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Posts Tagged ‘relatos fantásticos’

Por Alicia Gallego

La primera impresión que te llevas cuando conoces a Paco es la de un tipo grandón que siempre está de buen humor. Y eso es lo que se refleja en sus cuentos, donde siempre encuentras esas pinceladas que te hacen sonreír, e incluso a veces, reír a carcajada limpia. Sus relatos también reflejan una gran sensibilidad, lo que no desentona en absoluto, sino que más bien acompaña, con su tamaño. Esta sensibilidad y el tiempo libre de que dispone desde que tuvo que acogerse a una pre-jubilación forzosa en Telefónica, le permite realizar labores de voluntariado, participar en nuestro Taller Literario y dedicarse al teatro, su otra pasión.

DSC_0373 (1)Paco estudió Físicas en la Universidad Complutense de Madrid, y eso también se refleja en lo que escribe, donde, alguna vez, se ha dedicado a pastorear asteroides.

Alicia: ¿En qué momento empezaste a escribir? ¿Siempre has escrito relatos?

Paco: Empecé a escribir relatos cuando entré en el taller de creación literaria de la Casa del Reloj, en octubre de 2013. Hasta entonces lo único que había escrito eran documentos técnicos relacionados con el trabajo y un par de  libros para formación. Bueno y alguna que otra poesía; pero de carácter íntimo y no publicables, jeje.

A: ¿Por qué escribes? Quizá sea una pregunta un tanto íntima, pero tengo curiosidad.

P: Escribo porque me gusta enfrentarme a un folio en blanco y crear personajes e historias. Me gusta la sensación de  libertad al ver que todo vale cuando escribes, entiéndeme; quiero decir que la imaginación no tiene límites y puedes justificar cualquier hecho sea realista o fantástico. Otro asunto, bien distinto, es escribir bien y que guste.

A: Ya veo que  no sientes miedo al enfrentarte a un folio en blanco, sino que más bien lo disfrutas. ¿Cómo preparas ese momento previo a dar a luz una idea?

P: Tengo que estar tranquilo, sin nada pendiente por hacer, busco música que para mí sea evocadora, el rock instrumental, celta o clásica suelen ser las elegidas, abro el Word y “palante”; una gozada.

A: Dinos quiénes son tus autores  preferidos.

P: Soy muy poco fiel, ahora te diría que Fernando Aramburu ya que Patria me ha parecido un libro genial, por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. Quizás el autor del que más libros he leído sea Isaac Asimov. Y no puedo olvidar a mi amigo Manuel Pozo y su libro de relatos “Violeta sabe a café”.

A: ¿Alguno de tus autores favoritos ha ejercido alguna influencia en tu manera de escribir?

P: Si lo ha hecho no ha sido conscientemente. No trato nunca de escribir como tal o como cual; lo que trato de hacer es buscar la originalidad, algo que consigo en muy pocas ocasiones.

A: ¿Cuál es tu técnica para escribir, tienes algún sistema que te ayude?

P: Soy bastante caótico, no me atrevería a decir que tengo una técnica determinada. Me motiva mucho lo que Pura propone en el taller, espero la idea feliz, que puede llegar en cualquier momento, tomando cervezas con los amigos o  en la cama, en el duermevela o en los desvelos;  y luego escribo de un tirón el relato, un par de repasos correctores (soy un poco vago en eso) y ya está.

A: ¿Te parecen interesantes los análisis de los textos que hacemos en el Taller? ¿Cuál de ellos te ha gustado más?

P: Me parecen muy interesantes, ayudan a mejorar nuestra forma de escribir, a que pongamos atención en aspectos técnicos que enriquecen nuestros textos. Y es enriquecedor comprobar lo que se entiende y lo que no de aquello que escribimos. Hay ocasiones en que surgen interpretaciones que al autor no se le habían pasado por la imaginación.

