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Etapa I – Preámbulos y la ciudad de Moscú (Москва, Moskvá)

Por: José Miguel Espinar

Antes de empezar un viaje que promete ser largo (más de 1.800 Km por vía fluvial (Canal de Moscú, río Volga, Lago Blanco, río Kovzha, Lago Onega, río Sheksna, rios Kovzha y Vitegra, Río Svir, Lago Ladoga y rio Neva) a uno le entran ganas de recordar algo de la historia rusa, al menos la más reciente, a través de su literatura. Y hay mucho donde elegir (Fedor Dostoievski, León Tólstoi, Anton Chejov, Alexander Pushkin, Nikolai Gógol, Iván Turguénev, Aleksandr Solzhenitsyn, Mijaíl BulgakovVladimir Mayakovsky, Mijaíl Bakunin, Boris Pasternak, Aleksandra Kollontái, Marina Tsvetaeva, Ana Akhmatova, ….).

Dado el gran trasfondo cultural (especialmente el literario y musical) que inunda la Rusia de siempre, quizá sería bueno empezar por la época prerrevolucionaria, coincidiendo con el declive definitivo de los últimos zares.

Y resulta que Máximo Gorky, y una de sus obras ‘La madre’, desgrana la génesis de lo que más tarde se convertiría en los acontecimientos de aquel octubre del 1917. Teniendo en cuenta el tiempo en los que se escribe la obra, seguidos de los años de la revolución, el posterior y largo periodo de gobierno comunista, la llegada de la conocida como Perestroika y, finalmente, la etapa en la que hoy se encuentra este gran país, parece un buen punto de partida tomar a Gorky como una posible referencia:

Poco a poco fue surgiendo en la gente un sentimiento de respeto hacia aquel joven serio, que hablaba de todo con sencillez y audacia, que miraba y escuchaba todo con atención y ahondaba tenazmente en la maraña de cada caso particular, para encontrar siempre el hilo interminable que unía a las personas entre sí con miles de nudos (M. Gorky, La madre)

Los primeros dos días, antes de iniciar el viaje fluvial, hay que pasarlos en Moscú. Procedamos entonces:

Plaza rojaLa Plaza Roja  (Красная площадьKrásnaya plóshchad) es la plaza más famosa de Moscú en el barrio comercial conocido como Kitay-górod. Desde 1990 fue incluida, junto con el conjunto del Kremlin, en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

De entre los edificios que conforman el enorme recinto, destaca la catedral de San Basilio (que vista fuera de contexto podría ser parecida a una enorme tarta multicolor, pero allí, en su emplazamiento, deslumbra).

San BasilioSe dice que el nombre la plaza no hace referencia al color rojo del comunismo ni al color de los ladrillos que la rodean, sino que deriva de la palabra rusa Krásnaya (Красная), que significa «roja», pero en ruso antiguo significaba «bonita», es decir, plaza bonita (“rojo” para los rusos tiene connotaciones de bello, bonito). Hoy en día, un edificio ubicado aquí, las Galerías GUM (Galerías comerciales de lujo), pueden suponer uno de los paradigmas de la transformación de este país.

IMG-20190819-WA0004El Kremlin de Moscú (Moskovskiy Kreml) es un conjunto de edificios civiles y religiosos situado en el centro de Moscú, frente al río Moscova en el sur, la Plaza Roja en el este y el Jardín de Alejandro en el oeste. Es el más conocido de los kremlin rusos (kremlin: recinto amurallado o defensivo que tienen algunas ciudades importantes en Rusia) e incluye cuatro palacios y cuatro catedrales (la plaza de las catedrales: La Catedral de la Asunción (1475-1479), construida por Aristóteles Fioravanti, se convirtió en la catedral central del estado ruso; La Iglesia de la deposición del manto de la virgen (conmemoración de la fiesta de la Imposición); La Catedral de la Anunciación (1485-1489) y La Catedral del Arcángel Miguel (1505-1508) construida por Alevíz Novy), además de las torres y otros edificios.

Catedral de la Asunción - IconostasioMención específica a dos catedrales, la de la Asunción y la del Arcángel San Miguel. Verlas desde fuera y entrar en ellas, es un primer y espectacular contacto con el rito cristiano ortodoxo, tanto en la arquitectura como en el tratamiento interior basado en la técnica de los iconos y el significado de los mismos (a interpretar en cada iconostasio), que iremos encontrando a lo largo de resto de lugares a visitar, incluidos las edificaciones religiosas basadas en la arquitectura de madera en la segunda parte del itinerario.

Tetriakov - IconoLa Galería Estatal Tretriakov (Государственная Третьяковская галерея / Gosudárstvennaya Tret’yakóvskaya galereya]) considerada el principal depositario de bellas artes rusas en el mundo. La colección está conformada por más de 130 000 obras de arte, del rango de la Virgen de Vladímir y la Trinidad de Andréi Rubliov, hasta la monumental Composición VII de Vasili Kandinski y el Cuadrado Negro de Kazimir Malévich. En 1977 la galería contenía una significativa parte de la colección de George Costakis. Además, figuran otras obras igualmente importantes de los artistas Iván AivazovskiIván ArgunovVasili SúrikovAbram ArkhipovAndréi KolkutinOrest KiprenskiValentín SerovVasili PolénovDmitri LevitskiIliá RepinMijaíl NésterovIván Shishkin y Marc Chagall.

Lógicamente contiene, además, la más asombrosa colección de iconos, albergando algunos de los mejores ejemplos del arte de la Rus de Kiev del siglo XII. Uno de los iconos más emblemáticos es Trinidad (1425-1427) de Andréi Rubliov, el artista religioso más famoso de la historia de Rusia.

Universidad_Estatal_de_MoscúLa Universidad Estatal M.V. Lomonósov (Moskóvskiy gosudárstvenniy universitét ímeni M. V. Lomonósova), desde cuyo campus se dispone de una vista privilegiada de la ciudad, y con su edificio principal, una de las siete torres hermanas de Stalin (o los siete rascacielos: Universidad Estatal de Moscú, Hotel Ucrania, Edificio de viviendas en Kotélnicheskaya Náberezhnaya, Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Edificio de la plaza Kudrinskaya, Hotel Leningrado, Edificio de la Plaza de la Puerta Roja)

City MoscúY se ha de pasar, obligatoriamente, por el Moscú de hoy, por su city. El Centro Internacional de Negocios (Московский Международный Деловой Центр (ММДЦ). Geográficamente situado en el Distrito Presnensky en el oeste de Moscú, sobre en el Tercer Anillo, área que está actualmente bajo un intenso desarrollo. El objetivo del CINM es crear la primera zona en Rusia, y en toda Europa del este, que combinará actividad de negocios, espacios habitables y de entretenimiento. Es una ciudad dentro de la ciudad. El proyecto fue ideado en 1992 y ya es una completa realidad.

Finalmente, y a sabiendas de olvidar mucho de esta impresionante ciudad, vamos a detenernos en el Metro. De las más de 280 estaciones que actualmente componen su red, alrededor de 40 son consideradas patrimonio cultural. El objetivo de este despliegue era el interés de Stalin en convertirlas en los templos del proletariado. Curiosamente, hoy se ven imágenes de Lenin en todo el país, pero simultáneamente se está tratando de borrar las imágenes de Stalin (y suponemos que las razones son conocidas). Construidas sus tres primeras líneas entre 1935 y 1938, cada estación fue considerada como un proyecto independiente, encargada a ingenieros y arquitectos con el encargo de hacerlas únicas.

