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Posts Tagged ‘Ucronía’

 

He decidido empezar (y titular) esta última crónica del curso con la cita de Miguel Hernández. Este año, como todos sabéis, ha sido duro. Se da la circunstancia de que empezamos con proyectos de novela que deberían usar el recurso de la ucronía. Aquel proyecto quedó interrumpido por la llegada de la pandemia.

Mientras empiezo a recapitular me viene inmediatamente a la cabeza una idea ucrónica ¿qué hubiera pasado sin pandemia? ¿se habrían cumplido aquellos deseos que todos nos planteamos en la noche del treinta y uno de diciembre, mientras tomábamos las uvas? Quién sabe.

 

Sin pandemia, a cambio de tanto sufrimiento vivido y acumulado, no hubiéramos conocido a algunos personajes, ya inolvidables, como la ‘Encarna’, de Carlos Cerdán, quitándose los pendientes antes de irse a dormir, o el ‘Clodoviro’ de Paco Plaza, que engordaba tranquilo mientras un poto impertinente no callaba nunca, o la zapatilla de José Sainz de la Maza, que, cansada de la vida, nos enseñó ‘carne’ por un agujero. Y, claro, no habríamos hecho los viajes a los que nos llevaba, bailando cada mañana, Alicia Gallego.

Y ¿qué hubiera sido de las guerras vecinales que tan bien nos documentó Manuel Pozo o los enfados de Luis Marín, perfectamente reflejados en sus diarios? No hay que olvidar el toque de lirismo de Lourdes Chorro, que lo ha mantenido durante el confinamiento (Lourdes a la que hay que leer más de una vez, porque, como sabéis, se le reconoce autoridad). Qué decir de un personaje sabio y real, un tal Fabio, del que Olga Torralba nos contó algo o mucho.

Sin confinamiento, tampoco hubiéramos tenido la oportunidad de ver la maestría de Juan Santos sobre cómo limpiar pueblos en un libro. Y no habríamos conocido o recordado tantas mujeres olvidadas, que también nos documentó Pilar Couso.

En esta cara de la ucrónica, la de la dureza de la pandemia, nadie nos hubiera retratado mejor que Luis Jiménez haciendo cola para entrar en un supermercado, mientras Juan-Jo Valle-Inclán nos puso ante el espejo con un método para conseguir el perfecto cuerpo esférico. Y quién no conoce a otro personaje muy real, Laira, alrededor de la que María Sánchez nos obsequió algunos textos magníficos (claro, cuándo no es jueves cuando escribe María, incluso en confinamiento).

Bueno, me cuesta seguir recreando lo que no hubiéramos vivido o leído sin la pandemia. Sé que, en esta cara de la ucronía, han escrito más, que ha habido más personajes. Sé que me dejo gente en el tintero. Que me perdonen. Pero no paro de pensar en los deseos y proyectos planteados la nochevieja, con las uvas y las campanadas.

Ayer hubo taller, claro, y por eso hoy sale una crónica, la última de este curso. Y conviene recordar que hubo cuatro textos (retomando los autores sus proyectos de novela con ucronía) que se leyeron y criticaron, y también ocurrió algo inusual. Las críticas se vierten normalmente hacia los textos presentados, pero ayer también recibió un aluvión de críticas un crítico. Qué cosas.

Asistió como invitado especial nuestro buen amigo, y mejor escritor, Domingo Jiménez Lacaci, quién hizo aportaciones muy interesantes.

Empezó María Sanchez Robles, que continúa con su proyecto sobre Van Gogh y nos trajo XXX. PIETÀ. Excelente texto, como las anteriores entregas. La verdad es que no cuesta reconocer un personaje atormentado, magníficamente retratado, mientras da lo mismo que se sepa que es un personaje histórico o no. Aquí queda un pasaje para ilustrar: “Se sienta frente a un cuadro y libera el color del amor y la muerte con pinceladas agresivas, vivaces, terribles, que le llegan como un discurso

A continuación, Luis Marín nos presentó un momento muy importante de su proyecto “La boda de Manuel”. Luis nos cuenta de una forma muy gráfica, la escena y los personajes de una boda humilde de hace mucho tiempo. Además, deja trazos de conflictos que aunque no evidentes se apuntan y dejan ganas de más. Un trozo: “Curro rasgueaba la guitarra, aunque ya no había voces para acompañarla. Sus sentimientos temblaban en las cuerdas con sus dedos agarrotados en un silencio íntimo”.

Paco Plaza nos leyó un capítulo, el capitulo F, de su proyecto. En esta ocasión sitúa la acción en un escenario tan seco, tan duro, que todos lo vimos más que leerlo. Tal como nos tiene acostumbrados, allí donde menos te lo esperas, aparece un giro mágico que realza el texto. Un extracto para comprobar: “Así, como el ojo de un caracol ancestral, el hombre pasaba el tiempo entre sol y sol fuera de la casa, siempre encontraba labor qué hacer y si no la había vigilaba, sentado a la sombra de un viejo castaño que hermoseaba una loma

Para finalizar, Carlos Cerdán, también continuando con su proyecto, nos trajo un espacio y una acción que se desarrolla en un convento cisterciense. Allí, Anselmo, su personaje central, trata de encontrar la paz y el sosiego, mientras ayuda en el huerto y, por supuesto, en una pequeña plantación muy especial. Una muestra: “A las diez de la mañana la mitad de los monjes dejan sus tareas, se reúnen en la capilla y celebran la comunión diaria. Es una ceremonia en la que tras una serie de salmodias se fuman de modo colectivo…

Y esto es todo por hoy, y por este curso, amig@s. Este blog continuará activo durante todo el verano para, ya en octubre, reiniciar esta costumbre de las crónicas del Taller de Creación literaria de cada jueves.

“No hay beso que no sea principio de despedida, incluso el de llegada (George Bernard Shaw)”

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Por: Juan Santos

Parece que el tiempo no pasa, pero la verdad es que llevamos seis jueves sin aparecer por nuestra aula del centro Abogados de Atocha. Menos mal que las nuevas tecnologías, nos están permitiendo de manera virtual seguir con nuestras clases. Además, como las musas no pasan controles, solidarias con la causa, nos visitan cada día para inspirarnos a escribir nuestro acontecer diario. Relatos cortos entre lo ficticio y lo real. Absorbidos por esta corriente de ideas monotemáticas del confinamiento, casi todos hemos parado nuestras ucronías, tal y como se han parado tantas otras actividades de nuestro país. No ha sido el caso de José y de Luis, que fieles a sus novelas, y al margen del diario, no las han abandonado.

Ayer, a la hora habitual, nos fuimos conectando a zoom con dos temas prioritarios sobre la mesa: un nuevo capítulo de Luis Marín y el comentario de un relato corto de Cesar Vallejo, titulado Paco Yunque. El resto del tiempo, si sobraba, lo dedicaríamos al repasar algunos de los diarios, que por su originalidad y excelencia, también merecen ser comentados.

