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Posts Tagged ‘Xuan Folguera’

Vicente Moreno ha unido en Leteraklub a dos ganadores del certamen literario Madrid Sky, Julia Viejo y Xuan Folguera, para hablar de literatura.

 

Julia Viejo Sánchez nació en Madrid, ciudad en la que ha pasado su vida. Es una mujer joven con muchas aficiones además de la literatura, como por ejemplo el cine, en donde empezó por afición como actriz y llegó a convertir su hobby en algo casi profesional. Su otra gran afición es la música; se pasa horas escuchando música y tocando el piano. En junio de 2014 fue la ganadora del primer certamen literario Madrid Sky con el relato En un viaje. Desde entonces su trayectoria profesional ha estado siempre ligada a la literatura. Próximamente publicará su primera novela y su primer libro de relatos.

 

Xuan Folguera Martín fue el ganador de la V edición del certamen Madrid Sky en 2018 con el relato Rigor Mortis. Su profesión no tiene nada que ver con la literatura, quizás por eso piensa que si no se es profesor de literatura o periodista es muy difícil vivir de la literatura. Nacido en Madrid, el trabajo le llevó a Valencia, junto al mar, donde encuentra inspiración para sus textos. Es admirador de Julio Cortázar. Muchas veces se ha preguntado por qué escribe, pero él continúa haciéndolo mezclando el drama, el humor y lo fantástico. En 2020 ha publicado su primera novela.

 

Vicente nació en Valladolid. Es coautor del libro de relatos Madrid Sky, en el que publicó el relato El viento de la pradera, y del libro 2056 Anno Domini, en el que publicó el relato Catedrales. En 2018 resultó ganador del certamen de relatos breves Guindostán. Informático de profesión, es un gran lector y un apasionado del cine. Actualmente es el coordinador de las secciones CineKlub y LetereKlub del blog Primaduroverales.

 

 

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La revista Vinos y Caminos vuelve a patrocinar en 2019 el certamen literario Madrid Sky. Agradecemos a Antón Alonso, su director, el patrocinio del certamen, que comenzó en la IV edición. Vinos y Caminos es una revista fundada en 2015 dedicada por igual al sector turístico y al mundo del vino. Cubre un espacio publicando aquellas noticias que apenas tiene hueco en otros medios y poco a poco va ganando en reconocimiento dentro de los medios de comunicación.

En aquella primera ocasión que Antón Alonso asistió a la entrega de premios del certamen Madrid Sky, corría el año 2017, le preguntamos que si el vino y la literatura son una buena combinación. Antón Alonso nos respondió con una frase de Pablo Neruda, de su Oda al vino: “El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría. Caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto.” Agradecemos de nuevo el patrocinio de Vinos y Caminos y deseamos de corazón que en la entrega de premios de esta VI edición pueda acompañarnos, al igual que hizo en 2017.

A continuación hacemos el mejor homenaje que se puede hacer a Vinos y Caminos, que es publicar el relato ganador del certamen del año pasado: Rigor Mortis, de Xuan Folguera Martín.

RIGOR MORTIS

Xuan Folguera Martín

Relato ganador del V certamen Madrid Sky

Tuve que irme a la cama para no flaquear. Las palabras que me escupió Sofía antes de marcharse habían sido tan duras y despiadadas que apenas podía mantenerme en pie. Sin embargo, algo me decía que, quizá, era lo mejor y que debía aceptar que lo nuestro –por fin– se había acabado. Esta vez, tenía que dejar que se marchara en lugar de llamarla o escribirle mensajes con el móvil suplicándole que volviera como había hecho antes.

Apenas pude pegar ojo esa noche, pero no flaqueé. Aunque la mañana me encontró todavía dando vueltas a las palabras de Sofía, no me acerqué al móvil. Quizá por eso, cuando me levanté somnoliento al baño y encontré al muerto, en un principio, lo achaqué a que todo había sido consecuencia de una alucinación por mi falta de sueño.

