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Recordamos el encuentro que la asociación Primaduroverales Grupo de Escritores mantendrá el próximo jueves 22 de febrero con el escritor toledano Francisco de Paz Tante. Tendrá lugar en la calle Sebastián Herrera 12, edificio Abogados de Atocha (Madrid-distrito de Arganzuela), a las 19.00 horas. Será una charla-coloquio que se centrará en tres relatos del Francisco de Paz, pero que también se extenderá al resto de su obra. La entrada es libre hasta cubrir el aforo.

La fotografía corresponde a la última novela de Francisco de Paz, De ninfas y faunos, con la que consiguió recientemente el XXI premio de novela corta Salvador García Aguilar.

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rfReflejos en un ojo dorado, de la escritora norteamericana Carson McCullers, se publicó en 1941. En España está editada por Seix Barral.

Carson McCullers se llamaba en realidad Lula Carson Smith. Nació en  Columbus, Georgia, en 1917 y murió en Nueva York en 1967. Pertenecía a una familia de clase media. A los cinco años comenzó sus clases de piano. A los diecisiete se trasladó a Nueva York, abandonó la música y estudió Escritura Creativa en la Universidad de Columbia. Su formación musical se trasluce, de una u otra manera, en su obra. Concretamente en Reflejos en un ojo dorado un personaje, Alison, adora la música clásica y también el teniente Weincheck e incluso el soldado filipino, Anacleto.

En 1937 se casó con Reeves McCullers y adoptó su apellido.

Con solo 23 años publicó su obra más conocida El corazón es un cazador solitario, sorprendente y comprometida, como todo lo que escribe. Un año después aparece Reflejos en un ojo dorado; y más adelante Frankie y la boda y La balada del café triste. Sus personajes suelen ser solitarios y aislados, a menudo con defectos físicos. En general, manifiesta una comprensión profunda del sufrimiento humano, del drama de los perdedores.

Carson McCullers está considerada un referente indispensable en la narrativa contemporánea norteamericana. Su obra se engloba dentro de lo que se ha llamado “gótico sureño”, como se denominó también la obra de William Faulkner, Flannery O´Connor, Tennesse Williams, Truman Capote o Harper Lee.

Transcribo el primer párrafo de Reflejos en un ojo dorado:

 “Un puesto militar en tiempo de paz es un lugar monótono. Pueden ocurrir algunas cosas, pero se repiten una y otra vez. El mismo plano de un campamento contribuye a dar una impresión de monotonía. Cuarteles enormes de cemento, filas de casitas de los oficiales, cuidadas e idénticas, el gimnasio, la capilla, el campo de golf, las piscinas… todo está proyectado ciñéndose a un patrón más bien rígido. Pero quizá sean las causas principales del tedio de un puesto militar el aislamiento y un exceso de ocio y seguridad: ya que si un hombre entra en el ejército solo se espera de él que siga los talones que le preceden.

Y a veces pasan también en una guarnición ciertas cosas que no deben volver a ocurrir. Hay en el sur un fuerte donde, hace pocos años, se cometió un asesinato. Los participantes de esta tragedia fueron: dos oficiales, un soldado, dos mujeres, un filipino y un caballo”.

Este es el espacio en que se va a desarrollar la acción que, además de ser reducido y limitado por una valla, se rige por el orden, la disciplina estricta y la jerarquía militar que atañe a todos los personajes. El comienzo, con asesinato incluido, nos enfrenta a una novela intensa y misteriosa.

La prosa es magnífica. La autora con un lenguaje preciso, depurado y esencial consigue transmitir la tensión que se palpa en la calma del campamento. La historia, inteligentemente dosificada, nos lleva, poco a poco, al trágico final. El lector sabe que habrá un asesinato, pero hasta el último momento no acierta a adivinar quién va a morir ni quién va a ser el asesino.

El tratamiento que McCullers da a los personajes es magistral. Traza perfiles psicológicos curiosos y certeros. Hace un estudio de la personalidad de cada uno de ellos, más que con teorías, con situaciones y hechos vividos que los dejan en evidencia y nos ayudan a comprender sus singularidades, sus secretos, sus anhelos más íntimos. Pues, bajo ese manto protector, que es un puesto militar, se encierran trastornos de personalidad, voyeurismo, infidelidad, homosexualidad, mutilación y violencia. Todos parecen estar desubicados y sufren cierta angustia existencial excepto, tal vez, el comandante Morris Langdon, un personaje plano, que encarna en su persona la crítica al ejército que hace Carson McCullers. Esta forma de darnos a conocer a los protagonistas, con sus movimientos y actitudes, es brillante y la utiliza, ampliándola, a lo largo de la novela.

