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En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje músical. Los diarios serán nuestra ocupación hasta que podamos volver a reunirnos en nuestra clase de cada jueves para hablar de literatura y reanudar el taller. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

Diario de un confinamiento

Diario del Covid-19 Jornada 7 (24-3-20)

Por Luis Marín

El día ha vuelto a amanecer nublado. Ya tengo que contar con los dedos en que día de cuarentena estamos.

Dos veces me han sacado de mis ejercicios. Una era mi consuegra para preguntarme por mi madre. ¡Qué majos son los dos! Siempre atentos, y eso que Paco tiene a su madre en una residencia y no puede ir a verla. Además, en Navalcarnero. Ana me ha dicho que han intentado hablar con ella por video conferencia, pero que la pobre no sabía de donde salía la voz. Al menos no se entera de lo que pasa. Quizá sea una ventaja.

La segunda llamada ha sido al fijo, una de esas compañías que llaman y luego no contestan. Me han puesto de mala leche. Después ha habido una tercera y ya conozco ese número también tocapelotas. Le he insultado.

Hoy tocaba plancha porque, aunque sea para meterse en la cama, hay que estar vistosos. Hay mucha gente que odia esta tarea tan hogareña. A mí, sin embargo, no me disgusta incluso diría que me relaja. Cuando hace frío con el ruido del vapor saliendo a borbotones, enseguida entras en calor. En verano puede ser más chungo, pero siempre queda la opción de quedarse en paños menores, como mínimo, y disfrutar del momento. Pero no estamos ahora para momentos eróticos. En realidad, como tienes que estar pendiente de no hacer más arrugas de las que hay, tienes como se necesita estar concentrado en lo que haces no te deja pensar en otras cosas. Pero no siempre compartimos la belleza en la arruga, cada cual tiene sus preferencias, con lo que no todo el mundo queda satisfecho.

Maldito el momento en que se me ha ocurrido echar unos trozos de chorizo en los macarrones. Mi hijo según los ha probado ha dicho que le recuerdan a los que le ponían en el comedor del colegio y que los odia. Por salir del paso me he hecho el desinformado, pero tengo que reconocer que no es la primera vez que lo dice y a mí se me ha olvidado. Cosas de la edad supongo.

Una prueba de multiconferencia con el grupo, que gusto ver las caras. Espero que el jueves haya más pantallas. Y ya sabéis, tener preparada una cervecita, o lo que queráis, para brindar en la despedida.

Un cuento para mi nieta, que nos lo pidió ayer. El mío escrito y el de la abuela dibujado. Le damos gracias a la niña, que nos llama todos los días, por ponernos también deberes y hacernos trabajar para ella. El día que la volvamos a ver no sé qué va a pasar. Estoy seguro de que lloraremos, porque en esta casa somos muy llorones.

Como este diario, además de ser diario, es un medio de comunicación, no puedo resistirme a mandar un abrazo y todos los ánimos posibles para aquellos que lo están pasando peor. No quiero poner nombres porque todos saben que es un deseo global.

Amigos, nos esperan muchas jornadas de alegrías, de compartir y de llorar juntos, si se tercia. Y ya sabéis, hoy nos queda un día menos.

 

Luis Marín se ha dedicado profesionalmente a las ciencias económicas. Es miembro de la asociación Primaduroverales. Es coautor de los libros Madrid Sky y 2056 Anno Domini. Ha resultado finalista en distintos certámenes literarios, el último de ellos el VI Certamen de Relatos Cortos de la UNED de Alcalá la Real (Jaén), y sus relatos han aparecido publicados en distintas antologías.

 

 

 

Música: Janis Joplin. Maybe.

Selección de Alicia Gallego.

Por Pura Simona

No puedo recordar el año en que Yolanda llegó al taller, pero sí recuerdo que el primer día del curso de aquel año propuse que cada uno describiera el salón de su casa. Un ejercicio sencillo para romper la tensión que se crea el primer día de clase entre conocidos y desconocidos. Es posible que hayan pasado quince o dieciséis años, o más, pero todavía estoy viendo su salón, la calidez que había allí dentro, y había algo rojo. Ay, el corazón de nuestra Yoli.