El muerto estaba sentado, apoyado en la pared del pasillo con las piernas dobladas y los codos sobre las rodillas. Con lo largo y oscuro que era el pasillo y el sueño que tenía, aún no entiendo cómo no me tropecé con él. Supe que era un muerto enseguida: lo delataba el olor a flores marchitas que le acompañaba.

Durante los primeros días, no le hablé a nadie del muerto. Aquella era la primera vez que me encontraba con uno. Tampoco era algo para presumir. Era consciente de que había mucha gente que los veía a menudo y también de que otros muchos son incapaces de verlos, a pesar de ser testigos de sucesos tan extraños como una repentina lluvia de sapos en el patio. Supongo que, estaba convencido de que, si lo ignoraba, se iría del mismo modo en que había llegado.

De hecho, solo se lo comenté a mi abuela cuando me enteré de que Sofía había rehecho su vida. O, al menos, lo estaba intentando con otra persona. La vi en la puerta del cine. De lejos. Yo salía del hipermercado con una bolsa de plástico llena de ambientadores para paliar el olor a flores marchitas que inundaba mi casa.

En su aldea, muchos aseguraban que mi abuela era bruja. Yo no lo sé. No entiendo de esas cosas. Lo único que sé es que siempre tenía consejos para todos. Para hablar con ella, tenía que acercarme al oído y gritarle, porque cuando enviudó, decidió quedarse, de forma voluntaria, medio sorda.

–Lo del muerto es cosa de la familia de tu abuelo. En mi familia nunca ha pasado –me dijo únicamente.

Un poco decepcionado –lo reconozco–, volví a casa. Aunque encontré de nuevo al muerto en el pasillo, debía de haberse movido: en su regazo tenía una caja de cartón con una pizza mordisqueada. Además, a su alrededor volaban decenas de moscas. No era el único cambio que descubrí: toda la casa estaba completamente desordenada, como si alguien se hubiera pasado varios días de fiesta. Le pregunté qué había pasado. El muerto me miró con sus cuencas vacías sin decirme nada. Sabía que tenía que ordenarlo todo, pero preferí acostarme. Aunque me tapé la cabeza con la almohada para aislarme, volví a escuchar las duras palabras de Sofía.

Por la mañana, me puse a recoger la casa. Me acordé de Sofía. Siempre la recogíamos durante el fin de semana. De todas las tareas, la que menos me gustaba era limpiar los baños. Aunque, desde que se marchó Sofía, nunca entré en el que ella solía utilizar, lo encontré sucio. El muerto debía de haber vomitado. En cuanto me puse los guantes para limpiarlo, comencé a escuchar música al fondo del pasillo. Alguien –o supongo que el muerto– había puesto a Chavela Vargas, de fondo. Me senté a su lado y me tendió la botella. El muerto me pareció mucho más agusanado que el primer día, como si se estuviera descomponiendo. Después de vencer el asco, pegué un buen trago a la botella. Era de tequila. Durante un buen rato, estuvimos bebiendo en silencio. De algún modo, intuía que aquella era su forma de despedirse de mí y que, en cuanto acabáramos la botella, el muerto aceptaría su situación y abandonaría mi pasillo.

Bases VI edición del certamen Madrid Sky

 

 

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Por Xuan Folguera.

Yo nunca he sido del Madrid. Tampoco he sido muy futbolero. Y, sin embargo, ahí estaba esa noche. Escuchando a Valdano en un programa deportivo de la radio. Al parecer, le acaban de destituir como entrenador del Real Madrid. El periodista le preguntó a qué se iba a dedicar a partir de ese momento. Valdano contestó que a releer Rayuela.

−¿Rayuela? −preguntó el periodista−. ¿Esa novela que se puede leer al derecho, al reves y dando saltos?

No sé si el periodista se la había leído. Yo desde luego que no. Aunque ya me entusiasmaba la literatura hispanoamericana, aún no conocía a Julio Cortázar. Pero me llamó tanto la atención que pudiera leerse de forma distinta a la lineal que, en cuanto pude, hice una incursión a la biblioteca de mi barrio.

