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Escuela de adultos

Nos llega la noticia de que la JMD ha comunicado a los profesores de la Escuela de Adultos de Arganzuela, ubicada en la Casa del Reloj, el cierre de la misma tras 36 años de funcionamiento. La noticia del cierre de una escuela, de cualquier escuela, es muy triste. En este caso la Escuela de Adultos ha desarrollado una tarea imprescindible entre las personas mayores del distrito, que han asistido y seguían asistiendo por vía telemática a su gran variedad de cursos. Esperemos que la situación no sea irreversible y la JMD opte por mantener en funcionamiento una escuela para mayores que realiza una labor social de gran valor en nuestro distrito. Desde nuestra asociación manifestamos nuestro apoyo a la Escuela de Adultos de Arganzuela y sus alumnos, y nuestro deseo de que pueda seguir manteniendo su actividad como hasta ahora.

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Por María Sánchez Robles

Anoche sentí la música. Anoche sentí la poesía. Anoche sentí una relajación inusitada. Y no fui al spa, ni a un recital ni a un concierto. Fui al encuentro del arte en mayúsculas: así es Un espectador accidental o Las ocho de la tarde, un sencillo encuentro con la Luna que te eclipsa. Y es que de esta obra se desprende un algo luminoso, un cuerpo brillante y gravitatorio que te invita a columpiarte del satélite y preguntarte: ¿todavía es posible parar el mundo y bajarse?

Si a veces se te pasa esta cuestión por la cabeza, la respuesta es sí. Hay un espacio donde el teatro se cuela, donde el arte todavía puede entrar, y donde los ritmos le plantan cara a los trepidantes de Netflix; en este espacio suena el piano en directo —a cargo del músico Iván Sangüesa— , el corazón se amansa y la mente, siempre en ebullición, se atreve a entender desde el amor y no solo desde la cabeza.

La compañía Montajes en el Abismo, compuesta por Ana de la Hoz y Jorge Jimeno, nos plantean en su última creación algunas preguntas de sumo interés que solo pausadamente y de la mano de la fantasía y del humor debemos abordar: ¿de qué tenemos miedo? ¿Quién pone las reglas? ¿Somos todos una panda de cobardes? ¿En qué consiste ser “un buen ciudadano”? Cuando salías a aplaudir durante el confinamiento, ¿a quiénes veías?

Bajo una crítica a la narrativa empleada durante el confinamiento, marcada por la metáfora de la guerra, y a través de la belleza de dos cuerpos que no pueden tocarse, pero que necesitan cuidar y ser cuidados, Jorge Jimeno, el autor del texto, nos presenta a dos personas encerradas en sus pisos de treinta metros cuadrados, con sus rutinas, sus días buenos y malos. Él, un coach entrañable que hará que lo quieras y lo rechaces al mismo tiempo; ella, una aparentemente amargada ciudadana que no comprende el acto social público y masivo de mayor empatía  de los últimos tiempos: los aplausos a las ocho de la tarde.

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¿Tú salías a aplaudir o, como nuestra protagonista, no compartías ese momento hasta que un día la cabeza te hizo clic? O, ¿más bien el corazón? En ese acto, en el que todos los días a la misma hora, nos encontrábamos con el otro, con el desconocido, con el observador, el testigo y el espectador, ¿qué ocurría?

Jorge y Ana, espléndidamente dirigidos por Verónica Pérez, nos plantean una obra sobre nosotros y sobre una vida donde las reglas y el apego a la imagen rigen nuestras acciones pero, ¿es esta la vida que has elegido vivir? ¿Hay otras? ¿Se pueden cambiar las reglas del juego? ¿Pesan demasiado nuestros cuerpos como para ir a buscar la Luna, o todo es posible?

Sin duda alguna, en la magia del teatro es posible. Es posible revivir el momento de los aplausos y es posible callar y solo observar, encarnar mejor que nunca el papel de espectador silente pero no por ello inactivo, pasivo o en estado de evasión: pues, al igual que solía hacer Bertolt Brecht en sus obras, en esta se rompe la cuarta pared y el espectador, aunque no habla, se involucra. Pone su cuerpo en juego y al salir del teatro, lo nota. Se notará flotar cual astronauta de viaje a la Luna.

Un espectador accidental o Las ocho de la tarde estará el próximo fin de semana, del viernes 9 al domingo 11 de abril en el Teatro Lagrada. Viernes y sábado a las 20 horas. Domingo a las 19 horas. No te quedes sin tu entrada. Aforo limitado.

María Sánchez RoblesMaría Sánchez Robles nació en Madrid. Es periodista, profesora de español y siempre ha estado vinculada al mundo del contenido. Ha trabajado en el periódico “La Razón”. Su gran pasión es la literatura. Escribe relatos cortos y pertenece a la asociación Grupo de Escritores Primaduroverales desde el año 2015.

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Si estuviste confinado… “Un espectador accidental o Las ocho de la tarde”

El Teatro Lagrada estrena este viernes una obra desconfinada sobre el límite del respeto a las reglas y cómo nos condiciona el juicio ajeno. Estará en cartel durante dos semanas.

Quieras o no quieras, lo viviste. Tal vez con emoción, tal vez con mucho dolor. Puede que para ti fuera un periodo hermoso en familia, o que estuvieras a punto de inmolarte del vértigo que supuso pasar tres meses confinados. Encerrados en casa. Con los ojos quemándonos por los números rojos del caos de una ciudad que nunca antes había estado tan en calma.

Es posible que quieras olvidarte de ello, huir. Y por eso esta obra, “Un espectador accidental o Las ocho de la tarde”, la última creación de Montajes en el Abismo, una compañía superviviente en estos tiempos de crisis para las artes escénicas, es una excusa genial para reinventar en tu imaginario, en tu código genético, aquellos trepidantes días que pasamos juntos como sociedad.

Jorge y Ana, además de fundadores de la compañía, son los personajes protagonistas, reales y ficticios, de esta historia producida en tiempos muy difíciles para la creación y la exhibición teatral. “Si producir teatro es siempre una aventura al filo de lo imposible, hacerlo en tiempos de COVID es probablemente una temeridad. Somos conscientes de ello”, afirma Jorge Jimeno, que es también el autor del texto.