Pero no hubo lugar, porque el capítulo de Luis dio para mucho. El propio autor nos puso en antecedentes de que era un capítulo que no sabía dónde encajarlo dentro de su novela. Puestos a analizarlo, todos coincidimos en su buena redacción, con un tono y un ritmo adecuado y con unos personajes muy bien dibujados. Eso que se atrevió a emular el estilo del Desierto de los tártaros, alternando el pasado con el presente.

maleta iiPero como al taller no se viene sólo a recibir honores, enseguida llegaron las críticas constructivas. Alguien preguntó si todos los personajes que está definiendo, de manera tan exhaustiva, van a tener peso en la novela. También le sugirieron que detallara la geografía de los lugares, como dónde se ubica la bodega. Y que cambiara la expresión “aquellos tiempos” porque aleja demasiado la acción. Estuvimos de acuerdo en que el personaje de Encarna, queda un poco suelto. Esa chica frívola del barrio la tiene que recuperar. La historia referente a las hermanas es maravillosa, pero innecesaria si no va a tener continuidad. La consigna de Pura, aunque iba dirigida a Luis, todos dimos por aludidos. El capítulo en sí, le gustó mucho, pero ve cierto desorden en el conjunto global. Tiene que replantearse cómo va a ser la novela y sobre todo tener claro cuál es el TEMA. Si el tema es el desarraigo, debe centrarlo, porque no es igual en el pueblo que en Madrid. También tiene que saber cómo y dónde quiere que acabe la novela. Comentó Luis que tiene cinco capítulos incompletos, así que con los de antes y con éste, ya tiene trabajo para no aburrirse. He aquí un párrafo de Luis.

“Manuel mira la maleta vacía abierta en la cama. Se deja caer en la única silla que hay en la habitación. Mira el tazón que doña Irene ha dejado en la mesilla y recuerda sus palabras, “¿te vas a rendir?”. Toma un sorbo que le quema la lengua. Sopla repetidamente el caldo y lo toma muy poco a poco. Cuando lo termina se siente reconfortado, mira una vez más la maleta, la cierra y la vuelve a colocar en lo alto del armario.”

A continuación, cambiamos de tercio, para hablar de Paco Yunque.

pacoyunqueEl sentimiento general de la lectura de este relato, fue una interesante lección de literatura. En un espacio reducido a un aula y a un patio del colegio, Cesar Vallejo nos cuenta la historia de Paco Yunque. Su forma magistral de construir los personajes, con un par de detalles, es digno de admiración. Frases cortas, repeticiones y con algunos localismos peruanos, van dando vida, de una forma muy sencilla, a una situación de maltrato. A opinión de Vicente, el autor se baja a la altura de un niño para contar la historia. Perspectiva que le da un punto más de indignación. Paco Yunque, un niño provinciano y pobre, es maltratado por Humberto Grieve, un niño rico, ante la pasividad del profesor.  Se cuestionó si la injusticia emanada del profesor era propia o forzada, porque también temía al padre de Humberto. Casi todo coincidimos con la segunda apreciación. Hubo referencias al libro de Los Santos Inocentes y a Una poética para bravucones. Es la eterna escena de la humillación del rico hacia el pobre. La obediencia y la humildad ante la violencia y el odio de los poderosos.

Analizando si este narrador, en tercera persona, que lo sabe todo  y que entra en la conciencia de los personajes, es  omnisciente o no, se nos cortó la comunicación y no hubo tiempo para más. Eran las nueve, la hora de tomarse la cañita. Yo estoy seguro que alguno se tomó dos, pero bueno, como pagamos a escote, cada uno que se tomara las que quisiera.

Dejo aquí los primeros párrafos, donde ya se vislumbra el tono del cuento.

“Cuando Paco Yunque y su madre llegaron a la puerta del colegio, los niños estaban jugando en el patio. La madre le dejó y se fue. Paco, paso a paso, fue adelantándose al centro del patio, con su libro primero, su cuaderno y su lápiz. Paco estaba con miedo, porque era la primera vez que veía a un colegio; nunca había visto a tantos niños juntos. Varios alumnos, pequeños como él, se le acercaron y Paco, cada vez más tímido, se pegó a la pared, y se puso colorado. ¡Qué listos eran todos esos chicos! ¡Qué desenvueltos! Como si estuviesen en su casa. Gritaban. Corrían. Reían hasta reventar. Saltaban. Se daban de puñetazos. Eso era un enredo”

 

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Por: María Sánchez Robles

Me une con “Muerte en Venecia” una historia curiosa que me permitiré recordar hoy. Tal vez estábamos en el año 2003 o 2004 cuando la obra de Visconti llegó a mis manos. Un buen amigo mío, que era amigo de mi cuñado en realidad, y me saca unos quince años por lo menos, me la prestó bajo la premisa de “Tienes que verla”. Y la vi. Y reconozco que me quedé descafeinada. Por aquellos días yo devoraba películas y había visto “Blow up”, o “La dolce vita”, y “Muerte en Venecia” me había parecido larga, densa, quizá abrumadora, “poco moderna”. Se la devolví y tuve que ser sincera (con diecinueve o veinte años es muy difícil disimular), y él me contestó: “Eres demasiado joven. Ya verás cómo no te parece lo mismo cuando tengas más años”. Hoy, con bastantes años más, el capítulo que hemos analizado en clase de la obra maestra de Thomas Mann me ha resultado excepcional. Esa búsqueda de la belleza, efímera y escasa, y de un mundo que desaparece, me transporta a mundos lejanos.

Muerte en VeneciaVenecia, como París, son dos de esas ciudades cuyos nombres encierran no solo un lugar, un conjunto arquitectónico, un pasado histórico, sino sobre todo una metáfora. “Siempre nos quedará París”: París como ese lugar en el que has sido feliz y seguramente no debas tratar de volver porque nunca será igual. Y Venecia. Decadente y hermosa a raudales. Tuve la suerte de conocerla, por casualidad, unos días después del famoso carnaval. La ciudad estaba casi vacía, con confeti aún por el suelo. Pudimos alojarnos en la plaza de San Marcos, en un edificio hermoso, y recorrerla sin apenas turistas. Una irrealidad si se piensa bien, y además no buscada.

Aún recuerdo la plaza con la humedad condensada, de noche, el agua en soñolienta calma. El vaporetto nos condujo a la estación de madrugada en un último viaje silencioso; el avión regresaba a España en unas horas.