La primera vez que leí Rayuela no entendí nada. O bueno, más bien, no la entendí del todo. De hecho, aún continúo sin intenderla. Pero me fascinó. Y no solo por la forma en que podía leerse. De un lado. Del otro. Capítulos prescindibles. Parecía todo un poliedro literario. Tampoco la historia es muy importante. Lo que, en realidad, me deslumbraba era la forma en la que estaba escrita. Rayuela no es un libro para lectores. Es un libro para escritores. Un experimento exigente que enseña a escribir. O, al menos, otras formas de lenguaje. Como el glíglico: Apenas le amalaba el noema, caía en sústalos exasperantes.

A continuación vinieron sus cuentos. Una colección completa de la editorial Alfaguara que también encontré en la misma biblioteca de barrio. Supongo que ese fue el momento que me convirtió en cuentista. Hasta entonces intentaba ser poeta y exhibía a través de los versos mis entrañas. Pero después de leer Casa tomada o Carta a una señorita en París, sentí que debía escribir como él. He imitado muchas veces sus historias. He desmontado con un lápiz en la mano, todos sus engranajes, para volver a montarlos con mis propias palabras, con mis propios relatos. La noche bocarriba se ha convertido, por ejemplo, en un relato que he títulado Cinco de Noviembre. He sido también un verdadero cronopio, húmedo y de color verde, que, a pesar de odiar a los famas, se ha enamorado de una esperanza a la que he escrito cartas de amor en los que he bailado tregua y en los que he bailado catala.

Inevitablemente llegaron sus poemas, sus ensayos, sus otras novelas y el resto de libros suyos tan diferentes como la Vuelta al mundo en ochenta días o Fantomas contra los vampiros multinacionales que, de un modo u otro han ido, poco a poco, cayendo primero en mis manos y, después −porqué no reconocerlo−, en el olvido.

Y, sin embargo, seguimos todos tan enamorados de Julio. Y lo digo en plural, porque no somos uno, sino también legión. No es infrecuente coincidir con un julioadicto. Se les puede encontrar junto a unos dibujos de tirza. Tienen una piedrita en la mano que, después de lanzarla, mueven con la punta de un zapato. Como yo, están convencidos de que el Cielo está en el mismo plano que la Tierra, en la acera roñosa de los juegos.

Xuan Folguera Martín fue el ganador del V Certamen Literario Madrid Sky, en junio de 2018.

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Xuan Folguera Martín ganó el primer premio de la V edición del certamen literario Madrid Sky en junio de 2018, un premio patrocinado por la revista digital http://www.vinosycaminos.com/. El final del cuento es extraordinario, y el protagonista, junto con un muerto que aparece en su casa, con el que le va uniendo una estrecha relación a lo largo del cuento, escucha una canción de Chavela Vargas, El último trago. Nos ha parecido un bonito homenaje al patrocinador del premio, Vinos y Caminos, y al ganador del certamen, Xuan Folguera, reproducir la canción de Chavela Vargas y el párrafo final del relato en esta entrada.

Por la mañana, me puse a recoger la casa. Me acordé de Sofía. Siempre la recogíamos durante el fin de semana. De todas las tareas, la que menos me gustaba era limpiar los baños. Aunque, desde que se marchó Sofía, nunca entré en el que ella solía utilizar, lo encontré sucio. El muerto debía de haber vomitado. En cuanto me puse los guantes para limpiarlo, comencé a escuchar música al fondo del pasillo. Alguien –o supongo que el muerto– había puesto a Chavela Vargas, de fondo. Me senté a su lado y me tendió la botella. El muerto me pareció mucho más agusanado que el primer día, como si se estuviera descomponiendo. Después de vencer el asco, pegué un buen trago a la botella. Era de tequila. Durante un buen rato, estuvimos bebiendo en silencio. De algún modo, intuía que aquella era su forma de despedirse de mí y que, en cuanto acabáramos la botella, el muerto aceptaría su situación y abandonaría mi pasillo.