Estacion mayakovskayaQuizá la que más impactó a este improvisado reportero fue la de Mayakovskaya (Маяковская), reconocida como una obra maestra del Art Decó, fue la primera estación con columnas profundas del mundo, ganando el Gran Premio Internacional de Arquitectura de París en 1937 y de Nueva York en 1939. En su decoración participó el arquitecto Alexey Dushkin y el artista Alexander Deineka.

Estacion KomsomolskayaComo son tantas y de tan variado diseño y belleza, podemos recomendar como imprescindibles algunas otras, como las de Elektrozavodskaya (con un impresionante sistema de iluminación) o Komsomolskaya (imagen de la derecha) que puede recordar a cualquier palacio de St Petersburgo.  Realmente se necesita al menos la visita a diez o doce estaciones al menos, y que es a lo que realmente suele dar tiempo.

Después de dos días en la actual capital rusa, toca partir, la través del Canal de Moscú para buscar su unión al Volga, y superar las esclusas número 1 a la 6  hasta llegar al embalse de Uglich y, finalmente, alcanzar el primer destino, la pequeña ciudad que da nombre al embalse: Uglich. Como adelanto, allí estaremos en el lugar donde murió (o fué asesinado) el último descendiente del Iván el Terrible, acabando así con su dinastía y nos obsequiarán con una inolvidable interpretación de un coro tradicional.

Pero eso será en la próxima entrega, que aparecerá en breve.

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Por Olga M. Torralba

Me acerqué a Miguelángel en el vinito tras nuestro Madrid Sky para darle la enhorabuena e intercambiar unas palabras, y nos quedamos enganchados entre risas y complicidades el resto de la tarde. Ese clima que a veces sucede cuando las personas conectan hizo ¡chas! y varias Primaduroverales, él, su marido y su amiga Sandra, quedamos imantados.

Cuando Manuel Pozo me ofreció la oportunidad de entrevistarle la cerré como contrato blindado.

Miguelángel tiene el corazón lleno de letras y la mirada de posibilidades, se le van cruzando y así teje sus relatos, sus reflexiones, sus obras de teatro, y cuando le parece nos las deja sobre un folio. Así, como si nada.

En primer lugar, decirte que estoy encantada de entrevistarte como ganador del concurso Madrid Sky VI, ya que como escritor evidentemente has triunfado entre nosotros y es muy bueno tener a alguien de tu talento cerca de Primaduroverales. Pero además tuve la oportunidad de conocerte personalmente entre vinos, después de la ceremonia, y eres de esas personas a las que no hay que dejar escapar. Así que si nos das la oportunidad nos gustaría saber de ti un poco más como escritor y como persona. Dinos, ¿te gusta que en los concursos te marquen unas directrices como en Madrid Sky limitando el número de páginas y con una frase, tomándolo como un reto, o prefieres escribir sin límites y adaptarlo después al concurso? 

Pues me gusta porque son un reto. O sea, si escribo para un concurso, me adapto y busco dar lo mejor dentro de los límites que el certamen impone. Y disfruto con ello. No deja de ser un juego, escribir siempre es un juego.

Pero no me gusta amoldar un relato que ya tenga escrito para adaptarlo a nada. Si ya lo di por terminado en su día, ya tiene vida propia. ¿Sabes cuando a los perros les cortaban las orejas y el rabo, cuando estaba permitido, para que encajaran mejor en lo que se creía que era el estándar de belleza de esa raza en cuestión? Pues esa es la sensación que me ha dado cuando alguna vez se me ha ocurrido hacerlo con un relato para que encajara en algún concurso. Es como si el relato te mirase con sus ojillos de micro y te dijera: ¿pero por qué me haces esto, qué te he hecho yo?

No sé. Ahora me estoy poniendo dramático y me está dando no sé qué por las veces que lo he llegado a hacer, mira tú. Pobrecillos.

Jajaja, sí que tienen vida tus relatos. ¡Incluso orejas y rabo! Así que lejos de limitarte, los concursos te dan la oportunidad de empezar a jugar. ¿Eres metódico escribiendo con horario y lugar, o te mueves en la improvisación?

Suelo escribir sobre todo por las mañanas, cuando tengo las ideas aún por estrenar. Aunque también, si la necesidad me aprieta, puedo hacerlo a cualquier hora y en cualquier sitio. A veces me despierto muy temprano, y antes de ponerme al ordenador, en la cama, ya empiezo a escribir sin luz y sin abrir los ojos. En ocasiones al levantarme, tengo un micro ya tan repasado, que solo tengo que transcribirlo al ordenador, sin apenas ya pensar ni nada. Sí que es cierto, al contrario que mucha gente, no me gusta escribir con música de fondo. Prefiero, si puedo, siempre el silencio.

También me gusta mucho escribir de cabeza cuando voy caminando un largo trecho. Llevo libreta siempre encima, pero no la uso en esas ocasiones, o ya no tanto. Me lo apunto en la cabeza.

Alguna vez también estoy en casa y me preguntan: ¿qué te pasa, estás preocupado por algo? No, contesto, es que estoy escribiendo. O me despido, yendo de copiloto en el coche con un “voy a escribir”, cierro los ojos y me pongo a ello. No sé, lo mismo debería ir al médico.

¡Qué bueno! Has desarrollado una capacidad de trabajo de lo más íntima, incluso con gente alrededor. A mí me parece fantástico. Miguelángel, ¿Cuáles son hasta ahora los temas que más repites en tus relatos y a qué se debe?

El amor, sin duda. El amor en todas sus variantes y en todos sus estados. En el amor y en todo lo que somos capaces de hacer y no hacer por él. El amor de madre, de pareja, de hermano, a las cosas, a la tierra, a tu pasado. Al pasado sobre todo. Casi todo lo que escribo tiene un punto de partida de mi pasado. Y no es que yo haya matado, ni he volado con alas, ni me he suicidado, ni me he comido a nadie, literalmente, digo. Pero, como todo el mundo, tengo un pasado que no ha sucedido, pero pudo haberlo hecho. No sé si me explico. Uno guarda en el recuerdo un detalle minúsculo de su vida y cuando va a buscarlo ha crecido como si el detalle fuera una semilla que se ha convertido en una enredadera salvaje que no ha respetado límite ninguno y sale lo que sale. Uno guarda sin saber para qué ni por qué, hasta que un día le sirve para escribir una historia partiendo de ese detalle minúsculo, de esa riña que presenció, de un vaso que se vuelca, de un gato que desaparece con la luz, de una vecina que lo pierde todo en una riada. O, imagino, las guarda para que cuando sea muy viejecito, recordarlas callando y hacer como si uno fuera feliz solo con estar sentado al fresco.

Qué bonito lo que dices. Son como detalles que se te quedan enganchados por alguna razón, como pidiéndote que los des recorrido ¿verdad? 

¿Has notado si ha evolucionado tu forma de escribir? ¿Y los temas? 

Los temas no han evolucionado mucho. Como digo, sigo hablando del amor, de la niñez, de lo injusto que es vivir para algunos. O para todos en algún momento. De las dudas eternas de los seres humanos, o al menos de los que tengo cerca, que lo normal es que se parezcan al resto.