“Muerte en Venecia” nos lleva a una sensación de irrealidad también, a una ilusión, a un lugar en el infinito en que falta la medida del tiempo. En una atmósfera de ensueño, donde el cielo turbio, el aire pesado y el horizonte neblinoso caen sobre nosotros, el personaje principal trata de subirse al último barco. Al de la belleza en el preludio de la muerte. Las olas, bajas y lentas, morían en la orilla con acompasado movimiento. […] ¿No había deseado que la travesía durara largo tiempo, que no acabara nunca?

A Aschenbach, el personaje central de la novela, seguramente le pitaron los oídos hoy durante el análisis online del taller. Un “degenerao”, “un tipo repelente”, “un elitista”. Sí. Un personaje patético de pies a cabeza, un alma atormentada sin duda alguna. No cayó bien entre algunos compañeros, pero ¿qué importancia puede tener eso cuando se está hablando de un sentimiento universal como el que Aschenbach arrastra? Ay de mí si llegara a sentirme así algún día.

En este punto de la crónica quiero hacer un llamamiento a tratar de distanciarnos de los personajes literarios o cinematográficos, así como de sus creadores: es el consabido caso de Woody Allen y Polanksi, dos genios, sí, pero cuya reputación está en entredicho. Además, quisiera defender de alguna manera a Aschenbach, pues creo que el hecho de que sienta una atracción múltiple hacia Tadzio, un chico menor de edad, parece poner más los pelos de punta que tantos otros personajes del cine y de la literatura que se fijaron en chicas menores también, empezando por Lolita. Ya sé que Humbert Humbert tampoco despierta simpatías, pero creo Aschenbach debería ser un bollito de pan en comparación con este.

El capítulo que hemos leído, el tercero, nos habla de la soledad. Hoy que estamos varados en islas desiertas con uno, dos o tres náufragos a lo sumo, la soledad está muy presente.

Los sentimientos y observaciones del hombre solitario son al mismo tiempo más confusos y más intensos que los de las gentes sociables; sus pensamientos son más graves, más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. Imágenes y sensaciones que se esfumarían fácilmente con una mirada, con una risa, un cambio de opiniones, se aferran fuertemente en el ánimo del solitario, se ahondan en el silencio y se convierten en acontecimientos, aventuras, sentimientos importantes. La soledad engendra lo original, lo atrevido, y lo extraordinariamente bello; la poesía. Pero engendra también lo desagradable, lo inoportuno, absurdo e inadecuado.

Luces de ciudad 2Este párrafo del capítulo me ha hecho pensar hondamente en nuestra naturaleza sociable actualmente castrada. Canalizada a través de las tecnologías y de las redes sociales, sí, pero descabezada al fin y al cabo. Y me ha traído a la mente a Logan, el personaje del capítulo que hoy hemos analizado, el segundo, de la novela de José Sainz de la Maza. Un capítulo brillante que estaba en el mismo nivel literario que “Muerte en Venecia”, y que con suma maestría nos ha conducido por una atmósfera densa y lenta también, la de los insomnes, personas solitarias por definición, noctámbulos, amigos del desasosiego. Ambos capítulos me han instalado en el punto incierto de una noche solitaria y abismal, donde las luces de la ciudad a lo lejos me reconfortan de alguna manera, como lo hacen con Logan desde que era pequeño.

Luces de ciudadLa de hoy es una noche especialmente cristalina. Son la doce. […] Logan está en su apartamento frente a una ventana por la que observa las imágenes que lo atraen desde que era un niño: las luces de la noche. Todas las luces nocturnas lo cautivan, los letreros luminosos, por supuesto; las bombillas de los vehículos, las de las farolas que iluminan las calles, las que coronan los edificios y avisan a las aeronaves de su altura, las rojas que prohíben el paso, las verdes que lo permiten… Llaman sobre todo su atención otras más íntimas, como las de los salones de las casas, con sus tonos unas veces cálidos y otras más neutros, las más ruborosas de los dormitorios, tamizadas a veces por visillos, o las impregnadas de vapor de los cuartos de baño. Todas lo hechizan, incluso las de los despachos de quienes demoran sus salidas de los trabajos o las que mantienen encendidas los que hacen la limpieza de las oficinas… […] sus ojos, solo abiertos a medias como acostumbran a mirar los insomnes, ni quieren ni pueden apartarse de las luces multicolores que iluminan la noche.

La belleza es efímera y escasa. El silencio sordo de la noche solo se ve interrumpido por el sonido de alguna ambulancia lejana. Como Aschenbach, después de este encierro tal vez debamos aceptar la idea de encontrarnos con una Venecia distinta de la que en su día conocimos, pero la esperanza de que el Destino nos tenga reservados nuevos entusiasmos y emociones nos cobija como a Logan sus luces.

María Sánchez Robles

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Literatura ¿virtual?

Por: Lourdes Chorro

Ha llegado el jueves. Hoy volvemos a juntarnos para comentar una escena de la novela de Paco y dos de la de Juanjo. Me conecto en la dirección de zoom que nos ha enviado Vicente y los veo a todos, pero no les oigo. A ver qué has hecho, ya has tocado la tecla que no debías, el día de la probatina les escuchabas alto y claro. Yo no he tocado nada, él solito se ha conectado. Ya estás con tus historias. Tu siempre liándola. Nooo, es de esas cosas que me pasan a mí y nadie cree.

Mira, veo a Juan con expresión apagada. El hombre se nos ha contagiado del virus. Este virus no distingue las almas cándidas de las depravadas. Un primer plano de Luis, le encuentro como siempre, no importa lo que diga hablando reposado. Ahí aparece Paco y la pantalla se queda pequeña para recoger su risa. María y Olga en dos recuadritos encerradas. Maximízalas a ver si así puedes leer en sus labios lo que dicen. José Miguel también está, ¿no lees su nombre, aunque no le veas? Es tan prudente. Un fugaz primer plano de Carlos y su serenidad me tranquiliza. Jose no habla, ya lo hará. Fíjate bien, mueve la mandíbula, está masticando algo. No  pierde bocado. Ahora Fer se asoma a la pantalla con cara de saludo. Te falta ver a Pura. Recuerda que el otro día anduvo pegándose con el ordenador y el portátil intentando no perder la conexión. Juanjo hoy tiene aspecto de detective.

imagesPrueba a darle a todas las teclas de voz. Ya están en volumen alto. Voy a darle cuatro golpes al rúter. No seas bruta y resetea la wifi. ¿Lourditass?, si Pura aquí estoy y, por fin, puedo escucharos. Comentan  que mejor no le resulte familiar el veintiocho de julio del catorce que cualquier otro día de esa semana le valdría y no tendría un significado tan fuerte si luego no va a ser primordial esa fecha en la vida del personaje de Fluctuatnecmergitur, el primer relato de Juanjo. Llegamos al acuerdo de que la gente del pueblo podía saber palabras en latín que aprendían en las misas, pero las comparaciones con el mundo de la tauromaquia quizá debería pensárselas mejor. Comienzan las interferencias y sus voces empiezan a ir y venir justo cuando Jose apostilla algo sobre la bonanza económica de la Segunda revolución industrial. ¿Has visto ese mensajito una y otra vez de “baja intensidad en la red”? No son cosas mías