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Xuan Folguera Martín ha sido el ganador de la V edición del certamen Madrid Sky con el relato Rigor Mortis. Confiesa que su profesión no tiene nada que ver con la literatura, pues es funcionario de justicia, y piensa que si no eres profesor de literatura o periodista es difícil vivir de la literatura. Hace poco que se fue a vivir a Valencia. Desde allí nos envió su relato y viajó el pasado 21 de junio a Madrid, a una entrega de premios en la que no sabía qué se iba a encontrar. Tuvo suerte. Resultó ganador y se llevó un buen puñado de nuevos amigos.

Esta es una pregunta clásica. ¿Por qué escribes?
Me lo he preguntado muchas veces. Sobre todo, cuando de repente me veo escribiendo en la soledad de mi cuarto relatos que luego no lee nadie. Escribir no es nada fácil. Exige mucha disciplina. Algunos días no me siento tan motivado e inspirado como debería y es cuando me surgen esas preguntas. Podría decir que es consecuencia del azar, de una serie de concatenación de hechos y decisiones, pero supongo que escribo porque me gusta leer. Cuando escribo busco precisamente crear la historia que me gustaría leer.

¿Solo escribes relatos o también otros géneros?
Sobre todo relatos. Tengo que reconocer que guardo un par de novelas cortas en el disco duro de mi ordenador que todavía necesitan una buena revisión. También guardo un montón de microrrelatos y, por supuesto, unos cuantos poemas. Como muchos, empecé escribiendo poesía pero, ahora, lo veo un género muy exigente al que guardo muchísimo respeto.

¿Cuánto tiempo le dedicas al día a escribir?
Todo lo que la vida me permite que suele ser un par de horas por la tarde de lunes a viernes. Por suerte, tengo un trabajo que puedo compatibilizar con la escritura.

¿Quién es la primera persona que lee tus relatos? ¿Tienes algún cómplice, alguien que actúe de filtro?
Me temo que nadie. Sé que aconsejan tener algún cómplice o alguien que actúe de filtro. Sin embargo, no lo tengo. El culpable sin duda soy yo. Soy muy tímido y pudoroso con mis creaciones, y tampoco quiero aburrir a nadie de mi entorno con todas las historias que escribo. Lo mataría de aburrimiento si leyera todas. Aunque tengo que reconocer que cuando estoy muy orgulloso de algún relato o poema, le doy la lata a mi pareja para que lo lea.

¿Hay algún escritor que te haya influido de manera especial?
Julio Cortázar sin dudarlo. Creo que he leído o, al menos, intentado leer casi toda su obra. Me encanta su poesía y, por supuesto, Rayuela, pero me quedo, sobre todo, con sus libros de relatos. Los he leído decenas de veces. Los tengo todos completamente subrayados y con anotaciones manuscritas al margen. Aunque no es el único que me ha influido. Por lo general, me encanta la literatura hispanoamericana. Desde los clásicos Borges, García Márquez o Juan Rulfo, a las actuales Samanta Schweblin, Mariana Enríquez o Ana María Shua.

¿Has participado alguna vez en un taller literario?
En unos cuantos. Hasta hace unos años, escribía de oídas. Me basaba en lo que había aprendido de los profesores de literatura o de mis visitas a la biblioteca, pero no había profundizado en técnica narrativa hasta que mi novia me aconsejó que me apuntara a uno. Le hice caso y noté enseguida cómo mi forma de escribir mejoró de forma exponencial. Creo que es algo necesario para aprender a escribir. No sé porque a veces no se le otorga el prestigio que merece y que sí tiene en países de grandes cuentistas como Estados Unidos, México o Argentina.