En concreto, se trata de una propuesta que pone el foco en el acto social y teatral de los aplausos de las ocho de la tarde y se pregunta por los motivos que llevaron a millones de personas a participar en ese acto y sobre las satisfacciones que se producen por la unión de cuerpos que aplauden y se miran. En palabras del escritor y filósofo Santiago Alba Rico, autor de Ser o no ser (un cuerpo), “no hay nada más decididamente escénico que un balcón asomado sobre un patio de butacas. Desde este punto de partida, Jorge Jimeno interpela del modo más brillante e incómodo una cuestión, a mi juicio, decisiva: qué hacer con nuestros cuerpos allí donde ya sólo pueden ser o superfluos o amenazadores”.

Desde Primaduraverales compartimos ese interés de crear cuando todo lo demás se caía en pedazos a nuestro alrededor. Nos ha parecido oportuno compartir aquí, de nuevo, este proyecto que comenzó hace más o menos un año.

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Un espectador accidental o Las ocho de la tarde
¿Cuándo?  Del 2 al 11 de abril. Viernes y sábados a las 20h. Domingos a las 19h.
¿Dónde? Teatro Lagrada (Calle de Ercilla, 20, 28005).
¿Cuánto? Desde 8 a 16 €.

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El origen de esta larguísima entrada se encuentra en un wasap que me envió mi amigo Juan Antonio Esteban, cuando yo estaba a punto de iniciar una caminata por la sierra de Guadarrama:

«Buenos días, Manolo. No sé si esto es una pregunta fácil o difícil. Si tuvieras que recomendar tres o cuatro libros de cuentos para enseñar a alguien y decirle, mira tío, así se escribe una historia corta… ¿Cuáles serían?».

La pregunta me cogió por sorpresa y no era momento de ponerme a pensar en una colección de cuentos, bastante tenía yo con encontrar la ruta adecuada. No es lo mismo recomendar un relato, rápidamente se me vinieron algunos a la cabeza, que un libro de relatos.

Mientras caminaba, la pregunta me seguía dando vueltas en la cabeza. Unas dos horas después paramos en una fuente, a beber y rellenar las cantimploras, y aproveché para mandarle a Juan Antonio un wasap:

«El problema de los libros de relatos es que siempre hay alguno de relleno, por un lado; por otro que dentro de los relatos también hay géneros, y no sé qué te gusta. De momento te mando estos relatos que nos han ido recomendando poco a poco en el blog, cuando llegue a casa te recomendaré algún libro».

https://primaduroverales.wordpress.com/relatos-recomendados

De pronto consideré que era una decisión muy subjetiva y que era mejor abrir el abanico de posibilidades, así que pedí ayuda al grupo de escritores de la asociación:

«Saludos, grupo. Una pregunta para la reflexión. Os pido que me recomendéis un libro de relatos para leer. No un relato, sino un libro, y si es posible, por qué».

Con todas las recomendaciones que recibí le envié a Juan Antonio un correo. Claro que nos hemos dejado muchos relatos sin mencionar, pero estos son los nuestros. Esperamos con gratitud que el lector pueda completar con sus comentarios los libros de relatos que merecen estar en esta lista.

Hola, Juan Antonio

Lo primero que hay que saber es que el relato es un género en sí mismo, pero que dentro de los relatos también podemos distinguir distintos géneros. Por eso te hablaré de una serie de libros muy diferentes entre sí.

Otra cosa que te recomiendo es no leer más de tres relatos seguidos. Leyendo más, uno se empacha y se pierde el sentido de la lectura, no saboreando los matices que sí se aprecian con una lectura sosegada. Una buena idea es alternar relatos de dos libros de dos autores diferentes.

Para que no cuentes solamente mi opinión, he preguntado a mis compañeros del taller de creación literaria. Este es el resumen de sus opiniones.

El descapotable rojo, de Louise Erdrich. Es una escritora de las grandes praderas de los Estados Unidos. El libro es un conjunto de relatos en la que aparecen los personajes que conforman el paisaje literario de la autora; las tribus de las praderas heladas de Minnesota y las dos Dakotas, los suecos que poblaron la mayoría de estas tierras, los descendientes de los primeros ingleses y franceses que se aventuraron a explorarlas.

La película y la serie Fargo de los hermanos Cohen están inspiradas en estos relatos.

Siguiendo con autoras que se centran en el norte de Estados Unidos tienes a Alice Munro, que en realidad es canadiense. Es premio Nobel. Autora de varios libros de relatos, yo te recomiendo Demasiada felicidad. Describe la realidad del norte de Estados Unidos, de la América profunda, en todos los relatos menos en el último, que es una reconstrucción novelada de los últimos años de la matemática y escritora Sofía Kovalevski (1850-1891). Tiene un lenguaje preciso, sin florituras, directo y sobrio. Otro de los libros de relatos de Alice Munro es El amor de una mujer generosa, donde utiliza el narrador de manera magistral.

Otro personaje imprescindible es Truman Capote. Sería fácil recomendarte los Cuentos completos, (Anagrama) pero me voy a quedar con un libro titulado Tres cuentos. Están centrados en la Navidad. El protagonista es el propio Truman Capote con siete años, y la narración está en primera persona. Hace poco se estrenó una película sobre este escritor, se titula Capote.

Me han recomendado, no he leído nada de este autor, Relatos de lo inesperado, de Roal Dahl, un especialista de la intriga y del humor negro. Como buen galés domina el humor y la excentricidad. Termina sus cuentos con rapidez, agilidad y un desenlace con mucha chispa.

Cambiando totalmente de estilo aparece Hombres sin mujeres de Haruki Murakami.  Murakami propone, a través de siete relatos personalísimos, un recorrido por las vidas y los sentimientos de siete hombres que, en un momento dado, tuvieron cerca a una mujer a la que amaron y que, por muy diferentes razones, salieron de sus vidas. La música es un recurrente en estos relatos de Murakami.

En género fantástico me recomiendan El libro de las maravillasSe trata de una colección de catorce cuentos fantásticos con un universo habitado por seres míticos, centauros, gnomos, dragones, caprichosos dioses y extrañas criaturas.

En género de terror hay que recordar a Howard Phillips Lovecraft. Cualquiera de sus libros de relatos te introducirá en su mundo de seres oscuros. Por citar uno: La llamada de Cthulhu.

