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La escritora Nieves Sevilla Nohales, miembro de la asociación Primaduroverales, presentará su tercera novela, Asesinato en la explanada de los olmos, el próximo lunes, día 29 de noviembre.

Se trata de una novela policiaca que se desarrolla en un pueblo de La Manchuela, en Cuenca. La investigación corre a cargo de un equipo de la Guardia Civil, al mando del cual está una joven teniente que tiene conciencia de que es importante resolver el crimen cometido cuanto antes.

Durante la investigación el lector conocerá a los vecinos del pueblo, que con la excusa de la declaración ante la Guardia Civil irán desvelando secretos y rencillas que vienen desde lejos.

Es una novela extraordinaria, escrita con un estilo sencillo y directo, que revela un gran manejo de los diálogos por parte de la autora.

Nieves Sevilla Nohales, es autora de La noche de los Jacintos Blancos (2005, reeditada en 2014) y La caja de ébano (2009). Ha escrito relatos en distintas antologías, entre ellas 2056, Anno Domini; Cuéntame un gol, cuentos de fútbol y Magerit, relatos de una ciudad futura. También es autora de libros infantiles y juveniles como Ngueva (2011) y El ogro Filipón y el elixir del olvido (2018).

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Por Susana de la Higuera

A la misma hora en que el ayuntamiento encendía las luces navideñas en el centro de Madrid, en el taller de los jueves alumbrábamos una nueva sesión de relatos con mucho “brilli brilli”. Y, al igual que los niños, nos volvemos a ilusionar con el consagrado concurso navideño, que este año recupera además la tradicional cena de Navidad. Así las cosas, con ese aliciente y desafío, abordamos los relatos que nos trajeron los compañeros.

Juan Santos nos vuelve a transportar a la taberna de Dámaso en La cama de níquel. El protagonista decide desprenderse, a duras penas, de su vieja cama de níquel por una nueva cama de matrimonio con la esperanza de poder compartir el lecho en algún momento de su vida. El relato, además de cumplir con todos los requisitos del trabajo (cosa nada fácil),  nos presenta una historia muy bien llevada con una magnífica ambientación. Juan nos hace una maravillosa descripción de la vieja cama y nos demuestra una vez más que es un maestro en el manejo de ese lenguaje “de la tierra” que rezuma verdad.

La cama se mueve cada vez que Dámaso se da la vuelta. La caja de gaseosas que puso en sustitución de la pata rota debe haberse movido y, con ese mene mene, le es imposible dormir.

De hoy no pasa, compraré una nueva. Eso dice siempre, mientras recoloca el envase de madera en el ángulo de la parte izquierda de los pies. Luego, lo amarra con un cordelillo de pita y así tira otro poco tiempo. Una vez estirada la colcha, no se nota nada.

Cama de níquel

Después del logrado cuento de Juan, Lourdes Chorro nos ofreció, algo pudorosa, lo que creía que era el borrador de su relato Letra de mujer. Por supuesto, Lourdes es Lourdes, y con eso debería bastar. Como todo lo que escribe, siempre nos deja maravillados. En el velatorio de su marido, entregan a la viuda una carta encontrada en la chaqueta del difunto. Conforme la mujer la va leyendo, descubre que se trata de una tórrida carta de amor escrita por una amante. El desconcierto y estupor de la viuda van en aumento hasta llevarla a detener el cortejo fúnebre de camino al cementerio para salir tras los pasos de la amante. La prosa de Lourdes es inconfundible y llena de poesía. Si bien, el primer párrafo presentaba algo de confusión acerca de la autoría de la carta y nos llevó a debatir si una persona no reconocería la letra de su pareja después de quince años de convivencia, incluso en estos tiempos digitales.

Sus ojos sellados ocultaban esa mirada suya de patio interior que yo hubiera deseado ventanal a la calle. La caja se cerró y el túmulo se quedó vacío. En mi mano sin fuerza la carta. Entonces, rozaron mi hombro y se cayó al suelo. Una silueta liviana, unos ojos llenos de lágrimas que sin querer pintean el olvido, la recogió. “Tome, señora, la carta es suya”.

Tras dos relatos con gran carga poética, Carlos Cerdán nos regaló un divertimento, que no respondía a ningún deber, salvo el de hacernos reír. Y a carcajadas. Las cenizas cuenta las desternillantes consecuencias de una equivocación. En una funeraria, unos operarios descubren que han confundido el 134, número de la urna con las cenizas de Mohamed Ben Fequir, abuelito moro, con la urna 143 con las cenizas de Pelayo del Riego y de los Montero, miembro de algún grupo próximo a la Falange, y han entregado a las nietas las cenizas equivocadas. Cuando se presentan los camaradas con banderas y aguilucho, no se atreven a deshacer el entuerto y les entregan las cenizas del moro para que las lleven “a Covadonga a cumplir con el deseo del camarada Pelayo: expandir sus cenizas en la cuna de la Reconquista”…

De nuevo, Carlos nos demuestra su enorme talento para escribir humor y su facilidad para los diálogos, con los que consigue dibujar a los personajes sin necesidad de describirlos.

Urna funeraria

– Somos más que familia. Somos camaradas –responde el de las gafas negras y se vuelve al resto.

– ¿Qué somos? –grita.

– ¡Camaradas! –responden los demás gritando a un más fuerte mientras alzan el brazo con la mano extendida.

