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Por LOURDES CHORRO

Hoy ya no se lleva escribir a nadie una carta o una tarjeta. Hoy se envían por WhatsApp fotos sin una letra que explique dónde estás. Y luego cuando vas a verlas en la galería, el recuerdo se confunde entre tantas y tantas fotos apresuradas como si fuera la única manera de dejar constancia de que hemos estado allí. Yo prefiero llevarme en el corazón cada rincón de la ciudad que veo. No importa que no recuerde el nombre, la impresión que me producen no se puede reflejar en una foto de aficionado. Así podría contaros que sobrevivir a una moto en la calle Tribual me permitió exhalar un último suspiro ante el Cristo velado. En Nápoles, los escasos semáforos no sirven en verde ni en rojo, sólo sirven para estar ojo avizor del tráfico.

Chiostro di Santa Chiara
Chiostro di Santa Chiara

Con el velo de una lágrima en los ojos salí hacia Santa Chiara y el amarillo de sus azulejos los desveló. San Severo, tan difícil, y cuando llegas tan fácil de encontrar. San Gregorio Armeno, escondido entre tantos belenes que saboreando un gelato de limone no huelen a navidad. Ver pasar sobre tu cabeza un avión cada cinco minutos y tener que esperar  el autobús venti, trenta, quaranta minuti para bajar del Palacio de Capodimonte tan español. Los coches volando por las cuestas de la ciudad. Sentarte a contemplar la estatua de Dante sin fuerzas para escribirle ni una palabra. Dante rodeado de octoberfester birras y góticos looks. El Vesubio visible e invisible según se enarbolara la fusca napolitana. Intentar subir a la Cartuja de San Martino, y a San Telmo en el funicular aunque este está demasiado desgastado para subir y sólo desciende. Llorar ante San Genaro y “la santa Piccolina”. La caminata hasta El Castel Nuovo ese castillo que tiene cinco torres en vez de cuatro,  y en el que nada más cruzar su puerta principal apreciamos un fresco que representa la Plaza Mayor de Madrid. Quedarme varada como Parténope, la sirena que llegó casi ahogada desde Capri a las rocas del Castillo del’Ovo… La Piazza Plebiscito y la herencia española del palacio Real. El teatro de ópera más antiguo del mundo y sus espejos que ya no aplauden al ritmo de los reyes. El Nápoles subterráneo y la cisterna romana.

Mural en Herculano
Pintura en Herculano

Y antes de terminar la ruta turística no paséis por alto Herculano. Todos los turistas se bajan en Pompeya y se olvidan de él. Y si os queda tiempo no dudéis en ir a respirar el azufre de las fumarolas del Volcán de la Sulfatara eso sí antes de la puesta de sol.

Imposible no hablaros de las tratorías regentadas por hombres que tienen detrás la foto de la nona o la mamma que les enseñó las artes culinarias. La sencilla pizza margharita, la reina de las pizzas napolitanas, tan centenaria y tan irresistible. Tricolore come l’Italia. Todo esto es el revelado que mis pupilas trajeron de Nápoles. Una alegre tarantela o una apasionada cancioncilla de amor, el azul melancolía que transpira la ciudad. La belleza que va creciendo día a día a medida que descubres sus rincones. El golfo que cambia de color como si supiera de días rosas y días grises. El tiempo que allí se detiene y tropieza con los baldes que suben y bajan por los edificios para recoger la compra. Erri de Luca dice que en Nápoles el tiempo se llama oportuno, como en español, porque Nápoles ha tenido siglos españoles… y en ella los segundos son mucho más lentos que el tictac de los relojes que quieren medirlos.

De su cocina hay que probar La impepata di cozze, Spaghetti ai frutti di mare, parmigiana di melanzane, una perdición para los que nos gustan las berenjenas. Y de los dulces que he probado por cuál decidirme: Il babá al rum para los amantes de lo emborrachado,  le sfogliatelle, el hojaldre hecho delicia, la pastiera, Gli struffoli, il ministeriale…

De sus escritores me confieso desconocedora. He leído que Roberto Saviano se inspira en el barrio de Scampia. Que muchos protagonistas de Elena Ferrante o Anita Raja son tan napolitanos como las descripciones y sensaciones de sus calles. Que Giuseppe Montesano en “De esta vida mentirosa” hace una metáfora bestial de la ciudad.