Consta de cuatro capítulos y cada uno de ellos contiene un hecho impactante, fuera de lo común. Estos episodios constituyen elementos muy eficaces en la narración.

En el primer capítulo, el soldado Williams ve desnuda a Leonora, que es la esposa del capitán Penderton; este hecho casual es el detonante que activa el relato. En el segundo capítulo, Alison, humillada y celosa, se corta los pezones con las tijeras de podar como si fueran las flores de un jardín. Es una acción drástica impulsada por el inconsciente. En el capítulo tercero, la escena del capitán Penderton con el caballo Firebird es decisiva y coloca al soldado Williams por encima de su superior desde el punto de vista humano y moral. A partir de ese momento, el capitán se obsesiona con el soldado con un odio que se transforma en enamoramiento. En el cuarto capítulo, tiene lugar el asesinato, pero en la última página.

El  tema de la sexualidad está siempre latente; así como la importancia de la educación recibida en lo que se refiere al desarrollo personal del individuo.

Las descripciones son extraordinarias y el estilo muy visual, parece un guion de cine; y así debió parecerle a John Huston cuando la adaptó en 1967 con Marlon Brando y Elizabeth Taylor en los papeles principales.

Es un ejemplo de novela aguda, muy bien construida. Exige una lectura concentrada que no deja indiferente.

Nieves Sevilla Nohales es autora de las novelas La noche de los jacintos blancos, y La caja de ébano. Recientemente ha publicado un libro infantil, La ballena colorada, ilustrado por Elena Fernández Ruiz. Con el relato Ngueva fue finalista en el Primer Concurso Emigración, Inmigración e Interculturalidad.

Una tarde compleja, literariamente hablando, dando vueltas a la segunda persona, a las metaficciones y con textos que dieron mucho que hablar, alguno de ellos difícil y bello.

Abrió la tarde nuestra querida Lourdes con ‘El despertar’. Con un estilo muy ‘lourdiano’ presento un texto complejo, lleno de figuras e interpretaciones. Dio para mucho el debate posterior a la lectura. Saboreemos un pedacito:

enterrada-en-la-arena“… Pero allí dentro, en la burbuja que la duna había construido para ella, escuchó un murmullo como si la arena cantara. Una música parecida al violonchelo que él tocaba para ella cuando se conocieron: grave y leve, suave y sostenido. Un lugar protegido donde la única melodía que ese violonchelo conocía no reverberaba ni su eco podía escucharse fuera de él …”

Continuó Paco con una versión revisada de ‘Veinticinco flechas en el carcaj’. Caray, pues qué versión. Perfectamente ambientada en un mundo de fantasía y cómic, nos hizo disfrutar. Buen debate al terminar, sobre la dificultad de la segunda persona. Ahí va una muestra:

carcaj“… El sol asoma y parece que tiene prisa por elevarse a lo más alto. Las respiraciones se agitan, las manos aprietan las armas. La ira empieza a crecer en ti cuando visualizas al chiquillo que llegó hace tres días, ensangrentado, a la aldea. ¡Los Kiltos! ¡Los Kiltos! Gritaba. Estaba extenuado y tú le diste agua y un poco de puré de Bros ...”

Carlos Cerdán continuó con ‘La arcada’. Carlos que últimamente se atreve con todo, nos leyó un ejercicio notable con este tipo de narrador hecho sobre una historia con tintes sórdidos y de autodestrucción. Un párrafo:

arcada“… Toda tu dicha emanaba de ella, recogías su luz y a su lado te elevaste como nunca. Pero te dominó el vértigo, te asustó esa dependencia. Y lo peor, lo que más te dolía, era reconocer que jamás fue tuya. Nunca la poseíste, lo sabes. A pesar de tenerla entre tus brazos, de estar dentro de ella, la sentías lejana. Era tan inasible como el humo y eso te desconcertaba …

Y como si de una frase entre paréntesis se tratara, la tarde la cerró quien la empezó, Lourdes y su ‘Disparo blanco’. De nuevo un texto complejo, incluso más complejo que el anterior, incluyendo una metaficción. Entre aludes de nieve, manos que te sueltan y disparos de nieve. Un fragmento para hacer boca:

manos“… La confusión aviva a la niña que tirita en sus recuerdos. No quiere abrir los ojos de nuevo a la claridad, al resplandor del sol sobre el blanco de la nieve como si nada.  “Estaremos a salvo” dijo él, pero su mano dejó de agarrar la suya como a la niña de la balalaika. Bandadas de nubes en estampida arrastran sus palabras. El temor del pasado se acomoda en el presente, en sus ojos sellados por los círculos concéntricos de bombas…

Lo dicho, una de esas tardes en las que uno parece zambullirse en una piscina llena de letras, palabras y frases magníficas. Un placer, de verdad. Gracias a Lourdes, Carlos Cerdán y Paco.