James Graham Ballard dijo que el único futuro que le interesaba eran los próximos cinco minutos. Añadió que ese futuro sería esencialmente aburrido. Y, también, que el verdadero  territorio a explorar por la ciencia ficción no era el espacio exterior, sino el espacio interior. Y que el único planeta verdaderamente extraño era la Tierra. Ballard es un maestro de la ciencia ficción. Si te gusta el género tienes sus Cuentos completos. Ballard es autor de una novela autobiográfica, que Steven Spielberg llevó al cine: El imperio del sol.

En ciencia ficción no nos podemos olvidar de Úrsula K. Le Guin. Tiene un relato, Los que se alejan de Omelas, que se considera una obra maestra del género. Su publicación más reciente, con traducción de Pedro Jorge Romero, es en la antología Obras maestras: La mejor ciencia ficción del siglo XX, seleccionada por Orson Scott Card y publicada por Nova.

Imprescindible una referencia al realismo mágico. El llano en llamas​ es el primer y último libro de relatos de Juan Rulfo. El clima que presentan los cuentos es una anticipación de lo que luego sería su primera novela, Juan Rulfo. En el libro se presenta una visión desesperanzada del mundo, retratando injusticias, casi siempre a través del monólogo interior de los personajes. Aunque se trata de historias diferentes, tienen en común la memoria del pasado y los estragos de la Revolución mexicana.

Un autor que causa respeto por su novela Ulises es James Joyce. En 1914 publicó Dublineses, uno de los libros de relatos más unitarios y perfectos que se han escrito. El libro destaca por su impecable estructura y su realismo. Las historias transcurren en Dublín, los personajes están enmarcados en un periodo histórico muy concreto, los primeros años del siglo XX, en los que se narra la parálisis cultural, mental y social de la ciudad, sometida a los dictados del Imperio británico. El libro culmina con una obra maestra, el relato titulado Los muertos.

Raymond Carver es uno de los maestros del género. Catedral es un libro imprescindible. Carver fue uno de los fundadores del realismo sucio. Sus relatos se caracterizan por sus protagonistas, la mayoría de clase trabajadora. Su literatura trata casi exclusivamente de asuntos cotidianos, contados con un estilo seco y simple, sin concesiones metafóricas. Del relato que da título al libro hablamos hace poco en nuestro grupo, al hablar de relatos cuyo protagonista tiene alguna discapacidad. El argumento de Catedral se resume en que un ciego recién enviudado va a casa de una amiga a pasar la noche, provocando con su presencia el desconcierto del marido. Sin embargo, un documental en televisión sobre las catedrales incidirá en la relación entre los dos hombres y en la visión del marido acerca de la ceguera.

Este autor se merece que mencionamos otro de sus libros: Tres rosas amarillas. Los personajes de los siete cuentos de este libro son característicos de Carver: perdedores, parejas al borde de la ruptura, familias desgajadas etc. En Tres rosas amarillas, relato que da título al libro, Carver va describiendo el avance lento pero inexorable de la tuberculosis que afectaba a su maestro, Chejov, hasta su muerte en un hotel, donde tiene un final entre agónico y apoteósico, con Chejov brindando con el mejor champaña, junto a su médico y su esposa.

Hasta aquí las aportaciones de mis compañeros. Ahora voy yo con las mías.

En una lista como esta no nos podemos olvidar del cuento sudamericano. Gabriel García Márquez confesaba que escribir un cuento supone un esfuerzo tan intenso como escribir una novela, motivo por el que, en ocasiones, ha abandonado su escritura. Te recomiendo Doce cuentos preregrinos. Son historias de personajes frágiles, de origen caribeño, que por distintos motivos terminan recorriendo alguna ciudad en Europa.

Imprescindible es Mario Benedetti. Hay una edición de sus cuentos completos en edición de bolsillo y otra publicada por Alfaguara. Para abrir boca te recomiendo el relato Los pocillos.

Las armas secretas, de Julio Cortázar. En él se incluye el relato El perseguidor. Está basado en la vida del saxofonista Charlie Parker. La música es un hilo de trama principal de este relato, en el que el juego con el tiempo es maravilloso.  Hablando de moldear el tiempo con magisterio, en otro libro de Cortázar, Todos los fuegos el fuego, está el relato La autopista del sur, donde Cortázar nos da una auténtica lección.

Cambiando por completo de tercio te hablaría de Charles Bukowski. Trabajaba de cartero, mientras escribía relatos que apenas conseguía malvender por precios bajísimos. Es un autor con unos textos irreverentes, groseros, provocadores, en los que aparece todo aquello que rodeaba al autor, como la bebida, el sexo, las apuestas y el pesimismo y la pobreza extremos. Es un símbolo del realismo sucio y de la literatura independiente. Verás que era un provocador con el título del libro que te sugiero: La máquina de follar. (Anagrama).

Y por fin vamos con los españoles.

Uno de los impulsores de este género en España fue Medardo Fraile. En 2004, ¡la editorial Páginas de Espuma publicó Escritura y verdad. Cuentos completos, en edición de Ángel Zapata.

He hablado con varios amigos que me han dicho que Ignacio Aldecoa es el mejor cuentista español. Murió joven, a la edad de 44 años. Era neorrealista, se sitúa en la España de los años 50, y en sus relatos se ocupa de dar una visión literaria de los desfavorecidos y desamparados. Sus cuentos poseen el sabor de una experiencia realmente sentida y vivida. Hace poco Alfaguara ha publicado sus cuentos completos.

Me gusta mucho cómo escribe Manuel Rivas. A los autores gallegos de relatos habría que dedicarles un apartado especial. Manuel Rivas tiene un libro delicioso ¿Qué me quieres amor?, de dieciséis relatos, entre ellos Un saxo en la niebla, uno de mis preferidos, y La lengua de las mariposas, adaptada al cine en una maravillosa película dirigida por José Luis Cuerda y protagonizada por  Fernando Fernán Gómez.

De Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón, se ha escrito que probablemente es el libro de narrativa breve más reverenciado en este país en los últimos veinte años y, sin duda, el más influyente.  Velocidad de los jardines es poco menos que la piedra angular sobre la que se puede entender la última generación de relato breve en España.

Por último te quiero señalar una autora que no es muy conocida por muchos lectores, Juncal Baeza. He oído hablar por varias fuentes de su libro Lo imaginado. Me han dicho que es una auténtica maravilla.