La calidez que guarda Yolanda no es tan fácil de reconocer. Es la maestra del parapeto y la invisibilidad detrás de una sonrisa perenne, y de esa sabiduría plena de modestia. Pero esto son bobadas, pues una vez que Yolanda te deja pisar su círculo, la quieres y la quieres.  La quieres, ya la quieres, pero aun así cada día te asombra para bien alguna cualidad de ella. Han sido muchos años – quince o dieciséis o más- de tratar con Yolanda, y todavía no llego a saber de qué pasta están hechas algunas personas, las buenas personas como Yolanda. Alguna proporción de seda o de algodón, alguna conexión planetaria o estelar, o una harina de azúcar…  algo hay en algunas personas especiales que nos falta a los de a pie. Yolandita, qué fortuna la tuya de poseer ese plus.

Una de las razones de abandonar el taller fue para cuidar de sus padres. No quería interferencias al sentirse culpable por no escribir nada, de aportar poco a las clases. Aportar poco… ¿os lo podéis creer? Quería disfrutar por completo de sus padres, y cuidarlos, cuidarlos…, y dedicarse a sus manualidades primorosas que todos hemos disfrutado y que no le ocupan la mente. No he conocido a nadie que le tenga tal desapego a lo material, ni que renuncie a tanto por los demás sin renunciar a sí misma. La admiro por muchas de sus cualidades, por no decir todas. Pero en especial por cómo sabe crearse sus círculos de felicidad, con la Fuen, que es su madre (que no hace mucho estuvo muy, muy malita), con sus gatos, con sus tías, sus amigos, sus viajes. No me cabe ninguna duda de que en un hipotético apocalipsis (Dios quiera que no lo conozcamos de otra forma), si Yolanda sobreviviera, la alimentaría la esperanza, la seguridad, de que en algún momento volvería a crecer la hierba. Daría igual el tiempo de espera, si sentada o tumbada en el suelo, pero protegida por ese quién sabe qué que la acompaña, hasta que surgiera ese primer brote de hierba, y entonces ya la veo con su sonrisa abierta, no hay sonrisa tan abierta como la de Yolanda. Y solo entonces, ella crearía su pelotita de lana o de seda para ser feliz.

Yolanda junto a J.J. en el 2008 crearon este blog cuando todavía ninguno sabíamos qué era un blog. Recuerdo que una compañera de literatura llegó de Londres entusiasmada porque su marido, un diplomático, le había hablado de esto que era una novedad, y ella estaba intentando crear uno. Lo comenté con J.J. (profesor de telecomunicaciones), que ni siquiera había oído hablar del tema, y con Yolanda, y a la semana siguiente, entre ellos dos, teníamos funcionando el blog, como por arte de magia, con esa magia, con esa soltura y sencillez que tiene la juventud. Y es que además, Yolanda sabe de todo. Os envío una foto del taller de aquel año (es una foto del blog) que seguro a Yolanda le encantará. Como veréis ya ella anda escondida, la invisible Yolanda. Es este también un tiempo de nostalgias, estamos los grupos mandándonos fotos y músicas de cuando aquello y de cuando lo otro ¿os acordáis? Cómo pasa el tiempo y cómo se nos notan los años. El tiempo se nos va tragando poco a poco, o como ahora, de sopetón. Ahí están Fernando y Manuel Valcárcel, dos de los compañeros de entonces que, quisiéramos creer, han pasado a mejor vida.

Yolanda, te mando aquí pegadas, con mucho amor y ventosas, unas palabras de Lourdes:

Entre esta distancia convertida en lejanía, vamos perdiendo a muchos que amamos, a otros que sencillamente queríamos por haber dado la vida a nuestros amigos y nos han dejado el mejor regalo que se puede tener. Y es de una tristeza lluviosa, como el día de hoy, no saber cuándo acabará todo y podremos abrazarles y acompañarles con nuestro cariño. Las palabras mansas se vuelven rebeldes cuando el corazón las aprisiona. Por eso he tenido que acudir al “Fimo”, ese material con el que Yolanda construye esas adorables figuritas para todos en Navidad. Con mis patosas manos le he modelado una estrellita de mar, por si hoy no encuentra estrellas en el cielo. Empecé a construirla azul con docenas de ventosas verdes, mis colores favoritos, para que se pueda aferrar a nosotros, sus amigos. Después la pegué en mi ventana. Ahora, cada vez que paso a hacerle compañía es de un color nuevo. Creo que ya la ha visto.