Me gustó especialmente el análisis que hicimos de los relatos de Alice Munro y Doris Lessing. También estuvo muy bien lo que se hizo con  “El hombre que miraba al mar”  de Carlos Cerdán; tomar un cuento y versionarlo es también un buen ejercicio. Pero respecto a los relatos de los compañeros del taller no puedo quedarme con uno solo. Disfruto muchísimo todos los jueves escuchando todos los relatos que se escriben en  este grupo de amigos que somos los primaduroverales.

A: De todos los relatos que has escrito ¿tienes alguno preferido o los quieres a todos por igual?

P: No todos son iguales, uno sabe cuáles son mejores, más que nada porque están más trabajados. Guardo especial cariño al relato “La hija del sol” ya que fue mi primer relato leído en el taller y que fue muy bien acogido.

A: Lo recuerdo muy bien porque me di cuenta de tu interés por la vida y costumbres de los indios de Norteamérica. Todos disfrutamos muchísimo mientras lo leías .Nos parecía que estábamos en los Apalaches junto a tus personajes. ¿Recuerdas la sensación que sentiste al leer éste tu primer relato en el Taller?

P: Pues mucha emoción, había escuchado ya varios relatos de compañeros y me parecía que nunca llegaría a ese nivel; experimentar  que se me escuchaba con atención y que al final se aplaudía fue un subidón. Esa grata sensación me viene cada vez que voy al taller.

A: Recomiéndanos algún libro de relatos o novela.

P: Ya he mencionado “Patria” y “Violeta sabe a café”. Pero por echar mano del pasado yo recomendaría “Cometas en el cielo” de KhaledHosseini y un libro que no pude dejar de leer desde que lo empecé hasta acabarlo: “La profecía” de David Seltzer. Por último recomiendo todas las tiras de “Mafalda” de Quino.

foto paco presentando MadridSkyA: Por último me gustaría que hicieras algún comentario sobre nuestro Concurso Literario  “Madrid Sky”.

P: Creo que debemos de sentirnos orgullosos de “nuestro” concurso. Nos permite abrirnos a escritores de todas partes, conocer nuevos valores y a autores consagrados. Pero lo mejor es el acto de entrega de premios. Leer diez fantásticos relatos y comentarlos en directo con los autores es una gran experiencia. A ver si seguimos teniendo patrocinadores para el próximo, que será el quinto.

A: Seguro que sí. Esperamos contar contigo una vez más, en la elaboración de éste proyecto que tanto nos ilusiona a todos.

P: Siempre podréis contar conmigo.

Madrid 16/10/2017

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El blog A voz en cuento, que administra nuestro compañero José Jesús García Rueda, rinde homenaje al relato ganador del IV Certamen Madrid Sky. Para los amantes de los buenos relatos será un placer oír en el podcast el relato Tal vez mañana, de María Posadillo Marín. Cierra los ojos y disfruta.

La música que acompaña el relato es la sinfonia Nº5, Adagietto, de Mahler.

Tal vez mañana

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Por Manuel Pozo Gómez

Jesús Gella Yago nació en otoño de 1977 Zaragoza, donde sigue viviendo. Su profesión no tiene demasiado que ver con la literatura, aunque implica darle mucho a la tecla o al bolígrafo, pero el resultado son informes fríos, objetivos y sin alma.

En el colegio empezó a montar sus primeras historias. La biblioteca era enorme (aunque hace poco volvió a visitarla y comprobó que en realidad él era muy pequeño). En ella conoció a compañeros de aventuras extraordinarias como Verne, Stevenson, Twain y Salgari, o London, Zane Grey y Karl May.

Estaba en el instituto cuando ganó algún certamen local y, al terminarlo, fue también cuando aparcó esta afición.

¿Por qué dejaste de escribir, Jesús?

La carrera y el trabajo para poder pagarla, además de alguna circunstancia más (de esas que se empeñan en complicarnos los planes), me distrajeron y dejé de escribir por placer. A veces digo que fue la peor decisión de mi vida pero, si me paro a pensarlo, ni siquiera fue una decisión: simplemente ocurrió.