Quizá he evolucionado en la forma. Pero si lo he hecho no ha sido conscientemente. Es curioso que leo algunos relatos de mi libro y ahora los escribiría de otra manera. O los recortaría, lo contaría con menos palabras. Ay, esa tendencia a recortar (salvo en esta entrevista).

Aunque también a veces acudo al mismo libro o a escritos que tengo por ahí antiguos y lo hago para buscarme, para dar conmigo. Me releo persiguiendo esa espontaneidad que no quiero perder, esa forma mía de ser tan yo escribiendo. Muchas veces soy más yo en mis letras que en todo un día respirando y haciendo lo que hacen en un día aquellos que respiramos.
Escribo sobre el amor. Y la muerte. Soy muy típico. Pero sobre todo el amor. Me muevo muy a gusto en estos dos temas. Quizá porque llevo toda mi vida enamorándome. Y toda también sin morirme, jajaja.

Esos creo que son los temas principales en los que me muevo. Luego estarían los subtemas. Los celos, la envidia, la nostalgia, la pena, el engaño, el enamorarse, el desenamorarse, los malos entendidos, el dolor, el malquerer. Me interesa la perplejidad que producen ambos temas. Escribo mucho sobre personajes perplejos. Creo que siempre nacen así. De hecho, mi voz literaria creo que es pura perplejidad. Lo mismo es que vivo perplejo. Sí, seguramente, va a ser eso.

Es estupendo no dejar de sorprenderse en la vida ¿no? Y si no te sorprende le cambias el final para que así sea. Así eres. Jajaja ¿Algo o alguien en tu vida propició que decidieras escribir? 

Quizá que de pequeño leía mucho. No es que venga de una familia de lectores de grandes obras, o de intelectuales. Teníamos una librería como en todas las casas, de lomos todos iguales, que apenas se tocaban. Con los años sí que mi familia se ha convertido en una gran lectora. Leen de todo, que es lo mejor. Pero de muy pequeño, en casa leía las fotonovelas de mis hermanas: Corin Tellado, Lucecita y cosas así. Y los tebeos que había siempre en los laterales del sofá: TioVivo, Lily, Pulgarcito. Luego crecí un poco y empecé a leer El Caso, de mi padre, y el Pronto. Ya digo, una familia de lo más normal. Pero todo eso sí que me hizo disfrutar del silencio mientras leía. Interesarme por las vidas de los demás, imaginarlas y acabarlas como yo quisiera en mi cabeza. Luego empecé con Los Hollister, los cuentos clásicos que les compraban a mis sobrinos y libros que entraban en casa de Círculo de Lectores. Pronto descubrí a Becquer, luego a Lorca y Machado. Y de vez en cuando iba a la biblioteca del barrio. Una a la que algunos vecinos iban a darse el lote en las mesas del fondo.

Pero sí recuerdo que ya en primaria me gustaba hacer redacciones, que los profes siempre valoraban positivamente. Incluso en clase de lengua, al buscar ejemplos de frases, me esforzaba en que tuvieran su qué. A veces me preguntaban los maestros que de dónde las sacaba. Y era solo que no me conformaba con: “El niño juega con una pelota”. Ya de pequeño prefería poner sujeto, predicado y sentimiento.

Sin duda el sentimiento, tu capacidad y el trabajo han dado buenos resultados en tu camino de escritor. ¿Tienes algún relato o micro propio del que te sientas más orgulloso? ¿Podrías dejarnos aquí unas líneas para que disfrutemos de ello?

Te pongo dos y tú escoges:

LA EXPLICACIÓN

Con esa exactitud tan característica de la ciencia, lo que no flota, se hunde sin remedio; lo que no vuela, cae al suelo. La energía, pura o no, nunca se destruye, pero sí se transforma. Y mucho. Y se convierte en otra cosa. Y aunque la recta tiene una dirección, no olvidemos que también posee dos sentidos. De ida, y de vuelta. Todo lo que sube, baja; lo que entra, sale. Y lo infinito solo está en el cielo. Solo. Por inercia, todo se mueve o reposa. Y la inercia, créeme, es lo peor. Vamos, para que me entiendas, que he dejado de quererte. De corazón y científicamente.

SUELTA

Jamás tuvo costumbre de ceñirse la cintura. Como no la tuvo nunca para sujetarse el pelo en una cola, ni usar sandalias de atarse. Ya de niña era incapaz de mantenerse en fila formando para entrar a clase, o de aunar en su mano las varas de retama que recogía en el camino. Tampoco aprendió a colorear dibujos sin salirse de los bordes. Y dejaba escapar adrede los globos, solo para mirarlos subir, decía. La madre, a la que nada le extrañó, no ha contado a nadie, para que no la tomen por loca, que al parirla, asombrada ,notó con extrema claridad, en vez de a la niña que venía, cómo con el último empujón, de entre sus muslos una bandada de aves alzaba el vuelo.

El primero está incluido en mi libro. El segundo fue posterior a su publicación.

Pues me pasa lo que a ti, que no puedo elegir. Que escojan los lectores de esta entrevista. ¿Un libro? ¡Cuéntanos!

El libro se titula De lo que quise sin querer lo que quise sin querer”. Es un libro de microrrelatos, publicado por la Editorial Talentura, gran defensora e impulsora del género, que es de aquí, de Madrid. Se publicó en el 2014. Consta de 114 piezas escritas que, como su título indica, habla de todo aquello que uno acaba haciendo y queriendo, sin proponérselo. Como respirar, o recordar. Lo escribí un poco igual que vivo, por impulsos, poniendo mucho estómago y pecho y muy poca cabeza y sesera. Tirando mucho de mi pasado para hacer un collage con el presente, y que quede algo verdadero y que duela; que duela bien, con dulzura, con cariño, risueño, pero que duela. De hecho, mucha gente me dice, el libro es como tú, niño. Leo y parece que te esté oyendo hablar a mi lado. Y ahora, si lo pienso muy a fondo, da un poco de miedo ¿no?

Está dividido en tres partes: “Cosas de amar”, “Cosas de morir” y “Otras cosas sin querer”. Este libro me ha dado muchas, muchas alegrías. Y me las está dando aún. De hecho, hay incluso dos obras de teatro basadas en textos de este libro. Fabulantistas, de la compañía “Pendientes de un Hilo”, y “Del amor, la muerte y otras chiquilladas”, esta escrita por mí y aún sin estrenar.

Que duela con dulzura dices. Estoy convencida de que es de esas obras evocadoras, que te deja con ganas, y de las que se saca algo para escribir. En cuanto al teatro, recuerdo que comentamos después de la celebración del Madrid Sky, lo compaginas con la narrativa. ¿Ha sido siempre así?

Si, también escribo teatro desde bien jovencito. Pero no lo he hecho continuamente a lo largo de mi vida. He tenido etapas.

Tengo varias obras estrenadas, como la que se mantuvo aquí, en el Teatro Alfil, casi un año en cartel: Anda que no te quiero, y que hace poquito se ha utilizado también en una escuela de teatro de Barcelona, “Plató de cinema”, como trabajo de final de carrera de unos alumnos. Me encantó el trabajo que hicieron. Mira, y esa en concreto la escribí a principios de los noventa. Creo que ha sabido envejecer. Tengo otras también estrenadas y otras que aún esperan la ocasión.

