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Posts Tagged ‘relatos fantásticos’

La selección de cuatro relatos de autores del taller de creación literaria Primaduroverales para la nueva publicación de la editorial RELEE es una prueba más de que en nuestro taller se aprende a escribir muy bien y de que nuestros autores son capaces de hacer literatura de calidad.

La nueva antología de relatos que va a publicar RELEE se titula “Error 404”. Contiene veintiún relatos que reflexionan sobre nuestro futuro lejano o más inmediato. Veintiuna historias que profundizan en la dimensión ética de los avances tecnológicos y en las que los autores alertan y sueñan con nuevos escenarios. La antología, de indudable calidad, trata del cambio tecnológico, que es cada vez más rápido, lo que crea en muchos casos inquietud,  expectativas y perplejidad.

La selección de los veintiún relatos, según palabras de la editorial, ha sido dura, pues en principio había más de cuarenta que provenían de alumnos/as y ex alumnos/as de RELEE, de Hotel Kafka, de Ítaca Escuela de Escritura, del grupo de escritores Primaduroverales, y del taller literario Azkuna Zentroa (de Bilbao). También colaboran algunos autores con libros publicados, en particular Kike Parra, Adrián Gualdoni y Maite Núñez.

El grupo de escritores Primaduroverales estará representado por:

  • “Crónica de una revolución”, de Diego Rinoski.
  • “En el jardín metálico”, de José Jesús García Rueda.
  • “Amadeus”, de José Sainz de la Maza.
  • “El experimento”, de Juan Santos.

La presentación de Error 404. Antología de relatos sobre la perplejidad tecnológica, tendrá lugar el viernes 15 de diciembre en la librería El Olor de la Lluvia a las 19:30h (Calle de las Maldonadas 6, 28005 Madrid) y acompañará a los escritores Juan Jacinto Muñoz Rengel, autor de El gran imaginador o El asesino hipocondriaco, entre otras obras.

 

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Más de quinientos relatos han participado en el concurso de historias del Día de Muertos en México, patrocinado por Iberdrola, dotado con 3.000 euros en premios y con un jurado formado por los escritores Ángeles Mastretta, Gabriela Guerra Rey, Espido Freire, Jorge Zepeda Patterson, Élmer Mendoza y Xavier Velasco, con Miguel Munárriz como secretario. Tenemos el orgullo de comunicar en nuestro blog que el primer premio, de 2.000 € en metálico, lo ha ganado nuestro compañero de la asociación PRIMADUROVERALES Diego Rinoski, por Esta es la historia de Simona Hurtado. El segundo premio, de 1.000 €, ha recaído en César García Fernández por Feliz día de los muertos.

historiasdelosmuertos1

A continuación el relato de Diego Rinoski.

Esta es la historia de Simona Hurtado

Diego Rinoski

El 1 de noviembre de 1973, Otto Günther salió a pasear camino del Puig Morell y nadie sabe cómo, pero acabó despeñándose por un barranco. Otto Günther era un alemán que llevaba siete años viviendo aquí, en el pueblo, y disfrutaba de su jubilación en una bonita casa rodeada de palmeras y fuentes con peces de colores. La mayoría de los vecinos lo conocíamos de vista, y aquellos que tuvieron el valor o la curiosidad de acercarse al lugar del accidente, contarían más tarde que lo encontraron con la cara cubierta de sangre, y los brazos y las piernas del revés, igual que una marioneta; y también contaron que de pronto apareció una mujer que no habían visto nunca, y que sin apartar la vista del cadáver, esa mujer dijo: ahorita se lo lleva la huesuda, no se me achicopale, hombre; y que lo dijo así, como hablándole al propio muerto, y que nadie se atrevió a añadir nada más. Entonces muy pocos sabían que esa mujer era Simona Hurtado. Yo estaba en la plaza, sentado en la puerta del bar de mi abuelo cuando, unos días antes de que esto ocurriera, la vi bajar del autobús. No traía equipaje y llevaba puesto un sombrero de paja y un vestido rojo de volantes. Era Simona pequeña y robusta, y tenía la cara redonda como un pan. Una trenza de pelo negro le caía por la espalda hasta casi tocar el suelo. Se me acercó y antes de entrar al bar me preguntó si allí servían tequila, y yo le contesté que solo había vino o aguardiente, y entonces ella dijo: el fuego, chavo, no más que busco el fuego. Esas fueron sus palabras.

