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Curso del taller literario del grupo de escritores Primaduroverales 2108/2019

El taller literario de los Primaduroverales comienza el nuevo curso el próximo 4 de octubre. En la C/ Sebastián Herrera, 12-14. Madrid.

Nuestro taller lleva funcionando cerca de veinte años, y este hecho le confiere ciertas peculiaridades. Así, por ejemplo, se busca la buena integración y la concordia de escritores que empiezan con nosotros con los veteranos que llevan años compartiendo las tardes de los jueves.

Es pues un taller que se emprende sin un orden programático establecido, ya que es, y ha sido, una máxima del taller el ir abordando lo que nos sorprende o asombra o maravilla de la literatura en un texto, o quizás el giro inesperado de alguna técnica, o puede que la creación de una forma nueva de contar o de mirar, descubrir, sentir… Pero sí implica el repaso constante de las técnicas literarias básicas como: narradores, tiempo-espacio, estructuras, tramas literarias, personajes, motivos, símbolos, etc., que se ven al hilo de los trabajos propuestos y a través de los análisis de texto.

Es evidente, claro está, que por alguna parte hay que comenzar. Para el primer trimestre la propuesta es la de aplicar a nuestros textos figuras de la retórica desde un plano general. Veremos en primer lugar la “sinécdoque”. Impliquen o no sinécdoques, ya lo veremos, vamos a leer dos cuentos de dos escritores en apariencia dispares en muchos sentidos, para ir abriendo boca. Los cuentos son: “¿Dónde está mi cabeza?”, de Benito Pérez Galdós, y “Un abrazo” de Yasunari Kawabata.

Para cualquier consulta sobre el curso podéis dirigiros a los correos: pscasacasa@gmail.com o asociacionprimaduroverales@gmail.com.

Estaremos encantados de informar y, más todavía, de recibiros en el taller.

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La bahía de Alicante

Fue una noche de finales de julio o principios de agosto, en la terraza de un restaurante junto al mar, en la bahía de Alicante. Hacía muy pocos días que se había producido el eclipse de luna más largo del siglo XXI, pero la luna mantenía el color rojizo de la luna de sangre y dejaba una estela sobre el mar, también rojiza. Hacía veinticinco grados a la una de la mañana y la brisa era una caricia para los sentidos. El mar estaba tan manso que no había olas, ni siquiera las pequeñas olas que parecen besar con ternura la arena de la playa en los días más apacibles. El mar estaba dormido y daban ganas de caminar por la orilla con la luna, el agua serena, la noche cálida. Mirando a la izquierda se veían las luces de Alicante, el puerto, y el castillo de Santa Bárbara envuelto en luces amarillentas que invitaban a imaginar historias de otra época; al frente la inmensidad del mar, solo rota por el riel de luna, y a la derecha las luces de la isla de Tabarca, que llevan a pensar en la silueta de buques piratas recorriendo la costa aprovechando las sombras de la noche.

En esta costa, en una noche que empieza tranquila, se desarrolla una parte de la acción  de Falcó, la novela que publicó Arturo Pérez Reverte en 2016. Lorenzo Falcó es un espía del Servicio Nacional de Información y Operaciones del ejército de Franco que recibe la misión de infiltrarse en Alicante, donde deberá entrar en contacto con un comando de la falange que le ayudará a liberar de la cárcel a José Antonio Primo de Rivera. Tras rescatar a Primo de Rivera lo traerán a una playa situada al sur de Alicante, pasada la población del Altet, en plena bahía. Allí deberán esperar el apoyo de un buque de guerra alemán, o posiblemente de un submarino, en el que embarcarán el comando y el líder de falange liberado. Como es de suponer en una misión tan descabellada, los espías se traicionan, la misión fracasa y en la playa se lía una escabechina en la que mueren unos cuantos personajes. Pero sentado junto al mar, mirando la luna de sangre, uno no puede hacer más que preguntarse en qué momento aparecerá el submarino alemán y comenzará el tiroteo.

