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Posts Tagged ‘relatos fantásticos’

La cervecería La Rebujita ha patrocinado el tercer premio del V certamen Madrid Sky. Ana Pozo fue la encargada de entregar el premio a Alberto Palacios Santos, que ya fue primer finalista en la II edición de este certamen. En esta ocasión se ha presentado con un relato, Los vecinos, en el que cualquier lector podría verse identificado con la protagonista. Para la asociación Primaduroverales es una suerte poder contar con el patrocinio de lugares como La Rebujita que hacen una apuesta desinteresada por la cultura.

 

Los vecinos

Alberto Palacios Santos

Tercer premio V certamen Madrid Sky

Tuve que irme a la cama para no flaquear. Después de dar vueltas por toda la casa, como una leona enjaulada, volví a acostarme sabiendo que ya no iba a poder dormir. Ojalá no me hubiera levantado.

Todas las noches, a las cuatro, los vecinos del piso de arriba se duchan, es una ducha larga y ruidosa en la que el agua choca contra la grifería en un estrépito de gotas que repiquetean sobre el suelo de la bañera.

Los odio.

Apenas me he cruzado con ellos por las escaleras un par de veces desde que vinieron a vivir aquí. Son mayores, supongo que deben tener entre sesenta y setenta años. Él tiene la cara cuarteada y el pelo encrespado como un niño avejentado. Ella es oronda, de rostro magro y labios finos, lleva el pelo acaracolado y viste con pésimo gusto.

Saludan como si te debieran algo, de forma escurridiza, entre dientes y con la mirada en el suelo. Podía ser una de esas parejas que guardan cadáveres en el armario, pero esta, además, los saca de madrugada para bailar con ellos.

No hacen nada, se levantan tarde, ven la tele hasta las tantas, su única actividad es freír pescado y dejar caer fardos contra el suelo de vez en cuando.

Yo los llamo así, fardos, porque imagino un gran paquete del tamaño de una persona adulta, con un envoltorio de saco o tela rugosa, que tiran al suelo como otros riegan las plantas o leen el periódico.

Al principio me sobresaltaban, me hacían estar tensa, esperando el siguiente golpe, sordo y voluminoso, mientras se me encogía el estómago.

Después empecé a tomármelo como parte de mi vida.

Lo que no puedo soportar son las duchas a las cuatro de la mañana, primero la de él, sorda, brusca, violenta. Después ella, extrovertida, abundante, casi festiva. ¿Por qué lo harán?

Después de la hora larga de baño no se les vuelve a oír hasta media mañana. Así día tras día tras día, noche tras noche, ducha tras ducha.

Hasta ayer mismo, hasta que a las cinco de la madrugada la última gota de su baño hizo que rebosara mi paciencia y salté de la cama, y me vestí furiosa, y sin calzarme, subí hasta su rellano y llamé a su timbre.

El timbrazo sonó metálico y arrastrado en medio de la noche.

Tardaron en abrir mientras yo esperaba, con los pies helados, quieta frente a una puerta y un piso que eran idénticos a mi puerta y a mi piso, apenas una marca distinta, un desconchón en la pintura de la pared representando el mapa de un país distinto al desconchón de mi pared.

Entonces empezó a invadirme una sensación de irrealidad, comencé a pensar que yo no era yo, que aquella pareja de viejos éramos mi pareja y yo, el marido que un día no tuve, con el que tenía que haber compartido ese piso durante todos estos años y con el que había envejecido, y ahora nos duchábamos para soportar nuestra podredumbre y movíamos nuestros recuerdos por la casa dejándolos caer como fardos sin vida cuando no podíamos más.

Deseé salir de allí corriendo, bajar los escalones de dos en dos y volver a mi casa y a mi cama. Pero no podía moverme, mis pies helados seguían pegados a las baldosas, y al otro lado de la puerta ya se oían avanzar esos dos cuerpos que, viejos y pesados, se acercan, y ella que, con voz temblorosa, ya está preguntando “¿Quién es?, ¿quién es?”

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Estamos a punto de entrar en el mes de mayo. El día 20 de mayo se cierra el plazo de entrega de los relatos para participar en la V edición del certamen Madrid Sky. Publicamos hoy el relato ganador de la IV edición, Tal vez mañana, de la malagueña María Posadillo Marín, que tenía la condición de comenzar con la frase No acostumbro a entrar si no hay clientes. Es un maravilloso relato de género fantástico con el María Posadillo conquistó al jurado de nuestro certamen y que merece la pena leer con detenimiento.