Me habías pedido tres o cuatro libros y mira lo que ha salido. ¡Y los que faltan! Imperdonable no haber mencionado a Borges, a Hemingway, a Chejov o a Edgar Allan Poe, por ejemplo. Pero todos los autores no caben. Pedí a mis amigos que me dijeran un título a botepronto, así, sin pensar, y esto es lo que ha salido.

Un abrazo.

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La Mujer Judía, es el único monólogo incluido en la obra Terror y Miserias del Tercer Reich. En él Bertolt Brecht analiza la situación de la Alemania nazi a partir de la relación entre un marido y su mujer. Un matrimonio totalmente integrado dentro de la burguesía Alemana que se verá fracturado por la procedencia de ambos cónyuges. Uno alemán y otro judío.

La mujer, Judith, ensaya un discurso para su marido porque ha decidido exiliarse de Alemania para salvar la vida, pero sabe que nada de lo que piensa será dicho, porque su pareja ya está rota, carcomida por la desconfianza.

Brecht nos lleva de lo pequeño a lo grande por medio de Judith. En su elección Judith demuestra todo el amor que lleva dentro para no perjudicar a los que le rodean. Y Bertolt Brecht pone ante la mirada del lector-espectador todos los conflictos políticos y morales de ese momento histórico.

Montaje de Carmen F. Huerta, directora del club de teatro de la biblioteca Iván de Vargas.

Voz de Esmeralda Octavio. Miembro de la asociación Primaduroverales.

 

 

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Por: Aitor Manero

 

Feminismo: Del fr. féminisme, y este del lat. femĭna ‘mujer’ y el fr. -isme ‘-ismo’.

1. m. Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.

2. m. Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.

Machismo: De macho e -ismo.

1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.

2. m. Forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón.

Fuente: Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española.

 

Cada año, en el blog escribimos un artículo relacionado con el Día de la Mujer. De manera habitual, se han ocupado de ello nuestras compañeras. Esta vez, se planteó que podría ser interesante que lo hiciera un hombre.

Pero, ¿qué tiene que decir un hombre sobre el feminismo? A una mujer, poco o nada. ¿Cómo voy a contarle o explicarle los problemas que tiene por el hecho de serlo? No siento ni sufro las situaciones por las que pasa una mujer porque no lo soy. Sería presuntuoso, arrogante y paternalista en el peor de los sentidos. Sería machista.

Puedo escuchar, apoyar, dar una opinión si me preguntan… Respetar. Ayudar no significa hacer lo que yo crea que es bueno para otro, sino entender qué necesita esa persona y actuar en la medida de sus necesidades. En este caso, no puedo luchar por las mujeres porque no es lo que ellas piden. Es su lucha. Y ya. Es sencillo.

Eso no quiere decir que el hombre, nosotros, yo no pueda hacer nada. Para empezar, tener claro que somos iguales. Nadie es más que nadie. Ni menos. Punto.

Y, sobre todo, podemos dejar de ser machistas.

Igual os sorprende esta afirmación. No todos somos machistas, diréis; los hay, claro que los hay, los vemos en las noticias cuando matan a sus parejas (además de machistas, asesinos), o cuando algún político dice una barbaridad, o uno que se viene arriba en las redes sociales. Ellos, siempre otros. ¿Y nosotros, yo? Hemos nacido en una sociedad machista (lo es porque son las mujeres las que menos cobran al ocupar los puestos de trabajo menos preparados y peor remunerados, las que se ocupan de los cuidados de los pequeños y los mayores, las que reciben acoso y maltrato por el hecho de que son mujeres…); nos hemos criado y aprendido a relacionarnos con los demás en este mundo; hablamos, actuamos, vemos películas, leemos libros y vivimos cada día inmersos en esa sociedad. Cada gesto, cada pensamiento, cada palabra están moldeados por nuestro entorno. Y ese entorno es machista.

¿Por qué una mujer siente miedo por cruzarse conmigo por la noche o en una calle solitaria? Fácil. Porque soy hombre. Yo no le he hecho nada, es cierto. Pero ella está alerta, busca con la mirada una salida, me vigila por si algún movimiento mío revela cuáles son mis intenciones. No es justo. Soy el peligro. No quiero serlo, pero lo soy.

Si la mitad de mis amigas, primas, hermana y madre, compañeras de trabajo, conocidas han sufrido algún tipo de violencia machista, y una de cada cuatro, acoso sexual (pregunta y escucha, no intentes responder; prueba sólo a escuchar), planteo a nosotros, los hombres, la siguiente duda: ¿cuántos de mis amigos son machistas, acosadores? O yo mismo. El acoso no sale de la nada, no es mágico; lo llevan a cabo personas… hombres. Nosotros.

Volviendo a la chica con la que me cruzo en la calle, depende de mí que ella se sienta amenazada o no. Elijo no. ¿Y tú?

Mientras no asumamos nuestra responsabilidad, no vamos a acabar con el machismo. Asumiéndolo, sufriremos la rabia y la vergüenza por esos actos, sean nuestros o no, porque si los lleva a cabo un hombre, en parte sí son de nosotros. Y como responsables, avergonzados y rabiosos, haremos por cambiarlos.

No se trata de ser superhéroes o príncipes azules. No se trata de interponerse entre un maltratador y su víctima o callarle la boca a un chico que suelta “piropos” al cruzarse con una chica. Que, oye, eso estaría muy bien, es lucha efectiva, implicada. Pero cada uno tenemos nuestras posibilidades. Y la violencia machista y el acoso no son sólo matar, pegar, toquetear… A veces un héroe es quien no mira, no dice una palabra a destiempo o no buscada, no ríe un chiste. Es un primer paso, pequeño, pero viene precedido de uno enorme e imprescindible. Porque el superhéroe de verdad dice: soy o tengo actitudes de machista… ¡y voy a cambiar!

Los avances en derechos e igualdad siempre son una lucha entre los que no los tienen y los privilegiados. En este caso, amigos, hermanos, hombres en general, nosotros somos los que disfrutamos los privilegios. Lo que tenemos que decir en el feminismo es que queremos compartirlo con nuestras iguales, con todos.

Dejaremos de ser machistas no solo cuando hablemos de ello, eso ya es un paso, sino cuando dejemos de comportarnos como tales. Soy lo que digo, pero sobre todo lo que hago.

Hoy es 8 de marzo, el día que tiene que ser todos los días y de todas las personas.

