… esa realidad es la que inspira la ficción.

Sin embargo, también es cierto lo contrario. Porque nada puede existir si antes no lo has imaginado. Y ese juego, entre realidad y ficción, cuando es en ambas direcciones, hace de una historia algo excepcional.

Y esto es lo que ocurre en los nueve relatos del libro “Violeta sabe a café” de Manuel Pozo Gómez.

Acabo de terminar de leerlo y estoy… ¡impactada! ¿Qué es realidad y qué es ficción? Las descripciones del autor son… ¡tan verosímiles! ¡tan creíbles! ¡tan reales! Y me refiero a todas las descripciones: de lugares, de personajes, de emociones.

Yo, tonta de mí, me había auto-impuesto leer los nueve relatos del libro con gafas muy críticas, con ojos escudriñadores, con lápiz acechante… para captar alguna incoherencia o un narrador asíncrono o tiempos verbales equívocos. Creía que así iba a aportar más.

Pues bien, hasta yo que empecé a leer el libro sólo con la cabeza, me he visto completa e inmediatamente inmersa en todas y cada una de las atmósferas creadas por nuestro escritor.

He saboreado la timidez del protagonista de la primera historia, que encontró en el trágico suceso del 11-M, la excusa para acercarse a su Violeta, ya antes amada apasionadamente aunque, no conscientemente.

He temblado con el primer beso de Sofía, más que con su pérdida y, extrañamente, he podido empatizar con la acartonada y sincera frialdad del Capitán Wolf que, sólo tras el sufrimiento de muchas guerras, se atrevió a atreverse.

He sentido compasión por Antonio Begines y su inexorable camino hacia la inútil venganza, empujado por esa búsqueda de justicia que la adolescencia necesita para comprender. ¡Perdón!… para aprender.

Inexplicablemente, he gozado con el paseo en carruaje de Diego de Zúñiga. Ese Madrid tan cercano para mí en el espacio y tan lejano en el tiempo. Esa bruma. Esas siempre desasosegantes pinturas de Goya que adquieren, en este relato de Manuel Pozo, nuevos significados. Luego, repentina aunque previsiblemente, he sentido horror. El mismo que el pintor quiso transmitir y que se ha agolpado en sólo unas líneas explotando con ira en mi interior.

Me he embargado de admiración y respeto por Julien Mamet, Mariano Barberán y Joaquín Collar, y su difícil lucha por unos ideales, por volar, por llegar donde nunca nadie antes había llegado. Mientras tanto, de un modo tierno y fuerte, he visto cómo Víctor Olaya admiraba a su abuelo, ahora más que nunca. Porque nunca, hasta ahora, había comprendido tanto.

También he renegado del ser humano que prefiere las balas a los goles y he querido aplaudir a Ignacio y a Iñaki, separados por la guerra y acercados por la afición. No es posible permanecer inerte a la tormenta de emociones que crea la idea de un partido de fútbol en el frente de batalla.

He adorado al protagonista de la fuga a través del muro de Berlín. Sobre todo, su clarividencia al saber qué era lo más importante en su vida, aunque ésta estuviera llena de cambios sin sentido que, extrañamente, dieron más sentido a su vida.

¡Qué puedo decir de Edinka! Creo que conozco su rostro y… ¡su mirada! Creo que comprendo su tristeza y sus razones. Y he sentido una conexión profunda con Dominique Rothen. Yo, que nunca he blandido un arma. Yo, que nunca he vivido una batalla. Yo, que nunca he matado a nadie. Yo, que nunca he visto esos ojos verdes.

Y, el último relato, riza el rizo con una meta-ficción que envuelve la historia lejana de Edinka con otra capa de una historia cercana. Y no he sabido lo que es real ni lo que es ficción. Y me ha dado igual porque mi corazón latía rápido y curioso al ritmo de las palabras. Esas con las que el autor dibuja descripciones tan reales como emotivas. Esas con las que Manuel colorea emociones tan carnales como idílicas.

“Descripciones sentidas”, eso es lo que hay a borbotones en los relatos de Manuel Pozo. Eso es lo que hace que, en sus creaciones, la ficción y la realidad jueguen a cogerse de la mano, a decirse confidencias,… a enamorarse. Pocas veces puede ser uno testigo de un juego tan sublime. Por eso Manuel Pozo es un “autor imperdible”, porque no se limita a crear ficciones con nuestras trágicas o cálidas realidades; sino que con sus ficciones… él cambia la realidad.

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