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Por: Alicia Gallego

La tarde de ayer dio para mucho, tanto que se nos pasó la hora casi sin darnos cuenta. Comenzamos con una nueva escena de la ucronía de Luis Marín. Su novela va tomando cuerpo despacito, manteniendo el tono en todo momento y aunque en esta escena apenas nos deja ver las emociones en sus personajes, podemos apreciar cómo todos ellos van cogiendo fuerza. Le pedimos que esta escena transcurra más lentamente, que el niño Manuel adquiera más presencia y que nos siga haciendo disfrutar con esta ambientación que tan bien sabe hacer.

Manuel llegó corriendo y no pudo frenar su ímpetu hasta que traspasó la puerta entornada y fue a tropezar con la cama del enfermo que estaba en la planta baja.

Manolín!- gritó Carmen sin poderlo evitar- eres un abanto, un día te vas a partir la crisma.

El cuento de Susana de la Higuera titulado “Abnegación” nos presenta a una madre con síndrome de Munchausen por poderes, una enfermedad mental que la lleva a maltratar a su hija desde su nacimiento y siendo ella  el verdugo, se nos muestra como víctima. En su muy buen  proceso de crear intriga, Susana va creando tensión utilizando una primera persona en tiempo presente. Un soliloquio. Alguien le sugiere que revise el último párrafo para que siga el ritmo narrativo que aquí, parece un poco perdido.

Desde que es muy pequeña soy yo la que la lleva al parque. Siempre ha sido una niña muy buena. Nunca protesta porque no la baje de la sillita como el resto de los críos. Ya no tengo que explicarle con dulzura que sus piernecillas no pueden sostenerla y que debe permanecer sentada, pero que su mami la cuidará siempre.”

Los nadie” de Fer Jiménez es un cuento truculento con un personaje que, a pesar de su juventud, ha vivido tanto que parece estar de vuelta de todo. Este estupendo relato refleja un mundo marginal donde el basurero en el que viven, es llamado por sus habitantes “el Paraíso”. A Evelyn, la protagonista de esta historia, la lectura de libros le va a proporcionar una salida, una tabla de salvación. Al menos éso es lo que queremos todos, por ello le pedimos que revise el final y nos proporcione un atisbo de esperanza, que nunca viene mal.

Su vida en Paraíso no era muy distinta de la que habían llevado su madre y antes su abuela. Pero Evelyn, a diferencia de ellas, sabía leer. Le había enseñado un joven camionero, al que pasados unos años, cobraba un libro por cada felación

La novela de Lourdes Chorro sigue avanzando y nos lleva de regreso a Oviedo en un Opel Gran Capitán con Toño voluntariamente encajonado en el asiento de atrás. Ha colocado su maleta en el maletero, una maleta que le pesa tanto como su propio pesar, dice Lourdes, que con frases muy cortas y metáforas de las que tanto nos gustan, nos hace viajar en el interior de un coche que marcha despacio, desganado. Más que un viaje parece una huida, apunta alguien. Para dar cuerpo a la novela tendrá que ir pensando en los dos finales que, necesariamente, tiene que tener la ucronía, le señala Pura. ¡Ufff! , contesta Lourdes. Sonreímos.

Su padre frena y acelera como los que nunca han aprendido bien a conducir. Le gustaría decirle que por una vez coja velocidad. Este año ha pasado volando de esa manera maravillosa que las águilas vuelan y, ahora está suspendido como una baribañuela”.

Esta crónica podía muy bien haberse titulado “Entre abantos y baribañuelas” dos preciosas palabras que nos han regalado nuestros compañeros y con las que he querido comenzar y cerrar  esta reseña para que se nos queden grabadas muy adentro y las podamos disfrutar cada vez que queramos correr alocadamente o quedar suspendidos en el aire.

Alicia Gallego.  22 de Enero de 2021

Por Manuel Pozo Gómez

Es una realidad que el lenguaje del deporte en general y del fútbol en particular empapa la literatura y el habla popular. Pero… ¿Tantas expresiones del fútbol hay en el lenguaje popular? ¿Usan estas expresiones aquellos hablantes que no son aficionados al fútbol?

Hagamos un breve repaso con algunos ejemplos tomados de la prensa política: ¿A quién no le han metido o colado un gol por la escuadra[1] cuando se ha sentido engañado? Uno muy famoso se lo colaron en 2018 a la ministra de Trabajo de entonces, Magdalena Valerio, según propias declaraciones, cuando su departamento dio vía libre a la constitución de un sindicato para trabajadoras sexuales con su total desconocimiento.  En 2020 al presidente Pedro Sánchez se le acusó de echar balones fuera[2] (es decir, eludió una situación comprometida) cuando invitó a las comunidades autónomas a solicitar el estado de alarma en sus territorios. En 2015 los presupuestos de Rajoy pillaron en fuera de juego[3] a los empresarios españoles y más recientemente, en 2019, Pablo Casado consideró, tras los resultados electorales, que la pelota estaba en el tejado[4] del presidente del Gobierno en funciones y candidato socialista, Pedro Sánchez.

