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Archive for the ‘Certámenes literarios’ Category

El jurado del Premio de Periodismo de la Cámara de Comercio Alemana para España, constituido por siete expertos del ámbito de la comunicación y del panorama económico y empresarial hispano-alemán, ha hecho público este miércoles 15 de noviembre el fallo de la primera edición de este galardón, que reconoce aquellos trabajos periodísticos que mejor contribuyen a la divulgación y promoción de las relaciones bilaterales entre España y Alemania. La ganadora ha sido Raquel Pascual, periodista del diario Cinco Días.

La revista digital Vinos y Caminos, dirigida por Antón Alonso Suárez y patrocinadora del primer premio del certamen literario Madrid Sky, ha alcanzado la condición de finalista en dicho certamen.

Lo ha conseguido gracias a dos artículos del periodista Luis Gulín Iglesias: Visita a la última colonia alemana en Europa Alemania solicita la protección de patrimonio inmaterial para la cultura del té de su región de Frisia oriental.

En el primero de ellos nos acerca a Büsingen, un pueblo alemán de 1.500 habitantes que está completamente rodeado por territorio del cantón suizo de Schaffhausen. Se encuentra ubicado al norte del río Rin, cerca de la ciudad de Zürich, y por extensión (8 kilómetros cuadrados de superficie) es más grande que el Principado de Mónaco.

Büsingen. El enclave alemán en Suiza.

En el segundo artículo nos cuenta la curiosa ceremonia del té en la región de Frisia Oriental, donde sus habitantes han heredado las técnicas de preparación del té  y una preferencia por ciertas mezclas que se preparan en bellos juegos de porcelana y se sirven siguiendo unos curiosos rituales.

Desde estas páginas queremos dar de corazón la enhorabuena a Vinos y Caminos y desearles que sigan obteniendo éxitos por sus interesantes artículos.

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Más de quinientos relatos han participado en el concurso de historias del Día de Muertos en México, patrocinado por Iberdrola, dotado con 3.000 euros en premios y con un jurado formado por los escritores Ángeles Mastretta, Gabriela Guerra Rey, Espido Freire, Jorge Zepeda Patterson, Élmer Mendoza y Xavier Velasco, con Miguel Munárriz como secretario. Tenemos el orgullo de comunicar en nuestro blog que el primer premio, de 2.000 € en metálico, lo ha ganado nuestro compañero de la asociación PRIMADUROVERALES Diego Rinoski, por Esta es la historia de Simona Hurtado. El segundo premio, de 1.000 €, ha recaído en César García Fernández por Feliz día de los muertos.

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A continuación el relato de Diego Rinoski.

Esta es la historia de Simona Hurtado

Diego Rinoski

El 1 de noviembre de 1973, Otto Günther salió a pasear camino del Puig Morell y nadie sabe cómo, pero acabó despeñándose por un barranco. Otto Günther era un alemán que llevaba siete años viviendo aquí, en el pueblo, y disfrutaba de su jubilación en una bonita casa rodeada de palmeras y fuentes con peces de colores. La mayoría de los vecinos lo conocíamos de vista, y aquellos que tuvieron el valor o la curiosidad de acercarse al lugar del accidente, contarían más tarde que lo encontraron con la cara cubierta de sangre, y los brazos y las piernas del revés, igual que una marioneta; y también contaron que de pronto apareció una mujer que no habían visto nunca, y que sin apartar la vista del cadáver, esa mujer dijo: ahorita se lo lleva la huesuda, no se me achicopale, hombre; y que lo dijo así, como hablándole al propio muerto, y que nadie se atrevió a añadir nada más. Entonces muy pocos sabían que esa mujer era Simona Hurtado. Yo estaba en la plaza, sentado en la puerta del bar de mi abuelo cuando, unos días antes de que esto ocurriera, la vi bajar del autobús. No traía equipaje y llevaba puesto un sombrero de paja y un vestido rojo de volantes. Era Simona pequeña y robusta, y tenía la cara redonda como un pan. Una trenza de pelo negro le caía por la espalda hasta casi tocar el suelo. Se me acercó y antes de entrar al bar me preguntó si allí servían tequila, y yo le contesté que solo había vino o aguardiente, y entonces ella dijo: el fuego, chavo, no más que busco el fuego. Esas fueron sus palabras.

