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Una promesa en Montmartre

Luis Fernando Jiménez

Desde el ventanal de la recepción del viejo Gran Hotel, en Montmartre, se contemplaba perfectamente encuadrada la portada de la basílica del Sacré Coeur. No recordaba esa circunstancia, a pesar de que, después de tantos años, nada había cambiado en el hotel. Todo seguía igual que aquel día de verano en que me casé con María. Pero este era un verano diferente, ella ya no estaba. La nostalgia por su pérdida me había llevado a reservar la misma suite nupcial, en el aniversario de nuestra boda. A nadie pareció extrañar que un hombre solo decidiera quedarse en la suite paraíso.

Bajo el sombrero y el uniforme del mozo, creí reconocer la cara de un joven veinte años menor. Me abrió la puerta de la suite, eso sí, esta vez deslizando una tarjeta por la ranura de un lector digital. Dejé la maleta en la puerta, donde la había posado el mozo. No pensaba deshacerla. Quizás, ni pasaría allí la noche. De pronto todo aquello me pareció una desacertada ocurrencia.

Los últimos rayos del ocaso estival encendían los colores de las vidrieras del Sacré Coeur, reflejándolos en el salón principal. Los mismos que años atrás iluminaron nuestra boda en la basílica.

Mis dudas, mis recuerdos, la nostalgia, los colores, todo, me distrajeron del ruido de la ducha procedente del baño de la habitación. La puerta estaba abierta. Observé, a pesar del abundante vaho, como una hermosa silueta femenina enjabonaba sus curvas con delicadeza. Sólo acerté a dar unos pasos hacia atrás y quedé sentado en la cama frente a aquella visión. Tuve la tentación de irme, mi maleta seguía en la puerta, pero permanecí allí sentado y esperé. Un uniforme del hotel y unas braguitas colgaban del pomo de la puerta.

Salió de la ducha y sin secarse, se puso un batín blanco de raso.

¿Quién es usted y que hace aquí? – le pregunté.

¿Ya no me recuerdas, Mario?, siempre supe que un día volverías- contestó.

Sentado en la cama, no conseguí pronunciar ni una palabra. Ella se acercó a mí. Soltó la mano que sujetaba el cinturón del batín de raso, que quedó entreabierto. Las gotas de agua deslizaban de su larga cabellera rubia, precipitaban por el valle de sus pechos, saltando su ombligo y un pubis perfectamente rasurado, para desde los labios de su vulva, gotear entre sus pies. Me desnudó con la rapidez de un truco de magia. Con un sensual desdén, sorteó unos arrogantes pezones y deslizó el batín por su espalda, sorteando sus curvas y cayendo a mis pies.

Me introdujo en ella y gozó de mi sin misericordia y sin tregua. Agotada, derrumbó sus pechos sobre mi torso convirtiéndome en su prisionero, y se durmió.

Yo no pude, ni quise. Había intentado olvidar la única vez que le había sido infiel a María. Y sí, fue con Mónica, en mi noche de bodas. Ella era la camarera de habitación. Mientras mi esposa despedía a los invitados en la estación de París central. Una mutua y súbita atracción sexual nos arrastró a un tórrido y salvaje torbellino sexual. Nunca más volví a sentir nada parecido.

Fue breve, al igual que las promesas que nos hicimos antes de que María volviese.

Cuando Mónica despertó me dio un cálido y húmedo beso en los labios, aún sellados. Deslizó sus pechos hasta mi entrepierna y se incorporó lentamente.

Recogió su uniforme, que ya no era de camarera, pero no se lo puso. Se lo echó al hombro y salió de la habitación dejando sus diminutas braguitas de encaje negro en el picaporte.

Ya sabes dónde encontrarme- dijo.

Salió de la suite, y al cerrar la puerta una corriente de aire abrió de par en par la ventana del salón principal.

Luis Fernando Jiménez cursó estudios de Derecho y Filosofía en la Universidad autónoma de Madrid (1979-1985). Ha vivido muchos años en el extranjero, entre Bruselas y Amsterdam, dando clases en academias, sobre todo para hijos de emigrantes. Siempre tuvo interés por la escritura y a su vuelta a España, en Madrid, un taller de creación literario con Álvaro Pombo como profesor le animó definitivamente a adentrarse en el mundo de la creación literaria.