Da igual que seas aficionado al fútbol o no. El lenguaje futbolero siempre está entre nuestras palabras: ¿Siempre meditas todo y nunca has hecho algo a bote pronto, así, sobre la marcha, de manera improvisada? ¿Y no has pedido a alguien alguna vez que te ponga el asunto fácil, es decir, que te la dé cortita y al pie?

El lexicólogo Eduardo Vallejo explica que las pasiones y obsesiones de cada época siempre modifican el lenguaje, son causa de introducción de neologismos y expresiones, y el fútbol es una de las pasiones de hoy en día.

Si le das bola a alguien es que le prestas atención o le das una responsabilidad a esa persona, si consigues algo en el descuento es que lo haces a ultimísima hora, si el restaurante o el hotel es de tercera división es que no tiene categoría suficiente respecto a los demás.

Hay expresiones hechas que provienen del mundo del fútbol y no necesitan aclaración, como casarse de penalti, sudar la camiseta o hacerle la ola a alguien, expresión esta última que nació en el Mundial de Mexico de 1986, cuando por primera vez se vio este movimiento acompasado entre los espectadores de un partido de fútbol. También es muy habitual utilizar la expresión colgar las botas para referirse al abandono definitivo de una actividad, por ejemplo, retirarse tras una carrera profesional.

Para recriminarle la actitud a alguien le sacamos tarjeta amarilla, si la actitud merece ser revisada o repetida, últimamente recurrimos al VAR, con toda seguridad la última incorporación del lenguaje del fútbol a nuestro idioma.

Pero dentro de las frases hechas que vienen del fútbol y que están incrustadas en el habla popular hay una preciosa que tiene hoy, 21 de enero de 2021, plena vigencia. Esta frase es tener más moral que el Alcoyano, que hace referencia a cuando alguien pretende un imposible a base de tesón y constancia. El origen de la frase es incierto. Corren varias explicaciones.

Una es que en un partido de Copa contra el Espanyol que el Alcoyano perdía 7-1 los jugadores protestaron al árbitro por pitar el final sin añadir descuento, porque todavía aspiraban a remontar. Otros hablan de un encuentro en tercera división en el que perdían por 13-0 y seguían luchando. Lo cierto es que al Alcoyano siempre se le recuerda como un equipo animoso, luchador, inasequible al desaliento, que se ganó el corazón de los aficionados españoles en los años cuarenta.

Su fama creció en la temporada 45-46. Fue el último en la Liga y bajó a segunda división. Tras la Liga se jugaba la Copa. Le tocó el Athletic de Bilbao, campeón de las tres ediciones anteriores. Para sorpresa de toda España pasó de ronda el recién descendido con un 3-3 en San Mamés y un 2-0 en El Collao. ¡Era el Athletic mítico de Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gaínza! En la siguiente ronda jugó contra el Real Madrid, que empató 2-2 en El Collao y sudó tinta pare eliminarle (2-0) en la vuelta, en Chamartín. La moral del Alcoyano se convirtió en leyenda nacional, y la frase tener más moral que el Alcoyano se coló para siempre en el lenguaje cotidiano.

Ayer, día 20 de enero de 2021, el Alcoyano volvió a mostrar un ejemplo de su moral inquebrantable. Se enfrentaba al todopoderoso Real Madrid en partido de Copa. Comenzó perdiendo, logró empatar para forzar la prórroga, se quedó con un jugador menos por expulsión y aun con diez jugadores volvió a marcar para eliminar por 2-1 al gran campeón. Toda una lección de moral.

 

*Inspirado en el artículo En un lugar de la cancha. Expresiones futboleras sin dar una patada al diccionario. EL PAÍS. Alejandro Martín, 22 de abril de 2019.

[1] ABC 30/08/2018.

https://www.abc.es/sociedad/abci-valerio-asegura-colado-y-anulara-sindicato-trabajadoras-sexuales-201808301541_noticia.html

[2] Adrián Arranz / Isabel Acosta. El Economista 25/08/2020 https://www.eleconomista.es/politica/noticias/10736120/08/20/Sanchez-echa-balones-fuera-e-invita-a-las-comunidades-a-solicitar-el-estado-de-alarma-en-sus-territorios.html

[3] https://www.elconfidencialdigital.com/articulo/el_chivato/Presupuestos-Rajoy-Florentino-Perez-Villar/20150811192232078270.html

[4] https://www.efe.com/efe/espana/politica/casado-la-pelota-esta-en-el-tejado-de-sanchez-vamos-a-esperar-que-plantea/10002-4107825

 

Manuel Pozo Gómez es autor del libro de relatos Violeta sabe a café, (Premium editorial) y coautor, entre otros, de los libros Madrid Sky, (Uno Editorial); Cuéntame un gol, cuentos de fútbol  (Verbum editorial) y Magerit. Relatos de una ciudad futura (Verbum editorial), y RRetratos HHumanos (editorial Kolima). Ha sido ganador de numerosos certámenes literarios y sus relatos están publicados en distintas antologías.