El poeta y dramaturgo alemán, Goethe cuando hizo su primer viaje a Italia, de todo lo que vio, la ciudad Partenopea fue la que permaneció en su corazón. Aquí, aseguró, cualquiera puede disfrutar de todas las pequeñas alegrías de la vida. Escribió en su libro Viaje a Italia. “Uno puede decir, contar o pintar lo que quiera, pero lo que hay aquí supera a todo lo demás … Les disculpé a todos los que perdieron la razón en Nápoles …Y de igual modo que se dice que alguien al que se le ha aparecido un espectro ya no vuelve a ser feliz, podría decirse también a la inversa que aquél que piensa una y otra vez en Nápoles ya no podrá nunca ser del todo infeliz”. Y cita este conocido refrán: ‹‹Vedi Napoli e poi muori, dicono qui››   “¡Ve a Nápoles y luego muere, dicen aquí!”

castel nuovo

Castel Nuovo

Otros aseguran que el origen de este refrán  es que Nápoles era el destino preferido de los que sufrían por amor pero su recuerdo siempre estaba allí y reaparecía en el momento de irse de la ciudad. Muchos de estos desdichados amantes morían de sufrimiento. La bruja Razziella, que lo había padecido, se compadeció de ellos y creó un vino rojo como la sangre que mágicamente hacía olvidar todo, incluido el amor.  Los dichos siempre se basan en esa sabiduría popular que sale de las entrañas y aunque no lo haya escrito un literato no deja de ser bonito.  La belleza y el amor suelen ir unidas. La pena por abandonar lo bello. Sufrir por la pérdida a la que somos tan dados.

Como diría Lamartine en “De Madrid a Nápoles” ¿Qué nos importa morir si hemos vivido cuanto puede vivirse: si hemos gustado en un solo instante todas las delicias de la tierra?

Y así algo de mí seguro que se habrá quedado entre el laberinto de sus calles tan estrechas algunas,  que los balcones se tocan, en sus pendientes, en el entretejido de las cuerdas con la ropa colgada,  en esos pasadizos minúsculos donde el zigzag de las vespas sortean como en un eslalon cajones de fruta, de pescado callejero y a peatones.  Y seguro que también algún fragmento de mí permanece en su envolvente bullicio, en esos altares que pueblan cada esquina, en la música y el teatro callejero, en el colorido de la estación del metro de la universidad, y en ese delicioso chocolate del que confieso que no logro superar su síndrome de abstinencia.

Y es que “Vedi Napoli e poi muori”

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Por Luis Marin

Hablar de La Toscana es hablar de sus paisajes, de sus cipreses en el horizonte que recuerdan los cuadros de los pintores renacentistas, de sus ciudades y pueblos que parecen anclados en el pasado. Es hablar de Siena y Monteriggione, de Pienza y Montepulciano, de San Gimignano y Volterra, de Pisa y Lucca y como no de Florencia. Es hablar del valle de Chianti y del valle de Orcia, de sus viñedos y sus vinos.

Toscana 01Es hablar de Miguel Ángel y su David, de Filippo Brunelleschi y el Duomo de Santa María de Fiore, de la Galería de los Uffizi y de Giotto, Gentilie, Lippi, Botticheli, Rafael, Leonardo Da Vinci, Caravaggio y otra vez Miguel Ángel con la única pintura que queda en Florencia, no hecha en paredes o muros, el Tondo Doni (Sagrada Familia).

El David (2)Es hablar de arquitectura, de palacios, de iglesias, del puente sobre el río Arno, de riadas de personas que pasean diariamente por sus calles disfrutando de cada uno de los edificios que los abriga, de sus aleros de madera que dificultan la entrada del sol.

Pero no podemos olvidar que también es la cuna de la literatura italiana.

Toscana 03Hay que comenzar con Dante Alighieri, (Florencia, 29 de mayo de 1265 – Rávena, 14 de septiembre de 1321) poeta conocido por escribir la Divina comedia, una de las obras fundamentales de la transición del pensamiento medieval al renacentista y una de las cumbres de la literatura universal. Apodado «el Poeta Supremo» (en italiano «il Sommo Poeta»), también se le considera el «padre del idioma italiano» (llamado volgare en aquella época).

Toscana 04Continuar con Francesco Petrarca (Arezzo, 20 de julio de 1304Arquà Petrarca, Padua, 19 de julio de 1374) lírico y humanista cuya poesía dio lugar a una corriente literaria que influyó en autores como Garcilaso de la Vega, William Shakespeare y Edmund Spenser, bajo el sobrenombre genérico de Petrarquismo. Tan influyente como las nuevas formas y temas que trajo a la poesía, fue su concepción humanista. Petrarca predicó la unión de toda Italia para recuperar la grandeza que había tenido en la época del Imperio romano.