Últimamente he escrito mucho microteatro, piezas que no pasan de 15 o 20 minutos. De estas tengo una veintena, casi todas estrenadas. Y también tuve una de ellas en Madrid, en “Microteatro por Dinero”, la pieza “La más indicada”. Todo mi teatro es muy yo también, dicen. Es curioso que cuando alguien ve o lee alguna de mis obras, me cuenta que es como si yo sobrevolara el escenario, o como si se estuvieran leyendo de nuevo el libro u otro nuevo, pero parecido. Cosa que, según se mire, no sé si es buena o mala. Jajajajaja

Pero lo cierto es que puedo presumir, y lo sé porque a fuerza de que me lo repitan, he pensado que debe haber algo de cierto en ello, de tener voz propia. Y eso me da que es bueno. O no. Vete a saber. Porque si esa voz personal es un churro y me lo repiten con segundas, cagado la hemos.

Lo más importante, eso sí que lo tengo clarísimo, sin que nadie me lo tenga que decir, es que debes sentir que disfrutas mientras estás escribiendo. Porque se trata de eso. Y si no estás gozando en ese momento, es que a lo mejor estás escribiendo en falso. O no lo estás haciendo para ti. Y no escribir para ti, estoy seguro de ello, no debe ser bueno.

¡Cómo me gustan tus títulos! No dejes de avisarnos para la próxima representación de una obra, que estaremos encantados de asistir.

Ya que esta entrevista sale de tu merecido primer premio en el Madrid Sky me parece pertinente mencionar algunos otros en los que también has sido premiado o finalista. El mismo día de nuestro concurso, te notificaron que eras el Ganador Anual en la categoría en castellano del VIII Certamen de La Microbiblioteca. Además, a esta final era la cuarta vez que llegabas. También has sido finalista anual en Relatos en Cadena, durante dos ediciones. En la segunda, te quedaste con el Tercer Premio.

El pasado año también recibiste uno de los tres accésits en el II Concurso de Microrrelatos Monte de Piedad Carmen Alborch y fuiste uno de los tres ganadores del Primer Certamen de Microrrelato del Ajuntament de Montcada i Reixach, además de ganador o finalista en otros muchos concursos de microrrelato.

La revista Vinos y Caminos es la patrocinadora del primer premio del certamen literario Madrid Sky.

¿Has concursado con alguna obra de teatro?

Aparte de haber tenido obras seleccionadas en diferentes muestras teatrales, como Casa Groga o Píndoles, este año me presenté por primera vez a un concurso de textos teatrales, el VI Premio de textos de teatro Carro de Baco, resultando ganador con la pieza, “La Sombra”, que ellos mismos pondrán en escena el próximo octubre.

¿Recuerdas alguno de los premios con especial cariño?

No sabría escoger cuál me ha hecho especial ilusión. Quizá el del teatro, por ser la primera vez que gano algo así. O el de La Microbiblioteca, por lo que supone conseguir un premio tan concurrido. O este de Madrid Sky, que no me esperaba para nada. O los de Relatos En Cadena, por todo lo que supone, y hablar con Francino, y que te escuchen por la radio. O uno que organiza mi amiga Esperanza en Soto de Sajambre, llamado el Roblón, donde he sido finalista varias ediciones. O el de Realidad Ilusoria, de mi tocayo Miguel Ángel Page, que organiza cada año por Navidad, en el que siempre quedo finalista y espero ganar algún día. O el de Cartas de Amor Antonio Villalba, de Escuela de Escritores. O el de… Jo ¿he de escoger solo uno?

Jajaja, no, ya veo que tienes cariño para dar y tomar. ¿Miguelángel qué recomendarías a alguien que comienza a escribir y qué errores le evitarías?

Que escriba, que escriba, que escriba y que lea. Que lea, que lea y que escriba. Y que corrija mucho. Y que se atreva. Que se atreva, que todo ya está escrito y todo está por escribir.

Nuestro patrocinador del primer premio “Vinos y Caminos” nos acompaña hace unos años. ¿Qué te sugiere su nombre como escritor? Es decir, en dos pinceladas, ¿de qué escribirías un relato al respecto?

Un sumiller, un catador de vinos en busca del caldo perfecto, que recorre países y territorios, hasta, después de muchos viajes y desilusiones, dar un día con él, justo en la bodeguilla de toda la vida de debajo de su casa.

Antón Alonso entrega el primer premio del VI certamen Madrid Sky a Miguelángel Flores

Muy interesante, al final encontrar cerca lo que buscas después de viajar y enriquecerte con ello, para aprender realmente a “ver” lo que nos parece que no puede ser tan fácil. Para terminar, ¿qué libro nos recomendarías y qué relato? 

Pues mira, ahora mismo recomendaría “Hierba veloz y púrpura”, de Asier Susaeta, que me estoy leyendo estos días y me está dando mucho que pensar. Es un libro de microrrelatos. También podría recomendar el libro que más veces he leído y que más he recomendado: La vida ante sí, de Emile Ajar. Lo leo desde adolescente una y otra vez. Creo que su forma de contar las cosas influyó mucho en la manera de hacerlo a mí. Esa voz infantil que aflora en muchos de mis textos es prima de la de este libro. O es prima o son del mismo barrio.

En relatos: Casa Tomada, de Cortázar. O cualquiera de Ana M. Shua o de Millás. De Manu Espada, de Ginés Cutillas. O más nuevos, de Mar Horno, de Portabales, de Víctor Lorenzo, de Lola Sanabría. Ernesto Ortega, Jesús Esnaola, Pedro S. Negreira… Uf, no acabaría nunca.

Hay muchos autores, de los reconocidos, de larga trayectoria, y de los de nueva hornada, que antes se lo han leído todo a los anteriores y se nota, de los que hay mucho, mucho que aprender. Mucho, mucho, mucho. El microrrelato, y con él el relato, está en auge, y es una gran época de cosecha. Hay que aprovecharla.

Muchas gracias por tus consejos literarios, por esta extensión de ti mismo, por tu entusiasmo y tu talento, y por dejarnos descubrir todas estas facetas tuyas. Nos encantará seguirte en tus caminos a través de la literatura y personalmente. A Primaduroverales nos gustaría mantener este vínculo que acaba de formarse, así como ocurrió con premiados de anteriores ediciones. Gente estupenda que escribe estupendamente.

Ha sido una suerte conocerte y un placer entrevistarte Miguelángel. Te deseamos muchos éxitos y sobre todo que sigas disfrutando de la literatura como lo haces, y que nosotros lo sigamos haciendo también con tus obras.

 

Olga Torralba es miembro de la asociación Primaduroverales, Grupo de Escritores.

Domingo Jiménez Lacaci

Por Francisco Plaza.

Domingo Jiménez Lacaci obtuvo el segundo premio en el VI certamen literario con el relato Cerrado por gestión, del que el jurado dijo que era un cuento complejo, intenso, lleno de sugerencias, de sensaciones y de lecturas diferentes. Es ingeniero de caminos y dedica parte de su tiempo libre a escribir relatos y obras de teatro. Ha sido finalista del Certamen Internacional Max Aub del año 2015 y en el X Certamen Internacional de Relato Breve sobre Vida Universitaria “Universidad de Córdoba”. En el campo del microrrelato ha llegado a ser finalista mensual en el Concurso Relatos Encadenados de la Cadena Ser (año 2016).