Domingo Jiménez Lacaci obtuvo el segundo premio en el VI certamen literario Madrid Sky, correspondiente al año 2019. Fue finalista del Certamen Internacional Max Aub del año 2015 y del X Certamen Internacional de Relato Breve sobre Vida Universitaria “Universidad de Córdoba, entre otros certámenes en los que ha resultado premiado. En 2016 consiguió ser finalista mensual del certamen Relatos en Cadena, y en 2020 llegó a la final anual. En la semana del 11 de enero de 2021 (semana 15 del certamen) ha logrado de nuevo llegar a la final mensual, esta vez con un relato lleno de fantasía y ritmo titulado Caballo desbocado.

Semana 15 (11/1/2021):
Ganador: Domingo Jiménez Lacaci

Título: Caballo desbocado

Cojo tu mano y salimos corriendo sin pagar y los gritos del dueño y las risas y el descampado y te beso por primera vez y nunca más volvemos al Instituto y los primeros porros y tu padre llamando al mío y nuestro primer pico en vena y el monedero de tu madre y el coche robado y la caja de la gasolinera y busca y captura y tu embarazo y tanta curva y tu hemorragia y la casa abandonada y con más dinero te traeré un médico y el joyero que llevaba una pistola y mi pulmón atravesado y dígale agente que la quise mucho.

Por: Paco Plaza

Esta mañana ante la intrascendente pregunta ¿qué tal? He escuchado una respuesta que me voy a apuntar para usarla en el futuro.  Esta respuesta ha sido:

-Estable dentro de la gravedad.

La ha dicho, con una sonrisa,  un hombre ya entrado en los sesenta, por su acento he deducido que  era inmigrante sudamericano, y que estaba trabajando de repartidor. Desde luego,  no debe de ser nada fácil trabajar de repartidor en Madrid en estos momentos con tanta nieve helada en las calles.

Esa respuesta refleja perfectamente lo que está pasando. Este jueves, antes de empezar con la lectura de relatos, hemos tenido noticias de familiares, amigos o conocidos nuestros afectados por el virus, esto ya es una constante, y no debemos olvidar que, aunque ocurra día sí y día también, la situación es grave, muy grave.

Tras los chascarrillos alrededor de la nevada comenzamos con una parte de la novela que está escribiendo José Sainz de la Maza. En esta ocasión la tercera parte del capítulo 3 (Los cócteles de Lis). José nos sumerge, con su prosa pausada y sus diálogos naturales,  en el ambiente de un bar nocturno y asistimos al primer encuentro  entre los dos protagonistas que, casi de inmediato, deriva en cortejo. La novela está ambientada en un futuro indeterminado, no demasiado lejano, y Pura nos sugería que si nos aventuramos en un relato futuro debería, de alguna manera, verse reflejado lo que está ocurriendo en el presente, por ejemplo los condicionantes en el comportamiento que nos trae la pandemia: choques manos, brindis y demás. Inmediatamente surgió el debate, delicioso como siempre, sobre si eso debe ser así o no, sin que, como suele ser habitual, no se llegara a un acuerdo común. Aunque quedó clara constancia de que la libertad del escritor debe de ser absoluta y está en su mano decidir si se consideran o  no aspectos históricos o incluso distorsionarlos si con ello enriquece su relato.

Pura nos dijo que en la novela conviene que haya historias paralelas, que es bueno que  los personajes secundarios se desarrollen  al margen del hilo principal que siguen los protagonistas. Tomamos nota los que, con más o menos dedicación, seguimos con la novela con ucronía que comenzamos el curso pasado.

He aquí, de muestra, un párrafo del texto de José:

“Después de una mirada rápida, comprueba que el ambiente es mucho más animado de lo que esperaba, a pesar de que todavía es temprano y de que aún quedan mesas libres. Inmediatamente percibe lo que interpreta como ‘buenas vibraciones’ y siente cómo una especie de corriente agita sus sentidos y mejora su humor. Sonríe de pura satisfacción. Todo en el Pickwick está a su gusto excepto la música, siempre hay una excepción a lo óptimo, piensa Logan. Más que pasado de moda, el tema que suena le parece viejo, aunque una pareja, tras escuchar sus primeras notas, ha saltado de su asiento y se han puesto a bailar frenéticamente, al estilo del primer rock & roll.”

Continuamos con un duro relato de Carlos Cerdán en respuesta al último ejercicio propuesto por Pura: un relato entorno a la idea de “Homo homini lupus est” , en primera persona y que mezcle pasado y presente. El escabroso tema que aborda nuestro compañero Carlos en su relato “Mi Tadzio” es la pederastia, el abuso de un profesor con un alumno. La mezcla de pasado y presente Carlos la maneja con maestría, utilizando, en ocasiones, el presente para hablarnos del pasado. No obstante, en esta ocasión, se le dio bastante caña al autor. Su cita literal a la novela “Muerte en Venecia” podía sugerir unos sentimientos en el protagonista del relato que no eran coherentes con sus actos. Las citas literarias tienen sus riesgos. Se le sugirió, también,  que ahondara más en el conflicto interno e historia del malvado protagonista. También se recalcó que el hecho de que el niño muriera al tirarse de un octavo piso pudiera distorsionar el relato ya que un incidente tan dramático como la muerte debería de condicionar más los actos del protagonista. Una muestra del buen relato de Carlos:

“¡Vamos, piensen!  Hemos de eludir cualquier responsabilidad por parte del colegio, nos grita el director. Ya se lo he dicho al resto de sus profesores. No podemos poner en entredicho nuestra reputación. Y por supuesto no hablen con nadie ajeno al centro. Tenemos que evitar todo tipo de especulaciones. Seguro que la bazofia de la prensa ya se está relamiendo con este asunto.