La presencia de Simona Hurtado en el pueblo incomodó a muchos vecinos. Simona no se parecía en nada a los extranjeros que venían a vivir aquí, todos altos y rubios, y con los ojos azules. Muchos de ellos, como Otto Günther, se habían construido una casa a las afueras para que nadie les molestara. Mi abuelo decía que eran educados y dejaban propina, pero que con la gente del pueblo no querían cuentas. Y llevaba razón. Simona Hurtado, en cambio, no tenía nada, y nadie sabía con certeza a qué había venido, además, siempre estaba en la calle, dormía en un granero abandonado, y si alguien le daba una peseta corría a gastársela en aguardiente. Una vez se subió a una silla del bar y cantó México lindo y querido, aunque la mayoría de las noches nos contaba historias de fantasmas, y entonces los clientes se callaban para escucharla, y después de cada historia, nos juraba por la Virgen de Guadalupe que todo lo que había contado había ocurrido de verdad, allá en su tierra, pero eso nadie se lo creía. Lo que sí es cierto es que una mañana mi abuelo estaba abriendo el bar, y que de pronto apareció por la plaza Simona Hurtado y le dijo a mi abuelo que se fuera a velar a su esposa, y él al principio no la entendió porque acaba de ver a mi abuela sentada en su butaca zurciendo calcetines, pero Simona se lo volvió a repetir, y entonces mi abuelo se fue para adentro y encontró a mi abuela muerta, y no zurciendo calcetines como él pensaba.

Con el paso del tiempo, entre una cosa y otra, Simona Hurtado acabó labrándose en el pueblo cierta fama de bruja, una fama que no hizó más que agravarse cuando al año siguiente, también en el día de Todos los Santos, otro vecino llamado Kurt von Hellermann apareció ahogado en su piscina. Y es que a veces las casualidades asustan, pero asustan todavía más si dejan de parecer casualidades, y eso fue lo que ocurrió, porque al año siguiente falleció Helmuth Drossel, también el 1 de noviembre, en un accidente de avioneta; y al año siguiente fue Hans Loerzer, un infarto fulminante; y al año siguiente le llegó el turno a Emil Müller, en el mismo día que los anteriores, devorado por sus perros de caza; y al año siguiente le tocó al doctor Josef Lutz, atragantado con un hueso de pollo; posiblemente la muerte más triste y estúpida de todas, aunque también fue la que puso en alerta a las autoridades. Cuatro furgones de la Guardia Civil aparcaron en la plaza aquella misma tarde para interrogarnos a todos. Me preguntaron por el doctor Josef Lutz, si le conocía de algo, si tenía enemigos, si sabía de alguien que pudiera estar detrás de las otras muertes. También me preguntaron si creía en las maldiciones. Y yo les contesté que no, que aquellos hombres habían tenido mala suerte y punto. Pero al caer la noche, los guardias se reunieron en el bar de mi abuelo a deliberar, y allí bebieron vino y aguardiente, y cuando el bar se quedó vacío y andaban medio borrachos, empezaron a hablar a grito pelado, y así fue cómo me enteré de que todos los que habían muerto el 1 de noviembre, desde la fatídica caída de Otto Günther, eran antiguos miembros de la Gestapo, excombatientes del ejército nazi o amigos íntimos del Fürher. En cualquier caso, ya no eran nada. Por la mañana temprano, los guardias recogieron las tiendas, pero antes de marcharse atrancaron la puerta del granero donde dormía Simona y le prendieron fuego. Mi abuelo y yo salimos a la puerta del bar cuando nos enteramos, y ya no había llamas pero sí podía verse una gran columna de humo a lo lejos. Entonces pensé en lo que había dicho Simona sobre el fuego la primera vez que hablé con ella. Cuando suceden cosas difíciles de explicar alguien debe pagar las consecuencias, sentenció mi abuelo, y a eso precisamente, creo yo, había venido Simona Hurtado desde tan lejos; culpable o inocente, ella nos libró de nuestro propio miedo.

Diego de la Fuente Alcocer, conocido como Diego Rinoski, es miembro del taller de creación literaria de la asociación PRIMADUROVERALES. También es uno de los autores integrantes del blog Cuentos como churros.