Lo que más sorprende al visitante de la bahía de Alicante es la luz. Luz del Mediterráneo. Pasear por la mañana por la playa y recibir los primeros rayos de sol es una terapia. En seguida se producirá un juego de destellos entre el agua y la arena y uno se preguntará de dónde sale tantísima luz. Es intensa, pura, brillante, entra por las venas y recorre el cuerpo como si fuera la savia de una planta, te llena de vida, de ganas de recorrer la playa inmensa, en realidad una sucesión de playas de arena blanca y fina que comienza al poco de salir de Alicante y llega hasta los acantilados del cabo de Santa Pola, donde se yergue orgulloso el faro que vigila la costa. Son las playas de los Saladares (en Urbanova), del Altet, de los Arenales del Sol y del Carabassí, algunas de ellas bastante maltratadas por las edificaciones feroces de los años sesenta y otras, sin embargo, conservadas en estado casi puro, salvaje.

Pasear por estas playas, ya sea con la brisa de la noche o la luz del día, es un baño de sensualidad. El mar despliega una gama de azules que se eleva más allá de la línea del horizonte hasta fundirse con los del cielo, el romper cadencioso de las olas regala a los oídos una melodía rítmica en la que hundirse para no pensar en nada más que la siguiente ola, el movimiento del aire es un arrumaco continuo, el mar desprende un perfume vivo, tonificante. Sentarse en la terraza del restaurante y dejar que mirada se pierda tras la pequeña vela de un barco o que siga el trazo de la luna sobre el agua es una forma de disfrutar de la soledad. Allí un arroz a banda, un vino blanco de la Marina Alta o una leche merengada dejarán una huella inolvidable en el paladar y le harán a uno preguntarse qué pinta un submarino alemán emergiendo frente a las costas y unos cuantos tipos matarse a tiros en la playa en defensa de no sé qué ideas. ¡Como si ya no hubiera bastante sangre con la luna de fuego!

La asociación Primaduroverales, Grupo de Escritores ha colaborado con la Junta Municipal de la Arganzuela en la organización de una velada literaria en las fiestas de la Melonera. Cuando se organiza un evento de estas características siempre se tiene miedo. ¿Quién vendrá? ¿Le gustará a los asistentes? ¿Cómo deberíamos enfocar las lecturas?

Hubo un trabajo previo enorme que coordinó nuestra profesora Pura de la Casa. La selección de los relatos era importante y decidimos combinar algunos relatos serios, profundos, con otros relatos en clave de humor. Unos más largos, otros más breves, unos leídos por un solo autor, otros de forma coral. Solo hacía falta saber si el público respondería, y vaya si respondió. Fue un lujazo ver la sala de Terneras con tanto público oyendo nuestros relatos.

En total fueron doce los relatos que leímos en un acto presentado magistralmente por José Sainz de la Maza y Alicia Gallego, que ya han demostrado sus tablas en estos eventos. Vicente Moreno se encargó de la parte técnica y el resto de la asociación colaboró prestando sus voces a los personajes de nuestros relatos.

Fue un acierto comenzar con La puerta del Diablo, de María Sánchez Robles. En realidad es un acierto leer en cualquier momento, en cualquier circunstancia este relato, un relato feminista, fresco, sincero de una autora joven y culta a la que uno no se cansa de escuchar. Después Francisco Plaza nos llevó a la Atlántida en La clave, Lourdes Chorro nos trajo un relato muy personal lleno de sensibilidad, La ola; y Luis Marín nos leyó un relato premiado en un certamen literario titulado Emboscado.

También fue un gustazo tener entre nosotros a Julia Viejo, que leyó su relato En un viaje, premiado en el primer certamen Madrid Sky.

Para cerrar esta primera parte se dio lectura coral a un divertido relato de tono bíblico escrito por Carlos Cerdán, titulado El arca de Noé.