Bases V Certamen Madrid Sky

Tal vez mañana

María Posadillo Marín

Relato ganador del IV certamen Madrid Sky

 No acostumbro a entrar si no hay clientes. Así puedo pasear tranquila por la tienda mientras el propietario atiende a los otros compradores. Escuchar el murmullo de su voz en la distancia me permite moverme sin el sobresalto de descubrir el reflejo de su ojo de cristal destellando en cualquier vitrina.

En medio de la penumbra observo los extraños objetos expuestos en los estantes: pirámides de tres lados, minerales pulidos, pequeños frascos llenos de turbios contenidos. Nada reclama mi atención de manera especial. Sin embargo, estoy segura de que el impulso que me ha conducido hasta este lugar tiene una razón de ser; lo percibo en el aroma a incienso que lo llena todo. Una atmósfera hipnótica me anuda las muñecas con unas cuerdas invisibles que me retienen. Echo un vistazo a mi alrededor; todos parecen seguros de lo que desean adquirir.

En una esquina, descubro una mujer que suspira mientras escoge un filtro de amor. Los lamentos por su soltería rebotan como un eco por las paredes y se quedan prendidos en las costuras de su rancia vestimenta.

Un anciano de cabellos blancos discute con el dueño. Se queja de que las velas que le despacha son de tan mala calidad que ni la mecha se presta a arder. El hombre lo mira con el lento parpadeo de su único ojo y, con paciencia infinita, enciende una cerilla frente al cliente descontento hasta prender el pábilo de una vela. El viejo se acerca desconfiado a la luz. La llama oscila iluminando su rostro cerúleo y amenaza con quemar la fina telaraña de su barba. Duda. Blasfema. Y, finalmente, se aleja dejando una estela de palabras malhumoradas que caen sobre los libros de hechizos.

Nadie parece inmutarse por el alboroto. Cada cual deambula abstraído en su propia búsqueda. Solo el tintineo inesperado de unas campanillas en la puerta rompe ese halo de indiferencia.

Es Miguel. No logro entender cómo mi esposo me ha localizado. Parece que no se ha percatado de mi presencia pues, al hallar al dueño del establecimiento, ha caminado hacia la trastienda. Ahora sé que no es a mí a quien busca.

Está distinto. Unas sombras bajo los ojos le oscurecen el gesto, y esas arrugas que desconocía han dibujado un mapa diferente en su rostro. Pero son sus manos, esas que tan bien conozco, las que delatan que algo no va bien. Están enrojecidas por la presión con la que mantiene sus puños cerrados. Me pregunto si su crispación tiene que ver con nuestra última discusión. Escoger un nombre para el bebé no debería habernos enfrentado, le dije que lo hablaríamos al llegar a casa. A casa…

No recuerdo por qué estoy aquí. De repente hay demasiado silencio. Las imágenes acuden a mi memoria en sacudidas: la lluvia en los cristales del coche, nuestras voces enfadadas, el vacío bajo las ruedas. Y esa extraña luz.  La mirada huérfana del tuerto restalla como un látigo en mis pensamientos.

—¡Tiempo!—le grito al fin—¡Eso es lo que he venido a buscar! ¡Necesito más tiempo para vivir a su lado! ¡Para tener a nuestro hijo!

El hombre, con el semblante triste, me hace una señal para que le siga.

La pequeña habitación me es familiar. Miguel llora como cada vez que nos reunimos. Hoy tampoco podrá verme.

―Han pasado ya tres meses ―anuncia el mediador. ¿Listos para despediros?

―Necesito más tiempo― pronunciamos ambos, a la vez.

―Hola, amor― murmura él para sí con voz serena―. Tal vez mañana.

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La escritora Rakel Ugarriza Lacalle obtuvo el primer premio del III Certamen Literario Madrid Sky con el relato titulado Ladridos. Un relato, como en la edición anterior, de género fantástico. En esta edición el relato enviado debía comenzar por la frase Se oye el sonido de la verja de entrada que se abre, que aparece en el libro Madrid Sky, en el relato titulado El viento de la pradera, de Vicente Moreno Nieto. Su publicación hoy es nuestro homenaje a la literatura en el día del libro.