– Bien, voy a buscar…  la urna, enseguida la traigo.

Ginés coge del brazo a Braulio y se lo lleva al lugar donde las guardan.

– ¿Y ahora qué hacemos?, Ginés. Si estos tíos se enteran de que no está la urna son capaces de forrarnos a hostias.

– Pues darles la del moro. ¿Qué si no?

Después de esta pausa desternillante, Luis Expósito nos presentó La Fortuna y el Champagne, un relato más dramático, que obedecía a los deberes 3. Debía comenzar, al igual que el cuento de Juan Santos, por “la cama se mueve”… En el caso de Luis, nos lleva al instante en que Choni, la protagonista, recibe unos disparados de la esposa de su amante cuando los sorprende en la cama y los mata. En ese fogonazo, Choni comprende que se muere y repasa parte de su vida. La historia está muy bien construida, pero a Pura le gusta ahondar en aspectos más técnicos y nos llevó a analizar el narrador. En el relato, aparecen dos narradores: la voz de la protagonista quiere hacerse oír en primera persona a la par que el narrador en tercera persona. Pero el ejercicio exigía un narrador omnisciente, que no es lo mismo que un narrador en tercera persona con focalización interna… (Es bien sabido —¿verdad?— que el narrador omnisciente está por encima de los personajes, con pensamiento y juicio de valor propios).

La gorda podía haberse esperado joder, que mañana nos íbamos a Punta Cana. Con lo que me costó convencer al apasionado de los viajes y, sobre todo, ahorrar para los billetes; que el presunto empresario andaba siempre tieso. Además, nadie nos va a echar de menos durante un tiempo. Ni para morir voy a tener suerte.

Y para concluir tan fructífera tarde, leímos un microrrelato: Vietnam de Wislawa Szymborska. Se trata de un cuento muy breve e inquietante, que suena como un disparo. Un interrogatorio a una mujer, sin identidad, que unos soldados descubren escondida en una madriguera. El cuento es un buen ejemplo de la importancia del título. Sin él no se comprende el relato. A pesar de ser tan breve, el texto ofrece muchas lecturas.

¿Sabes que no te vamos a hacer nada? —No sé.

¿A favor de quién estás? —No sé.

Estamos en guerra, tienes que elegir. —No sé.

¿Existe todavía tu aldea? —No sé.

¿Estos son tus hijos? —Sí.

Y con estas últimas reflexiones, un jueves más nos llevamos la tertulia al bar de la esquina, a falta de poder visitar la taberna de Dámaso…

El escritor Domingo Jiménez Lacaci ha obtenido el primer premio en el XXXVI CONCURSO LITERARIO DE LASARTE-ORIA 2022, en la categoría de microrrelato.

Domingo Jiménez Lacaci obtuvo el segundo premio en la VI edición del certamen Madrid Sky, año 2019, con el relato  Cerrado por gestión, y fue finalista nuevamente en la IX edición, correspondiente a 2022, con el relato El saco. Ingeniero de caminos, también tiene buena mano para la literatura, y destaca en el relato breve, en el teatro y en el microrrelato, género en el que está obteniendo éxitos notables en los últimos tiempos. Además de haber ganado un buen número de certámenes literarios, ha sido finalista anual en el Concurso Relatos en Cadena, de la Cadena Ser.

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El mejor homenaje que se le puede hacer a un relato premiado es colaborar con su difusión, así que además de transmitirle nuestra enhorabuena, deseamos a Domingo Jiménez Lacaci que continúe con su buena racha literaria. A continuación reproducimos el excelente microrrelato que le ha valido el premio en Lasarte-Oria.

Los secretos de la harina

Relato ganador del XXXVI Concurso Literario del ayuntamiento de Lasarte-Oria (Guipuzcoa)

Categoría de microrrelato

Autor: Domingo Jiménez Lacaci

Ojalá nos mudáramos al pueblo, le digo a madre, pero ella siempre me contesta que estamos mejor en nuestro molino, lejos de las lenguas envenenadas de la gente. Que si quiero irme, me dice, le proponga matrimonio a la hija del tahonero, que es jaquetona y está en edad. Y el domingo después de la comida, ya con mucho orujo enredado en las palabras, añade que a ver si conmigo sale ya por fin un hombre en la familia. Ahí padre se pone de pie y se va cabizbajo al huerto a sus cosas. Luego, ella se levanta que se cae y murmura con lengua terrosa. Malditos, dice, y que si el peluquero y que ojalá se muriera. Ojalá se murieran los dos, añade al final.

Padre siempre mira triste. Solo se le avivan los ojos cuando vamos cada mes a pelarnos. Es como otra persona cuando entra por la puerta y lo ve. Que es porque de chiquillos fueron juntos a la escuela de Don Aurelio a aprender las letras, me dice. Y me da ternura ver el cuidado con el que uno le corta el pelo al otro. Luego ya en casa, se le enfanga otra vez el humor y el alma.

Por la mañana, llevo a la tahona el carro lleno de harina y me recibe la hija. Pero yo miro y remiro buscando a su hermano, que parece que le nacieran jilgueros de entre los dientes cada vez que dice mi nombre y me da los buenos días.

Ya de vuelta, viene padre a guardar la mula y cuando veo de nuevo su mirada negra, decido que esta noche tengo que hablar con madre sin falta. Decido que no. Que yo no.