La presencia de Simona Hurtado en el pueblo incomodó a muchos vecinos. Simona no se parecía en nada a los extranjeros que venían a vivir aquí, todos altos y rubios, y con los ojos azules. Muchos de ellos, como Otto Günther, se habían construido una casa a las afueras para que nadie les molestara. Mi abuelo decía que eran educados y dejaban propina, pero que con la gente del pueblo no querían cuentas. Y llevaba razón. Simona Hurtado, en cambio, no tenía nada, y nadie sabía con certeza a qué había venido, además, siempre estaba en la calle, dormía en un granero abandonado, y si alguien le daba una peseta corría a gastársela en aguardiente. Una vez se subió a una silla del bar y cantó México lindo y querido, aunque la mayoría de las noches nos contaba historias de fantasmas, y entonces los clientes se callaban para escucharla, y después de cada historia, nos juraba por la Virgen de Guadalupe que todo lo que había contado había ocurrido de verdad, allá en su tierra, pero eso nadie se lo creía. Lo que sí es cierto es que una mañana mi abuelo estaba abriendo el bar, y que de pronto apareció por la plaza Simona Hurtado y le dijo a mi abuelo que se fuera a velar a su esposa, y él al principio no la entendió porque acaba de ver a mi abuela sentada en su butaca zurciendo calcetines, pero Simona se lo volvió a repetir, y entonces mi abuelo se fue para adentro y encontró a mi abuela muerta, y no zurciendo calcetines como él pensaba.

Con el paso del tiempo, entre una cosa y otra, Simona Hurtado acabó labrándose en el pueblo cierta fama de bruja, una fama que no hizó más que agravarse cuando al año siguiente, también en el día de Todos los Santos, otro vecino llamado Kurt von Hellermann apareció ahogado en su piscina. Y es que a veces las casualidades asustan, pero asustan todavía más si dejan de parecer casualidades, y eso fue lo que ocurrió, porque al año siguiente falleció Helmuth Drossel, también el 1 de noviembre, en un accidente de avioneta; y al año siguiente fue Hans Loerzer, un infarto fulminante; y al año siguiente le llegó el turno a Emil Müller, en el mismo día que los anteriores, devorado por sus perros de caza; y al año siguiente le tocó al doctor Josef Lutz, atragantado con un hueso de pollo; posiblemente la muerte más triste y estúpida de todas, aunque también fue la que puso en alerta a las autoridades. Cuatro furgones de la Guardia Civil aparcaron en la plaza aquella misma tarde para interrogarnos a todos. Me preguntaron por el doctor Josef Lutz, si le conocía de algo, si tenía enemigos, si sabía de alguien que pudiera estar detrás de las otras muertes. También me preguntaron si creía en las maldiciones. Y yo les contesté que no, que aquellos hombres habían tenido mala suerte y punto. Pero al caer la noche, los guardias se reunieron en el bar de mi abuelo a deliberar, y allí bebieron vino y aguardiente, y cuando el bar se quedó vacío y andaban medio borrachos, empezaron a hablar a grito pelado, y así fue cómo me enteré de que todos los que habían muerto el 1 de noviembre, desde la fatídica caída de Otto Günther, eran antiguos miembros de la Gestapo, excombatientes del ejército nazi o amigos íntimos del Fürher. En cualquier caso, ya no eran nada. Por la mañana temprano, los guardias recogieron las tiendas, pero antes de marcharse atrancaron la puerta del granero donde dormía Simona y le prendieron fuego. Mi abuelo y yo salimos a la puerta del bar cuando nos enteramos, y ya no había llamas pero sí podía verse una gran columna de humo a lo lejos. Entonces pensé en lo que había dicho Simona sobre el fuego la primera vez que hablé con ella. Cuando suceden cosas difíciles de explicar alguien debe pagar las consecuencias, sentenció mi abuelo, y a eso precisamente, creo yo, había venido Simona Hurtado desde tan lejos; culpable o inocente, ella nos libró de nuestro propio miedo.

Diego de la Fuente Alcocer, conocido como Diego Rinoski, es miembro del taller de creación literaria de la asociación PRIMADUROVERALES. También es uno de los autores integrantes del blog Cuentos como churros.

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El jurado del “Concurso de cuentos infantiles 2017” de la revista “Adiós cultural” se reunió el jueves 19 de octubre para determinar los ganadores del certamen. La temática de la obra debía contemplar algún aspecto que, directa o indirectamente, ayudase a normalizar el concepto de la muerte como parte del ciclo de la vida, explicado de modo sencillo para la comprensión infantil. El público al que va dirigido el certamen es el infantil, al menor de 12 años.