Espero las tardes de tutoría con ansiedad, no dejo de pensar en él. Y hasta que llega ese día me consuelo contemplándole durante las clases de matemáticas, le saco a la pizarra con cierta asiduidad. Es cuando se muestra más seguro y relajado. Resuelve los problemas con brillantez y yo le pongo de ejemplo ante la clase, es un modo de ganarme su confianza.”

Por último, leímos el relato “Las palomas” de Juan Santos también en respuesta al ejercido propuesto entorno al concepto:  “Homo homini lupus est” . Juan suele tener ideas geniales y acostumbra a dibujar entornos y costumbres rurales en sus textos. En esta ocasión nos muestra la curiosa relación Cura-Sacristán que había en los pueblos. Y cómo la necesidad de sacar unas “perrillas” llevan al sacristán a criar palomas en el campanario con la complicidad de un antiguo párroco. Pero la usura de un nuevo sacerdote lleva al protagonista a una drástica decisión. Tal vez desmesurada, según algunos críticos. También se le sugirió a Juan que cuidara el tiempo y el espacio ya que en el caso de “Las palomas” es importante que el lector sepa, cuanto antes,  dónde y cuándo comienza el relato. Una muestra del estilo de Juan:

“…Por la parroquia han pasado decenas de sacerdotes y ninguno ha sido tan interesado y tan ruin como éste último. Recuerdo a don José Antonio que era un bendito. Muy querido por mí y por todos los parroquianos. Siendo yo un crío, me ayudó a construir con yeso y ladrillos las palomeras del campanario. Cientos de veces, él mismo cerraba las trampillas de los palomos ladrones para la captura de las torcales, mientras yo hacía otras labores por la iglesia…”

Y con esto terminamos el taller. Nos volvimos a la ventana a contemplar las nieves que aún brillan en las aceras y que pronto serán historia. Nos volveremos a ver el jueves próximo.

Pura de la Casa es profesora de creación literaria. En el año 2009 publicó la novela Revoleras (editorial Cultiva libros), y en el 2016 el libro de relatos Ojalá fueran cuentos. Anteriormente había publicado en coautoría el libro de relatos Allegro nada moderato (2005). Ha coordinado la edición y publicación de los libros de relatos Primaduroverales, cuentos (2008), Madrid Sky (Uno editorial, 2013) y 2056 Anno Domini (2018).

A lo largo de sus veinte años como profesora del taller de creación literaria de la Casa del Reloj, primero, y del taller literario de la asociación Primaduroverales después, ha sabido crear una escuela de técnica narrativa que se ha convertido en una gran familia (más de doscientos alumnos en estos años). Junto a los alumnos del Taller es la impulsora del certamen de cuentos cortos “Madrid Sky”, que nació en 2014 y ha alcanzado en 2020 la séptima edición.

En esta entrevista José Miguel Espinar, Carlos Cerdán y Manuel Pozo hablan con ella de los talleres literarios, de la influencia del confinamiento en la literatura, de la elección de relatos para el análisis en el taller y del certamen literario Madrid Sky, entre otras cuestiones. Una agradable charla literaria que publicamos a continuación.

 

   

Por: Lourdes Chorro

Este diecisiete de octubre no ha habido flores, tarta de frambuesa ni uvas de albillo, los regalos que nunca fallaron el día de su cumpleaños. Sí, han celebrado una exposición en la Biblioteca Nacional de este Madrid en el que se sentía extraño porque a él, como a los árboles, le gustaba crecer donde lo plantaron. Y es que en este calamitoso 2020 que quisiéramos borrar, no podemos olvidar que él hubiera cumplido cien años.

Miguel Delibes, descendiente de un tío abuelo compositor que no le dotó de oído musical, pero que le dio música en sus escritos y en los genes esa educación a la francesa que tanto marcaría su quehacer diario. Fiel a fumar su picadura “flor de andamio” porque la fumaban los jóvenes y los albañiles. Humilde y austero, huraño, hurón que diría él, no le gustaba conversar con “la gente a codazo”. Siempre escribía a mano, al principio en cuartilla de prensa con pluma estilográfica y luego con un rotulador de punta fina azul de esos que nunca le faltaban en casa. Enemigo de encasillamientos y al que muchos encasillan en un Realismo poético y social. “Es terrible que te tomen tan en serio y te estudien tanto” Académico de la lengua, él, que fue poco amigo de academicismo. De una melancolía a cuestas, con la que aprendió a vivir peligrosa y a la vez sanadoramente, como las hierbas del ojo del boticario. Con esa X del Max, su pseudónimo de juventud, que no era otra cosa que la incógnita del futuro, por esa idea obsesiva y prematura de la muerte no solo de la suya sino de esos desligamientos que ella nos condena a soportar.