El escritor Joaquín Correa Barco resultó ganador del XXIV concurso de cuentos Manuel Llano, convocado por el Gobierno de Cantabria. Lo hizo con un libro de ocho relatos titulado La conservación de la violencia, que se presentó en la Feria del Libro de Santander el día 5 de julio de 2022.

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Joaquín Correa fue finalista de la VII edición del certamen de cuentos Madrid Sky, celebrada en el año 2020, con el relato El chip tributario. Después de abandonar la escritura durante más de 25 años, en 2018 retomó su afición literaria y desde entonces ha continuado una fructífera carrera con la publicación de varias novelas y libros de relatos, y ha ganado algunos de los premios literarios más importantes de los que se convocan en España, como el XXX Premio de Cuentos Ciudad de Coria con el libro de relatos Llamadas a cobro revertido, el primer premio en XX Premio Valdemembra, convocado por el ayuntamiento de Quintanar del Rey, con la novela Terral; el primer premio en el LXI certamen de cuentos Gabriel Miró, con el relato Cartas con membrete, o el más reciente, el primer premio en el VIII Concurso de Microrrelatos de Godella con el microrrelato El soñador de números.

El libro La conservación de la violencia ha sido publicado por la editorial Tantín. Está disponible en la página web de Ediciones Tantín y en los canales de distribución habituales, por lo que se puede solicitar en cualquier librería.

Joaquín Correa ha tenido un detallazo que agradecemos muchísimo: ha enviado a la asociación Primaduroverales dos ejemplares dedicados de La conservación de la violencia, que engrosarán nuestro fondo literario. Desde estas páginas queremos enviar nuestra enhorabuena y nuestro reconocimiento más cordial a Joaquín Correa, al que esperamos ver pronto de visita en la asociación.

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El viernes 18 de noviembre tuvo lugar la presentación del libro Asesinato en la explanada de los olmos, de Nieves Sevilla Nohales. Junto a la escritora estuvieron en la mesa Pura Simona de la Casa y Francisco Plaza Nevot, que a través de sus preguntas y sus lecturas acercaron al púbico la obra de Nieves Sevilla.

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El lector de Asesinato en la explanada de los olmos tiene la sensación de sentarse en un sillón y ver pasar desde un punto fijo a los protagonistas de la novela, que no son otros que los habitantes del pueblo en el que se ha producido un crimen. Todos tienen algo que decir, todos quieren colaborar con la teniente Velázquez, de la Guardia Civil, que está al mando de la investigación.  

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Con un estilo directo, con unos diálogos tan ágiles que a veces nos hace pensar en una obra de teatro, con unos personajes que van desvelando en sus declaraciones los secretos eternos de un pueblo, con una mujer joven que va desarrollando la investigación de una forma profesional y eficaz, la narración avanza en un clima que mezcla la comedia y la tensión hasta llegar al sorprendente resultado final.

Nieves Sevilla, natural de El Picazo, provincia de Cuenca, desveló que El Alisal, el pueblo en el que se desarrolla la novela, situado en la comarca de la Manchuela conquense, está inspirado en el suyo. El rio que lo atraviesa y el puente que sirve a los vecinos para pasar de un lado a otro del pueblo se convierten en dos personajes más de la obra y, según el relato de Nieves, son una fuente inagotable de bonitos recuerdos de su infancia en El Picazo. El desarrollo lineal de la acción, sin digresiones, y el transcurso de la investigación que prácticamente coincide con el tiempo real son dos elementos más que hacen de Asesinato en la explanada de los olmos una novela negra absorbente y muy recomendable.

Asesinato en la explanada de los olmos tiene un precio de 12€ y se puede pedir por correo electrónico asociacionprimaduroverales@gmail.com

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Asesinato en la Plaza de los Olmos es la tercera novela de Nieves Sevilla Nohales, que anteriormente había escrito La noche de los Jacintos Blancos (2005, reeditada en 2014) y La caja de ébano (2009). Ha escrito relatos en distintas antologías, entre ellas 2056, Anno Domini; Cuéntame un gol, cuentos de fútbol y Magerit, relatos de una ciudad futura. También es autora de libros infantiles y juveniles como Ngueva (2011) y El ogro Filipón y el elixir del olvido (2018). Es miembro de la asociación Primaduroverales.

Por: Pablo Frías

Suele quejarse Pura de que las mujeres son minoría en nuestro taller. El lamento no va dirigido a nadie, finge más de pregunta retórica ante la incomprensión de qué puede motivar esa estadística cuando los datos de otros talleres similares o la cantidad de escritoras que se presentan al Madrid-Sky no avalan ese desequilibrio. Suponemos que se debe a una simple casualidad ya que el atractivo de las clases resulta incuestionable y la agudeza y sagacidad de nuestros análisis son reconocidos allend… Bueno, quizá mejor cambiemos de tercio antes de meternos en semejante berenjenal que, sin certezas de resultar exitoso, por otro lado, excedería la longitud de este introito y distorsionaría su pertinencia, ya que viene a colación de otra casualidad: ayer las tres escritoras de nuestro taller se pusieron de acuerdo para presentar sus relatos y, ya inmersos en casualidades, con ciertos elementos comunes.