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Por: Luis Marín

El local estaba frío a pesar de las dos filas de infrarrojos que intentaban caldear la sala recién abierta. Y digo la sala, porque el ambiente se iba calentando con la llegada de los participantes galardonados o no y acompañantes. Al final te das cuenta de que en estos eventos te encuentras con gente conocida. Cuando llegué ya estaban allí Vicente Moreno, María Isabel Ruano y Santiago Eximeno. Enseguida llegaron también Paco Plaza y María.

Guindostán es una asociación cultural del barrio de la Guindalera, dijo la presidenta en su presentación del acto, que tiene una vida de seis años y cuyo objetivo es la programación cultural en varias facetas, teatro, literatura, pintura, etc. Realizan jornadas y encuentros culturales, lúdicos y deportivos. Se financian con la cuota de sus socios y los donativos que se recogen en las actividades. ¡Qué bien conocemos el paño! Circunstancialmente pueden acceder a alguna ayuda municipal.

Encomiable labor para el mantenimiento del tejido cultural. Puedo decir que nos solidarizamos con su tarea que también, de alguna manera, es la de nuestra asociación.

Imagen1Estamos en la entrega de premios de la cuarta edición del concurso de relato breve que cuenta con ocho seleccionados y, entre ellos, un primer y segundo premio. Muchos de los seleccionados están presentes y al oír su nombre en la lectura del acta del jurado, parece que quieren escuchar ya el nombre del ganador y que, a ser posible, fuera el suyo. La tensión se acomoda en Vicente Moreno, María Cureses, Raúl Clavero, Santiago Eximeno, Ángel Martínez, Pedro Molino, Enrique Palacios y Francisco Plaza. Pero conocen bien el protocolo y hay que cumplir todos los plazos.

Los aplausos una vez presentados los autores, conceden al orador unos segundos para incrementar el suspense sobre el segundo premio. María Cureses respira al fin al saber que su Habana blues ha sido elegido por el jurado como merecedor de ese galardón. Aplausos y más incertidumbre. Felicitaciones.

Imagen2Al fin, Flecos se alza con el primer premio y Vicente Moreno, a pesar de su apariencia serena, seguro que se siente satisfecho. Los relatos seleccionados son meritorios. Pero Vicente, otra vez con una historia con protagonista oriental, se alza con un galardón. Esta vez el primero.

La lectura de su texto, con voz suave, hace viajar al auditorio en la cabina de un avión, los pasea por Madrid y le provoca la sensación de compartir espacio con un hombre que se juega la vida de forma cotidiana frente a un toro. La vida es para vivirla, para arriesgarse, para crearla, no para versionar la vida de otros. Ella, la escritora protagonista, descubre que lo va a hacer en segunda persona buscando respuestas.

Imagen3Y para terminar, no podía faltar la foto de familia con la diseñadora de la portada, Yolanda Ruano, prima hermana de nuestra querida compañera, que enaltece la publicación con su sobriedad.

Los “Primaduroverales” seguimos estrechando lazos. Cada vez somos más, porque son muchos los que comparten nuestra misma inquietud, la literatura, y nos reunimos en lugares comunes.

Mi más sincera felicitación a todos los triunfadores de esta cuarta edición y, como no, a todos los participantes, pues sin ellos estos eventos no serían posibles. Y a la asociación Guindostán por seguir adelante

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Tarde intensa la de ayer en el taller, hasta el punto de que no dio tiempo a leer y analizar todo el material previamente aportado. Al hilo de los ejercicios que nos traemos entre manos (una cadena de tres eslabones) algunos compañeros ya fueron presentando la segunda entrega de esta cadena, otros la iniciaron y alguno aún estamos en la parrilla de salida. En todo caso, no hay como tener un camino trazado para que los miembros del taller arranquen su creatividad y nos obsequien con estupendos relatos.