Bases del V certamen literario Madrid Sky

Ladridos

Rakel Ugarriza Lacalle

Relato ganador del III Certamen Madrid Sky

Se oye el sonido de la verja de entrada que se abre y se cierra sin parar. También se escucha el ladrido incansable de un perro desde hace varias horas o puede que sean días. No sé, aquí abajo es difícil medir el tiempo. En este minúsculo espacio nos hemos llegado a hacinar hasta diez, once, doce personas, puede que trece, no recuerdo bien. Sin ventanas, sin luz, solo una trampilla en el techo ya desvencijada tras los últimos ataques de esos malditos animales salvajes. Seguro que al principio eran dóciles, pero desde la catástrofe todos actúan como bestias. Nosotros también.

Hace demasiado tiempo que ya no se escuchan los helicópteros ni las explosiones, solo los ladridos que con el paso de las horas terminan convirtiéndose en espeluznantes aullidos. Y el escarbar de las fieras, un incansable rascar de uñas contra la madera, que termina desquiciándonos a todos. Antes los animales no insistían demasiado, se marchaban pronto y entonces llegaba el silencio, mucho más aterrador. Sin embargo, a medida que las condiciones van empeorando allá afuera, sus intentos por entrar duran más. Si hasta yo soy capaz de oler el miedo que desprenden nuestros cuerpos, ¿cómo iban los animales a ignorarlo?

Ninguno de los que se atrevieron a salir ha vuelto. Huyeron todos, uno tras otro. Unas veces solos, otras en pequeños grupos. El último ni siquiera se despidió. Por suerte nos quedan una manta y un par de botellas de agua, aunque yo no dejo de pensar en toda la comida que esos desertores se han ido llevando.

El bebé también llora sin parar desde hace días. Me ocupo de él, pero desde que la comida se acabó, yo estoy seca.

Aquí solo queda el ladrido del perro, el chirriante sonido de la verja, el inconsolable llanto del bebé y la seguridad de que tengo que defenderlo. Debo protegerlo, no puedo permitir que ningún perro hambriento termine arrancándomelo de los brazos.

El bebé es mío.

El bebé es el último alimento que me queda aquí abajo.

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Este lunes publicamos el relato ganador del II certamen Madrid Sky. Su autor fue Santiago Eximeno, un gran autor de relatos fantásticos que, fiel a su estilo, resultó vencedor de la segunda edición de nuestro certamen con el bellísmo relato titulado A su lado. El esta segunda edición la frase elegida para comenzar los relatos fue Por segunda vez en lo que va de noche, llora.

Bases del V certamen literario Madrid Sky

A SU LADO

(Santiago Eximeno Harnampérez)

Relato ganador del II certamen Madrid Sky

Por segunda vez en lo que va de noche, llora. Antonio tarda menos de un minuto en levantarse de la cama y acudir al cuarto de María, su hija, pero cuando entorna la puerta ella ya ha callado. Como siempre. La misma rutina que se repite todas las noches desde que encontró a Alicia en la bañera.

En la habitación de la niña hace frío, y Antonio se frota los antebrazos desnudos antes de entrar. Sabe que Alicia, su mujer, está allí. Como siempre. Nunca ha sido capaz de llegar antes que ella a atender a la niña, y por lo que parece eso no va a cambiar. Alicia le sonríe cuando le ve allí, parado en el umbral, con ese esbozo de sonrisa que tanto le entristece. Pero Antonio no protesta, no le reprocha nada. Se limita a quedarse allí, apoyado en la jamba de la puerta del cuarto de su hija, mientras ve cómo su madre la sostiene entre sus brazos, cómo la acuna, cómo le susurra palabras en su oído. Palabras que él no entiende, que prefiere no entender.

María tiene los ojos cerrados, se deja querer. Tiene el chupete en la boca y succiona de esa forma tan característica, tan adorable. Todavía no ha cumplido un año, y Antonio ha pensado varias veces en volver a ubicar la cuna en su dormitorio. No lo hace porque fue una decisión de ambos llevar a la niña a su propia habitación, y no quiere entristecer a Alicia. Eso dice. Eso quiere creer. La realidad es que tampoco se siente con fuerzas para encontrarse con Alicia en su propia cama todas las noches. Allí, en el cuarto de la niña, sentada en la mecedora, con María entre los brazos, se la ve hermosa. Si estuviera más cerca, si pretendiera tocarle, Antonio sabe con certeza que echaría a correr.