Eres ingeniero civil y estás implicado en proyectos de gran envergadura, como un parque temático sobre la historia de España en Toledo. ¿De dónde sacas tiempo para escribir?

Yo tengo la suerte de no dormir mucho y también aprovecho ratos más largos los fines de semana para sentarme a escribir. Mis hijas ya son mayores y vuelan solas. Al final todos acabamos sacando el tiempo para aquello que nos gusta. Aún así, en mi caso yo creo que paso tanto tiempo pensando qué escribir y cómo enfocarlo, que realmente tecleando.

¿Qué es lo que te motiva para enfrentarte a un folio en blanco?

Muchas veces tengo una historia que se me ha ocurrido, en la calle, conduciendo, paseando a la perra por el parque, y empiezo a madurarla. A los pocos días ya no admite más reflexión, ya no puedo desarrollarla más sin escribirla, y el cuerpo me pide sentarme y echarla fuera. Es una necesidad, sale sola.

Has participado, con éxito en varias ocasiones, en muchos concursos de relato corto. ¿Es ese tu género favorito?

Bueno, favorito porque me permite tener un producto acabado para presentar en muy poco tiempo y el tiempo no es algo que yo tenga en abundancia. Desde ese punto de vista, desde luego, pero me gusta también mucho adentrarme en proyectos de larga distancia.

Algunos opinan que el relato corto es un género “menor” en la literatura. ¿Tú qué piensas?

No, desde luego que no lo es. Me gusta mucho la historia de Alice Munro, la escritora canadiense que escribía cuando sus obligaciones de madre se lo permitían, y por eso solo escribió relatos, y aún así, consiguió el Nobel de Literatura en 2013. Es menor cuando los que escribimos regular lo hacemos menor, pero los maestros lo hacen tan hermoso e importante como la novela.

Tu relato “Cerrado por gestión” tiene un giro inesperado y sorprendente al final. ¿Cuándo te pusiste a escribirlo sabías que iba a terminar de esa manera o querías ese final y el resto del cuento lo hiciste en consonancia?

No, no tenía ni idea. Aunque no lo creáis, a mí tampoco me había contado su secreto este peluquero tan rarito. Es algo bastante habitual que arranques con un rumbo y, por mucho que tú quieras, los personajes que has creado y sus circunstancias no se dejan llevar allí. Es una batalla inútil y cuanto antes te rindas, mejor. Ellos siempre tienen razón.

El jurado comentó respecto a tu relato que podía ser el germen de una novela ¿Te atreverías con una novela?

Para eso necesitaría tiempo, que quizás sea lo más fácil de conseguir al lado de lo que voy a añadir. También necesitaría mucho orden y mucha disciplina, características que no son mi fuerte. Un relatista es un sprinter de cien metros. Un novelista es un maratoniano. Son cosas muy distintas con técnicas muy diferentes. Meterte en el proyecto de una novela es un asunto de mucha entidad como para no medir antes tus fuerzas.

Has escrito e interpretado la obra de teatro “Pensión Paquita” en 2018. Con funciones en diversas salas de Madrid y con llenos en algunas de ellas. Para un actor son muy gratificantes los aplausos del público; pero si además eres el autor la satisfacción debe de ser enorme ¿no? Pero si tuvieras que elegir ¿quién se siente más complacido, el actor o el autor?

Eso fue una de las experiencias más bonitas de mi vida, escribir de encargo para mis amigos y compañeros actores una obra que al final quedó divertidísima. Yo me adjudiqué un papel secundario de jefe de mantenimiento de la pensión, porque ahora que nadie nos oye, soy un actor nefasto. Pero ese momento, entre bastidores, cuando no estás en escena y escuchas a trescientas personas que se están riendo con los diálogos de los personajes que tú has creado, es una experiencia inolvidable. Entre los dos oficios, me quedo con el de autor, para el bien del teatro aficionado.

¿Tienes algún proyecto en la cartera?

Tengo el encargo de escribirles a esos mismos amigos una segunda obra de teatro para sacar adelante y representar en 2020. Y algún proyecto de novelita corta que tengo esbozado, a ver si puedo afrontarlo sin quedarme exhausto a mitad del camino.

¿Dónde buscas la inspiración?

En la calle. Cuando no sé de qué escribir, me voy a la calle, a mirar, a ver la gente, las cosas que pasan, al metro. En una hora en una plaza de Madrid una tarde de buen tiempo, hay más historias que en mil talleres de escritura juntos.

 ¿Te resultó inspiradora la frase “No quería imaginar cómo había llegado hasta allí”, obligatoria de comienzo del relato para el concurso Madrid Sky?

Más que inspiradora era fácil para arrancar cualquier tipo de relato. Nos describe a alguien sorprendido, y ¿qué relato no tiene a un sorprendido dentro? No sé cómo os surgió la frase, pero si fue elegida, fue un gran detalle de amabilidad. Sin sorpresas no hay historias.

¿Has ido a talleres de creación literaria o eres autodidacta?

Sí, estuve acudiendo tres cursos a un taller literario de Nuria Gómez Cal, donde escribimos muchísimas páginas. Luego he cursado tres cursos trimestrales más en la Escuela de Escritores con Enrique Páez y Alberto Baena.

¿Tienes algún método a la hora de ponerte a escribir?

Depende. En este caso busqué palabras sueltas e suficientemente inconexas: peluquero, semáforo y confesionario y desde ahí intentar montar un argumento. A veces funciona. Otras se me ocurre una frase, un instante, un diálogo, un disparo, un beso, una muerte. Incluso un título, o un final. Algo que me parezca suficientemente sólido y grande como para que sea la primera piedra de una historia y empezar a construir un relato a su alrededor.

¿Haces participes de tus escritos a las personas que te rodean?

Sí, a mi familia y mis amigos. También a las personas que he ido conociendo a lo largo de estos años escribiendo. A estos últimos les pido que no tengan la piedad y la empatía que suelen tener los primeros, de los que no hay forma de sacar una crítica auténtica que te deje las vergüenzas al aire. Los amateurs amigos son una gran ayuda porque esos sí que te hacen ver la cruda realidad. Y gracias a Dios.

¿Cuándo consideras que tienes un escrito terminado?

Un escrito nunca está terminado al 100%. Son como los proyectos, que se cierran y firman cuando el cliente te pide que se los entregues, pero nunca porque tú consideres que ya está perfecto y que no admite ni una vuelta más. Se dice que toda casa es susceptible de mejora hasta la ruina del propietario, por pequeña que sea la casa y por rico que sea el propietario; pues lo mismo con los escritos. O te cansas de darles vueltas y ya los dejas o los cierras y los envías porque se acaba el plazo del concurso.

¿Qué opinas sobre las empresas que como Vinos y Caminos, y La Rebujita, que te entregó el segundo premio, patrocinan un premio literario de relato corto como Madrid Sky?

Cualquier empresa que patrocine el fomento a la escritura y la lectura es bienvenida. Ojalá hubiera muchas más. Ojalá se fomentara más la escritura, el teatro, la lectura, las exposiciones. Los premios pueden ser un incentivo muy importante.

¿Qué tal ha sido la experiencia con el concurso Madrid Sky? ¿Repetirías?