Ha sido en los últimos años cuando he recuperado ese vicio (porque sin duda lo es), especialmente durante el último, después de decidir distanciarme temporalmente de mi entorno profesional.

La verdad es que fue una sorpresa ser convocado como finalista del “IV Concurso Madrid Sky”, ya que no he participado en demasiados concursos (quizá seis o siete en total, en los últimos diez años): sí que en 2010 un relato mío fue seleccionado para ser publicado a partir de mi participación en el “VII Premio Luis del Val”, y que el año pasado la web “Ociozero” (revista de género fantástico) reconoció el mérito de otro relato que tampoco llegó a ganar.

Así que, ciertamente, el “IV Madrid Sky” ha sido mi primera vez. ¡Espero que hayáis inaugurado una fructífera racha!.

¿Dejas leer tus relatos a alguien antes de tenerlos terminados o antes de publicarlos?

A Silvia, mi compañera (de toda la vida, casi) y acompañante (el día de la entrega de premios), le toca de vez en cuando darme una opinión. La verdad es que no suelo compartir lo que escribo, no sé si en un acto de egoísmo o de pura timidez. Probablemente las dos. Aunque, después de la experiencia con “Primaduroverales”, me apetece dar guerra a mi alrededor.

Viniste desde Zaragoza y estuviste un rato con nosotros para marcharte enseguida. ¿Te mereció la pena tanto trajín?

¡Por supuesto! Como te he dicho antes, esta ha sido mi primera convocatoria como finalista de un certamen literario. Cuando recibí vuestra comunicación ni siquiera me paré a valorar la dotación económica de los premios o la posibilidad de quedar descartado, ni siquiera la de resultar uno de los premiados. Bastó con pensar que a alguien le había convencido algo de lo que yo había escrito para tomar la decisión de que, sí o sí, iba a merecer la pena viajar para conocer a ese alguien. Afortunadamente no me equivoqué ya que, además de llevarme un segundo premio a casa, fue un encuentro muy agradable. Creo que hablo por todos los convocados al encomiar el esfuerzo que hicisteis desde “Primaduroverales” para crear un ambiente muy grato, por lo acogedor y distendido, sin menoscabo de la seriedad y significado que un acto como este debe tener.

¿Te habías visto antes en una encerrona parecida?

La verdad es que no. Pero, desde luego, si eso fue una encerrona… ¡pues que vivan las encerronas!

No esperaba que el acto se alargara tanto y la hora del billete de vuelta obligaba a dejaros pronto, apenas comenzada la celebración posterior. Intenté saludar al mayor número de los presentes por lo que me llevé, además de muestras de cariño y simpatía, un torbellino de caras y nombres en la cabeza.

Sí que me gustaría mencionar expresamente el elogio y ánimo que me regaló Teresa Núñez al bajar de vuestro autobús. Cuando esa persona te menciona detalles de su carrera literaria y reconoces en ella nada menos que a Paul Lattimer, también caes en la cuenta de que es un auténtico mito del western español (cuya calidad como autora está más que respaldada por numerosos premios) quien te acaba de echar una flor y además te anima a seguir. Y eso emociona, ¡vaya si emociona!

Lo dicho: ¡vivan las encerronas! ¡Los médicos recomiendan una a la semana!

¿Qué te parece que haya empresas comprometidas, como la academia Heisenberg, que apuesten por la cultura y patrocinen un certamen literario como el nuestro?

El impulso de cualquier iniciativa cultural en estos tiempos de desencanto es esperanzador. Y sobre eso, podríamos filosofar y disertar entre cañas hasta terminar arreglando el mundo.

Pero además, en el caso de la combinación de “Primaduroverales” con “Heisenberg” (y “Vinos y Caminos” y “La Rebujita”), también resulta estimulante.