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El jurado del “Concurso de cuentos infantiles 2017” de la revista “Adiós cultural” se reunió el jueves 19 de octubre para determinar los ganadores del certamen. La temática de la obra debía contemplar algún aspecto que, directa o indirectamente, ayudase a normalizar el concepto de la muerte como parte del ciclo de la vida, explicado de modo sencillo para la comprensión infantil. El público al que va dirigido el certamen es el infantil, al menor de 12 años.

A la asociación Primaduroverales nos llena de satisfacción comunicar que el ganador ha sido Jesús Gella Yago, que en junio de este año consiguió el segundo premio en el IV Certamen Madrid Sky con el relato La posada al final de la Tierra.

El jurado ha expresado la dificultad para valorar un relato ganador en un certamen con una temática tan especial y ha manifestado que han decidido dejar fuera de los finalistas excelentes cuentos porque han considerado que estaban escritos para ser comprendidos por adolescentes o jóvenes, pero no por el lector infantil. Según este criterio, la decisión final del jurado ha sido la siguiente:

Primer premio: “Querido gran roble”, de Jesús Gella. Para el jurado “es el más completo porque aúna, junto a la calidad literaria, el tema de los animales que es muy extrapolable para su comprensión por los niños más pequeños. Además, está presentando las emociones y explicando las reacciones de los protagonistas. Mantiene muy bien la tensión durante toda la historia y hay mucho movimiento. El tono de cuento popular y clásico le da también un buen color a la historia”.

Segundo premio: “Un lío tremendo” de Carlos I. Fernández Carbonell. Para el jurado “va desmontando muy bien los mitos que van contando los padres al explicar la muerte al niño o niña que es, al final quien la normaliza. Es muy buena idea que consigue que el lector infantil empatice de maravilla con el personaje que, además, tiene una voz muy bien lograda”.

Tercer premio: “El hombre invisible” de Sergio Campo Almeida (A Coruña). Según el jurado, “se trata de una historia muy bonita y que está bien contada, aunque le puede faltar la parte explicita de las emociones que sí están en los dos anteriores. Juega muy bien con la idea de ese amigo invisible visto por los adultos y acerca la muerte de una forma muy pausada desde la ficción hacia la realidad”.

“Querido Gran Roble” (fragmento):

(…)

El corazón del bosque era el mismísimo centro, alrededor del que había crecido todo lo demás. Y también era el hogar del Gran Roble.

El Gran Roble había sido durante mucho tiempo el árbol más alto y con las ramas más fuertes, hasta que alguno de sus nietos creció hasta superar su copa. Era el árbol más viejo del bosque y había conocido a los padres, y a los padres de los padres, y así muchas veces, de cada uno de sus habitantes. Por eso, según se decía, también era el más sabio. No había nadie en el bosque que no hubiera pedido su consejo o escuchado alguna de las mil historias que contaba. Bajo su corteza arrugada y en sus raíces retorcidas, guardaba la memoria de todo el bosque.

Pero hacía dos días, la familia de pájaros carpintero que vivía en el tronco del Gran Roble había levantado el vuelo. Llevaron de norte a sur y de este a oeste una noticia que nadie debía quedarse sin oír: el invierno había sido muy duro también en el corazón del bosque. Tanto que casi todas las hojas del Gran Roble se le habían caído por primera vez. Las pocas que le quedaban se habían vuelto grises y, según aseguraban los pájaros carpintero, estarían a punto de caer. Además, la corteza se le había secado y oscurecido, y se soltaba del tronco a trozos.

(…)

Jesús Gella (segundo por la izquierda) en un momento de la entrega ded premios del IV Certamen Madrid Sky

Felicidades a los ganadores, a los que animamos a participar en la V edición del Certamen Madrid Sky con el deseo de que continúen sus éxitos.

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Este verano el libro de Fernando Aramburu, Patria, me ha hecho llorar más de una vez. No es frecuente que un libro haga llorar (también es difícil que haga reír), pero Patria es un libro que remueve las tripas y llega al corazón del lector. Patria emociona porque trata con valentía un tema que hasta ahora nadie se había encargado de tratar: el terrorismo de ETA, sus víctimas y la fractura de la sociedad vasca. Por eso no es de extrañar que al autor le hayan concedido el Premio Nacional de Narrativa.