Comenzó la segunda parte del acto Juanjo Valle-Inclán, que leyó el relato escrito por su hermano Carlos, Dar su brazo a romper. Siguió un divertidísimo relato escrito por Aitor Manero, Un monstruo debajo de la cama, al que puso su envidiable voz Diego Mattarucco. Virginia García Calzado ganó en su día el certamen de Navidad de Primaduroverales con La tradición es la tradición, un relato que narra las dificultades de los Reyes Magos para entregar sus regalos y que se leyó a varias voces.

La voz seductora de Diego Mattarucco nos envolvió otra vez con El teletransportador de materia, de Diego Rinoski. Después siguió la premio Nobel Herta Müller con un cuento brevísimo y sugerente, El baño suabo y cerramos el acto con un cuento inolvidable, un clásico entre nuestras lecturas, El mojete manchego, de Juan Santos, que nació inspirado en el cuento de Herta Müller .

Para nosotros fue una noche muy bonita, divertida, que se cerró en torno a una mesa con un buen aperitivo y unas cervezas. Una noche entre amigos y literatura que nos gustaría repetir el año próximo. Una noche de relatos y de ilusión en la que procuramos llevar nuestras historias a la gente de nuestro barrio, la Arganzuela, en plenas fiestas de la Melonera. ¡Viva la Melonera!

Hay un refrán que reza: cuando la Virgen de la Melonera viene, la golondrina se va. Efectivamente, las fiestas de la Melonera, en la ribera del río Manzanares, es la última de las verbenas madrileñas de verano y viene a señalar el fin del mismo.

Cuenta la leyenda popular que la Virgen del Puerto estaba en Lisboa, y que unos caballeros cristianos, huyendo de los musulmanes, llegaron con la imagen de la Virgen a Plasencia y la enterraron para que no cayera en manos de sus enemigos. Años después, a finales del siglo XVII, la imagen la encontró un pastor placentino y las autoridades ordenaron la construcción de una ermita en ese lugar.

En el año 1689 Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, marqués de Vadillo, (que tiene una plaza con su nombre al otro lado del puente de Toledo, frente al distrito de Arganzuela, en una de las antiguas entradas a Madrid), fue nombrado corregidor de Plasencia por el Consejo de Castilla. Durante su estancia en Plasencia el marqués de Vadillo se convirtió en devoto de la Virgen del Puerto. En el año 1715 el rey Felipe V ordenó su traslado a Madrid y le nombró corregidor de la villa.

Durante su mandato, el marqués de Vadillo proyectó numerosas obras que contribuyeron al embellecimiento de la capital. Una de sus mayores aportaciones fue la construcción de la ermita de la Virgen del Puerto, en la margen izquierda del río Manzanares, para ofrecer un lugar de culto cerca de su trabajo a las lavanderas y abrir y mejorar los caminos de acceso a Madrid. Esta ermita fue construida entre 1716 y 1718 por el arquitecto barroco, Pedro de Ribera, y el templo se inauguró el 10 de septiembre, con una copia de la Virgen del Puerto de Plasencia. La ermita se convirtió pronto en un lugar de referencia para la celebración de una romería popular que permitía disfrutar de los parajes frondosos del río.

Ermita Virgen del Puerto

Junto a la ermita, a lo largo de la ribera del río, entre los accesos naturales a la capital, que eran el puente de Toledo y el puente de Segovia, se disponía un mercado de melones y sandías, procedente del cercano pueblo de Villaconejos. Pronto la imaginación popular relacionó la ofrenda de un melón a la Virgen por parte de las mozas con la posibilidad de encontrar novio.

Con el tiempo la romería se convirtió en verbena, y como la mayor parte de las verbenas madrileñas comenzó a celebrarse en las cercanas praderas de las Vistillas. Durante la Guerra Civil la ermita sufrió importantes daños y la imagen de la Virgen se perdió. Se ordenó su reconstrucción en los años cuarenta y se abrió al público de nuevo en el año 1951, aunque la romería no volvió a celebrarse.

En el año 1983 se recuperaron las fiestas siendo alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. El alcalde dio el pregón en la plaza de Peñuelas, en el barrio de Arganzuela, que se ha convertido en el distrito que acoge las fiestas de la Melonera.