A la asociación Primaduroverales nos llena de satisfacción comunicar que el ganador ha sido Jesús Gella Yago, que en junio de este año consiguió el segundo premio en el IV Certamen Madrid Sky con el relato La posada al final de la Tierra.

El jurado ha expresado la dificultad para valorar un relato ganador en un certamen con una temática tan especial y ha manifestado que han decidido dejar fuera de los finalistas excelentes cuentos porque han considerado que estaban escritos para ser comprendidos por adolescentes o jóvenes, pero no por el lector infantil. Según este criterio, la decisión final del jurado ha sido la siguiente:

Primer premio: “Querido gran roble”, de Jesús Gella. Para el jurado “es el más completo porque aúna, junto a la calidad literaria, el tema de los animales que es muy extrapolable para su comprensión por los niños más pequeños. Además, está presentando las emociones y explicando las reacciones de los protagonistas. Mantiene muy bien la tensión durante toda la historia y hay mucho movimiento. El tono de cuento popular y clásico le da también un buen color a la historia”.

Segundo premio: “Un lío tremendo” de Carlos I. Fernández Carbonell. Para el jurado “va desmontando muy bien los mitos que van contando los padres al explicar la muerte al niño o niña que es, al final quien la normaliza. Es muy buena idea que consigue que el lector infantil empatice de maravilla con el personaje que, además, tiene una voz muy bien lograda”.

Tercer premio: “El hombre invisible” de Sergio Campo Almeida (A Coruña). Según el jurado, “se trata de una historia muy bonita y que está bien contada, aunque le puede faltar la parte explicita de las emociones que sí están en los dos anteriores. Juega muy bien con la idea de ese amigo invisible visto por los adultos y acerca la muerte de una forma muy pausada desde la ficción hacia la realidad”.

“Querido Gran Roble” (fragmento):

(…)

El corazón del bosque era el mismísimo centro, alrededor del que había crecido todo lo demás. Y también era el hogar del Gran Roble.

El Gran Roble había sido durante mucho tiempo el árbol más alto y con las ramas más fuertes, hasta que alguno de sus nietos creció hasta superar su copa. Era el árbol más viejo del bosque y había conocido a los padres, y a los padres de los padres, y así muchas veces, de cada uno de sus habitantes. Por eso, según se decía, también era el más sabio. No había nadie en el bosque que no hubiera pedido su consejo o escuchado alguna de las mil historias que contaba. Bajo su corteza arrugada y en sus raíces retorcidas, guardaba la memoria de todo el bosque.

Pero hacía dos días, la familia de pájaros carpintero que vivía en el tronco del Gran Roble había levantado el vuelo. Llevaron de norte a sur y de este a oeste una noticia que nadie debía quedarse sin oír: el invierno había sido muy duro también en el corazón del bosque. Tanto que casi todas las hojas del Gran Roble se le habían caído por primera vez. Las pocas que le quedaban se habían vuelto grises y, según aseguraban los pájaros carpintero, estarían a punto de caer. Además, la corteza se le había secado y oscurecido, y se soltaba del tronco a trozos.

(…)

Jesús Gella (segundo por la izquierda) en un momento de la entrega ded premios del IV Certamen Madrid Sky

Felicidades a los ganadores, a los que animamos a participar en la V edición del Certamen Madrid Sky con el deseo de que continúen sus éxitos.

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Por Alicia Gallego

La primera impresión que te llevas cuando conoces a Paco es la de un tipo grandón que siempre está de buen humor. Y eso es lo que se refleja en sus cuentos, donde siempre encuentras esas pinceladas que te hacen sonreír, e incluso a veces, reír a carcajada limpia. Sus relatos también reflejan una gran sensibilidad, lo que no desentona en absoluto, sino que más bien acompaña, con su tamaño. Esta sensibilidad y el tiempo libre de que dispone desde que tuvo que acogerse a una pre-jubilación forzosa en Telefónica, le permite realizar labores de voluntariado, participar en nuestro Taller Literario y dedicarse al teatro, su otra pasión.

DSC_0373 (1)Paco estudió Físicas en la Universidad Complutense de Madrid, y eso también se refleja en lo que escribe, donde, alguna vez, se ha dedicado a pastorear asteroides.

Alicia: ¿En qué momento empezaste a escribir? ¿Siempre has escrito relatos?