Por Luis Marín

Desde el café de France, en plena plaza de Jemaa el Fna, Marrakech, el recientemente desaparecido Juan Goytisolo habrá contemplado numerosos atardeceres rojizos tras la silueta del minarete de la mezquita Koutoubia “mezquita de los libreros”. La mezquita, fue construida por orden del emir almohade Abd Al-Mumin sobre el año 1147 y el alminar fue finalizado en tiempos de Abu Yusuf Yaqub Al-Mansur, considerándose un modelo para la construcción de la giralda de Sevilla y la inacabada Torre Hassan de Rabat, y es la construcción más alta de la ciudad.

Marr 01Todos los edificios que rodean la famosa plaza disponen de azoteas que son literalmente invadidas por los turistas para contemplar, a diario, ese espectáculo de la puesta del sol. Mientras, abajo la plaza bulle entre el humo de las parrillas, los animales exóticos y los músicos y actores que dan vida al espacio.

Los zocos y las estrechas callejuelas, que serpentean en un laberinto difícil de desentrañar, evocan historias que podrían ser llevadas a las páginas de cualquier libro. Historias misteriosas, de engaños, de amores imposibles, de asesinos. Cualquier argumento tiene cabida en ese mundo que con el atardecer se vuelve inescrutable.

marr 02Las sinuosas calles de Essaouira sirvieron a Orson Wells de escenario natural para el rodaje de su Otelo. Esa pequeña ciudad en la costa está considerada como la perla del Atlántico. Su medina, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, se protegía de los ataques externos por un baluarte que conserva algunas almenas con sus cañones de bronce. El azul de sus barcazas de pesca adorna la callejera lonja donde los pescadores compiten para vender sus mercancías. Jimi Hendrix y Cat Stevens fueron atraídos por esta localidad para instalar su residencia temporal y desarrollar sus carreras artísticas. La ciudad, el paisaje marino y pesquero, son motivo más que suficiente para que los pinceles impriman los lienzos con las sensaciones de los artistas que recogen in situ el ambiente.

marr 03Atravesando el alto Atlas por el puerto Tizi n’Tichka, de 2.260 metros de altura, se accede a la puerta del desierto. La Kasbah Ait Ben Haddou, ha servido para el rodaje de películas como la Joya del Nilo o Gladiator, entre otras. El pueblo se ha ido trasladando a la otra orilla del río que circunda la colina donde permanece el antiguo poblado fortificado, para placer del turista. Hoy la antigua Kasbah se ha convertido en un decorado natural lleno de escaparates de pequeños recuerdos de su pasado. El paisaje es evocador, tanto que en Ouarzazate se ha desarrollado una incipiente industria cinematográfica. Por eso recibe el nombre de Hollywood marroquí.

marr 04Continuando el camino hacia la frontera argelina, el terreno cada vez se va haciendo más inhóspito. Algunos palmerales forman oasis donde se concentra la población aprovechando las mejores condiciones hídricas. Poco a poco el desierto se apodera del paisaje hasta donde alcanza la vista. Al fin unas dunas se recortan en el horizonte. Sus arenas doradas contrastan con el negro de la tierra desértica. Entrando en ellas subidos en camellos, invade un sentimiento que recuerda tantos libros dedicados a los habitantes de estos territorios. El famoso Lawrence de Arabia, salvando las distancias, o el tuareg de Vázquez-Figueroa, o los recuerdos del Aaiun donde algunos de nuestros conocidos vivieron los últimos días de la colonia española en el Sahara mientras cumplían su servicio militar.

 

Por María Isabel Ruano

Fue en la primavera del 2017, entrado el mes de mayo, cuando las “circunstancias” trajeron hasta mí la novela “Entre polvo y asfalto”, de Carlos Valle-Inclán. Recuerdo que fue en torno a esa fecha porque hacía mucho calor, al igual que en el ambiente en el que se desarrolla la novela, en la que el polvo y el asfalto de la calle no dejaban respirar a los personajes, transmitiendo esa sensación al lector. Fue después, cuando el calor estaba definitivamente instalado en el mes de junio con el apelativo de verano, cuando mi tiempo se detuvo… y el comentario de esta obra quedó postergado, como otras muchas facetas de mi vida.