María se queda dormida y Alicia la deposita con cuidado de nuevo en la cuna. Mientras lo hace le sonríe, esa sonrisa triste desdibujada, y cuando termina levanta la mano izquierda en señal de despedida. Antonio puede ver las cicatrices en forma de cruz en su muñeca desnuda, porque Alicia está vestida con la misma ropa que llevaba cuando la encontró, hace ya más de dos meses, tumbada en la bañera, medio sumergida en el agua turbia. Solo lleva puesta su ropa interior, y su presencia en el cuarto de la niña es perturbadora. Alicia se despide de nuevo y después, ajena a la gravedad de la situación, simplemente se desvanece. Como si nunca hubiera estado allí.

La temperatura del cuarto asciende con rapidez varios grados, y Antonio se decide, entra y acaricia la cabeza de la niña antes de salir de nuevo y cerrar la puerta tras él.

Vuelve al dormitorio, se tumba en esa cama que ya no es de ellos, sino suya. Una cama demasiado grande, demasiado vacía. Piensa en Alicia. En su sonrisa triste, en su perenne tristeza, en su depresión. Y por segunda vez en lo que va de noche, llora.

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Una estupenda tarde la que se disfrutó en la presentación del libro error 404, editado por Relee, el pasado viernes en la librería ‘El olor de la lluvia’. Gran afluencia, que sobrepasó con creces el aforo. Humor inteligente y oportuno a hilo de la presentación de los autores y sus relatos de esta antología sobre la perplejidad tecnológica. Un total de 21 autores, cuatro de los cuales representaban a nuestro Taller Literario Primaduroverales.

PortadaEl libro muestra un diseño cuidado y una calidad en la edición muy destacable, tal como acostumbra a exhibir Relee y, además, un tratamiento exquisito por parte de cada autor de esta idea central de la tecnología, aún incluyendo alguno de ellos que se declaró reacio a la utilización de los más comunes dispositivos.

Centrándonos en nuestro cuatro compañeros vamos a incluir aquí la frase inicial de cada unos de sus relatos, para incitaros a leer y disfrutar de estos magníficos textos:

Jose IIJosé Sainz de la Maza – ‘Amadeus’

“Cosmo conduce su Flexum Batty por una autopista del sector sudeste de Amadeus en dirección al complejo Mármont. Ha desconectado la terminal por la que recibe datos de su empresa y ha puesto en off todas las entradas de audio del vehículo. Circula en absoluto silencio…”

Juan II Juan Santos – ‘El experimiento’

“Lázaro Maldonado y Sara Fuentes llevaban más de media vida juntos. Era una de esas parejas que solo con mirarla se notaba que habían nacido el uno para el otro. Pero, cuanto mayor era su dicha, más les angustiaba pensar en el día que alguno de los dos faltara…”

jj IIJosé Jesus García Rueda – ‘En el jardín metálico’

“Soy biólogo, especialista en botánica. No suelo presentarme así (mi costumbre es siempre comenzar hablando de las serenatas de amor que le dedico al cielo del mediodía), pero esto fue lo que le dije de mí a aquel fotógrafo…”

Diego Rinoski – “Crónica de una revolución (y otros cuentos)”

Walrus

Supongo que todo comienza con el libro que publicó la editorial Walrus, aquí en Madrid, hace un par de años. Por extraño que parezca la editorial no pretendía obtener ganancias con sus publicaciones, sino dar visibilidad a los autores emergentes…”

Grupo 2Para ir concluyendo, en otro orden de cosas, este cronista oyó, ya al final del evento, una frase que le hizo meditar. “Hay que ser valiente para gestionar, hoy en día, una librería como ésta”, en referencia al local donde nos encontrábamos, la librería ‘El olor de la lluvia’.  La reflexión me hacía añadir a la palabra ‘valentía, la palabra ‘pasión’, en este caso por la literatura, y de lo que se es capaz de conseguir cuando se unen pasión y valentía. Un poco después en algún corrillo se debatió sobre el presente y futuro del sector editorial y los retos a los que se enfrenta. Este es y será un debate abierto e interesante.

Considero que la valentía y la pasión mueven por igual a la librería ‘El olor de la lluvia’ y a la editorial ‘Relee’, ésta última, además, con el mérito de impulsar iniciativas como ésta, navegando, quizá, a contracorriente de los tiempos, o quizá no, quien sabe.