Paco: Empecé a escribir relatos cuando entré en el taller de creación literaria de la Casa del Reloj, en octubre de 2013. Hasta entonces lo único que había escrito eran documentos técnicos relacionados con el trabajo y un par de  libros para formación. Bueno y alguna que otra poesía; pero de carácter íntimo y no publicables, jeje.

A: ¿Por qué escribes? Quizá sea una pregunta un tanto íntima, pero tengo curiosidad.

P: Escribo porque me gusta enfrentarme a un folio en blanco y crear personajes e historias. Me gusta la sensación de  libertad al ver que todo vale cuando escribes, entiéndeme; quiero decir que la imaginación no tiene límites y puedes justificar cualquier hecho sea realista o fantástico. Otro asunto, bien distinto, es escribir bien y que guste.

A: Ya veo que  no sientes miedo al enfrentarte a un folio en blanco, sino que más bien lo disfrutas. ¿Cómo preparas ese momento previo a dar a luz una idea?

P: Tengo que estar tranquilo, sin nada pendiente por hacer, busco música que para mí sea evocadora, el rock instrumental, celta o clásica suelen ser las elegidas, abro el Word y “palante”; una gozada.

A: Dinos quiénes son tus autores  preferidos.

P: Soy muy poco fiel, ahora te diría que Fernando Aramburu ya que Patria me ha parecido un libro genial, por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. Quizás el autor del que más libros he leído sea Isaac Asimov. Y no puedo olvidar a mi amigo Manuel Pozo y su libro de relatos “Violeta sabe a café”.

A: ¿Alguno de tus autores favoritos ha ejercido alguna influencia en tu manera de escribir?

P: Si lo ha hecho no ha sido conscientemente. No trato nunca de escribir como tal o como cual; lo que trato de hacer es buscar la originalidad, algo que consigo en muy pocas ocasiones.

A: ¿Cuál es tu técnica para escribir, tienes algún sistema que te ayude?

P: Soy bastante caótico, no me atrevería a decir que tengo una técnica determinada. Me motiva mucho lo que Pura propone en el taller, espero la idea feliz, que puede llegar en cualquier momento, tomando cervezas con los amigos o  en la cama, en el duermevela o en los desvelos;  y luego escribo de un tirón el relato, un par de repasos correctores (soy un poco vago en eso) y ya está.

A: ¿Te parecen interesantes los análisis de los textos que hacemos en el Taller? ¿Cuál de ellos te ha gustado más?

P: Me parecen muy interesantes, ayudan a mejorar nuestra forma de escribir, a que pongamos atención en aspectos técnicos que enriquecen nuestros textos. Y es enriquecedor comprobar lo que se entiende y lo que no de aquello que escribimos. Hay ocasiones en que surgen interpretaciones que al autor no se le habían pasado por la imaginación.

Me gustó especialmente el análisis que hicimos de los relatos de Alice Munro y Doris Lessing. También estuvo muy bien lo que se hizo con  “El hombre que miraba al mar”  de Carlos Cerdán; tomar un cuento y versionarlo es también un buen ejercicio. Pero respecto a los relatos de los compañeros del taller no puedo quedarme con uno solo. Disfruto muchísimo todos los jueves escuchando todos los relatos que se escriben en  este grupo de amigos que somos los primaduroverales.

A: De todos los relatos que has escrito ¿tienes alguno preferido o los quieres a todos por igual?

P: No todos son iguales, uno sabe cuáles son mejores, más que nada porque están más trabajados. Guardo especial cariño al relato “La hija del sol” ya que fue mi primer relato leído en el taller y que fue muy bien acogido.

A: Lo recuerdo muy bien porque me di cuenta de tu interés por la vida y costumbres de los indios de Norteamérica. Todos disfrutamos muchísimo mientras lo leías .Nos parecía que estábamos en los Apalaches junto a tus personajes. ¿Recuerdas la sensación que sentiste al leer éste tu primer relato en el Taller?

P: Pues mucha emoción, había escuchado ya varios relatos de compañeros y me parecía que nunca llegaría a ese nivel; experimentar  que se me escuchaba con atención y que al final se aplaudía fue un subidón. Esa grata sensación me viene cada vez que voy al taller.

A: Recomiéndanos algún libro de relatos o novela.