Así, la tarde la inicia Paco Plaza. Paco, uno de los más ‘aplicados’ del taller y que leyó la segunda entrega de su cadena, aquella que ha de empezar por la frase “La caja estaba en el centro de la habitación y alrededor solo había silencio”. Su relato “Un paquete de ida y vuelta” nos enfrenta a un problema social y migratorio tremendo y bastante desconocido, eso sí, con una dosis de humor (¿negro?). Una familia china que vive en España y recibe, por fin, una esperada caja:

chinese“… Yuan y Min trajeron dos destornilladores grandes e hicieron palanca para desclavar una de las paredes laterales, al conseguirlo salieron rodando de su interior un montón de pilas y trozos de plástico, papel y cartón, tras los materiales un hedor asqueroso invadió la estancia…”

José Sainz de la Maza nos obsequió un extraordinario relato (uno más): “Wiki punto 01. Semanas azueles”. Cumpliendo con el primer eslabón de su cadena, nos introduce en una celda carcelaria en la que habita un personaje que mantiene una dura contienda con un ojo intruso. Personaje y lector llegan a las puertas mismas de un abismo que solo se resuelve en el final.

big-eye… pasaba el tiempo y aún no había visto a aquel ojo en un rostro y menos aún como parte del cuerpo de una persona, sino siempre, sin excepción, como si fuera un órgano desmembrado y autónomo …

Y entonces, va Luis Marín y nos lee su ‘Abismo’, para que veáis. Así inicia su personal cadena. El relato nos ambienta en el despacho de un ejecutivo al que abandonan sus pies (¿o su conciencia?) y se ve obligado a entablar una dura negociación con ellos.

human-ankle“…la puerta del aseo se abrió, Ernesto con el nudo de la corbata aflojado, el cuello desabotonado y las mangas recogidas en dos vueltas, llevaba la chaqueta sobre el brazo izquierdo, mientras con la mano derecha hacía ademán de despedida …”

El turno de Lourdes Chorro. Con ‘El solsticio’ nos lleva de la mano (con su personal y exquisito estilo) a un lugar y a una noche en la que un abuelo sabio, sale a la mar, como siempre, sin guías ni brújulas. Pero esa noche el abuelo tarda mucho más en volver y cuando lo hace viene transformado y con nuevo ojo, el de la sabiduría.

“… El foco del faro dejó de girar. Su luz de ojo de sabueso que no parpadea se dirigió hacia la orilla como si acabara de descubrirlo. Stefan se interpuso entre ella y la barca. Le enfocaba fijamente, pero se mantuvo impertérrito. Un guardaespaldas no lo habría hecho mejor. La luz se mantuvo fija a la expectativa como una sicaria del faro bien amaestrada. Ninguno de los dos cedía hasta que la luz se dio por vencida y volvió a girar …”

Y para acabar, Juan Santos nos presentó ‘La Palmeta’. Juan es otro de los ‘aplicados’ y con este relato cumplía con el segundo eslabón. La historia de un maestro, que rechaza el regalo de sus alumnos, una palmeta de madera, de buena madera. El maestro se va transformando a ojos del lector a través de cada párrafo. Una guerra abierta entre alumnos y maestro. ¿Quién creéis que la ganará?

palmeta“… lleno de curiosidad, casi temblando, se dispuso a abrirlo. Al ver su contenido, se quedó con la boca abierta: venía envuelta entre pajas como si una frágil pieza de porcelana, fuera. No era ni más ni menos que una sugerente palmeta de madera …”

Y eso es todo por hoy, amig@s. ¡¡Vaya tarde!!

Hasta la semana que viene y … mientras tanto … mucho cuidadito con los ojos que os vigilan … mientras comprobáis si dejáis huellas al caminar.

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Acabando el curso

Por: Vicente Moreno

Se nota que estamos llegando al final del curso y la llegada del buen tiempo suele venir acompañada de la bajada en asistencia al taller. Ayer nos reunimos los que seguimos compartiendo meridiano para oír unos cuantos relatos de diversa factura y estilo.