Ha sido una experiencia gratísima. Aprovecho aquí para agradecer el cariño y el calor que le poneis a la ceremonia de vuestra final. Todos los detalles tan cuidados para que los finalistas nos sintamos los protagonistas. Os felicito por hacerlo tan bonito entre todos vosotros.

Por último, recomiéndanos un libro y un relato.

Qué difícil escoger uno. Quizás un relato muy impresionante por la sorpresa que me produjo cuando lo leí hace ya tiempo fue La autopista del Sur, de Cortázar. Me influyó en buscar siempre sucesos extraordinarios y meterlos en mis textos. Son el famoso “cocodrilo” metido en tu cama del que habla el profesor Ángel Zapata: no puedes pasar por allí sin girar la cabeza de tanto como te llama la atención.

En cuanto a libros, me interesan muchos las historias del “qué pasaría si…”. El famoso “y si …” que es el origen de tantas novelas maravillosas. Yo me fuerzo a preguntármelo a menudo para que surjan las historias. El mejor que yo he leído en ese ámbito es Saramago. Quizás el Hombre duplicado o el Ensayo sobre la ceguera, que no son otra cosa que varios cientos de páginas con Don José contestando a esa pregunta mágica.

Francisco Plaza Nevot es miembro de la asociación Primaduroverales. Actor de teatro aficionado, es coautor de los libros 2056, Anno Domini y Magerit. Relatos de una ciudad futura.

 

 

 

Me gustan las películas que tratan sobre libros. Hace tiempo comenté en este blog la película El irlandés del director John Michael McDonagh. Lo hice porque en una escena aparece un libro, Oblomov, que comentamos en nuestro taller de creación literaria. En la escena un policía visitaba en una residencia de la tercerea edad a su madre, que estaba leyendo Oblomov. El comentario del protagonista merecía por su mismo una reseña: ”No me gustan los jodidos rusos, tardan mucho en ir al puto grano”.

En marzo nuestro compañero Josu Bilbao reseñó ¿Podrás perdonarme algún día?, de Marielle Heller, centrada en una escritora en decadencia que comienza a falsificar cartas de escritores y celebridades como medio de ganarse la vida, y anteriormente Paco Plaza había reseñado La librería, de Isabel Coixet, en la que una mujer decide abrir en un pequeño pueblo de la Inglaterra de 1959 una librería, la primera que se inaugura en la zona, en contra de la oposición vecinal.

En esta ocasión quiero escribir sobre una película que se centra en una biblioteca. Se trata de La biblioteca de los libros rechazados, de Rémi Bezançon. La película está basada en la novela del mismo nombre del escritor David Foenkinos. En ella una joven editora (Alice Isaaz) descubre una novela magistral escrita por un tal Henri Pick, el dueño de una pizzería fallecido dos años antes. Lo hace en la biblioteca de un pequeño pueblo de Bretaña, en la que el bibliotecario se ha dedicado a dar una segunda oportunidad a los libros que han sido rechazados por las editoriales. La novela se convierte en un éxito de ventas, pero la viuda de Henri Pick asegura que su marido jamás leyó un libro y lo único que escribió en su vida fue la lista de la compra. Es entonces cuando un obstinado crítico literario (Fabrice Luchini) duda de la autoría de la obra y se une a la hija de Pick (Camille Cottin) para desentrañar el misterio. Comienza entonces una investigación con una trama en torno a una investigación literaria en la que el detective es un crítico que no busca a un asesino, sino al autor desconocido de un libro.

En esta película el espectador no se va a encontrar un derroche de efectos especiales, ni grandes persecuciones, ni explosiones y tiroteos, pero resulta muy entretenida, tiene muchos golpes de humor y mantiene el interés desde el principio. Y se agradece que el mundo del cine, que tiene tanta interacción con la literatura, escarbe en las miserias del mundo editorial para hablar de la frustración de muchos autores que no llegan a alcanzar el éxito; escritores que a pesar de su calidad no logran la suficiente atención por parte de los medios, ni hueco en la mesa de novedades de las librerías, y que se ven condenados inevitablemente a la invisibilidad. Estoy seguro de que muchos escritores se sentirán identificados con esta película que recomiendo sin dudar.

Manuel Pozo Gómez es miembro de la asociación Primaduroverales Grupo de Escritores. Es autor del libro de relatos Violeta sabe a café, (Premium editorial) y coautor, entre otros, de los libros Madrid Sky, (Uno Editorial); Cuéntame un gol, cuentos de fútbol  y Magerit. Relatos de una ciudad futura (Verbum editorial) y RRetratos HHumanos editorial Kolima).

Jesús Tíscar Jandra

Por Manuel Pozo Gómez

Jesús Tíscar es una persona singular. Es de Jaén y ama su tierra, aunque lleva un tiempo viviendo en Murcia. Es sincero, dice lo que piensa, no tiene pelos en la lengua. Según él, no le gusta la gente, pero le encantan los bares, lo que es algo contradictorio. En la conversación cara a cara resulta entrañable y da gusto hablar con él. Tiene la valentía de aquellos que un día decidieron que se iban a ganar la vida escribiendo, y lo está consiguiendo. Escribe teatro, relatos cortos, novela y artículos periodísticos. No para. Le dedica todo el día, y es que respeta, ama y sufre con el oficio de las palabras. Jesús Tíscar no deja indiferente, su escritura tampoco.

He leído que los bares te encantan. Eso de ganar premios literarios por toda España te habrá dado la posibilidad de conocer un montón de bares…

Oh, sí, desde luego, desde luego. Las bibliotecas, los ateneos, los círculos del arte y todos esos primorcicos están muy bien, pero aburren hasta el traumatismo craneal, y yo, para accidentarme la cabeza, prefiero los bares, a poder ser con moscas abstrayentes y camarera malencarada. Eso sí, en soledad y que nadie me hable.

¿La cerveza y la literatura hacen un buen maridaje?

No. Yo, escribiendo, sólo bebo agua y además tildo ese “sólo”, porque soy tildesolista y ninguna RAE me va a cambiar. La cerveza es el premio a esta heroicidad de escribir todos los días y de ser un escritor a la antigua, como los de antes, con gafas, cuando abundaban. O sea, con la cerveza me trago las lágrimas y luego río y canto por Peret, que se me da muy bien, y le hago cucamonas al destino. Después me pongo serio, lleno mi botella Redcliffs de agua desalada del grifo y escribo como si no hubiera un mañana ni un antier. Eso hago. Pero jamás mezclo cerveza y literatura, ¡jamás!

Tú eres un hombre muy crítico, sin pelos en la lengua. Esto de la cultura se está poniendo chungo en algunos sitios, ¿no te parece?

La cultura, en general, me la pela muchísimo, sobre todo porque uno no puede estar disgustado por varios frentes, eso no lo aguanta nadie y hay que tomar medidas higiénicas para que no se te vayan las ganas de vivir. Cada uno que se cabree con lo mal que está su campo. La literatura, sí, chunga. ¿Has visto esos anuncios de “escriba un best seller en 60 días y conviértase en novelista de éxito”? Pues eso lo explica todo. Hoy, cualquier gilipollas sin mocos y con faltas de ortografía te escribe un libro y lo publica. Porque tiene derecho. Y te tienes que aguantar. Porque tienes la obligación. Y que no me vengan con que los lectores deciden: los lectores tragan con todo mientras se lo den con mermeladica de guay o lo haya escrito el nieto de la Josefina, que es tan guapo.