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Por. Alicia Gallego

Virginia Woolf dijo que anónimo es nombre de mujer, pero una riada imparable de mujeres de todos los tiempos está saliendo a la luz.                                      

En el siglo XII se formó en Lieja el primer beguinato, una comunidad exclusivamente formada por mujeres con el único objetivo de hacer el bien y cuidar a los desamparados.  De allí, este modo de vivir la religión cristiana, se extendió por toda Europa con bastante rapidez, aunque fue en los Países Bajos donde más comunidades se fundaron. Las beguinas no pertenecían a ninguna orden eclesiástica ni estaban sometidas a ninguna autoridad religiosa; cuestionaban la autoridad moral de las monarquías y hasta del propio Papa, motivo por el cual despertaron muchos recelos y fobias por parte de los dos estamentos, aunque también contaron con el apoyo de algunas órdenes religiosas.

Las beguinas provenían de diferentes estratos sociales, pero casi siempre de clases acomodadas. Se cree que fue a raíz de las Cruzadas cuando muchas mujeres quedaron viudas, o no pudieron casarse por la escasez de hombres  y como los monasterios estaban llenos,  se tuvieron que organizar para poder protegerse y sobrevivir.

 Los beguinatos, también llamados beguinajes, estaban formados por un grupo de casas, rodeados por una muralla, donde se ayudaba a los más necesitados, enfermos, ancianos, y en especial niñas abandonadas, jóvenes embarazadas fuera del matrimonio y prostitutas. También se dedicaban a labores de educación en un tiempo en el que la mayoría de las mujeres no recibía ningún tipo de enseñanza. Las beguinas eran autosuficientes, se dedicaban a tareas artesanales y a la fabricación de velas, tejidos y trajes. Pero ellas  también escribían manuscritos y libros.

Los beguinajes, eran una especie de asociaciones de mujeres autónomas, donde se practicaba una nueva forma de vivir el cristianismo, lo que les valió el desprecio y el acoso  por parte de la Inquisición y de las jerarquías eclesiásticas. La libertad para abandonar sus murallas  era absoluta, no había ninguna atadura que las obligara a permanecer en la comunidad. Eran mujeres piadosas pero laicas y libres. Para la Inquisición, mujeres insolentes queriendo ser filósofas y teólogas.

Poetas como Beatriz de Nazareth, Matilde de Magdeburgo y Hadewijch de Amberes, son consideradas precursoras de la poesía mística del S. XVI, además de ser las primeras en utilizar las lenguas  vulgares para sus versos en lugar del latín.  Aunque ya en el S. XI se dan pruebas muy evidentes de un nuevo modelo de religiosidad femenina, es en los siglos siguientes cuando aparecen por vez primera  nuevos estilos de vida extraconventual y semirreligiosa, diferentes maneras de vivir la fe que nos han sido dadas a conocer a través de los textos que en su día fueron escritos por estas mujeres, textos muchos de ellos caídos en el olvido durante siglos  pero que, afortunadamente, han sido redescubiertos recientemente. Su importancia  radica en el diálogo audaz y renovador, escritos con formas de expresión de la literatura cortés, para hablar de Dios y de ellas mismas.

Hadewijch de Amberes fue una mística y poeta que vivió en el S.XIII en Holanda. Todo lo que sabemos de ella nos ha llegado a través de sus obras, más de sesenta poemas y cartas donde plasma con versos de una belleza sublime, la intensidad y emoción del amor que siente por Dios:

“En el tiempo de mi juventud,

Cuando por primera vez probé sus armas,                                              

El Amor me hizo admirar gran festín de promesas,

 Su bondad, su saber, su fuerza, su riqueza.”

Hadewijch llegó a experimentar sucesos de éxtasis relacionados con su profunda fe:

“Una noche de Navidad, mientras estaba acostada, enferma, fui elevada en espíritu.”

Beatriz de Nazareth fue confiada por su padre a los cuidados de las beguinas de L’eau, Más tarde realizó estudios de trívium (gramática, retórica y dialéctica) y cuadrivium (música, aritmética, geografía y astronomía). De Beatriz nos ha llegado  un pequeño libro, escrito en neerlandés, titulado “Siete maneras de amor”, un tratado que muestra cómo  llegar a la consecución de un Amor sublime. En esta breve obra nos describió sus experiencias místicas con gran sencillez y belleza.

“Tras permanecer un rato allí en paz de corazón y dulzura de la mente, al irrumpir el canto del Aleluya, el Señor de eterna misericordia, atravesó de pronto su alma con el fuego de su amor con una lanza ardiente, y con la gran fuerza de la embestida, la penetró con una espada flameante.”

Sus “Siete maneras de amor”, tras seiscientos años de olvido, apareció como un texto anónimo y no fue hasta 1925 que se reconoció a Beatriz como su autora.

Matilde de Magdeburgo se unió a las beguinas de esta ciudad con tan solo doce años. En su obra “La luz resplandeciente de la divinidad” nos describe sus experiencias místicas con referencias constantes al “Cantar de los Cantares”. En este texto pone de manifiesto la decadencia del Imperio y de la Iglesia, lo que le valió no solo el desprecio por ser mujer y escribir en una lengua que no era el latín, sino que el furioso acoso de sus enemigos fue tal, que hubo de refugiarse en el convento de Helfta. Allí conoció a Gertrudis de Helfta y a Matilde de Hackerborn, mujeres muy prestigiosas dentro del misticismo femenino de la época que también se convirtieron en beguinas. Entre todas, elevaron  a este convento como uno de los centros más famosos del misticismo medieval europeo.

 “Yo, indigna pecadora, fui saludada a la edad de doce años, cuando estaba sola, por el Espíritu Santo, que se derramó con tanta fuerza que nunca más me sentí capaz de cometer un pecado venial grave. El amadísimo saludo ocurría todos los días, y con su amor me hacía desagradable toda la dulzura del mundo, y seguía creciendo de día en día. Esto sucedió durante más de treinta y un años.”

Mención aparte merece Margarita Porete. Esta beguina nacida en el año 1250 en el Condado de Hainaut (Bélgica), es autora de un extraordinario tratado de mística: “El espejo de las almas simples”, en él, la autora, con un sentido estético dotado de gran belleza, nos representa la unión femenina con Dios. Se compone de dos partes; la primera es un diálogo teológico-filosófico entre personificaciones alegóricas. En la segunda, Margarita narra sus propias experiencias y reflexiones. “El Espejo” nos muestra un camino místico de libertad radical, hasta llegar a una plenitud, donde el alma es libre despojada de leyes y normas.