Consiguió un lenguaje llano, de limpieza ornamental, sobrio y a la vez exuberante, nos regaló una lectura amena y comprensible. Su prosa precisa, académica y pulida del comienzo de sus escritos la fue sustituyendo por un lenguaje más audaz, desgarrado, poético y cálido, siempre afectivo. Fue ganando en profundidad y realismo, en ese arte de sugerir, de revelar complejidades intrincadas con una aleve insinuación. Con sencillas repeticiones hace innecesarias largas explicaciones; frases repetitivas, latiguillos, gestos, dan cotidianidad, definen a sus personajes. Sobrenombres, nombres acortados sin apellidos con el apodo que todos les conocen, un trazo caricaturesco revelador, giros populares como una muestra más de afecto y comprensión que nos hacen familiarizarnos con ellos. La humanidad y ternura de sus personajes con su corazón, sus problemas, ambiciones, humildes, tiernos, desvalidos. Con innovaciones técnicas y estilísticas. Unos personajes a los que oímos, los vemos crecer, vivir de verdad y que hacen verosímil sus historias argumentos. Esos niños que tienen abiertas todas las posibilidades, aunque estén inmersos en el mundo mezquino de los adultos son los que se sienten tan cómodos. Su postura siempre a favor del débil. Sorna e ironía castellana tan propia de él. “El único sitio donde puedo ambientar mis novelas con un poco de conocimiento es Castilla”. La Castilla que padece la Piedra, nublados, la seca, la helada negra que cae sobre las cosechas de esos campesinos que maldicen al destino.  Él supo no solo hilvanar, sino hilar, bordar y no dar puntada sin pespunte en un lenguaje lleno de matices irrenunciables. Las amenazas de esta sociedad inhumana que humilla y ofende a los perdedores, a los desfavorecidos, a los humildes”, la infancia, la supervivencia de la naturaleza. Siempre en defensa del hombre y de su pérdida de identidad, engullido por la uniformidad de este mundo moderno, avanzado y que hoy llamamos globalizado. Y es que sus obras son una prolongación de su persona, de sus inquietudes, sus obsesiones y sus esperanzas en una interrelación entre literatura y vida. No en vano él entendía el oficio de creador como una manera de estar en el mundo, de posicionarse. Plantear el tema y buscar la fórmula para resolverlo. Tema y no argumento. Una idea, algo concreto que se convierta en una actitud, una concepción del mundo y del hombre con sus debilidades y contradicciones a través de sensaciones y sentimientos. Explorar el corazón humano, hacernos ver cómo la mala voluntad de algunos engendra los problemas, sin intentar convencernos ni argumentarnos nada, en palabras suyas, “sólo inquietándonos para hacernos pensar”.

Todo ya está dicho sobre don Miguel, nada nuevo puedo aportaros yo en este pequeño homenaje, deuda contraída con el hombre que me abrió las puertas de su casa un 16 de febrero de 1984 que difícilmente podré olvidar.  Nos sentamos en su sofá, el uno al lado del otro, y me confesó que las visitas indiscretas no le gustaban nada. ¡Ah, cómo le comprendía! Y hablamos de “azulón”, el pollito de la perdiz ya grande, de animales “entrematados”, de la “escopeta faldera”, de “baribañuelas y amerillas” y de los “quitameriendas”, esas flores que crecen en septiembre, cuando el trabajo de los recolectores de cereales se termina. Llamaba a las cosas por su nombre y sabía el nombre de las cosas. Enumeraba plantas, aves, lenguaje cinegético. Los femeninos naturales de las palabras, especialmente de los árboles. La nogala, la olma, el género natural puede más que el artificial. Formaba palabras con prefijos y sufijos, con dos sustantivos “trotacampos”, “greñura” Diminutivos que más que empequeñecer, individualizan, adjetivos con una insustituible y tajante exactitud. “Agachadiza” porque vuela muy inmediata a la tierra. “El co re ché” grito que emite la perdiz. Palabras afines, sinónimos, con dobles significados, palabras necesarias, las precisas, palabras olvidadas, localismos, dialectalismos, arcaísmos, palabras que no aparecen en el DRAE, y a veces, lo hacen, aunque con una acepción diferente a la que él utiliza.

Por él empecé a amar el mar de surcos de Castilla, lo castellano, los castellanos, el lenguaje que atesoran sus campesinos, el desolado ulular del viento en el soto en sus Viejas historias de Castilla la Vieja en Un mundo que agoniza. Y, que al sentir cómo le salía la inexorable Hoja roja, que anuncia el desamparo, al límite de su vida, nos escribió El Hereje. Si con El Nini aprendí a barruntar los días de sol, y los de heladas tardías y con Daniel el Mochuelo encontré El Camino de la vida que día a día vamos consumiendo, con Cipriano Salcedo, viví sus angustias e inseguridades, me consumí en el vaivén de las llamas de esa hoguera que quemaron su cuerpo, pero no su espíritu. Y, ante el resplandor de las llamas, sollocé apagadas lágrimas por sus tenues sollozos mientras “se descolgaba la nieve fúnebre en mi corazón”.  