Cuando leo un libro me gusta subrayar, escribir e incluso dibujar en él, siempre que sea mío, claro está. Es mi manera de atesorar los detalles de la obra en mi memoria. Pero la novela me la prestó Carlos, mejor dicho, la profesora de su hija, y era el único ejemplar que le quedaba, por eso anoté en un folio detalles significativos que hoy, a pesar del tiempo y la distancia, con el frío asentado en el mes de enero del nuevo año, me voy a atrever a retomar. Se lo prometí a su dueño, al que sigo imaginando en la grata tarea de llevar y recoger a su hija al colegio en el que yo trabajaba, atravesando el arenero y cayendo cada día en la “trampa-agujero”, el mismo que los niños se empeñaban día tras día en excavar, sonriendo, charlando con los otros papás y saludándome con la mirada mientras yo recibía a mis propios alumnos.

Me gustó la novela, al mismo tiempo que me sorprendió porque su escritor fue finalista del “Premio de Novela Ángel Pozanco” a la edad de veintiséis años. Fue valiente y se atrevió a publicarla y ahí está, testimonio de las inquietudes y de la creatividad de su joven autor. Por eso voy a escribir unas pinceladas sobre ella.

La obra engancha desde el principio. Comienza con el asesinato de Julián, el Sr. Canovas, asentado en el barrio durante veinticinco años. Personaje importante que centrará la intriga incluso de los restantes personajes, muchos de ellos observadores de la vida, ajetreos y pasiones de los propios vecinos, ya que están situados cómodamente detrás de un mostrador: el de la bodega, la panadería y la carpintería del barrio entre otros. Negocios familiares que, al igual que los personajes, van evolucionando y arrastrando las pasiones o las deudas contraídas que con el comienzo de la narración se van a poner de manifiesto.

La voz principal la tiene el heredero del “tío Javier”, que desde la panadería y el estanco y a través de las relaciones familiares que le unen con los otros vecinos retoma los hechos del pasado para ir exponiendo los acontecimientos que dan lugar al asesinato. Pero a su vez los otros personajes van tomando la palabra de manera alternativa para contar su punto de vista. De esta manera por la obra van desfilando la mayoría de los personajes masculinos para componer un relato polifónico: Luis, Javier, el Sr. Robles, Francisco, Mario, Román, Leandro, el tío Manuel…, que contrastan con el personaje femenino, “ella”, la prima, a su vez amor platónico, real, admirada, deseada, casada, madre, victima.

Todos están ubicados en la misma calle, en el mismo barrio de la ciudad en donde la vida parece estancada y los personajes atrapados entre el polvo del pasado y el asfalto de la modernidad. Espacio que en sí toma protagonismo al ser capaz el autor, a través de sus descripciones, de darle vida e introducirnos como lectores en los ambientes cerrados y ocultos que terminan por ser agobiantes, hasta tal punto que incluso los que marcharon regresan para cobrar-pagar esas deudas ancladas a la historia del barrio y que no les permiten vivir en paz.

Confío que estas pinceladas sirvan para despertar el interés por la obra prima de Carlos Valle-Inclán al que ahora tenéis el gusto de tener como compañero.

Mª Isabel Ruano Morcuende. Enero 2018.

María Isabel Ruano es miembro de la asociación Grupo de Escritores Primaduroverales. Es coautora de los libros Primaduroverales, cuentos (2007) y Madrid Sky (2013). Tiene publicados relatos en distintas antologías y libros de carácter profesional relacionados con la enseñanza.

El jueves 22 de febrero el escritor toledano Francisco de Paz Tante mantendrá un encuentro con la asociación Primaduroverales Grupo de Escritores. El encuentro tendrá lugar en la calle Sebastián Herrera 12, edificio Abogados de Atocha (Madrid-distrito de Arganzuela), a las 19.00 horas. Será una charla-coloquio que se centrará en tres relatos del Francisco de Paz, pero que también se extenderá al resto de su obra.

Francisco de Paz Tante ha obtenido un centenar de premios literarios, entre ellos, el premio de novela de la Diputación de Cáceres, con “Las cigüeñas de Yenné”, en el año 2002; el premio de novela Ciudad Real, con “Cielos de Samarcanda”, en el año 2007 (publicada con la editorial Premium) y el premio de novela de la Diputación de Córdoba, con “Los Versos de Arabí”, en 2012. También ha sido finalista en otros importantes certámenes de narrativa, como el “Fernando Lara”, de la editorial Planeta, y el “Felipe Trigo”. Su último logro como novelista ha sido el premio “Salvador García Aguilar”, con la obra “De ninfas y faunos”, de la que ya escribimos una entrada en este blog.