En el primero de ellos llamado La culpa fue del chachachá, de Susana de la Higuera, un par de mujeres buscan su renacimiento vital tras sendos fracasos matrimoniales en unas clases de baile latino. Una tarde en que el monitor, un atractivo mulato, recibe una visita sospechosa, nuestras protagonistas, movidas por la curiosidad y algo de codicia, improvisan un plan que acaba desembocando en una escena descacharrante. Impagables los personajes masculinos, que piden a gritos algún relato propio (lo que ahora, en nuestro mundo invadido de anglicismos, se denomina spin-off).

«Delante, detrás, un dos, chachachá… Pero Gema estaba tardando mucho. Miró hacia los aseos y sintió una punzada de envidia al ver en la esquina de la barra con qué desparpajo Matías había conquistado a Sofía. Ojalá él fuera tan valiente. Delante, detrás, un, dos, chachachá… Le pareció que los pasos ya le salían mejor, se enderezó y tomó aire

En el relato Coplas del alma mía, de Alicia Gallego, vuelve a repetirse la temática musical. Una mujer vela el cadáver de su marido mientras recuerda el ilusionante inicio de su vida común y cómo luego se fueron viniendo abajo todas esas ilusiones, aplastadas por la realidad y las promesas incumplidas, en una noche que se le hace especialmente larga. Todo ello a ritmo de dos coplas de Marifé de Triana que se entrelazan y vertebran la bajada a los infiernos de este mujer, víctima y por fin fugitiva de un matrimonio infeliz.

«He elegido bien el traje, el gris, el que te gustaba para las tardes de verano, siempre estuviste guapo con él. Y he llenado todo de flores. Te he rodeado de lirios salvajes, rojos claveles, margaritas de todos los colores, dalias rosáceas. Un sinfín de ramos. A ti nunca te gustaron las flores, tan sólo los jazmines, los que  tú mismo recogías  al atardecer para ponerte un ramito en la solapa. A mí, siempre me han dado mucha alegría

El tercer relato con autoría femenina llevaba la firma de Lourdes Chorro y fue bautizado por la audiencia como «Cuento de Lourdes sin título«. En él también hay una academia de baile y música, la que siempre impregna los escritos de Lourdes. A través de sus poderosas metáforas nos narra la historia de tres personajes que buscan nuevas aventuras tras escapar de las tumbas que suponen sus cuentos anteriores. Primero se mantienen juntos en su búsqueda, la unión hace la fuerza, pero pronto cada uno toma un rumbo diferente en su devenir literario que les acaba conduciendo ineludiblemente al relato del que surgen, en un juego precioso entre la autora, el lector y los personajes.

«En el techo visibles las bigas de madera. Bajo el tragaluz se cuela ese impás que transmite el cielo abierto. Ellas se miran y se ven por primera vez. ¿Qué se pueden contar? Verdades a medias como si la verdad fuera entera. Entonces, Ana agrieta el silencio ¿verdad que el recepcionista tiene una mirada de libro a punto de cerrarse? Esa noche se acuestan con la tranquilidad que da poder dejar todo postergado hasta el día siguiente.«

Recogió el guante femenino Carlos Valle-Inclán con su relato Tinieblas, y vaya si lo recogió: un relato plagado de delicadeza y ternura sobre una pareja que descubre en el banco de un parque, brumoso y ocupado por un mendigo, la auténtica realidad de su vida en común. Una alegoría sobre las revelaciones y el conocimiento propio que se producen con la intermediación de un tercero insospechado y casi etéreo, esa persona que nos coloca delante de nuestras miserias y contradicciones porque nosotros motu proprio no nos atrevemos.

«Algo así no te lo crees aunque quieras hacerlo. Y menos con alguien como él. Yo le había visto en muchas ocasiones en el parque. Aquel banco era su hogar. Siempre tenía un libro abierto en las manos, un cigarrillo de liar en los labios, los ojos entreabiertos concentrados, una cerveza con varios tragos y un carro de la compra desvencijado, ahora diría que lleno de sueños robados

Quedó para el final el análisis de Primer amor, de Antonio dal Masetto, un relato donde un muchacho enamorado de una niña a priori fuera de su alcance, nos introduce en las dudas, los miedos y las incertidumbres que rodean la integración de cualquier emigrante al enfrentarse con una sociedad que le es extraña, al mismo tiempo que descubre los sinsabores de la vida a través de ese primer amor adolescente no correspondido, en una mezcla simbólica de pérdida de la inocencia y expulsión del paraíso.

«La esperanza que cada mañana respiraba en el aire frío, el sobresalto renovado cada vez que veía a Renata salir del colegio entre sus compañeras (un delantal blanco siguió representando para mí, durante mucho tiempo, el símbolo del amor y la aristocracia pueblerina), eran cosas reales, que me devolvían una identidad. De este modo, sin saberlo ella, la presencia de Renata iba introduciendo cierto orden en mi desconcierto. Me hundía en la impotencia y al mismo tiempo me salvaba del desarraigo

No querría terminar esta crónica sin emplazaros a todos esta tarde a las 19 horas en el centro Abogados de Atocha a la presentación del libro Asesinato en la explanada de los Olmos, de nuestra compañera Nieves Sevilla Nohales, una estupenda oportunidad de conocer a otra autora extraordinaria. Un ejemplo más de que, y aprovecho que la tarde venía musical, en la asociación Primaduroverales las chicas son guerreras.