Me explico: creo que comentasteis que veníais dotando los premios con vuestros propios medios hasta que este año habéis contado con patrocinadores. Entiendo que este apoyo garantiza la supervivencia y consolida certámenes como “Madrid Sky”, tan necesarios entre cientos de convocatorias amparadas por ayuntamientos, instituciones y marcas potentes.

¡Ojo! No digo que “Madrid Sky” sea un certamen pequeño (¡ya es la cuarta ocasión y habéis recogido casi 400 textos de 15 países, con algún finalista de larga trayectoria!) o que otros certámenes y sus benefactores sean sospechosos.

Simplemente quiero decir que la participación de una academia como “Heisenberg”, especializada en inglés y ciencias, en las aventuras de un grupo de escritores como “Primaduroverales”, hace que apetezca intentarlo y animan a dar el paso. Se percibe la ilusión de quienes estáis detrás y se adivina la transparencia y honestidad.

De no haber transparencia y honestidad, desde luego yo (como emborronador de papeles, novel a la par que tardío) no habría podido compartir una tarde tan encantadora con vosotros.

Así que aprovecho este hueco tan oportuno para agradecer a Sergio Torres (de “Academia “Heisenberg”) su compromiso y participación.

Una de las cosas que más llama la atención de tu relato es la riqueza de vocabulario. Palabras como carozo, cellisca y arrabel han entrado en el vocabulario de nuestro blog como palabras cazadas. ¿Son propias de tu lenguaje o de tu entorno?

No, no son palabras que use en mi vida normal. De hecho, dudo que alguna vez las haya utilizado u oído en una conversación, pero sí leído en algún momento.

Disponemos de un idioma con un vocabulario vastísimo y que ofrece infinitas posibilidades para jugar con él, e incluso retorcerlo para conseguir nuestro objetivo narrativo en un texto. Creo que, evitando caer en pomposidades que pueden distraer al lector, es imprescindible mimar la selección de las palabras. Sobre todo en determinados géneros y siempre en función de unos fines premeditados. La palabra adecuada puede lograr o dar al traste con la idea que era tan prometedora mientras bullía aún sin forma en nuestra cabeza, hasta que al intentar fijarla en el papel su volatilidad nos desanima.

Tan importante me parece lo que se cuenta, como cómo se cuenta. Antes de cerrar un texto debe haber un trabajo de pulido, casi de orfebrería, que ha de notarse pero que debe proporcionar un acabado que impacte en el lector y, con suerte, lo haga perdurar en su memoria.

Esas palabras que destacáis en vuestro blog fueron elegidas para afianzar la atmósfera del relato y porque me pareció que su sonoridad podía dotar de una musicalidad interesante a algunos párrafos. Además creo que, aun si se desconoce su significado, no cuesta intuirlo dentro del contexto y el ambiente. Lo contrario podría provocar que el lector tenga la impresión de haber tropezado con un estorbo que le haga salirse del relato y que, una vez rota la magia de la ficción, ya no le apetezca volver.

Un relato propio leído por otra persona parece distinto, en cierto modo nos es ajeno. ¿Qué te pareció la interpretación que hizo Alicia Cereceda de tu relato?

Va a sonar a tópico, pero… “me alegra que me haga usted esa pregunta”.

Yo sí que suelo leer en voz alta lo que escribo para comprobar la fluidez y el ritmo interno del texto, pero nunca había oído ninguno en la voz de otra persona. 

Cuando Alicia leyó el título y mi nombre y luego hizo aquella enorme pausa antes de empezar con el relato en sí, creo que no exagero si digo que todo el salón se sobrecogió. No por lo que yo había escrito sino por la voz de Alicia (¡qué voz!). Ennobleció el relato con una lectura que, sin limitarse a ser tal, fue una verdadera interpretación.