Vives en Valencia. ¿Se escribe mejor frente al mar?
Cualquier sitio es bueno. He escrito relatos allá donde he vivido. Lo único que necesito es un poco de tranquilidad. Más que contento estoy aliviado porque Rigor mortis lo he escrito viviendo en Valencia, a donde me he mudado hace apenas unos meses por motivos laborales. Al parecer, la inspiración, por ahora, no me ha abandonado, a pesar de lo que la maltrato yendo de un lado para otro. Aparte de eso, he tenido la suerte de relacionarme con otros colegas escritores como Nicolás Jarque, Francesc Barberá o Kike Parra, con los que, desde que he llegado, he podido compartir mi pasión por los relatos.

¿Por qué alguien viaja desde Valencia a Madrid al ser finalista de un certamen literario, en el que a lo mejor no ganaba nada?
Me habían hablado tan bien de la experiencia que tenía curiosidad por vivirla. Además, siempre me ha gustado conocer a otros escritores y descubrir cómo escriben. Siempre se aprende algo. Aparte de eso, tengo familia en Madrid y era una buena ocasión para visitarla.

¿Qué te pareció el ambiente de Madrid SKY?

Genial, la verdad. No me cansaré nunca de repetirlo, pero todos sois tan encantadores que casi nos hacéis creer que nos conocéis de toda la vida.

¿Pensabas que ibas a ganar? ¿Estabas satisfecho de tu relato?
Siempre tienes esperanzas y siempre estás satisfecho de tu relato. Si no, no lo mandarías a un concurso. Aunque, después de conocer el nombre de los finalistas, mis esperanzas se redujeron. Además, cuando lo releí de camino a la entrega de premios, encontré unas cuantas palabras y comas que cambiaría. Por lo que, cuando pronunciaron mi nombre, apenas pude reaccionar.

La revista digital http://www.vinosycaminos.com/ patrocina el certamen literario. ¿Qué opinas de estos patrocinadores que nos permiten hacer realidad nuestros sueños de escribir?
El mundo del relato es muy duro y complicado. Necesita de mucho más apoyo que la novela. Los libros de relatos apenas venden. De hecho, creo que solo los compramos escritores de relatos. La lástima es que, a menudo, salvo algunas entidades locales, parece un sector olvidado desde lo público y tiene que sobrevivir gracias a iniciativas y patrocinadores como “Vinos y caminos”. Además es un nombre muy apropiado por mi vida errante y porque me he criado en tierra de buenos vinos. Me gustaría aprovechar este momento para darle las gracias de nuevo y pedirle que, en la medida de lo posible, continuara apoyando vuestro certamen.

Vayamos con tu relato: se titulaba Rigor Mortis. ¿El desamor es siempre una fuerte de inspiración?
El desamor, la vida, la muerte. En general, todas las pasiones, todos los sentimientos primarios, son los grandes temas de la literatura. No hay más que echar un vistazo por encima a la obra de Shakespeare para darse cuenta.

Tu relato se mueve entre el drama, el humor y lo fantástico. ¿En qué género te mueves mejor?
En los tres. Me gustan los tres géneros y los mezclo. No es algo intencionado. Creo que forma parte de mi personalidad e inevitablemente recurro a ellos. Supongo que es ahí donde más se nota lo que me ha influido Cortázar a la hora de escribir.

¿Desde cuándo le gusta la pizza a los muertos?
En general, les encanta toda la comida basura. Como están muertos, no tienen ya que preocuparse por el colesterol o por las calorías que tiene. En realidad, es un símbolo. Una forma de humanizar al muerto y de acercarlos a nosotros. Ya he comentado que soy un lector asiduo de literatura hispanoamericana y, en muchas de sus obras –pienso ahora, por ejemplo, en Pedro Páramo de Juan Rulfo– conviven los vivos con los muertos.

Los dos protagonistas de tu relato, el muerto y el vivo, se beben una botella de tequila ¿El tequila es un buen camino para relacionarse con todo el mundo?
Tampoco tienen los muertos que preocuparse por si beber tequila les afectará al hígado. Es otro símbolo, una forma de compadreo entre los dos protagonistas del relato. Es una imagen propia de los tangos o de los relatos más porteños de Borges.