Pablo Frías

El próximo viernes día 18, a las 19.00, en el centro Abogados de Atocha, tendrá lugar la presentación del libro de Nieves Sevilla Nohales titulado Asesinato en la explanada de los Olmos. Nieves Sevilla, autora de dos novelas, de carácter intimista, La noche de los jacintos blancos (2005 y reeditada en 2014) y La caja de ébano (2009), es autora también de cuentos infantiles y coautora de algunos libros de relatos.

Asesinato en la explanada de los olmos es su primera incursión en la novela negra.

La acompañarán en la presentación Pura de la Casa, coordinadora y profesora del taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales, y autora de la novela Revoleras, y Francisco Plaza Nebot, coautor de los libros de relatos  Magerit. Relatos de una ciudad futura (editorial Verbum), 2056 Anno Domini. y Estrellas en el techo (editado por la fundación Familia).

La entrada es libre hasta completar aforo.

En el vídeo reproducimos una breve entrevista de Vicente Moreno a la autora.

Por: Jose Bilbao Munitiz

Fue mucho antes de mi viaje cuando empecé a intuir aquello en lo que se convertiría. Fue posiblemente cuando leí que unos mafiosos habían robado en 1969 un Caravaggio del oratorio de San Lorenzo (una Natividad con San Lorenzo y San Francisco) provocando, para ejecutar el robo, un apagón general en la ciudad; cuando por primera vez oí hablar del aristócrata y escritor Lucio Piccolo, eclipsado y traicionado por su primo Giuseppe Tomasi di Lampedusa, el autor de «El Gatopardo«; cuando conocí que una antepasada de Di Lampedusa, Isabella Tomasi, juró que había recibido una carta del diablo escrita en lenguaje críptico en pleno siglo XVII; sí, sería por entonces que empecé a vislumbrar algunas metáforas de la esencia siciliana, aquello en lo que se convertiría mi viaje por esta isla interminable sobre el que inevitablemente habría de planear la larga sombra del príncipe de Lampedusa y su familia. 

Una tarde soleada, saliendo de Agrigento por la carretera 640 me di de bruces con un enorme cartel en el que se podían distinguir las caras de escritores de la talla de los Premios Nobel Luigi Pirandello y Salvatore Quasimodo, además de Leonardo Sciacia, Andrea Camilleri (el del comisario Montalbano) o el propio Tomasi di Lampedusa. El cartel anunciaba que por allí transcurría la “Strada degli Scrittori”, la vía ahora transformada en recorrido literario que, empezando en Puerto Empedocle, atraviesa la provincia de Agrigento donde algunos vivieron o pasaron largas temporadas, creando o soñando. Y me sentí pequeño al verlos a todos juntos en aquel cartel, me sentí más insignificante aún que en el Valle de los Templos de donde yo provenía y donde había tenido la sensación de ser una ínfima mota del polvo que el aire tórrido del mediodía había venteado en los caminos terrosos. Allí, detrás de la bruma espesa de la calima creí ver, entre los magníficos templos dóricos, a los griegos que conquistaron la isla por el sur, aquellos que en islas como esta fueron configurando nuestra civilización y nuestra cultura. Y de pronto sentí el tiempo como un río bajo mis pies. 

Además de intuir que El Gatopardo protagonizaría muchas de las referencias literarias que hallase en aquellas tierras, y que el fuego del Etna podría atraparme en cualquier momento, creí que sabía muchas cosas de Sicilia. Y, sin embargo, en realidad, no sabía nada. 

No es siciliana sino toscana la autora Dacia Maraini cuya novela «La larga vida de Marianna Ucría«, que se desarrolla en Baghería cerca de Palermo, me ha seducido en este viaje y que todavía me tiene atrapado en una encrucijada. Maraini, gran amiga de Pasolini, sabe escribir sobre mujeres y aquí la protagonista es una niña-mujer muda de familia noble atrapada en un siglo XVIII con muchas menos luces que sombras, un siglo cruel de autos de fe de la Inquisición, y en el que el paso del tiempo no sirve para cicatrizar las heridas sino para profundizarlas.

Me pregunto si la vulnerabilidad de la existencia es aquí más sofocante, en esta enorme isla cuya imparable actividad sísmica hace que en 90 días se contabilicen 427 sismos, donde la gente vive bajo la amenaza constante del volcán más activo de Europa, y cuyos terremotos a lo largo de la historia han provocado enormes catástrofes. El Stromboli en las fabulosas islas Eolias, todavía tan vivo hace solo unas semanas, pero sobre todo el Etna eterno, a cuyas laderas, allá en lo alto, acudí sin alas para observar con los dedos dentro de la tierra porosa y marrón, y por encima de coladas de lava reseca, un altar de humo que no cesa, que te cautiva con su peligro y con sus nubes de fumarolas imparables que a veces provoca el temor en Catania, o que hace que Taormina, un poco más al norte, se asuste y guarde silencio detrás del teatro griego más bello de la isla, esperando el momento. 

Tal vez si, tal vez los sicilianos piensan mucho en que nada es perdurable. Como no lo fue el efímero éxito de Lucio Piccolo, barón de Calanovella, primo de Di Lampedusa. Piccolo consiguió publicar con relativo éxito un libro de poemas «Canti barocchi e altre liriche» en 1956, aunque sería con su eco como personaje estrella en las reuniones sociales con el que alcanzó una enorme popularidad. Cuando en 1958 «El Gatopardo» de su primo Giuseppe, fallecido el año anterior, se convirtió en lo que sería un clásico de la literatura italiana del siglo XX, los celos consumieron a Piccolo que no pudo luchar contra la sombra de su primo y terminó recluido en su villa de Messina, dolido y amargado. 