P: Ya he mencionado “Patria” y “Violeta sabe a café”. Pero por echar mano del pasado yo recomendaría “Cometas en el cielo” de KhaledHosseini y un libro que no pude dejar de leer desde que lo empecé hasta acabarlo: “La profecía” de David Seltzer. Por último recomiendo todas las tiras de “Mafalda” de Quino.

foto paco presentando MadridSkyA: Por último me gustaría que hicieras algún comentario sobre nuestro Concurso Literario  “Madrid Sky”.

P: Creo que debemos de sentirnos orgullosos de “nuestro” concurso. Nos permite abrirnos a escritores de todas partes, conocer nuevos valores y a autores consagrados. Pero lo mejor es el acto de entrega de premios. Leer diez fantásticos relatos y comentarlos en directo con los autores es una gran experiencia. A ver si seguimos teniendo patrocinadores para el próximo, que será el quinto.

A: Seguro que sí. Esperamos contar contigo una vez más, en la elaboración de éste proyecto que tanto nos ilusiona a todos.

P: Siempre podréis contar conmigo.

Madrid 16/10/2017

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El blog A voz en cuento, que administra nuestro compañero José Jesús García Rueda, rinde homenaje al relato ganador del IV Certamen Madrid Sky. Para los amantes de los buenos relatos será un placer oír en el podcast el relato Tal vez mañana, de María Posadillo Marín. Cierra los ojos y disfruta.

La música que acompaña el relato es la sinfonia Nº5, Adagietto, de Mahler.

Tal vez mañana

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Por Manuel Pozo Gómez

Jesús Gella Yago nació en otoño de 1977 Zaragoza, donde sigue viviendo. Su profesión no tiene demasiado que ver con la literatura, aunque implica darle mucho a la tecla o al bolígrafo, pero el resultado son informes fríos, objetivos y sin alma.

En el colegio empezó a montar sus primeras historias. La biblioteca era enorme (aunque hace poco volvió a visitarla y comprobó que en realidad él era muy pequeño). En ella conoció a compañeros de aventuras extraordinarias como Verne, Stevenson, Twain y Salgari, o London, Zane Grey y Karl May.

Estaba en el instituto cuando ganó algún certamen local y, al terminarlo, fue también cuando aparcó esta afición.

¿Por qué dejaste de escribir, Jesús?

La carrera y el trabajo para poder pagarla, además de alguna circunstancia más (de esas que se empeñan en complicarnos los planes), me distrajeron y dejé de escribir por placer. A veces digo que fue la peor decisión de mi vida pero, si me paro a pensarlo, ni siquiera fue una decisión: simplemente ocurrió.

Ha sido en los últimos años cuando he recuperado ese vicio (porque sin duda lo es), especialmente durante el último, después de decidir distanciarme temporalmente de mi entorno profesional.

La verdad es que fue una sorpresa ser convocado como finalista del “IV Concurso Madrid Sky”, ya que no he participado en demasiados concursos (quizá seis o siete en total, en los últimos diez años): sí que en 2010 un relato mío fue seleccionado para ser publicado a partir de mi participación en el “VII Premio Luis del Val”, y que el año pasado la web “Ociozero” (revista de género fantástico) reconoció el mérito de otro relato que tampoco llegó a ganar.

Así que, ciertamente, el “IV Madrid Sky” ha sido mi primera vez. ¡Espero que hayáis inaugurado una fructífera racha!.

¿Dejas leer tus relatos a alguien antes de tenerlos terminados o antes de publicarlos?

A Silvia, mi compañera (de toda la vida, casi) y acompañante (el día de la entrega de premios), le toca de vez en cuando darme una opinión. La verdad es que no suelo compartir lo que escribo, no sé si en un acto de egoísmo o de pura timidez. Probablemente las dos. Aunque, después de la experiencia con “Primaduroverales”, me apetece dar guerra a mi alrededor.

Viniste desde Zaragoza y estuviste un rato con nosotros para marcharte enseguida. ¿Te mereció la pena tanto trajín?

¡Por supuesto! Como te he dicho antes, esta ha sido mi primera convocatoria como finalista de un certamen literario. Cuando recibí vuestra comunicación ni siquiera me paré a valorar la dotación económica de los premios o la posibilidad de quedar descartado, ni siquiera la de resultar uno de los premiados. Bastó con pensar que a alguien le había convencido algo de lo que yo había escrito para tomar la decisión de que, sí o sí, iba a merecer la pena viajar para conocer a ese alguien. Afortunadamente no me equivoqué ya que, además de llevarme un segundo premio a casa, fue un encuentro muy agradable. Creo que hablo por todos los convocados al encomiar el esfuerzo que hicisteis desde “Primaduroverales” para crear un ambiente muy grato, por lo acogedor y distendido, sin menoscabo de la seriedad y significado que un acto como este debe tener.