Enhorabuena a ambas y, por supuesto, a todos los autores.

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La selección de cuatro relatos de autores del taller de creación literaria Primaduroverales para la nueva publicación de la editorial RELEE es una prueba más de que en nuestro taller se aprende a escribir muy bien y de que nuestros autores son capaces de hacer literatura de calidad.

La nueva antología de relatos que va a publicar RELEE se titula “Error 404”. Contiene veintiún relatos que reflexionan sobre nuestro futuro lejano o más inmediato. Veintiuna historias que profundizan en la dimensión ética de los avances tecnológicos y en las que los autores alertan y sueñan con nuevos escenarios. La antología, de indudable calidad, trata del cambio tecnológico, que es cada vez más rápido, lo que crea en muchos casos inquietud,  expectativas y perplejidad.

La selección de los veintiún relatos, según palabras de la editorial, ha sido dura, pues en principio había más de cuarenta que provenían de alumnos/as y ex alumnos/as de RELEE, de Hotel Kafka, de Ítaca Escuela de Escritura, del grupo de escritores Primaduroverales, y del taller literario Azkuna Zentroa (de Bilbao). También colaboran algunos autores con libros publicados, en particular Kike Parra, Adrián Gualdoni y Maite Núñez.

El grupo de escritores Primaduroverales estará representado por:

  • “Crónica de una revolución”, de Diego Rinoski.
  • “En el jardín metálico”, de José Jesús García Rueda.
  • “Amadeus”, de José Sainz de la Maza.
  • “El experimento”, de Juan Santos.

La presentación de Error 404. Antología de relatos sobre la perplejidad tecnológica, tendrá lugar el viernes 15 de diciembre en la librería El Olor de la Lluvia a las 19:30h (Calle de las Maldonadas 6, 28005 Madrid) y acompañará a los escritores Juan Jacinto Muñoz Rengel, autor de El gran imaginador o El asesino hipocondriaco, entre otras obras.

 

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Más de quinientos relatos han participado en el concurso de historias del Día de Muertos en México, patrocinado por Iberdrola, dotado con 3.000 euros en premios y con un jurado formado por los escritores Ángeles Mastretta, Gabriela Guerra Rey, Espido Freire, Jorge Zepeda Patterson, Élmer Mendoza y Xavier Velasco, con Miguel Munárriz como secretario. Tenemos el orgullo de comunicar en nuestro blog que el primer premio, de 2.000 € en metálico, lo ha ganado nuestro compañero de la asociación PRIMADUROVERALES Diego Rinoski, por Esta es la historia de Simona Hurtado. El segundo premio, de 1.000 €, ha recaído en César García Fernández por Feliz día de los muertos.

historiasdelosmuertos1

A continuación el relato de Diego Rinoski.

Esta es la historia de Simona Hurtado

Diego Rinoski

El 1 de noviembre de 1973, Otto Günther salió a pasear camino del Puig Morell y nadie sabe cómo, pero acabó despeñándose por un barranco. Otto Günther era un alemán que llevaba siete años viviendo aquí, en el pueblo, y disfrutaba de su jubilación en una bonita casa rodeada de palmeras y fuentes con peces de colores. La mayoría de los vecinos lo conocíamos de vista, y aquellos que tuvieron el valor o la curiosidad de acercarse al lugar del accidente, contarían más tarde que lo encontraron con la cara cubierta de sangre, y los brazos y las piernas del revés, igual que una marioneta; y también contaron que de pronto apareció una mujer que no habían visto nunca, y que sin apartar la vista del cadáver, esa mujer dijo: ahorita se lo lleva la huesuda, no se me achicopale, hombre; y que lo dijo así, como hablándole al propio muerto, y que nadie se atrevió a añadir nada más. Entonces muy pocos sabían que esa mujer era Simona Hurtado. Yo estaba en la plaza, sentado en la puerta del bar de mi abuelo cuando, unos días antes de que esto ocurriera, la vi bajar del autobús. No traía equipaje y llevaba puesto un sombrero de paja y un vestido rojo de volantes. Era Simona pequeña y robusta, y tenía la cara redonda como un pan. Una trenza de pelo negro le caía por la espalda hasta casi tocar el suelo. Se me acercó y antes de entrar al bar me preguntó si allí servían tequila, y yo le contesté que solo había vino o aguardiente, y entonces ella dijo: el fuego, chavo, no más que busco el fuego. Esas fueron sus palabras.