Para la asociación Primaduroverales, Grupo de Escritores, es un honor participar en estas fiestas de nuestro barrio con la organización de una lectura dramatizada de nuestros relatos.

Estamos a punto de comenzar un nuevo curso en nuestro Taller de Creación Literaria. Este año comenzamos con una novedad, y es que vamos a participar activamente en las fiestas de la Melonera, en nuestro distrito de Arganzuela. El grupo de escritores Primaduroverales va a colaborar en la organización ofreciendo una muestra de su actividad literaria. Invitamos a todos los amantes de la literatura a venir a conocernos y participar en esta velada literaria, en la que ofreceremos una lectura dramatizada de nuestros relatos.

Palermo

Por: Lourdes Chorro

En el vuelo, cuando te vas aproximando a Palermo, el sol se oculta entre cascadas de nubes blancas hasta que al avión le envuelven unas tan densas que parece imposible que el radar pueda guiar al piloto. Sientes al aterrizar el golpetazo de las ruedas en la pista. Un suspiro colectivo de alivio inunda el avión. El sol regresa. Las nubes se han quedado en el cielo y el silencio lo rompe la algarabía de las precipitaciones por bajar lo antes posible.

Palermo teatro massimoDos hombres sentados en una calle estrecha sin inmutarse ni dejar de hablar, sin levantarse ni apartar la silla, dirigen con la mano al taxi que a un centímetro de ellos logra pasar. El ruido de cláxones, pitidos de motos y algarabía es ensordecedor pero cuando te bajas en el jardín de entrada al hotel escuchas chicharras griegas y te estremeces. En un suspiro dejas las maletas y corres a la calle con un plano de la ciudad que te dan en recepción. Pronto te das cuenta que no te va a hacer falta porque en Palermo es casi imposible perderse, en cuanto te ven mirarlo preguntan “Dove volei ándate”. Las cervicales crujen de tanto mirar arriba para no perderte ninguna casa, ningún palacio. Y así descubres una maleta suspendida por una polea en un segundo piso. Una mujerona arriba la espera y otra diminuta, bajo ella, mira cómo sube tambaleándose entre balcones. Una parada en la escalinata del teatro Massimo te permite ver a una novia tirarse literalmente al suelo con su blanco vestido de brocado para hacerse una foto. El novio se sienta en el bordillo y la sujeta por su escote bañera. Tres fotógrafos asesoran y solo uno es el que hace las fotos. Una pomposa carroza de burbuja trasparente jalonada con una corona, la espera cual cenicienta en la plaza. Te desvías un poco del camino y visitas el museo arqueológico y entiendes por qué escuchaste cantar a la chicharra al entrar en el hotel. Sus grandiosas metopas, relieves, esculturas, cerámica griegos te Palermo 4 cantiimpresionan. Sigues tu camino. “Quattro Canti”, un cruce entre las dos calles principales, cuatro edificios barrocos que se cierran con un círculo en el cielo y nuestros Carlo I, Felipe II, III y IV con Santa Cristina, Santa Ninfa, Santa Oliva y Santa Agata y las cuatro mujeres alegóricas de las estaciones. ¡Menos mal que también hay ángeles! Ante la enorme Fontana della Vergogna, toda esculpida en mármol de carrara te detienes intentando descifrar alguna alegoría mitológica. Llegas a San Cataldo y sus tres cúpulas rojas te invitan a visitarlo. Enfrente La Martorana, entras y te quedas colgada de los mosaicos bizantinos del techo. Piensas que sus bóvedas azul dorado realmente son el firmamento. Después miras al suelo y no sabes si continúas en el cielo. Aún con ese azul y dorado en los ojos ves el convento de Santa Caterina, el mármol hecho arte. La iglesia dei teatini, aquí el mármol  policromado cambia el color de tus ojos. Sigues hasta La catedral, creyendo que no podrás borrar de tu memoria esos mosaicos. Los tres arcos apuntados del pórtico llaman tu atención, los examinas y encuentras una inscripción coránica, señal de que fue mezquita. Después la recorres enterita y te quedas con sus ábsides. En la plaza, ella acapara toda la atención. Recorres el palacio arzobispal que está unido a ella y desembocas en el vistoso arco de la Porta Nuova. ¡Cómo te encanta lo normando! Del conjunto monumental de su palacio te quedas con el ala más antigua, la del siglo XII, cerca de la Porta Nuova. Allí te esperaba la Sala de los Vientos con su techo de madera decorado con una rosa de los vientos, desde donde puedes asomarte a la Sala di Ruggero II aunque no te dejen entrar. Y ya en la capilla Palatina interiorizas la convivencia de artes árabe-normando-bizantino; la filigrana del artesonado, los distintos colores del mármol de las columnas. Guy de Maupassant se quedó maravillado y no te extraña porque es una capilla sin luz, no necesita porque sus mosaicos la hacen relucir. En ella deja de ser pecado que Adán y Eva se comieran el fruto prohibido. Y al fin encuentras San Giovanni degli Eremitti oculto como si no quisiera ser descubierto y te dejas cautivar por su jardín. Como dijo  Gesualdo Bufalino en él se puede respirar el aire de las Mil y una Noches. Y das gracias por haber compartido concierto en el teatro Massimo con una profesora de la universidad que se cruzó en tu camino y, al saber que viajabas sola por Sicilia, te califico de “brava donna”