¿Te habías visto antes en una encerrona parecida?

La verdad es que no. Pero, desde luego, si eso fue una encerrona… ¡pues que vivan las encerronas!

No esperaba que el acto se alargara tanto y la hora del billete de vuelta obligaba a dejaros pronto, apenas comenzada la celebración posterior. Intenté saludar al mayor número de los presentes por lo que me llevé, además de muestras de cariño y simpatía, un torbellino de caras y nombres en la cabeza.

Sí que me gustaría mencionar expresamente el elogio y ánimo que me regaló Teresa Núñez al bajar de vuestro autobús. Cuando esa persona te menciona detalles de su carrera literaria y reconoces en ella nada menos que a Paul Lattimer, también caes en la cuenta de que es un auténtico mito del western español (cuya calidad como autora está más que respaldada por numerosos premios) quien te acaba de echar una flor y además te anima a seguir. Y eso emociona, ¡vaya si emociona!

Lo dicho: ¡vivan las encerronas! ¡Los médicos recomiendan una a la semana!

¿Qué te parece que haya empresas comprometidas, como la academia Heisenberg, que apuesten por la cultura y patrocinen un certamen literario como el nuestro?

El impulso de cualquier iniciativa cultural en estos tiempos de desencanto es esperanzador. Y sobre eso, podríamos filosofar y disertar entre cañas hasta terminar arreglando el mundo.

Pero además, en el caso de la combinación de “Primaduroverales” con “Heisenberg” (y “Vinos y Caminos” y “La Rebujita”), también resulta estimulante.

Me explico: creo que comentasteis que veníais dotando los premios con vuestros propios medios hasta que este año habéis contado con patrocinadores. Entiendo que este apoyo garantiza la supervivencia y consolida certámenes como “Madrid Sky”, tan necesarios entre cientos de convocatorias amparadas por ayuntamientos, instituciones y marcas potentes.

¡Ojo! No digo que “Madrid Sky” sea un certamen pequeño (¡ya es la cuarta ocasión y habéis recogido casi 400 textos de 15 países, con algún finalista de larga trayectoria!) o que otros certámenes y sus benefactores sean sospechosos.

Simplemente quiero decir que la participación de una academia como “Heisenberg”, especializada en inglés y ciencias, en las aventuras de un grupo de escritores como “Primaduroverales”, hace que apetezca intentarlo y animan a dar el paso. Se percibe la ilusión de quienes estáis detrás y se adivina la transparencia y honestidad.

De no haber transparencia y honestidad, desde luego yo (como emborronador de papeles, novel a la par que tardío) no habría podido compartir una tarde tan encantadora con vosotros.

Así que aprovecho este hueco tan oportuno para agradecer a Sergio Torres (de “Academia “Heisenberg”) su compromiso y participación.

Una de las cosas que más llama la atención de tu relato es la riqueza de vocabulario. Palabras como carozo, cellisca y arrabel han entrado en el vocabulario de nuestro blog como palabras cazadas. ¿Son propias de tu lenguaje o de tu entorno?

No, no son palabras que use en mi vida normal. De hecho, dudo que alguna vez las haya utilizado u oído en una conversación, pero sí leído en algún momento.

Disponemos de un idioma con un vocabulario vastísimo y que ofrece infinitas posibilidades para jugar con él, e incluso retorcerlo para conseguir nuestro objetivo narrativo en un texto. Creo que, evitando caer en pomposidades que pueden distraer al lector, es imprescindible mimar la selección de las palabras. Sobre todo en determinados géneros y siempre en función de unos fines premeditados. La palabra adecuada puede lograr o dar al traste con la idea que era tan prometedora mientras bullía aún sin forma en nuestra cabeza, hasta que al intentar fijarla en el papel su volatilidad nos desanima.

Tan importante me parece lo que se cuenta, como cómo se cuenta. Antes de cerrar un texto debe haber un trabajo de pulido, casi de orfebrería, que ha de notarse pero que debe proporcionar un acabado que impacte en el lector y, con suerte, lo haga perdurar en su memoria.