Margarita Porete falleció el 1 de Junio de 1310. La Inquisición la condenó a morir en la hoguera después de enfrentarse a un juicio por herejía. Su libro había sido declarado herético y quemado tres años antes. Después de un año de detención y encarcelamiento, el inquisidor general Guillermo de París, insta a la autora a retractarse del contenido del libro, pero ella, lejos de rectificar, mantiene un valiente y profundo silencio sin desdecirse. “El espejo de las almas simples” tuvo una enorme difusión, traspasando fronteras como pocos textos de su época, siendo traducido a varios idiomas ya en su momento. Margarita murió, pero su ejemplo y su obra se difundió por toda Europa aunque de forma anónima, hasta que en 1946, aquel libro “pestiferum”, lleno de herejías y errores, como lo definieron quienes lo condenaron, fue restituído a su autora por Romana Guarnieri, después de pasar por las manos, tres años antes, de Simone Weil, quien desconociendo a su autora, queda vívidamente impresionada por su lectura y se hace eco de él en sus “Cahiers d’Amerique” y en “Écrits de Londres et dernières lettres”, sus dos últimas obras.

“Virtudes, me despido de vosotras para siempre

Tendré el corazón más libre y más alegre,

Serviros es demasiado costoso, lo sé bien,

Puse en otro tiempo mi corazón en vosotras, sin reservas,

Era vuestra, lo sabéis, a vosotras por completo abandonada,

Era entonces vuestra sierva, ahora me he liberado.

Tenía puesto en vosotras todo mi corazón, lo sé bien,

Pues viví por entonces en un gran desfallecer.

Sufrí grandes tormentos mientras duró mi pena,

Es maravilla que haya escapado con vida,

Pero, como es así, poco importa ya: me he separado de vosotras,

Doy por ello las gracias al Dios de las alturas; el día me es favorable,

Me he alejado de vuestros peligros, en los que me hallaba con grancontrariedad. 

Nunca fui libre hasta que me desavecé de vosotras;

Después de varios intentos del Papado por acabar con las comunidades beguinas, y después de la reforma y Contrarreforma, el movimiento decayó pero no desapareció. La beguina, Marcella Pattyn, murió el 14 de Abril de 2013 en San Juan de Kortnijk (Bélgica), ella era la última representante de una de las experiencias de vida religiosa femenina más libre de la historia.

Alicia Gallego      8 de Marzo de 2021

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Muchos consideran muy útiles los adverbios terminados en «–mente», ya que indican cómo o cuándo suceden las cosas. Complementan verbos («reír escandalosamente»), adjetivos («deliciosamente joven») y otros adverbios («razonablemente pronto»). Pero tienen muchas sílabas y, por lo tanto, alargan la oración. Y eso nunca es bueno, ya que las oraciones largas se entienden peor y suelen crear párrafos farragosos y textos insoportables.

El escritor colombiano Gabriel García Márquez criticaba su uso como un vicio que debe ser evitado. Lo explica así en sus memorias, Vivir para contarla:

La práctica terminó por convencerme de que los adverbios de modo terminados en mente son un vicio empobrecedor. Así que empecé a castigarlos donde me salían al paso, y cada vez me convencía más de que aquella obsesión me obligaba a encontrar formas más ricas y expresivas. Hace mucho tiempo que en mis libros no hay ninguno, salvo en alguna cita textual.

Y explica: «En español, el adverbio “–mente” es una solución demasiado fácil. Si quieres usar un adverbio terminado en “–mente” y buscas otra palabra, siempre es mejor».

Cuando García Márquez dice que “hace mucho tiempo” que no los usa, ese “mucho tiempo” es posterior, al menos, a su obra cumbre, Cien años de soledad, de 1967. No más empezar la lectura, vemos este ejemplo:

Ligeramente volteado a estribor, de su arboladura intacta colgaban las piltrafas escuálidas del velamen, entre jarcias adornadas de orquídeas. El casco, cubierto con una tersa coraza de rémora petrificada y musgo tierno, estaba firmemente enclavado en un suelo de piedras.

Por último: Los adverbios terminados en mente generan rimas internas. Ese «–mente» final que se repite adverbio tras adverbio, párrafo tras párrafo, arruina cualquier texto. De hecho, no encontrarás ninguno en El amor en los tiempos del cólera. Y no es por casualidad.

Por lo general, el escritor aficionado se deja llevar por su euforia y no se conforma con un adverbio terminado en mente, sino que encadena varios.

En resumen: Hace falta dominar el estilo para utilizar bien los adverbios terminados en «–mente». Haríamos bien en renunciar a ellos y usarlos solo cuando seamos capaces de dirigirnos a un árbol como lo hace el poeta Dámaso Alonso: «¡Oh, suave, triste, dulce monstruo verde, / tan verdemente pensativo!».

 

Manuel Pozo Gómez, licenciado en Filología Alemana en la UCM, es autor del libro de relatos Violeta sabe a café, (Premium editorial) y coautor, entre otros, de los libros Madrid Sky, (Uno Editorial); Cuéntame un gol, cuentos de fútbol  (Verbum editorial) y Magerit. Relatos de una ciudad futura (Verbum editorial), RRelatos HHumanos (Lid editorial) y RRetratos HHumanos (editorial Kolima). Ha sido ganador de un buen número de certámenes literarios y sus relatos están publicados en distintas antologías.

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JOAN MARGARIT: DE LA EMOCIÓN A LA ÉTICA.

¿Sembrar aquí qué forma o qué semilla?

              José Ángel Valente

Debe de ser altamente complicado ser poeta, ser un gran poeta, quiero decir. Porque escribir poesía, incluso buena poesía puede estar al alcance de muchos, pero escribir buena poesía y además ser un gran poeta es privilegio de muy pocos. Aglutinar estos dos conceptos en una misma persona es llevar a término, según las palabras de Manuel Álvarez Torneiro, la creencia de que la poesía no solo es una tentativa de comunicación y de clarificación del ser, además de una celebración de la palabra y una conciencia o vigilia, sino sobre todo una ética.