Y en el colmo de la desesperación se oye una canción de Chavela Vargas. ¿La música de Chavela está bien para resucitar a un muerto o, al contrario, es para hundirse en la tristeza?
La canción de Chavela Vargas que escuchaban era la titulada El último trago. Si puedes, presta atención en la letra. En ella se habla precisamente de una botella que se comparte.

CUENTO RIGOR MORTIS

¿La literatura es una buena forma de conocer gente?
Cualquier actividad social lo es, pero tengo la sensación de que con la literatura se conoce a gente más especial. Gente que te hace sentir menos raro y menos bicho verde.

¿Tienes en perspectiva algún proyecto literario?
Siempre que me preguntan contesto lo mismo: intentar aprender a escribir mejor. Sin embargo, creo que ha llegado el momento de plantearse seleccionar unos cuantos relatos e intentar publicarlos.

En nuestras entrevistas siempre pedimos a nuestros protagonistas que nos recomienden una novela y un relato. ¿Cuáles serían los tuyos?
¿Una novela y un relato solo? Imposible. Pero bueno. Lo haré. Aunque convencido de que mañana te diría otros, creo que voy a recomendar la novela Los pasos perdidos de Alejo Carpentier. Es especial para mí porque fue la primera novela hispanoamericana que leí y con la que comencé a enamorarme literariamente del continente americano. Narra un viaje a través del Amazonas. Como relato, voy a recomendar Nostalgia de la morgue, de Valeria Correa Fiz. Forma parte de su libro La condición animal. Creo que ha sido el último relato que he leído que me ha obligado a decir: “me gustaría haber escrito ese relato”.

¿Volverás a presentarte?
Aunque es muy tentador –la experiencia ha sido irrepetible– creo que deben ser ya otros quienes la disfruten.

Tienes este final de la entrevista para ti. ¿Qué te gustaría añadir?
Pues que me gustaría invitar a todo el mundo que lea esta entrevista a que se anime a participar en el certamen y que, si por algún motivo, fueran seleccionados como finalistas, que no rehúsen la invitación y se acerquen a conoceros. Merece mucho la pena. Ya sabéis que podéis contar conmigo para lo que necesitéis. Espero que en lo sucesivo podamos conocernos todos un poquito más.

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Un año más, y van cinco. Sentimos que cada año el compromiso es mayor y no podemos fallar a los finalistas. Algunos vienen de lejos y la mayoría se van con las manos vacías, por eso tenemos la obligación de ofrecerles un acto literario en el que ellos y sus relatos sean los protagonistas. El año pasado el listón lo pusimos muy alto, tanto en el sentido organizativo como en cuanto a la participación de concursantes. Para los años sucesivos nos gustaría mejorar los premios en metálico que ofrecemos, seguiremos trabajando para ello, pero de momento el presupuesto es el que aportan nuestros patrocinadores, que ya es bastante. Por eso tenemos que volcar todo nuestro cariño, nuestra ilusión y nuestro trabajo en un acto en el que los autores obtengan el reconocimiento por su esfuerzo creativo.

La ilusión que demostró el director de la revista Vinos y Caminos, Antón Alonso Suárez, patrocinador del primer premio, fue una pieza clave en el éxito del año pasado. Este año no ha podido acudir por motivos personales, pero ha estado magníficamente representado en el acto por Luis Gulín Iglesias, que también representaba a las bodegas Sameirás. La Academia Heisenberg y La Rebujita, han sido los patrocinadores del segundo y del tercer premio.

Nosotros también tenemos nuestro premio. Nos llevamos el cariño de los participantes y de los finalistas. Nos quedamos con sus palabras de agradecimiento. Nos quedamos con el hecho de haber conocido a unos escritores y unas personas que amplían nuestro círculo de amigos de la literatura. Y nos quedamos con uno de los momentos más emotivos de la tarde. La entrega del primer premio por parte de Luis Gulín a Xuan Folguera por su relato Rigor Mortis. A continuación compartimos el relato Rigor Mortis.