Esta entrada y este preámbulo tan largo, se debe a que esta madrugada ha fallecido Valeriano López. Era y es el padre de nuestra queridísima Yolanda López Muñoz. No lo conocíamos. Entre la cifra que den hoy de fallecidos una de ellas lleva su nombre. Aunque esté fuera de esa cifra, pues ha muerto en una residencia (parece increíble que nos estemos acostumbrando a esta atrocidad que nos rodea), y, por lo que parece, sin certeza de que sea por coronavirus, aunque todo apunta a que así es. No lo conocíamos, pero los que queremos tanto a Yolanda lo visualizamos a través de su amor por él. Sabemos que llevaba años delicado, aunque todavía era bastante joven. Estaba muy entera Yolanda hoy cuando he hablado con ella. Desde hace unos días iba preparándose para una noticia así. Está confinada en el pueblo con su madre desde la reclusión. Muy solitas. La muerte precisa de sus ritos para zanjar la vida. Yolanda lo tiene claro, ahora no puede, pero lo hará. Ella ya está creando su círculo, su capsulita de protección, aunque sea replegándose como un erizo con la púas bien tiesas para no recibir más daño.

Valeriano López es el segundo familiar directo que fallece (al menos que sepamos) de esta gran familia que somos los Primaduroverales. Hace unos días también fallecía Goya Logroño, la madre de Mª Jesús Ainaga. Mª Jesús, tienes toda la pinta de poseer, parte al menos, de la pasta de la que está compuesta Yolanda. Quédate con lo que has disfrutado de tu madre, de esas fotos llenas de desayunos que todos envidiábamos. Erais, sois, la viva imagen de la alegría las dos juntas. Qué sonrisas las vuestras. Disculpa que no te dedique tantas palabras como a Yolanda, puedes estar segura de que se debe tan solo a que te conozco mucho menos que a Yolanda. Y es que el cariño, con el tiempo, se infla como los globos. Mariaje, desde aquí te mandamos, también a ti, nuestro ánimo, el cariño más sincero y la fuerza de todos, que ya sabemos que se te junta la pena del duelo y la enfermedad. Estamos a la espera de recibir buenas noticias de tu parte. Deseamos de corazón que te recuperes pronto y bien, de todo.

Incluimos también una foto de grupo Mariaje, nuestra fotógrafa más insigne, artística y alegre. Un poquito de esperanza para todos, mis queridos Primaduroverales.

En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día publicamos una página de este diario junto a un viaje músical. Los diarios serán nuestra ocupación hasta que podamos volver a reunirnos en nuestra clase de cada jueves para hablar de literatura y reanudar el taller. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

Diario de un confinamiento

Día D.

Por Francisco Plaza

Cuando la vi antes de ayer me arrepentí de haber barrido los primeros días. Ahora tendría un buen rebaño de pelusas correteando por el pasillo. Una lástima. Me estoy empapando bien del ecosistema de la pelusa. Es un ser vivo lo mires por dónde lo mires y muy sociable, agregativo diría yo. Nace, si tienes un poco de paciencia seguro que puedes ver cómo vienen al mundo. Yo, de momento, me doy cuenta de que hay una nueva cuando ya ha medrado un poco. Se Mueve, es obvio. Luego Crece, y una vez reconocida, le puedes seguir la pista y admirarte de cómo va aumentando su tamaño, ¿de dónde saca para tanto cómo destaca? (perdón por chotiplagio pero es verdad ¿o no?). Tú observas que no hay nada en el suelo, pero la pelusa sabe encontrar el alimento necesario para desarrollarse, algo de inteligencia sí debe de tener; de esto estoy casi seguro, porque si me acerco, sigiloso, y trato de acariciarla ella, me elude, eso es porque siente mi presencia y, supongo que por tantos años de ignorar y maltratar su especie, no tiene ningún interés en contactar conmigo. Lo entiendo. Disculpad que deje un momento parado el diario, pero es que me han entrado ganas de llorar…Ya se me ha pasado, el poto —qué majo es— me ha dicho que así no voy a ninguna parte y me ha convencido. Jo, ya no me voy a olvidar nunca más de regar el poto. Como iba diciendo, la pelusa, nace, se alimenta, crece, se mueve, es inteligente, de lo que no estoy seguro es de si se Reproduce. Diría que si lo hace es por gemación o puede que por escisión, no estoy seguro, a veces he observado cómo una pelusa se ha fragmentado (se tienen que dar ciertas condiciones climáticas de pasillo) y tras convencerme de que se había reproducido los fragmentos se han vuelto a unir tras un breve periodo de alocadas existencias independientes y hemos vuelto a un único espécimen, Clodoviro lo he llamado (por los de Palacaguina). Me queda un último estadio del proceso vital. La muerte. Me está obsesionando este asunto, me parece a mí que en este trance la pelusa supera a cualquier otro ser vivo y da un paso más allá del químico y del terrenal, y se adentra en el ciclo existencial de las estrellas. La muerte de la pelusa debe venir por el colapso gravitatorio, cuando se hace lo suficientemente grande el propio peso hace que toda su materia se condense en el centro disminuyendo progresivamente su tamaño hasta desparecer en una nube de esporas de polvo. Solo tengo que esperar un poco para comprobarlo, mientras tanto, cuando me siento travieso, abro ventanas aquí y allá y provoco corrientes que convierten a las pelusas en una alegre bandada de estorninos. Ahora ya miro las estrellas con otros ojos. Polvo de estrellas. No sé, pero tengo la sensación de que hace tiempo vivía alguien conmigo en esta casa… y otra vez me vuelven las ganas de llorar. ¡Potoooooo!