Acierta el autor con una estructura en capítulos muy cortos, como si hubiera sido consciente de que el libro había que leerlo a sorbitos pequeños. Los capítulos saltan del presente al pasado y vuelven al presente, se van intercalando en el tiempo para conseguir reflejar todos los ángulos de una sociedad herida y mostrar entre otros aspectos el clero tendencioso, las herriko tabernas como centros organizativos de la violencia, el rechazo a las víctimas y la tortura policial.

También acierta Aramburu con el lenguaje llano, coloquial, y con un narrador (en realidad varios narradores) en primera persona que van centrando el foco narrativo en cada uno de los protagonistas. Y es que son varios los protagonistas de Patria, los nueve miembros de dos familias unidas por una vieja amistad que se van distanciando a causa del terrorismo. Además, aparecen una serie de personajes secundarios que completan una visión más amplia de la sociedad vasca a lo largo de las tres últimas décadas.

La novela arranca el día que ETA anunció el alto el fuego definitivo. Desde este momento el lector sabe que Txato ha sido asesinado y que su esposa Bittori y sus dos hijos han tenido que abandonar su pueblo por el rechazo y el vacío que sufren las víctimas del terrorismo. En el otro lado el matrimonio compuesto por Miren y Josian radicalizan su postura abertzale cuando uno de sus tres hijos ingresa en ETA, aunque este recibe el rechazo de sus dos hermanos. En la actual circunstancia política no es difícil pensar que el hombre es capaz de reproducir la misma situación de desencuentro y desgarro familiar y social años después en un entorno diferente.

El Ministerio de Cultura ha facilitado un comunicado en el que explica que Patria ha sido distinguida por “la profundidad psicológica de los personajes, la tensión narrativa y la integración de los puntos de vista, así como por la voluntad de escribir una novela global sobre unos años convulsos en el País Vasco”. Fernando Aramburu ha recibido un premio con todo merecimiento y, sin duda, Patria se convertirá con el paso del tiempo en un libro imprescindible.

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Juan Santos

Hacer un viaje para recibir un premio literario ha sido una experiencia nueva para mí. Hasta ahora, siempre había elegido el destino y la fecha de mis salidas; pero en esta ocasión, el lugar y el tiempo me lo ha impuesto la diosa Fortuna: Bujalance, 7 de octubre.  Cuando me dieron la noticia, me recordaron que era necesario desplazarme allí para recogerlo. Por mi encantado, le dije. Era un viaje inesperado a un pueblo desconocido, pero no lo hubiera cambiado ni por París. Faltaba una semana y confieso que se me hizo larguísima.

BujalancePor fin llegó el día. Tomamos la mañana. Acompañado de mi mujer y de mi hijo, cogimos rumbo hacia el sur por la nacional IV. Iba muy tranquilo, no en vano es una carretera que llevo transitando más de cuarenta años. Probablemente mi subconsciente pensaba que iba a mi pueblo. Todo cambió al pasar Valdepeñas, una culebrilla empezó a removerse por mi estómago. Miré al GPS y faltaban 166 kilómetros para llegar a Bujalance. Paramos a estirar las piernas y a tomar un café. El resto del viaje lo hice de copiloto. De las veces que he bajado a  Andalucía, nunca me pareció tan largo el túnel de Despeñaperros. Luego, olivos, olivos y más olivos por todas partes. Qué secos se ven, decía mi mujer. Aparentemente escuchaba la radio y a mi familia, pero nada más lejos de la realidad, mi mente divagaba imaginado el misterioso pueblo que había explorado por internet. Y en esas andaba yo, cuando, los tres a la vez, vimos un cartel con una flecha azul que indicaba la salida de Bujalance. En pocos minutos estaba inmerso en la campiña bujalanceña: el lugar mágico donde habían nacido mis pajaronas. Pronto pudimos divisar a lo lejos, como un inmenso espárrago, la torre inclinada de la Asunción. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos en Bujalance, el GPS nos llevó derechos al centro de la ciudad. Hasta las nueve de la noche que era la cita, teníamos tiempo suficiente para conocer el pueblo. No sin antes tomarnos una cerveza fresquita para entonar el cuerpo. Buscábamos la sombra protegiéndonos de un sol cordobés que caía sobre nuestras cabezas con un calor seco, más propio de julio que de octubre.