RIGOR MORTIS

Xuan Folguera Martín

Relato ganador del V certamen Madrid Sky

Tuve que irme a la cama para no flaquear. Las palabras que me escupió Sofía antes de marcharse habían sido tan duras y despiadadas que apenas podía mantenerme en pie. Sin embargo, algo me decía que, quizá, era lo mejor y que debía aceptar que lo nuestro –por fin– se había acabado. Esta vez, tenía que dejar que se marchara en lugar de llamarla o escribirle mensajes con el móvil suplicándole que volviera como había hecho antes.

Apenas pude pegar ojo esa noche, pero no flaqueé. Aunque la mañana me encontró todavía dando vueltas a las palabras de Sofía, no me acerqué al móvil. Quizá por eso, cuando me levanté somnoliento al baño y encontré al muerto, en un principio, lo achaqué a que todo había sido consecuencia de una alucinación por mi falta de sueño.

El muerto estaba sentado, apoyado en la pared del pasillo con las piernas dobladas y los codos sobre las rodillas. Con lo largo y oscuro que era el pasillo y el sueño que tenía, aún no entiendo cómo no me tropecé con él. Supe que era un muerto enseguida: lo delataba el olor a flores marchitas que le acompañaba.

Durante los primeros días, no le hablé a nadie del muerto. Aquella era la primera vez que me encontraba con uno. Tampoco era algo para presumir. Era consciente de que había mucha gente que los veía a menudo y también de que otros muchos son incapaces de verlos, a pesar de ser testigos de sucesos tan extraños como una repentina lluvia de sapos en el patio. Supongo que, estaba convencido de que, si lo ignoraba, se iría del mismo modo en que había llegado.

De hecho, solo se lo comenté a mi abuela cuando me enteré de que Sofía había rehecho su vida. O, al menos, lo estaba intentando con otra persona. La vi en la puerta del cine. De lejos. Yo salía del hipermercado con una bolsa de plástico llena de ambientadores para paliar el olor a flores marchitas que inundaba mi casa.

En su aldea, muchos aseguraban que mi abuela era bruja. Yo no lo sé. No entiendo de esas cosas. Lo único que sé es que siempre tenía consejos para todos. Para hablar con ella, tenía que acercarme al oído y gritarle, porque cuando enviudó, decidió quedarse, de forma voluntaria, medio sorda.

–Lo del muerto es cosa de la familia de tu abuelo. En mi familia nunca ha pasado –me dijo únicamente.

Un poco decepcionado –lo reconozco–, volví a casa. Aunque encontré de nuevo al muerto en el pasillo, debía de haberse movido: en su regazo tenía una caja de cartón con una pizza mordisqueada. Además, a su alrededor volaban decenas de moscas. No era el único cambio que descubrí: toda la casa estaba completamente desordenada, como si alguien se hubiera pasado varios días de fiesta. Le pregunté qué había pasado. El muerto me miró con sus cuencas vacías sin decirme nada. Sabía que tenía que ordenarlo todo, pero preferí acostarme. Aunque me tapé la cabeza con la almohada para aislarme, volví a escuchar las duras palabras de Sofía.

Por la mañana, me puse a recoger la casa. Me acordé de Sofía. Siempre la recogíamos durante el fin de semana. De todas las tareas, la que menos me gustaba era limpiar los baños. Aunque, desde que se marchó Sofía, nunca entré en el que ella solía utilizar, lo encontré sucio. El muerto debía de haber vomitado. En cuanto me puse los guantes para limpiarlo, comencé a escuchar música al fondo del pasillo. Alguien –o supongo que el muerto– había puesto a Chavela Vargas, de fondo. Me senté a su lado y me tendió la botella. El muerto me pareció mucho más agusanado que el primer día, como si se estuviera descomponiendo. Después de vencer el asco, pegué un buen trago a la botella. Era de tequila. Durante un buen rato, estuvimos bebiendo en silencio. De algún modo, intuía que aquella era su forma de despedirse de mí y que, en cuanto acabáramos la botella, el muerto aceptaría su situación y abandonaría mi pasillo.

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