 

 

Francisco Plaza estudió Ciencias Físicas en la Universidad Complutense de Madrid. En 2013 se inició en la creación literaria. Es coautor de los libros de relatos Magerit. Relatos de una ciudad futura (editorial Verbum) y 2056 Anno Domini. Su otra gran pasión aparte de la literatura es el teatro.

 

 

 

Selección de la música: Alicia Gallego

En el taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales estamos escribiendo el diario de un confinamiento. Cada día os ofrecemos aquí una página de este diario. Acompañamos la página con un viaje músical, que se encargan de seleccionar Alicia Gallego, José Miguel Espinar, Vicente Moreno y Carlos Cerdán. Los diarios serán nuestra ocupación hasta que podamos volver a reunirnos en nuestra clase de cada jueves para hablar de literatura y reanudar el taller. Esperamos, lector, que nuestros textos y nuestra música te acompañen. ¡Cuídate!

Diario de un confinamiento

Por María Sánchez Robles

Día 1

El día 1 de este diario comienza cuando la tristeza se convierte en una soga en la garganta. El día 1 de este diario comienza cuando intento aplastar esa tristeza con Annie Hall y equilibrio mental. El día 1 de este diario continúa con los tejados de las casas mojados por una lluvia fina, gris, delicada. Una lluvia tímida que nos está calando el corazón a medida que los días pasan.

Estoy pertrechada de grandes libros. De la banda sonora de una vida en que tuve muchísimos estímulos musicales. Tengo las paredes blancas, las sábanas blancas, la ducha caliente a un paso. Pero me falta el paso.

El día 1 de este diario empieza a quedar atrás. Necesita romperse en el calendario para empezar de nuevo, pues tantos otros están en las mismas y no llenan su teclado de lágrimas. O sí. Nadie sabe lo que se esconde detrás de los chistes, de los memes, de las expresiones de buena voluntad y optimistas.

El día 1 de este diario es un dietario en blanco, sin números, ni santos, ni onomásticas, ni frases del día, ni días de la semana. Ni agujeros traspasados por unas argollas de metal. Este dietario es una paloma blanca que se confunde con el cielo blanco de hoy, las sábanas blancas, las paredes blancas, y la ducha caliente a un paso.

María Sánchez Robles nació en Madrid. Es periodista, profesora de español y siempre ha estado vinculada al mundo del contenido. Ha trabajado en el periódico “La Razón”. Su gran pasión es la literatura. Escribe relatos cortos y pertenece a la asociación Grupo de Escritores Primaduroverales desde el año 2015.

 

Las noches en el altiplano son frías, muy frías. Ahora que la Condamine se ha retirado a descansar, Antonio de Ulloa se levanta y echa otro tronco a la chimenea para avivar el fuego…

Selección de Alicia Gallego.

La profesora del taller de creación literaria de la asociación Primaduroverales nos propuso escribir un diario durante estos días de confinamiento. Al principio, algunos nos mostramos reticentes, pero después se ha demostrado que escribir un poco cada día es una excelente terapia para sobrellevar los momentos, impensablemente duros en algunos casos, de esta situación de crisis sanitaria que nos está tocando vivir.