La presencia de Simona Hurtado en el pueblo incomodó a muchos vecinos. Simona no se parecía en nada a los extranjeros que venían a vivir aquí, todos altos y rubios, y con los ojos azules. Muchos de ellos, como Otto Günther, se habían construido una casa a las afueras para que nadie les molestara. Mi abuelo decía que eran educados y dejaban propina, pero que con la gente del pueblo no querían cuentas. Y llevaba razón. Simona Hurtado, en cambio, no tenía nada, y nadie sabía con certeza a qué había venido, además, siempre estaba en la calle, dormía en un granero abandonado, y si alguien le daba una peseta corría a gastársela en aguardiente. Una vez se subió a una silla del bar y cantó México lindo y querido, aunque la mayoría de las noches nos contaba historias de fantasmas, y entonces los clientes se callaban para escucharla, y después de cada historia, nos juraba por la Virgen de Guadalupe que todo lo que había contado había ocurrido de verdad, allá en su tierra, pero eso nadie se lo creía. Lo que sí es cierto es que una mañana mi abuelo estaba abriendo el bar, y que de pronto apareció por la plaza Simona Hurtado y le dijo a mi abuelo que se fuera a velar a su esposa, y él al principio no la entendió porque acaba de ver a mi abuela sentada en su butaca zurciendo calcetines, pero Simona se lo volvió a repetir, y entonces mi abuelo se fue para adentro y encontró a mi abuela muerta, y no zurciendo calcetines como él pensaba.

Con el paso del tiempo, entre una cosa y otra, Simona Hurtado acabó labrándose en el pueblo cierta fama de bruja, una fama que no hizó más que agravarse cuando al año siguiente, también en el día de Todos los Santos, otro vecino llamado Kurt von Hellermann apareció ahogado en su piscina. Y es que a veces las casualidades asustan, pero asustan todavía más si dejan de parecer casualidades, y eso fue lo que ocurrió, porque al año siguiente falleció Helmuth Drossel, también el 1 de noviembre, en un accidente de avioneta; y al año siguiente fue Hans Loerzer, un infarto fulminante; y al año siguiente le llegó el turno a Emil Müller, en el mismo día que los anteriores, devorado por sus perros de caza; y al año siguiente le tocó al doctor Josef Lutz, atragantado con un hueso de pollo; posiblemente la muerte más triste y estúpida de todas, aunque también fue la que puso en alerta a las autoridades. Cuatro furgones de la Guardia Civil aparcaron en la plaza aquella misma tarde para interrogarnos a todos. Me preguntaron por el doctor Josef Lutz, si le conocía de algo, si tenía enemigos, si sabía de alguien que pudiera estar detrás de las otras muertes. También me preguntaron si creía en las maldiciones. Y yo les contesté que no, que aquellos hombres habían tenido mala suerte y punto. Pero al caer la noche, los guardias se reunieron en el bar de mi abuelo a deliberar, y allí bebieron vino y aguardiente, y cuando el bar se quedó vacío y andaban medio borrachos, empezaron a hablar a grito pelado, y así fue cómo me enteré de que todos los que habían muerto el 1 de noviembre, desde la fatídica caída de Otto Günther, eran antiguos miembros de la Gestapo, excombatientes del ejército nazi o amigos íntimos del Fürher. En cualquier caso, ya no eran nada. Por la mañana temprano, los guardias recogieron las tiendas, pero antes de marcharse atrancaron la puerta del granero donde dormía Simona y le prendieron fuego. Mi abuelo y yo salimos a la puerta del bar cuando nos enteramos, y ya no había llamas pero sí podía verse una gran columna de humo a lo lejos. Entonces pensé en lo que había dicho Simona sobre el fuego la primera vez que hablé con ella. Cuando suceden cosas difíciles de explicar alguien debe pagar las consecuencias, sentenció mi abuelo, y a eso precisamente, creo yo, había venido Simona Hurtado desde tan lejos; culpable o inocente, ella nos libró de nuestro propio miedo.

Diego de la Fuente Alcocer, conocido como Diego Rinoski, es miembro del taller de creación literaria de la asociación PRIMADUROVERALES. También es uno de los autores integrantes del blog Cuentos como churros.

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