Quien haya leído la poesía de Joan Margarit, sabe que éste pertenece a ese selecto grupo de poetas, que no solo dan cuenta de las enseñanzas de la vida, sino que lo hacen a través de un documento poético moral.

Joan Margarit, fallecido hace escasamente unos días en su casa de Sant Just Desvern (Barcelona), nació en 1938, en Sanaüja (Lleida), un pueblecito del interior de la llamada, ya por entonces, la Cataluña pobre. El poeta, creador de una extensa obra bilingüe, en catalán y castellano, era probablemente uno de los escritores más populares y queridos de las letras nacionales. A lo largo de su vida le fueron concedidos numerosos premios, entre los cuales destacan, dentro del ámbito de la literatura catalana, los Premios Miquel de Palol y Vicent Estellés, el Premio Carles Riba, el Premio de la Crítica Serra d’Or , el Premio Gabriel Ferrater, el Premio Cavall Verd y el Premi Nacional de Literatura de la Generalitat de Catalunya; y en el ámbito del Estado español, el Premio Nacional de la Crítica, el Premio Rosalía de Castro, el Premio Nacional de Poesía, el Premio Reina Sofía de Poesía iberoamericana, y el Premio Cervantes, este último, en el año 2019.

Autor de una dilatada obra poética, caben destacar títulos como El orden del tiempo (1984), Edad roja (1991), Los motivos del lobo (1993), Estació de França (1999), o los muy aclamados, tanto por la crítica como por los lectores, Joana (2002), Cálculo de estructuras (2005), Casa de la misericordia, o Misteriosamente feliz (2009). Posteriormente su producción poética sigue en alza con títulos como No estaba lejos, no era difícil (2011), Se pierde la Señal (2013), o Amar es dónde (2015).

La poesía de Joan Margarit es una poesía desnuda, alejada del exceso y la ornamentación y centrada en la verdad del ser humano: << Busquemos una casa donde morir./ Por ejemplo, aquel ático donde tú y yo empezamos: vulgar arquitectura de los años sesenta, /navegando en el viento, siempre lleno de flores>>.

Poesía clara también basada en el dolor y la memoria, como atestiguan los poemas de Joana, escritos durante los ocho meses de enfermedad terminal de su hija, << Y de pronto la casa es demasiado grande./ Tu madre y yo vaciamos tus armarios/ y seguimos por mesas o anaqueles >> o << La muerte no es más que esto: el dormitorio,/ la luminosa tarde en la ventana,/ y este radiocasete en la mesita/ – tan apagado como tu corazón – >>. Una poesía descarnada e intensa, hija de la emoción: << Con la frente apoyada en el cristal / pido perdón a mis dos hijas muertas/ porque ya casi nunca pienso en ellas/… y es que, incluso/cuando uno ama a alguien, sobreviene el olvido >>.

A Joan Margarit le gustaba que cada poema estuviera encerrado, ocupando su página, para evitar así el equívoco o la dispersión de su sentido, consiguiendo tal vez con ello lo que José Ángel Valente daría en llamar una poesía capaz de engendrar la duración. Valgan de ejemplo sus famosos versos: << La libertad es una librería./Ir indocumentado./Las canciones prohibidas./Una forma de amor, la libertad >>, que no son pocos quienes, incluso sin haber leído al poeta, alguna vez han repetido.

Como reconocía a menudo el propio poeta: “no he encontrado mejor manera de amar a los demás sino con el ejercicio de la poesía”. Joan Margarit escribía con la esperanza de que el lector encontrara consuelo y refugio, y con un claro y profundo objetivo, el de encontrar, a su vez, el camino hacia un crecimiento interior que pasara por la lucidez hasta llegar a la verdad para, en última instancia, ser entregada. La poesía de Margarit es por tanto una búsqueda de la claridad hacia una verdad lúcida. Efectivamente, cuando uno lee los libros del poeta experimenta esa entrega de verdad y de belleza, ese entregarse al otro a través del poema, como premisa presumiblemente tomada de su maestro Joan Maragall.

Por lo tanto, en esa honestidad de su poesía es donde cabe preguntarse ¿qué nos deja sembrado Joan Margarit, qué forma, qué semilla? No hay más respuesta posible que la celebración de la vida, el saber encontrar lo bueno para transformarlo en palabras que consuelen al otro, la búsqueda y la transmisión de la verdad, y una poesía crecida en la memoria y el dolor, y en una emoción de la existencia. Y en definitiva, y volviendo de nuevo a las palabras de Álvarez Torneiro, en una ética que se hace visible en la belleza.

LA LIBERTAD Joan Margarit

Es la razón de nuestra vida,
dijimos, estudiantes soñadores.
La razón de los viejos, matizamos ahora,
su única y escéptica esperanza.
La libertad es un extraño viaje.
Son las plazas de toros con las sillas
sobre la arena en las primeras elecciones.
Es el peligro que, de madrugada,
nos acecha en el metro,
son los periódicos al fin de la jornada.
La libertad es hacer el amor en los parques.
Es el alba de un día de huelga general.
Es morir libre. Son las guerras médicas.
Las palabras República y Civil.
Un rey saliendo en tren hacia el exilio.
La libertad es una librería.
Ir indocumentado.
Las canciones prohibidas.
Una forma de amor, la libertad.

 

 

 

Fernando Bravo Pablos es autor de los poemarios, Los poemas inhabitados, Haikus de la casa del pueblo, Humo y Apenas, y de las plaquettes, Theoria Amoris, La llaga infinita (elegía de invierno) y El último invierno. Ha llevado a cabo la edición y versión libre del poemario La impaciencia, del poeta ruso Martín Pajari. En su incursión en la poesía experimental y visual ha recibido varios premios y ha expuesto algunas de sus creaciones poéticas en México, Madrid, Barcelona, Córdoba, Badajoz, y Salamanca. Es autor de los libros objeto El poema pesa más que la piedra, Ten haiku, o Ensō, y ha colaborado en revistas ensambladas como La jirafa en llamas, Grisú o Lalata.Twitter: @FernandobravopInstagram: @fernandobravoooo

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Por: Lourdes Chorro

Este diecisiete de octubre no ha habido flores, tarta de frambuesa ni uvas de albillo, los regalos que nunca fallaron el día de su cumpleaños. Sí, han celebrado una exposición en la Biblioteca Nacional de este Madrid en el que se sentía extraño porque a él, como a los árboles, le gustaba crecer donde lo plantaron. Y es que en este calamitoso 2020 que quisiéramos borrar, no podemos olvidar que él hubiera cumplido cien años.