Contigo hay que ir por partes. Has ganado dos premios de novela de los más importantes de este país: el premio de novela negra «Ciudad de Getafe» con La japonesa calva (Edaf), y el premio de Novela «Felipe Trigo» con La Poetisa (Algaida). ¿Sientes que tu trabajo como novelista se ha reconocido?

No. He de insistir. Y a ello me pongo todos los días (menos los domingos, que me los paso resolviendo los dameros malditos de Virginia Montes) de nueve y media a una y media y de cinco a nueve. No obstante, ya estoy mayor, se me está encaneciendo el pubis y no me importa tanto lo del reconocimiento, lo del reconocimiento es importantísimo cuando se tiene un pubis zaíno que da gloria verlo, después deja de ser prioridad. O sea que ahora es cuando va a venir, porque las cosas vienen cuando ya no te urgen y los genitales te blanquean. Y el reconocimiento va a venir cuando publique —os vais a cagar— la obra maestra que estoy terminando y que me va a dar para muchos bares. Pero, repito: solo y sin relacionarme con nadie, por favor. No aguanto a la gente.

A estas dos novelas se suma Memorias de un gusano y un libro con tres novelas cortas publicado por el Grupo Tierra Trivium, Yo, señor, no soy malo. ¿Has cubierto tu cupo como novelista?

No. Me quedan tres más. Las tengo en el teclado, mira, ya las iré pulsando. Y cuando las pulse y vacíe el teclado de ellas, tiraré el portátil, mandaré al carajo la escritura y me compraré un hurón para finalizar mis días con la misión cumplida. He dicho. Nadie podrá impedírmelo.

Hablando de Tierra Trivium. Tierra Trivium es una editorial con la que algunos de nuestros asociados mantienen una buena relación ¿Cómo te llevas con el mundo editorial?

¿Yo? Bien, bien. Al autor le dan el 10% de las ventas, sin IVA, pero bien, bien. Las editoriales son unas instituciones maravillosas que velan muchísimo por sus autores y que te mandan pictolines cuando te resfrías. Y en el caso de Tierra, además, es verdad. Luego están las que, si te resfrías, les importa un pito y hasta dejan de hablarte, como por ejemplo Algaida, pero bueno, al señorito no hay que morderle la mano, entre otras cosas porque hay que tener estómago para hacerlo.

Dicen que tienes una forma de escribir arrolladora y barriobajera, envolvente, subyugante, familiar y con un vocabulario callejero de los bajos fondos. Sin embargo has ganado numerosos certámenes de relatos, y quince de tus relatos premiados están recogidos en el libro La camarera que me escupía en los chupitos de whisky. ¿Te divierte ser tan provocador?

Sí, me divierte, porque los provocados suelen ser muy tontos y ponen unas caras graciosísimas. Me meo. La culpa del provocador la tiene el provocado. El provocado no suele estar bien, se nota en que, cuando algo no está a su gusto, se pone a decir memeces, y para eso hay que estar muy cipote. Ahora vivimos la era de los ofendiditos (me encanta el término) y la verdad es que el escándalo se está devaluando, ya no es lo que era, ahora abunda tanto que aburre. Y respecto a los premios literarios, pierdo más que gano, precisamente por eso, creo, porque mi lenguaje literario no es muy de jurados. Los jurados tienen que recoger a los niños del colegio cuando terminan de deliberar y eso les resta gusto por otras cosas que no sean “él giró sobre sus talones” y demás hallazgos narrativos. Por cierto, La camarera que me escupía en los chupitos de whisky (y otros 15 relatos pellejos) es un libro que gusta muchísimo, que está agotado, que tiene una portada maravillosa y que me ha dado grandes satisfacciones. ¡Me lo hice yo mismo! ¡Me quité de pejigueras! ¡No repartí con nadie! ¡Y eso es muy sano! Creo que repetiré.

¿Te expresas mejor con el relato o con la novela?

Con ambos. La diferencia es que, con la novela, te tienes que expresar mejor durante más rato.

¿No se te ha ocurrido alguna vez convertirte en un “niño bueno” y ser menos irreverente?

No. El respeto y la irreverencia no consiguen nada, cierto, son dos inutilidades más, como tantas con las que acarreamos: los vecinos continúan dando los buenos días sin que nadie se lo pida, la ultraderecha avanza a pesar de todo, los sugus se siguen pegando a las muelas, la prensa está amariconá, la sociedad se disgusta se dices amariconao y el Mar Menor no para de morirse por culpa de Dios y de su Madre, pero con la irreverencia te lo pasas bien, es masticable, da que pensar, suena, se te sube por las pantorras, chilla. Entonces… la opción está clara, me parece a mí. Además, a lo establecido y a lo sagrado y a lo intocable hay que meterle meneos de vez en cuando para que no se enquiste en ridículo o en tirano. Sé de lo que hablo, soy de Jaén.

Has sido el tercer premio del VI certamen Madrid Sky con el relato Escena sobre la persistencia de las luces, una alegoría moderna de Luces de Bohemia, de Valle-Inclán. ¿Quién es para ti Valle-Inclán hoy en día?

El inventor del esperpento, que es el único género por el que debería moverse el teatro. Ya sé que es muy cateto lo que digo, pero es lo que hay. Soy cateto. Y además estoy gordo. El teatro, para mí, es un mierdón si no hay esperpento. Y punto. Al ser humano hay que sacarle en escena lo ridículo y lo patético que es. Y lo marrano, sobre todo lo marrano, las marranadas que se gasta. Todo lo demás: comedieta de sofá o tostonazo pedantorro. Del teatro hay que salir jodido, salpicado, asqueado, con cuarto y mitad de alipori y flojo de risa sádica.

Has escrito y estrenado varias obras de teatro, la última de ellas Verracas. Creo que en el mundo del teatro tienes mucho que decir ¿Es el teatro el género en el que te encuentras más cómodo?

No, ¡de ninguna de las maneras! Soy narrador y cuando los narradores nos ponemos a escribir teatricos, se nos va la olla mucho y la cagamos. Yo he ido aprendiendo a ser dramaturgo, pero aún no tengo ni puta idea. No obstante, con la última obra, Verracas, creo que empecé a enterarme de lo que iba la cosa. El teatro lo escribes para cuerpos, no para hojas de papel, y los cuerpos van a decir más de lo que les escribes. Toma ya.

Sé que son campos diferentes, pero cómo te encuentras más a gusto ¿cómo autor teatral o como actor?

Escribiendo me encuentro más a gusto siempre, sobre todo si por lo que escribo ya tengo el dinero apalabrado. Es mi trabajo. Como actor… he disfrutado, a veces, y dicen que no lo hago mal, casi siempre de villano y malahostia, claro. Pero nunca tuve vocación, he hecho teatro y cine de casualidad, por culpa del director de escena Miguel Ángel Karames, que me lió, y casi siempre con las gafas quitadas, con lentillas, que no sé pegármelas y me las tienen que poner, es un engorro. Pero el de actor, sobre todo el de teatro, es un oficio muy perro en el que se trabaja mucho (no sólo actuando) y se cobra poco. Te tiene que gustar hasta el orgasmo, para perseverar. Y luego están los concejales de cultura de los pueblos en los que actúas, que hablan mucho y no huelen bien, huelen como a voltímetro por dentro.