“Lo acaecido lo relato en presente, a veces, en pasado, pero el tiempo futuro creo que va a ser muy escaso en lo que estás leyendo. Te cuento a ti, que te atreves a asomarte a estas páginas, los hechos acaecidos en dos vidas. Sí, dos. Una vivida y otra escrita antes de vivirla. Cada una ha tomado un derrotero diferente de la otra, pero, sin embargo, en ambas, de manera equivocada o no, he morado y sufrido”

De nuevo los escucho. Ves, ha vuelto sin que yo haga nada. Paco está aclarándonos los rituales que estas sectas habituaban a realizar con niñas. Cuando leamos el capítulo entero todo quedará bien atado como él acostumbra a hacer. A todos nos impacta la forma en que describe el suicidio

Se sube a la caja, tiene que darse prisa porque es frágil, hecha de tablas de madera mala. Pasa la cinta por la hebilla y el extremo con los orificios lo ata con un nudo doble a la rama, tira de él con fuerza, parece que aguanta. Uno de los listones se rompe con un crujido, no le queda tiempo para pensar más,  mete la cabeza por el hueco que ha dejado justo en el momento en el que la caja se deshace en pedazos. El instinto de supervivencia en ocasiones es algo malo. Cuando el cuero se cierra con fiereza en torno al cuello  rompiéndole la tráquea y obstruyendo la circulación de aire y de sangre sus manos, libres y guiadas por ese involuntario instinto, tratan de quitar la terrible presión, en parte lo consiguen y la hebilla queda ladeada, si hubiera quedado bajo la nuca o bajo el mentón la muerte le habría llegado enseguida; pero al moverse a un lado y con los dedos de una mano metidos entre la carne y el cinto la circulación sanguínea se restablece parcialmente. Lo que podría haber pasado en unos pocos segundos se convierte en una larga y silenciosa agonía

Y entre risas le dejamos con sus dioses del Olimpo, que quién sabe adónde nos llevarán. Paramos para aplaudir a aquellos que están trabajando fuera de sus casas para que los que estamos dentro nos mantengamos a salvo.

Regresamos con olor a Buganvillas y, en la mano, la cañita, la lata de cerveza y la jarra, cada uno a su medida. Al cadáver de Juanjo solo le faltan algunos gusanos para hacer atrocidades con él y que nos llegue el sonido de la cuchillada que le han asestado. Por lo demás ese inusual detective y su ayudante y esa genial testigo rompieron los esquemas de las novelas policiacas.

“¡Qué peste! Una mujer gorda con bata y la cabeza llena de rulos había dicho que llevaba varios días oliendo a bicho muerto, que ella se lo había advertido a su marido, al que se refirió como “mi Genaro”.

-Hay un gato muerto por algún lado, le dije a mi Genaro, y mira tú por dónde. Pobre hombre, había continuado la mujer.

-¿Le habrán matado o se habrá muerto sin más?, dijo haber pensado el hombre llamado Genaro al encontrar el cuerpo sin vida.

-Nadie se muere sin más, Genaro, le había respondido la señora.

-Me refiero…

-Ya sé a lo que te refieres.

Antes de que tiraran el estadio, los días de fútbol era peor, había dicho a gritos la señora gorda de los rulos, la esposa del tal Genaro que no estaba gordo, y que asentía a las voces de ella.

Repetía una y otra vez que había sido su perro el que había encontrado el cuerpo de ese pobre hombre. Que su Genaro salía temprano todos los días para pasear a Futre, el perro patada, el chucho que no dejaba de ladrar.”

¿A quién le toca la crónica? Y Carlos va a consultar la lista. A Lur ur ur de  s regresan las interferencias. No me culpes, yo no he sido ¿O es que te parece poco que es mi primera crónica y me toca hacerla de una videoconferencia? Y luego dirás que no me pasan a mí las cosas raras

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¿Por qué no viniste, Juanjo?

Por: José Sainz de la Maza

La tarde ayer, a decir de más de un compañero, estuvo condicionada por la ausencia de alguien a quien este cronista profesa un afecto muy especial, Juanjo Valle-Inclán (¿por qué no viniste, Juanjo? ¿Es que no piensas en los compañeros?). Según opinión mayoritaria, esta ausencia influyó en la marcha del taller por dos motivos. En primer lugar porque todos nos habíamos leído las dos escenas de su novela que había remitido y nos quedamos con las ganas de mostrarle lo mucho que nos habían gustado. En segundo lugar porque al no leerse esos dos textos se dispuso de un tiempo-extra-para-lo-que-sea, que es una inesperada situación que, como todos sabemos, resulta peligrosísima.

Me gusta encontrar punto en común y los textos leídos ayer tuvieron uno que destacó con una mayor o menor presencia en las tres lecturas que se hicieron. Y ese nexo fue la comida, o mejor dicho, los alimentos delicatesen. Hubo un engañoso dedo de mazapán, unos sabrosos huevos a la flamenca y unas espectaculares galletas “María”.

dedosEl dedo de mazapán fue protagonista indiscutible del relato de Carlos Cerdán titulado “La petición”. Este cuento, que no tiene relación con su novela, se le ocurrió a nuestro compañero después de ver una película. Ya sabemos de las habilidades de Carlos para repentizar relatos de humor: ¿Y si en lugar de ofrecer a tu enamorada un anillo para sellar un compromiso matrimonial le ofrecieras un dedo? A Leire, la protagonista del relato, no le hizo ninguna gracia. Pero a Alberto, a quien no le dio tiempo de decirle a su frustrada prometida que el dedo no era real sino era de mazapán, no pareció importarle demasiado, se consoló de su pérdida comiéndose el dedo que, sin duda, habría salido de un obrador de Toledo. Un divertimento, dijo Carlos. Lo escribí así, para pasar el rato, añadió. Pero claro, como había tiempo-extra-para-lo-que-sea (por Dios, Juanjo, ¿tan importante era quedarse a trabajar?) el relato se sometió al correspondiente tercer grado (no el penitenciario, ese más bien tuvo que ver con el texto de Juan) y se afilaron navajas, aunque, todo hay que decirlo, a Carlos no se le amargó el dulzor del dedo de mazapán.