Entre camionetas y caribúes resulta un buen lugar para ponerse a escribir la primera crónica de 2021. Un nuevo año en el taller de Creación Literaria. Mirando con desconfianza hacia lo que se ha dejado atrás a la vez que recelando de que esa sombra nos siga persiguiendo. Algo aletargados tras unas fiestas muy especiales, nos encontramos con dos textos para abrir boca.

Dos textos que dieron mucho de sí. El primero fue el titulado ‘Regreso a casa’ de nuestro compañero Ignacio Soto. Ignacio nos dibujó un relato con estructura de viaje, un viaje vital y recurrente, el eslabón de una cadena interminable y que es la vida misma del personaje central.

Con una perfecta descripción de lo ocurre en una carrera casi contra-reloj para, como cada día, llegar a casa, y al final, encontrarse con una cierta decepción, que, en fondo, subyace en las vivencias del propio personaje.

Durante la crítica y análisis del texto se le sugirieron a Ignacio ciertos asuntos que podría tener en cuenta (por lo general, estos asuntos se quedan dentro del taller). Dio mucho de sí el hecho de estar ambientado, de forma no del todo explícita, en un tiempo del que la mayoría de nosotros mantiene muy presente en el recuerdo. Un tiempo de profesores de literatura, de carreras para alcanzar la parada de un autobús (camioneta) que te llevará a casa y que te espera, como de costumbre, aunque con el motor en marcha. Personajes habituales y desconocidos con los que compartir espacios. Y vuelta a empezar.

“… la camioneta, la más vieja de la flota de autobuses urbanos de la compañía, a juzgar por los ruidos y vibraciones que provocan los cristales, los asientos de madera y el chirrido de la caja de cambios cada vez que el conductor cambia de marcha, nos arrulla con un sonido que contribuye a dotar al viaje de un aire de antaño, viejo, terminal como el día que se agota. Mis pensamientos van en dos direcciones, las tareas que tengo pendiente para el día siguiente que se acumulan a las que ya tengo de días anteriores y sobre todo la cena que me espera en casa. Ojalá sea tortilla de patata …”

La segunda parte del taller fue dedicada a analizar ‘La ley de la vida’ de Jack London. Texto ambientado en el territorio canadiense El Yukón, que en la actualidad es un área protegida para el nacimiento y conservación de los caribúes de Grant.

London nos retrata magníficamente la simbiosis de la tribu del viejo Koskoosh con las leyes de la naturaleza. Un texto para leer despacio y ser capaz de entender, no solo el entorno, sino la vida misma a través del oído del viejo.

La visión de la masacre del alce por una manada de lobos en la juventud de Koskoosh, prefigura su final en la ancianidad. Él también se ve cercado por lobos hambrientos. La escena configura un ciclo de disolución de la vida en la muerte. El retorno al seno de la naturaleza está cargado de dolor, de indolencia y de fatalidad.

Esta brillante metáfora establece un paralelismo entre el viejo Koshkoosh y el alce y que no es más que una digna comparación entre el instinto animal y la razón humana.

… de nuevo dejaron de alzar rítmicamente las raquetas para detenerse por segunda vez en el punto donde el gran rumiante había hecho una nueva parada para luchar con la fuerza que da la desesperación. Dos veces fue derribado, como podía leerse en la nieve, y dos veces consiguió sacudirse a sus asaltantes y ponerse nuevamente en pie. Ya había terminado su misión en la vida desde hacía mucho tiempo, pero no por ello dejaba de amarla. Zing-ha dijo que era extraño que un alce se levantase después de haber sido abatido; pero aquél lo había hecho, evidentemente. El chamán vería signos y presagios en esto cuando se lo refiriesen…

Bueno, amig@s, hasta aquí por hoy. Nos vemos la semana que viene. Sigan escribiendo, leyendo o ambas cosas. La literatura, como la lírica, es buena para los tiempos difíciles.

Ernesto Tubía Landeras, Haro, La Rioja, 1975 es técnico de laboratorio y escritor español residente en Logroño. Ha ganado numerosos premios literarios a nivel nacional. Se ha consolidado como uno de los más prolíficos escritores de relato corto y uno de los que más premios cuentan en su haber dentro del panorama literario español.

Ha obtenido una decena de premios en novela, como el Princesa Galiana en Toledo o el Castillo-Puche en Yecla. Entre los certámenes de relato que ha ganado destacan el Villa de Iniesta, Villa de Mendavia, Esteban Manuel de Villegas de Nájera y el certamen literario de Riópar.