Empezó Paco Plaza, con la facilidad que le caracteriza para responder a cualquier desafío narrativo, aportando su ejercicio de descripción de una “madre mala” en el cuento titulado: “Orgullo de padre” en el que aparece una familia con diversos grados de disfunción afectiva que van desde el rencor conyugal al desprecio indiscriminado. Más o menos, lo que ocurre en cualquier reunión de la ejecutiva de un partido político. He aquí una muestra de su prosa:

El padre llega a casa antes que de costumbre, no huele al vinazo asqueroso que le ponen en la sucia bodega de la esquina. Está muy nervioso. ¿Ha vuelto ya el chico? Es lo primero que pregunta según atraviesa por la puerta. Ella no contesta.

A continuación Diego Rinosky aportó su visión del problema de los refugiados en un relato titulado: “La ciudad invisible” en el que nos ofrece una metáfora sobre el aislamiento y la invisibilidad que provoca la migración forzosa que han sufrido tantos pueblos a lo largo de la historia.

De ahí, que le pregunte qué tiene de invisible la ciudad en la que viven, pues él puede verla sin problemas, puede verla mientras se construye a toda prisa cada vez que se hace un alto en el camino, puede ver al capataz, las grúas que apuntan al cielo, el rodar de las poleas.

unaNicoleta” es la aportación de Juan Santos sobre el tema de la madre mala. Es de agradecer a nuestro compañero el compromiso con los ejercicios que se proponen en clase lo que compensa la falta de dedicación de algunos pasotas a los que capitaneo.

Es una historia sobre una mujer con una terrible afición a la odontología pediátrica casera que tanto puede ser debida a unos posibles orígenes vampíricos como a un trastorno mental producido por los avatares de la vida o por tanto trasiego en el Ministerio de Cultura.

Ni siquiera siendo mi mujer, quiso hablarme de su pasado, solo sabía que era de Tansilvania, pero nada de sus padres y sus hermanos. Tampoco me habló de sus experiencias de los dos años que estuvo en España hasta llegar al pueblo.

José Sainz de la Maza nos regaló otro sus ejemplos de buena narrativa, “No trespassing” en el que cuenta uno de esos sucesos violentos que a veces vemos en las noticias y que nos hacen preguntarnos por los motivos que han llevado al autor de una masacre a llevar a cabo su acción.

dosDice de la Maza, en este relato denso y absorbente, que las motivaciones pueden ser visibles y estar delante de nosotros en el lugar más inocuo de la ciudad, y aun así no las vemos, ni oímos las advertencias de lo que puede acaecer simplemente porque la realidad aparente no deja adivinar lo que subyace bajo ella. Quizá la única esperanza es que los templetes de música de los parques sirvan para que toque la banda municipal y que la única confrontación se realice en las mesas de ajedrez.

Cualquier idea puede dar vueltas por la cabeza de cada uno durante más o menos tiempo, una duda, una fantasía, una ambición grosera, obscena tal vez, una imperdonable vileza, el aterrador deseo de ser extremadamente cruel …

Otro escrupuloso cumplidor de las tareas encomendadas es Carlos Cerdan, que en su cuento “Mala madre” nos habla de una hija que promete venganza contra su madre comatosa.

Como el propio autor reconoce, es una historia sin terminar que puede dar mucho juego.

Laura contemplaba a su madre. Entubada, con las vías de los medicamentos insertadas en el brazo y los monitores conectados que vigilaban sus constantes vitales, le pareció tan frágil, era como un náufrago flotando a la deriva.

Así de alegres terminamos el taller, al que ya quedan solo dos días para terminar el curso.

La próxima semana tenemos nuestra cita más importante: La entrega premios de nuestro concurso Madrid Sky. Allí nos veremos.

Vicente Moreno

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Por Juan Santos

Dicen que el cambio de la hora afecta a los niños y a las personas mayores. Los primaduroverales que se consideren dentro de este segundo grupo, tal vez sintieran ayer, lo mismo que sentí yo a la entrada de clase. Eran las siete como todos los jueves, pero con una diferencia muy importante: era ya de noche en Madrid. Y eso marca.

Por eso me fue tan fácil sumergirme en el relato de José Sainz de la Maza, ambientado en la noche neoyorquina en el cruce de la Avenida Lexington con la 52.