Fue un día de muchas emociones: el viaje con la ilusión de un fallo pendiente, el encuentro con vosotros y los demás finalistas, la presentación del acto y nuestras intervenciones, estar entre los ganadores, las fotos de familia, la celebración posterior y el viaje de vuelta pensando “¿qué ha pasado? “.

Pero sin duda, para mí, el momento de mayor emoción fue precisamente el de la lectura (insisto, interpretación) de Alicia. Alicia es actriz y locutora, y demostró profesión midiendo pausas y énfasis y haciendo suyo un texto que se engrandeció de tal forma con su declamación, que me hizo sentir verdaderamente orgulloso de haberlo escrito.

¡Una lástima no tenerlo grabado!

¿Cuál fue el origen del cuento? ¿Cómo se te ocurrió la idea de recrear a la muerte en un personaje?

“No acostumbro a entrar si no hay clientes”.

Esta fue la frase seleccionada del libro “Madrid Sky” para convertirse en el pie forzado que abriera los textos participantes. Estaba claro que la palabra “clientes” iba a decidir los diferentes argumentos. Las posibilidades ambientales de esa palabra eran enormes, no hay más que leer algunos de los relatos: desde el México traicionero y traicionado que dibujó Inocencio Javier Hernández en “DF Wall” o el banco para el que Alberto Ramos propuso un atraco moral en “Por Sonsoles, a mi manera”,  hasta la tienda esotérica de “Tal vez mañana”, el texto ganador de  María Posadillo.

Debo reconocer que lo primero que se cruzó por mi mente fue un local de mala nota de esos donde todo y nada puede suceder, impregnado de desdicha y frecuentado por sombras tristes. Como vimos, de eso se ocupó Francisco de Paz Tante en “Neones rosas”. Del drama pasé a jugar con la idea de un sainete en un restaurante chino, y también en un desencuentro con filosas en una tanguería de arrabal.

Esas primeras ideas me llevaron a pensar que quizá podría hacer que los anfitriones de mi relato fueran algo más “selectos”: pensé primero en un infierno regentado por un Diablo socarrón, pero no veía la forma de encajar la frase de apertura. Así que decidí situarme cerca de ese infierno pero fuera, y enfocar a la Muerte que acompaña a los desafortunados cruzando la puerta del infierno con ellos. Así, el Diablo inicial se convirtió en una presencia apenas insinuada y que además queda en segundo plano, detrás del perro que guarda la entrada y que quizá (solo quizá) aúlla por tres gargantas.

Los atributos e imaginería clásica de la Muerte son más que populares (capucha, guadaña, calavera y ocasionalmente un reloj de arena), por lo que me pareció esencial explotar el ambiente donde se desarrolla el relato para crear un interés y una expectativa: un acantilado es apropiado para sugerir la idea de un final abrupto y dar con el topónimo Pembroke (muy próximo a nuestro “finis terrae”) hizo el resto.

Ya ves, las incertidumbres del papel en blanco te llevan a donde menos esperas.

¿Esto significa que te desenvuelves bien en el género fantástico y es tu género preferido?

Pues creo que, en cierta manera, ya te he contestado con la respuesta anterior: antes de dar con la idea final pasé por un drama urbano, una comedia que pretendía ser (perdón por el palabro) “woodyallenesca” y un thriller suburbial.

No puedo decir que el fantástico sea mi género preferido, de hecho ni siquiera lo frecuento en mis lecturas, salvo algunas incursiones en clásicos como Lovecraft, Poe o Bierce cuando el cuerpo lo pide (porque a veces el cuerpo lo pide). Reconozco que ando muy despistado en cuanto a lo que se está haciendo actualmente en terror o fantástico.

Sin embargo, con un pie forzado tan sugerente y dado que la brevedad requerida invitaba a buscar el impacto final, me pareció apropiado intentarlo con el fantástico para buscar la sorpresa sin recurrir a un drama más o menos realista.

Al fin y al cabo, el desaprensivo de mi relato se lo merece… ¿o no?