Bibliografía

  • El mar de Lomé (y Saidú), Editorial Ochoa (2009). ​
  • El anhelo del diablo, Uno editorial (2014). ​
  • El local de jazz, Ediciones de Quintanar del Rey (2015).
  • Corderos, Colección Hécula (2016).
  • Mañana hoy será ayer, DB Ediciones (2016).
  • Tantos perros como collares, Editorial Denes (2018).
  • Octubre, Editorial Buscarini (2019).

Recientemente Ernesto Tubía ha creado un canal de Youtube en el que vierte su experiencia en el mundo de la literatura. En el vídeo que publicamos en nuestras páginas el escritor trata el interesante tema de los concursos literarios.

La ciudad y los perros

Mario Vargas Llosa

Por Nieves Sevilla Nohales

Comienzo contundente.

Presenta a los personajes a través de una acción y con diálogos.

La historia se desarrolla en el colegio militar Leoncio Prado de Lima en el que estudian los personajes como internos en plena adolescencia. En este ambiente castrense  se palpa el peligro y la dominación extrema y cruel de unos cadetes sobre otros con tiránica eficacia; así como los prejuicios raciales, sociales y económicos. En la novela hay implícita una crítica feroz al sistema cuartelario para la educación de los jóvenes y al ejército como institución en la que prevalece -en nombre del honor- el deshonor y las corruptelas.

Brillante la estructura de la novela. El autor da entrada a varias voces. Unas en primera persona -monólogos del Boa y el Jaguar- y otras en tercera persona. A veces no sabemos quién narra, pero lo que cuenta enriquece y completa la historia. Hasta que no acaba una no sabe muy bien quién es quién. Al final todo se aclara sin sombras ni ambigüedades y el círculo se cierra. El novelista lo consigue al multiplicar magistralmente la voz narradora. Utiliza varias técnicas narrativas entre ellas la de los vasos comunicantes*.

A destacar los perfiles de los personajes principales: el Jaguar y Gamboa, el Boa y el Cava, Alberto y el Esclavo; estos últimos conforman al parecer una parte de la autobiografía del autor, ya que Vargas Llosa estuvo interno dos años en este colegio militar. Es preciso resaltar también el juego que hace con otro personaje, Teresa, pues hasta el final no sabemos si Tere y Teresa son la misma persona ni la identidad del chico que estudia con ella.

Llama la atención que el autor, que todo lo puede, salve a uno de los personajes y que incluso le augure una vida feliz. Indica un punto de vista compasivo, ya que el personaje en cuestión es víctima de un durísimo pasado. Al salvarlo, insufla esperanza al relato y paralelamente al lector, ¿por qué no?

Desde mi punto de vista hay diálogos interesantísimos; por ejemplo, en el epílogo cuando mezcla con virtuosismo diálogo y monólogo, narración y evocación.

Requiere una lectura atenta y llegar hasta el final para gozarla.

Magnífica.

La ciudad y los perros es la primera novela de Mario Vargas Llosa. Ganó el premio Biblioteca Breve en 1962. Se considera una novela vanguardista y un hito en la historia de la literatura universal.

Muy recomendable.

*Vargas Llosa es el primero que pone el nombre de vasos comunicantes a la técnica narrativa que consiste en narrar -creando una unidad- episodios que ocurren en tiempos y espacios distintos, pero que tienen un denominador común que no hace incompatible esa unión en el tiempo. Pone como ejemplo de esta técnica Madame Bovary de Gustave Flaubert y Las palmeras salvajes de William Faulkner.

 

Nieves Sevilla Nohales es autora de las novelas La noche de los jacintos blancos, y La caja de ébano. Ha publicado un libro infantil, La ballena colorada, ilustrado por Elena Fernández Ruiz. Con el relato Ngueva fue finalista en el Primer Concurso Emigración, Inmigración e Interculturalidad.

Es coautora de los libros de relatos Cuéntame un gol, cuentos de fútbol y Magerit, relatos de una ciudad futura, (ambos publicados con la editorial Verbum)

Por: Pura Simona de la Casa

Otro año más, van unos cuantos, ha llegado al taller de los Primaduroverales el ya clásico, tradicional, concurso interno de cuentos navideños. ¿Será que las tradiciones generan tradiciones?

Ha ganado el concurso, por amplia mayoría de votos, el cuento titulado “Cleptomanía” de Manuel Pozo.

El cuento nos habla de un alcalde de pueblo dominado por el ansia de poder, la manipulación, el tráfico de influencias, las mentiras, la falta de escrúpulos… Y la vacuna contra la Covid en manos de un tipejo de esta calaña. ¡Dios nos pille confesados!

Siempre se propone algún tema dentro del tema. Esta vez se propuso una Cabalgata, existente o no, de Reyes Magos en pandemia. ¿Otra vez Cabalgata? Pues sí, nos repetimos, no queda otra, estas fiestas son lo que son. Ah, pero siempre se encuentran variables, y no digamos en un año como este.

El segundo premio ha sido para el cuento titulado “Cabalgata” de Ignacio Soto.

Aquí se nos cuenta cómo la actualidad  y la modernidad se inmiscuyen, sin más remedio, en la tradición. Los Reyes Magos han de enfrentarse a ERTES, a Amazon, a cuotas de mercado… Evolucionar para resistir.