Recorrimos los monumentos del casco antiguo, calles y plazas con un amplio patrimonio histórico y cultural. Desde el castillo, nos fuimos derechos a buscar un sitio donde comer. Acertamos. El Tomate, así se llama el restaurante.  Tenía buena pinta. Nada más entrar nos gustó. La buena atención del camarero de la barra fue el preludio de la amabilidad de la chica que nos sirvió la comida en un patio pequeñito, solo para nosotros, con una temperatura ideal. Salmorejo, patatas rellenas y flamenquines, todo exquisito. Después del café, el cuerpo pedía a gritos tiempo de relax en el  hotel. Una siesta reparadora, me dio fuerzas para estar en forma por la noche en el momento esencial del viaje.

Con AuroraEn la puerta del teatro, reconocí enseguida a don Pedro López Canales, presidente de la Peña Cultural Flamenca la Pajarona. Me presente a él y nos echamos la mano, al tiempo que me daba la bienvenida con un peculiar acento cordobés. Después de expresarle mi agradecimiento, me explicó los pormenores del acto y me indicó la zona delantera del auditorio, donde había reservadas tres butacas para mí y los míos.

Por supuesto que el espectáculo era para hacerle un homenaje a la cantaora Aurora Vargas junto con el guitarrista Miguel Salado; pero bueno, allí estábamos también dos chicas y yo, en primera fila, para recibir nuestros respectivos premios: Clara Serrano Flores, premio de relato corto sobre el tema Bujalance;  María Victoria Villegas García, premio relato corto con contenido flamenco y yo sobre las Pajaronas.  La entrega fue emocionante, pero lo que más me emocionó fue el regalo sorpresa que me tenían preparado. De entre bastidores salió el cantaor y profesor de flamenco David Pino. En un alarde de voz y sentimiento, se arrancó a cantar mis pajaronas. No se puede pedir más. Era mi propio personaje arando con el mulo, en vivo y en directo evadiéndose de las duras fatigas del campo.

Juan PajaronaAcabado el espectáculo, artistas, premiados y acompañantes, fuimos invitados a continuar la fiesta en la sede de la peña. Un lugar muy  acogedor, decorado con motivos flamencos y con paredes repletas de fotos de los mejores cantaores de la historia. Unos buenos aperitivos, un excelente  vino y una conversación distendida, me hicieron pasar una noche inolvidable que se prolongó hasta las dos de la mañana. Tuve a mi lado al vicepresidente,  don Pedro Vacas Toledano que, entre trago y trago, me puso al corriente de las bondades de la peña. Es digno de alabanza que una peña flamenca, se involucre en la cultura y organice concursos de relatos y eventos similares en un pueblo agrícola de siete mil y pico habitantes, donde todo gira en torno al cultivo del olivar. Se lo dije y lo felicité.

Al día siguiente, al margen del motivo de mi viaje, volví a Madrid encantado de Bujalance con mi espíritu agradecido de su gente y mi estómago agradecido de su gastronomía.

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¿Pensabas que el escritor keniano Ngugi wa Thiong’o iba a ganar el Premio Nobel de Literatura en 2017, como aseguraban las casas de apuestas? ¿O quizás habías pensado en otros candidatos como Haruki Murakami, Philip Roth, Peter Handke o el español Javier Marías? Pues la Academia sueca ha vuelto a sorprender, como en años anteriores. El año pasado premió a Bob Dylan, un compositor, y hace dos años a Svetlana Alexiévich, una periodista. Este año el premio ha vuelto a unos cauces más literarios, aunque el nombre del ganador ha sido, sin duda, una sorpresa.

El galardonado es el escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro, de 62 años, que ha escrito entre otras novelas Los restos del día, que fue adaptada y llevada al cine por James Ivory en 1993 como Lo que queda del día, con Anthony Hopkins y Emma Thompson de protagonistas en unos papeles inolvidables de mayordomos de una mansión inglesa en los años previos a la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué le han dado el premio a Ishiguro? La Academia sueca ha declarado que el autor merece el Premio Nobel porque su obra es un conjunto heterogéneo marcado por un estilo muy particular en el que destaca la fuerza emocional y la fuerte carga psicológica de angustia, en la que los hilos conductores de sus historias son el Japón de la posguerra, el nazismo y los años previos a la II Guerra Mundial.