¿Cuáles son tus perspectivas en la literatura?

Pues la verdad es que ahora mismo me rondan la cabeza varias historias que necesitan un aliento más largo: el cuerpo me pide novela.

Hace unos años que guardo, cogiendo polvo, un par de borradores (uno lo recuerdo bastante simplón) más o menos cerrados. Sigo aplazando su revisión pensando que quizá sin mi esfuerzo el tiempo les habrá dado pátina, cuando lo más probable (seguro) es que cuando vuelva a abrirlo comprobaré que se han convertido en vinagre.

Últimamente he estado dando vueltas a una novela que presumo será breve, y a la que durante lo que queda de año espero terminar de dar forma. No estoy seguro de en qué género terminará encajando, pero sí sé que habrá mucho rock and roll.

¿En la actualidad dedicas mucho tiempo a leer y escribir?

Bastante, mucho. No concibo un día sin palabras escritas. Pero me temo que igual que prefiero comer a cocinar, también dedico más tiempo a leer que a escribir. Ando empeñado en invertir la proporción.

Por último me gustaría saber cuáles son tus autores preferidos y quiero pedirte que nos recomiendes un relato para nuestra colección de relatos recomendados.

Mi debilidad en cuanto a novela son los clásicos decimonónicos. Pero la lista sería interminable, desde la pura diversión folletinesca a los más cerebrales y psicológicos, sin importar nacionalidad: de Balzac y Hugo a Dumas y Sue, Dostoyevski y Turguénev, Dickens y Collins, Pérez Galdós y Pardo Bazán,… Fueron el paso natural a partir de mis lecturas infanto juveniles, y vuelvo con frecuencia sobre ellos, sin soltar nunca la mano de Joseph Conrad.

Alineados con mi impenitente mitomanía, también tengo favoritos muy cercanos al imaginario popular gracias a las (más o menos adulteradas) traslaciones cinematográficas de sus obras, como Conan Doyle, Ian Fleming, Raymond Chandler o Dorothy M. Johnson.

Autores más modernos, o actuales, o de cierta actualidad que reclaman mi atención, a veces teniendo que echar (lamentablemente) la vista algo atrás, son Thomas Pynchon, Richard Ford, Winfried G. Sebald, Paul Auster, Kurt Vonnegut, Roberto Bolaño o Umberto Eco y, barriendo para casa, por ejemplo, Eduardo Mendoza, Javier Marías y Jaume Cabré.

Para terminar, en cuanto a relatos o narrativa breve, me veo obligado a recurrir a los maestros imprescindibles como Julio Cortázar, Isak Dinesen o Guy de Maupassant, en los que siempre se puede confiar.

Y como recomendación final, quizá sea muy obvio recurrir a Hemingway, pero tengo una gran debilidad por “La breve vida feliz de Francis Macomber” (publicada en 1936), de la que se hizo una adaptación cinematográfica con Gregory Peck, Joan Bennett y Robert Preston (“The Macomber affair”, 1947) y que en España tuvo el sugerente y entusiasta título de “Pasión en la selva”.

Muchas gracias por este rato que nos has dedicado. ¿Te gustaría añadir algo más?

Solo reiterar mi agradecimiento a todos los que estáis detrás de “Primaduroverales” y “Madrid Sky”, y deciros con toda sinceridad que podéis contar conmigo para lo que gustéis.

Y desde luego, mi felicitación a los demás finalistas (Daniel Calles, Inocencio Javier Hernández, Francisco de Paz, Alberto Porras, José Quesada, Alberto Ramos y Lola Sanabria); a María Posadillo por su primer premio y, especialmente, a Marina Aparicio que, por su juventud, tiene un enorme horizonte a su disposición (¡a por ello!).

¡Un placer haber compartido esto con todos vosotros!.

La posada al final de la Tierra  Segundo premio en el IV certamen Madrid Sky

 

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