Hemos pensado que es una pena que estos diarios se queden en el cajón, que deben salir a la luz, que los tenemos que compartir con nuestros amigos y lectores. A esta tarea nos vamos a dedicar a partir de hoy. Los diarios serán nuestra ocupación hasta que podamos volver a reunirnos en nuestra clase de cada jueves para hablar de literatura, darnos esos abrazos que tanto estamos deseando y tomar nuestras cervezas. Esperamos, lector, que nuestros textos te acompañen. ¡Cuídate!

 

Diario de un confinamiento

Lunes 23 de marzo de 2020

Lourdes Chorro Capillas

Hoy el aire ha replegado sus alas, el cielo gris en una aparente calma espera tu regreso, ese girar de llaves atolondrado, ese ímpetu tuyo cada vez que abres cualquier puerta. Esa sonrisa que dice: “huele bien, ummm, qué hambre”.

Mi madre con la tosecilla mañanera de siempre porque el agua y ella riñeron hace años y no se han vuelto a reconciliar. Medio vasito y es como si se hubiera bebido un pantano. ¡Con lo que le gusta estar todo el día lavándose y decirme limpia esto, limpia aquello, lo de más allá también está sucio, “¿no lo ves, hija?, no sé dónde tendrás los ojos”!

Un día más y estamos bien, me digo. No tengo ganas de leer, apenas unos poemas de María Isabel Ruano (Entre el asfalto y el mar). En seguida su adelfa, su jazmín, su zarzal, me hacen levantar de un brinco e irme al balcón a regar mis macetas. Escucho que me llama mi madre, pero no le contesto y allí aparece su bastón señalándome “Estás loca con las plantas, hija, y luego dirás que tienes las cervicales mal”. Aburrida se vuelve al salón rezongando “parece que solo las quisieras a ellas”. Yo también te quiero mamá, aunque no te lo diga. Voy a la cocina. Ya tengo hecho arroz con verduras y ahora que se han descongelado los filetes de gallos, los dejo en el horno con vermú. “Mamá, bajo a por el pan”. “Déjate de salir que ya han dicho que los supermercados son un nido para el coronavirus”. Regreso y con los guantes coge el papel que envuelve su baguetina, lo tira a la basura, tira los guantes y se va tan contenta con ella. Come con la “Ruleta de la fortuna” y el mundo vuelve a la normalidad para ella.

Yo, mientras, espero tu regreso, que parece no llegar nunca, busco en el móvil la mariposa virtual que me enviaste y a plena luz del mediodía lleno de estrellas el cielo.

Filóloga por vocación, bibliotecaria por trabajo, Lourdes Chorro pasa la mitad de su vida rodeada de libros de los que sólo lee la portada y en la otra, amontona tal cerro de lecturas que con solo mirarlas se siente inspirada para escribir. Cuando conoció a los Primaduroverales descubrió que la prosa también podía ser poética y ya ha visto publicados algunos de sus relatos. Es coautora del libro Sobremesas manchadas de café y tinta

Por: Lourdes Chorro

Ha llegado el jueves. Hoy volvemos a juntarnos para comentar una escena de la novela de Paco y dos de la de Juanjo. Me conecto en la dirección de zoom que nos ha enviado Vicente y los veo a todos, pero no les oigo. A ver qué has hecho, ya has tocado la tecla que no debías, el día de la probatina les escuchabas alto y claro. Yo no he tocado nada, él solito se ha conectado. Ya estás con tus historias. Tu siempre liándola. Nooo, es de esas cosas que me pasan a mí y nadie cree.

Mira, veo a Juan con expresión apagada. El hombre se nos ha contagiado del virus. Este virus no distingue las almas cándidas de las depravadas. Un primer plano de Luis, le encuentro como siempre, no importa lo que diga hablando reposado. Ahí aparece Paco y la pantalla se queda pequeña para recoger su risa. María y Olga en dos recuadritos encerradas. Maximízalas a ver si así puedes leer en sus labios lo que dicen. José Miguel también está, ¿no lees su nombre, aunque no le veas? Es tan prudente. Un fugaz primer plano de Carlos y su serenidad me tranquiliza. Jose no habla, ya lo hará. Fíjate bien, mueve la mandíbula, está masticando algo. No  pierde bocado. Ahora Fer se asoma a la pantalla con cara de saludo. Te falta ver a Pura. Recuerda que el otro día anduvo pegándose con el ordenador y el portátil intentando no perder la conexión. Juanjo hoy tiene aspecto de detective.