carcelJuan Santos nos ofreció un pasaje de su novela, que se corresponde con la salida de la cárcel del incorregible Matías, que parece que lo de la reinserción social no vaya con él. Con sus habituales redacción fluida y ágiles diálogos, Juan nos mostró los primeros momentos de la libertad condicional de su protagonista, al que su mujer agasaja con unos suculentos huevos a la flamenca que seguro que le supieron a gloria. Muchos acontecimientos importantes en poco espacio, le comentamos en el taller, pero como hubo tiempo-extra-para-lo-que-sea (no quiero resultar pesado, pero todos sabemos en quién estoy pensando) Juan se vio en la obligación de tomar apuntes a diestra y siniestra sobre cómo mostrar las relaciones familiares de Anselmo, Cristina e hijos, sobre cómo debería desarrollarse el encuentro con el amigo al que dejó tuerto y sobre el reencuentro con su ex-amante Carola. ¿Hijos adolescentes o veinteañeros? ¿Carola reticente o reincidente? ¿Amigo tuerto que perdona o que no perdona? Juan, pon a Anselmo a vender pollos en el asador y tú date un festín de huevos a la flamenca.

plantasRepitió Carlos Cerdán en la tarde de ayer. Nos leyó a última hora la segunda parte de del capítulo de Historias en el convento de la fase “huida” de la ucronía de Anselmo. Yo solo digo que este monasterio promete. Entre sonrisas beatíficas y canciones de George Harrison, los monjes se dedican al cultivo de especies herbáceas de efectos místicos y a la elaboración de galletas especiales. Tanto que consiguieron que Anselmo se quitara de la cabeza la persecución de que es objeto, disfrutase de la serena contemplación de la naturaleza y se recreara oyendo cómo los pajarillos canturreaban en el brocal de un pozo. Pero como dispusimos de tiempo-extra-para-lo-que-sea (…) se habló del personaje protagonista y se sugirió que el Anselmo casado tuviese un comportamiento distinto del Anselmo huido, para que la ucronía llegue a sus últimas consecuencias.

Y eso fue todo, aunque la verdad, he exagerado un poco.

Solo me queda dar la bienvenida a dos nuevos compañeros, Luis que ya nos había visitado con anterioridad y Juan Pablo, a quien de algún modo tenemos que convencer que el uso de estilográficas no implica la enemistad a muerte con el Word.

Un saludo para todos y, como siempre, que ustedes lo escriban bien.

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Por: Luis Marín

Si hay algo que me gusta de nuestro taller es que cada día resulta diferente.

Faltas a una sesión, porque los viajes te obligan a cambiar la rutina, y al regreso encuentras un paisaje desconocido. He ido leyendo lo que mis compañeros, prolijos ellos, han escrito durante la escasa semana que he estado fuera y me han asaltado un buen número de dudas. Pensaba que alguna habría sido explicada en el momento de la lectura del relato, pero como todo es diferente, algunas de mis dudas se mantienen irresolubles.

Pero dejemos de hablar de mis quitas.

Abriendo un paréntesis, breve eso sí, en nuestros novelísticos proyectos, tocaba analizar cómo algunos escritores han resuelto los problemas de narrador, espacio y tiempo. Más aprendizaje en el laborioso proceso de montar una novela coherente.

Y con la modestia que nos caracteriza, nos fijamos en novelas sencillas como “La muerte en Venecia” (Thomas Mann), “El extranjero” (Albert Camus) y “El desierto de los tártaros” (Dino Buzzati). ¡Total nada! Como mirarse en el espejo.

¿Cómo tratar el tiempo? ¿Qué pasa con el espacio? ¿Cómo elijo el narrador?

Si ya nos había costado “encender” el modo “escritor de novela”, buscar moldes en algunos capítulos de las novelas citadas podría llevarnos al desánimo y el abandono.

Pero como somos, por encima de todo, unos optimistas compulsivos, no nos amilanamos y hemos querido observar las bondades que puede tener un narrador omnisciente para manejar el tiempo en presente, pasado y futuro. Cómo servirse de él para filosofar alrededor de la figura del personaje. A base de repeticiones dar a conocer al lector los sentimientos del personaje

Pero también hemos visto una primera persona que puede narrar en una falsa tercera para resaltar aspectos físicos (sol, calor) o símbolos religiosos (como el número tres) para explicar el existencialismo.

Tras los comentarios cruzados, alguien dijo que todo le parecía bien, pero que no quería contaminarse. No seré yo quien desvele su identidad, que bastante penitencia tiene ya.

Y gracias a María y Paco, que nos han deleitado con escenas de su proyecto, hemos hecho un breve descanso para abordar sus nuevas propuestas.

El Van Gogh que nos quiere mostrar María Sánchez va tomando forma, poco a poco, con la maestría de su narrador particular y nos envuelve como si se tratara de una serpiente que se eleva a los tonos de una flauta. Pero opinen ustedes.

Imagen2“Theo y Johanna bailan juntos tímidamente hacia el centro de la sala, aunque no buscan protagonismo, más bien intimidad. Se miran a los ojos y parecen encontrar la paz el uno en el otro, pues no despegan sus miradas. Vincent imagina un mar contenido en una bola de cristal a punto de desbordarse, pues sabe que Theo es muy dado a las emociones e incluso a lagrimar. Imagina también que Johanna sostiene ese mar a punto de subir su marea, imagina que ella es su playa y su bote salvavidas, su mar en calma y su turbulencia”.

Y ¿qué decimos de Paco Plaza? Aparte de los comentarios que se le ocurren sobre la marcha, nos ha trasladado a ese auditorio gratuito del parque de atracciones donde tantas veces cantó Joan Manuel Serrat en los años 70, antes de ser exiliado por el dictador que estaba ya en las últimas. Una versión de su Fernando González, en una de sus facetas, unido a la chica que más le gusta. En sus palabras:

Imagen1“Fernando se imagina llevando a Marisol junto a la valla del Parque y descubriendo un lugar por dónde colarse, y luego yendo al concierto y peleando con los grises para que Serrat pueda escapar y ya a la media noche diciendo a su padre que no se le ocurra ponerle la mano encima a su novia”.

Y lo mejor de todo, ¿qué va a pasar la próxima semana? Se quitan las ganas de irse de vacaciones.

Un abrazo a los que no han podido asistir esta semana. Saben que se les quiere.

Luis Marín

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La tarde en el taller de ayer transcurrió en una aparente placidez literaria, pero solo aparente. La verdad es que a la vista de lo que leyeron María, José, Lourdes y Carlos Cerdán uno se puede hacer a la idea de una sugerente mezcla de literatura y pintura. La literatura viene de la mano de las historias que ya van ‘dibujando’ un cuadro final, como una composición de líneas independientes y de piezas sueltas, que se van colocando sobre un tablero imaginario.

María Sánchez Robles empezó la tarde con dos de sus escenas. Claro, es que esta escritora se ha propuesto llevar a cabo una tarea que, cuando menos, nos parece de los más atrevida y sugerente. Su ‘cuadro ucrónico’ versa sobre la recreación de la vida de Vincent Van Gogh y de qué hubiera pasado si no hubiera muerto cuando la historia dice que murió.