Toscana 05Y finalizar con Giovanni Boccaccio (16 de junio de 131321 de diciembre de 1375). Pudo haber nacido en Florencia, en Certaldo o, incluso, según algunas fuentes, en París, lugar al que su padre debía desplazarse a menudo por razón de su trabajo. Se sabe que su infancia transcurrió en Florencia donde vivió hasta 1325 o 1327, cuando fue enviado por su padre a trabajar en la oficina que la compañía de los Bardi tenía en Nápoles.

El encuentro entre Petrarca y Boccaccio en Florencia fue decisivo para sus ideas humanistas y juntos se constituyeron en figuras principales del movimiento que intentó rescatar la cultura clásica de los siglos oscuros en el primer Renacimiento italiano. Intentaron armonizar el legado grecolatino con las ideas del Cristianismo.

En la entrada de Volterra, próxima al edificio de la Biblioteca Guarnacci que ocupa el Palazzo Vigilanti, se alza una placa con el siguiente texto.

Toscana 06“…Un libro bianco e nero come la faccia del battistero, come gli archetti di San Michele, come lo zoccolo di Sant Agostino, come L’avorio e l’ebano della tatiera, come il suo cuor folle, come il giorno e la notte…”

(Un libro en blanco y negro como el rostro del bautismo, como los arcos de San Miguel, como el casco de San Agustín, como el marfil y el ébano de la tatiera, como su corazón loco, como el día y la noche)

Toscana 07La frase corresponde al libro Forse che si, forse che no (tal vez sí, tal vez no) de Gabriele d’Annunzio, Príncipe di Montenevoso, novelista, poeta, dramaturgo, militar y político italiano, símbolo del Decadentismo y héroe de guerra. Apodado «il Vate» (el Poeta Profeta), ocupó una posición prominente en la literatura italiana desde 1889 hasta 1910 y, en la vida política, entre 1914 y 1924, aproximadamente.

Entre sus novelas se encuentra “El inocente” que Luchino Visconti llevó a la gran pantalla.

toscana 08No quiero olvidar tampoco a otro personaje florentino, el filósofo Nicolás Maquiavelo del que, posiblemente, se deberían tener más presentes sus reflexiones sobre desigualdad y abuso de poder incluso en la actualidad y cuya tumba se encuentran en la Basílica franciscana de la Santa Croce, muy próxima a la de Dante.

 

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Días del futuro pasado es el título de una deplorable película de la serie X-Men y de un álbum de Rock sinfónico de un grupo llamado Moody Blues, que desapareció hace ya tiempo y que solo recordará Carlos Cerdán.

Podría muy bien ser también el título de esta crónica viajera por un país con más de mil años de historia pero que pocas veces ha sido independiente. En la actualidad es una de las zonas más modernas de Europa, en la que puedes pagar el pan con la tarjeta de crédito o contratar una línea de teléfono y datos de 50 Gb por 5 euros al mes.

Esta fusión de pasado y futuro me vino a la mente al encontrar un curioso pasaje empedrado, ubicado en el casco histórico de Tallinn, que tiene una hilera de placas incrustadas en el pavimento que narran los hitos históricos del país desde los primeros pobladores prehistóricos. Así hay una placa para cada invasión que han recibido (Suecos, teutones rusos, nazis, soviéticos…)

pero también señalan aspectos culturales y sociales de su devenir, como la celebración desde 1869 de un festival nacional de la canción. Pero lo curioso es que la alfombra de lápidas incrustadas en el suelo no se detiene en el presente sino que ya han colocado las correspondientes a sucesos futuros como el quinientos aniversario de la proclamación de la república en 2418 o la celebración número cien de su festival de la canción.Este ir y venir entre el antes y el después parece ser una constante en el carácter estonio que se refleja también en el estilo arquitectónico de las nuevas construcciones, que se basan en el reciclaje de la gran cantidad de edificios fabriles construidos en la época soviética que convirtieron el país en una enorme factoría industrial. Así, en lugar de derribar las antiguas fábricas, naves, acerias, etc. Han aprovechado las fachadas y estructuras existentes y les han añadido nuevas plantas en las que predomina el acero y el cristal, símbolos de la nueva era. Un claro ejemplo es la siguiente imagen:

 

La capital Tallinn (pronúnciese Tálin para demostrar que uno está viajado) tiene un centro histórico medieval muy bien conservado que se parece mucho a otras ciudades bálticas de Finlandia o Suecia. Y es que los estonios no son eslavos como sus vecinos de Lituania o Letonia, ellos están orgullosos de su origen danés como los suecos o fineses, y tan altos que le sacan un metro de estatura al español medio, se llame Lopez Vázquez o no, lo que provoca que al estrechar la mano, el estonio se mantiene alejado tanto como le permite la longitud de su brazo, como si sospechara que uno no se ha duchado esta mañana o, Dios no lo quiera, que uno es ruso.