En el cementerio de Palermo, ubicado al lado de las Catacumbas del monasterio de los Capuchinos, dos familias están discutiendo a voces, apostadas las dos facciones a un lado y a otro de una tumba, enfrentadas, gesticulando amenazantes con las manos en alto en lo que parece la escena de una película de Fellini. Mi italiano no es suficiente para comprender todo lo que dicen, pero percibo con claridad que su enfado va en aumento y que los gritos empiezan a espantar a las palomas. Me alejo buscando algo de silencio hasta la tumba de Giuseppe Tomasi Di Lampedusa, y le rememoro a él y a su primo Lucio, un príncipe y un barón, viajando juntos a Milán, unidos, acompañados por un criado vestido de riguroso negro que llevaba las sábanas para las camas de sus señores, cuando Lucio tuvo que ir a presentar su obra a su editor. Observo luego en la cripta del monasterio adyacente decenas de cadáveres momificados que parecen querer mantenerse de pie, muy unidos los unos a los otros, en una suerte de sala de la muerte, como aguardando a algo desconocido que no llega, y el primero lleva allí desde 1599. Imposible concebir que los primos escritores hubieran acabado así, juntos, tranquilos, posando para la eternidad. 

He querido escuchar las campanas del Duomo de Palermo, pero me he extraviado en el vientre de la ciudad, en las calles estrechas de sabor puramente mediterráneo donde la vida se hace de puertas para afuera, como en el Vicolo Brugno´ frente a la catedral. Aquí, tan solo a unos metros del bullicio de miles de turistas, las palermitanas departen en dialecto siciliano, entre ropa colgada de vivos colores, sin quitar la vista a los chiquillos mocosos con el móvil en sus manos, mientras sus ancestros, en la cripta de la bellísima catedral árabe-normanda, dormitan un sueño de siglos. Pienso en esa curiosa combinación de lo árabe y lo normando que marcó el estilo de los palacios e iglesias de la isla desde el siglo XII, y me parece algo perturbadora por extraña: juntos los arabescos y las cruces, mezclados los mocárables y el Pantocrátor en la misma sala. Los reyes normandos, mercenarios que ocuparon Sicilia en el siglo XI al servicio de lombardos y bizantinos para repoblarla de cristianos, no escatimaron la mano de obra árabe del, hasta entonces, emirato de Sicilia. 

He aprendido que conocer los mercados de Palermo, el de Vucciria, Ballaro o Il Capo, es entender que Palermo entero es un mercado escandaloso, de comida de calle, del humo de las barbacoas donde se asan tripas de cordero, o los bocadillos de bazo, de las tiendas de emigrantes marroquíes, libios, sirios o argelinos que llegaron a sus playas tras ser rescatados en alta mar de pateras tambaleantes. Muchos habrán llegado antes a la pequeña isla de Lampedusa, esa que la familia del escritor tuvo que vender a los borbones en el XIX y que hoy recoge a los más pobres del mar. Sicilia es la tierra que les recibe, o les tolera, habiendo sido ella misma más que ninguna, tierra de emigrantes, sobre todo a América, donde los italianos conquistaron paraísos, y donde las familias sicilianas, fuertes e inflexibles ante la adversidad, acabaron tomando el control de los bajos fondos. La mafia surgió en Sicilia, dicen, cuando los terratenientes ociosos, mucho antes del XIX, decidieron adjudicar la tarea de la supervisión de sus tierras a aldeanos intermediarios. En lugares como Corleone o Caccamo uno cree adivinar todavía, tras los cristales oscuros de las gafas de los ancianos sentados en la plaza, miradas escrutadoras acostumbradas a examinar al extranjero con sospecha. Pero sé que esto es solo una caricatura. El arcipreste de Caccamo en los años 60, Monseñor Panzeca, solía celebrar en la Casa parroquial las reuniones a alto nivel de la Cosa Nostra, y se ha podido comprobar que él contaba más que su hermano, a la sazón capo di mafia de la zona. 

Al final descubrí que el famoso cuadro de Caravaggio pudo haber acabado troceado en varias partes por recomendación de un traficante suizo, para venderse mejor, y que a algunos mafiosos les gusta todavía regodearse en la idea de que la pintura les pertenece. Nadie sabe dónde se encuentra. 

Y conocí lo que cuenta la leyenda de Isabella Tomasi, antepasada de Tomasi di Lampedusa, que se convirtió en Suor María Crocifissa della Concezione después de tomar los votos: se dice que el 11 de agosto de 1676 en el convento de Palma de Montechiaro, la monja recibió del diablo en persona la carta con el mensaje de que quería tentarla; y que sólo ella pudo entender el texto de la carta. Pero la misiva, hoy en la catedral de Agrigento, fue, según los investigadores, fruto de la imaginación calenturienta y en éxtasis de la beata que ella misma habría escrito, en una mezcla de latín, griego antiguo, árabe y alfabeto rúnico, componiendo una especie de soflama crítica contra la religión. Los investigadores concluyeron que la monja sufría de un trastorno bipolar. Parece que el tiempo no hubiera transcurrido desde entonces. 