“Ya veis, cualquier cosa puede suceder en Nueva York. Por ejemplo que en plena noche un borracho te dé voces con una botella en la mano y tú sigas tu camino. Alejándome de él, me volví un instante y alcé el pulgar en señal de aprobación, como dicen que se hacía en los circos romanos, y el borracho gritó de nuevo, aunque ahora no pude entender lo que decía, y luego hizo el mismo gesto que yo, pero con el pulgar hacia abajo”.

MarilinEfectivamente todo puede pasar en Nueva York. Incluso que a un viandante rico lo asalte, a media noche,  un delincuente borracho. Y puede pasar que en su inconsciencia entre la vida y la muerte, tenga la dicha de soñar con la misma Marilyn Monroe caminando por la rejilla del metro, mientras el paso del tren de la línea 6, levantaba su falda al viento.

Gracias, Jose. Fue un placer visualizar con todo detalle, las mieles de esta escena  al aire libre.

Dando un giro de ciento ochenta grados, Carlos Cerdán nos llevó a un lugar cerrado, donde el muerto estaba bien muerto y tanta gloria lleves como descanso dejas, diría su familia. Bajo el título de La vida avanza, Carlos utiliza, con gran acierto, el símbolo de la sombra para contarnos la pesada carga que ha supuesto el fallecido sobre su mujer y sus dos hijos a lo largo de su vida.

pesadumbre“Como una fina lluvia, que apenas se nota, una serie de recuerdos van calándome. Cuando me doy cuenta estoy empapado. Y surgen las mismas preguntas que me hice durante un tiempo y nunca supe responder. Y ahora, en tu presencia, entiendo que no era yo quien debía contestarlas, pues las respuestas las tenías tú” 

El hijo que siendo adolescente había abandonado el hogar, huyendo del padre, vuelve a su lecho de muerte, más que para despedirse de él, para congratularse con su madre y con su hermana.

Acabado el funeral, Paco Plaza tuvo la valentía de meterse en la piel de una chica madura con ganas de marcha, para contarnos en primera persona su experiencia sexual. El trisquel que da título a su relato, es un símbolo celta, que entre otras  reseñas, representa el lado oscuro de la sexualidad. Un vicioso galán lleva a nuestra protagonista a su casa, y la embarca en una silla Fuleju. Todo se frustra cuando un lamentable suceso, deja al hombre muerto y ella queda atada de pies y manos en la máquina sin opción a soltarse.

trisquel“Pero ¿quién me va oír?  ¿Qué hay en el techo? Si es un dibujo como el de mi colgante, ¿cómo dijo que se llamaba? Trisquel. En la pared hay otro. ¿Y qué narices significará? ¿Y qué le habrá dado?¿será culpa mía? Sí, le ha dado el parrus justo cuando he abierto las piernas delante de su cara, ¿tendré algo raro ahí? ¡Bua! Me va a dar igual” “¿cómo van a averiguar que estoy aquí? Si ni yo tengo ni idea de donde estoy. Además ¿cuánto puedo durar aquí colgada?”

Un vez más, Paco nos hizo pasar un rato de risas por la situación “cómica” de su personaje.

Y llegó la hora de la poesía: Yolanda nos leyó, con su mejor sonrisa, un par de poemas de la macabra poesía de Tim Burton. He aquí una muestra:

“Por ahorrarnos las demanda // la llamaremos Amanda // (o la que encuentra contento esnifando pegamento)”.

“Su juguete preferido era una lata de aerosol // se sentaba en silencio y la agitaba y rociaba todo el día.

Permanecía en el interior del garaje en la madrugada helada // esperando que encendieran el carro y lo llenera con el escape”.

salomonPor último, retomamos el relato de Carlos sobre el Juicio de Salomón, que quedó pendiente del desenlace de la semana anterior. Al final, después de las alegaciones, los dos niños salen vivos como reza el Antiguo Testamento. Carlos con su forma particular de ver la historia, nos deleitó con esta versión particular del juicio cargada de humor y de ingenio.

Aún nos quedó tiempo de reunirnos los tres grupos de teatro, para cambiar impresiones y avanzar en nuestras correspondientes tareas. De esto, nada transcendió.