Queda en Estonia una importante minoría de origen ruso que no quisieron o no pudieron regresar a Rusia cuando se obtuvo la independencia tras el colapso de la Unión soviética. Estas personas son fácilmente identificables porque suelen tener cara de que les duele algo, y se asemejan al pintor al que le han quitado la escalera y se ha quedado colgado de la brocha añorando la preponderancia perdida de su etnia en tiempos pasados.

Como decía, los estonios son amantes de sus tradiciones, sobre todo lo relacionado con la música y la danza. Han creado un museo al aire libre en el que han reconstruido antiguas granjas de diferentes zonas del país para mostrar a las nuevas generaciones como vivían sus antepasados campesinos, pescadores o marinos.
En este museo también realizan exhibiciones del folklore popular en el que no dudan en incluir elementos foráneos:

Otra costumbre que tienen es la de hacer hogueras junto al mar la noche de San Juan, como en cualquier playa mediterránea pero sin paella y en manga larga por el frio, aunque lo de noche es un decir, porque en esa época del año la noche se va varios meses de vacaciones y el día dura las veinticuatro horas.

 

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Crónica de Vicente Moreno.

La vida es un viaje. Por eso cualquier relato puede ser interpretado como un viaje de algún tipo, que lleva al protagonista desde una situación inicial hasta el desenlace, sufriendo en el proceso alguna transformación.

Ayer tuvimos tres buenos ejemplos de ello en el taller. Empezó Esmeralda Octavio, leyendo su cuento titulado “Me reconocería entre mil”, en el que el protagonista, recorre el trayecto metafórico que va del amor a la locura, y de un hospital hasta la cárcel, basado en un hecho real.

Crónica 08042016-Sra. Romero, si la viera con el vestido rojo que le regalé…¡le iba tan bien el rojo…! Y se perfumaba…bueno, yo la perfumaba…La abrazaba fuerte fuerte mientras le decía que un día se iba a despertar y me iba a llamar por mi nombre.

Reconocimos que era un buen ejemplo de narrador en primera persona homodiegético, pero se la achacó cierta falta de homogeneidad en el uso de este narrador y, sobre todo, su ubicación que hace difícil deducir que todo el relato es la transcripción de una conversación telefónica.

Después se leyó el relato “Cosas de críos” de Lourdes Chorro, en el que, algo raro en ella, nos habla de problemas de pareja. Ironías aparte, nos pareció una muy buena descripción del espíritu infantil de una mujer que va en autobús, en metro y en tren hasta la playa. Y todo ello sin incluir ninguna marca de géneroCrónica 08042916-2 en el texto que permita identificar el sexo de los personajes principales, pese a lo cual la historia se sigue perfectamente. ¿No es eso una cualidad propia de maestría narrativa? Yo creo que sí.

Me arreglé con desgana. Al salir rocé la maleta y se atravesó. Me impedía abrir la puerta del todo, pero preferí pasar de lado a colocarla en su sitio.

Por último, Manuel Pozo nos obsequió con un ejemplo de narrativa ágil y entretenida, en el que nos cuenta el viaje realizado por la comitiva fúnebre de la reina Isabel de Castilla, desde el castillo de la Mota en Medina del Campo hasta Granada en 1504.

El protagonista es un joven mozo de cuadras que emprende, en este viaje iniciático, la aventura de su vida. Narrado con gran fluidez, el autor nos hace una detallada descripción del penoso viaje que hizo esta caravana mortuoria atravesando la meseta en medio de un temporal de invierno.

Crónica 08042016-3La comitiva vestía de negro, como si todos sus miembros compartiesen una única pieza de tela. Al frente, tras el alférez que sostenía el pendón real, viajaban los miembros de la Corte y los caballeros de mayor alcurnia portando los hachones de cera, con los caballos y mulas cubiertos con los caparazones negros que habían confeccionado las mujeres durante la primera noche de velatorio.

Se comentó que tal vez el relato ganaría con un narrador en tercera persona, que permitiera contar los hechos desde la distancia en el tiempo.

Al final nos informó Pura de la próxima visita del último ganador del concurso de relatos Madrid Sky, Santiago Eximeno, reputado autor de ciencia ficción del que comentaremos alguno de sus cuentos.

Así pues, todo fueron viajes, reales, metafóricos o históricos, incluido el que hicimos luego para buscar un bar menos ruidoso que el del jueves anterior, tarea concluida con éxito al encontrar una cafetería muy acogedora y que parece candidata al título de Proveedor Oficial del Grupo Primaduroverales.

Abril de 2016. Vicente Moreno

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