imagesPrueba a darle a todas las teclas de voz. Ya están en volumen alto. Voy a darle cuatro golpes al rúter. No seas bruta y resetea la wifi. ¿Lourditass?, si Pura aquí estoy y, por fin, puedo escucharos. Comentan  que mejor no le resulte familiar el veintiocho de julio del catorce que cualquier otro día de esa semana le valdría y no tendría un significado tan fuerte si luego no va a ser primordial esa fecha en la vida del personaje de Fluctuatnecmergitur, el primer relato de Juanjo. Llegamos al acuerdo de que la gente del pueblo podía saber palabras en latín que aprendían en las misas, pero las comparaciones con el mundo de la tauromaquia quizá debería pensárselas mejor. Comienzan las interferencias y sus voces empiezan a ir y venir justo cuando Jose apostilla algo sobre la bonanza económica de la Segunda revolución industrial. ¿Has visto ese mensajito una y otra vez de “baja intensidad en la red”? No son cosas mías

“Lo acaecido lo relato en presente, a veces, en pasado, pero el tiempo futuro creo que va a ser muy escaso en lo que estás leyendo. Te cuento a ti, que te atreves a asomarte a estas páginas, los hechos acaecidos en dos vidas. Sí, dos. Una vivida y otra escrita antes de vivirla. Cada una ha tomado un derrotero diferente de la otra, pero, sin embargo, en ambas, de manera equivocada o no, he morado y sufrido”

De nuevo los escucho. Ves, ha vuelto sin que yo haga nada. Paco está aclarándonos los rituales que estas sectas habituaban a realizar con niñas. Cuando leamos el capítulo entero todo quedará bien atado como él acostumbra a hacer. A todos nos impacta la forma en que describe el suicidio

Se sube a la caja, tiene que darse prisa porque es frágil, hecha de tablas de madera mala. Pasa la cinta por la hebilla y el extremo con los orificios lo ata con un nudo doble a la rama, tira de él con fuerza, parece que aguanta. Uno de los listones se rompe con un crujido, no le queda tiempo para pensar más,  mete la cabeza por el hueco que ha dejado justo en el momento en el que la caja se deshace en pedazos. El instinto de supervivencia en ocasiones es algo malo. Cuando el cuero se cierra con fiereza en torno al cuello  rompiéndole la tráquea y obstruyendo la circulación de aire y de sangre sus manos, libres y guiadas por ese involuntario instinto, tratan de quitar la terrible presión, en parte lo consiguen y la hebilla queda ladeada, si hubiera quedado bajo la nuca o bajo el mentón la muerte le habría llegado enseguida; pero al moverse a un lado y con los dedos de una mano metidos entre la carne y el cinto la circulación sanguínea se restablece parcialmente. Lo que podría haber pasado en unos pocos segundos se convierte en una larga y silenciosa agonía

Y entre risas le dejamos con sus dioses del Olimpo, que quién sabe adónde nos llevarán. Paramos para aplaudir a aquellos que están trabajando fuera de sus casas para que los que estamos dentro nos mantengamos a salvo.

Regresamos con olor a Buganvillas y, en la mano, la cañita, la lata de cerveza y la jarra, cada uno a su medida. Al cadáver de Juanjo solo le faltan algunos gusanos para hacer atrocidades con él y que nos llegue el sonido de la cuchillada que le han asestado. Por lo demás ese inusual detective y su ayudante y esa genial testigo rompieron los esquemas de las novelas policiacas.

“¡Qué peste! Una mujer gorda con bata y la cabeza llena de rulos había dicho que llevaba varios días oliendo a bicho muerto, que ella se lo había advertido a su marido, al que se refirió como “mi Genaro”.

-Hay un gato muerto por algún lado, le dije a mi Genaro, y mira tú por dónde. Pobre hombre, había continuado la mujer.

-¿Le habrán matado o se habrá muerto sin más?, dijo haber pensado el hombre llamado Genaro al encontrar el cuerpo sin vida.

-Nadie se muere sin más, Genaro, le había respondido la señora.

-Me refiero…

-Ya sé a lo que te refieres.

Antes de que tiraran el estadio, los días de fútbol era peor, había dicho a gritos la señora gorda de los rulos, la esposa del tal Genaro que no estaba gordo, y que asentía a las voces de ella.