Esas palabras que destacáis en vuestro blog fueron elegidas para afianzar la atmósfera del relato y porque me pareció que su sonoridad podía dotar de una musicalidad interesante a algunos párrafos. Además creo que, aun si se desconoce su significado, no cuesta intuirlo dentro del contexto y el ambiente. Lo contrario podría provocar que el lector tenga la impresión de haber tropezado con un estorbo que le haga salirse del relato y que, una vez rota la magia de la ficción, ya no le apetezca volver.

Un relato propio leído por otra persona parece distinto, en cierto modo nos es ajeno. ¿Qué te pareció la interpretación que hizo Alicia Cereceda de tu relato?

Va a sonar a tópico, pero… “me alegra que me haga usted esa pregunta”.

Yo sí que suelo leer en voz alta lo que escribo para comprobar la fluidez y el ritmo interno del texto, pero nunca había oído ninguno en la voz de otra persona. 

Cuando Alicia leyó el título y mi nombre y luego hizo aquella enorme pausa antes de empezar con el relato en sí, creo que no exagero si digo que todo el salón se sobrecogió. No por lo que yo había escrito sino por la voz de Alicia (¡qué voz!). Ennobleció el relato con una lectura que, sin limitarse a ser tal, fue una verdadera interpretación.

Fue un día de muchas emociones: el viaje con la ilusión de un fallo pendiente, el encuentro con vosotros y los demás finalistas, la presentación del acto y nuestras intervenciones, estar entre los ganadores, las fotos de familia, la celebración posterior y el viaje de vuelta pensando “¿qué ha pasado? “.

Pero sin duda, para mí, el momento de mayor emoción fue precisamente el de la lectura (insisto, interpretación) de Alicia. Alicia es actriz y locutora, y demostró profesión midiendo pausas y énfasis y haciendo suyo un texto que se engrandeció de tal forma con su declamación, que me hizo sentir verdaderamente orgulloso de haberlo escrito.

¡Una lástima no tenerlo grabado!

¿Cuál fue el origen del cuento? ¿Cómo se te ocurrió la idea de recrear a la muerte en un personaje?

“No acostumbro a entrar si no hay clientes”.

Esta fue la frase seleccionada del libro “Madrid Sky” para convertirse en el pie forzado que abriera los textos participantes. Estaba claro que la palabra “clientes” iba a decidir los diferentes argumentos. Las posibilidades ambientales de esa palabra eran enormes, no hay más que leer algunos de los relatos: desde el México traicionero y traicionado que dibujó Inocencio Javier Hernández en “DF Wall” o el banco para el que Alberto Ramos propuso un atraco moral en “Por Sonsoles, a mi manera”,  hasta la tienda esotérica de “Tal vez mañana”, el texto ganador de  María Posadillo.

Debo reconocer que lo primero que se cruzó por mi mente fue un local de mala nota de esos donde todo y nada puede suceder, impregnado de desdicha y frecuentado por sombras tristes. Como vimos, de eso se ocupó Francisco de Paz Tante en “Neones rosas”. Del drama pasé a jugar con la idea de un sainete en un restaurante chino, y también en un desencuentro con filosas en una tanguería de arrabal.

Esas primeras ideas me llevaron a pensar que quizá podría hacer que los anfitriones de mi relato fueran algo más “selectos”: pensé primero en un infierno regentado por un Diablo socarrón, pero no veía la forma de encajar la frase de apertura. Así que decidí situarme cerca de ese infierno pero fuera, y enfocar a la Muerte que acompaña a los desafortunados cruzando la puerta del infierno con ellos. Así, el Diablo inicial se convirtió en una presencia apenas insinuada y que además queda en segundo plano, detrás del perro que guarda la entrada y que quizá (solo quizá) aúlla por tres gargantas.

Los atributos e imaginería clásica de la Muerte son más que populares (capucha, guadaña, calavera y ocasionalmente un reloj de arena), por lo que me pareció esencial explotar el ambiente donde se desarrolla el relato para crear un interés y una expectativa: un acantilado es apropiado para sugerir la idea de un final abrupto y dar con el topónimo Pembroke (muy próximo a nuestro “finis terrae”) hizo el resto.

Ya ves, las incertidumbres del papel en blanco te llevan a donde menos esperas.

¿Esto significa que te desenvuelves bien en el género fantástico y es tu género preferido?

Pues creo que, en cierta manera, ya te he contestado con la respuesta anterior: antes de dar con la idea final pasé por un drama urbano, una comedia que pretendía ser (perdón por el palabro) “woodyallenesca” y un thriller suburbial.