Hay que ser optimistas, aunque los políticos nos lo pongan difícil. Hay empresas que apuestan por la cultura. Nosotros hemos encontrado patrocinadores que nos ayudan para continuar con nuestro certamen. El tercer premio, que ganaste tú, lo patrocinaba la empresa Question Box. ¿Hay esperanza para la literatura?

¿Y por qué diantres hay que ser optimistas? ¿Y qué políticos? ¿Hay políticos en España? Coño, pues no lo parecen. Parecen cuñaos echando una pachanga hasta la hora de la paella y el tintorro. Y no; no hay esperanza para la literatura. Ya no. Hay esperanza para Netflix.

Para finalizar, ahora que empieza el verano. ¿Nos podrías recomendar una novela y un relato?

Sí, claro, por qué no, lo haré, lo haré. Pero no por el verano, coño. No hagamos de la literatura una cosa veraniega, maldita sea. Reñido lo cual, veamos. Novela: La noche que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie, de Antonio Tocornal. Relato: La despedida, de Ignacio Aldecoa, el cuentista más grande que ha dado este miserable país de santeros, mareaperros y cagarruinas.

Te agradezco, Jesús, que te hayas sometido a este tercer grado. Es lo que tiene ser un autor de novela negra de éxito ¿Te gustaría añadir algo más que no te hayamos preguntado?

Sí, sí, me gustaría añadirlo. No soy un autor de novela negra. La japonesa calva ganó un buen premio de novela negra, el de Getafe, pero no es novela negra, aunque podría serlo. Al jurado le gustó por eso, porque ya estaba un poco harto de detectives borrachos y culones y de intrigas ya bastante chonías. Pero yo no tengo los géneros claros. No señor, no los tengo. Eso es cosa de lectores, que lo etiquetan todo y se lo pasan bien. Déjales que disfruten, si total, para lo que van a durar…

Manuel Pozo Gómez es miembro de la asociación Primaduroverales Grupo de Escritores. Es autor del libro de relatos Violeta sabe a café, (Premium editorial) y coautor, entre otros, de los libros Madrid Sky, (Uno Editorial); Cuéntame un gol, cuentos de fútbol  (Verbum editorial) y Mar de relatos (Editorial ECU) y RRetratos HHumanos editorial Kolima).

Julio Rodríguez Díaz, miembro de la asociación Primaduroverales, continúa con una trayectoria literaria que comenzó con su participación en el libro Madrid Sky (2013) y que ha cobrado intensidad en los últimos meses. En el mes de noviembre de 2018 presentó el libro Magerit. Relatos de una ciudad futura, publicado por la editorial Verbum. Magerit se trata de un libro de diez relatos de ciencia ficción, de diez autores diferentes, que cuentan la historia de Magerit, una ciudad superviviente de Las Guerras del Agua. Anteriormente, en el año 2014, Julio Rodríguez Díaz había publicado con la editorial Verbum el libro Cuéntame un gol. Cuentos de fútbol, otro libro de relatos de varios autores que tenía como eje central el fútbol, lo que da una idea de la versatilidad de Julio Rodríguez como autor.

En marzo de 2019 Julio presentó el libro RRetratos HHumanos, publicado por la editorial Kolima. Este libro de relatos está escrito por once personas relacionadas con el mundo de los recursos humanos, muchos de ellos directores de Recursos Humanos de importantes empresas españolas. La obra tiene como protagonistas a los miembros del departamento de Recursos Humanos de una gran empresa. El libro trata de las personas, de la capacidad, solo humana, de caerse y levantarse, de reinventarse sin fin, de la tensión que experimentan algunos profesionales que se debaten entre lo correcto y las tentaciones que se les plantean, que les llevan a difíciles encrucijadas. RRetratos HHumanos es la segunda parte del libro RRelatos HHumanos, publicado por la editorial Lid, que fue escrito por los mismos autores en 2017.

Por último, el pasado miércoles 17 de julio tuvo lugar la presentación del libro Consejos en las dependencias de ESADE, en Madrid. La mesa de ponentes contó con la participación de Silvia Leal, doctora en Sociología y experta en estrategia digital; Eva Levy, presidenta de honor de WomenCEO; Mario Lara, director de ESADE de Madrid; José Luis Moreno Casas, director de Board Advisory en la firma EY abogados y Julio Rodríguez Díaz, director de la Red de Mentoring de España.

El libro, editado por Punto Rojo, trata sobre la estructura y la organización de los consejos de administración. Es un libro técnico en el que veintidós autores reflejan su experiencia y su punto de vista para afrontar el asunto desde distintas perspectivas. Sus aportaciones, muchas de ellas basadas en vivencias personales, ofrecen contestaciones a preguntas tan importantes como cuál es la naturaleza de un consejo de administración, cuáles son las oportunidades profesionales que ofrece participar en un consejo de administración o cómo se forma y cómo se controla un consejo de administración. Julio Rodríguez Díaz, aporta su experiencia como comunicador y coautor de los libros RRelatos HHumanos (Lid editorial) y RRetratos HHumanos (editorial Kolima) anteriormente citados, para tratar en Consejos de tres habilidades que él considera fundamentales para ser consejero de una empresa: saber escuchar, tener capacidad de hacer buenas preguntas y saber comunicar.

Alberto Ramos Díaz fue finalista de la IV edición del certamen Madrid Sky. Ha repetido en la sexta edición con un relato perfectamente construido, que nos sitúa de entrada en medio del conflicto, y que tiene un giro final sorprendente. Poco más se le puede pedir a un relato.

Nacido en Valladolid, se siente madrileño tanto por adopción como por convicción. Formado en distintos talleres de creación literaria, entremezcla la narrativa con la dramaturgia donde a su faceta de escritor suma la de actor y director de teatro no profesional. Entre sus galardones destacan: Premio Rojas Zorrilla como autor teatral; premio José María Rodero como actor, y primeros premios de relatos Ciudad de Villajoyosa, García Lorca, Liceo de Orense, Dulcinea, Coloquio de los Perros, Reyes Huertas, Rosa Reboredo, Ciudad de Benagalbón, Ciudad de Getafe, Corpus Christi y Villa de Madridejos.

Con esta reseña biográfica del último de los finalistas damos por cerrada la publicación de los relatos de la VI edición. Agradecemos de nuevo a los patrocinadores el esfuerzo que hacen por mantener vivo el certamen literario Madrid Sky.

A Antón Alonso Suárez, director de Vinos y Caminos y a Luis Gulín Iglesias, redactor de Vinos y Caminos y representante de bodegas Sameirás. Ambos fueron los encargados de entregarle el primer premio a Miguelangel Flores, ganador de la VI edición.

A Ana Pozo y Ernesto Cubo, en nombre de La Rebujita, patrocinador del segundo premio. La Rebujita acogió además en su terraza el vino homenaje a los premiados.

A Carlos Valle-Inclán y Jesús Ibañez, socios de Question Box, patrocinadores del tercer premio.

Las fotografías del certamen fueron tomadas por José Luis Porras Rabadán.

El vídeo de la entrega de premios del VI certamen literario es un montaje de María Jesús Ainaga.