Miguel Delibes, descendiente de un tío abuelo compositor que no le dotó de oído musical, pero que le dio música en sus escritos y en los genes esa educación a la francesa que tanto marcaría su quehacer diario. Fiel a fumar su picadura “flor de andamio” porque la fumaban los jóvenes y los albañiles. Humilde y austero, huraño, hurón que diría él, no le gustaba conversar con “la gente a codazo”. Siempre escribía a mano, al principio en cuartilla de prensa con pluma estilográfica y luego con un rotulador de punta fina azul de esos que nunca le faltaban en casa. Enemigo de encasillamientos y al que muchos encasillan en un Realismo poético y social. “Es terrible que te tomen tan en serio y te estudien tanto” Académico de la lengua, él, que fue poco amigo de academicismo. De una melancolía a cuestas, con la que aprendió a vivir peligrosa y a la vez sanadoramente, como las hierbas del ojo del boticario. Con esa X del Max, su pseudónimo de juventud, que no era otra cosa que la incógnita del futuro, por esa idea obsesiva y prematura de la muerte no solo de la suya sino de esos desligamientos que ella nos condena a soportar.

Consiguió un lenguaje llano, de limpieza ornamental, sobrio y a la vez exuberante, nos regaló una lectura amena y comprensible. Su prosa precisa, académica y pulida del comienzo de sus escritos la fue sustituyendo por un lenguaje más audaz, desgarrado, poético y cálido, siempre afectivo. Fue ganando en profundidad y realismo, en ese arte de sugerir, de revelar complejidades intrincadas con una aleve insinuación. Con sencillas repeticiones hace innecesarias largas explicaciones; frases repetitivas, latiguillos, gestos, dan cotidianidad, definen a sus personajes. Sobrenombres, nombres acortados sin apellidos con el apodo que todos les conocen, un trazo caricaturesco revelador, giros populares como una muestra más de afecto y comprensión que nos hacen familiarizarnos con ellos. La humanidad y ternura de sus personajes con su corazón, sus problemas, ambiciones, humildes, tiernos, desvalidos. Con innovaciones técnicas y estilísticas. Unos personajes a los que oímos, los vemos crecer, vivir de verdad y que hacen verosímil sus historias argumentos. Esos niños que tienen abiertas todas las posibilidades, aunque estén inmersos en el mundo mezquino de los adultos son los que se sienten tan cómodos. Su postura siempre a favor del débil. Sorna e ironía castellana tan propia de él. “El único sitio donde puedo ambientar mis novelas con un poco de conocimiento es Castilla”. La Castilla que padece la Piedra, nublados, la seca, la helada negra que cae sobre las cosechas de esos campesinos que maldicen al destino.  Él supo no solo hilvanar, sino hilar, bordar y no dar puntada sin pespunte en un lenguaje lleno de matices irrenunciables. Las amenazas de esta sociedad inhumana que humilla y ofende a los perdedores, a los desfavorecidos, a los humildes”, la infancia, la supervivencia de la naturaleza. Siempre en defensa del hombre y de su pérdida de identidad, engullido por la uniformidad de este mundo moderno, avanzado y que hoy llamamos globalizado. Y es que sus obras son una prolongación de su persona, de sus inquietudes, sus obsesiones y sus esperanzas en una interrelación entre literatura y vida. No en vano él entendía el oficio de creador como una manera de estar en el mundo, de posicionarse. Plantear el tema y buscar la fórmula para resolverlo. Tema y no argumento. Una idea, algo concreto que se convierta en una actitud, una concepción del mundo y del hombre con sus debilidades y contradicciones a través de sensaciones y sentimientos. Explorar el corazón humano, hacernos ver cómo la mala voluntad de algunos engendra los problemas, sin intentar convencernos ni argumentarnos nada, en palabras suyas, “sólo inquietándonos para hacernos pensar”.

Todo ya está dicho sobre don Miguel, nada nuevo puedo aportaros yo en este pequeño homenaje, deuda contraída con el hombre que me abrió las puertas de su casa un 16 de febrero de 1984 que difícilmente podré olvidar.  Nos sentamos en su sofá, el uno al lado del otro, y me confesó que las visitas indiscretas no le gustaban nada. ¡Ah, cómo le comprendía! Y hablamos de “azulón”, el pollito de la perdiz ya grande, de animales “entrematados”, de la “escopeta faldera”, de “baribañuelas y amerillas” y de los “quitameriendas”, esas flores que crecen en septiembre, cuando el trabajo de los recolectores de cereales se termina. Llamaba a las cosas por su nombre y sabía el nombre de las cosas. Enumeraba plantas, aves, lenguaje cinegético. Los femeninos naturales de las palabras, especialmente de los árboles. La nogala, la olma, el género natural puede más que el artificial. Formaba palabras con prefijos y sufijos, con dos sustantivos “trotacampos”, “greñura” Diminutivos que más que empequeñecer, individualizan, adjetivos con una insustituible y tajante exactitud. “Agachadiza” porque vuela muy inmediata a la tierra. “El co re ché” grito que emite la perdiz. Palabras afines, sinónimos, con dobles significados, palabras necesarias, las precisas, palabras olvidadas, localismos, dialectalismos, arcaísmos, palabras que no aparecen en el DRAE, y a veces, lo hacen, aunque con una acepción diferente a la que él utiliza.

Por él empecé a amar el mar de surcos de Castilla, lo castellano, los castellanos, el lenguaje que atesoran sus campesinos, el desolado ulular del viento en el soto en sus Viejas historias de Castilla la Vieja en Un mundo que agoniza. Y, que al sentir cómo le salía la inexorable Hoja roja, que anuncia el desamparo, al límite de su vida, nos escribió El Hereje. Si con El Nini aprendí a barruntar los días de sol, y los de heladas tardías y con Daniel el Mochuelo encontré El Camino de la vida que día a día vamos consumiendo, con Cipriano Salcedo, viví sus angustias e inseguridades, me consumí en el vaivén de las llamas de esa hoguera que quemaron su cuerpo, pero no su espíritu. Y, ante el resplandor de las llamas, sollocé apagadas lágrimas por sus tenues sollozos mientras “se descolgaba la nieve fúnebre en mi corazón”.  

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