palermo interior catedralA tus ojos de turista Palermo son mármoles, techos de estalactitas, arcos ciegos, cúpulas rosadas, en fin, arte árabe-normando, visiones celestiales, buñuelos de garbanzos, arancini de pistacho, estos son tus favoritos, cannolli, cassate, buccellatti, crema de ricotta; pobres que viven en palazzios arruinados, pero palazzios; si no fuera por alguna gaviota perdida entre tanta paloma no se siente el mar y no te extraña porque por él les han llegado todas las invasiones; cohetes cuando sale de la iglesia el féretro con el difunto después del funeral, autobuses sin aire acondicionado llevan las ventanillas abiertas hasta atrás, parejas de carteristas vestidos de ciudadanos corrientes que se pegan a los turistas ensimismados bajo el arco de la Porta Nuova y les desvalijan las mochilas sin que se enteren; vendedores que vocean su fruta como cantantes de ópera en el mercado della Vucciria, pescados que aún vivos se exponen en el mercado de Ballaró o el Mercato del Capo y su solitaria iglesia; ropa tendida y empedrado en las calles;  Duomos que rivalizan en belleza.  Guillermo II, El bueno, para no pasar a la historia a la sombra de su abuelo Rogelio II, que construyó la Capella palatina, mandó construir la catedral del monasterio benedictino de Monreale, una maravilla. Bueno, y de paso le sirvió para desafiar al poder del arzobispo Walter of the Mill, contentando con su construcción al Papa de tal manera que le concedió su bendición. Bendita bendición porque allá donde mires tu vista se convierte en fuegos artificiales de mosaicos; Y marionetas que no se manejan con hilos visibles sino varillas que atraviesan firmemente la cabeza que sostiene al pupo, (“pupus” niño), mientras el tronco queda sujeto a través de una bisagra. Esto permite al titiritero, situado a su nivel aunque a los lados de la escena, girar la varilla y mover la cabeza del pupo para que mire en distintas direcciones. Ese mismo titiritero que pone voz a la marioneta y, si se trata de un personaje femenino, habla en falsete.