La roca pelada cubre la tierra de la isla, rodeada por sus tres mares templados y luminosos,  castigada ahora por el sol todavía inmenso al final del verano. Aquí es donde Ulises desafió al  cíclope clavándole una rama de olivo en su único ojo y este, furioso, le arrojó las piedras que se convirtieron en los  farallones que decoran la entrada al puerto de Aci Trezza. En esta bonita localidad marinera,  a pocos kilómetros al norte de Catania, fue donde Visconti rodó su «Terra Trema»,  adaptación de la novela I Malavoglia, de Giovanni Verga, padre de la moderna literatura siciliana. La película es el testimonio desgarrador de la vida de los pescadores miserables que se rebelan sin suerte ante los mayoristas sin escrúpulos. Ulises, el héroe griego,  protagoniza el poema de Sebastiano Quasimodo «Isola di Ulisse» donde nos habla del origen  de la isla: Dal fuoco celeste/ nasce l’isola di Ulisse./ Fiumi lenti portano alberi e cieli/ nel rombo di rive lunari/. Del fuego celestial/ nace la isla de Ulises/Los ríos lentos llevan  árboles y cielos/en el estruendo de las costas lunares. 

A Palermo regreso al fin para despedirme, si eso fuera posible, y en el cruce de Los Quattro Canti, la plaza octogonal de cuatro esquinas barrocas con placas solemnes de los monarcas españoles y estatuas descuidadas de Carlos V y de Felipe IV, contemplo, a la caída del sol, a una novia iluminada por una luz de fotógrafo profesional, mientras posa abrazando al novio para la eternidad frente a decenas de turistas y palermitanos. No es el único matrimonio que se ve un viernes por la tarde, parece que las innumerables llamadas en carteles publicitarios repartidos por toda la ciudad, ofreciendo todo para la boda más pomposa, tiene su eco. Desde esta plaza, el legado hispano de más de ocho siglos de dominación se diría que languidece en los mensajes en latín de las insignias de mármol y de las fuentes conmemorativas, algunas resecas, en palacios medio arruinados y en las fachadas huecas, como si fuera el conjuro de un pueblo que ha preferido olvidarlo, o vengarse. 

Recibo las últimas palpitaciones de calles rebosantes de vida. En esta ciudad los coches no ceden el paso frente a las señales de peatones y un chaval de unos doce o trece años maneja amenazante una motocicleta que le queda grande, gesticulando ufano ante los espectadores mientras le persigue, tranquilo, un coche de policía. Al ver al chico me vienen destellos de un tiempo en el que las cosas permanecen fieles a sí mismas, inmóviles. 

En El Gatopardo, que al final, como casi todas, es una novela sobre el paso del tiempo, el personaje de Tancredi declara a su tío Fabrizio la conocida frase: «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie», simbolizando la capacidad de los sicilianos para adaptarse a los distintos gobernantes de la isla, pero también la intención de la aristocracia de aceptar la revolución unificadora para poder conservar sus privilegios. Ante la famosa frase, que me sigue pareciendo un oxímoron, pienso que tal vez Marianna, la protagonista de la novela de Dacia Maraini, esté en lo cierto cuando asegura que «el tiempo es el secreto que Dios oculta a los hombres. Y de este secreto sobrevivimos cada día lastimosamente».

Josu Bilbao Munitiz – Noviembre 2022  

Por: Luis Marín

Yo creo que Pura disfruta viéndonos intentar hacer acrobacias literarias, aunque nos estrellemos. Por eso, le gusta sacarnos de nuestra área de confort introduciendo en sus propuestas figuras literarias que, por lo menos a mí me ocurre, primero nos dejan boquiabiertos y más tarde provoca un tembleque en las piernas al pensar cómo las vamos a insertar en nuestras historias de personajes usados en cuentos anteriores que flirtean a su vez con algún verso, alguna repetición machacona y bajo la dirección de un narrador también impuesto. Pues eso no arredra a nuestros intrépidos compañeros, que con entusiasmo se tiran a la piscina de las letras y bucean hasta conseguir la pieza perseguida.

Así, Carlos Cerdán recuperó en “La decisión” al escritor de su último cuento, aquel que dejó a tres personajes de distintas épocas en un escenario vacío. Esta vez lo ha convertido en un escritor de éxito gracias a la creación de un personaje heroico, una especie de James Bond, que le reporta un éxito indiscutido. Lo que no esperaba es que el personaje se adueñara del autor cuando éste empezó su adaptación cinematográfica, incluso que le disputara el amor de la productora. Quizá también al propio Carlos en algún momento le guiara la mano su personaje.

Juan Santos  en “El chivato” hace que Dámaso le relate a su padre muerto, cómo le frustraron su amor platónico. Intuye que es desde su propia casa de dónde surge la traición por un chivatazo del hijo de Dorita, esa que le acosa y le incomoda, la mujer de la limpieza. Mientras, su ideal de mujer, Herminia, cambia de local habitual porque su marido ha oído comentarios sobre las miradas que Dámaso y ella se cruzan mientras él lee el ABC.

El escalofrío de que un fantasma se presente en tu vida y te salve de alguna desgracia en más de una ocasión, es el argumento que utiliza Pablo Frías en “Duermete desgraciado” para relatarnos una cura con puntos en un centro de salud de un pueblo. La doctora bien considerada por todos cura a su amigo, fumeta y algo borrachín, que ha sufrido un revolcón en los encierros. La cura da el tiempo suficiente para que Dámaso tenga una conversación aplazada desde años. Los sedantes administrados empiezan a dormir al narrador.