¿Quién es Kazuo Ishiguro? Ishiguro nació el 8 de noviembre de 1954 en Nagasaki (Japón), pero en 1960 se trasladó a vivir a Inglaterra. Recibió una educación británica, aunque en su casa se siguió hablando japonés, lo que permitió que no perdiera nunca de vista sus orígenes.

En 1981 publicó su primera novela, Pálida luz en las colinas, centrada en la historia de una japonesa de mediana edad que vive exiliada en Inglaterra y que, tras el suicidio de su hija mayor, siente la necesidad de contar su vida, lo que le valió el premio Winifred Holtby Memorial, en 1982.

Su segunda obra, en 1986, fue Un artista del mundo flotante, en la que se relata la historia de un pintor japonés anciano que realiza una mirada retrospectiva a su vida, enmarcada en la II Guerra Mundial.

Fue en 1989 cuando se publicó The Remains of the Day (Los restos del día), anteriormente citada.

Otros títulos de Ishiguro son Los inconsolables, 1995, y Cuando fuimos huérfanos, 2000, novela protagonizada por un detective británico llamado Christopher Banks.

El galardonado también se ha adentrado en la ciencia ficción con Nunca me abandones, 2005, que también ha sido llevada al cine.

Su última novela es El gigante enterrado, ambientada en una Inglaterra medieval y poblada por criaturas fantásticas.

Su corta bibliografía se completa con una recopilación de relatos cortos que apareció en 2009, (Nocturnos), lo que a nosotros como taller de literatura en el que nos dedicamos a los relatos cortos nos llena de satisfacción. Nocturnos, reúne cinco historias que pueden leerse como un auténtico concierto con variaciones sobre unos cuantos temas, en los que están presentes las promesas de la juventud, los desengaños del tiempo y la decepción entre las personas. Y claro, también la música, que forma parte tanto de los relatos como de la propia vida y obra del autor.

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Una manera extraordinaria de comenzar un curso es ganando un premio literario. Eso es lo que ha conseguido nuestro compañero Juan Santos. Se trata del premio convocado por la Peña cultural flamenca “La Pajarona”, de Bujalance, en la modalidad letras pajaronas 2017.

¿Pero qué es una pajarona? La pajarona es una tonada campesina, un canto inspirado en las canciones de trabajo, en el arar, en la besana (palabra preciosa para nuestra sección “a la caza de la palabra”), de raíces profundamente flamencas. La pajarona es un canto dialogado entre varios gañanes, sin acompañamiento y sin métrica definida. Procede de los campos de Córdoba, aunque se ha extendido a los campos de Jaén y Granada. El experto Agustín Gómez afirma que en las tierras de Bujalance el nombre de pajarona está relacionado con el canto mañanero de la perdiz, o pájara, como se le llama allí. En zonas limítrofes esta tonada recibe otros nombres, como “temporeras” o “araoras”. (Esta información la hemos obtenido del blog Flamenco en mi memoria, de Andrés Raya, en el que se pueden oír estas tonadas).

http://memoriaflamenca.blogspot.com.es/2014/07/tonadas-campesinas-iv-las-pajaronas-de.html

Desde este blog queremos dar la enhorabuena a nuestro compañero Juan Santos por su premio, a la Peña cultural flamenca “La Pajarona” por su esfuerzo en divulgar la cultura y a Andrés Raya por el magnífico blog que administra.

En homenaje a Juan Santos, ganador del certamen letras pajaronas, que nos ha hecho disfrutar con su cante en más de una cena de nuestra asociación, publicamos la primera estrofa de la composición ganadora.

Título: PAJARONAS DEL MULO

Abriendo el primer surco

el sol asoma,

para ver como canto

la pajarona.

Labrando en la campiña

mi mulo y yo,

llevamos las fatigas

entre los dos.

Al llegar a la punta

de la besana,

a comer pararemos

y a beber agua.

Cantando pajaronas

yo sigo arando,

y mi mulo resopla

de vez en cuando.

Tirando del arao

no hay quien lo alcance,

mi mulo es el más bueno

de Bujalance.

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