No puedo decir que el fantástico sea mi género preferido, de hecho ni siquiera lo frecuento en mis lecturas, salvo algunas incursiones en clásicos como Lovecraft, Poe o Bierce cuando el cuerpo lo pide (porque a veces el cuerpo lo pide). Reconozco que ando muy despistado en cuanto a lo que se está haciendo actualmente en terror o fantástico.

Sin embargo, con un pie forzado tan sugerente y dado que la brevedad requerida invitaba a buscar el impacto final, me pareció apropiado intentarlo con el fantástico para buscar la sorpresa sin recurrir a un drama más o menos realista.

Al fin y al cabo, el desaprensivo de mi relato se lo merece… ¿o no?

¿Cuáles son tus perspectivas en la literatura?

Pues la verdad es que ahora mismo me rondan la cabeza varias historias que necesitan un aliento más largo: el cuerpo me pide novela.

Hace unos años que guardo, cogiendo polvo, un par de borradores (uno lo recuerdo bastante simplón) más o menos cerrados. Sigo aplazando su revisión pensando que quizá sin mi esfuerzo el tiempo les habrá dado pátina, cuando lo más probable (seguro) es que cuando vuelva a abrirlo comprobaré que se han convertido en vinagre.

Últimamente he estado dando vueltas a una novela que presumo será breve, y a la que durante lo que queda de año espero terminar de dar forma. No estoy seguro de en qué género terminará encajando, pero sí sé que habrá mucho rock and roll.

¿En la actualidad dedicas mucho tiempo a leer y escribir?

Bastante, mucho. No concibo un día sin palabras escritas. Pero me temo que igual que prefiero comer a cocinar, también dedico más tiempo a leer que a escribir. Ando empeñado en invertir la proporción.

Por último me gustaría saber cuáles son tus autores preferidos y quiero pedirte que nos recomiendes un relato para nuestra colección de relatos recomendados.

Mi debilidad en cuanto a novela son los clásicos decimonónicos. Pero la lista sería interminable, desde la pura diversión folletinesca a los más cerebrales y psicológicos, sin importar nacionalidad: de Balzac y Hugo a Dumas y Sue, Dostoyevski y Turguénev, Dickens y Collins, Pérez Galdós y Pardo Bazán,… Fueron el paso natural a partir de mis lecturas infanto juveniles, y vuelvo con frecuencia sobre ellos, sin soltar nunca la mano de Joseph Conrad.

Alineados con mi impenitente mitomanía, también tengo favoritos muy cercanos al imaginario popular gracias a las (más o menos adulteradas) traslaciones cinematográficas de sus obras, como Conan Doyle, Ian Fleming, Raymond Chandler o Dorothy M. Johnson.

Autores más modernos, o actuales, o de cierta actualidad que reclaman mi atención, a veces teniendo que echar (lamentablemente) la vista algo atrás, son Thomas Pynchon, Richard Ford, Winfried G. Sebald, Paul Auster, Kurt Vonnegut, Roberto Bolaño o Umberto Eco y, barriendo para casa, por ejemplo, Eduardo Mendoza, Javier Marías y Jaume Cabré.

Para terminar, en cuanto a relatos o narrativa breve, me veo obligado a recurrir a los maestros imprescindibles como Julio Cortázar, Isak Dinesen o Guy de Maupassant, en los que siempre se puede confiar.

Y como recomendación final, quizá sea muy obvio recurrir a Hemingway, pero tengo una gran debilidad por “La breve vida feliz de Francis Macomber” (publicada en 1936), de la que se hizo una adaptación cinematográfica con Gregory Peck, Joan Bennett y Robert Preston (“The Macomber affair”, 1947) y que en España tuvo el sugerente y entusiasta título de “Pasión en la selva”.

Muchas gracias por este rato que nos has dedicado. ¿Te gustaría añadir algo más?

Solo reiterar mi agradecimiento a todos los que estáis detrás de “Primaduroverales” y “Madrid Sky”, y deciros con toda sinceridad que podéis contar conmigo para lo que gustéis.

Y desde luego, mi felicitación a los demás finalistas (Daniel Calles, Inocencio Javier Hernández, Francisco de Paz, Alberto Porras, José Quesada, Alberto Ramos y Lola Sanabria); a María Posadillo por su primer premio y, especialmente, a Marina Aparicio que, por su juventud, tiene un enorme horizonte a su disposición (¡a por ello!).

¡Un placer haber compartido esto con todos vosotros!.

La posada al final de la Tierra  Segundo premio en el IV certamen Madrid Sky

 

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