De ninfas y faunos

Como cuentista ha conseguido más de noventa galardones literarios con sus relatos breves en distintos certámenes nacionales e internacionales. Con la obra, “Zamila”, fue finalista en el XXII Premio Edebé de Literatura Infantil. Su último premio como cuentista es muy reciente. Lo consiguió en enero de 2018 con el relato “Geografía humana”, en el XXXI Certamen Literario de Moriles.

Será una tarde abierta a todos los amigos de la asociación Primaduroverales y a los seguidores de Francisco de Paz. Si quieres compartirla con la asociación puedes escribirnos un correo a asociacionprimaduroverales@gmail.com o a través de la pestaña de contacto, en la cabecera de este blog. Te enviaremos los tres relatos que serán objeto de comentario crítico: Neones rosas, de Náyades y sátiros y De vuelos y sueños.

Por: OLGA TORRALBA

Érase una vez… otra tarde literaria de buenos cuentos y poesía.

Rompió el silencio María, leyéndonos ella misma su cuento “Los hijos de la era nuclear” con la complicada tarea de conseguir una metaficción más importante que la historia principal. Muy buen relato con pocas puntualizaciones, como cuidar que la segunda persona (otro de los requisitos que tampoco resulta fácil) no cuente cosas que su interlocutor ya sabe, o que la metaficción resultara más influyente en la primera historia.

kyoshintankaiHubo quien interpretó esta segunda de otra forma. Es la magia de estos cuentos, siguen manteniendo el sentido y la armonía.

“Una vez me contaron la historia de un vecino de Hiroshima. Hoy, curiosamente, seré yo quien te narre una anécdota de la vida cotidiana, aunque mi relato no tiene nada que ver con esos que me traes a diario sobre los Miyake o los Sanjo. Temo que las siguientes líneas borren del todo tu expresión serena, pero es necesario que las leas para que entiendas mi decisión.” 

Pero hubo debate sobre si es realmente una metaficción lo que presenta su cuento. ¡Pues sí! . Sin embargo, María quería intentar, ya para otra ocasión, el más difícil todavía, hacer una metaficción dentro de la metaficción fuera de la historia principal.  Con el consejo de Pura seguro que otra tarde nos sorprende.

Tomó el relevo Paco contándonos “Lo que hay tras las montañas negras”, una preciosa narración también en segunda persona con el cometido de entrelazar entre sus líneas dos frases escogidas en el taller, y que ha encajado a la con mucha naturalidad.

MONTAÑA NEGRA 03bLa segunda persona, rebelde, alguna vez se ha convertido en tercera, por lo que Pura le recomienda que no se separe nada del personaje al que habla, y que le dé “aire a la acción”. Seguro que Paco toma buena nota de ello porque contar cosas del pasado en segunda persona es de lo más difícil.

“Ahora cierras también los ojos, recreas en tus labios los labios de Gorbán y en tu pecho su abrazo. Notas su escudo alzándose en el aire. Quiere cubrir tu flanco más débil. Entreabres los párpados y ves su silueta en el fondo del valle, dos manchas negras como dos colmillos remontando las aguas. El sol comienza a asomar y parece que tiene prisa por elevarse a lo más alto. Las respiraciones se agitan, las manos aprietan las armas.

La rabia empieza a dominarte cuando visualizas al chiquillo que llegó hace tres días, ensangrentado, a la aldea.”

Un ratito después Mariaje nos explicó “La importancia de las palabras” ya que se le encomendó la presentación del libro 2056, de una forma determinada: meter algo de cada uno de los relatos que lo forman  en este homenaje a nuestro compañero Fernando. Y lo ha hecho realmente bien, ensartando en su cuento todos los títulos, veintisiete ni más ni menos, con una naturalidad que si no quisiéramos precisamente destacarlos, pasarían inadvertidos. Sólo unas pequeñas correcciones en el narrador y el tiempo para que quede perfecto.

calendario2056“Desde que tuvo edad de leer, devoró todos los episodios de “Ciudadano X303” ambientados en 2056, siendo su favorito “La isla del ballenato autómata” en el que aparecían los famosos “R-16” y, en general, todos los juguetes de 2056. Le fascinaba, muy especialmente, el teletransportador de materia… y lo que ello suponía: ¡no había que solucionarlo todo! Simplemente, si no había salida, podías teletransportarte.”

Terminamos la tarde con tres poesías que quiso compartir María con nosotros de la autora Isla Correyero, pertenecientes a su libro Crímenes. Una poesía reflexiva y diferente.