Por si no teníamos bastante, en “Purita no pudo dar el sí”, Luis Expósito, con un narrador en primera persona que a veces entra en soliloquio, ha recurrido a una truculenta historia donde nos lleva desde una novia plantada delante del altar, a un aborto y finalmente a un crimen contado desde su nuevo trabajo, en casa de un señorito, después de su huida. ¿La relacionarán con la pareja asesinada que está en los noticiarios televisivos?

Mientras estos compañeros se pelean con la “idolopeya” y los versos, Paco Plaza ha saltado ya a la “paralipsis” con un narrador omnisciente en “La tienda de chuches”. A pesar de haber sido la primera lectura, la he dejado para el final por su ternura. Aunque nos cuenta una frustración más a añadir a la vida dura del personaje, su excelente descripción de los detalles y la propia naturaleza del local que pretende regentar, aportan un punto de dulzura al relato. Frente a la burocracia de los señores de gris que hacen peligrar la apertura, el querubín que entra para aportar algo de esperanza.

Luis Marín

Este blog se hace eco de la presentación de libro de Nieves Sevilla Nohales, «Asesinato en la Plaza de los Olmos», el próximo día 18 de noviembre de 2022, a las 19:00 horas en el edificio del Centro de Abogados de Atocha, Calle Sebastián Herrera 12-14. Os esperamos a todos para disfrutar de una tarde que se presenta sumamente atractiva no solo desde el punto de vista literario si no tambien por el hecho de compartir espacio y tiempo con esta magnífica autora. Miestras tanto, ahí va una reseña escrita por Raquel Conde que nos permite ir conociendo y anticipando interesantes aspectos de la novela y de Nieves.

Reseña de: Raquel Conde Peñalosa, Doctora en Filología Hispánica y crítica literaria

Nieves Sevilla disfruta contándonos cómo afrontó la escritura de su última novela, casi tanto como se refleja en la propia obra, que lleva por título Asesinato en la Explanada de los Olmos.

Conocí a Nieves Sevilla Nohales hace años. Vivíamos muy cerca, en Castro Urdiales, y nos unía la docencia y el gusto por la literatura. Tuve ocasión de leer y presentar su primera novela extensa: La noche de los jacintos blancos (2005, reeditada en Verbum, 2014). Luego llegó la publicación de La caja de ébano (2009), cuya protagonista es una mujer con un complejo mundo interior. Con esta obra la autora afilaba su pluma con buenas dosis de intimismo. Desde entonces nuestra amistad, nuestras conversaciones sobre literatura y sobre educación y el compartir experiencias del mundo de la edición sirvieron para atar lazos que se han mantenido hasta la actualidad. En estos años Nieves ha publicado cuentos Ngueva (2011) y El ogro Filipón y el elixir del olvido (2018), maravillosamente ilustrados y algunos relatos.

Su última creación es una novela policiaca fiel al género: un asesinato, una indagación policial, los cabos sueltos, las pistas falsas o aparentemente falsas, la dosis de intriga… Es una obra  fácil de leer, con una prosa limpia. El misterio está mantenido hasta el final, y el desenlace, sorprendente, cuestionará nuestros propios juicios y prejuicios. El relato se construye a base de diálogos sostenidos con la mínima presencia de un narrador que apenas sí interrumpe las entrevistas policiales. Las sagas familiares y la introspección de sus anteriores obras ahora han quedado apartados para dejar paso a una obra con un tiempo escena (el tiempo de la lectura es similar al de la duración de los acontecimientos) y unos personajes que se presentan a sí mismos o a través de la indagación policial.

El acierto de la obra es la levedad: sin la densidad de una obra de introspección o ideología, Nieves ha hecho avanzar la historia con concisión, aportándole el meritorio valor de un lenguaje ágil y de la facilidad expresiva. En la obra apreciamos el dibujo social de un pueblo del interior, el amor a esos hombres y mujeres del espacio rural, la complicidad con sus formas de vida y aficiones, la comprensión hacia sus labores y las diferencias de edades, la sensibilidad hacia el progreso que se desarrolla en dicho entorno. Y al final logra que nos sintamos atraídos por sus alegrías y sus miserias humanas.

Estamos, en definitiva, ante una obra de intriga que estimula nuestro ingenio a la vez que nos hace disfrutar con una impronta cómica en algunas secuencias. Aflorará la sonrisa con las respuestas de una población alterada con un suceso que les sustrae de la normalidad y que les permite hablar de sus relaciones. La ágil inteligencia de la Teniente Velázquez y su equipo garantizan nuestra comprensión del caso, a la vez que nos podemos trasladar a este pueblo de El Alisal (reflejo del pueblo conquense de Picazo) que, gracias a estas páginas, se fija en nuestra literatura.

Nieves Sevilla Nohales es autora de las novelas, además de Asesinato en la Plaza de los Olmos, de La noche de los Jacintos Blancos (2005 y reeditada en 2014) y La caja de ébano (2009). Ha escrito relatos en distintas antologías, entre ellas 2056, Anno Domini; Cuéntame un gol, cuentos de fútbol y Magerit, relatos de una ciudad futura. También es autora de libros infantiles y juveniles como Ngueva (2011) y El ogro Filipón y el elixir del olvido (2018). Es miembro de la asociación Primaduroverales.