Tuvimos la oportunidad de escuchar a María en dos escenas (o piezas de su puzle). En la primera, que se titula ‘Los comedores de patatas’, reconocemos a un Vincent niño en el duro entorno familiar. En este párrafo, nos hacemos una idea: “… los rostros de los campesinos son angulosos y tienen manchas como la piel de las patatas que cultivan de sol a sol, o mejor dicho, de nublado a nublado. Los abrigos en invierno pesan por la escarcha y la humedad, y las casas se vuelven ruines y perversas: las sábanas gélidas arañan la piel, los ventanucos aspiran el viento y lo filtran entre sus rendijas y deficientes acabados, los ropajes húmedos son máquinas de sabañones …”

VVGCon la segunda escena, ‘Noche estrellada’, María nos introduce en un ejercicio de cambio de narrador para colocarnos en ciertos escenarios que irán siendo especiales a lo largo de su creación. Aquí nos presenta al Vincent más oscuro y devastado. Un trozo del texto: “… es tarde y tenías que haber vuelto a casa mucho antes, pues una muchacha no puede andar a estas horas por ahí sola. Una muchacha no puede andar sola sin más, resoplas mientras te pones la capucha de la capa que llevas sobre los hombros y ocultas tu rostro lo más posible. Ni siquiera a plena luz del sol vas segura. Lo peor es que lo sabes, lo sabes todo …

Como estáis apreciando, hasta aquí, la apariencia de placidez literaria ya no lo era tanto. Justo entonces entraba en escena José Sainz de la Maza para leernos su ‘segunda’ primera hora de las largas y densas horas de una noche, de la que ya vamos entendiendo sus espacios cerrados, sus personajes y la intriga con las que nos va dejando. En esta ‘segunda’ primera hora conoceremos con una precisión (entre impresionista e hiperrealista, dependiendo del punto de vista con que el lector se enfrente al texto) un espacio que será muy relevante a lo largo de la citada larga noche.

cpiiiEl espacio es el ‘Club Pickwick’, donde reina un tal Cristian Bron. Un extracto, para entrar en ambiente: “… junto al marco de la puerta, en la pared, Cristian puso un letrero con el nombre del pub, Club Pickwick. En realidad este no es un letrero, el que podría llamarse así, o mejor dicho, los que podrían llamarse así, son dos luminosos, uno sobre la puerta y otro en vertical, en una de sus esquinas, en los que se anuncia el tipo de local: Allnight. Lo otro, lo que está en la pared, no es más que una placa dorada de tres o cuatro palmos sujeta al muro con tornillos …

polToma el relevo Lourdes Chorro, que ayer nos leyó otra escena de su futura obra “Los cánones establecidos”. Su ‘cuadro’ ya va tomando forma, vamos conociendo personajes, acción, amores, miedos, odios y muchas más tonalidades. En el interior del cuartel, el espacio principal, dos de sus personajes se ven por primera vez y nace el amor, un amor entre impaciente y saltarín.

Ya iremos viendo en que queda todo, realmente quedamos impacientes por saber más. De momento, un extracto: “… Adita había leído historias de mártires, de sangre licuada y aquellos cuerpos le parecían santificantes, cuerpos incorruptos, de reliquia venerada. Y Ramírez era el Dios que otorgaba santidad a aquellos vigías sobrenaturales …

Para acabar, Carlos Cerdán, leyó otra de las escenas la vida de su personaje Anselmo. Anselmo, un personaje complejo, sin demasiados escrúpulos, trepa y desconsiderado (entre otras tonalidades) se va presentando en las distintas escenas que Carlos nos ha ido trayendo, y así ya lo vamos conociendo, un poco mejor cada día. Sin embargo, los personajes secundarios que van apareciendo, quedan resueltos y definidos a la primera.

abu Un trocito del texto de ayer, que se titula “El anuncio de boda”, “… su madre, cruzada de brazos le seguía con la mirada en espera de una explicación, pero él no parecía dispuesto a dársela. Caminaba por la habitación mirándolo todo. Se paró ante unas fotos suyas que reflejaban diferentes momentos de su niñez: a hombros de su padre, montado en un triciclo, el día de su comunión con su madre ¿Por qué no sale papá en esta foto? Miró a Marcela. Ella, sorprendida por la pregunta tardó en reaccionar ¿Ya no te acuerdas? contestó poco después…

Al final, la tarde, entre arte y literatura, sí que resultó plácida, … ¿o no?

Hasta la semana que viene, amig@s

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Por: Paco Plaza

Este jueves nos ofreció una tarde más de buena compañía, buen humor, buenas intenciones y buenas cervezas. Tras una serie de espontáneos abrazos entre unos y otros; rememoración de escenas de la película “Un monstruo viene a verme” y presentación imaginaria de “Manolitro”, un viejo conocido de Vicente, seguimos adelante con nuestras ucronías; esos bocetos de novela en los que nos estamos aventurando igual que un paracaidista se tira sobre un mar de nubes con el altímetro estropeado; en cuanto desaparezcan las mullidas concentraciones de vapor de agua la probabilidad de descubrir las duras piedras a pocos metros y  darnos un zurriagazo es bastante alta.

Es curioso cómo, sin acuerdos previos, algunos miembros del taller se encuentran en ambientes comunes dentro de sus escritos. Tal vez haya algo de conciencia comunal en el taller, como si fuéramos un enjambre de palabras, y que unos hilos de trama invisibles terminan conduciéndonos a los mismos parajes literarios. Ayer se dio esta circunstancia con el ambiente carcelario y la figura de la psicóloga (sí, psicóloga, también hubo coincidencia de género, aunque esto no debería extrañarnos dada la poderosa influencia de nuestra amiga Olga).

Empezamos la tarde con un arreglo que hizo Luis Marín sobre una escena ya leída. Se trata del comienzo de su capítulo 3. Describe la muerte de Antonio y su impacto en sus familiares más próximos. Luis es un autor que sabe recoger los comentarios y sugerencias que se le hacen  y mejorar notablemente sus escritos con ellos. Lo demostró ayer con esta escena. Mucho más sosegada, más lógica y dando aire a los personajes y a sus sentimientos. Aquí va una muestra:

“Con las manos entrelazadas, Carmen notaba como las de su marido perdían calor. Ella había imaginado que llegado el momento sus gritos y el llanto desaforado se oirían por todo el pueblo. Pero ahí estaba, en un silencio absoluto.