Repetía una y otra vez que había sido su perro el que había encontrado el cuerpo de ese pobre hombre. Que su Genaro salía temprano todos los días para pasear a Futre, el perro patada, el chucho que no dejaba de ladrar.”

¿A quién le toca la crónica? Y Carlos va a consultar la lista. A Lur ur ur de  s regresan las interferencias. No me culpes, yo no he sido ¿O es que te parece poco que es mi primera crónica y me toca hacerla de una videoconferencia? Y luego dirás que no me pasan a mí las cosas raras

Por Manuel Pozo Gómez

La camarera que me escupía en los chupitos de whisky es un título sensacional para un libro. Sensacional, provocador y  sugerente, quizás un tanto repulsivo. Tan provocador y sugerente, tan repulsivo como el título, es la portada. No deja indiferente a nadie. Los relatos del libro tampoco. Su autor, Jesús Tíscar Jandra, mucho menos. Jesús Tíscar dice que no le gusta la gente, que es arisco, se lo he leído en alguna entrevista, pero también dice que le gustan los bares, y eso dice mucho en su favor (que a una persona le gusten los bares siempre dice mucho en su favor).

La camarera que me escupía en los chupitos de whisky –y otros relatos pellejos-, es un libro de dieciséis relatos, la mayoría de ellos premiados en certámenes literarios. Tíscar emplea un lenguaje soez, barriobajero, agresivo, así que si el lector se acerca en plan melindre a sus relatos está perdido. Es mejor acercarse a ellos sin prejuicios, quizás recordando al Bukowski más puro, más auténtico. Bukowski recibió tantas críticas negativas como positivas, se le acusó de soez, pero se valoró su autenticidad. Con Jesús Tíscar, con La camarera que me escupía en los chupitos de whisky pasará igual. O te impacta de lleno y lo dejas como libro de cabecera (yo voy a releerlo en este confinamiento), o lo cierras sin miramiento en las primeras páginas.

Animo al lector a dar un voto de confianza a los relatos de este libro. En mi caso empecé a leer, observé como las historias comenzaban a desarrollarse, me dejé envolver por ellas y me convencí de que todo el lenguaje sucio y malencarado de Tíscar encajaba y era necesario para cerrar armónicamente sus cuentos. Y me encantó.

Pero además de su lenguaje culto y soez, amplio y rico, de sus estructuras muy bien construidas, los relatos de La camarera que me escupía en los chupitos de whisky tienen en los personajes uno de los mayores atractivos. Son personajes atormentados, que han tocado fondo, que se mueven en el barro de la vida entre la droga y el alcohol, que viven historias de amor desesperadas, imposibles, fantasiosas. A lo largo de los dieciséis cuentos se nos van presentando personajes vengativos, humillados, hundidos, desesperados… hasta que llegamos al último relato, que da título al libro, en el que Jesús Tíscar nos hace subirnos a un tobogán de sensaciones, a un relato de suspense, a una persecución, a una caída al abismo, que culmina de una manera sencillamente magistral.

La camarera que me escupía en los chupitos de whisky hará volar al lector, le hará reír, pensar, hacer muescas de asco. Es aquí más que en ningún otro relato donde se ve que a Jesús Tíscar le gustan los bares y que tiene mundo recorrido para llevarlo a sus relatos. Exhibe un dominio absoluto de la creación del personaje y de la definición de escenarios, y los recrea con tal precisión que, como lector, podemos pensar no solo que conocemos al personaje, sino que además somos sus amigos, y que estamos con él en un bar, en cualquiera de los bares a los que Tíscar nos lleva en un viaje surrealista y metafórico.

Jesús Tíscar Jandra ha ganado dos de los premios de novela más importantes de este país: el premio de novela negra «Ciudad de Getafe» con La japonesa calva (Edaf), y el premio de Novela «Felipe Trigo» con La Poetisa (Algaida). También ha publicado Memorias de un gusano y un libro con tres novelas cortas publicado por el Grupo Tierra Trivium, Yo, señor, no soy malo. En 2019 fue el tercer premio del VI certamen Madrid Sky con el relato Escena sobre la persistencia de las luces.

Ha ganado numerosos certámenes de relatos, y quince de sus relatos premiados están recogidos en el libro La camarera que me escupía en los chupitos de whisky (editorial Baraka Project). Recientemente ha publicado el libro de relatos Los pimientos y otros cuentos indigestos.