De todas estas fiestas de fábula, tan de mentiras tradicionales, la mentira más inverosímil, sin duda, es la de los Reyes Magos.  En esto se debió equivocar Aristóteles.  Es de pura magia, pero nos empeñamos en sujetar, incluso apuntalar, esta mentira tan poco sostenible a través de los siglos. Que no nos interesa la verdad. Que no, que mire usted, que queremos burbujas para flotar, que algunas mentiras acolchan la dureza de la verdad lo mismo que las fiestas aligeran el peso de vivir.

El tercer premio, por empate de votos, se ha concedido ex aequo a los cuentos titulados: “Los nuevos Reyes Magos” de Pablo Frías, y “El Rey y el inspector” de Luis Fernando Jiménez.

“Los nuevos Reyes Magos” narra en tono irónico y de humor, el tono de la mayoría de los cuentos, el paso de una Cabalgata cuyos Reyes son ahora personajes y temas de la pandemia.

“El Rey y el inspector” relata una persecución policiaca con personajes míticos del género en medio de una Cabalgata de Reyes Magos.

Podría dar la sensación de que los cuentos navideños del concurso, que en su mayoría rondan el humor, son un mero divertimento, ah, nada de eso. Suelen ser el mejor termómetro social. No hay nada como una Cabalgata para tomar el pulso del pueblo.

Si nos metemos en faena literaria, que es lo nuestro, una Cabalgata de Reyes Magos  contiene en sí misma una estructura de viaje.  En el sentido fabuloso,  el viaje comenzaría con la Noche Buena, desde que los Reyes siguen la estela que les conduce hasta encontrar el Portal para adorar al Niño.

Pero esa es otra historia, en la vida de a pie, cada cual tiene sus estelas particulares, y adora lo que adora, y en el momento que pille, que el momento manda mucho. No hay más que asomarse a las Cabalgatas de los cuentos de este año:

  • La pandemia le sirve a una madre y esposa para marcar mucho mejor su territorio entre su familia y los de alrededor, mientras esperan que pasen con su aura de magia sus Majestades.
  • Alguien que ha esperado media vida a ser Rey Mago, se pasa por el forro todos los protocolos de seguridad, y con fiebre pandémica hace de Baltasar. El trasfondo es racista, así que y allá penas.
  • Eh, cuidadín, pues si un niño ha experimentado una iluminación a través de los Magos de Oriente, llegará a ser un abuelo ilusionado.
  • Y no podíamos pasar por alto las segundas oportunidades. Igual hay que ir a un pueblo donde sean posibles los milagros y las ucronías.
  • Y ya hemos hablado del beneficio de algunas mentiras. Uno de los cuentos nos convence de ello.
  • Más de un cuento habla de racismo (habiendo un Rey negro de por medio, parecía ineludible el tema). En uno de estos cuentos  se añade la tozudez humana, el empeño en las tradiciones aun cuando no tengan sentido.
  • ¿Y qué decir del reparto de bienes? ¡Mío, mío, para mí, para mi hijo, mi hija, ese juguete… mío! Así va el mundo.
  • Ah, y también hay puteros. Cómo no, el de aquí también va disfrazado de bondades, nada menos que de Rey Melchor.
  • Con mucha suavidad se trata en uno de los cuentos las rencillas entre pueblos vecinos. Se comienza con una rencilla de nada y luego quién sabe si se llega a una guerra fronteriza. Se queda en el humor, de momento.
  • Hemos asistido a una oda de lo que ha pasado en las residencias de ancianos. Tres residentes se pierden en un limbo nocturno.
  • Pero siempre queda una pizca de esperanza. Aunque nos sintamos imperfectos, incluso si rayamos la maldad, esperamos alguna bondad de quienes nos quieren.

Todos estos temas, con trasfondo de la pandemia, se han tratado en los cuentos de este concurso navideño de 2020.

Además de los flamantes ganadores, este año el concurso ha sido posible gracias a los siguientes escritores: Alicia Gallego, Vicente Moreno, Francisco Plaza, Josu Bilbao, José Miguel Espinar, Lourdes Chorro, María Sánchez Robles, Carlos Cerdán, Juan Santos, Luis Marín, Jose Sainz de la Maza.

Nos agasajaron con su presencia: Aitor Manero y Esmeralda Octavio. Además, con sus lecturas, Olga Torralba y Susana de la Higuera. Y en la lejanía, Juanjo Valle-Inclán.

Desde aquí, una vez más, ENHORABUENA A LOS GANADORES. Han sido obsequiados con un bonito diploma, que a falta de pan…

Los Primaduroverales os deseamos una FELICES FIESTAS. Y despedimos gustosos este año, a la espera de uno Nuevo más venturoso.

Con todo cariño:

Pura Simona de la Casa

P.D. Espero poder colocar, el día cinco de enero por la noche, los zapatos más nuevos al pie de la ventana. No espero regalos con lazo, ni quiero pedir nada. Me conformo con que el hilo tan frágil, tan fino, que sostiene todo lo bueno que nos rodea, no se rompa.