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Por Carlos Cerdán

Ayer, tras la pausa del jueves pasado por la presentación del libro de Pura “Ojala fueran cuentos”, reanudamos el taller con nuevos relatos. Seguimos aplicados en busca de historias circulares e incertidumbres.

ventanalAbrió el fuego Luis con su relato “Desde el ventanal” donde narra  la soledad de un hombre al que su pareja abandona y sufre un accidente. Postrado en una silla de ruedas acude cada día al bar y desde el ventanal observa el gimnasio que hay enfrente como si esperara el regreso de la mujer. Quizá hoy, por fin, una mujer salga del gimnasio y cruce la calle con su bolsa de deporte para sentarse frente a Juan y obligar a Lucas a poner otro cubierto en la mesa.”

vias-iiDespués Lourdes en “Trenes”, con esa habilidad suya para crear bellas imágenes, trajo un relato que era pura poesía. Subidos a bordo de un tren, en un viaje hacia  un apeadero final, vemos, a través de  la ventanilla, reflejos  llenos de nostalgia y melancolía.  “Reflejos sin fecha ni destino que traen otros y otros hasta llegar a aquel que nos refleja la juventud.”

miedo-iUn monstruo bajo la cama” la historia de miedo de Aitor. Escrita en segunda persona fue todo un acierto para relatar el temor de un niño, con ganas de hacer pis,  a salir de la cama y tener que poner los pies en el suelo con el riesgo de ser atrapado por el monstruo que aguarda paciente bajo la cama. Incertidumbre total. “Es entonces cuando, de entre las sombras bajo la cama, mi garra te atrapa. Papá no encontrará nada cuando despierte mañana.”

bailarina-ii

“Greta, la dulce bailarina” de Carlos Valle-Inclán, un relato circular y redondo. Una historia metafórica y llena de poesía en el que la bailarina Greta y su compañero Arthur, encerrados en una esfera, bailan eternamente en círculos. ”Así un baile tras otro. Idénticos copos, idénticos tonos. Y Greta, la dulce bailarina se pregunta qué habrá más allá de su esfera.”

cincoSin salir del relato circular llegamos al de José, “Cinco y cincuenta” que, con su tono brillante, cuenta, en un sueño dentro de un sueño, la pesadilla de un descuadre en un balance de cinco con cincuenta. Cantidad que se convierte en una obsesión para su personaje. “Una pesadilla obsesiva de la que cuando consigue despertar ve a un lado a su mujer plácidamente dormida, como si vivieran en mundos distintos.”

Paco presentó el “Bote de leche condensada” ¿un relato circular? Pues no lo vimos muy claro. Siempre innovador y arriesgado sus historias a veces nos desconciertan pero que nunca nos dejan indiferentes. En ésta nos cuenta la crítica de una novela sobre la aventura de un tal doctor Pot que pretende destruir unos estimuladores neuronales que hacen que la sociedad viva en un mundo en el que no llegan a discernir lo real de lo soñado. “Hasta que, poco a poco, vayamos muriendo de inanición; sin darnos cuenta.  Comiendo sin comer, viviendo sin vivir.

blusaY el broche de oro de la tarde lo puso José con la lectura de su relato “Hagamos un trato” que por su  indiscutible calidad ha sido seleccionado  por Relee para una próxima publicación.

Reflexión final: Cuando hay una buena estructura el cuento funciona  (palabras de Pura).

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Ayer empezamos la clase con el cuento de José Sainz de la Maza  “A ambos lados del tablero” y después continuamos con dos extraordinarios cuentos anónimos “Entre piernas”, que resultó ser de Lourdes Chorro y “El elegido” de Yosu Bilbao. Los cuentos tenían en común una riqueza expresiva que nos llevaron a una discusión literaria con multitud de matices y de opiniones en las que no siempre hubo encuentro. Y es que fueron muchos los aspectos a discutir: el tema, el título, la distribución de la información a lo largo del texto, la estructura, la definición de los personajes, etc, etc,

Pero no sé por qué la clase de ayer fue tan agradable al paladar como el sabor de los buenos vinos. Y la culpa, al margen de las discusiones acaloradas, fue de los tres magníficos cuentos que nos regalaron sus autores.

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