El frío de la mano iba pasando a su cuerpo, sin noción del tiempo que había transcurrido, hasta que la voz cantarina de Manuel le hizo consciente de lo sucedido. Puso las manos de su marido sobre el pecho y salió a abrazar al niño, la alegría de la casa. Él no entendía aquel repentino cariño, pero se dejó abrazar.”

carcel 01Seguimos con Juan Santos y su protagonista Matías, hombre que no suele arrastrar buenas intenciones con sus actos. Nos lo presentó recién ingresado en la cárcel por haber dado una buena zurra a un compañero de timbas de cartas. Cosas relacionadas con ofrecer a la propia mujer como apuesta (genial idea para dibujar los ambientes en los que este sórdido personaje se maneja). Juan pecó un poco de ingenuo al condenar y meter en presidio a un hombre el día después de cometer el delito, en un lapsus perdonable se olvidó de la característica lentitud de la justicia española. También estuvo receptivo a los consejos de Olga sobre las relaciones que se establecen en las psicólogas y los reos. Este es un extracto de la escena:

“–Perdona. A Carola la conozco desde hace mucho tiempo y cuando nos ha apetecido, a espaldas de Alberto, hemos quedado para pasar un buen rato juntos. Bueno, ahora se nos ha jodido el plan. A parte de eso, en más de una ocasión, he cohabitado sin tapujos con ella, cuando su marido, jugando a las cartas conmigo, le ha puesto precio a su cuerpo. En estos casos, Carola mostraba conmigo rechazo, negándose y haciéndose la mártir, poniendo verde a su marido. Pero en el fondo, disfrutábamos mucho más de pensar que él andaba por allí. No lo puedo asegurar, pero probablemente el hijo que tiene es mío. La quiero, por eso casi siempre le he devuelto, lo que le gano a su marido el día anterior.”

Matías nos inspiró para mantener una pequeña discusión sobre aquellos que presentan una cara amable hacia afuera pero que de puertas adentro son auténticos “cabronazos”.  Y también quedó claro, como pauta a la hora de escribir, que no hemos de ser timoratos a la hora de decir palabras malsonantes si éstas están en boca de algún personaje.

Continuamos con Paco Plaza y otra escena carcelaria. Ésta obedecía a la propuesta que se le hizo sobre el comienzo de su capítulo 2 leído el jueves anterior. Hubo acuerdo en el nuevo comienzo en “media res” era mejor y que debería continuar el capítulo en esa línea. También salieron a la luz errores cometidos por el desconocimiento de cómo eran las sesiones psicológicas en las cárceles españolas en los años ochenta; pero para solucionar estos vacíos Olga nos ofrece su inestimable experiencia. Un ejemplo:

psicologa 01“—Bien, podría contarme, para empezar, el motivo por el que está usted en presidio.

Fernando ya ha empezado a examinar el físico de la mujer, no lo puede evitar. Morena, cuarentona, lleva unas gafas que le tapan la mitad del rostro, no es fea, melena corta y lisa, un jersey grueso oculta la forma del pecho, no parece tener mucho, el resto queda oculto a la vista; pocos mimbres para la bartola, piensa. Se percata de que le está mirando fijamente, a la espera de una respuesta. Entre las manos tiene un montón de papeles, seguro que es su expediente, ella sabe con detalle toda su historia. ¿Por qué, entonces, le hace esa pregunta?”

Por último volvimos a la novela de Luis Marín. Esta vez al capítulo 7. El protagonista, Manuel, acaba de llegar a Madrid y trabaja de mozo en el mercado de Legazpi. Hubo diversas críticas y sugerencias por lo que Luis tendrá trabajo la próxima semana, una de las sugerencias era que las cosas le iban demasiado bien a Manuel en Madrid. Seguramente contagiados por muertes y encarcelaciones previas, nos pareció poca cosa que el chico se tuviera que deslomar descargando camiones para ganar una peseta; habrá que regalarle alguna que otra desgracia para que el chaval este menos contento. Aquí va un cachito:

Manuel empuja el carro camino de la glorieta de Atocha. Se ha subido el cuello de la chaquetilla para paliar el viento suave de esta mañana de otoño. El cuerpo va caliente por el esfuerzo, pero las orejas recogen el frío como si fueran antenas. Ha descargado camiones en el mercado de frutas y verduras de Legazpi y lleva a la taberna la compra que ha hecho su jefe.

Se siente feliz. Llegó a Madrid a principios de septiembre, con una remesa de emigrantes que había salido del pueblo. Recuerda que era el más joven del grupo, con apenas dieciocho años recién cumplidos…”

Madrid-Sky VII - Evento 1ra parte - FinalAntes de irnos a nuestro hábitat natural (el bar) elegimos la frase de comienzo de cuentos para el próximo certamen, el VII,  de nuestro concurso “Madrid Sky”. Esta vez la mano inocente fue la de Juanjo quien encontró esta frase en la página 133 del libro MADRID SKY:

Rechazó el ofrecimiento mediante un gesto

Está en el relato LAS OLAS SE ROMPEN SIN LLEGAR A LA PLAYA de Antonio Murga.

Hasta el próximo jueves.

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Ver crecer la hierba

Por: Vicente Moreno

Así se describe a menudo el estilo de narración cinematográfica que se caracteriza por cierta lentitud en la narración en la que parece que no ocurre nada, y cuyo máximo exponente es el gran director francés Éric Rohmer.

Esta imagen se puede aplicar también a la sensación que uno tiene al asistir los jueves de este curso al taller literario en el que vemos como van surgiendo las historias, asistimos a su crecimiento y por qué no se discute de podas e injertos.

La tarde de ayer resultó muy completa en cuanto a las obras presentadas, en este camino hacia la construcción de sus novelas que han emprendido algunos de nuestros compañeros. La elección de temas, escenarios y personajes es muy variada por lo que estas jornadas del taller están resultando muy interesantes.

Imagen1Empezó Lourdes Chorro proponiendo la escena en la que sus personajes llegan al lugar en el que se va a desarrollar una parte de la historia. La destreza de la autora se observa no solo en la descripción física del espacio sino por el detalle con el que se dibuja a los personajes. Sirva un ejemplo:

“Amigo de todo tipo de bichos que repugnaban a su señora mamá, cuando la lentitud del coche de su padre se adentró en tierras de Extremadura quedó fascinado por los canchales que bordeaban aquellas praderas pobladas de encinas

José Miguel Espinar nos ofreció el comienzo de su proyecto para este año. Un inquietante relato en el que se percibe su pericia a la hora de crear un ambiente de misterio. Su propuesta está todavía en una fase temprana de desarrollo por lo que esperamos con interés por donde continuará esta historia.

“Cada una de estas madrugadas, cuando se despierta, tras un breve sueño, en el que últimamente no sueña nada, se hace la misma pregunta, cómo tardó tanto tiempo en darse cuenta de lo que pasaba con Jim. Desde entonces, la invade la extraña sensación de haber vivido una vida falsa, una vida que no le correspondía

Imagen2Más avanzado está el trabajo de Luis Marín sobre su historia de una familia en la Andalucía rural de la época republicana. Poco a poco los personajes van mostrándose más cercanos y reconocibles para el lector y ha ganado mucho la narración de los diferentes aspectos de la vida en el campo.