palermo catedralAllí Carlomagno, Orlando y Rinaldo son los reyes de las marionetas, del teatro de Pupi como ellos le llaman. Paladines de Francia, lances, golpes, ruido de armaduras, espectaculares combates de espadas, escudos y cascos griegos y romanos que suben y bajan. Narraciones caballerescas que llegaron a Sicilia de la mano de la dominación Normanda del Siglo XII. Títeres que representan historias de héroes leales y amores no correspondidos. De esos amores en que todos los caballeros de cejas alargadas, ojos almendrados por la pintura y boca sonrosada con moustache se enamoran de la misma dama Ángélica. Chinescas con dragones, serpientes a las que castañean los dientes de maldad, moros grandullones que se reconocen por llevar media luna y estrellas en su escudo y armadura, sus atuendos y sus espadas curvadas, rojos, verdes, plateados, dorados, pasión y lucha que parece encarnizada e interminable pero deja un sabor dulce como el Marsala. Dientes que rechinan, los malvados situados a la izquierda del escenario sucumben ante los buenos que siempre están a la derecha. Unos con las articulaciones rígidas y otros que pueden articular sus piernas. Varillas de metal resistentes que manejan brazos adiestrados con movimientos rápidos y directos que imitan las escenas de combate y duelos propios de las Historias de Caballería. Melodrama divertido en siciliano antiguo acompañado por una pianola de manubrio como nuestros organillos. Música que se va acelerando como los corazones de los combatientes. El teatro como una cueva de piedra  para “l’Amore e follia di Orlando”

Orlando (Roldán) sobrino de Carlo Magno, tiene una Cruz latina en escudo y armadura y un penacho verde en el yelmo, sus ojos son ligeramente bizcos; Rinaldo (Reinaldo), primo de Orlando con el que compite por el amor de Angélica la Bella, se identifica por llevar un león en escudo y armadura y por su penacho rojo; Angélica la Bella, en el Orlando furioso de Ariosto, es hija del emperador del Catay, pero los Pupari la tipificaron con una cabecera de plumas. Quizá sea eso lo que produzca el delirio del desdichado Orlando.

Cuando acaba la función te dejan coger una marioneta y descubres cuánto pesa y te quedas más prendada de estas figurillas que te han hecho pasar un rato tan agradable.

Crees que ha pasado un día pero han sido ocho y no te han sobrado más que las horas necesarias para comer y cenar. Y ya estás de nuevo en el avión rodeada de nubes a la espera de que se disipen y puedas leer todos esos libros de autores sicilianos que llevas en la maleta Mario Rapisardi, Giovanni Verga,  Pirandello, Federico de Roberto, Consolo, Brancati. De Andrea Camilleri ni uno, ya tienes bastante con su comisario Montalbano que tu madre sigue en una serie de televisión.

Y de recuerdo te traes, como no podía ser de otra manera, un imán de Carretti Siciliani, un paquetito de frutas de Martorana que en España los mazapanes no los comerás hasta Navidad y la frase del gran Leonardo Sciascia “Sicilia es una metáfora del mundo”

Xuan Folguera Martín ganó el primer premio de la V edición del certamen literario Madrid Sky en junio de 2018, un premio patrocinado por la revista digital http://www.vinosycaminos.com/. El final del cuento es extraordinario, y el protagonista, junto con un muerto que aparece en su casa, con el que le va uniendo una estrecha relación a lo largo del cuento, escucha una canción de Chavela Vargas, El último trago. Nos ha parecido un bonito homenaje al patrocinador del premio, Vinos y Caminos, y al ganador del certamen, Xuan Folguera, reproducir la canción de Chavela Vargas y el párrafo final del relato en esta entrada.

Por la mañana, me puse a recoger la casa. Me acordé de Sofía. Siempre la recogíamos durante el fin de semana. De todas las tareas, la que menos me gustaba era limpiar los baños. Aunque, desde que se marchó Sofía, nunca entré en el que ella solía utilizar, lo encontré sucio. El muerto debía de haber vomitado. En cuanto me puse los guantes para limpiarlo, comencé a escuchar música al fondo del pasillo. Alguien –o supongo que el muerto– había puesto a Chavela Vargas, de fondo. Me senté a su lado y me tendió la botella. El muerto me pareció mucho más agusanado que el primer día, como si se estuviera descomponiendo. Después de vencer el asco, pegué un buen trago a la botella. Era de tequila. Durante un buen rato, estuvimos bebiendo en silencio. De algún modo, intuía que aquella era su forma de despedirse de mí y que, en cuanto acabáramos la botella, el muerto aceptaría su situación y abandonaría mi pasillo.