Acababan de montar el sombrajo cuando los segadores empezaron a llegar con el sofoco del mediodía. Apenas cuatro palos y una lona que les protegería del sol. Se abalanzaron sobre los botijos que habían estado toda la mañana a la sombra dentro del manantial de la fuente.

Imagen3Juanjo Valle-Inclán nos propone para este curso una ambiciosa trama de dos historias con ribetes policiales y cuyo punto de inflexión es un pacto con el diablo. Es de agradecer el empeño y dedicación  de nuestro compañero al presentar una elaborada muestra de la estructura y contenido de los capítulos que ya tiene identificados y ordenados.

“Y enfurecerá, y retorcerá más el cuchillo y me abrasará por dentro, me borrará todos los recuerdos para que, en el último segundo, antes de expirar, mi mente no guarde ninguna imagen, ningún nombre, ninguna emoción o sentimiento pasado. Moriré olvidado mis dos vidas. Y esa será su victoria final o al menos así lo creerá”

Por último Carlos Cerdán nos demostró como se puede describir a un personaje desde el punto de vista de otro, lo que es una prueba de la soltura con la que maneja su historia de este arribista que acabara ingresando en un convento. Seguimos con interés el desarrollo de la trama:

“Marcela calla, se deja llevar por Anselmo como si fuera un bulto del que se va a desprender. Él le va diciendo cosas que no escucha. Se debate entre asumir su tristeza o dejar salir su rabia”

Así terminó un día más una jornada del taller en la que vamos viendo crecer los proyectos como plantas incipientes en un huerto urbano.

Vicente Moreno

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El guardián entre las ucronías

Por: Juan Santos

Ha pasado el mes de enero y los hornos de los primaduroverales siguen horneando sus ucronías.  ¿Será una pizza? ¿Será una tarta? Ya lo veremos. Cada obrador ha elegido los ingredientes más adecuados para nuestro experimento.  La condición es que el resultado ha de ser por partida doble, según las indicaciones de nuestra chef. Por tanto, a mitad de la cocción, cambiaremos uno de los  ingredientes y veremos qué dos cochuras nos salen. Y en esas estamos, cada jueves llevamos una porción, en forma de capítulo, que damos a probar a los compañeros. Lo saboreamos línea a línea y damos nuestra opinión, referente al  sabor, textura y punto de cocción.

Ayer, Paco Plaza fue el primero que nos obsequió con un par de capítulos, de las dos vidas que hasta ahora tiene “Antonio González”. El primero de ellos, ya lo habíamos probado en jueves anteriores, pero en esta última versión, perfectamente ambientada, nos cautivó a todos. El recurso de conversar con un dios griego para contarnos su vida, es un acierto excelente. La verdad es que nos supo a poco. Esperamos saborear pronto el capítulo completo. He aquí unas miguitas:

moribundoHa andado despacio  en dirección norte desde que empezó a caer la tarde y está en una barriada desconocida para él. Queda parado en un cruce. Si no se mira con mucha atención no se le ve. Es más, se podría decir que si no sabes que está ahí es imposible advertir su presencia. Lleva un tabardo que le llega a los tobillos y que una vez fue gris pero ahora es marrón parduzco. Los bolsillos plomizos, repletos de cochambre, tiran de sus hombros hacia el suelo. El aliento empieza a tomar forma y dibuja velos efímeros ante él. Tose.

En el segundo capítulo (segunda vida de Antonio González), Paco nos muestra como  Antonio y Elías, siendo dos adolescentes normales, son arrastrados por las malas compañías al sórdido mundo de la droga. Mantiene el buen tono del capítulo anterior, pero a tenor de los presentes, necesita más tiempo cocción. Aquí no hay dioses griegos, y para contar toda una vida, tendrá que echar mano de in media res o cualquier otro recurso que él vea.   No obstante, el capítulo promete y nos dejó muy buen sabor de boca.

Pero los adolescentes ya han bajado a saltos dos tramos de escalones y ni siquiera oyen el “ir con cuidado”  de una de las madres ¿o lo dijeron las dos? Salen por el portal sonrientes; las dos mujeres los ven desde el pequeño balcón de la casa de Elías; los niños se sienten mayores y andan bien derechos, de repente el grito de la madre de Antonio diciendo que a las nueve en casa les avergüenza y nada más doblar la esquina y quedar fuera de su alcance empiezan a correr sin motivo alguno, solo correr porque se sienten libres;

Después llegó el momento de degustar las elaboraciones de Lourdes Chorro. La primera de ellas, con el título de El verano avanza, nos llevó al terreno de la violación de un chaval.  En la sucesión de escenas, se dijo que algunas precisaban algo de claridad. Aún así y siendo amarga la situación de Toño, la prosa llena de imágenes de Lourdes, nos dejó párrafos muy sabrosos.

abusoLa partida de cartas de los adultos toca a su fin, (Toño) aprovecha la despedida para entrar en casa sin ser visto. Tumbado sobre la alfombra de su cuarto para no manchar la colcha, da vuelta y vueltas a la cabeza como los felinos enjaulados. Deletrea la palabra “Noche”, solo cuatro inofensivas letras, pero juntas le hacen sentir por primera vez un miedo pegajoso como la sangre. Ni siquiera cuando le operaron de la garganta a traición, sin anestesia, le dieron tantas arcadas.

Por  último, Lourdes nos sacó otro presente al que vino a llamar Amargo de capítulo. Se trataba de un bizcocho-resumen de lo que será el devenir de su ucronía. En él se dirige a Toño, en segunda persona, con un estilo propiamente “italocalvino”. A veces, nos cuesta entender la fantasía de Lourdes, pero esta escritora siempre tiene buena masa.

Sea como fuere el lector tiene que escucharte. Cuéntales cómo hubiera sido la vida si te hubieras marchado de esta ciudad. De nada vale que digan que era otra época en una ciudad de esas que ya no existen. Todo continúa descabalando los cánones establecidos aquí y allá.

No dejes a la imaginación de nadie cómo te sientes, te sentiste, te sentirás. Que se identifiquen contigo y el que piense a mí qué me importa yo también tengo mi historia y no mortifico a los demás, pues que cierre el libro. Yo tu lectora estoy deseando que esto no se quede en una hipótesis, en un condicional, en una ucronía más. No quiero perderme la oportunidad de vivir contigo ese otro destino.

Y tras un improvisado coloquio sobre la represión de la juventud en Madrid y en los pueblos de España, allá por los años 70/80 de siglo pasado, recogimos nuestros cuadernos y nos fuimos a las cañas.

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